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Il Cavaliere

                                             

            El primer ministro de la República italiana. Sr. D. Silvio Berlusconi no desaprovecha ocasión, para mostrar sus ocurrencias. Como todos las conocemos, ya nos nos producen sorpresa. Estamos curados de espanto. Me tomo la licencia de recordar algunas de ellas.

Nada más llegar a la presidencia europea, a primeros de julio de 2003, la oferta del culebrón que es la política italiana la extendió al ámbito comunitario, al comparar al eurodiputado alemán Martin Schulz con un capó nazi. Pronto lo secundó el subsecretario de Estado de Turismo, Stefan Stefani, que se lanzó en un artículo contra esos «rubios estereotipados de orgullo hipernacionalista» que tienen complejo de primeros de la clase, se ponen ciegos de espaguetis e «invaden ruidosamente nuestras playas» (los alemanes).

            Encendió de nuevo la mecha de la polémica al defender, con una frase sobre las mujeres, la necesidad de aumentar el contingente de soldados en las calles para evitar las violaciones y garantizar la seguridad. "Tendríamos que tener (en las calles) tantos soldados como tantas son las bellas mujeres italianas, creo que no lo lograríamos nunca", señaló en Sassari, isla de Cerdeña, comentando unos recientes casos de estupro ocurridos en Roma y Guidonia y el anuncio que hizo de que aumentará a 30.000 los soldados que patrullarán por las principales ciudades.

Tras el intercambio mutuo de descalificaciones entre Berlusconi y Prodi durante un debate televisivo, en uno de sus típicos arranques de incontinencia verbal, Berlusconi se despachó a gusto contra los votantes de izquierda, a los que dedicó el poco refinado calificativo de «gilipollas». Crecido después de considerarse ganador del duelo televisivo, se dejó llevar y culminó en insulto. «Tengo demasiada estima por la inteligencia de los italianos para creer que pueda haber por ahí muchos gilipollas capaces de votar en contra de sus intereses. Disculpad el lenguaje grosero pero eficaz», aseguró  Il Cavaliere entre aplausos durante un discurso en Roma ante una asociación de comerciantes frente a los que, una vez más, echó mano del miedo a una mayor presión fiscal para arremeter contra la izquierda.

            En una rueda de prensa conjunta con el presidente ruso, Dimitri Medvedev, en Moscú, el magnate de los medios también declaró que la elección de Obama como próximo inquilino de la Casa Blanca había sido "aclamada por la opinión pública mundial como la llegada del Mesías"."Trataré de contribuir a las relaciones entre Rusia y Estados Unidos donde una nueva generación ha llegado al poder, y no veo problemas para que Medvedev establezca buenas relaciones con Obama que también es guapo, joven y bronceado", dijo.

            Acaba de manifestarse con toda su crudeza en unos momentos tan dramáticos como el terremoto que ha asolado en la zona de L´Aquila.  "Tómenselo como un fin de semana de camping", "díganle a la mamma que los lleve a la costa", "no les falta nada". Con esas frases habló a las víctimas del terremoto en Italia. Bajo esa óptica, el que no tiene nada que comer debe tomárselo con calma y pensar que es una dieta; el que no tiene ropa, asumirlo como una experiencia doméstica; el que no tiene trabajo o dinero para estudiar, piense que está disfrutando de unas hermosas vacaciones.

 Todo lo anterior son palabras, no son más que palabras, aunque su gravedad radica en la persona que las emite. Lo que  resulta muchísimo más lamentable, como señala José Ramón Villanueva, la actitud de Berlusconi, en un esperpéntico acto ante las juventudes de su partido tras ganar las elecciones pasadas, en el que los jóvenes derechistas saludaron a “Il Cavaliere” al estilo fascista, al decir: “Al verlos, he pensado: la nueva falange romana somos nosotros”.  Como también que, ahora Europa se frota los ojos ante lo que tiene delante: un gobierno abiertamente xenófobo que respalda, alienta y defiende una persecución racista de gran calado contra los gitanos y, de paso, contra los inmigrantes. En Italia se están pisoteando flagrantemente los valores y principios de la Unión Europea, de la cual Italia es socio fundador. Todo esto es mucho más grave.

 

 Mas la realidad es la que es. Berlusconi fue primer ministro ya en 1994, apenas ocho meses, y volvió a serlo entre 2001 y 2006. Tras cinco años de delirios incumplidos, broncas partidistas, escasísimo crecimiento económico y permanente conflicto de intereses, pasó a la oposición. Ahora, su enésimo regreso, y su sorprendente forma de conseguirlo -con el apoyo democrático de 17 millones de italianos-, supone un misterio insondable para mucha gente. Pero las cifras mandan en democracia.

 

La pregunta sin respuesta es por qué los italianos siguen votando a un personaje como este. ¿Es acaso cosa del destino? ¿Una suerte de determinismo histórico?.¿Qué pasa en Italia? ¿Dónde está ese pueblo humanista, antiguo, civilizado? Allí nacieron los Cicerón, Julio Cesar, Virgilio, dando lustre al Imperio Romano y de paso las raíces del Derecho romano. Allí surgió uno de los movimientos artísticos más trascendentes de la Historia, el Renacimiento y el Humanismo, con nombres como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael.. ¿Qué fue de la cultura, de la sensatez, de la elegancia que conocíamos? ¿Cómo es posible, nos preguntamos, que los ciudadanos volvieran a poner en el gobierno a un individuo como Berlusconi, procesado por no sé cuantos delitos de corrupción y con causas aún pendientes? ¿Cómo pudieron votar de nuevo a un tipo que modela las leyes a su conveniencia, que monopoliza, y mangonea los medios de comunicación, que trata a las mujeres como floreros, incluidas sus ministras? ¿Cómo es posible?  Me resulta muy difícil de entender.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

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