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¿Y ESTOS NOS VAN GOBERNAR?

                                   

En un aviso para navegantes, quiero dejar muy claro que todo político  del partido que sea, inculpado en un caso de corrupción, debe ser expulsado fulminantemente por las cúpulas de sus partidos, y que caiga sobre él toda la fuerza de la ley. Nos tendríamos que indignar igual con el caso Gürtel, los Eres de Andalucía o el del Partido de los Trabajadores de Sebastopol. Unos ciudadanos responsables deberíamos tenerlo esto muy claro. Mas estamos observando con asiduidad que según nuestras preferencias políticas, las valoraciones son distintas. Si es de los nuestros lo exculpamos, y  a votarle más todavía. Si es de la otra bancada, somos implacables. No, no, no debería ser así. ¡Qué ejemplo nos dieron los españoles en las elecciones de febrero de 1936, al barrer del mapa político al partido radical de Lerroux! Dicho lo cual con total contundencia, quiero referirme, por ser tema de actualidad, a las últimas actuaciones de los dirigentes populares relacionadas con la dimisión de Francisco Camps, como presidente de la Generalitat valenciana, que me sugieren unas reflexiones, impregnadas de estupor e indignación. Y sobre todo, porque  éstos van a ser los que nos van a gobernar a partir del 20-N.

 

De entrada, conviene recordar. No pocos cargos populares de la ejecutiva nacional, madrileños y valencianos han estado implicados en el caso Gürtel. Tuvo que dimitir el tesorero del PP, Sr. Bárcenas. En la Comunidad de Madrid bastantes consejeros, diputados, alcaldes, concejales, y lo más sorprendente es que su máxima dirigente salió inmaculada. Todavía más, es hoy el paradigma de la anticorrupción. Inconcebible. En la Comunidad Valenciana otros, no pocos, aunque aquí hay que añadir el caso Brugal  y el de Fabra.  Negar la evidencia no puede ser más que producto de la ceguera y de la insensatez. No obstante, desde los dirigentes populares, con el beneplácito de sectores de la ciudadanía, esa fue la primera reacción, alegando que todo era producto de una conjura diseñada por Rubalcaba, a la que se plegaron fiscales y jueces, para recortar las favorables expectativas electorales del PP. Es peligroso cuestionar el poder judicial, ya que se debilita el Estado de derecho. Al resultar ineficaz esta estrategia, surgió el Tú más que yo, recurriendo al caso Faisán y los EREs de Andalucía; por ende se deteriora el sistema democrático, sembrando una desconfianza generalizada hacia la política.

 

Es claro que Rajoy ya no debería haber permitido a Camps el presentarse a las elecciones del 22-M. El jefe que teme las responsabilidades no merece ser jefe. Es jefe porque las asume. Quien siente el peso de la responsabilidad no procede nunca de ligero. Mas como la justicia aunque lenta sigue funcionando, al acorralar a los dirigentes valencianos, llevándoles ante los tribunales, se desencadenaron todos los acontecimientos que precedieron a la dimisión de Camps. Protagonistas han sido: Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal, Rita Barberá, Federico Trillo, Juan Cotino, Ricardo Costa y Francisco Camps. Fueron unas jornadas frenéticas. Hay material suficiente para escribir una novela, una comedia, una tragedia, una tragicomedia y hasta una epopeya, por la actuación épica de Camps, que empequeñece las acciones de los héroes clásicos de Aquiles, Ulises o Eneas; de Sigfrido el de Los Nibelungos, o de nuestro Cid Campeador. Pero abandonemos este inciso literario y retornemos al tema.

 

La primera opción de Camps fue declararse culpable para seguir en la presidencia, mas esto suponía reconocer que había mentido. Posteriormente dimitió para preparar su defensa. Respiraron en Génova. La intervención de Camps en el acto de dimisión fue patética. Se declaró no sé cuántas veces inocente, y justificó su dimisión como un acto de sacrificio por Valencia y por España, para que llegase al poder Rajoy. Su lenguaje no-verbal fue muy expresivo. Sus muecas, risas, sonrisas eran tan ridículas que producían vergüenza ajena, sobre todo cuando se convertían en forzadas carcajadas. Parpadeaba compulsivamente mientras distraía la atención del auditorio con una sonrisa que pretendía ocultar la falsedad de unas palabras en las que, sin duda, no creía. Hay hombres que mienten a todos y también se mienten a sí mismos. Éstos llegan a estar convencidos de que la mentira forjada por ellos es la verdad, y la defienden con mayor empeño que la verdad misma. Por eso son los más peligrosos en la política. ¡Qué fácil hubiera sido, reconocer su error y pedir disculpas! Eso es lo que ennoblece a un hombre y a un político.  Estos comportamientos no entran en la agenda de nuestros políticos. A continuación, en tromba, todos los dirigentes populares cerraron filas aludiendo que era inocente y que había puesto el listón muy alto. Alucinante. González Pons “El Sr. Camps ha sido inocente, lo es y lo seguirá siendo”. Y debemos creerlo como si fuera una verdad metafísicamente incuestionable. Núñez Feijóo “Su decisión dignifica a los políticos”. Para conocer a fondo todas las miserias humanas, nada más eficaz que la actividad política. De verdad, no entiendo nada. No sé si nos toman por gilipollas. Es un insulto a la ciudadanía. Que un cargo público tenga que dimitir por tener problemas con la justicia debería ser motivo de vergüenza y no de vanagloria. Mas los políticos populares con esa extraordinaria facilidad que tienen para retorcer la realidad, para aprovecharla para sus intereses, argumentaron que a Camps deberían imitarlo los de la bancada contraria. Inaudito. Aunque tarde, Rajoy destacó la decisión de Camps y le abrió una misteriosa puerta de cara al futuro, una vez resuelto su proceso judicial. Señaló "Tiene futuro en la vida pública, en la privada, donde él quiera", puesto que ha tomado la decisión por "su tierra y por su partido". Esta frase es inquietante. ¿Qué recompensa hay detrás? Una pista. ¿Qué cargo tiene hoy Zaplana?

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

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