Blogia
dorondon

Trabajadores, apretaos el cinturón

 

                       

 

 

 La cuerda se rompe siempre por el lado más débil. Este dicho popular lo traigo a colación para referirme a la situación de inferioridad que tiene que padecer siempre la clase trabajadora frente al capital. Corrobora esta última  afirmación El Informe mundial sobre salarios, 2008/09, acabado de publicar por la Organización Internacional de Trabajo(OIT) que vaticina una fuerte erosión de los salarios en el 2009. En el futuro inmediato, se prevén momentos difíciles para muchos trabajadores, ya que  el crecimiento económico lento o negativo, junto con unos precios muy inestables, reducirá los salarios reales de muchos trabajadores, en particular en los hogares pobres y de salarios bajos. En muchos países, las clases medias también se verán gravemente afectadas. “Para los 1.500 millones de trabajadores asalariados del mundo, se avecinan momentos difíciles”, dijo el Director General de la OIT, Juan Somavia. Por ello, es probable que se intensifiquen las tensiones por los salarios, y que el lugar de trabajo resulte más vulnerable a los conflictos salariales. En definitiva, que los que somos trabajadores debemos atarnos los machos y estar preparados para todo. Nada nuevo bajo el sol, ya que hace tiempo que los diferentes medios de comunicación nos están advirtiendo con admoniciones premonitorias. 

El Informe indica también que las instituciones del mercado de trabajo nunca han sido tan relevantes como en la actualidad y exhorta a los gobiernos a dar muestras de un fuerte compromiso con la protección del poder adquisitivo de sus poblaciones y, por lo tanto, a estimular el consumo interno. En primer lugar, debería alentarse a los interlocutores sociales a buscar la manera de prevenir una reducción ulterior de la parte del PIB destinada a los salarios con respecto a la proporción asignada a los beneficios. En segundo lugar, los niveles de los salarios mínimos deberían aumentar siempre que sea posible para proteger a los trabajadores más vulnerables. En tercer lugar, los salarios mínimos y la negociación salarial deberían complementarse con la intervención pública, por ejemplo, con medidas de apoyo a los ingresos. El experto de la OIT, Andrés Marinakis, acaba de refutar la idea de algunos economistas de avanzar en la flexilibilización laboral, indicando que “es el momento menos adecuado para entrar en esa discusión”. El especialista subrayó que pensar en modificación a la regulación laboral que abaraten los despidos sólo incentivará el desempleo. “No es un momento en el que uno deba promover el despido, eso es todo lo contrario a lo que recomienda esta situación”, afirmó. En la misma línea, el director regional de la OIT para América Latina, Jean Maninat, indicó que para afrontar la crisis los países deben avanzar en el diálogo social y no que se trate de imponer una visión. Además, indicó que “hay que proteger la capacidad de compra de los salarios de la gente más pobre y más afectada por la crisis. No estamos llamando a un aumento de salarios, pero sí a cuidar lo ganado”.

Mas este Informe de la O.I.T no sólo habla del futuro, también habla del pasado reciente. Ha  estudiado la evolución las principales tendencias de los salarios, en el período 1995-2007, constatando que el crecimiento de los salarios ha sido bajo en la mayoría de los países. Los salarios han crecido menos que el PIB per cápita. Durante todo el período comprendido entre 1995 y 2007, en que el PIB per cápita creció un 1% adicional, los salarios medios sólo aumentaron un 0,75% adicional. Esta “elasticidad de los salarios” de 0,75 confirma que el crecimiento salarial ha sido inferior al del PIB per cápita, y parece ser una prueba fehaciente de que el crecimiento de los salarios reales se ha rezagado con respecto al crecimiento de la productividad. A lo largo del tiempo esta elasticidad ha descendido del 0,80% en 1995-2000 al 0,72% desde 2001. En el 70% de los países, se ha observado sistemáticamente una tendencia descendente en la proporción del PIB distribuido a los salarios, en comparación con los beneficios de las empresas y otras formas de ingreso. Cabe señalar el hecho de que los salarios, durante los períodos de expansión económica, crecen más lentamente que el PIB per cápita, mientras que, en períodos de recesión económica, caen más rápidamente que el PIB per cápita.  

Por si todavía no fuera bastante con lo dicho, además observa el Informe  que Las desigualdades salariales continúan aumentando. Desde 1995, la desigualdad entre los salarios más altos y los más bajos ha aumentado en más de dos tercios de los países sobre los que se dispone de datos. En lo que se refiere a los países industrializados, Alemania, Polonia y los Estados Unidos figuran entre los países donde la diferencia entre los salarios más altos y más bajos ha aumentado con mayor rapidez. En otras regiones, la desigualdad ha crecido también de forma considerable, sobre todo en Argentina, Chile y Tailandia. Algunos de los países que han conseguido reducir la desigualdad salarial son Francia y España, así como Brasil e Indonesia, aunque en estos dos últimos países la desigualdad continúa siendo muy alta. La diferencia de remuneración entre los géneros es todavía elevada y se está reduciendo con mucha lentitud.  En la mayoría de los países, los salarios de las mujeres representan por término medio entre el 70% y el 90% del de los hombres, pero no es extraño encontrar coeficientes mucho más bajos en otros lugares del mundo, sobre todo en Asia. 

Todos los datos expuestos son claros, aunque no vienen a descubrir nada nuevo. Lo único que hacen es demostrar lo obvio, aunque conviene recordarlo. A esta situación se ha llegado porque no ha surgido una respuesta de donde debiera de haber venido: desde la izquierda europea, política y sindical. En consecuencia, desde las corrientes neoliberales, durante varias décadas, se ha estado sembrando la idea, para que la interiorice la clase trabajadora, de que ya se ha acabado esa concepción de la historia, por la que cada generación tendría que vivir inexorablemente mejor que la anterior.  Esta idea ha calado. Hoy, muchos trabajadores no sólo han renunciado ya a mejorar su situación, por lo que se sienten satisfechos con mantenerse como están, e incluso, a renunciar a parte de las conquistas sociales que con tanto esfuerzo consiguieron los que les precedieron. Todavía más, a muchos trabajadores europeos nos han convencido, de que la culpa es de los "otros": los empresarios asiáticos que producen a bajo precio porque pagan salarios de miseria o de los inmigrantes que nos quitan nuestros puestos de trabajo. La construcción de un enemigo exterior viene muy bien para ocultar el hecho de que los intereses de los inmigrantes y de los trabajadores europeos son los mismos. Y así se evita que surja una conciencia de clase. Divide y vencerás.

Como en muchas otras ocasiones sigue teniendo razón el gran historiador Joseph Fontana: "Desde 1789 hasta el hundimiento del sistema soviético las clases dominantes europeas han convivido con unos fantasmas que atormentaban frecuentemente su sueño: jacobinos, carbonarios, anarquistas, bolcheviques..., revolucionarios capaces de ponerse al frente de las masas para destruir el orden social vigente. Este miedo les llevó a hacer concesiones que hoy, cuando no hay ninguna amenaza que les desvele-todo lo que puede suceder son explosiones puntuales de descontento, fáciles de controlar---, no necesitan mantener." 

Pascal Bruckner nos dice en la misma línea que nunca hasta ahora se habían producido tantas diferencias. Como si todas las grandes conquistas de después de la II Guerra Mundial comenzasen a venirse abajo y hubiera que comenzar de nuevo, hoy parece el regreso de un capitalismo duro, implacable, despiadado, hostil con los débiles, generador de empleos de baja cualificación. Todos los indicios nos avisan un sistema brutal, en el que no se vislumbra la perspectiva de un futuro mejor.

Pretendo terminar con una última cuestión. Si existía duda sobre quién es el hombre de negocios más acaudalado del planeta, Carlos Slim o Bill Gates, ésta ha sido ya superada. El empresario mejicano, Carlos Slim se ha convertido en el hombre más rico del mundo. El pasado 9 de marzo, en Forbes aparecía primero en este escalafón Bill Gates, con una fortuna de 56.000 millones de dólares (42.000 millones de euros); Warren Buffet era el segundo con 52.000 millones. La sorpresa fue Carlos Slim con la cifra de 49.000 millones, con un incremento de 19.000 millones en un año. Tres meses después, el diario financiero por internet Sentidocomún estimaba el capital de Slim en 67.800 millones de dólares (49.000 millones de euros), que representaría el 9% del PIB de México. El empresario mexicano había ganado más de 18.000 millones de dólares en un solo trimestre. Es lo que hay.

 

Cándido Marquesán Millán

0 comentarios