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La estrategia del malestar

La estrategia del malestar

Cándido Marquesán

Todos los días son propicios para practicar la lectura. Quien tiene esta costumbre arraigada está libre del aburrimiento. Unos prefieren las novelas para evadirse. Otros, entre los que me encuentro, se inclinan por los ensayos de carácter político  con el objetivo de buscar algún atisbo de luz en este interminable túnel. La elección de un libro no es tarea fácil. Lo hacemos por recomendación de un amigo, por la crítica de un periódico, o por el atractivo  del título,  como me ha ocurrido con el que acabo de leer La estrategia del malestar de José María Ridao. La idea fundamental radica es que tras  la caída del Muro de Berlín, nos vendieron la entrada en un camino irreversible hacia el progreso, merced al triunfo de la democracia liberal y el capitalismo neoliberal.

 

Con la crisis del 2007 pretenden convencernos con auténticos dogmas para salir de ella: la austeridad a rajatabla, la consolidación fiscal y los mercados desregulados. Preconiza el autor la necesidad imperiosa de recuperar nuestra capacidad crítica para cuestionar esas presuntas verdades incuestionables, que no son más que un proyecto político al servicio de unas élites y que está produciendo tanto sufrimiento en la mayoría de la sociedad.

La lectura de un libro es una caja de sorpresas. En un capítulo Ridao recurre a uno de los libros más influyentes del siglo XX: Camino de Servidumbre de Hayek. Y lo hace porque le resulta sorprendente e ilustrativo comparar los argumentos usados para justificar la planificación económica en los años 20 y 30 del siglo XX, y los que a partir de los 80 se emplearon para exigir la retirada del Estado de la gestión económica. En ambos casos se omitía que tanto la planificación como la desregulación de los mercados eran simples programas políticos, presentándolos como algo inevitable de la tecnología más avanzada.

Resulta muy interesante que los mismos argumentos usados por Hayek para deslegitimar la planificación ya que producirían la destrucción de la democracia, pueden usarse en relación a la desregulación. Podemos observarlo sustituyendo en la argumentación de Hayek la palabra planificación por desregulación. “Se cultiva deliberadamente el mito”, escribió Hayek, “de que nos vemos inmersos en la nueva dirección-la planificación económica en su argumentación, la desregulación en la versión actual-, no por nuestra propia voluntad, sino por los cambios tecnológicos.”

Por ende, añade, “los parlamentos comienzan a ser mirados como ineficaces tertulias, incapaces de realizar las tareas para las que fueron convocados”. Y todavía matiza más: “Crece el convencimiento de que la dirección -de la planificación en su argumentación, de la desregulación en la versión actual- tiene que quedar fuera de la política y colocarse en manos de expertos”. En consonancia con tales afirmaciones de Hayek referidas a la planificación, pero que pueden aplicarse a la desregulación, Hayek concluiría que se iba hacia un proceso irreversible de destrucción de la democracia”.

En otro capítulo Ridao cita el libro Los Perros guardianes del filósofo francés Paúl Nizan publicado en 1932. Gracias a Internet he podido acceder a él. Nizan reprochó a los filósofos de su tiempo, por lo que había que colocarlos contra la pared, el que de tanto preocuparse por elucubraciones estrictamente filosóficas, se olvidaron de los problemas auténticos de los hombres: la guerra, el paro, la política, la explotación obrera, el colonialismo…

Y esa despreocupación estaba propiciando el que millones de jóvenes europeos gracias a la propaganda eran arrojados a las garras de políticos iluminados, tal como describió el periodista español Manuel Chaves Nogales en la situación de Alemania, en las mismas fechas que Nizan escribió su libro. Otra sorpresa más, me sentí obligado a conocer a Chaves, del que estoy leyendo un libro impresionante A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, publicado ya en Chile en 1937 y en España en el año 2001.

Es un autor incómodo, ya que representa la Tercera España, por lo que  se exilió muy pronto nada más iniciada la Guerra Civil, al no poder soportar la brutal carnicería emprendida entre españoles. Como el dijo “la verdad es esta: los heroicos y gloriosos ejércitos que luchaban en  la Ciudad Universitaria estaban formados con la escoria del mundo. Basta fijar los ojos en la lista de las fuerzas que los componían. Frente a la Brigada Internacional de los rojos, la Novena Bandera del Tercio Extranjero de los blancos, una y otra, receptáculo de todos los criminales aventureros y desesperados de Europa”. El día que escribió esto firmó su sentencia de muerte literaria y civil.

La cita al libro de Nizan está motivada porque la acusación hecha por este a los filósofos en los años 30, Ridao la extrapola a muchos economistas actuales, por lo que también habría que ponerlos contra la pared, al haber traicionado la ciencia, en la que se autoproclaman ser expertos. Ridao termina el libro con estas contundentes palabras  “Son clérigos que celosos de los juicios de análisis destilados de su ciencia, se desentendieron de los crueles efectos de aplicarlos sobre los europeos, a quienes arrojaron sin que les temblase el pulso, soberbios en el baluarte inexpugnable de especulaciones teóricas y de estrategias para las que el sufrimiento humano había dejado de contar, al paro, la miseria, el miedo y la desesperanza”.

07/10/2014 01:34 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Una inmensa manada de vividores y de advenedizos manchados de cieno

Cándido Marquesán

La derecha española lleva ya tiempo vendiéndonos las excelencias de la política económica de Rodrigo Rato. Poco más o menos que Keynes a su lado era un aprendiz. Por activa y por pasiva nos han acribillado con los dardos de sus palabras: Rodrigo Rato el mejor ministro de Economía que hemos tenido en nuestra democracia. Otros van todavía mucho más lejos: el mejor de toda la Historia de España. Los Mendizábal, los Madoz, Fuentes Quintana, o Pedro Solbes, a su lado son auténticos pigmeos. ¡Y ay de aquel que tuviera la osadía de cuestionarlo! Sobre él iban a caer los ataques más furibundos de los políticos del PP y todos los medios de comunicación vinculados con la derecha española.

 

Merece la pena hacer algunas precisiones sobre la política económica de los gobiernos del PP, dirigida por Rodrigo Rato. Nos la presentan como si hubiera sido un milagro, una especie de multiplicación de los panes y los peces, de mucha mayor envergadura que el New Deal de los años 30 del siglo XX por  el presidente norteamericano Roosevelt.

Cuando los populares llegaron al poder en 1996 la recuperación estaba en marcha, coincidiendo con un excelente momento de la economía internacional. Las tasas de crecimiento económico español en el periodo 1996-2004 se explican por: tipos de interés reales negativos, precios bajos de la energía y materias primas, estímulo masivo de las operaciones especulativas, una burbuja inmobiliaria progresiva que los equipos económicos de Aznar se negaron a controlar, corrupción municipal y cientos de miles de empleos precarios.

Además de los 8.000 millones de euros de ayuda anuales provenientes de la Unión Europea, casi el 1% del PIB anual español, conseguidos por el pedigüeño Felipe González; y del producto de las privatizaciones, unos 40.000 millones de euros que le sirvieron a Aznar para poner al frente de las empresas a sus amigos: González en Argentaria, Villalonga en Telefónica, Alierta en Tabacalera, etc. Así es fácil, era mucho más fácil cumplir las condiciones del Tratado de Maastricht para entrar en la Unión Monetaria, con la inflación controlada, déficit presupuestario inferior al 3% y deuda por debajo del 60% del PIB. Por tanto de milagro, nada. La coyuntura económica iba de cara y lo que hizo el señor Rato no fue otra cosa que seguir la corriente. Por ende, esa idea de taumaturgo  de las finanzas habría que ponerla cuando menos en cuestión. Veámoslo.

Una buena ocasión para calibrar su talla de economista y de dirigente es su actuación al frente del Fondo Monetario Internacional de 2004 a 2007, período en el que se estuvo incubando la crisis económica más traumática de 100 años acá. Y por un informe de la Oficina de Evaluación del F.M.I, una especie de auditoría, su figura salió fuertemente cuestionada ya que durante su mandato se cometieron todo un conjunto de errores, a cual de ellos más grave: análisis deficientes, obstáculos dentro de la organización, problemas de gobernanza y, sobre todo, “limitaciones políticas”–, todos ellos impidieron ver la recesión que se avecinaba, y que de haberlo previsto  se podría  haber frenado o atenuado la crisis. Además se ocultaron las voces críticas contra la aparente bonanza económica y que fomentaron la lectura "complaciente" de lo que acabó en una burbuja financiera; se favorecieron las prácticas en "innovación financiera" que más tarde desataron el descalabro de las subprime (hipotecas basura).

Luego conocemos su intervención en la presidencia de Caja Madrid y posteriormente en Bankia. Sobran comentarios. Mas no me resisto a citar  la imagen del gran mago de las finanzas, pulcro y en plena forma con una corbata verde, no sé si la pagó con tarjeta, mostrando la salida en bolsa de las acciones de Bankia. Esa imagen es apoteósica. Es todo un símbolo de la crisis financiera, propiciada por la desvergüenza de todo un conjunto de ejecutivos, que nos ha costado tantos millones a los españoles.

Ahora alguno se sorprende, y se cae del guindo. Por ello, me parece muy oportuno recordar y contar con todo tipo de detalles el momento en que el diputado de la CUP (Candidatura de Unión Popular) David Fernández le enseñó una sandalia mientras interrogaba a  Rodrigo Rato, en su comparecencia ante la comisión de investigación del Parlamento catalán sobre las cajas en noviembre de 2013. Al acabar su intervención, Fernández, con una de sus sandalias en la mano, preguntó a Rato: "¿Sabe lo que hacen en Irak con esto, como símbolo de humillación y desprecio al poder del poder?", y le reprochó la implicación del Gobierno del PP "en la guerra de Irak" y su participación, "desde otras esferas", en la "guerra económica contra los pobres".

Después, Fernández le espetó: "¿Usted tiene miedo?", a lo que Rato replicó: "¿A quién, a usted?". Y de nuevo el diputado: "No, a perderlo todo, como a millones de familias (en España), y a que un día la gente se harte"."Nos vemos en el infierno. Su infierno es nuestra esperanza (...) Hasta pronto, gángster", terminó.

La mayoría de las fuerzas políticas criticaron duramente a Fernández. Solo algunos dirigentes de la izquierda lo exculparon, como Llamazares que señaló "en la situación actual que vive la gente molestarse por esta terminología es tener la piel muy fina". La mayoría de los medios de comunicación lo criminalizaron. El País le dedicó una editorial titulada matonismo. En Onda Cero, Carlos Herrera lo llamó "chulo playero" y fascista. En El Periódico de Cataluña dos articulistas dieron una visión muy diferente. Uno dijo "La sandalia no es una gamberrada sino la puerta por la que por un instante entraron en sede parlamentaria los millones de personas que han quedado arruinadas por este sistema despiadado". Y el otro, "Este diputado lejos de mi estética, pero con la sandalia ante Rato se acercó bastante a mis conceptos éticos".

En una entrevista en un medio de comunicación marginal, Diagonalperiódico.net de Barcelona, Fernández explicó las razones de su comportamiento. Todo el contenido de la entrevista, lo suscribo de principio a fin. Como también lo harán aquellas personas con sentido común. Al poder recriminar a uno de los máximos responsables de la situación dramática que sufre la gente sintió una profunda responsabilidad; y, sobre todo, un mínimo de decencia autoexigible por respeto a todas sus innumerables víctimas, ya que Rato dijo que habría 300 millones de beneficio en Bankia --y hubo un agujero de 3.000 y un brutal desfase patrimonial--, que sostuvo que el plan de rescate no subiría de 7.000 millones --y ya van 24.000-- o para recordar que exministros como Acebes cobraron 163.000 euros por cinco meses de auditoría. Nunca tan pocos robaron tanto a tantos en tan poco tiempo.

No le sorprendió a Fernández la reacción de la mayoría de los medios de comunicación, al haber convertido al verdugo en víctima, ya que cada medio sabrá qué favores debe a Rato. Matonismo es lo que han hecho y hacen los bancos y cajas cada día. En perspectiva, evidencia una nueva muestra profunda, del divorcio entre lo político-institucional y lo político-social: mientras las élites financieras, editorialistas del poder y líderes políticos rinden pleitesía, critican el gesto y se rasgan las vestiduras -- y no dicen ni mú del fraude masivo de Bankia-- las voces sociales dicen todo lo contrario. Indicó que insistirán en la raíz de la denuncia. Ahora bien, el riesgo de criminalización, simplificación, y caricaturización como cortina de humo para no atender lo crucial neurálgico --la crisis, la estafa y la impunidad de sus responsables-- ahí está. En todo caso, nos debemos al respeto a los nuestros. No a las élites.

Expresó que la CUP llegó al Parlamento para visualizar el agotamiento de un régimen, saturar a la derecha y estresar a la complicidad socialdemócrata, aunque su esperanza está en la calle, en los barrios, en el tejido social y en la activación popular. En la conciencia de que el problema radica no en lo que hagan o dejen de hacer ellos, sino en lo que seamos capaces de hacer nosotros. Indolencia o insistencia. Resignación o activación ante el capitalismo senil. Expresó que Rato se ha escabullido a muchas de sus preguntas, siendo un frontón de silencios, como los muros puros de la impunidad, no obstante su comportamiento como el de Narcís Serra es semejante. Todos dicen lo mismo: no sabía, yo no era, yo no estaba, lo desconocíamos, era el de arriba, era el del al lado, era el de abajo. Nadie es responsable de nada, aducen.

El haber enseñado la sandalia surgió como gesto simbólico de lo que significa el zapato en la cultura árabe: el desprecio profundo al poder del poder. Su pretensión era unir el paisaje devastado de la guerra ilegal contra el pueblo iraquí, con el paisaje devastado que nos deja la crisis. Además, en la economía de casino, Rato ha jugado todas las cartas. Como ministro de Economía liberalizó el suelo, atizó el fuego de la orgía especulativa y el tsunami inmobiliario; como dirigente del FMI, azuzó la financiarización de la crisis; como banquero, hundió Bankia llevándose cinco millones en 29 meses; y hoy cobra por los servicios prestados del Santander y de Telefónica. Es un icono del poder de las élites que nos roban. En ese contexto la sandalia es denuncia y hartazgo.

Como vemos las palabras de David Fernández de noviembre de 2013 cobran hoy plena actualidad. Que el gran Rodrigo Rato, mientras una entidad financiera por él presidida expoliaba los ahorros de jubilados acumulados a lo largo de toda una vida, se gastaba miles de euros de las misma en salas de fiestas y puticlubs de elite con una tarjeta opaca, es todo un ejemplo del nivel de degradación al que nos han conducido estas elites políticas y económicas. Lo que me sorprende es que esta sociedad española no reaccione ante semejantes tropelías.

Si no lo hace es porque quizá el artículo de Francisco Silvela del 16 de agosto de 1898, publicado en el periódico El Tiempo de Madrid, titulado Sin pulso, poco después del desastre colonial, que causó una gran conmoción en la opinión española sigue vigente todavía. Decía así: Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada: no se percibe agitación en los espíritus, ni movimiento en las gentes. Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal: discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España: dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Igualmente  tengo la impresión de que las palabras pronunciadas por Azaña en septiembre de 1911 en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares pertenecientes al discurso “El problema español” siguen igualmente vigentes: ¿Vamos a consentir siempre que la púrpura cuelgue de hombros infames? ¿Vamos a consentir que la inmensa manada de los vividores, de los advenedizos manchados de cieno usurpe la representación de un pueblo y lo destroce para saciar su codicia?

14/10/2014 13:18 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia

Cándido Marquesán

No creo sea necesario perder el tiempo en reflejar la situación gravísima a nivel social, político, económico, cultural, y también en el ámbito de la ética, o mejor carencia de esta última, en la que estamos sumidos como consecuencia del apabullante triunfo del neoliberalismo. Cualquiera puede constatarla y negarla solo puede hacerlo algún cenutrio, que todavía asume los mensajes de nuestros dirigentes del PP. Tampoco creo que sea necesario en perder el tiempo en quiénes son los responsables, auténticos canallas, que nos han llevado a este auténtico infierno. Son una élite empresarial, a la que se han vendido vilmente la clase política y la academia, cual auténticos mamporreros. Creo que debemos tener claro que mientras esas élites empresariales, al ser  tal su nivel de crueldad  y como no tienen miedo alguno a nadie, seguirán inyectando cada vez más dolor y sufrimiento a la gran mayoría, a no ser que se produzca una respuesta contundente de esta.

 

Sorprende la pusilanimidad de buena parte de la sociedad. A lo que debemos dedicar el tiempo es indagar en el cómo podemos salir de esta situación. Esta es la gran tarea. Para contribuir a ella me parece muy interesante un libro escrito hace casi 30 años,  en 1985, titulado Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, que no solo vieron lo que estaba ocurriendo en aquel entonces, sino que también elaboraron un discurso político para parar y vencer la vorágine neoliberal. A pesar del tiempo transcurrido una relectura de su pensamiento me parece muy oportuna y conveniente, ya que pienso que sigue siendo de plena actualidad.

La obra citada, de la que ya he hablado en algún artículo anterior en este mismo diario, pude conocerla a través del libro Pensar desde la Izquierda. Mapa del pensamiento crítico para un tiempo en crisis, que es una recopilación de artículos de o sobre pensadores de la izquierda como: Agamben, Ranciére, Badiou, Neyrat, Zizek, Negri, Hardt, Holloway, Mouffe… En este libro hay un capítulo titulado Antagonismo y hegemonía. La democracia radical contra el consenso neoliberal, que está estructurado en forma de encuesta en la que Chantal Mouffe responde a las preguntas  de Elke Wagner, de las que trataré de resumir y reflejar las ideas principales. Ideas que a mí personalmente me han servido para reflexionar en profundidad. Confío que sirvan para lo mismo a otros.

Laclau y Mouffe dieron lugar a la corriente filosófica del posmarxismo, que repiensa la herencia del marxismo, en base a los movimientos sociales surgidos en las décadas anteriores. Los objetivos del libro Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, son, uno, político;  el otro, teórico. En cuanto al primero: reformular el proyecto socialista para responder a la crisis del pensamiento de izquierda, en sus versiones comunista y socialdemócrata. Crisis causada por la irrupción de los movimientos sociales a los que ni el marxismo ni la socialdemocracia supieron darles respuesta. De ahí el segundo: un enfoque para entender los movimientos sociales que no tenían nada que ver con la lucha de clases, y, por ello, no podían comprenderse desde el esquema clásico de explotación económica. Para ello creyeron necesario crear una teoría de lo político, sirviéndose de dos enfoques teóricos distintos: la crítica del esencialismo que aparece en el pensamiento postestructuralista y algunos elementos del concepto de hegemonía de Gramcsi. Esta perspectiva nueva ha sido llamada posmarxista.

En el nuevo enfoque hay dos conceptos fundamentales: antagonismo y hegemonía. El  primero significa que en el ámbito político son inevitables los conflictos, para los que no hay una solución racional o definitiva. Esto nos lleva a una comprensión del pluralismo, que significa la imposibilidad de reconciliar todos los puntos de vista. El segundo, hegemonía. Ambos son indispensables para elaborar una teoría política: pensar la política-con la idea presente del antagonismo- exige renunciar a la posibilidad de encontrar un fundamento último y, por tanto, reconocer la dimensión irresoluble y contingente en todo sistema social. Hablar de hegemonía implica que cada orden social no es más que la articulación contingente de relaciones de poder particulares, y que no tiene cimientos racionales últimos.

La sociedad es producto de unas prácticas hegemónicas con el fin de instaurar un orden en un contexto contingente. Todo orden es político y no podrá existir ninguno sin las relaciones de poder que le dan forma. Estas consideraciones teóricas tienen unas implicaciones políticas cruciales. Hoy oímos y muchos asumen que la globalización neoliberal es una consecuencia inevitable del destino e incuestionable. Según Margaret Thatcher  “No hay alternativa”. Por desgracia, la gran mayoría de los socialdemócratas han aceptado esta idea, como un dogma, y piensan que lo único que puede hacerse es gestionar este orden globalizado, dándole rasgos más humanos. Muy al contrario, desde el punto de vista de Laclau y Mouffe, es claro que todo orden es primeramente un orden político, originado de una configuración hegemónica dada las relaciones de poder. La actual globalización, no es algo natural, es producto de la hegemonía neoliberal y se basa en unas determinadas relaciones de poder. De ahí que puede cuestionarse, ya que existen alternativas como las políticas de los 30 Años Gloriosos, ahora apartadas por el orden dominante, pero pueden actualizarse.

Todo orden hegemónico puede ser cuestionado por prácticas contrahegemónicas que intenten desarticularlo para establecer otra hegemonía. Esta tesis tiene una serie de consecuencias para plantear unas políticas emancipadoras. Si la lucha política es siempre la confrontación de diferentes proyectos hegemónicos, esto significa que nunca nadie podrá decir que la confrontación debe finalizar, porque ya se ha llegado a la democracia perfecta. Por ello el proyecto de la izquierda es la “democracia radical y plural”, una radicalización de las instituciones democráticas existentes para hacer efectivas la libertad y la igualdad. Su objetivo es integrar las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales. Ese es el reto para la izquierda: articular las nuevas reivindicaciones de los movimientos feministas, antirracistas, homosexuales, ecologistas… con las de clase. De ahí el concepto de “cadena de equivalencias”. Frente a la separación total entre movimientos defendida por algunos filósofos posmodernos, la izquierda debe establecer una cadena de equivalencias entre esas luchas diferentes para que, cuando los trabajadores definan sus reivindicaciones, no olviden las de los otros movimientos. Y a la inversa. La izquierda debería instaurar una voluntad colectiva de todas las fuerzas democráticas para radicalizar la democracia e instalar una nueva hegemonía.

En este proyecto de democracia radical, si queremos progresar hacia una sociedad más justa en las democracias occidentales, no hay que destruir el orden democrático liberal y partir de cero. No supone una ruptura radical- sino lo que Gramcsi llama una “guerra de posición” para conseguir una nueva hegemonía. En el marco de una democracia pluralista moderna, pueden llevarse avances democráticos profundos a partir de una crítica inmanente a las instituciones. El problema de las democracias modernas no radica en sus principios ético-políticos de libertad e igualdad, sino en que estos no se han llevado a la práctica. Así, la estrategia de la izquierda debería ser que se apliquen tales principios.

Mouffe en la entrevista actual añade detalles nuevos ante la situación actual. Radicalizar la democracia hoy es naturalmente mucho más complicado que hace 30 años. Una cadena de equivalencias es crucial para la izquierda, pero el neoliberalismo ha transformado profundamente el terreno de juego, con la práctica desaparición de las ideas socialdemócratas. Hoy, hay que defender las instituciones del Estado de bienestar-cuyas insuficiencias antes criticábamos; e incluso las libertades individuales políticas. En lugar de luchar por la radicalización de la democracia, nos vemos limitados a hacerlo contra el destrozo de las instituciones democráticas fundamentales. Hay que construir un frente común de las fuerzas progresistas y que los movimientos sociales, organizados en torno Attac o el Foro Social Mundial, trabajen con partidos progresistas y sindicatos. Le preocupa las reticencias de los movimientos sociales a unirse con partidos políticos según las ideas de Hardt y Negri, que en sus libros Imperio y Multitud, escriben que los movimientos surgidos de la sociedad civil deben evitar la colaboración con las instituciones políticas, al considerarlas como unas máquinas de captura. Desde esta perspectiva, las contradicciones internas del Imperio conducirán inexorablemente a su caída y a la victoria de la Multitud. Esto supone reproducir la creencia en el determinismo de tipo marxista. El capitalismo llevaba en sus propias entrañas su propia caída.

La perspectiva de Imperio es similar, aunque adaptada a la nueva situación: a partir de ahora el trabajo inmaterial ejerce el papel principal, ya no es el proletariado, sino la multitud, quien es el agente revolucionario. Puro determinismo. Por otro lado, esta es la razón por la que rechazan la idea de la necesidad de crear una unidad política entre los diversos movimientos. Mouffe se hace una pregunta política fundamental: ¿Cómo se convertirá la multitud en sujeto político? Aunque Hardt y Negri reconocen que los diferentes movimientos sociales tienen objetivos diferentes, esta circunstancia en lugar de ser un problema, es una ventaja, lo que les hace más radicales y, así, cada uno pueden dirigir sus golpes al centro virtual del Imperio

21/10/2014 11:23 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sin confianza es una utopía construir un proyecto colectivo ilusionante

Cándido Marquesán

El panorama político actual en esta España nuestra me genera sentimientos diversos, ninguno de ellos positivo. Por encima de todos, el de hartazgo. Ya vale, ya está bien, de tanta corrupción.  Esto se asemeja cada vez más a un albañal.  Es tanta la mugre que dan ganas de exiliarte de este país para escapar de este hedor insoportable. Como también siento muchas veces:  que esta España nuestra que se la queden toda, que se la repartan y que se la coman esta cuadrilla de sinvergüenzas.

Al final va tener razón el poeta que escribió con profundo dolor esta durísima poesía “De todas las historias de la Historia/ sin duda la más triste es la de España/ porque termina mal/ Como si el hombre/ harto ya de luchar con sus demonios/ decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza.

Mas los españoles que nos sintamos patriotas de verdad, no podemos cruzarnos de brazo, pero patriotas de acuerdo con la definición de “patriotismo” hecha por Mauricio Virolli,  entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. Para el politólogo  italiano, el autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria y sus lacras ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura.  Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo.

Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales.  Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles, que para neutrales ya están (o deben estar) los jueces. Este es el verdadero patriotismo. E  insisto aquellos que estemos impregnados de este patriotismo, no podemos abandonar esta España en manos de una cuadrilla de facinerosos, que en definitiva es lo que quieren. La tarea es ardua y difícil. Lo primero e imprescindible es  recuperar la confianza en esta sociedad, que se ha perdido. Explicaré las razones de esta pérdida.

Como señala Tony Judt en Algo va mal,  una sociedad para que funcione adecuadamente necesita un sentimiento generalizado de confianza entre sus miembros, y especialmente hacia sus dirigentes. Podemos constatarlo en el pago de los impuestos. Un ciudadano los paga porque confía que su vecino hará lo mismo. Siento una envidia sana al recordar que un amigo danés me comentó que él pagaba impuestos con una sonrisa en la boca. Como español tales palabras me impresionaron. Y todos confiamos también que serán administrados responsablemente por nuestros dirigentes con criterios de justicia y solidaridad para sufragar los diferentes capítulos del gasto público. Por ejemplo, gracias a esta confianza recíproca los trabajadores de hoy contribuyen al sostenimiento de las pensiones actuales, como unos lo hicieron antes y otros lo harán en el futuro.  Ello presupone una confianza y solidaridad intergeneracional. Sin confianza recíproca entre los ciudadanos y sus dirigentes es una utopía el construir un proyecto colectivo de futuro.

La confianza se da en mayor grado en aquellas sociedades con menos desigualdades, y que precisamente por ello  suelen ser más cohesionadas. Y por supuesto, esa confianza la tienen que irradiarla sus dirigentes políticos en sus comportamientos. En su libro Ejemplaridad pública, el filósofo Javier Gomá expresa una serie de reflexiones muy interesantes al respecto. Toda vida humana es un ejemplo: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla.

El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho-a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos. Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada.

Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ello, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad. A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir.

No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira.

Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum (esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos. Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen otros, en estos momentos que producen el sentimiento contrario. Yo ya no sé cuántos políticos están inmersos en caso de corrupción con la correspondiente pérdida de confianza en ellos.

Lo que sí tengo claro es que la clase política gobernante, no sólo ha tolerado sino que también se ha beneficiado de ella; y, por ello, no la han perseguido ni la han erradicado, y tienen todos los medios en sus manos para hacerlo. Mientras estoy escribiendo estas líneas, una señora sale apesadumbrada ante los medios de comunicación para decirnos que su partido está "trabajando sin descanso" para que las "malas prácticas", en alusión a los casos de corrupción política, "no se vuelvan a producir nunca más" y que su partido está  "tan escandalizado como los ciudadanos" con algunos de estos casos” y que "respeta lo que dicen los tribunales", y ha pedido "sentido de la responsabilidad" y el respeto a la "presunción de inocencia", y ha señalado que "hay que diferenciar lo bueno de lo malo" y "no se puede tratar a todo el mundo por igual". Y el presidente de Gobierno, el del plasma, ha admitido que han sucedido "algunas cosas" que no le hubiera gustado que se hubieran producido”. ¡Vaya cinismo! ¡Vaya desvergüenza! Y luego se jactan con las palabras de transparencia y regeneración democrática. ¡Vaya tropa! En ella también incluyo al resto de las fuerzas políticas sistémicas, ya que siempre habrá algún despistado.

Finalizo, la confianza hacia nuestros políticos ha desaparecido totalmente, lo grave es que la han extendido al resto de la sociedad, en la que ya nadie confía en nadie, ya que los políticos, como he comentado anteriormente, dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Y sin confianza es una utopía construir un proyecto colectivo ilusionante.  Por ello, hace falta una regeneración ética en toda línea.

Como de la clase política actual no cabe esperar nada está dirección, yo de ella no espero nada, la única reacción tiene que venir de la sociedad. En nuestras manos está el ser intransigentes. Para eso tenemos el voto, pero si luego vamos a votar a algunos tapándonos la nariz, como hasta ahora lo hemos hecho, luego no nos quejemos. No viene mal recordar que en la época de bonanza teníamos una conciencia muy laxa sobre esta lacra social, que algunos expertos la relacionan  con nuestra tradición católica en contraposición a la inflexibilidad protestante.

Para la catedrática de Filosofía Moral Victoria Camps “Cuando hay corrupción existe la complicidad del grupo político y también la de toda la sociedad”. Y es así porque carecemos de unos valores éticos claros, en torno a los cuales organizar nuestra convivencia. Todavía muchos compatriotas movidos por prejuicios políticos, son condescendientes con los casos de corrupción de su propio partido, e intransigentes con el contrario. Juicio extrapolable a los medios de comunicación. Así no vamos a ninguna parte. En un reciente artículo  Azúa decía “Durante los periodos de corrupción general, como en nuestros últimos quince años gracias a la inflación del ladrillo, toda ella contaminada de hez mafiosa y protegida por los intocables locales, no hay izquierdas ni derechas, sólo prostituidos y macarras”. Termino con la pregunta emitida por Iñaki Gabilondo en un reciente debate sobre este tema: “¿Ha cambiado realmente la sociedad o pagaríamos de nuevo corrupción a cambio de prosperidad?”  Cada cual que responda a la pregunta.

28/10/2014 15:18 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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