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En plena época de Internet y de la play station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años".

Cándido Marquesán Millán

Es seguro  que muchos españoles que alardean de patriotismo, no me atrevo a cuantificarlos, al leer estas líneas y vean que versan sobre el tema, ya sobado mas todavía no resuelto, de la Memoria Histórica, exclamarán que ya vale, otra vez con la misma tabarra, que lo que les preocupa de veras es la crisis económica, y su secuela más importante que es el paro galopante. ¡Toma! ¡Y a mí también! Y a otros muchos como yo.  Lo que no es óbice para que me preocupe por el tema de que más de 100.000 españoles sigan enterrados todavía en las cunetas de cualquier carretera comarcal, en las tapias de cualquier cementerio, o incluso en algún basurero, y que además sus familiares no puedan darles una digna sepultura, como todo ser humano se merece.

 

También me preocupa que a una parte importante de la sociedad española, esta traumática e injusta circunstancia le importe un comino, ya que por lo que parece hoy se mueve solo por otros valores, estrictamente materiales, totalmente alejados de la ética. Y mi preocupación continúa al constatar que importantes y poderosos medios de comunicación, han trabajado a destajo y a conciencia para que en una gran mayoría de la ciudadanía española haya calado exclusivamente esa escala de valores.

Y esto es así, merced a que abundan cada vez más un prototipo de columnistas, que dicen escandalizarse porque en esta sociedad nuestra se está produciendo un vacío de valores morales, y sin embargo, no tienen ningún impedimento moral en colocarse en contra de todo aquello relacionado con la Memoria Histórica, y que les resulte indigerible el que todas esas víctimas sean enterradas. Me resulta difícil entender estos comportamientos tan contradictorios.

También me preocupan determinadas actuaciones judiciales, como el haber sido expulsado de la carrera judicial el juez Garzón, entre otras razones, por su iniciativa de abrir una causa penal para investigar los crímenes del franquismo por medio del sumario 53/2008. Igualmente me preocupa la actuación de las jerarquías eclesiásticas que consideran que en la Memoria Histórica no hay más que resentimiento, tal como dijo el cardenal Rouco: "A veces, es necesario saber olvidar" en lo que él denomina, haciendo gala de una doble moral, de "una auténtica y sana purificación de la memoria", mientras canonizan a miles a sus mártires de la Guerra Civil.

Por último, no menos me preocupa que el PP, el partido que sustenta al gobierno actual, con 10,8 millones de votantes detrás, se muestre insensible, e incluso se ría de todos aquellos, que quieran enterrar a sus muertos, acusándoles de insensatos y de poner en peligro nuestra democracia que ha costado tantos esfuerzos conseguirla. Rajoy ha mostrado siempre su desprecio por la Ley de la Memoria Histórica porque "no interesa a nadie".

La manera de pensar al respecto de los dirigentes populares puede estar perfectamente representada por las palabras  de Miguel Ángel Rodríguez, portavoz que fue del Gobierno de Aznar entre 1996-1998  emitidas en el programa 59 segundos de TVE: "En plena época de Internet y de la play station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años".

Está claro, que a la derecha no le gusta la Memoria Histórica, pues ello es tanto como aludir a sus raíces ideológicas y personales. Como señaló Manuel Rivas: ¿Por qué despierta tanta hostilidad la Memoria Histórica en la derecha española? Creo que es una pregunta que concierne a todos, pero especialmente a quienes se sitúan en esa órbita ideológica y política. Esa derecha que gira al centro, que se pretende homologable con los gobernantes franceses y alemanes, que sí asumen la memoria de la resistencia antifascista, esa derecha tan justamente comprometida con la memoria de las víctimas del terrorismo político en el País Vasco, ¿por qué hace una excepción con la dictadura franquista, una de las más crueles y prolongadas de la historia?

En la tramitación parlamentaria de la Ley sobre localización e identificación de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, más conocida como “Ley de Fosas, una ley pionera en España y aprobada con el Gobierno del Tripartito catalán aparecen razones justificativas de la Memoria Histórica. Según Joan Saura,  de carácter democrático, ya que si hoy vivimos en un régimen consolidado de libertades  y de paz, es absolutamente imprescindible reparar esta injusticia, una cuestión de coherencia con nuestros propios principios. Además el afrontar y asumir los horrores y los crímenes del pasado es una característica de las democracias maduras.

¿Qué mejor muestra de reconciliación que ser capaz de asumir el pasado doloroso y tomar medidas para corregir tales errores? Esta Ley contribuye a la reconciliación, así como el refuerzo de la convivencia democrática. Pero además hay una razón de carácter ético, que debía superar cualquier diferencia política. ¿Quién podría aceptar que un ser querido continuase en cualquier margen de un camino?  Esta Ley pretende compensar a los numerosos familiares, que desean ansiosamente dar una cristiana sepultura a sus seres queridos.

En su intervención, Joan Saura, citó el prólogo que el historiador Joan Villarroya, escribió para el libro, titulado Els morts clandestins. Les fosses comunes de la Guerra Civil a Catalunya, de Queralt Solé i Barjau: “El septiembre pasado, estando en Dieppe, en la costa de Normandía, visité el cementerio de los soldados canadienses muertos en el desembarco. Cada tumba está perfectamente cuidada, porque los chicos de las escuelas de los alrededores las han apadrinado y son los responsables de limpiarlas y plantarles flores.

Esta visita al cementerio de Dieppe se puede extender a los cementerios que se conservan en Francia, donde están enterrados los soldados aliados y alemanes muertos durante la I y la II Guerra Mundial, incluso los restos de los soldados desconocidos reposan en grandes tumbas. Hay respeto y dignidad por todos los combatientes, enfrentados en el campo de batalla. Pasados más de 60 años del final de la última guerra mundial, se conservan intactas las tumbas de los soldados caídos, tanto sean franceses como alemanes.  Finalmente, Joan Saura, se hace la siguiente reflexión: Ni en Cataluña ni en el conjunto del Estado español es posible visitar a cementerio alguno, donde de manera digna e individualizada estén los despojos de los soldados muertos en el frente, mucho menos todavía, el de las víctimas de la represión que la Guerra Civil ocasionó”.

También fue muy interesante la intervención del diputado socialista-ciudadanos por el cambio, Sr. Balcells, cuando recurrió a las palabras de una periodista, que se ha dedicado a investigar aquí y en otros lugares con dramas similares el problema de las fosas. Se refiere a Montse Armengol, que en su libro Les fosses del silenci, partiendo de la experiencia de Nicaragua, se hizo la siguiente reflexión: “En Guatemala hemos visto como nos pasaban la mano por la cara por el esfuerzo institucional para localizar las fosas, para obtener ayudas internacionales, para hacer un banco de ADN, para tener un psicólogo a pie de fosa que atendiera a los familiares de las víctimas en aquel momento, a la vez esperado y doloroso, en que surge el primer hueso, una bota o una chaqueta, que confirma la pérdida violenta de un ser querido.

El momento en que una pala abre la tierra y se rompe el silencio; el momento en que, por fin, puede comenzar el duelo, el personal, el del familiar del desaparecido y el colectivo: el de la sociedad que ha padecido la tragedia. Nada de eso”- acaba diciendo Montse Armengol- “hemos visto en esta España que presume de dar lecciones de transición o de perseguir a los dictadores criminales”.

Entiendo que si nuestra democracia, como nos dicen, está plenamente asentada, tras un período de Transición, que hemos pretendido presentarlo como modélico y exportable a otras latitudes, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que esté haya sido. Como dijo brillantemente Ángel Viñas: ¿Qué tiene el pasado español para que su escrutinio deba permanecer cerrado a cal y canto? ¿Qué debe ocultar una democracia que tanto se enorgullece de serlo? ¿Es que acaso tenemos genes que nos hagan incapaces de afrontar nuestro pasado? Los sudafricanos, los chilenos, los argentinos, los rusos, por poner unos cuantos ejemplos, han dejado ya en pañales a quienes nos enorgullecíamos de una transición presentada como modélica.

En septiembre  de 2013 esta terrible  injusticia continúa sin reparar. A esta situación se ha llegado ante el desamparo total de que han sido objeto las víctimas tanto por parte del Gobierno como de la Justicia española. Como señala José Ramón Villanueva,  a pesar de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica en 2007 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero y en la actualidad incumplida sistemáticamente por el Gobierno de Rajoy, esta herida de nuestra democracia ha hecho que las asociaciones memorialistas busquen la internacionalización de sus demandas como única vía para hacer justicia y acogiéndose al principio de justicia universal, iniciaron la querella contra los crímenes franquistas ante los tribunales de Argentina, una vía que hoy está resultando esperanzadora no sólo para la reparación moral y jurídica de las víctimas sino para la condena pública y universal de los criminales, hasta ahora impunes gracias a la Ley de Amnistía de 1977.

Las recientes actuaciones de la Justicia argentina, y en particular de la juez María Servini, deberían de hacer enrojecer a la Justicia española, incapaz de adoptar en esta materia los principios de la legislación y justicia universal, para castigar los crímenes del franquismo, que tienen, no lo olvidemos, la calificación jurídica de "crímenes contra la humanidad". Un nuevo rayo de esperanza se ha abierto con la visita a España del Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU con la intención de ayudar a resolver los casos de los todavía 130.000 desaparecidos y las 2.800 fosas que salpican la geografía España.  Otras acciones se están llevando a cabo ante el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos y, es probable que las conclusiones del informe que elabore Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU supongan una amonestación para España por su pasividad en la resolución de este triste episodio de nuestra historia.

Que después de más de 30 años, todavía la sociedad española, incluida en ella tanto la clase política como la ciudadanía, no haya sido capaz de saldar esa deuda histórica con todos aquellos españoles que fueron asesinados, por el único delito de defender el régimen republicano, me hace sentir una profunda vergüenza como español.

02/10/2013 15:16 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ESTO ES SADISMO Y ENSAÑAMIENTO

 

Los sustantivos que encabezan estas líneas usados para calificar a determinadas acciones políticas en la España actual pueden parecer extemporáneos. Mas, confío que quien tenga la paciencia de leerlas hasta el final, podrá darse cuenta de que están plenamente justificados. Porque, vamos a ver: ¿Cómo calificar el eliminar el Programa de Teleasistencia para personas mayores, el negar el derecho a la asistencia reconocido por ley a personas dependientes, el imponer un repago de medicamentos a jubilados con unas pensiones insuficientes, o los que se empezarán a recobrar a los pacientes derivados al hospital, como enfermos de algunos tipos de cáncer, hepatitis, artritis… hasta ahora gratuitos? ¿El dejar sin servicios de urgencia nocturna a pequeños pueblos habitados por personas mayores? ¿El cerrar centros de atención a personas drogodependientes o a mujeres maltratadas? ¿El reducir becas de comedor para chavales de familias sin recursos? ¿El congelar el sueldo a los empleados públicos por cuarto año consecutivo haciendo caso omiso de la negociación colectiva?  ¿El privatizar servicios públicos como educación o sanidad, muy valorados por la ciudadanía? Todas estas acciones, amparadas en la prepotencia del poder, son un paradigma de sadismo y ensañamiento. Como también lo son dos decisiones políticas de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez. Pocos dirigentes políticos en nuestra historia han causado tanto daño,  a tantas personas y en menos tiempo. Es la responsable de una Reforma Laboral brutal, que coloca a los trabajadores españoles de rodillas  ante el capital, al serles arrancados un conjunto de derechos socio-laborales, que ingenuamente pensábamos eran intocables. Dudo mucho que el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, se hubiera atrevido a tanto. Dice bien Josep Fontana "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales ha sido destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo”.  Insto a los españoles a que se la lean, especialmente a los que no secundaron la huelga del 29-M y a los todavía acérrimos defensores del gobierno del PP; y que, tras su lectura, reflexionen sobre las condiciones socio-laborales impuestas a sus hijos y nietos.  ¿Ese es el futuro que quieren para ellos? Pero no piensen que la ínclita ministra siente remordimiento alguno por una ley tan cruel, muy al contrario, alardea de ella, ya que primero nos dijo que serviría para crear empleo; luego para evitar la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo.

La segunda, no menos sádica, es la Reforma de las Pensiones, que condenará a los 8,3 millones de pensionistas actuales y los futuros a una pérdida irreparable de su nivel de vida. Tampoco siente remordimiento alguno, muy al contrario, saca pecho de ella,  ya que según sus palabras en sede parlamentaria “Este Gobierno ha estado más cerca de los que lo están pasando peor, de los más  débiles: de los pensionistas y de los parados. En consecuencia, con este modelo ganamos todos: ganan los pensionistas que hoy están cobrando la pensión y van a ganar los pensionistas del futuro, porque van a tener una pensión justa y equitativa, como la que tienen hoy, y además las pensiones irán creciendo siempre año a año. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe  que en el 2014  y en los años sucesivos por la marcha de nuestra economía, la subida será del 0,25%, muy por debajo del IPC, aunque ahora nos dice el Gobierno que espera a conocer el IPC de noviembre. La desfachatez de esta señora es ilimitada. Como muy bien le replicó el diputado de Amaiur, Sabino CuadraYo creo que esto ya trasciende el terreno de la burla y de la mentira y pasa ya a otros terrenos bastante más serios: es ya puro sadismo lo que está usted haciendo…. si usted dice esto sola delante  de un espejo, hasta usted se ríe, fíjese, y el espejo se parte, porque esto es de un cinismo inconmensurable.. le recomendaría, por séptima vez, que se diera usted una vuelta por cualquier club de jubilados y les  cantara la milonga esta que nos está cantando usted a todos nosotros”.

 Si las Cospedal, Mato, Báñez, han tomado estas decisiones implacables, cabe pensar que tendrán “motivos” poderosos para hacerlo, mas lo que parece claro es que el daño que la mayoría de la ciudadanía española está sufriendo es inmenso y que quedará plasmado para siempre en los libros de nuestra historia. Por ello, aunque solo fuera por esa responsabilidad, que asumen ante la historia, deberían ser muy cautas antes de tomarlas. Sin embargo, por la frialdad, contundencia e insensibilidad que muestran cuando estampan sus firmas en los decretos que ponen en marcha tales decisiones, tengo la impresión de que no son conscientes de lo que están haciendo. Si lo fueran, cuando menos, de alguna de ellas en sus comparecencias públicas, cabría esperar que mostraran algún tipo de pesadumbre-algo previsible y digno en un ser humano-, como hizo Elsa Fornero, ministra de Trabajo del Gobierno de Monti, que se puso a llorar al dar conocer los recortes en las pensiones, sanidad y educación públicas italianas. Mas. nuestras políticas  salen ya lloradas de casa. Y además alardean de patriotas. De verdad, como español siento auténtico pavor ante la clase política que nos gobierna, que es capaz de realizar tales fechorías. Acertaron de pleno  Plauto y Hobbes con “homo homini lupus.

Publicado en El Periódico de Aragón, 6 de octubre de 2013

Cándido Marquesán Millán 

07/10/2013 22:05 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Puede que el capitalismo salte hecho pedazos

Cándido Marquesán Millán

El capitalismo per se necesita para generar el beneficio de unos pocos  la explotación y la miseria de muchos. Lo que no deja de ser irracional e inmoral.  Veámoslo: ¿Cómo es posible que un solo hombre, como Bill Gates o Amancio Ortega, pueda acumular una riqueza que supera a la de muchos países del mundo? Se argumenta que son genios. Como dice Zizek  la pregunta pertinente no es cómo lo consiguió Bill Gates sino cómo está estructurado el sistema capitalista, qué es lo que no funciona  en él para que un individuo pueda alcanzar un poder tan desmedido. Mientras tanto la desigualdad y pobreza  se incrementan día a día, no solo en los países en vías de desarrollo.

Los pobres superan los mil millones. En cuanto a los hambrientos, sobre todo mujeres embarazadas y niños, la cifra superan también los mil millones. La situación se ha agravado con el incremento de los precios de los alimentos a partir del 2007, por las operaciones de derivados sobre alimentos realizadas por bancos y fondos de inversión norteamericanos y europeos.

La realidad del capitalismo, nos conduce  a unas situaciones de riesgos imprevisibles. ¿No nace de la lógica del mercado y del beneficio lo que induce a las empresas privadas a buscar sin descanso innovaciones científicas y tecnológicas (o simplemente a aumentar la producción) sin tomar nunca en consideración los efectos a largo plazo de su actividad ya sea sobre el medio ambiente o sobre la salud del género humano? Ahora mismo estamos constatando que se están arrancando las entrañas de la Tierra por parte de la plataforma Castor delante de las costas de Castellón y Tarragona. Estamos tranquilamente dormidos en una cama en llamas, como dijo el psicólogo Daniel Gilbert. De hecho, la reacción ante las emisiones de carbono o el Protocolo de Kioto es la del bostezo.

El landgrabbing (acaparamiento de tierras) por parte de empresas estatales o privadas para el cultivo especialmente de agrocombustibles, propicia que muchos campesinos sean expulsados del agro y obligados a refugiarse en los suburbios de las megaciudades del África subsahariana, Asia o Latinoamérica, donde viven en condiciones infrahumanas, Abundantes países del Tercer Mundo no pueden evitar la expansión la epidemia del VIP, al no poder comprar determinadas terapias por su alto costo, mientras empresas farmacéuticas las tienen acumuladas en sus almacenes. El capitalismo está podrido en esencia. Algunos, como los socialdemócratas con cierta ingenuidad pensaron durante los 30 Años Gloriosos de después de la II Guerra Mundial, que estaba embridado a perpetuidad. En absoluto. Cuando se le deja suelto, como ocurrió a partir de los 70 y 80 del siglo XX, se comporta como una bestia voraz y desbocada. Lo estamos constatando.

Todavía recuerdo la advertencia que nos hizo en clase de Historia del Mundo Contemporáneo, el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Juan José Carreras “la socialdemocracia en lugar de ser enterrador del sistema capitalista se va a convertir en su médico de cabecera”. Tenía razón. Es incorregible. Su desenvolvimiento lleva siempre consigo muerte, miseria, desesperación y sufrimiento.

Conspicuos historiadores, sociólogos, politólogos y expertos en ciencias sociales han afirmado que para corregir y sanear esas contradicciones el sistema capitalista provoca con una periodicidad de unos 50 años una conflagración mundial. Así ha sido en el siglo XX. A la gran guerra de inicios del siglo XX, siguió otra en su zona intermedia y según esta cadencia temporal era previsible la siguiente en torno al siglo XXI.  Aunque alguien no lo crea, la tercera ya ha llegado, estamos inmersos de pleno en ella. Vicente Verdú en su libro El capitalismo funeral tiene un capítulo titulado La Tercera Guerra Mundial. Puede parecer tal nombre extemporáneo, más a medida que lo vas leyendo, compruebas que todos los acontecimientos de esta Gran Crisis se asemejan cada vez más a una auténtica guerra mundial.

Bancos poderosos hundidos, países desplomados, gobiernos caídos…. Millones de empresas y de trabajadores del automóvil, de los servicios, de la construcción convertidos en carne de cañón. Funcionarios con sus trabajos en peligro y jubilados con sus pensiones rebajadas o cuestionadas. Aquí hay centenares de millones de damnificados como en una auténtica guerra mundial. Y en esta, como en las otras, ignoramos cuándo terminará o si las armas de destrucción seguirán provocando más destrozos y sacrificios humanos, ya que nuestros gobernantes no saben, no quieren o no pueden proporcionarnos un resquicio de esperanza para tanto sufrimiento. Por ello, la Gran Crisis actual es una auténtica guerra total que dinamita cualquier proyecto de futuro de millones de personas, sin que importe la edad, sexo, nacionalidad o profesión.

Cada una de estas guerras fue más destructiva en pérdidas humanas y materiales que la anterior, aunque también supusieron avances espectaculares de I+D. En cada ocasión, nos dicen, el sistema aumentó su eficacia, incrementó su poder y beneficios, y se reafirmó en su convicción de su dominio. Esta visión ahora puede ser errónea. Puede que el capitalismo salte hecho pedazos, no porque sea sustituido obviamente por el sistema comunista por el triunfo de la lucha obrera, sino por la locura de la clase capitalista misma, que irremediablemente explotadora, llegaría en su máximo delirio, a la autoexplotación brutal, plasmada en que el 1% acumule el 99% de la riqueza, sin que por ello se sienta satisfecha. Así se cumplirían las predicciones de Marx: "El capitalismo lleva en si el germen de su propia destrucción por su insaciable sed de plusvalía y de ganancia".

Si no salta hecho pedazos puede que sea porque como Verdú señala en otro capítulo del libro, no menos explícito en cuanto al título El pringue del miedo, que el miedo es la materia prima que primero une a los seres humanos, y especialmente al núcleo familiar. Según Jean Delumeau en El miedo en occidente hasta la Revolución Francesa sentir miedo era una indignidad. Montaigne lo asignaba a las gentes humildes e ignorantes, era una debilidad que no correspondía a los héroes y los caballeros. Una sociedad sin valientes era una sociedad impedida para cumplir su destino y presta a la disgregación. Hoy no es una vergüenza sentir miedo ni tampoco manifestarlo. Por eso, estamos donde estamos. Mientras sigamos acongojados, seguirán imponiéndonos más vueltas de tuerca, aunque están jugando con fuego. Los grandes incendios comienzan con un leve chispazo.

 

09/10/2013 14:20 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UNA IGLESIA MUY CATÓLICA , PERO MUY POCO CRISTIANA

Cándido Marquesán Millán

La jerarquía católica española este pasado domingo, día 13, llevó a cabo en la ciudad de Tarragona la beatificación de 522 católicos, que fueron asesinados en tiempos de la Guerra Civil.  Sorprende el olvido de otros, como los sacerdotes vascos;  o del cura mallorquín, Jeromi Alomar, a quien también mataron los católicos franquistas por ayudar a algunos republicanos. No quiero entrar ahora en valorar en cuánto ha costado, y de dónde han salido los dineros para sufragar toda esta apoteósica ceremonia, que no sería de extrañar que hubieran sido de los presupuestos generales del Estado.

 

Esta cuestión merecería un artículo especial.  En un acto estrictamente religioso hubo una presencia importante del poder político encabezado por el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada; el presidente de la Generalitat, Artur Mas; los ministros de Justicia e Interior, Alberto Ruiz Gallardón y Jorge Fernández Díaz, lo que es muy cuestionable si tenemos en cuenta que el Reino de España es un Estado aconfesional, tal como aparece en nuestra Constitución de 1978, en su artículo 16.3 donde  se especifica con claridad meridiana: Ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones. De acuerdo con este enunciado, es evidente que el Estado español no es un Estado religiosamente confesional. Luego parece claro que una presencia del poder político en un acto estrictamente religioso está fuera de lugar.  Mas no es a esta cuestión a la que quiero referirme, aunque no deja de ser importante.

Retornando al proceso de las beatificaciones, la Iglesia católica puede beatificar a todos aquellos pertenecientes a su religión, que según su criterio sean merecedores de ello. Lo que no me parece de recibo es que habiéndose mostrado continuamente en contra de la Memoria Histórica, en ese proceso de reconocer y desenterrar a miles de republicanos asesinados por los fascistas con la aquiescencia, beneplácito y apoyo en ocasiones de los católicos, que todavía yacen como perros en las cunetas, argumentando que eso supone reabrir heridas, y sin embargo lo que ella hace ahora con estos actos de beatificación a sus creyentes asesinados en la Guerra Civil, eso no le merezca la misma opinión. Resulta de un cinismo que produce escalofrío.

Como prueba de esta manera de pensar, aunque podrían ponerse otros muchos ejemplos dentro de las jerarquías católicas españolas, quiero referirme al documento, aprobado por la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, en noviembre de 2006, titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España.  El Título I y en su primer apartado, se titula: La reconciliación amenazada. La C.E. se refiere a dos datos de la historia reciente. El primero, después del régimen político anterior-así denomina al régimen de Franco- es el advenimiento de la democracia,  a cuya llegada se arroga la Iglesia católica un gran protagonismo, facilitando una transición fundada en el consenso y la reconciliación entre los españoles.

Así fue posible la Constitución de 1978, basada en el consenso de todas las fuerzas políticas, que ha permitido treinta años de prosperidad y estabilidad, con las excepciones de las tensiones normales en una democracia moderna, poco experimentada, y de los ataques del terrorismo. Esta situación puede quebrarse, ya que la sociedad vuelve a hallarse dividida y enfrentada., como consecuencia de la “Memoria Histórica”, guiada por una mentalidad selectiva, que abre de nuevo viejas heridas de la Guerra Civil y aviva sentimientos encontrados que parecían estar superados. En la misma línea es la Carta Pastoral de marzo de 2007 publicada en su diócesis por el  entonces Obispo de Huesca y de Jaca, Monseñor Jesús Sanz Montes, titulada “Los Idus de Marzo”.

Es un documento breve, mas no exento de enjundia y calado. Es difícil decir más cosas y con menos palabras. Se inicia con una alusión a la obra de Thornton Wilder, titulada “Los idus de marzo”, fecha en la que  fue asesinado Julio César. En esta novela, nos dice el obispo,  se muestra cómo hay hombres movidos por el heroísmo, la generosidad y la virtud; así como otros, lo hacen por el egoísmo, la traición y la deslealtad. Es una concepción maniquea, una división tajante entre los buenos y los malos. En la misma línea de los juicios emitidos por el obispo de Salamanca, Enrique Plà y Daniel, en la pastoral de septiembre de 1936, “Las dos ciudades.” No creo sea necesario especificar  quiénes son los buenos en 2007 y quiénes son los malos. Los malos son los socialistas, a los que acusa de sacarse de la chistera el resentimiento de la Memoria Histórica.

Semejantes alineamientos políticos me recuerdan a la actitud que en la Guerra Civil  mostraron las más altas jerarquías eclesiásticas españolas, de apoyo inequívoco a los militares sublevados, en la Carta Colectiva de 1 de julio de 1937, Sobre la Guerra de España, dirigida a los obispos de todo el mundo, de la que extraigo unas breves líneas:

“La guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del Gobierno nacional dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían logrado en las urnas, se transformó, por la contienda cívico-militar, en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió en defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España por la novísima civilización de los soviet rusos.”

Con semejantes comportamientos la jerarquía católica española de entonces y la de ahora, olvidándose de miles de obreros, maestros  y sacerdotes asesinados por los fascistas, opta por situarse en contra de una parte importante de los españoles,  y  por ello, está muy lejos de ser fuente de reconciliación.

Yo recomendaría a Monseñor, Jesús Sanz, y al resto de las jerarquías católicas españolas, que leyeran la declaración de 1971, de la Confederación Episcopal Española siendo presidente Enrique Tarancón, dirigida a la sociedad española, que no pudo ser aprobada al no encontrar el apoyo necesario (dos tercios),  cuyo texto, que quedó inédito, era el siguiente:

“Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso y su palabra ya no está en nosotros (1 Jn 1, 10). Así pues, reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no siempre hemos sabido ser verdaderos ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo, dividido por una guerra entre hermanos.”

Ni que decir tiene que con los miembros de la jerarquía católica española actual, es una utopía que hagan un acto de contrición por haber apoyado a la dictadura franquista, que fue responsable de tantas muertes durante y después de la Guerra Civil. La Iglesia no solo no se quejó de tanto exterminio, al contrario fue cooperadora necesaria de la represión. Muchos informes de curas condujeron a los denunciados ante los pelotones de ejecución.

Sorprende que la jerarquía de la Iglesia católica española no haya entonado todavía su mea culpa por su papel en la Guerra Civil y en la dictadura. Porque si la Iglesia además de perdonar pidiera perdón, según palabras del abad de Montserrat, se uniría a aquella súplica formulada por Azaña  en su discurso del 18 de julio de 1938 en el que terminaba pidiendo "paz, piedad y perdón”.

Mas para llevar a cabo una decisión de este calado, sería necesario que las jerarquías católicas españolas se olvidaran de ser tan católicas, para ser auténticamente cristianas.

15/10/2013 16:53 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CARENCIA DE UN PROYECTO COLECTIVO PARA ESPAÑA

Cándido Marquesán Millán

Estamos atravesando momentos muy críticos a nivel político, social, económico, cultural, e incluso, ético, en esta nuestra querida España. No existe en este país un proyecto colectivo ilusionante para amplios sectores de la ciudadanía, algo básico para cimentar una gran nación.  Por ende, no resulta sorprendente que habitantes de determinados territorios del Reino de España hayan interiorizado y asumido como algo inevitable  la conveniencia de desvincularse del Estado español. Esta es la realidad, mal que le pese a alguno. En Cataluña, una parte importante, sin saber cuántos, aunque sería muy fácil resolver esta cuestión con una consulta, tienen un proyecto ilusionante: la independencia. Algo que he podido constatar en mis frecuentes estancias en ese territorio. ¿Cuál es el proyecto en el resto de los territorios del Estado español? Lo ignoro.

 

Bueno, según su relato, aunque ni ellos mismos se lo creen, los Rajoy, Guindos, Montoro, es  el de alcanzar la consolidación fiscal, que traerá el crecimiento económico, y de ahí la creación de puestos de trabajo a millones. En el caso de que así fuera, ¿qué tipo de trabajos?, ¿con sueldos de miseria? ¡Qué poca imaginación se requiere para repetir esta cantinela! La emiten una y otra vez, cual si fueran auténticos loros. Cada vez estoy más convencido que este relato es un señuelo para ocultar sus auténticos objetivos. Los expresa muy bien José Luis Pardo “La sensación de que el relato está resultando demasiado largo no hace más que traducir una sospecha más funesta: la de que nunca llegaremos al final.

O, dicho más claramente: la sospecha de que no se trata en absoluto de llegar a ningún final, de que no hay ningún final al que llegar o de que, si lo hay, hace ya tiempo que lo hemos alcanzado. Por lo que sabemos, ha servido para dejar sin expectativas a buena parte de los jóvenes del país, para despojar de su empleo o de su vivienda a amplias capas de la población, para mutilar, descualificar y desacreditar a todas las instituciones de naturaleza pública (incluidos los servicios públicos como sanidad, educación o justicia) y para empobrecer a las clases medias y miserabilizar a las más desfavorecidas”.

Yo añadiría que los atropellos a la ciudadanía todavía no han terminado. Esta cuadrilla de desalmados que nos gobiernan necesitan más libras de carne de la gente sufriente para que satisfagan su voracidad unas élites. Hoy mismo acabo de leer que el Instituto de Estudios Económicos (IEE), el think tank de la CEOE ha propuesto elevar la edad de jubilación hasta los 70 años y un periodo mínimo de cotización de 40 años para poder cobrar el 100% de la pensión y de 20 años para el 50%; también ha de rebajarse el gasto en desempleo. ¡Son auténticos sinvergüenzas! Esto es pura locura. Deberían nuestros gobernantes y las élites económicas tener especial cuidado, no fuera que se produjera una auténtica explosión social. Digamos que la pradera estaba cubierta con bastante pasto seco y cualquier chispa será suficiente para incendiarla. En un aviso a navegantes, puede que el capitalismo salte hecho pedazos, no porque sea sustituido por el sistema comunista por el triunfo de la lucha obrera, sino por la locura de la clase capitalista misma, que irremediablemente explotadora, llegaría en su máximo delirio, a la autoexplotación brutal, plasmada en que el 1% acumule el 90% de la riqueza. Así se cumplirían las predicciones de Marx: "El capitalismo lleva en si el germen de su propia destrucción por su insaciable sed de plusvalía y de ganancia".

Hay numerosas razones para explicar tal situación crítica. Desde el funcionamiento del propio sistema capitalista a la subordinación de la política a la economía, que ya han sido expuestas por activa y por pasiva.  Ahora  solo quiero referirme además a otras, que tienen suficiente calado: la carencia de liderazgo político y de referentes éticos.

Hace ya tiempo que no aparece nadie en nuestro panorama político, con la capacidad de generar ilusión, aunque está situación es extrapolable a nivel internacional. Mas no siempre ha sido así. En el siglo XX al frente de nuestras democracias hubo hombres de una talla política excepcional. Dejando aparte sus ideologías políticas, cabe mencionar entre otros a Winston Churchill, Willy Brandt, David Lloyd George, Franklin D. Roosevelt representantes de una clase política profundamente sensible a sus responsabilidades sociales y morales. Es discutible si fueron las circunstancias las que produjeron a estos políticos o si la cultura de la época condujo a hombres de este calibre a dedicarse a la política. ¡Qué ejemplos de liderazgo! El de Franklin D. Roosevelt que nada más llegar a la presidencia de los Estados Unidos en marzo de 1933, en un momento muy difícil para su país, en el  que parecía cuestionarse toda una civilización con millones de parados, cierres de empresas, quiebras de bancos, agricultores arruinados, supo ponerse al frente de su pueblo.

Les inyectó confianza para evitar un miedo paralizante, diciéndoles “a lo único que debemos tener miedo es al miedo mismo”; les explicó con claridad su proyecto político y les pidió sacrificios para llegar a una meta segura, impregnada de un profundo sentido de justicia social. Por el contrario, políticamente, nuestra época es de auténticos pigmeos: Merkel, Hollande, Cameron, Barroso, Rajoy. Hoy en España nadie tiene la capacidad de transmitirnos una ilusión, nadie nos explica nada con claridad, ni nos dice qué se está haciendo de verdad, ni cuál es el auténtico objetivo final de todas estas políticas. Todo es improvisación y cortoplacismo. Probablemente porque nuestros gobernantes no tienen proyecto político alguno, salvo el que ya he expuesto anteriormente con claridad, aunque tienden a ocultarlo. Por ello, inmersos en un miedo aterrador ante un futuro incierto y cada vez más sombrío, al desconocer qué nos espera al final de este auténtico calvario, estamos desorientados, desanimados, sumisos y, sobre todo, cabreados.

 El momento actual en España es muy semejante,  al  que reflejó hace más de un siglo en  un artículo Francisco Silvela --hombre inteligente y cultivado, abogado y distinguido político conservador que llegó a la presidencia del Gobierno--  publicado el 16 de agosto de 1898, en el periódico El Tiempo de Madrid,  titulado Sin pulso, poco después del desastre colonial, que causó una gran conmoción en la opinión española. Decía: Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada: no se percibe agitación en los espíritus, ni movimiento en las gentes. Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal: discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España: dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Según Boaventura de Sousa Santos “Este estado de ánimo lo ha propiciado la cultura neoliberal basada en el miedo, el sufrimiento y la muerte para la gran mayoría de la población; frente a la cual las izquierdas deberían oponer una cultura de la esperanza, la felicidad y la vida”. Las izquierdas han caído en la trampa tramada por la derecha para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más cruel e injusta que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. Las izquierdas deben librarse de esa trampa y asumir con plena convicción de que las cosas se pueden cambiar. Si no lo hacen están condenadas a ir a parar al museo de antigüedades. De momento parece que las izquierdas no se enteran. El SPD va a gobernar con Merkel. Pero esta opción es un camino minado para el SPD, ya que de hacerlo le provocará un grave perjuicio electoral al hacer sus diferencias con la derecha cada vez más irreconocibles, como el sufrido en las elecciones de 2009, tras los 4 años de gobierno en coalición, que perdió 11,3% puntos y 75 escaños.

Con ser ya suficiente grave la carencia de liderazgo, no lo es menos la ausencia de valores éticos de nuestros gobernantes, que irradia como una marea negra a todos los sectores de la sociedad sin que se vislumbre una reacción contundente para  combatirla. Tiempo ha, que en este nuestro país se ha perdido cualquier referente ético  a la hora de configurar y orientar nuestra convivencia política. Hoy la mentira es práctica cotidiana. La corrupción es endémica. Las desigualdades se acrecientan. Nos interesa cada vez menos si una decisión política es justa, ecuánime, o si va a mejorar al conjunto de la sociedad. Lo único que nos parece importar es: ¿cuánto dinero nos va reportar? Así hemos construido una sociedad desnortada en cuanto a unos valores éticos que sirvan de basamento para construir y legitimar una sociedad justa, solidaria  y auténticamente libre.

Como decía John Stuart Mill  “La idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva”.  Esta situación lamentable la podemos constatar.

Dos expresidentes de Gobierno incapaces de renunciar a su pensión pública, a pesar de sus cuantiosos ingresos por ser consejeros de grandes empresas. Un exvicepresidente del Gobierno del Reino de España, que sigue siendo militante del PSOE, defendiendo la legalidad de unos sueldos en una Caja de Ahorros para unos ejecutivos de más 800.000 millones de euros. ¡Vaya socialista! Un Jefe de Estado cazando elefantes a Botswana. Y  muchos españoles votando a políticos incursos en delitos de corrupción. Por todo ello,  es imprescindible un proceso de regeneración ética, como también encontrar un liderazgo allí donde lo podamos hallar. El futuro de España lo requiere.

23/10/2013 10:58 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DICEN QUE SON DE IZQUIERDAS

 

                   

 

Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: soy de izquierdas o soy de derechas. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque  luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.  

 

Dicen que son de izquierdas, y emiten frases en relación a la población inmigrante o minorías étnicas, claramente racistas y xenófobas, como  “los inmigrantes nos quitan nuestros puestos de trabajo y se aprovechan de las subvenciones públicas”, “vienen a parir aquí porque les resulta gratis” o “conozco a un gitano que tiene dos pisos”, y además contratan a chicas sudamericanas o rumanas para cuidar a sus padres ancianos o sus hijos pequeños con unos sueldos de miseria. Dicen que son de izquierdas, y llevan a sus hijos a centros educativos concertados o privados dirigidos por congregaciones católicas, para que no compartan pupitres y no se mezclen con gitanos, inmigrantes o disminuidos psíquicos. Dicen que son de izquierdas, y cuando tienen necesidad de atención sanitaria recurren a clínicas privadas, para que su esposa embarazada no tenga que guardar fila detrás de una senegalesa, ecuatoriana o ucraniana. Dicen que son de izquierdas,  y les parece una estupidez que después de 70 años y con los problemas que tiene España, el perder el tiempo en desenterrar los cuerpos yacentes en cualquier carretera comarcal o basurero de las afueras de cualquier pueblo de los 125.000 republicanos asesinados por los fascistas, precisamente por defender los principios y valores de la izquierda. Dicen que son de izquierdas, y defraudan a Hacienda todo lo que pueden, aceptando facturas sin IVA o pagando con dinero negro la compra de su vivienda. Dicen que son de izquierdas, y cuando los sindicatos, a los que atacan vorazmente con más vehemencia incluso que la derecha o la clase empresarial españolas, convocan una huelga general por cuestiones tan intrascendentes como la vigente Reforma Laboral, no la secundan con la contundente excusa “es que tenemos que pagar la hipoteca”. Dicen que son de izquierdas y compran la ropa en cualquier gran Centro Comercial, sin importarles que ha sido fabricada en un suburbio de alguna ciudad asiática, donde trabajan hombres, mujeres, niños y niñas en un régimen de esclavitud. Dicen que son de izquierdas, y se regocijan con la rebaja del sueldo a los empleados públicos, y no se indignan como debieran por la eliminación de cientos de miles de plazas públicas en educación, sanidad o servicios sociales, sin apercibirse de que ello supone un grave e irreparable deterioro del Estado de bienestar.  Dicen que son de izquierdas, y les molestan las prestaciones por desempleo por su alto costo, al considerar a los parados como vagos y defraudadores, tal como acaba de hacerlo nuestra ínclita vicepresidenta del Gobierno. Dicen que son de izquierdas, y les resulta intolerable el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dicen que son de izquierdas, y compran la prensa de derechas, por lo que la de izquierdas tiene gravísimos problemas económicos, que propician su desaparición o está a punto de hacerlo. Dicen que son de izquierdas, y les parece irrelevante e intrascendente que el alcalde de su localidad, el presidente de su comunidad autónoma o ministros  asistan codo con codo con las autoridades religiosas católicas a actos litúrgicos de misas y procesiones multitudinarias, Jornadas Mundiales de la Juventud, beatificaciones de los mártires católicos, incumpliendo el artículo 16 de nuestra Carta Magna, que especifica con claridad meridiana la aconfesionalidad del Estado. Dicen que son de izquierdas, y les parece normal, por lo que no la cuestionan, la institución monárquica, siendo una reminiscencia caduca del Antiguo Régimen. Dicen que son de izquierdas, y les resulta imposible el entender y el asumir que determinados ciudadanos del Estado español, pretendan ejercer el derecho de autodeterminación, profundamente democrático. Dicen que son de izquierdas, y pusilánimes permiten que se arrojen por el sumidero de la historia todo un conjunto de conquistas sociales heredadas de las generaciones que nos precedieron y que ya no disfrutarán las venideras. Dicen que son de izquierdas, y acongojados no se rebelan en masa ante tantos atropellos por parte de nuestros gobernantes envalentonados y crecidos, que algún día los expertos calificarán como una especie de suicidio colectivo, perverso e imprevisible, y que nos está devolviendo al siglo XIX. Dicen que son de izquierdas, y luego no votan a los partidos que las representan, ya que si lo hubieran hecho,  el PP no hubiera alcanzado la reciente mayoría absoluta.

 

De verdad, estas actuaciones me sorprenden sobremanera, ya que parecen estar muy lejos de la esencia de una autentica ideología de izquierdas, cuyos valores incuestionables son la defensa de la libertad, igualdad y fraternidad, y la justicia social. Y por supuesto, la capacidad crítica.

 

Cándido Marquesán Millán

28/10/2013 05:59 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Reformas constitucionales, las que sean necesarias, pero, sobre todo cumplimiento de la Constitución.

Cándido Marquesán Millán

Una de las cuestiones de actualidad a nivel político, social y mediático es la conveniencia de una reforma de nuestra Carta Magna, ya que el proceso de su elaboración estuvo supervisado por determinados poderes fácticos anclados con la dictadura, que impusieron determinadas limitaciones. Según Gerardo Pisarello, hubo al menos tres instituciones que quedaron fuera de toda discusión y que condicionarán su desarrollo  posterior. Una fue la monarquía –especialmente blindada frente a eventuales reformas por el artículo 168, que para su revisión o eliminación se requiere aprobación por 2/3 de ambas Cámaras y disolución de las Cortes; las nuevas Cámaras deberán ratificar y estudiar la revisión por 2/3, y posteriormente referéndum. Es una realidad asumida por buena parte de la sociedad el plantear ya la cuestión: Monarquía o República.

 

Otra fue la Iglesia Católica, a la que se le reconocieron sus intereses básicos en materia educativa (artículo 27) y la renuncia al reconocimiento del carácter laico –y no simplemente aconfesional– del Estado (artículo 16.3), aunque la aconfesionalidad se incumple  ya que en dicho artículo “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las relaciones de cooperación con la Iglesia Católica (IC) y las demás confesiones”. Un Estado aconfesional no debe hacer una cita expresa a una religión concreta, ya que esto significa privilegiarla sobre las demás e incumplir el artículo 14 “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda haber discriminación alguna ni por nacimiento, raza, sexo, religión, opinión…” Pero esta situación privilegiada de la (IC), también se plasmó en los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede. Tantas concesiones hechas a la (IC), la historiografía de la Transición las explica porque una Iglesia en contra, hubiera hecho más difícil la llegada de la democracia.

Y la tercera, la explícita atribución al Ejército de la tutela de la “integridad territorial” y del propio “orden constitucional” (artículo 8), con un doble objetivo. Por una parte, sancionar el olvido de los crímenes franquistas. Por otro, convertir a la jerarquía militar en guardiana de la “indisoluble unidad de la Nación española” y en factor disuasorio frente a las reivindicaciones de autonomía de las “nacionalidades y regiones”. Obviamente este artículo (art. 8) no es de recibo en los momentos actuales.

Por otra parte, además debería modificarse para reconocer el hecho plurinacional en el Reino de España el art. 2. que especifica   : La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. Este artículo no fue producto del consenso entre los diferentes miembros de la ponencia que redactó la Constitución; muy al contrario, se debió a una imposición extraparlamentaria, casi con toda seguridad de origen militar. Su redacción no se debió al lógico devenir de la actividad parlamentaria y sí a la imposición de fuerzas ajenas al mismo. Esta circunstancia la cuenta con todo tipo de detalles Jordi Solé Turá, uno de los padres de nuestra Constitución. l ya en 1985 en su libro Nacionalidades y Nacionalismos en España, de Alianza Editorial, en las páginas 99-102.

Existen otras cuestiones que se deberían abordar en una posible reforma constitucional: le estructura , composición y funcionamiento del Senado para que fuera una cámara de auténtica representación territorial, una definición clara de las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas, en las que se dejase muy clara la financiación de las CCAA, y no dejarla al albur, de la fuerza política coyuntural de algún partido nacionalista, que pretende modificarla a su favor, cuando sus votos los necesitan para gobernar los dos grandes partidos.

Además de reformas constitucionales comentadas, en otros aspectos  nuestra Carta Magna no habría que  cambiarla, sino aplicarla y  cumplirla, como dijo hace ya tiempo Elías Díaz. Tomarla por entero, toda ella y de verdad. Y a partir de ahí producir la consecuente legislación y también jurisdicción. Desde el Derecho se puede cambiar la realidad social.  Nuestra Constitución está situada a la izquierda de la realidad; de esa realidad impuesta desde los poderes financieros transnacionales. Se redactó antes de la revolución conservadora de Thatcher y Reagan, por ello está todavía impregnada ideológicamente del pacto suscrito después de la II Guerra Mundial entre socialdemócratas y democristianos, que originó el Estado de bienestar. En el ámbito socio-económico es una Constitución socialdemócrata.

Sólo desde este contexto puede entenderse su artículo 1.1, “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho… “ Palabras que no son huecas. Aquellos Estados que constitucionalmente se proclaman “sociales”  tienen una cláusula social transformadora, reconocen una serie de derechos económicos y sociales y regulan el proceso productivo. La cláusula transformadora está reflejada en el art. 9.2: Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad e igualdad sean reales y efectivas…En cuanto a los derechos socio-económicos están los derechos de huelga y libertad sindical, al trabajo, a la protección de la salud, a la cultura, a una vivienda digna, a un medio ambiente adecuado. En cuanto a la regulación del proceso productivo aparece recogido en los principios rectores de la política social y económica del capítulo III del Título I y en la Economía y Hacienda del Título VII.

Existen en nuestra Constitución todo un conjunto de artículos que establecen derechos fundamentales, que si se aplicasen, se producirían cambios profundos, que servirían para “establecer una sociedad democrática avanzada”, tal como aparece en el Preámbulo. Además,  en el art. 9.2  “Corresponde a los poderes públicos ... facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Esta participación es la mejor definición de la democracia, entendida, tal como señala Elías Díaz, en una vía doble: participación en la toma de decisiones políticas y jurídicas, y participación en los resultados, derechos, libertades y satisfacción de legítimas necesidades. La primera vía cegada,  al negarnos  a los ciudadanos el referéndum en cuestiones que afectan al Estado social y democrático de Derecho, como la reforma de las pensiones.

En cuanto a la segunda, la de los resultados, en libertades y en efectivo reconocimiento de derechos y, de manera especial, en derechos sociales, económicos y culturales recogidos en nuestro texto constitucional, se nos está negando también, al ser incumplido. La existencia de tales carencias socioeconómicas, vienen generadas por la negación, el incumplimiento o el falseamiento de nuestra Constitución, es decir, por la negación y violación de nuestro Estado social y democrático de Derecho.
Como conclusión, reformas constitucionales, como mínimo las comentadas, pero no de carácter restrictivo como la del artículo 135. Pero, sobre todo, cumplimiento de la Constitución.

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30/10/2013 13:52 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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