Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2013.

ESTO TIENE QUE REVENTAR


Que estamos inmersos en unos momentos de hegemonía ideológica según la concepción de Gramcsi, de la derecha neoliberal en Europa y en España, no es decir nada nuevo. Esa derecha domina y controla el contenido y la forma de los mensajes políticos. En cuanto al primer aspecto, ahí están ya asumidos conceptos como: control del déficit público, predominio de la privatización y sacralización del mercado frente a la ineficacia del sector público, desprestigio de los empleados públicos, desregulación de las relaciones laborales, inutilidad de los sindicatos, renuncia al progreso humano. En cuanto a la forma, es muy hábil en el uso de las palabras, plenamente consciente de que para controlar las mentes ajenas, una de las mejores herramientas es el lenguaje. Según Maeder, H. "Todo el que pretenda imponer su dominio, incluido el político, al hombre, ha de apoderarse de su lenguaje". Alguien señaló con muy buen criterio, "ya que no podemos cambiar el mundo, cambiemos al menos de conversación o de lenguaje". Como señala Juan Carlos Monedero en su libro El gobierno de las palabras. Política para tiempos de confusión desde los poderes establecidos las palabras nos han sido hurtadas, los significados han sido violentados, los discursos han sido encanallados, desde determinados Think tanks que además aparecen recubiertos con el disfraz de honorabilidad, debido al prestigio que siempre rodea al saber. Por ello, el capitalismo es un vocablo que ha desaparecido casi por completo, sustituido por economía de mercado. Si se habla de socialismo es casi siempre para mal: obsoleto, caduco, cuando no negador de la libertad. A los empresarios de siempre se les denomina hoy emprendedores. Tal como indica en un artículo Capitalismo Mon Amour: Más allá de Wert Enrique Javier Díez Gutiérrez “La reforma educativa del ministro Wert ha optado por convertir el “emprendimiento” en un programa estrella que se trabajará en todas las áreas en la ESO. Elimina los contenidos referidos a los derechos humanos y la igualdad de la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, sustituyéndolos por la defensa de la iniciativa económica privada en la generación de riqueza y el fomento del espíritu emprendedor con su nueva asignatura Educación Cívica. Hemos pasado así de aquellas transversales de “educación para la igualdad”, “educación para la convivencia”, etc., a estas nuevas transversales de “educación para el beneficio” y “educación para la especulación”. A los recortes brutales en servicios básicos fundamentales en educación, sanidad y asistencia social en Castilla la Mancha, su Presidenta la de “no me consta” los llamó "Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos". Al copago sanitario se le llama ticket moderador. La Reforma Laboral contribuirá a la creación de empleo cuando la economía se recupere, aumentará la flexibilidad interna para evitar despidos, y actuará contra la precariedad laboral. La vergonzosa amnistía fiscal del ínclito Cristóbal Montoro para una banda de chorizos y que además alardean de patriotas, se denomina "proceso de regularización de activos ocultos". El ejercicio de un derecho constitucional, como es de la huelga es calificado como antiespañol. Todos estos mensajes edulcorados en el envoltorio acaramelado de Súmate al cambio. En los actos conmemorativos de la Constitución de Cádiz, el Presidente del Gobierno nos obsequió con estas palabras "Los constitucionalistas gaditanos nos enseñaron que en tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino que hay que tener la decisión y la valentía de hacerlas. Fue así como el espíritu reformista se alzó frente al inmovilismo y a la resignación en estas tierras andaluzas. Gracias a su decisión e iniciativa, la reforma trajo el cambio. Y hoy, como entonces, el cambio es la reforma." ¡Qué manera de tergiversar y retorcer la historia con fines espurios! ¡Qué cinismo! Quienes no nos sumamos al cambio corremos el riesgo de ser equiparables al Fernando VII que dinamitó todas las reformas de los diputados gaditanos.
En definitiva, relatos al servicio de modelos que sirven para la reproducción del marco existente, para la creación de una actitud conformista, herramienta de intereses particulares presentados como intereses generales e "instrumento de la mentira de Estado y del control de las opiniones". Ese es el principal estigma de nuestra época. Nunca fue tan eficiente el gobierno de las palabras. En definitiva, un increíble atraco al imaginario. Tampoco es nada nuevo, ya lo dijo Carlos Marx en La Ideología alemana: "En efecto, cada nueva clase dominante se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta".
Estas ideas con determinadas palabras las repiten una y otra vez. La mejor forma de inculcar una idea en las mentes ajenas es repetirla hasta la saciedad. Lo repetido aburre, hace bajar la guardia y diluye el sentido crítico. Por otro lado, lo repetido se memoriza fácilmente y se vuelve familiar, y lo familiar, aunque sea perverso, siempre proporciona la sensación de seguridad. Lo cierto es que han conseguido su objetivo. ¿Cómo? La respuesta es clara. Hoy la derecha, tal como señala Boaventura de Sousa Santos "Tiene a su disposición a todos los intelectuales orgánicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presión, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino". Hoy en día, circula por el mundo una ola de informaciones y análisis que podrían tener una importancia decisiva para repensar y refundar las izquierdas tras el doble colapso de la socialdemocracia y el socialismo real. El desequilibrio entre las izquierdas y la derecha en relación con el conocimiento estratégico del mundo es hoy mayor que nunca. Así ha pasado lo que tenía que pasar. José Saramago, escribió unas breves líneas y contundentes, y que para todos aquellos que sean, además de llamarse, de izquierdas, deberían servir de profunda reflexión: Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad…, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar….Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir…

Esta crisis que está generando tanto daño en tantas personas, mientras que unas pocas amasan grandes beneficios, debería ser una adecuada oportunidad para empezar a cambiar las cosas. Según Josep Ramoneda "La impunidad de los que han provocado esta crisis es tan vergonzosa que es difícil de entender la ausencia de reacción salvo que el virus de la indiferencia se haya impuesto definitivamente y nos haya narcotizado para siempre". Desde el pensamiento, contra el totalitarismo de la indiferencia no queda otra opción que recuperar la razón crítica, aunque siempre ha resultado incómoda para el poder, por lo que la clase política tiene especial cuidado en fomentar la ignorancia. En la misma línea me parece de gran actualidad el texto de Antonio Gramsci de 1917 Odio a los indiferentes, que supone un aldabonazo a las conciencias dormidas:
“Odio a los indiferentes. Vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado? Odio a los indiferentes porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho.”
Para superar la indeferencia el mejor antídoto es la cultura, propiciada entre otros factores por el hábito de lectura, lo que permite fomentar esa capacidad crítica, cada vez menos presente en esta sociedad. Groucho Marx lo expresa muy bien: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". No conviene, en cualquier caso, perder la esperanza. Como alguien dijo alguna vez: es posible engañar a algunos durante mucho tiempo, a todos durante un tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
Afortunadamente la indiferencia de la que hablaba hace poco Ramoneda se está quebrando, tal como acabamos de contemplar con las mareas multicolores que se han desplegado este fin de semana por las calles y las plazas de muchas ciudades españolas. Me parece muy oportuna y grave la siguiente reflexión de Boaventura de Sousa Santos “Estas nuevas movilizaciones y militancias políticas por causas históricamente pertenecientes a las izquierdas se están realizando sin ninguna referencia a ellas (con excepción, tal vez, de la tradición anarquista) e incluso, muchas veces, en oposición a ellas. Esto no puede dejar de suscitar una profunda reflexión. ¿Se está haciendo esta reflexión? Tengo razones para creer que no y la prueba de ello está en los intentos de captar, educar, minimizar o ignorar a la nueva militancia”. ¿Qué más tiene que ocurrir para que las izquierdas políticas y sindicales se unan de una puñetera vez? Mas a pesar de estas izquierdas, algo está cambiando. Mas no es suficiente. Según Paco Roda, profesor de la Universidad Pública de Navarra, en un extraordinario artículo Aguanta o Revienta, sí, hay manifestaciones, protestas varias, cabreos generalizados, encierros, caceroladas y convocatorias de todos los colores. Incluso la conciencia social ha despertado del letargo posmodernista. Cierto. Todo se sabe, todo está dicho sobre la desdicha de este presente inmundo: millones de parados, recortes crueles, sueldos, pensiones y subsidios de saldo; muertes, EREs y suicidios por desahucios... Sabemos lo que pasa y por qué nos pasa. Sabemos la verdad más íntima de este escandaloso funcionamiento del mundo. Y sin embargo algo, en lo más profundo de nuestra luminosidad, nos impide hallar la luz. Y ustedes se preguntarán cuándo despertaremos, hasta cuándo, hasta dónde vamos a aguantar tantas líneas rojas sobresaltadas. Rajoy, la Merkel parecen estar muy seguros de que todo está bajo control. Salvo que un día, una chispa, provoque un gran incendio, algo no descartable y muy previsible, ya que material potencialmente inflamable hay suficiente acumulado. La historia es incontrolable y quizás entonces el rumbo gire bruscamente.


Cándido Marquesán Millán
20/03/2013 12:52 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Desaparecen las fuentes públicas

Cándido Marquesán Millán | Profesor de Secundaria. Zaragoza
nuevatribuna.es | 22 Marzo 2013 - 13:50 h.

A nivel ideológico en las últimas décadas se ha extendido la idolatría descontrolada y obsesiva hacia el sector privado y, en particular, hacia la privatización. En contrapartida, se ha sembrado la idea de que lo público es sinónimo de ineficacia económica y  de despilfarro de los impuestos de la ciudadanía. De ahí los ataques a los empleados públicos. Esta ideología impone la creencia de que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que, por tanto, el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de generar riqueza. Esta línea de pensamiento ha calado en amplios sectores de la sociedad. De no evitarlo, se va a pasar en menos de 100 años a que el pronóstico de la izquierda revolucionaria de desaparición del Estado lo haga la derecha ultraliberal.

El término privatización es confuso, impreciso y ambiguo. En sentido estricto se entiende por la enajenación o transferencia de propiedad o control del sector público al privado. Sus objetivos según los gurús de la economía: el aumento de la eficiencia, de la competencia en el mercado, mejora de las finanzas públicas, creación de un capitalismo popular, ampliación de los mercados de capitales… Mas el objetivo claro es: hacer negocio. En relación al menor costo de la privatización, numerosos estudios demuestran que cuando se privatiza la prestación de un servicio público hay que pagar, además del coste del mismo, el beneficio del que lo presta. Esto encarecerá su coste, a no ser que la empresa privada tome medidas para rebajarlo, como pagar menos a los trabajadores, reducir personal, o que sea menos cualificado, limitarse a aceptar usuarios que no sean caros o proporcionar solo prestaciones baratas. Esto es de cajón. Que no nos vendan la milonga de que la privatización es para proporcionar un mejor servicio a la ciudadanía

En este contexto, podemos entender que este fenómeno haya alcanzado un gran protagonismo en las últimas décadas, afectando a la mayoría de los países. En España, la primera etapa de las privatizaciones se inició a mediados de los años 80 hasta 1996 con gobiernos socialistas. El principal factor que las impulsó no se basó en motivaciones ideológicas o políticas, sino en restricciones estratégicas, presupuestarias y tecnológicas.  A partir de 1996 con el Gobierno de Aznar, las privatizaciones formando parte del programa electoral, planificándose como un programa gubernamental completo, se vendieron las empresas más rentables y los objetivos políticos fueron tan importantes o más que los económicos. Así las joyas de la corona de nuestras empresas públicas fueron vendidas como Seat, Repsol, Endesa, Telefónica, Gas Natural… El holding de la banca pública Argentaria, privatizado entre 1993 y 1998, se fusionó en 1999 con el BBV. ¡Qué bien nos vendría ahora una banca pública para financiar nuestra deuda!

La ciudadanía permaneció impasible ante la pérdida de todo este patrimonio colectivo. Hoy nos queda poca empresa pública atractiva para el capital privado. No obstante, están pendientes de este proceso Las  Loterías y Apuestas del Estado, los Paradores….  Mas, según Mariano Fernández Enguita, como el capitalismo es extraordinariamente voraz, el actual asalto está dirigido, ya lo estamos constatando, hacia los servicios públicos del Estado del Bienestar, entre otros  en educación, sanidad, y dependencia, con una demanda cada vez más creciente ya que la sociedad se ha acostumbrado y no sabría renunciar a ellos, tanto  es así que se han considerado como derechos. Hay capitales abundantes con unos mercados cautivos y muy prometedores. Pero todavía más.  Además de capitales ávidos, las políticas de privatización cuentan también con consumidores deseosos y contribuyentes bien dispuestos. Como la universalización de estos servicios genera quejas al no poder ser atendidas todas las demandas, como las listas de espera en el sector sanitario, esto provoca una disposición creciente hacia la oferta privada. Por otra parte, cuando una prestación que era antes un privilegio se generaliza, las anteriores clases privilegiadas buscan diferenciarse de nuevo accediendo a niveles superiores (más educación o más sanidad) o a tipos distintos (mejor u otra educación o sanidad). El diferenciarse no solo lo pretenden los que quieren conservar sus privilegios, sino también los que intentan acceder a ellos por primera vez. La educación y la sanidad privadas se pueden convertir en un símbolo de esta diferenciación. Por todo ello, se abre un mercado inmenso al capital en el ámbito de los servicios públicos.

Mas como la voracidad de determinados empresarios del sector privado es inagotable, perdón emprendedores, auténticos tiburones a la caza y captura de presas fáciles y desprevenidas, ahora mismo acabó de leer el artículo Los montes públicos, ¿a la venta? de Josefina Gómez Mendoza en el que nos advierte “Parece que les ha llegado la hora de la privatización a los montes, a la naturaleza en suma. La Comunidad de Castilla-La Mancha parece dispuesta a emprender la venta de los montes de utilidad pública (MUP) que en principio son inalienables, imprescriptibles e inembargables, como establece la Constitución (artículo 132) y la ley de montes vigente. Y además el Estado, a través de su Administración forestal, ha invertido mucho esfuerzo en hacer los catálogos que los incluyen y los protegen. Se dice que empezarán las ventas por cuatro MUP de Toledo: el Dehesón del Encinar de Oropesa al pie de Gredos, la Nava de Don Diego en los Navalucillos —muy cerca de Cabañeros— y Quinto de Don Pedro y Cardeñosa en los Yébenes. Para la pluriempleada Dolores de Cospedal  la excusa es el corregir el déficit público, para lo que hay que conseguir ingresos, y así, se garantizará a los ciudadanos de Castilla La Mancha los servicios básicos del Estado de bienestar.  Y luego les quiere convencer, aunque tampoco les importa mucho a los dirigentes populares el conseguir tal objetivo.

Si esto no lo detenemos, pronto veremos la privatización del Museo del Prado, el Monasterio de El Escorial y el Parque Nacional de Ordesa.  Tiempo al tiempo. Allí donde hay negocio, el sector privado entra en tromba. No sé si la ciudadanía española es consciente de las secuelas de esta deriva privatizadora, en la que todo está en venta. Para advertencia de algún despistado le pongo una cita del ya desaparecido Tony Judt extraída de su libro Pensar el siglo XX:

“El agua constituye un ejemplo particularmente llamativo para mí, porque muestra hasta qué punto puede degenerar la civilización y no obstante creer que se avanza haciéndolo todo privado. La ética de que si entras en un sitio y pides un vaso de agua te lo deberían dar ha quedado añeja. Y la versión moderna de esto, que durante casi toda mi vida ha prevalecido en este país, era que había fuentes en lugares públicos. Unas fuentes que poco a poco van desapareciendo".  Yo quiero añadir que también los urinarios públicos, por lo que hoy si quieres satisfacer tus necesidades fisiológicas, tienes que pagar.

Al  respecto parece muy oportuna la reflexión de Ugo Mattei en su artículo Límite a las privatizaciones. Cómo frenar el saqueo de los bienes comunes, aparecido  recientemente en Le Monde Diplomatique, en el que  plantea la necesidad de proteger la propiedad colectiva, y más todavía ahora que los gobiernos se deshacen de los servicios públicos y privatizan el patrimonio colectivo para equilibrar los presupuestos; ya que toda privatización decidida por la autoridad pública –representada por el gobierno de turno– priva a cada ciudadano de su cuota de bien común, exactamente como en el caso de una expropiación de un bien privado. Pero con una diferencia sustancial: la tradición constitucional liberal protege al propietario privado del Estado, con la indemnización por expropiación, mientras que ninguna disposición jurídica –y menos aún constitucional– ofrece ninguna protección cuando el Estado neoliberal traslada al sector privado los bienes de la colectividad. Debido a la evolución actual de la relación de fuerzas entre los Estados y las grandes empresas transnacionales, esta asimetría representa un anacronismo jurídico y político.

En un aviso a navegantes, Tony Judt en su libro Algo va mal nos señala que Edmund Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa ya nos advirtió “Toda sociedad que destruye el tejido de su Estado no tarda en desintegrarse en el polvo y las cenizas de la individualidad. Al eviscerar los servicios públicos y reducirlos a una red de proveedores subcontratados hemos empezado a desmantelar el tejido del Estado. En cuanto al polvo y las cenizas de la individualidad, a lo que más se parece es a la guerra de todos contra todos de la que hablaba Hobbes.”

22/03/2013 14:53 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


LOS ABANDONADOS DE LA VIDA

                      

            Una de las actividades más saludables es la de pasear por Zaragoza. No tienes ocasión de aburrirte. Pasan ante tus ojos imágenes muy variadas, algunas gratas, otras tristes. De estas últimas quiero escribir ahora.

Estos días festivos, mucho menos que en años anteriores, observamos una presencia constante y en aumento de muchas personas, predominantemente hombres, aunque cada vez son más frecuentes mujeres, pidiendo una ayuda por nuestras calles, en un semáforo o a la salida de unos Grandes Almacenes. Es un efecto de esta cruel crisis económica. En la céntrica Plaza de España he visto ya varias veces a una mujer de unos 30 años, no mal vestida, de rodillas, con un cartel en las manos de petición de ayuda, que me ha impresionado profundamente su mirada.  ¡A qué grado de desesperación ha tenido que llegar para recurrir a esto!  Alguno, no muchos, se detiene y le da una moneda.  La mayoría con bolsas en la manos repletas de productos recién comprados, pasan de largo, e incluso aceleran el paso para no darse de bruces con ella. En el trayecto desde mi vivienda a la susodicha plaza, he contado  10 personas en petición de ayuda. En un centro comercial de la calle Lorente lleva varios meses un joven, de un país de Europa del Este, que te saluda con gran amabilidad y que recibe la ayuda de alguno de los clientes, especialmente de emigrantes a veces en productos alimenticios y otras en dinero. La afluencia de transeúntes es cada vez mayor en los diferentes comedores sociales, como el de la parroquia del Carmen con filas interminables, para poder hacer al menos una comida caliente al día o en el albergue municipal para poder dormir en una cama. Son de todas las edades, de todas las nacionalidades, de diferentes sexos. Y no faltan los que van bien vestidos y que desbordados por la crisis han perdido trabajo, casa, y a veces familia.

Es  también cada vez más frecuente observar en los cajeros automáticos unos cartones apilados, que servirán de colchón para pasar la noche a los llamados “sin techo”. Algunos de ellos forman parte ya del paisaje urbano, como una mujer de unos 30 años, que lleva varios años junto a un cajero automático en la avenida Goya, suele estar fumando sin parar, con una botella de cava, profiriendo estruendosos e ininteligibles gritos a los viandantes y a la que socorren con frecuencia los vecinos de la zona. Muchos pasan junto a ella, sin dar muestras de preocupación alguna. He preguntado a algún cliente de una cafetería que está en frente, si existe alguna posibilidad de llevarla a algún lugar para que sea atendida convenientemente. No parece lógico que permanezca día y noche en la calle. Hasta los perros son recogidos. La respuesta es que ella se niega tajantemente.  Recientemente en este mismo periódico apareció la noticia  de un estudio de Cruz Roja sobre la evolución social de las personas “sin techo” en Zaragoza, ante la dramática situación de deterioro social. Equipos de voluntarios recorrieron diferentes zonas de la ciudad, para realizar una encuesta de 40  preguntas para conocer su situación y sus necesidades. Es la segunda vez que se hace. En 2010 se localizaron 158 sin techo. Este año, un total de 187. Esto va a más. La mayor concentración se da en el casco histórico, la plaza del Pilar y el barrio de San Pablo. Muchos de ellos dijeron tener "miedo. En 2010 casi el 90% de los sin techo eran hombres con una edad media de 40 años. La mayoría con estudios primarios, si bien cerca de un 15% cuenta con estudios superiores. La falta de trabajo, dinero y rupturas, supusieron en un 55% ese "cambio de vida". El 73% de ellos eran españoles y un 43% solteros.

Siempre me han interesado los “sin techo”, por ello leí con mucho interés  un libro espléndido titulado Vidas al descubierto. Historias de vida de los “sin techo”, de las sociólogas Elisabet Tejero y Laura Torrabella.  Según las autoras, para referirse a todo este colectivo de personas sin techo se han usado diferentes términos;. delincuentes, indigentes, transeúnte, hoy se usan sin techo o sin hogar. Se ha dejado de mirar la realidad de las personas sin techo como un estado, como una condición atribuible a un individuo, para mirarla como una situación dinámica y fuertemente condicionada por el contexto socio-económico, político y cultural. Esta nueva mirada supone reconocer la posibilidad de que cualquier persona, en una determinada época de su vida, puede llegar a encontrarse en una situación sin techo. Tal como ha señalado Beck, las teorías de la sociedad del riesgo nos advierten sobre la universalización y democratización de los riesgos, no solo de perder posiciones de bienestar, sino, de manera más radical, verse inmerso en una situación de pobreza y exclusión.

En cuanto a las causas de esta situación de los sin techo, los expertos señalan que en el origen se hallan situaciones de riesgo o vulnerabilidad de índole económica, institucional, sanitarias, psicológicas, familiares, etc. Estarían las siguientes: paro, pérdida económica (por ejemplo, desahucio), enfermedad física, lesión o accidente, enfermedad mental, abuso de alcohol y drogas, ludopatía, prostitución, abuso y maltrato sexual, problemas familiares (pérdida o ruptura de la relación de pareja o familiar), separación del medio social habitual, delincuencia y problemas judiciales, o internamiento institucional. No obstante, no es un único factor sino la convergencia de algunos o muchos de los factores causales apuntados. No es tarea fácil la aproximación causal a este fenómeno.

 

Cándido Marquesán Millán

 

23/03/2013 19:13 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PENSAMIENTOS INTRASCENDENTES

 

 

En estas fechas veraniegas podemos dedicarnos a la lectura, uno de los mayores gozos. Quien tenga este hábito será difícil que se aburra. La lectura es un regalo que uno se hace a sí mismo. Se lee por diferentes motivos, por placer, por curiosidad y por afán de descubrir nuevos mundos. Y también porque sí, sin más. Kant decía que la lectura era una “finalidad sin fin”, “placer puro”. Puedes hacerlo en los periódicos y los libros, ya no necesariamente en soporte de papel. Cada cual tiene sus preferencias. Unos se inclinan por las novelas más relajadas y divertidas. Otros, es mi caso, por el ensayo  sociopolítico.  Mis elegidos: de Boaventura de Sousa Santos El Milenio huérfano; de Gerardo Pisarello Un largo Termidor. Historia y crítica del constitucionalismo antidemocrático; de Ignacio Sotelo El Estado social. Antecedentes, origen, desarrollo y declive; de Eric Hobsbawm Cómo cambiar el mundo; de Antoni Domenech El eclipse de la fraternidad; de Josep Fontana Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945.  Estos autores presentan alternativas desde la izquierda progresista frente al pensamiento único de inspiración neoliberal, que nos pretende convencer de que la realidad es inmutable. Lo grave es que mucha gente la asume, visto el monopolio de los medios de comunicación en un sentido unidireccional.  Al respecto, es muy oportuna la pregunta expresada por Sousa Santos en la Quinta carta a las izquierdas: ¿Por qué Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”? 

También  podemos ejercitar la lectura en el ordenador, que te permite conocer las noticias de todo el mundo, aunque suelen ser tan adversas -estos días menos por las vacaciones de Rajoy y Montoro- que te precipitan en el más profundo de los pesimismos. A pesar de ello, me informo.  He tenido la suerte de acceder a una entrevista al periodista, Rafael Poch, el cual a la pregunta de cómo veía la situación de España respondió: En España en los tiempos recientes se produjo lo que yo denomino como el "asfaltado intelectual" de la sociedad: cierta americanización, cierto espíritu cutre de nuevo rico hipotecado...  En cualquier caso el resultado final fue parecido en todas partes: retroceso de los movimientos sociales y de la conciencia crítica”. Estas ideas, con las que estoy de acuerdo, me han servido de pretexto para hacer algunos comentarios propios. Es cierto que en estos años de la burbuja inmobiliaria, vivíamos absortos en una nube y narcotizados por el enriquecimiento perpetuo, al que teníamos derecho, aunque desconociésemos los motivos. Todos debíamos subirnos a este carro de la abundancia, y quien no lo hacía era estúpido. Como señala Bauman, se proclamaba el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron). Se impuso una nueva escala de valores, los de hacer dinero rápido sin importar el cómo, a veces producto de la corrupción, y hacer ostentación pública de esa riqueza. El refranero popular es sabio: el que de trapo llega a toalla no sabe donde colgalla. Obviamente, borrachos del éxito satisfacíamos nuestras ansias desenfrenadas de consumo, instaurándose la cultura de los Todoterrenos y del apartamento en la playa, financiado con una hipoteca a 30 años, gracias al capital alemán. Con la llegada masiva de emigrantes que pasaron a desempeñar los trabajos rechazados por nosotros,  ya todos éramos clase media -la antigua clase obrera desapareció-,  y  deseando distanciarnos de los recién llegados inmigrantes que ahora ocupaban los servicios públicos (educación y sanidad), preferíamos los privados. Disfrutábamos con la Liga de Campeones con los clásicos Madrid y Barcelona, eso sí en canales de pago; y los programas del Gran Hermano. Con este panorama no había mucho tiempo para plantearnos profundas reflexiones de carácter intelectual.

Fue una sociedad impregnada de un exacerbado individualismo y con grandes dosis de egoísmo, por lo que fueron decayendo los movimientos sociales, basados en los valores de la solidaridad. E igualmente borracha y ensimismada con tanto bienestar que, por cierto, no llegaba a todo el mundo; desapareció la conciencia crítica, por ello. aquellos, los que si la tenían, eran  enemigos del progreso y los aguafiestas de turno.

Y de aquellos lodos vienen estos barros. Hoy nos resulta muy difícil comprender el descenso de nuestro nivel de vida, con las cifras vergonzosas de parados y los numerosos recortes a nuestro  incipiente Estado de bienestar, que de una manera pausada pero sistemática nos están cercenando.  Hemos pasado del optimismo más exacerbado a un profundo pesimismo con respecto al futuro. Esta nueva situación nos ha cogido con el pie cambiado. Por ello, nos está costando tanto adaptarnos a ella. La sociedad civil se moviliza, salvo algunas excepciones como el 15-M, por intereses estrictamente corporativos, no por un sentido de solidaridad global,  y sigue faltándole una  conciencia crítica de verdad, cuando motivos no faltan para que irrumpa ante tanta injusticia. Termino con el mensaje desgarrador de Gramcsi contra los indiferentes y los silenciosos: “Odio a los indiferentes  porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos por cómo ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y sobre todo por lo que no ha hecho”.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

23/03/2013 19:15 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA ACTUALIDAD

 

Cada vez estoy más convencido de que el 15-M ha sido la bocanada de aire fresco más importante que ha irrumpido en nuestro sistema político desde la instauración de la democracia. En una reciente entrevista  Javier Cercas señalaba que “El 15-M le parecía lo más saludable que ha pasado en este país en los últimos años”.  Con independencia de la evolución que siga este movimiento, su aportación al debate de la política española es ya incuestionable. Esos jóvenes y menos jóvenes han puesto de actualidad determinados problemas políticos que estaban soterrados en nuestro país: reforma del sistema electoral, liberar  la política de la economía, una democracia más participativa, democracia interna en los partidos políticos, erradicación de la corrupción para recuperar la ejemplaridad de la clase política, mantenimiento del Estado de bienestar para luchar contra la exclusión y la desigualdad, reforma fiscal progresiva, una auténtica y efectiva separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, revisión de la Jefatura del Estado, la dación para saldar la deuda de la hipoteca, la implantación de la Renta Básica, la  deuda odiosa etc.

Los medios de comunicación y la intelectualidad al servicio del poder

Como no podía ser de otra manera ha sido criminalizado desde la mayoría de los medios de comunicación y el mundo académico, al servicio incondicional del poder político y económico dominante. También se le ha acusado de no presentar programa alternativo alguno.   Vaya que si lo tienen, otra cosa es que no interesen sus propuestas. Y de cuestionar nuestro sistema democrático, por ser antisistema. Esas críticas no sólo proceden desde las posturas políticas más conservadoras, sino que también desde la izquierda socialdemócrata.  Al respecto, me parece muy oportuna la reflexión de Boaventura De Sousa Santos  “Las nuevas movilizaciones y militancias políticas por causas históricamente pertenecientes a las izquierdas se están realizando sin ninguna referencia a ellas (con excepción, tal vez, de la tradición anarquista) e incluso, muchas veces, en oposición a ellas. Esto no puede dejar de suscitar una profunda reflexión. ¿Se están haciendo esta reflexión? Tengo razones para creer que no y la prueba de ello está en los intentos de captar, educar, minimizar o ignorar a la nueva militancia.”

Merece la pena detenerse con un poco de más detalle sobre la actuación de los medios de comunicación en esta crítica contra el 15-M. Como dice Gerardo Pisarello en su libro Un largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático, la idea de que la democracia supone la libre circulación de las ideas y opiniones se ve amenazada por el irreversible y escandaloso proceso de fusiones y concentraciones de los grandes medios de comunicación. El grueso de medios pequeños e independientes ha sido absorbido por conglomerados muy centralizados, e incluso en Internet han aumentado la censura y los controles. Las sedes de los principales veinte grupos mediáticos del mundo están situadas en países industrializados. La mayoría de ellos se encuentra en Estados Unidos, como Time Wagner, Disney/ABC, Viacom o News Corporation, la empresa del magnate Rupert Murdooch que engloba los periódicos The Sun y The Times y los conglomerados de cadenas vía satélite Fox y Sky. 

En España ha ocurrido igual. En el Extra de Julio/Agosto de 2012 de la revista ‘Mongolia’ aparece con un detallado informe que incide en lo presentes que están las entidades financieras en la propiedad de los medios de comunicación: Prisa, Unidad Editorial, Planeta, Vocento, Grupo Godó…Todos los grandes conglomerados mediáticos tienen a la banca entre sus principales accionistas. Por su interés, reproduzco un extracto de dicho estudio: A los medios y a los periodistas les gusta verse a sí mismos como el Cuarto Poder. Una imagen poderosa que les convierte, además en pilar básico de la democracia. Y, a lo mejor, siguen siéndolo. Pero es más dudoso que el poder resida en su interior: la crisis ha acelerado la “financiarización de las empresas periodísticas”, un fenómeno muy visible en España. El sector financiero ha tenido siempre una gran influencia sobre los medios por una doble vía: mediante la contratación de publicidad -los bancos suelen encontrarse entre los principales anunciantes- y la concesión de créditos. Pero el reciente boom disparó la deuda de las grandes empresas de comunicación españolas y, ahora, como no pueden afrontarla, la banca se incorpora directamente a su capital. El caso del grupo Prisa, editor de El País y dueño de la Cadena SER, es paradigmático. Su deuda llegó a alcanzar los 5.000 millones y acaba de reducirla a 3.000. Pero por el camino se han incorporado al capital el conglomerado de Wall Street, agrupado en el vehículo Liberty, y ahora, el Banco Santander, Caixabank y el HSBC. Y como la deuda seguirá siendo demasiado abultada, la empresa ha abierto su capital a otros veinte bancos.

En los consejos de casi todos los grandes medios se sientan directamente consejeros del sector financiero. Y la simbiosis va en doble dirección: los editores de La Vanguardia y La Razón son a su vez vicepresidentes de CaixaBank y el Banco Sabadell, respectivamente. El Cuarto Poder ya no debe lidiar más con la presión del sector financiero: ya es directamente el sector financiero.

En PRISA, ya son accionistas importantes Daiwa Securities, BH Stores IV BV, BNP Paribas, Bank of America, Asset Value Investors, Marlin Equities, Berggruen Acquistions Holding LTD, Deutsche Bank. Entre todos suman alrededor del 25% del capital actual. Además, Caixabank, Banco Santander y HSBC tendrán un 20% del capital en 2014 tras canjear deuda por acciones. Pese a el, la deuda de Prisa se sitúa alrededor de 3.000 millones y la empresa ha invitado a las siguientes entidades financieras a canjear deuda e incorporarse al capital de la empresa o aumentar su participación actual: BBVA, Banco Sabadell, Banesto, Bankia, Bankinter, Banca March, Kutxabank, Banco Caixa Geral, Banco Cooperativo Español, Ibercaja, Banco Pastor, Banco Popular, ICO, Liberbank, Banco Grupo Cajatres, NCG Banco, Bankia, Banco Espíritu Santo, Caixa Banco de Investimento, , Vitybank, Crédit Agricole, Societé General, The Royal Bank of Scotland, Commerzbank, Fortis, Cooperative Centrae Raiffeisen-Boerenleenkbank, Alie Street Investments, Banca Monte dei Paschi di Siena, Banco BP, Bank of America, Banco Itaú, Bank Audi Saradar, Natixis.

 En el GRUPO PLANETA, el accionista de referencia es José Manuel Lara, que a su vez es vicepresidente del Banco Sabadell. El consejo de Antena3 incluye a Marco Drago, consejero del fondo DeA Capital (el fondo vinculado a De Agostin, accionista de referencia de A3) y Pedro Ramón Cajal (consejero del Banco Renta4).

 En VOCENTO, el Consejo de Administración incluye a Fernando Azaola Arteche (BBVA), Rodrigo Echenique (Banco Santander) y Jaime Castellanos (Lazard).

            En el GRUPO GODÓ, el dueño del grupo, Javier Godó, es a su vez vicepresidente de la Caixa y consejero de Caixabank. En 2011, la entidad financiera concedió 7,5 millones de euros en créditos al grupo. El reducido Consejo de Administración del Grupo Godó incluye a Luis Conde (consejero de CatalunyaCaixa y vinculado a Lazard).

            En el grupo ZETA su principal acreedor es Caixabank, que supervisa la reestructuración a través de Juan Llopart, uno de sus consultores de confianza y hombre fuerte del consejo de Zeta.

TELE 5 /MEDIASET La primera televisión española está bajo control del magnate italiano Silvio Berlusconi. El Consejo de Administración incluye a Borja Prado (máximo responsable de Endesa y consejero de Mediobanca, entre cuyos accionistas está el Banco Santander) y Helena Revoredo (Banco Popular).

 La creación de estos grandes grupos mediáticos, controlados por el sector financiero, se convierten en unos poderes, con frecuencia salvajes como los ha llamado Luigi Ferrajoli, que tienen un efecto devastador sobre la libertad de crítica y el pluralismo político. No es el periodista quien utiliza el periódico para transmitirnos algo, es el periódico mismo y evidentemente no me refiero al pedazo de papel sino a la empresa sin la cual ese pedazo de papel no existiría, la empresa que fabrica el periódico y contrata al periodista para que produzca una versión de la realidad y, al contratarlo, lo selecciona en función de sus intereses. Como bien ha señalado Carlos Fernández Liria, “existe en España la peor clase de censura: aquella que consiste en que sólo tienen la posibilidad de hacerse oír en el espacio público quienes están de acuerdo con el propietario de los medios. De esta manera resulta que todos los periodistas que habría que censurar están en el paro. El paro es, en efecto, una forma muy brutal de censura, o dices lo que el propietario de los medios quiere que se diga o no encuentras trabajo en la vida”. Esto no implica que no haya un margen para el trabajo que algunos periodistas intentan hacer a contracorriente de sus medios, pero es un margen mínimo.

 

            En cuanto a la crítica ejercida por el mundo de la academia, el mundo de la inteligencia, parecen oportunas las siguientes consideraciones. En el libro Sobre el olvidado siglo XX, Tony Judt afirma que de todas las transformaciones de las tres últimas décadas, la desaparición de los “intelectuales” quizá sea la más sintomática. El siglo XX fue el de los intelectuales, vocablo que empezó a usarse a inicios del XX, significando a personas del mundo de la cultura que se dedicaban a debatir y a influir en la opinión y la política pública, y que estaban comprometidos con un ideal, un dogma o un proyecto. Los primeros fueron los escritores que defendieron a Dreyfus de la acusación de traición, recurriendo para su defensa a valores como “justicia”, “verdad” y “derechos”. Considerando la trascendencia que los intelectuales tuvieron en el siglo XX, a ellos dedica una parte importante de su libro: Arthur Koestler, Primo Levi, Manès Sperber, Ana Arendt, Camus, Althusser, Hobsbawn, Kolarowski, Juan Pablo II y Edgard Said. Todos estos tienen un capítulo específico. Son excepcionales los que tratan de Hobsbawn y Kolarowski.  Puede resultar excesiva la tesis de Tony Judt. Yo me inclinaría a pensar por el contrario, que no se ha producido la desaparición de los intelectuales. Lo que ha ocurrido en España, es su derechización, tal como acabar de escribir poco ha Ignacio Sánchez Cuenca en un extraordinario artículo, La derechización de los intelectuales españoles, publicado en El País, en el que afirma con contundencia que las ideas liberal-conservadoras son hoy hegemónicas en la esfera pública en nuestro país. En muchos casos son defendidas con ardor por gente que fue progresista en su juventud, y a veces, hasta marxista-leninista. En la misma línea de pensamiento se sitúa Juan Gari en Público el pasado 17 de enero 2009, al señalar que algunos artistas y maîtres à penser celtibéricos, después de una vida informada por la coherencia progresista más o menos acusada, han coronado su madurez pasándose con armas y bagajes a las filas conservadoras –donde han sido recibidos, lógicamente, con gráciles alharacas. No se trata de un grupo homogéneo: Albert Boadella, Sánchez Dragó, Fernando Savater o Félix de Azúa, Arcadi Espada…Entre los intelectuales dedicados a la disciplina de la Historia en nuestro país, hoy abundan cada vez más una casta de historiadores, con gran predicamento en el mundo académico y universitario, que consideran la Historia desde una postura estrictamente utilitarista y mercantilista. Si son requeridos para impartir alguna charla divulgativa o para publicar un libro, solo acceden con el cheque por delante. Ocultan su falta de compromiso ético-político con el disfraz de la neutralidad, maquillada con un lenguaje seudoprogresista. Estos comportamientos han allanado el camino, para que determinados seudo-historiadores, se adentren e interpreten con gran descaro de una manera sesgada e interesada acontecimientos trascendentales de nuestra historia reciente, por medio de numerosos libros de encuadernaciones lujosísimas, colocados en los anaqueles de los Grandes Almacenes de todas las ciudades españolas. Hoy el daño está hecho. Hoy una parte de la ciudadanía española se ha acercado exclusivamente a la II República y la Guerra Civil a través de estas publicaciones de los Pío Moa y César Vidal, construidas con una manipulación vergonzosa. Como han sido muy escasos, los historiadores de prestigio, catedráticos o profesores titulares de las Universidades, con alguna honrosa excepción como Julián Casanova o Josep Fontana, que han salido a la palestra para poner las cosas en su justo papel, vivimos en tiempos de revisionismo histórico, por lo que se ha extendido ampliamente la peligrosa idea, además de otras, de que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente culpables y que la sublevación militar de julio de 1936 fue una consecuencia inevitable de los errores y abusos del régimen republicano. No es un tema baladí lo que Josep Fontana señala al respecto: Si analizamos lo realizado por cada uno de los dos bandos, nos daremos cuenta que les movían razones muy distintas. Y que es imposible entender lo que significó la Segunda República Española, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de 1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta: la República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el "régimen del 18 de julio" se dedicó desde el primer momento a cerrar escuelas, quemar libros y asesinar maestros.

Estos historiadores “profesionales”, que se han mantenido en los cuarteles de invierno, tampoco dan muestras de "compromiso cívico" para denunciar los problemas cruciales de nuestro tiempo, las mentiras y falsedades sobre la marcha exitosa de este mundo globalizado, para ayudar a los hombres y mujeres a entender las razones por las que las cosas son lo que son, y que sólo pueden ser entendidas en una perspectiva temporal e indagando en sus raíces históricas. ¡Qué poco tiempo han perdido en defender frente a esa derecha rancia, determinadas medidas progresistas como: la devolución de los papeles del Archivo de la Guerra Civil a Cataluña, el matrimonio de los homosexuales, la asignatura de Educación para la Ciudadanía..!

Mas este fenómeno de derechización de la intelectualidad no se circunscribe a España. Ya en octubre del 2002 Le Monde Diplomatique publicó un texto de Maurice Maschino sobre los intelectuales que dominan con su presencia los medios de comunicación en Francia. La prestigiosa publicación, que reúne, mes a mes, a las voces más destacadas de la izquierda, declara con ello la guerra a los intelectuales que llama con desdén, en la cabeza del artículo, "los nuevos reaccionarios". Circunstancia nueva que contrasta con lo que han sido los intelectuales franceses desde hace más de 100 años, afirma Maschino, "la vanguardia del combate por la justicia y por la libertad". Hugo condenó la intervención de su país en México; Zola denunció los atropellos del Ejército en el caso Dreyfus; Gide criticó el colonialismo en el Congo; Malraux luchó a favor de la república española; incluso, Mauriac levantó la voz contra las torturas cometidas por los soldados franceses en Argelia.. "Es difícil hoy --concluye-- imaginar el impacto que tuvo sobre la opinión pública y sobre los poderes establecidos una movilización semejante de los grandes espíritus de la época".

         La excepcionalidad de algunos intelectuales críticos 

Afortunadamente todavía quedan intelectuales comprometidos, que sacuden las conciencias de los pueblos, ya que son los que hacen a estos tomar conciencia de su realidad social para, posteriormente, asumir el compromiso de transformarla. Uno de ellos es Saramago, que nos sorprendía con sus nuevas novelas llenas de profundo humanismo y de grandes valores literarios. Pero Saramago no sólo escribió novelas, sino que con su pluma mordaz cuestionó con coraje a la izquierda y también a él mismo; algo que debería ser característico de un hombre que se llame progresista. En su Cuaderno del Blog de la Fundación José Saramago, escribió unas breves líneas bajo el título de Paradoja. Son contundentes, y que para todos aquellos que sean, además de llamarse, de izquierdas, deberían servir de profunda reflexión. Son tan claras, que cualquiera puede entenderlas. Ahí van: Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad…, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar….Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir…

         Merecen un capítulo dentro del mundo de la academia, de la intelectualidad, el de los economistas. Su servidumbre al mundo de las finanzas ha sido y sigue siendo vergonzoso. Hubbard, uno de los protagonistas de Inside Job, decano de la Universidad de Columbia exjefe del consejo económico en la Administración de George W. Bush, cobró 100.000 dólares por testificar a favor de los gestores de los fondos de Bearn Stearn, acusados de fraude; realizó un informe para Goldman Sachs alabando los productos derivados y la cadena de titulización hipotecarias. Martin Feldstein, profesor de Economía en Harvard y asesor de Ronald Reagan, participó en el diseño de la desregulación financiera y fue consejero de AIG. Larry Summers, otro impulsor de la desregulación en el mercado de derivados, presidente de Harvard, ha ganado millones de dólares asesorando a hedge funds (fondos muy especulativos). Según Ángel Cabrera, un español que dirige una escuela de negocios en EE UU, la prestigiosa Thunderbird (Arizona) "Toda la teoría de la eficiencia de los mercados pasó a ser religión, se llegó a la conclusión universal de que cualquier intervención era mala. Los centros han estado dando forma al sistema de valores de Wall Street, creando una plataforma de legitimidad para determinadas conductas". Reconforta de vez en cuando que irrumpa alguna buena noticia, a mitad de noviembre de 2011. Que un grupo de estudiantes de economía decida retirarse en bloque de la cátedra de Introducción a la Economía de la Universidad de Harvard, en protesta por el contenido y el enfoque sesgado desde el que se imparte esta materia, merece la pena destacarse, sobre todo porque estos estudiantes son parte de las élites que finalmente reclutan las corporaciones y los gobiernos de derecha. La noticia pasó desapercibida en la mayoría de los medios de comunicación españoles. Tuve que enterarme en un artículo titulado "La hora de desaprender" de Augusto Trujillo Muñoz en el diario El Espectador de Bogotá. Los universitarios en una carta dirigida al profesor y economista Gregory Mankiw, antiguo asesor del Presidente George W. Bush, justifican el abandono de la clase por su parcialidad, al considerar que un estudio académico de esta disciplina debe mostrar las pros y los contras de las diferentes teorías económicas, las fuentes primarias y los artículos de revistas académicas, y al no ser así, no pueden acceder a aproximaciones económicas alternativas. Les parece injustificable que se presenten las teorías económicas de Adam Smith como más importantes que, por ejemplo, la teoría keynesiana. Son conscientes --como futuros graduados de Harvard que van a desempeñar un papel importante en las instituciones financieras y en la configuración de las políticas públicas mundiales-- que si falla su universidad a la hora de dotar a sus estudiantes con una comprensión amplia y crítica de la economía, sus acciones serán susceptibles de perjudicar el sistema financiero mundial, como ha ocurrido, en los últimos cinco años de crisis económica. Acaban señalando su apoyo a un movimiento que está cambiando el discurso estadounidense sobre la injusticia económica (Occupy Wall Street). El ejemplo debería cundir en la amodorrada universidad española.

En España, no conozco casos tan claros de colaboración del mundo académico con los intereses de grupos de presión empresariales. Sin embargo, en los años de la gestación del boom inmobiliario las voces críticas de los economistas fueron escasas. Según Alfons Sauquet, decano de ESADE, "Aquellos que han sido más escépticos con las prácticas financieras no se han dejado oír lo suficiente, no han hecho de la cautela una bandera más clara. Pero eso siempre es difícil de hacer. ¿Quién se atreve en una fiesta a apagar la música y llevarse el carrito de las bebidas?" Los que discrepan del pensamiento dominante tienen numerosas dificultades para transmitir el suyo. Sirvan como ejemplos el desconocimiento del "Manifiesto de los economistas aterrados" o el libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón titulado Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, prologado por Noam Chomsky, que la Editorial Aguilar renunció a publicarlo, por lo que los autores decidieron divulgarlo en la red.

 

 Retornando al principio, a las actuaciones  del 15-M, estimo que si las instituciones políticas existentes no sirven para dar respuesta a las aspiraciones de amplios sectores de la ciudadanía, es necesario reformarlas o crear otras. ¿Para qué sirve el Senado? Hasta que esto ocurra, es legítimo y democrático actuar pacíficamente al margen de ellas en la calle. Una sociedad democráticamente sana puede y debe mostrar su protesta y su indignación en la calle. Cuando la gente pacíficamente toma la calle, para hacerse oír, es porque quiere cambiar las políticas públicas. Y esta actuación es otra forma de democracia; la democracia de movilización que está cuestionando, sin querer suprimirla, la democracia representativa de los gobiernos, parlamentos y partidos políticos. Así lo hace el 15-M, manifestándose pacíficamente y en pro de más democracia, por lo que no debería ser criminalizado por los poderes públicos, planteando una reforma del Código Penal. Como ha escrito Luis I. Sandoval "Para Eric Hobsbawm 'las marchas callejeras son votos con los pies que equivalen a los votos que depositamos en las urnas con las manos'. Y es así, porque los que se manifiestan eligen una opción, protestan contra algo y proponen alternativas. La acción colectiva en la calle, como acto de multitud o de construcción de un discurso, expresa una diferencia u oposición, muestra una identidad, y se transforma de lo particular a algo más general y cuando se mantiene en el tiempo se convierte en un movimiento social. La historia nos enseña que si en la sociedad democrática no se produjeran estas oleadas de movilización por causas justas no habría democratización, es decir, no habría la presión necesaria para hacer efectivos derechos reconocidos constitucionalmente, ni la fuerza e imaginación para crear otros nuevos". Todo esto les resulta difícil de entender a nuestros representantes políticos. Con frecuencia, las sociedades se incomodan con los movimientos y aún los consideran peligrosos y nocivos. Solo cuando triunfan reconocen sus bondades e integran sus conquistas a la cultura e institucionalidad vigentes. Ardua tarea, a veces se necesitan siglos para alcanzar algunos derechos: jornada laboral de 8 horas, descanso dominical, sufragio universal, igualdad entre hombre mujer. Y ahora los dos partidos, profundamente compungidos y sensibilizados por la problemática de las personas desahuciadas, se prestan a aprobar una norma. Me viene a la memoria que siendo ministro de Fomento, José Blanco, dijo  "Aceptar la dación de viviendas en pago de las hipotecas pondría en dificultades el sistema financiero”.  En definitiva, con movilizaciones se han civilizado y avanzado las sociedades que hoy conocemos como modernas y democráticas. Para Boaventura de Sousa Santos "Los momentos más creativos de la democracia rara vez ocurrieron en las sedes de los parlamentos". Ocurrieron en las calles, donde los ciudadanos indignados forzaron los cambios de régimen o la ampliación de las agendas políticas.

  No obstante la historia además de una repetición supone una enseñanza. Ahora mismo acabo de leer el discurso que Manuel Azaña pronunció un 11 de septiembre de 1911, titulado “El problema español” en la Casa del Pueblo de su ciudad natal Alcalá de Henares, y del que me han impresionado algunos de sus fragmentos por su vigente actualidad, como si algunos de los problemas de esta nuestra querida España continuaran siendo los mismos. Azaña apela al pueblo español para que reaccione y salga del sopor en el que parece haber caído con estas palabras que podrían ser leídas hoy mismo en la Puerta del Sol: “Además nos impulsa otro sentimiento: nos impulsa la indignación. ¿Vosotros no la sentís? ¿Vamos a consentir siempre que la púrpura cuelgue de hombros infames? ¿Vamos a consentir que la inmensa manada de los vividores, de los advenedizos manchados de cieno usurpe la representación de un pueblo y lo destroce para saciar su codicia? En nuestro museo han entrado unos pícaros y la dalmática más espléndida, recamada por una historia ilustre, la van deshilachando para remendarse los calzones”. Una de las peticiones de los indignados es la de regenerar, revitalizar y darle nuevos bríos a nuestro democracia, que se ha quedado oxidada tras estos 30 años de un ejercicio autocomplaciente, como si fuera suficiente con votar cada 4 años. Por ello, otras palabras de Azaña tienen plena vigencia hoy: “En lo político necesitamos, como una condición indispensable, la revisión de todas las instituciones democráticas en nombre de su principio de origen, limpiándolas, purificándolas de todos los falsos valores que sobre ella se han creado…¿Democracia hemos dicho? Pues democracia. No caeremos en la ridícula aprensión de tenerla miedo: restaurémosla, o mejor, implantémosla, arrancando de sus esenciales formas todas las excrecencias que la desfiguren”. Todo ciudadano medianamente informado conoce cuáles son esas excrecencias que deberían ser eliminadas para dar nueva vida a nuestra democracia.

La diversidad programática del 15-M

 

1. Reforma en profundidad del funcionamiento de los partidos políticos

 

Me referiré en este artículo a algunas de las cuestiones planteadas por el 15-M. Es imprescindible una reforma profunda del funcionamiento de los partidos políticos, al ser instituciones básicas de nuestro sistema democrático. Conviene hacer algo de historia sobre ellos. La Constitución de 1978 en su artículo 6 les dio un gran protagonismo, explicable por el desprestigio que sobre ellos infundió la dictadura. Se convirtió en norma que tras la II Guerra Mundial se constitucionalizaran los partidos, como en la italiana de 1947, la Ley Fundamental de Bonn de 1949 o la francesa de 1948. Sea bien recibido tal reconocimiento del que los políticos han hecho un mal uso. Hoy los partidos incumplen nuestro texto constitucional, ya que ni expresan el pluralismo político, ni concurren a la formación de la voluntad popular ni son instrumento fundamental para la participación política, tal como estamos constatando con las manifestaciones masivas en las calles. Y en cuanto a que la creación y el ejercicio de su actividad tendrán que ser libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley y que su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos", también se incumple por el aparato de los partidos, pues son sus dirigentes, quienes toman las decisiones marginando a las bases. El aparato, la excesiva burocracia interna, la lucha a muerte por el poder, y el culto a la alabanza y la sumisión, son absolutamente incompatibles con la opinión, la saludable discrepancia y el debate transparente. Por ello, la renovación de ideas y personas es imposible. Y no lo es porque sus dirigentes tienen auténtico pavor a la "democracia", es decir, al debate de ideas, a permitir las discrepancias. Sorprende la pasividad de muchos de sus militantes. Lo que estoy diciendo es lo que todo el mundo piensa y pocos de los militantes se atreven a decir. Lamentablemente esta es la deriva por la que caminan todos los partidos. Esta situación ya viene de lejos, ya nos lo señaló Robert Michels en su conocida "ley de hierro de la oligarquía" en 1911 en su libro, basado en la dinámica institucional de Partido Socialdemócrata alemán (SPD), Partidos Políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas en la democracia moderna. La tesis fundamental es que no es posible la lucha obrera sin organización, pero que esta trae consigo especialización de funciones, división del trabajo, y con ellas, burocracia, jerarquía y el gobierno crecientemente oligárquico de una cúpula cada vez menos sometida al control de las bases. Expone cómo y por qué mecanismos los dirigentes políticos del partido tienden a integrarse en el sistema social y económico vigente, en contra de la opinión mayoritaria de las bases; cómo se perpetúan y se reproducen por cooptación; y cómo, finalmente, los de abajo que aspiran a llegar arriba establecen un relación clientelar con los dirigentes. La conclusión es desoladora, ya que si en el partido de vocación más democrática, como el SPD alemán, se cumple esta "ley de hierro de las oligarquías", entonces tiene que suceder con más intensidad en el resto de partidos.. Por ello, la obra de Michels debería ser de obligada lectura para los dirigentes de nuestra clase política. Además hay otro problema añadido en cuanto al funcionamiento de los partidos políticos, ya que están sostenidos y financiados por el mundo del dinero y de las altas finanzas. Como pago, los partidos se sienten obligados a proporcionarles, en caso de acceder al gobierno, subvenciones y favores públicos y de toda clase. Incluso pueden llegar a incumplir sus programas electorales para adecuarse a sus requerimientos.  Esta vinculación del mundo de la empresa y la política lo ha expresado muy bien Josep Fontana en una reciente conferencia titulada Mas allá de la crisis, de la que extraigo alguna de sus ideas. Se ha producido en los Estados Unidos desde los años 70 una inmensa redistribución de la riqueza hacia arriba, que no sólo se ha manifestado en el empobrecimiento relativo de los trabajadores y de las clases medias, sino que han dado a los empresarios una influencia política con la cual, a partir de ese momento, les resulta cada vez más fácil fijar las reglas que les permiten consolidar su poder. Esta redistribución hacia arriba no es el resultado natural del funcionamiento del mercado, como se pretende que creamos, sino el de una acción deliberada. Su origen es netamente político. El primer programa que inspiró este movimiento lo expresó Lewis Powell en agosto de 1971 en un "Memorándum confidencial. Ataque al sistema americano de libre empresa", escrito para la "United States Chamber of Commerce", que se encargó de hacerlo circular entre sus asociados. Powell denunciaba el riesgo que implicaba el avance en la sociedad norteamericana de ideas contrarias al "sistema de libre empresa", expuestas no sólo por extremistas de izquierda, sino por "elementos totalmente respetables del sistema", e insistía en la necesidad de combatirlas, sobre todo en el terreno de la educación. El memorándum tenía una primera parte sobre la amenaza que representaban los "estudiantes universitarios, los profesores, el mundo de los medios de comunicación, los intelectuales y las revistas literarias, los artistas y los científicos", y proponía planes de ataque para limpiar las universidades y vigilar los libros de texto, para lo cual pedía a las organizaciones empresariales que actuasen con firmeza. Powell advertía: "No se debe menospreciar la acción política, mientras esperamos el cambio gradual de la opinión pública que ha de conseguirse a través de la educación y la información. El mundo de los negocios debe aprender la lección que hace tiempo aprendieron los sindicatos y otros grupos de intereses. La lección de que el poder político es necesario; que este poder debe cultivarse asiduamente y que, cuando convenga, hay que usarlo agresivamente y con determinación". Para emprender este programa se necesitaban organizaciones empresariales potentes, que dispusieran de recursos suficientes. "La fuerza reside en la organización, en una planificación y realización persistentes durante un período indefinido de años". Este llamamiento a la lucha política tuvo efectos de inmediato en la actividad de las asociaciones empresariales y sobre todo de la "United States Chamber of Commerce", que pretende ser hoy "la mayor federación empresarial del mundo, en representación de los intereses de más de 3 millones de empresas". Estas asociaciones no solo emprendieron grandes campañas de propaganda, sino que acentuaron su participación en las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, en una actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal supremo Citizens United, que ha liberalizado las inversiones de las empresas en la política, en nombre del derecho a la libre expresión (esto es, considerando a las empresas como personas y atribuyéndoles los mismos derechos). La gran cuantía de recursos proporcionados por los empresarios explica, por ejemplo, que la United States Chamber of Commerce invirtiese en las elecciones norteamericanas de 2010 más que los comités de los dos partidos, demócrata y republicano, juntos.

No se trata tan sólo de donativos para las campañas, sino también de formas diversas de pagar sus servicios a los políticos, entre ellas la de asegurarles una compensación cuando dejan la política. Y, sobre todo, de la actuación constante de los llamados "lobbyists", que atienden las peticiones de los políticos. En el pasado año 2011 se calcula que las empresas han gastado 3.270 millones de dólares en atender a los congresistas y a los altos funcionarios federales. Las 30 mayores compañías gastaron entre 2008 y 2010 más en esto que en pagar impuestos.

¿Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? En julio del año pasado, Michael Cembalest, jefe de inversiones de JPMorgan Chase, escribía, en una carta dirigida tan sólo a sus clientes, que se conoció porque la descubrió un periodista, que "los márgenes de beneficio han conseguido niveles que no se habían visto desde hace décadas", y que "las reducciones de salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora". "La compensación por el trabajo está en los Estados Unidos en la actualidad al mínimo en cincuenta años en relación tanto con las cifras de ventas de las empresas como del PIB de los Estados Unidos". Otro beneficio indiscutible ha sido la disminución de sus contribuciones al sostén del Estado. Estos hechos de los Estados Unidos son extrapolables a España. Ahí están las hemerotecas. En los 90 muchas siglas quedaron con las vergüenzas al aire: Filesa (PSOE), Naseiro (PP), el caso 'Casinos' (CiU) o el 'tragaperras' (PNV), por citar los más sonados. Y en las últimas fechas el caso Gürtel. «Si arañas un poco, en un gran número de casos de corrupción acaba apareciendo la financiación de algún partido político», sentencia Fernando Jiménez, profesor de Derecho Político de la Universidad de Murcia. La constatación cada cierto tiempo de que existen cajas 'b' o incluso 'c', revela uno de los grandes agujeros negros del sistema democrático español y abona el descrédito de la clase política. Con estas servidumbres, no resulta descabellado pensar que  el sistema político actual  se parece cada vez más al régimen político de la Restauración (1876-1931), diseñado por Cánovas del Castillo con la Constitución de 1876, el turnismo de los 2  partidos políticos, el conservador y el liberal. La auténtica Constitución era como señalaba el gran Joaquín Costa, la oligarquía y el caciquismo. En el libro España en sus ocasiones perdidas y la Democracia mejorable, el catedrático Manuel Ramírez cita unas palabras de Ortega y Gasset, de uno de sus más famosos discursos: “La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación». También incorpora las palabras de Salvador de Madariaga: “Al pintarla como de alucinación, Ortega la ennoblecía. Fue una era de tramoya y bastidores, de máscaras y barbas postizas, de teatro en sí, además de ser teatral; una época que pretendía ser lo que no era y simulaba creer lo que decía, a sabiendas de que no era lo que aparentaba ser ni creía en lo que decía”.  Por ello, que en España estamos atravesando a nivel político un momento crítico es una obviedad. Hay diferentes razones.

2. Erradicación de la corrupción política

Una de ellas es la corrupción. Por desgracia ya no es noticia en este nuestro querido país que un político se vea incurso en delitos de corrupción. Como es algo ya tan cotidiano, los directores de los medios de comunicación deberían ir pensando en establecer una sección específica, bajo el epígrafe Corrupción, igual que existen otras como Deportes o Internacional.

En tiempos de la Dictadura de Franco casos de corrupción también los hubo, aunque no se conocían. Ahora desde la instauración de la democracia han irrumpido otros muchos: Filesa, Roldan, Naseiro, Gurtel….,. Todos ellos me producen un sentimiento de asco, ganas de vomitar, y también algunas reflexiones, que paso a exponer a continuación. Algunos de ellos han llamado especialmente la atención. El del Ayuntamiento de Marbella, donde el asesor urbanístico Juan Antonio Roca acumuló palacios espectaculares, cuadras de caballos de pura sangre, cuadros de famosos  pintores, coches lujosísimos, etc.; sacas de dinero en casa de una teniente alcalde; chales edificados con materiales de los almacenes municipales. Y el de la alcaldesa de La Muela, que usaba un reloj suizo, un hublot, con un valor de unos 4.500 euros; bolsos de Loewe y complementos de marcas lujosas: Dolce&Galbana, Carolina Herrera o Prada. Y el de un exministro y expresidente de una comunidad autónoma que compró una casa palacio del siglo XVI, con diseños de Starck, Capellini o Cassina, con un grabado de Miró y esculturas y telas de artistas, de los que su Gobierno adquirió obras para colecciones públicas; en cuya reforma y decoración, muchos pagos fueron opacos: 55.000 euros para el aparejador; 50.000 para el electricista y el técnico del aire acondicionado; 55.000 para el carpintero; en 8 televisores se gastó 40.000 euros, y 20.000 en el pintor; para la cocina se destinaron 35.000 euros, y en menaje doméstico se gastaron 100.000 más; el control de luces 7.000, y 4.000 los 7 teléfonos que tiene la casa; y como colofón la escobilla del retrete con un valor de 375 euros. Si las heces estaban al mismo nivel que la escobilla, serían áureas. ¡Vaya ejemplo para la ciudadanía, el comportamiento de alguien que ha sido ministro y presidente de una comunidad autónoma! Dan ganas de exiliarse.

Que se haya llegado a esta situación, todos somos culpables. Obviamente los principales son los jetas, los caraduras, que se han dedicado y se dedican a saquear las arcas públicas para su beneficio particular. Robar dinero público es de extrema gravedad, todavía más si tenemos en cuenta las numerosas y cuantiosas necesidades que están todavía sin cubrir en España: asistencia médica, pensiones, educación, desarrrollo de la Ley de Dependencia, prestaciones de desempleo, infraestructuras…La Administración por no haber querido, sabido o podido crear los mecanismos de control adecuados para evitar tales latrocinios por parte de determinados representantes públicos, que muchos hemos observado en plena luz del día en nuestros pueblos y ciudades. ¡Qué fácil ha resultado y resulta desviar dineros públicos a cuentas particulares! También se deberían llevar a cabo las reformas legales pertinentes, para que una vez constatado el delito y tras un juicio justo, ser implacable, para que los bienes usurpados fueran devueltos al erario público. Esta muy extendida entre la ciudadanía la creencia de que en esta país, no se persiguen de igual modo los grandes delitos económicos que los diminutos de de cualquier trabajador. Al respecto resulta pertinente considerar que el apartamiento fulminante de la carrera judicial del juez Garzón se produjera en relación con el caso Gurtel, un caso de corrupción financiera e inmobiliaria. Asumir la investigación de una trama de esta índole suponía una audacia infrecuente entre el estrato judicial. Después de todo, se afectaba a una estructura de poder vinculada al núcleo del capitalismo financiarizado generado en la península que implicaba de manera directa al Partido Popular.

 

Los partidos políticos tendrían que ser más escrupulosos a la hora de seleccionar para sus listas electorales a determinados individuos, como también el ser contundentes y borrarlos de ellas a aquellos incursos en delitos de corrupción. Tampoco deberían usar la corrupción como arma arrojadiza, y regocijarse cuando aparecen casos en el partido contrincante. Tales comportamientos para lo único que sirven es para generar cada vez más una gran desconfianza entre la ciudadanía, produciendo un grave daño a nuestro reciente sistema democrático. Y por último si redujeran los cuantiosos gastos en las campañas electorales, no tendrían que recurrir a la financiación ilegal.

Igualmente tampoco estamos libres de culpa los ciudadanos, ya que frecuentemente nuestro sensibilidad hacia el político corrupto depende de nuestras filias o fobias políticas, sin que tenga la corrupción un reflejo adecuado en los procesos electorales. Esta última circunstancia la hemos contemplado en repetidas ocasiones, ya que políticos incursos en tales delitos, no sólo no son castigados electoralmente, es que salen reforzados. Tal como ocurrió en las últimas elecciones autonómicas y municipales de las comunidades autónomas de Madrid y Valencia. Mala práctica es creer que si aparece un caso de corrupción en nuestro partido político, se debe a una confabulación del partido contrario. Todos debemos tener el suficiente coraje para condenar contundentemente esta lacra, venga de donde venga. No hacerlo, entiendo que es una prueba incuestionable de que esta sociedad nuestra carece de unos referentes éticos claros. Por lo que estamos observando, los escrúpulos morales pertenecen a épocas pretéritas. Un caso del pasado nos podría servir de contundente ejemplo, expuesto por Julián Casanova. Una trama de corrupción y sobornos, el escándalo del straperlo, acabó en 1935 con la vida política de Alejandro Lerroux, el viejo dirigente republicano del Partido Radical que presidía entonces el Gobierno. Los ministros radicales tuvieron que dimitir y cayeron muchos cargos provinciales y locales del partido. Todavía más, en las elecciones  de febrero de 1936, el Partido Radical, que había gobernado de septiembre de 1933 hasta finales de 1935, se hundió estrepitosamente en las elecciones. Quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933.  Lerroux ni siquiera salió elegido en la lista. Todo un buen ejercicio de ciudadanía responsable. Toda una lección de nuestros antepasados. Y eso que en aquellas fechas la mitad de los españoles eran analfabetos. Tendrían carencias educativas, pero lo que tenían muy claro era la importancia de determinados valores. Uno de ellos era la intolerancia hacia los casos de corrupción. En cambio, los españoles de hoy con los mayores niveles de cultura y de vida  de toda la historia tenemos otras carencias no menos importantes. Que la caída de Garzón se produjera en relación con un caso de corrupción financiera e inmobiliaria es significativo. Asumir la investigación de una trama de esta índole suponía una audacia infrecuente entre el estrato judicial. Después de todo, se afectaba a una estructura de poder vinculada al núcleo del capitalismo financiarizado generado en la península que implicaba de manera directa al Partido Popular

3. Exigencia de ejemplaridad de la clase política

 Consecuencia de la corrupción es la carencia de ejemplaridad de nuestra clase política, que prescinde de cualquier planteamiento ético a la hora de tomar sus decisiones. De un extraordinario libro, Ejemplaridad pública, del filósofo de Javier Gomá, expongo alguno de sus contenidos. Toda vida humana es ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Las instituciones públicas han sido conscientes o deberían serlo del efecto multiplicador para potenciar la convivencia de determinados modelos. Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho-a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos. Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada. Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ello, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad. A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir. No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Saint-Just ante la Convención revolucionaria denunció "Se promulgan demasiadas leyes, se dan pocos ejemplos", circunstancia que no ha cambiado sustancialmente en la actualidad. Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira. Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum (esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos. Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen comportamientos políticos que producen el sentimiento contrario. Véase, los manifestados recientemente por aquellos políticos que jaleaban con estruendosos aplausos los mayores recortes de nuestra democracia. E incluso, alguno de ellos, cuando se dio a conocer la reducción de las prestaciones del desempleo, añadió "que se jodan"; u otro que al anunciarse la eliminación de la paga de Navidad de los empleados públicos, gritó con auténtico frenesí "¡a trabajar!". Regocijarse ante la desgracia ajena, esto es sadismo o crueldad. Tampoco deberían sorprendernos tales comportamientos, ya que como señaló Azaña en un discurso pronunciado el 21 de abril de 1934  en la Sociedad del Sitio de Bilbao, titulado  Un Quijote sin celada, y los estamos constatando día tras día, muchos acuden a la política no para realizar un servicio a la comunidad, sino para otros fines menos altruistas: el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse, el afán de mando, la necesidad de vivir como se pueda y hasta un cierto donjuanismo. Mas, estos móviles no son los auténticos de la verdadera acción política. Los auténticos son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas. Ni que decir tiene que los recortes aprobados por el gobierno de Rajoy, faltando a su palabra y el que falta a su palabra a más ya no puede faltar, no están respaldados por el sentimiento de la justicia.

4. Lucha contra la desigualdad y la exclusión

Estamos constatando también en España la extensión e incremento por doquier de la desigualdad y la exclusión. Tales situaciones son consustanciales con el régimen capitalista y más todavía en su versión neoliberal, aunque este, a veces, ha tratado de establecer mecanismos para controlarlas o limitarlas y así no alcancen situaciones extremas, que puedan alterar gravemente la convivencia, como hizo en Europa occidental la socialdemocracia y el Estado de bienestar, su forma política. Hecho que no fue una concesión del capitalismo, fue producto de luchas sociales que impusieron al Estado políticas redistributivas y formas menos extremas de exclusión. Con la crisis de la socialdemocracia y del Estado del bienestar, la desigualdad y la exclusión se acrecientan por lo que las tareas redistributivas son hoy más urgentes que nunca, por ello no parece conveniente prescindir del Estado para desempeñar en ellas un papel clave. Es cierto que el capital y algunas fuerzas políticas hablan de la crisis irreversible del bienestar, únicamente para destruir lo que de él queda y para sustituir el Estado keynesiano, con su énfasis en la gestión centralizada, en el pleno empleo, en la redistribución y en la primacía de la política social, por un Estado schumpeteriano, menos centralizado y menos monopolista, preocupado por la innovación y la competitividad, primando la política económica sobre la social. Sin embargo, los trabajadores, los grandes perdedores de la economía de hoy, y las fuerzas progresistas deberían proponer la reinvención del Estado del bienestar, para realizar más y mejor las políticas redistributivas que han sido su marca. Parecen pertinentes a tal fin las ideas preconizadas por Boaventura de Sousa Santos, ejemplo de intelectual progresista comprometido, frente a otros, la gran mayoría, que adoptan posiciones de un apoliticismo cercano al nihilismo, lo que propicia el acceso de la derecha al poder, como señala Manuel Rico. Si antes el derecho al trabajo fue el criterio de redistribución social, ahora, el trabajo debe ser el mismo objeto de redistribución social: del derecho del trabajo al derecho al trabajo. Pero no puede reducirse a las áreas sociales no competitivas con el mercado laboral capitalista, sino que debe penetrar en el corazón de este. Para ser redistributivo, tiene que cobijar el derecho al reparto del trabajo. Una reducción drástica del horario de trabajo sin reducción del salario debe estar en el centro de las políticas redistributivas del nuevo Estado del bienestar y ser un objetivo central de las fuerzas que luchan por él, principalmente el movimiento sindical. El reparto del trabajo capitalista no posibilita el pleno empleo, debido a la discrepancia entre el aumento de la productividad y la creación de empleo. En este caso, el reparto del trabajo, con la reducción drástica del horario, se debe complementar con la creación de trabajo social en el sector social de proximidad.

Cuando hoy se habla de la crisis del Estado del bienestar, se asume que la solución está en privatizar los servicios de educación y salud para entregarlos al mercado. No está probado que su privatización suponga, como regla, ahorro alguno al Estado, pues este tiene que seguir participando conjuntamente en la adquisición de servicios producidos en el mercado. Es un mito pretender sustituir la ineficiencia del Estado por la eficiencia del mercado, ya que este último, al no funcionar sino en conjunción con el Estado, absorbe la ineficiencia estatal, la suma a la suya y multiplica ambas con la corrupción y los lucros especulativos. Por el contrario, la reinvención progresista del Estado de bienestar debe otorgar un lugar importante a la regulación comunitaria, al sector privado no lucrativo. Los sindicatos deben asumir un nuevo papel en la producción de la providencia societaria, parecido al que asumieron en los inicios del movimiento obrero organizado, en la época del mutualismo, de los seguros, escuelas, hospitales y vacaciones obreras. Y los movimientos populares deben reivindicar su integración en una vasta constelación de modos de producción de providencia societaria. La cuarta línea tiene que ver con la política de gasto público. Hoy se habla de "menos Estado y de mejor Estado" y de la necesidad de reducir el déficit y funcionarios públicos. Es cuestionable. Es su aplicación la que suscita serias dudas, sobre todo, porque raramente se toca el sector más improductivo y costoso del Estado, las Fuerzas Armadas. Su futuro debería entrar en la agenda política, sin olvidar que estas disponen de inmensas infraestructuras de gran calidad, edificios para instalar escuelas, hospitales, centros de formación profesional, espacios para la tercera edad, centros de vacaciones, etc. Se deberían revisar las cuantiosas subvenciones a la Iglesia católica. Se debe recuperar el papel protagonista del Estado, ya que como dice Tony Judt, es una institución intermedia que sirve para proteger a los ciudadanos, sobre todo a los más débiles, de las fuerzas desbocadas del mercado. En la misma línea se expresa Boaventura De Sousa Santos “El Estado es un animal extraño, mitad ángel y mitad monstruo, pero, sin él, muchos otros monstruos andarían sueltos, insaciables, a la caza de ángeles indefensos. Mejor Estado, siempre; menos Estado, nunca.” Y ya hace más de 100 años Manuel Azaña nos advirtió “Ese inmenso poder del Estado debe encaminarse en pro de nuestra obra; queremos infundir en ese organismo sangre nueva, para que el mismo Estado sea el que dispense la última y definitiva justicia. Porque de él, de ese Estado, con todos sus defectos de organización, con su ceguedad y su parsimonia, es del único Dios de quien podemos esperar que ese milagro se verifiqué. ¿De quién, si no, vamos a recibir la justicia? ¿O esperamos, acaso, que el codicioso, el explotador, el privilegiado renuncien voluntariamente a su privilegio, a su explotación o a su codicia? Nunca se vio tal…”

 

5. Una reforma fiscal progresiva

 

Habría que plantear una profunda reforma fiscal progresiva y la persecución del fraude. Una vez fijados los niveles generales de tributación, establecida la lista de los objetivos financiables por el gasto público y con mecanismos que combinen la democracia representativa y la participativa, es necesario dar la opción a los ciudadanos de decidir dónde y en qué proporción deben ser gastados sus impuestos. El pensamiento económico dominante pretende que la crisis se afronte con recortes y sin aumentos en los ingresos, lo que significa un grave quebranto para las clases populares. Es una cuestión de justicia social una reforma fiscal global mucho más equitativa. Esta es la línea defendida ya en el 2010 por Vicenç Navarro para el cual, se podrían haber conseguido 2.100 millones de euros manteniendo el Impuesto del Patrimonio, 2.552 millones si se hubieran anulado las rebajas de los impuestos de sucesiones, 2.500 millones si se hubiera revertido la bajada de impuestos de las personas que ingresan más de 120.000 euros al año. Anulando la bajada del Impuesto de Sociedades de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, otros 5.300 millones de euros. Eliminando el pago a los profesores de la religión católica en los centros públicos, otros 600 millones. Combatiendo el fraude fiscal de las grandes fortunas, de la banca y de las grandes empresas (que representa el 71% de todo el fraude fiscal) otros 44.000 millones. Según Antón Losada, es este el mayor  cáncer de nuestra fiscalidad y de nuestro bienestar. Nadie quiere entrar en esta cuestión. Mas habrá que hacerlo, ya que España es el país que atesora más de la tercera parte de los billetes de 500 euros que circulan por la Unión; donde pagar es de tontos y los cobros se facilitan con IVA o sin IVA con la misma naturalidad que un gobernante renuncia a cobrar patrimonio mientras despide profesores. El GESTHA (Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda) en mayo de 2012 propuso medidas para ingresar 63.300 millones anuales  con la puesta en marcha de una nueva batería de medidas que junto a la propuesta de crear un nuevo tipo impositivo en el Impuesto de Sociedades para beneficios a partir del millón de euros, permitirían ingresar más de 63.300 millones adicionales cada año. Esta cantidad sería suficiente para reducir el déficit del 8,9% del pasado año hasta un nivel inferior al 3% que hasta el momento ha exigido Europa para 2013. El colectivo destacó que muchas de estas propuestas podrían aplicarse desde este mismo año, lo que permitiría relajar las políticas de ajuste y la adopción de medidas contrarias al crecimiento, como una contraindicada subida del IVA y de otros impuestos indirectos, con la que el Gobierno pretende recaudar unos 8.000 millones de euros -casi ocho veces menos. Según Gestha, la subida del IVA es "injusta" porque aumenta el esfuerzo fiscal de las familias frente a las empresas y es "regresiva" porque afecta más a los ciudadanos con bajos ingresos -pensionistas y mileuristas- que a los que disponen de más recursos: mientras los primeros dedican sus ingresos íntegramente al consumo -sujeto al IVA-, los segundos además de consumir tienen posibilidad de ahorrar, capítulo sobre el que no se aplica este impuesto. Para conocer los detalles pormenorizados de estas propuestas se puede consultar en la página web de GESTHA. De momento estos datos nadie los ha cuestionado, mas deben ser  poco conocidos por las clases populares. Ninguno de los dos grandes partidos ha intentado corregir el déficit público por la vía del incremento de los ingresos, con una reforma fiscal o persecución del fraude fiscal de las grandes empresas que cotizan en el IBEX. Sus razones tendrán.

6. Reforma de la ley electoral

 Que es necesaria la reforma de la ley electoral actual, al ser muy injusta la representación surgida de las urnas, es una obviedad. Unos datos nos los demuestran de una manera contundente. En las elecciones generales de 2008 con 963.000 votos IU obtuvo dos escaños, y CIU con 774.000 once; y con 303.00 el PNV tuvo seis y UPyD sólo uno. Los grandes beneficiados de la actual ley electoral han sido y siguen siéndolo PSOE y PP con los partidos nacionalistas. Para entender el tema en cuestión conviene mirar por el retrovisor a nuestro pasado.  Según los profesores Montserrat Baras y Juan Botella, la convocatoria a Cortes formulada en 1810 por la Junta Central constituye la primera norma electoral española. En la Constitución de 1812 se estableció el sufragio universal masculino, aunque indirecto. Entre 1834 y 1868 estuvo vigente el sufragio censitario, solo podían votar determinadas personas según rentas o categorías profesionales, sin que se llegase en ningún momento a un 5% el número de electores. Con la “gloriosa revolución” de 1868 se instauró el sufragio universal masculino y la reducción de la mayoría de edad a 21 años, por lo que algo más de la cuarta parte de los españoles fueron electores. Con la Restauración se produjo un paréntesis, ya que Cánovas del Castillo se mostró contrario al sufragio universal, no obstante con el liberal Sagasta se reintrodujo en 1890. No obstante en este período fue falseado de una manera sistemática, tal como reflejan los nombres de caciques, pucherazos v cuneros. En 1907 la Ley Maura supuso un intento fallido de mejorar y una racionalizar el sistema electoral, uno de sus artículos más famosos era el 29, que establecía que en aquellos distritos en el que concurriesen tantos candidatos como escaños a cubrir, la elección no tendría lugar y el candidato era electo.  Con la llegada de la II República se generalizó la circunscripción plurinominal en el ámbito provincial y, en su caso, las capitales de provincia-que superasen los 100.000 habitantes- formaban una circunscripción independiente, como fue la ciudad de Zaragoza. El Decreto de 1931 mantuvo el sufragio mayoritario limitado: eran elegidos los más votados con un número mínimo de votos; se podía votar a candidatos de las diversas candidaturas; se podía votar sólo por un número máximo de candidatos, en torno a los dos terceras partes del número de escaños a cubrir, para que las minorías estuvieran representadas. La Constitución republicana convalidó el Decreto con la única modificación de dar el voto a las mujeres, que pudieron ejercerlo por primera vez en 1933. La legislación electoral republicana mejoró la representatividad, propiciando el pluripartidismo y la fragmentación parlamentaria, lo que dificultó la gobernabilidad. En las Cortes de 1931 y 1933 hubo representantes de más de 20 partidos; en las de 1936, fueron alrededor de 18. El partido con más escaños en cada una de las tres elecciones republicanas tenía en 1931 y 1933 algo menos del 25%; en 1936, su peso era del 21%. Además, la fórmula mayoritaria de lista producía grandes cambios pendulares en electorado. La izquierda tenía en 1931 el 62% de los diputados; en 1933 el 21%, y en febrero de 1936 el 56%. La derecha en las mismas fechas tuvo el 9%, el 45% y el 30%.  La consecuencia fueron los continuos cambios de gobierno, en el período de paz hubo 17, con una media de duración de 4 meses. Como conclusión, si la legislación electoral republicana cumplió muy bien las funciones de la representación, no servía para garantizar la gobernabilidad que no contribuyó a la consolidación del régimen republicano. Esta situación era perceptible a la salida del franquismo y en la transición democrática. El Real Decreto-Ley de marzo de 1977, que establecía las normas para las primeras elecciones libres- que en lo fundamental se ha mantenido en la legislación electoral posterior- no fue negociado entre la oposición democrática y el gobierno procedente del franquismo. La oposición tenía bastante con alcanzar su legalización, y el gobierno de Adolfo Suárez pudo definir con total libertad las reglas de juego. Había incertidumbre sobre las preferencias electorales de los españoles, por lo que no se tenía claro cuál era el mejor mecanismo electoral. A pesar de su afirmación proporcional, el escaso número de escaños a cubrir en la mayoría de las provincias, le daba al sistema un carácter en la práctica mayoritario. Por otra parte, la asignación de diputados a las provincias primaba a las menos pobladas, previsiblemente más moderadas y progubernamentales. Además los senadores de designación real era una fuente de seguridad frente a unos resultados favorables a la oposición. Lo que se pretendía en definitiva era evitar el multipartidismo excesivo y de favorecer las candidaturas gubernamentales, y de asegurar una representación limitada a las fuerzas de la oposición antifranquista. Prevaleció la gobernabilidad en detrimento de la representatividad. Y como he señalado la legislación electoral posterior no introdujo ningún cambio sustancial al Decreto que reguló las primeras elecciones democráticas de 1977. Además, el derecho electoral es siempre conservador, y aquellas fuerzas políticas que de él se han beneficiado y lo siguen haciendo, que les ha permitido ganar las elecciones o tener una  representación política muy superior a su fuerza real, como es entendible ni lo cambian ni lo cambiarán.

            7. Implantación de la “Renta Básica”

            Voy a referirme ahora, siguiendo a grandes rasgos  a Daniel Raventós, la cuestión de la renta básica: un ingreso pagado por el Estado a cada ciudadano o residente acreditado, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otro modo, independientemente de que puedan serlas otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. No se tiene que confundir con las rentas de inserción y otros subsidios condicionados propios del Estado del bienestar ni con el impuesto negativo sobre la Renta. La renta básica es muy apropiada para sociedades con elevados y persistentes niveles de pobreza, de paro y de descontento relativo a las formas de trabajo, como España ahora, aunque como cualquier propuesta de renovación social, tiene que superar grandes resistencias. Existen ideologías diversas de fundamentación de la renta básica. Una es de concepción republicana con una antigüedad de 2.500 años: ser libre es estar exento de pedir permiso a otro para vivir o sobrevivir, para existir socialmente. Habría diferentes colectivos muy beneficiados. Los jóvenes, las mujeres dependientes económicamente, las personas mayores jubiladas y emprendedores. La juventud tiene que compatibilizar el estudio y el empleo, además de estar inmersa en un mercado laboral que le reserva precariedad. Esta renta básica le permitiría afrontar su periodo de formación laboral y profesional con unos ingresos dignos. Las mujeres dependientes económicamente que trabajan en el hogar alcanzarían una cierta independencia. Las personas ancianas, muchas con una pensión raquítica, tendrían un incremento considerable de ingresos. Posibilitaría la reducción del riesgo a las personas que hubieran emprendido proyectos de autocupación. Además supondría una inyección de dinero a la población más necesitada, que no sería destinada al ahorro sino al consumo, con lo que se reactivaría nuestra economía. Obviamente, existe el problema de su financiación. Para ello podría realizarse, como ya hemos comentado en líneas precedentes, una profunda reforma fiscal en profundidad vía IRPF, grandes fortunas, Sicavs, patrimonio, sucesiones, persecución del fraude, etc. Todo es querer. Es obvio que la situación actual es insostenible, y hay que tomar medidas excepcionales, aunque parezcan utópicas. También lo eran: hace 100 años el sufragio universal y hoy se acepta como una normalidad. Y hace 200 años acabar con el Antiguo Régimen. Los avances en la historia se han producido por rupturas con lo establecido, y más si es injusto.

                        8. La deuda odiosa.

            Ahora quiero detenerme en otra de las cuestiones planteada por el 15-M, la “deuda odiosa” del Estado español, tema fundamental para tratar de salir de una manera justa y equitativa de esta recesión económica que nos está hundiendo en la miseria a la gran mayoría de los españoles. Nuestro ínclito presidente nos dice que la deuda pública supera la cifra de los 900.000 millones de euros, y que no podemos gastar más de lo que ingresamos, tal como ocurre en una economía familiar, y que, por tanto, no tenemos otra opción que llevar a la práctica una serie de ajustes fiscales, que no le gustan, para que al final se produzca el crecimiento económico y así se pueda generar empleo. Es el pensamiento único. Buscan chivos expiatorios de la deuda: liberados sindicales, funcionarios, las autonomías, las embajadas catalanas, etc.  Quien tiene el atrevimiento de cuestionarlo es acusado de locura y de estar fuera de la realidad terrenal. Vale, D. Mariano, voy a realizar un esfuerzo para creerle. Mas, supongo que si los españoles tenemos que pagar esa deuda con el incremento de nuestros impuestos, recortes de nuestros salarios  y de nuestras prestaciones del Estado de bienestar, entre otros sacrificios, tenemos derecho -¡qué menos!- a conocer el origen de esta deuda. Debemos saber por qué, para qué, por quiénes y cómo se contrajo la deuda, el montante, las condiciones, tipos de interés, plazos de devolución, garantías, avales, o, por otro lado, a qué se dedicó la financiación. En definitiva, una auditoría veraz de la deuda pública, realizada por una comisión de expertos, independientes de los partidos políticos, no vale una comisión parlamentaria, porque ya conocemos su funcionamiento. La auditoría debería exigir al sector público transparencia en sus cuentas, declarar una suspensión temporal del pago de la deuda y abrir un proceso, aunque durara meses, para escudriñar la documentación y hacer un juicio público encaminado a tomar decisiones sobre qué hacer sobre la deuda pública una vez culminado ese proceso. Y así podríamos conocer el porcentaje de deuda odiosa o ilegítima. Este concepto se atribuye a un jurista y profesor de derecho financiero, Alexander Sack, que en 1921 publicó un tratado denominado Los efectos de las transformaciones de los Estados sobre sus deudas públicas y otras obligaciones financieras, donde sostenía que una deuda es ilegítima cuando se dan tres circunstancias: que se ha comprometido sin el conocimiento de los ciudadanos (o sus representantes); que se ha gastado en actividades que no redundan en beneficio del pueblo; y que los prestamistas (los bancos) son conscientes de esta doble situación anterior. Se basó en algunos precedentes del siglo XIX, el rechazo por parte del Estado mexicano de la deuda contraída por el emperador Maximiliano I, y el de EEUU, una vez que se anexionó la isla, de los débitos asumidos por Cuba siendo colonia española.  Obviamente en estricta justicia, el Estado español, es decir todos los españoles estaríamos exentos de pagar esa deuda odiosa, aunque tendríamos que exigir responsabilidades a quienes la contrajeron, y que han causado y los siguen causando tantos sufrimientos a tantos españoles. A estos auténticos desalmados,  se les podía inculpar de haber cometido un crimen contra la humanidad, como es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil", tal como sugieren las profesoras Lourdes Benería y Carmen Sarasúa. Hace falta voluntad política, como la hubo  en el  Ecuador de Correa donde se creó una Comisión de Auditoría de la Deuda en julio de 2007 para analizar la deuda en el periodo 1976 – 2006. El presidente eligió 18 expertos, 12 de Ecuador y 6 provenientes del extranjero. También pidió a 4 órganos del Estado formar parte de esa Comisión: la Comisión Anticorrupción, el Tribunal de Cuentas (la Contraloría), el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Finanzas. Trabajó durante 14 meses, y al final de ese periodo, en septiembre de 2008, presentó unas conclusiones y unas recomendaciones al gobierno. Después de dos meses de deliberación, el gobierno decidió suspender el pago de la deuda bajo la forma de títulos (los que vencían en 2012 y 2030). Tras ocho meses de impago, consiguieron forzar a los tenedores de esos títulos a aceptar una reducción del 65 % de su valor. El Estado, Ecuador, compró obligaciones a precio reducido. Por una obligación con un valor de 1.000 dólares, el Estado ecuatoriano pagó 350 dólares. Le supuso un ahorro de 7.000 millones de dólares para todos los ecuatorianos. Es lo que se está intentando en Grecia, tal como nos relata el documental "Debtocracy" (Deudocracia), de los periodistas Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou sobre la crisis del país heleno. Los principales actores (alrededor de 200 personalidades) firman una demanda para que se establezca un comité de auditoría internacional, cuyo fin sería determinar los motivos de la generación de una deuda soberana y condenar a sus responsables. Se habla de Golman Sach, de los sobornos de Siemens al gobierno, de los gastos sin control en los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, de la compra actual de armas a Francia y Alemania.  Grecia tiene todo el derecho a negarse a reembolsar su "deuda injustificada", es decir, la deuda constituida por actos de corrupción contra el interés de la sociedad. Hay culpables: "En cerca de 40 años, dos partidos, tres familias políticas y algunos grandes empresarios han llevado a Grecia a la quiebra. Han dejado de pagar a los ciudadanos para salvar a sus acreedores". ¿Qué motivos tienen los dos grandes partidos para no hacer lo mismo en España? Tienen trabajo. Si investigarán entre otros: Programas Especiales de Armamento (PEA) que alcanzan 40.000 millones de gasto; el salvamento a las entidades financieras; los sobrecostos de las empresas constructoras del AVE; derechos reconocidos que se aproximan ya a los 20.000 millones de euros las eléctricas, la exención del IBI y sus subvenciones a la iglesia católica, la financiación de los viajes del Papa, los aeropuertos de Castellón y de Ciudad Real, etc. Seguro que se podría rebajar el costo de la deuda, y por ello serían innecesarios los recortes tan injustos que estamos soportando los españoles con excesiva mansedumbre, por lo que Susan George acaba de decir que “los  españoles somos ratas de laboratorio para ver cuánto castigo soportamos sin rebelarnos.” Eso es lo que trata de evitar el 15-M con todas las propuestas presentadas. ¡Vaya que si tiene programa!

 

            9. Necesidad imperiosa de una auténtica regeneración de la izquierda

 

De la situación actual no está exenta de culpa la izquierda. La socialdemocracia europea al poner en práctica políticas neoliberales traicionó sus principios ideológicos. La Tercera Vía formulada por Anthony Giddens fue claramente una política de derechas, al permitir la entrada del capital privado en los servicios públicos, con el pretexto de la eficacia. En cambio, la derecha ha tenido y tiene una actuación coherente, ha hecho lo que tenía que hacer de acuerdo con su ADN. Sobre las continuas y recientes derrotas de las izquierdas, fueron muy pertinentes, además de premonitorias, las palabras emitidas ya en octubre de 2008, del añorado Saramago: "la izquierda ni piensa, ni actúa, ni arriesga una pizca"; "la izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive". Para corregir esta situación, Boaventura de Sousa Santos en su Quinta Carta a las Izquierdas, les lanza a bocajarro una serie de preguntas que les podrían servir de motivo para una profunda reflexión, a no ser que sigan retiradas, restañando sus heridas. ¿Por qué los estados cambian tan fácil el bienestar de los ciudadanos por el de los bancos? ¿Por qué la actual crisis del capitalismo fortalece a los que la causaron? ¿Por qué la racionalidad de la "solución" se asienta en las previsiones que hacen y no en sus consecuencias, que casi siempre las desmienten? ¿Por qué los ciudadanos consideran su empobrecimiento inevitable y al enriquecimiento escandaloso de unos pocos necesario para que su situación no empeore todavía más? ¿Por qué el crecimiento económico es hoy la panacea para todos los males de la economía y de la sociedad sin reparar en sus costos sociales y ambientales? ¿Por qué Malcom X tuvo tanta razón: "si no tienen cuidado, los periódicos los van a convencer de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores"? ¿Por qué las críticas que las izquierdas hacen al neoliberalismo prácticamente no entran en los noticieros? ¿Por qué las alternativas son tan escasas cuando más se las necesita? Todas ellas tienen la suficiente enjundia para que sobre ellas, las ejecutivas de los diferentes partidos de "izquierdas" organicen conferencias y congresos, tratando de encontrar respuestas que convenzan a muchos de sus votantes que poco ha les abandonaron. Yo también quiero incorporarme a este rosario de preguntas. ¿Hay algún límite a estas políticas durísimas de ajustes fiscales? ¿Existen algunas líneas rojas que la sociedad considere infranqueables en nuestro Estado de bienestar? Tal como se están desarrollando los acontecimientos, y con el estado de mansedumbre de buena parte de nuestra sociedad, estimo que cualquier recorte a nuestro Estado de bienestar no solo es posible, sino que es inevitable. Nuestros gobernantes ya se cuidan, propiciando y sirviéndose de la cultura del miedo, en preparar nuestro ánimo para que asumamos cualquier medida, por dura que sea. En cuanto a nuestra democracia tan añorada en otras épocas: ¿Qué queda de ella? ¿Qué decidimos de verdad los ciudadanos? Que no son preguntas baladíes, lo demuestra el hecho de que Ignacio Sánchez-Cuenca, considerando que las decisiones de nuestros representantes políticos cada vez guardan una conexión más lejana con las preferencias individuales de los ciudadanos, haya escrito recientemente un artículo con el inquietante título: ¿Habrá siempre democracia? Una decisión tomada democráticamente no puede ser destruida al día siguiente por una agencia calificadora de riesgo o por una baja en la cotización de las bolsas. Ante estos flagrantes atropellos a la democracia, tampoco se vislumbra una reacción ciudadana. La democracia hay que conquistarla y defenderla todos los días. Es mucho más que depositar un voto cada cuatro años.
Termino con otra pregunta: ¿Para qué tanta austeridad, tanto sacrificio y sufrimiento acumulados? Nuestros dirigentes repiten la cantinela de "que para recuperar el crecimiento económico y así crear empleo estable". Cada vez estoy más convencido, aunque me resistía aceptarlas, que sean ciertas las palabras ya mencionadas con anterioridad de Susan George: los españoles son ratas de laboratorio para ver cuánto sufrimiento pueden soportar.

Como colofón sea bienvenido el movimiento del 15-M, que abre un pequeño resquicio a la posibilidad de que esto puede empezar a cambiar.



 

Cándido Marquesán Millán

 

23/03/2013 19:17 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

HISTORIADORES CON COMPROMISO ÉTICO

 

 

 

 

                    

 

 

Acabo de leer el último libro del gran historiador Josep Fontana, colaborador como articulista de este mismo periódico, titulado El futuro es un país extraño. Una reflexión sobre la crisis social del siglo XXI, y como siempre, he encontrado lo que esperaba, lecciones de un maestro de la historiografía. Según sus propias palabras,  esta obra nace de las preocupaciones que le surgieron tras haber concluido su libro anterior  Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945,  al apercibirse de que la crisis siguió avanzando, pero de la que no había acabado de ver la trascendencia. En estos momentos, la profundidad del desastre y la evidencia de que se trata de un cambio de larguísima duración, que puede continuar y tener unas consecuencias catastróficas, es una realidad muy clara.

           

Son abundantes los historiadores de relumbrón, que utilizan sus cátedras para ponerse al servicio incondicional de los poderes políticos y económicos dominantes, impartiendo conferencias en esplendorosos salones de entidades financieras, empresariales o políticas; recibiendo encargos para realizar congresos, estudios, publicaciones o artículos para determinados  think tanks, por lo que son recompensados espléndidamente. No es el caso de Fontana. En 1989, con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa, desde el Instituto de Morella le invitamos a una mesa redonda, a lo que se prestó siendo catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona. Es un ejemplo de historiador comprometido, sin que la edad-tiene ya 82 años- haya aminorado su espíritu reivindicativo. Sus extraordinarios conocimientos históricos, los utiliza para tratar de entender este dramático presente y buscar alguna salida de este siniestro túnel. Esa es la misión de la Historia: estudiar el pasado, para entender el presente y forjar un futuro mejor.

 

En la misma introducción del libro más reciente, al observar la perdida de los derechos sociales, el empobrecimiento de la gran mayoría y el enriquecimiento de una minoría, el desmantelamiento del Estado de bienestar para beneficio privado, las restricciones de la democracia, nos advierte que deberíamos revisar nuestra concepción de la Historia, como un relato de progreso continuo, para darnos cuenta que estamos en un período regresivo. Los momentos de progreso no han sido propiciados, porque las clases dominantes han tenido unos arrebatos de humanidad o altruismo, muy al contrario, han sido por el miedo a la revolución que les obligó a hacer concesiones. En definitiva, la presión desde abajo de la gran mayoría ha servido para alcanzar unas conquistas sociales. Además estas, con cierta ingenuidad habíamos creído que estaban aseguradas para siempre. Pues observamos que no es así, ya que están siendo dinamitadas, por lo que para recomenzar una nueva etapa de progreso habrá que volver a ganarlas con métodos nuevos, porque las clases dominantes han aprendido a neutralizar los que usábamos hasta hace poco.

 

Sigue diciéndonos que de lo que nos está ocurriendo ahora, aunque ya se inició a mitad de los 70 en el mundo anglosajón, debemos aprender que ninguna conquista social se consigue sin lucha, la cual solo puede alcanzar el éxito, cuando se ha forjado una conciencia colectiva de que no podemos resignarnos ante la injusticia, sino que tenemos que fijar unos objetivos comunes de progreso y luchar por ellos. Para construir esta conciencia es imprescindible la comprensión de la realidad social en la que vivimos, que hoy está oculta por una información proporcionada por unos medios de comunicación en manos de las clases dominantes, que nos imponen una visión única y conformista de la realidad: es la que es y no puede hacerse nada para cambiarla. La derecha ha sido muy hábil en esta tarea, repitiendo tópicos simplistas y mensajes falsos, presentados como verdades absolutas. Como, por ejemplo, el excesivo gasto social en educación, sanidad, o pensiones hace inevitables las políticas de ajustes fiscales, que nos llevarán en volandas al crecimiento económico, con el consiguiente incremento del empleo. Si fuera verdad, ¿qué clase de empleo? Un estudio del F.M.I. sobre 173 casos de austeridad fiscal registrados en los países avanzados entre 1978 y 2009 confirmaba  que las consecuencias fueron mayoritariamente negativas: contracción económica y aumento del paro. Entonces, ¿cómo podemos entender el empecinamiento en estas políticas? Observando el caso de España, Mark Weisbrot opina que la política del gobierno de Rajoy, es debilitar el movimiento obrero como parte de una estrategia a largo plazo para desmantelar el Estado de bienestar, lo cual no tiene nada que ver con resolver la crisis actual ni con reducir el déficit público. La crisis es la excusa para destrozar todo.

 

El deber que debe asumir en estas circunstancias el historiador es el de contribuir a denunciar la mentira de estos análisis tramposos, realizados por auténticos trileros para contribuir, en la medida de sus fuerzas, a reinventar un nuevo futuro, que de momento es un país extraño y desconocido, una vez que han sido barridas las posibilidades de realizar el viejo, surgido en la Ilustración y que alimentó nuestras esperanzas hasta la mitad de los años 70 del siglo XX.

 

Más desigualdad, menos derechos y más represión para que nadie lo cuestione. Este es el ‘extraño’ futuro que el maestro vaticina a no ser que los movimientos de contestación social metan el miedo a los de arriba.

 

Cándido   Marquesán Millán

 

 

 

 

 

23/03/2013 18:59 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Democracia y partidos políticos

                                   

 

            Que nuestra democracia está gravemente enferma no es decir nada novedoso. Muchos son los que han contribuido a esta situación lamentable. Entre todos la matamos y ella sola se murió. Entre los más destacados asesinos aparecen los partidos políticos. A estos últimos quiero dedicar las líneas que vienen a continuación.  

 

 El papel de los partidos políticos es fundamental en un sistema democrático.  De acuerdo con el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Manuel Rámirez, nuestra Constitución de 1978 los reconoce expresamente. Ni siquiera, en la Constitución de la II República de 1931 encontramos una referencia tan clara a ellos, ya que en su artículo 62 que trata sobre  la composición de la Diputación Permanente de Cortes, se habla de las distintas “fracciones políticas” llamadas a integrarla en función de su fuerza numérica. Sin embargo, en el artículo 6º de nuestra actual Constitución y por primera vez en nuestra historia constitucional, se hace un reconocimiento contundente.

 

Veámoslo:

 

 “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

 

 

Si se hace un reconocimiento tan explícito de los partidos políticos y de su protagonismo en nuestro texto constitucional es explicable por el contexto internacional Se convirtió en norma que tras la II Guerra Mundial se constitucionalizaran, como en la Constitución  italiana de 1947, la Ley Fundamental de Bonn de 1949 o la francesa de 1948. Mas también los constitucionalistas españoles quisieron darles un papel relevante, visto el  desprestigio que venía de tiempos de la dictadura. Después de haber sido prohibidos, perseguidos y castigados, ahora llegaba el momento de hacerles justicia, que, de acuerdo, con la redacción, eran exaltados. Sea bien recibido tal reconocimiento del que los políticos han hecho un mal uso, como veremos más adelante.

 

 

Retorno al susodicho artículo 6º.  Es de una claridad meridiana. Los partidos políticos sirven para expresar el pluralismo político, aunque este es previo a ellos. Concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política, lo que no excluye que esta misión puede ser compartida con otros grupos que el texto no cita. También sienta el principio de libertad de creación y de actividad, siempre que se respete la Constitución y la Ley. Y por último que su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.

 

 

Hoy los partidos incumplen nuestro texto constitucional, ya que ni expresan el pluralismo político, ni concurren a la formación de la voluntad popular ni son instrumento fundamental para la participación política, tal como estamos constatando con las manifestaciones masivas en las calles. El Parlamento tiene que estar protegido del pueblo por parte de las Fuerzas del Orden Público. Y en cuanto a que la creación y el ejercicio de su actividad tendrán que ser libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley y que su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos, circunstancia que también la señalan categóricamente, no faltaría más, los estatutos de los diferentes partidos, también se incumple por el aparato de los partidos, pues son sus dirigentes, quienes toman las decisiones marginando a las bases, a las que únicamente recurren para llenar los pabellones deportivos cuando llega un destacado dirigente del partido en las campañas electorales.  Existen muchas agrupaciones en los partidos que no se reúnen nunca. El aparato (en manos de unos pocos, que permanecen largos periodos de tiempo, sin saber cómo ni por qué, ni cuáles son los méritos contraídos), la excesiva burocracia interna, la lucha por el poder en el seno del partido y el culto a la alabanza y la sumisión, son absolutamente incompatibles con la opinión, la sana discrepancia y el debate transparente. Por ello, la renovación de ideas y personas es imposible. Y no lo es porque sus dirigentes tienen auténtico pavor a la "democracia", es decir, al debate de ideas, a permitir las discrepancias, a que el voto sea "libre, igual, directo y secreto" en todas sus elecciones de cargos directivos y de candidatos. La elección no se hace por el mérito ni por los valores éticos del candidato, sino por su capacidad para la sumisión y la obediencia absoluta a los de arriba. Sorprende la pasividad de muchos de sus militantes ante estas circunstancias. Lo que estoy diciendo es lo que todo el mundo piensa y pocos se atreven a decirlo. Y no se atreven a decirlo por temor a ser castigados, por lo que  la libertad de expresión que es un derecho que asiste a todo ciudadano en la vida cotidiana, se le niega a un militante dentro del partido. ¿Pero esto qué es? Cada cual puede ponerle el nombre que le parezca oportuno.  Insisto, no deja de ser sorprendente la falta de coraje de sus militantes ante esta circunstancia. También es cierto que muchos de ellos en los pasillos durante la celebración de sus diferentes congresos se muestran muy críticos con los dirigentes, aunque luego cuando entran al salón  a votar se muestran sumisos y obedientes a las consignas que vienen emanadas desde arriba. Lamentablemente esta es la deriva por la que caminan todos los partidos.  Esta situación no es nueva, ya nos la señaló Robert Michels en su conocida "ley de hierro de la oligarquía" en 1911 en su libro, basado en la dinámica institucional de Partido Socialdemócrata alemán (SPD), Partidos Políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas en la democracia moderna. La tesis fundamental es que no es posible la lucha obrera sin organización, pero que esta trae consigo especialización de funciones, división del trabajo, y con ellas, burocracia, jerarquía y el gobierno crecientemente oligárquico de una cúpula cada vez menos sometida al control de las bases. Expone cómo y por qué mecanismos los dirigentes políticos del partido tienden a integrarse en el sistema social y económico vigente, en contra de la opinión mayoritaria de las bases; cómo se perpetúan y se reproducen por cooptación; y cómo, finalmente, los de abajo que aspiraban a llegar arriba establecen un relación clientelar con los dirigentes. La conclusión es desoladora, ya que si en el partido de vocación más democrática, como el SPD alemán, se cumple esta "ley de hierro de las oligarquías", entonces tiene que suceder con más intensidad en el resto de partidos. Por ello, la obra de Michels debería ser de obligada lectura para los dirigentes de nuestra clase política.

 

 Por ello, una de las asignaturas pendientes en nuestra joven democracia es la democratización interna de los partidos políticos. Esto es de dominio común. Lo que no deja de de ser contradictorio es que los dirigentes políticos nos obsequien continuamente a los ciudadanos con las excelencias del sistema democrático, y sean ellos precisamente los que menos la pongan en práctica en sus propios partidos. Mas, esta es la teoría, que se incumple sistemáticamente por el aparato de los partidos, lo que podría suponer que todos los partidos políticos fueran situados fuera de la ley, si alguien presentara una denuncia ante los tribunales de justicia por incumplimiento de nuestra Carta Magna. El profesor Ignacio Sotelo acaba de señalar de una manera contundente que como consecuencia de la ausencia de democracia interna en los partidos políticos “Hoy somos conscientes de que el lastre más pesado que arrastramos en nuestra democracia son los partidos políticos, totalmente desconectados de los ciudadanos.

 

Por si no fuera bastante con lo ya expuesto para desacreditar a los partidos políticos, éramos pocos y parió la burra, recientes acontecimientos vinculados con el caso Bárcenas, nos muestran otra lacra, cual es su financiación ilegal por parte del mundo de la gran empresa y la gran banca. En los 90 muchas siglas quedaron con las vergüenzas al aire: Filesa (PSOE), Naseiro (PP), el caso 'Casinos' (CiU) o el 'tragaperras' (PNV), por citar los más sonados. Y en las últimas fechas el caso Gürtel. «Si arañas un poco, en un gran número de casos de corrupción acaba apareciendo la financiación de algún partido político», sentencia Fernando Jiménez, profesor de Derecho Político de la Universidad de Murcia. La constatación cada cierto tiempo de que existen cajas 'b' o incluso 'c', revela uno de los grandes agujeros negros del sistema democrático español: la corrupción metida hasta la médula dentro de las entrañas de los partidos políticos. Estos deberían arrancarla de cuajo de sus estructuras, también tendrían que ser más escrupulosos a la hora de seleccionar para sus listas electorales a determinados individuos, como también el ser contundentes y borrarlos de ellas a aquellos incursos en delitos de corrupción. Tampoco deberían usar la corrupción como arma arrojadiza, y regocijarse cuando aparecen casos en el partido contrincante. Mucho hablar de transparencia, pero para el vecino.

 

Mas los pecados de los partidos políticos no se circunscriben a los problemas ya descritos, que ya son suficientemente graves. Otro problema viene como consecuencia  de la omnipresencia de los partidos políticos en todas las esferas de la vida social, cultural, política, económica, etc. En lugar de limitarse a  ser unos adecuados instrumentos para canalizar las demandas políticas, para facilitar los procesos electorales, los partidos tienen la pretensión y la alcanzan de estar en todas partes en la Universidad, en el Poder Judicial, en las Cajas de Ahorro, en empresas públicas, con el agravante de que a la hora de designar a sus representantes, no  se tiene en cuenta su competencia, sino su sumisión a quien les ha designado. No es de recibo que una sentencia del Tribunal Constitucional sea conocida previamente, en base a que hay unos jueces conservadores y otros progresistas, que han sido nombrados por sus respectivos partidos políticos, a los cuales deben obedecer.

 

Quiero finalizar con un aspecto que me preocupa enormemente, cual es la necesidad de la socialización política, en este caso de transmitir y crear unos valores democráticos en nuestra sociedad, si tenemos en cuenta que nuestra democracia es reciente, si la comparamos con la de otros países europeos, que ya tienen una larga tradición democrática. Existen diversos agentes, como la familia, la escuela, los medios de comunicación para socializar la democracia. Mas, otro agente importantísimo son los partidos políticos. Ustedes mismos, si han llegado hasta aquí, pueden sacar sus propias conclusiones, sobre si ejercen esta función de socialización democrática.

            Por todo lo expuesto es comprensible los resultados que refleja La Encuesta sobre Tendencias Políticas y Electorales que todos los años realiza el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) hecha mediante 1724 encuestas entre las fechas 15 de septiembre y 17 de octubre de 2012, según la cual, en 2012 un 75% de los españoles no tienen ningún interés o un escaso interés por la política. Tendencia que aparece bastante más remarcada en el año 2012 respecto a años anteriores. De igual manera, en 2012 solamente un 18% de la población mayor de edad pertenece a alguna asociación u organización, siendo estas en su mayor parte de carácter cultural, deportivo, benéfico, religioso, o Asociaciones de Padres de Alumnos. Únicamente un 3% pertenece a alguna asociación de carácter político o sindical. Lo cual significa que buena parte de los españoles viven de espaldas a la política. Cada vez en mayor grado. En correspondencia con esta situación, y en gran parte como causa de ella, los datos indican que cada vez  es mayor la falta de confianza que manifiestan los ciudadanos ante diversas instituciones y entidades políticas. Así, en una puntuación de uno a diez, en los últimos años hemos asistido a unas valoraciones que ya eran de por sí bastante críticas (por debajo del 5 como promedio), respecto a los Partidos políticos, el Parlamento, el Gobierno y los Sindicatos. En concreto, las valoraciones más bajas en confianza las merecen los partidos políticos, que han caído de un 3,8 en 2004 a un 2,5 en 2012.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

23/03/2013 19:02 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL GOBIERNO DE LOS PATRIOTAS

                    

 

 Desde el ámbito de la política con el apoyo incondicional de la academia a muchos españoles nos han querido convencer de que nuestra Transición fue modélica. Un ejemplo del paso sin traumas de una dictadura a una democracia moderna y plenamente consolidada y por ello hoy equiparable a las de países como Reino Unido, Suecia o Dinamarca. Y lo han interiorizado. En relación a la Transición, al haber escrito en este periódico el artículo La Inmaculada Transición, cuestionando esa supuesta perfección, no voy a detenerme. No obstante, si alguno quiere profundizar le recomiendo el libro La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española de Juan Carlos Monedero. Sí que lo haré al segundo aspecto, el de tener una democracia moderna y consolidada.

 

 

             En un aviso a navegantes despistados y malintencionados quiero dejar claro que todos los casos de corrupción política los condeno con todas mis fuerzas, vengan de donde vengan. Me da igual que sean del PSOE o del PP. Hecha la advertencia, prosigo en mi disertación.

 

Estamos asediados estos días con el caso de corrupción del tesorero del PP, Luis Bárcenas. Todo en el produce una mezcla de asco, hedor y hastío, sentimientos que se acrecientan con el discurrir de los acontecimientos. Se asemeja cada vez más a una fosa séptica. Todo huele a podrido. Los dirigentes populares no solo han perdido el respeto a la ciudadanía, sino que también se la han perdido a sí mismos. Un día nos dicen que “no me consta”, otro “que hay que llegar hasta el fondo, caiga quien caiga”, todo ello aderezado con sus palabras altisonantes de que su gran objetivo es el de la transparencia. Las intervenciones de Dolores de Cospedal y Carlos Floriano para explicar y justificar la situación laboral  en el PP de Bárcenas son tragicómicas, además de ser un insulto a la inteligencia.

 

            Que la publicación de unos papeles en un periódico de tirada nacional, en los que aparece implicada con presuntos sobresueldos la cúpula dirigente del PP, incluido el presidente del Gobierno, producto de unas donaciones ilegales de determinadas empresas, no suponga una intervención contundente y aclaratoria de los citados, y todo se limite exclusivamente a presentar una denuncia, solo puede ser posible en una democracia de chirigota. Si fuera una democracia moderna y consolidada, en el primer instante el presidente de Gobierno, en una conferencia de prensa de verdad ante los medios de comunicación y en el Parlamento, “sede de la soberanía popular” hubiera dado las explicaciones pertinentes. Hemos visto que no ha ocurrido así. Probablemente porque no pueden explicar nada, ya que tienen mucho que ocultar. Podrán decir lo que quieran, podrán presentar todas las querellas o demandas, que quieran, mas lo que no podrán evitar es lo que piensa la gran mayoría de la ciudadanía: que unas empresas pagaban cantidades de dinero al PP, a cambio de beneficiarse con la concesión de obras públicas. Esta es la realidad. El dinero que se han llevado presuntamente Bárcenas y algunos dirigentes populares, no son más que migajas, si los comparamos  con los pingües beneficios de las empresas, que además de quedarse con las obras públicas, estas han soportado un sobrecosto añadido a la cantidad en principio presupuestada, que hemos pagado los ciudadanos con nuestros impuestos. Estas situaciones las hemos visto.  ¿Cómo estos ahora tienen la desfachatez de exigirnos a todos los españoles austeridad para salir de la crisis? Hace falta tener la cara más dura que el cemento armado. Y precisamente nos piden estos  sacrificios estos caballeros que han pretendido darnos lecciones de patriotismo, que además de esquilmar presuntamente los dineros públicos, luego se los llevan a los paraísos fiscales. Son los mismos que nos acusaban de antipatriotas por secundar una huelga contra una reforma laboral que nos devuelve a los trabajadores a la situación de los inicios de la Revolución Industrial, e incluso todavía peor. ¡Vaya patriotismo!  Para estos, patriotismo es sinónimo de patrimonio. Como también el envolverse en la bandera y besarla con pasión, el entonar el himno nacional, el festejar la fiesta del 12 de octubre --sin saber qué se celebra exactamente, si es la Fiesta de la Hispanidad, la de la Raza, de España, de la Virgen del Pilar--, el presenciar desfiles militares, o descorchar botellas de champán con el triunfo de la Roja. Este es un patriotismo muy pobre. Ser patriota es otra cosa. Ser patriota es poner lo público por delante de lo privado. Es querer lo mejor para tu país y tus conciudadanos, lo que se consigue entre otras cosas pagando los impuestos. Así se empieza a ser patriota. Para Maurizio Viroli “patriotismo” es la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. Es querer que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura; que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo; que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales; que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter; que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual; y que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles. Este es el verdadero patriotismo.

 

Cándido Marquesán Millán

 

23/03/2013 19:03 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Evisceración de las clases medias

 

 

Se ha convertido en un tema de estudio por parte de sociólogos la situación de las clases medias en las sociedades occidentales, incluida España. Y están de acuerdo en que han entrado en un nítido deterioro sus condiciones socio-económicas como consecuencia de esta crisis. Cabe citar algunos libros destacados que tratan sobre esta cuestión, de José Félix Tezanos La sociedad dividida del 2004, de Branko Milanovic La era de las desigualdades del 2005, de Massimo Gorgi y Eduardo Narduzzi El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste del 2006, y también numerosos foros y congresos.

No entro en una definición de los componentes y características de las clases medias, ya que sería algo muy prolijo y excedería las líneas de este artículo. No obstante, están dentro de ellas todo un conjunto de profesionales: médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, profesores, autónomos, trabajadores del sector servicios, funcionarios, etc. A todos ellos la crisis económica está pegando muy duro, de manera que está disminuyendo a marchas forzadas e implacables su nivel de vida. Lo estamos comprobando, desde autónomos que tienen que cerrar sus negocios o que ven reducidos sus niveles de ingresos; abogados o médicos con menos clientela; muchos trabajadores del sector servicios, unos con sueldos reducidos y otros enviados al paro con unas edades cercanas a los 50 años; funcionarios a los que se reducen sus salarios, se les incrementan horas de trabajo, y también millares de interinos que van al paro. Además soportan un aumento de la imposición directa e indirecta y una brutal reducción de las prestaciones del Estado de bienestar. La gravedad de lo descrito no queda circunscrita a los padres de las "clases medias", sino que también repercute en la situación de sus hijos, muchos de ellos condenados al paro y los afortunados a un empleo en precario, lo que les impide ahora y en el futuro el independizarse, al no poder acceder a una vivienda. Según el poema de Jaime Gil de Biedma "Y la verdad desagradable asoma": nuestros hijos van a vivir peor que nosotros. En definitiva, se ha roto una línea evolutiva basada en la creencia en un progreso permanente al que nos habíamos malacostumbrado, por lo que cada generación viviría mejor que la anterior y peor que la posterior. A muchos padres que contemplamos las crecientes dificultades de nuestros hijos, nos cuesta mucho entender y asumir la condena a esa movilidad social descendente a la que se ven sometidos. Esta situación no entraba dentro de nuestras previsiones, como tampoco en las de ellos, que se sienten justamente defraudados y engañados, al no ver cumplidas las expectativas laborales y de un proyecto de vida que les habíamos prometido. Esta es la cruda y dura realidad, que sorprende mucho más todavía, si consideramos que hasta hace muy poco, los españoles nos identificábamos cada vez más como clase media y cada vez menos como clase obrera, como si fuera motivo de vergüenza el recibir tal denominación.

Las consecuencias de todo lo expuesto es que en muchas personas de esta clase media predominan unos sentimientos diversos: desorientación, al no entender lo que está ocurriendo; miedo aterrador ante el incierto futuro; insolidaridad que propicia el sálvese quien pueda, una fuerte desafección hacia la política y mucha indignación, puesta de manifiesto en las mareas multicolores. Todo ello debería tener un lógico reflejo en el plano político, algo que resulta difícil de predecir. En cualquier caso, lo que parece claro es que el voto moderado de una buena parte de las clases medias hacia opciones políticas conservadoras y centristas ya no está asegurado. O al menos no está tan asegurado como hace unos pocos años, en los que desempeñaban un papel equilibrador y moderador. No obstante, la historia nos puede proporcionar alguna luz. Tal como Ignacio Muro nos describe en un artículo La centrifugación ideológica de las clases medias, Whilhem Reich un analista de la Alemania de los años 30 del siglo XX, en su obra Psicología de masas del fascismo --deberían leerla nuestros dirigentes políticos-- concluyó que las clases medias pueden ser liberales o fascistas según las circunstancias. Tras conectar los efectos de la crisis del 29 y el ascenso de Hitler, deduce tres características específicas de las clases medias: el pavor al descenso social, identificado con el trabajo manual y un futuro peor para sus hijos, se convierte en una fuente inagotable de angustia. Ese miedo rompe cualquier equilibrio que las hacía parecer indiferentes o moderadas. Sometidas a esa presión, desarrollan, y ese es su segundo rasgo, una enorme energía política, una fuerza social más potente y activa en esas circunstancias, que las clases obreras. El tercero es que esa energía entronca con una estructura propensa a pivotar en torno a un núcleo subjetivo de ideales abstractos y morales (nación, familia, dignidad, religión) presentados con coberturas emocionales que pueden ser fuente, también, de intensos rechazos (fobias, rencores y odios).

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y las cosas han cambiado. Mas la crisis actual y la del 29 tienen muchos rasgos en común. No deberían caer en saco roto estas advertencias de la historia

 

23/03/2013 19:05 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El desempleo: un drama rutinario

                

 

Eurostat acaba de revelar que España ha superado los 6,1 millones de parados, una tasa del 26,6 %, la más alta de los Veintisiete. En cuanto al juvenil  el  57,6%. Estos datos además de rutinarios, son dramáticos. No solo no se reducen sino que se incrementan inexorablemente. Ya no son noticia. Nos hemos acostumbrado. ¿Este calvario tendrá fin algún día? Es lamentable que nuestros gobernantes ya no se sientan obligados a explicarlos. Poco ha, alguien del Ministerio de Trabajo, aparecía en los medios de comunicación para justificarlos, argumentando que era el final de la campaña de la vendimia o del turismo. O cualquier otra razón. Ahora nadie aparece. ¿Qué va a decir? Mas como todo es susceptible de empeorar, lo más grave está por llegar. En los medios de comunicación, más de lo mismo: despedidos 16.000 trabajadores de la banca, 2.800  de Iberia, 900 de TeleMadrid… Los populares nos avisan de la futura reforma de la administración. ¿Qué se esconde tras este eufemismo? Más empleados públicos a la calle. Y tiro porque me toca. ¿Llegaremos a los 7 millones?

¿Ya no hay otra alternativa que el despedir trabajadores en una mala situación económica presente o futura tanto en el sector privado como en el público? Por lo que parece, no. Tampoco requiere mucha imaginación, ni tampoco preparación académica el despedir trabajadores. Eso lo sabe hacer cualquiera. Cuando un empresario “no tiene beneficios o expectativa de ellos”, coge la lista de trabajadores y los más díscolos  a la puta calle. Entraría en la lógica que ante esta dinámica de destrucción de empleo en el sector privado, el público la contrarrestara manteniendo o creando puestos de trabajo. Muy al contrario. Es una auténtica máquina de destrucción masiva de empleo. Con el pretexto de hacer ajustes fiscales, por motivo de la deuda, en buena parte odiosa, se eliminan miles de empleados públicos. Para eso sobran ministros y secretarios de Economía, y sus numerosos asesores. Para ese viaje no se necesita ni media alforja. Eso sabe hacerlo un alumno de 1º de Bachillerato matriculado en Economía. Mas hace ya años que siempre se rompe la cuerda por el punto más débil. Tengo la impresión de que los ejecutores del sector privado y del público de estas draconianas medidas, nunca piensan en que sus efectos recaen sobre personas, que no son simples números en una estadística. Son seres humanos, que tienen unas necesidades básicas, familiares y sociales, no son una mera fuerza de trabajo que se coge o se tira sin contemplaciones.

El paro, su existencia y magnitud es la mayor manifestación del fracaso de las medidas económicas puestas en marcha para salir de este pozo. Es irrelevante, que nuestra constitución diga  que los poderes públicos realizarán una política orientada al pleno empleo. Keynes mostró su convicción en el poder de las ideas, persuadido que se paga un alto precio por las falsas y que las adecuadas  son aquellas que ayudan a resolver  los dos problemas más acuciantes de su tiempo: la pobreza y el desempleo.  Palabras claras.

Lo que parece claro es que el desempleo en España es el mayor problema. No es el déficit. Personalmente lo tengo claro. Mas  para aquellos que no comparten mi opinión les recomendaría la lectura del discurso titulado Empleo y Bienestar, pronunciado por Olof Palme el 3 de abril de 1984 en la Universidad de Harvard. Comenzó haciendo una referencia a otro discurso, el de Bruno Kreisky líder del Partido Socialdemócrata austríaco, en el que este habló del problema del desempleo, que según las previsiones iría in crescendo, y admitió su gran preocupación por un encuentro en Washington con representantes del Banco Mundial y del FMI. El presidente de este último, Jacques de Laroisiere dijo que para consolidar la expansión económica se debían tomar las siguientes medidas: reducir la inflación, disminuir el déficit público, cambios estructurales en la industria, liberalización económica. No dijo nada sobre qué había que hacer para reducir el desempleo. Ni siquiera lo mencionó.

 

            Palme señaló que el primer objetivo de su política era corregir el desempleo por tres razones.  En primer lugar, porque suponía un terrible despilfarro el tener los medios de producción infrautilizados  en todo el mundo, cuando existen muchas necesidades humanas insatisfechas.  En segundo lugar, el desempleo significaba sufrimiento humano, ya que el trabajo está relacionado con valores como la confianza en uno mismo, con la dignidad humana y el sentido de la vida. Por ello, su existencia suponía un incremento de los índices de mortalidad, la mala salud, los suicidios, muchas familias rotas, el incremento de la prostitución... En tercer lugar, porque su expansión masiva suponía una amenaza cierta para la democracia. El desempleo mina el cimiento sobre el que debe levantarse una sociedad democrática. Cuando la gente intenta conseguir un trabajo para integrarse en la sociedad, no hay sitio para ellos, por lo que amargados y desesperados pierden la confianza en la democracia y en  su armazón institucional.

Como acabamos de ver, estas palabras de Palme de hace 20 años no han perdido actualidad. Son muy claras, además de convincentes. El problema estriba en que este tipo de verdades no son expuestas muy a menudo hoy en día. Necesitan ser repetidas, para que no caigan en el olvido. Las comparte cualquier ciudadano dotado con ciertas dosis de sentido común y de solidaridad, aunque no sé  si en este colectivo está  incluida nuestra clase política.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

23/03/2013 19:07 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Hubo una vez que....

          Llevo 15 días seguidos pasando muchas horas en el Hospital Clínico “Lozano Blesa” de Zaragoza, como consecuencia del internamiento de un familiar directo, que ha tenido que verse sometido a una operación quirúrgica muy compleja, y que por su avanzada edad se ha complicado su proceso postoperatorio. Permanecer sentado en una silla a la cabecera de la cama de un enfermo durante largos períodos de tiempo, observando el sufrimiento humano te genera todo un conjunto de reflexiones. En esta vida acelerada y tan problemática permanecemos al margen, probablemente por un equivocado e injustificado instinto de supervivencia, de determinadas realidades presentes y vinculadas con nuestra naturaleza humana, como la enfermedad, el dolor y la muerte.

 La estancia se desarrolla en la planta primera de angiología y cirugía vascular, donde he podido observar que muchas personas, mayoritariamente de edad avanzada, aunque no escasean jóvenes, tienen que someterse a amputaciones diversas como consecuencia de la maldita diabetes. Hay otros que son operados por distintas razones, como trombosis, arteriopatías, aneurismas, isquemias, varices, colocación de marcapasos, etc. Hay determinadas circunstancias que me han impresionado profundamente. El ingreso a la habitación del enfermo acompañado por sus familiares con rostros profundamente preocupados. Los instantes previos y el momento que se llevan al enfermo al quirófano son dramáticos. Las larguísimas horas de familiares y amigos en la sala de espera para conocer los primeros resultados. El retorno a la habitación tras la operación en una camilla poblada con los abundantes e inevitables goteros. Y luego los largos y penosos días y, las interminables noches de recuperación, que no siempre tienen un buen final. Si los días se prolongan, tienes tiempo para entablar amistades con muchas personas. Enfermos, de los que vas constatando su evolución sobre todo por los rostros de los familiares, y que te van contando los días para retornar a su domicilio, según las previsiones de los médicos. El momento que reciben el alta médica es una auténtica explosión de alegría. También, hay otros casos, que tienen un fatal desenlace, como el que presencié de una compañera de habitación de mi familiar, que supuso un auténtico drama para todos los familiares, con uno de los cuales, un hijo de nombre Ramón, natural de Laspuña de la comarca de Sobrarbe, tuve largos diálogos, por lo que pude conocer que había trabajado en el Parador de Bielsa, mas al no gustarle la vida sedentaria, cambió el trabajo más dinámico, el de limpiar el bosque y los caminos en un pueblo del Pirineo aragonés. Otra compañera de habitación, realmente encantadora, natural de Maluenda tuvo mejor suerte de una operación de varices. Los cuidadores/as de los enfermos mayoritariamente inmigrantes que realizan una labor encomiable y agotadora, no suficientemente reconocida ni humana ni económicamente. En las largas horas de espera de pasillo he podido conocer a tres chicas, una de Honduras y dos de Nicaragua, así como un chico de Costa Rica. Me han contado algunas hechos relacionados con sus trabajos, que como español he sentido profunda vergüenza. A una de ellas, le he recomendado un artículo mío titulado ¿Somos racistas los españoles?  Presta lo ha leído en su portátil, que lo utiliza para matar el tiempo. Su respuesta no me parece pertinente exponerla. Uno de los enfermos de nombre Ángel y natural de La Almunia de Doña Godina, que lleva esta vez un mes aunque ya ha estado internado otras ocasiones, es conocido por todo el personal sanitario, y que debe  realizar por imperativo médico  numerosos paseos por el pasillo de la planta con el inevitable gotero rodado, sobresale por su simpatía y su paciencia a la hora de soportar la larga estancia.  Nos hemos contado todo tipo de chistes. Ya se nos han agotado. He bromeado con el sobre las comidas, preguntándole si le habían dado huevos fritos con chorizo, judías secas con oreja, rabo de toro, todo acompañado del vino Señorío de Maluenda.

He dejado a propósito para el final el personal trabajador del Hospital. Desde el mismo ingreso su trato y atención humana y profesional han sido exquisitos. Los médicos explicándote con gran tacto el proceso de la enfermedad. Las  diferentes enfermeras día y noche  tratando con gran cariño  a los enfermos, a veces difíciles al estar aquejados de problemas psicológicos. Su presencia ha sido permanente cambiando goteros o las sondas; calmantes como paracetamol o dolotil,  midiendo la tensión, la temperatura o el azúcar. Las auxiliares cambiando los pañales y la ropa varias veces.  Las limpiadoras dejando unas habitaciones y pasillos impecables. He podido constatar la cantidad de aparatos y de medicamentos muy costosos que se están utilizando para superar la enfermedad. Como no podía ser de otra manera, me he reafirmado en la convicción que ya tenía muy clara: el Servicio Nacional de Salud, es la auténtica joya de la corona de nuestro Estado de bienestar, del que todos los españoles sin discriminación alguna en condiciones de igualdad podemos disfrutar en un autentico ejercicio de solidaridad de toda la ciudadaníal. Por ello, me resulta harto difícil de entender  la enfermiza obsesión de nuestra actual clase política dirigente en privatizar la sanidad pública. Que no nos vengan con milongas. En absoluto, su pretensión es proporcionar un mejor servicio a la ciudadanía. Lo que hay detrás, es tan claro como el agua cristalina: hacer negocio con un derecho fundamental, ya que son 70.000 millones el presupuesto sanitario. Es una tarta muy apetecible para capitales ávidos de inversión. Está en nuestras manos el impedir que esa cuadrilla de desalmados consigan sus espurios objetivos. Si les dejamos hacer, es probable que en un futuro no muy lejano nos veamos obligados a contar a nuestros nietos: hubo un día que los españoles dispusimos de uno de los mejores servicios de sanidad pública del mundo.

23/03/2013 19:09 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA BATALLA DE MADRID

                                             

 

Nunca habían alcanzado tal magnitud las movilizaciones de los profesionales y de la  sociedad civil, en defensa de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, contra el proyecto del PP de externalizar (privatizar)  la gestión sanitaria de seis hospitales, y de una parte de los centros de salud; y la implantación del euro por receta. La batalla que se está dilucidando aquí es fundamental, de su desenlace depende el futuro en el resto del Estado. Los sanitarios madrileños han estado varias semanas de huelga. Se han  producido dimisiones de las juntas técnico asistenciales y de de las comisiones de los hospitales públicos. Ha habido encierros, manifestaciones, concentraciones, vigilias, etc. Todas las fuerzas políticas de la oposición han estado en contra. A pesar de este impresionante movimiento de protesta, al gobierno del popular, Ignacio González,  le ha dado igual y ha tirado para adelante con su proyecto. Hay muchos intereses económicos detrás.  La Asamblea de Madrid el 27 de diciembre aprobó la Ley de Medidas Fiscales y Administrativas de la Comunidad de Madrid para 2013, que avanza en la externalización sanitaria. El mantenimiento del conflicto es complicado por los descuentos, que no todos pueden asumir, así como por la presión de la sociedad, al verse privada de la asistencia sanitaria. La capacidad de aguante del gobierno de González es mucho mayor, desde un despacho es cómodo aguardar el agotamiento de las protestas. El tiempo juega a su favor. Además ha echado leña al fuego al declarar que se debía regular el derecho de huelga, porque se está perjudicando a los madrileños que pagan con sus impuestos el servicio sanitario. Ha acusado a los médicos de hacer un mal uso  y abusivo del derecho de huelga.  No entiendo qué significa eso de hacer mal uso y abusivo de un derecho constitucional. Mas como lo tienen tan claro los populares no rectifican. Cuando tienen el poder van a saco. La izquierda cuando lo tiene es modosita. No se les puede acusar de incoherentes.  Como nunca han creído en “lo público”, su objetivo es erosionarlo, masacrando a los empleados públicos con la finalidad de desanimarlos-lo están consiguiendo-, con la falsa justificación de su alto costo, y así transferir al sector privado, con el argumento de su mayor eficacia, servicios públicos como educación, sanidad o asistencia social, que pueden reportar pingües beneficios a empresas vinculadas con las cúpulas dirigentes del PP.

 Su falta de respeto con los empleados públicos no tiene nada que ver con la herencia recibida. En relación al menor costo de la privatización, numerosos estudios demuestran que cuando se privatiza la prestación de un servicio público hay que pagar, además del coste del mismo, el beneficio del que lo presta. Esto encarecerá su coste, a no ser que la empresa privada tome medidas para rebajarlo, como pagar menos a los trabajadores, reducir personal, o que sea menos cualificado, limitarse a aceptar usuarios que no sean caros o proporcionar solo prestaciones baratas. Esto es tan claro como el agua cristalina. En cuanto a la mayor eficacia del sector privado, según Joan Benach, profesor en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, de  acuerdo con la  investigación científica y la propia OMS, la sanidad pública es más equitativa (sobre todo cuando tiene financiación suficiente finalista), eficiente (sobre todo si se impulsa la atención primaria) y tiene más calidad que la privada (con las excepciones del confort y el tiempo de espera). Otra cosa es cuando se recortan recursos humanos y materiales con el objetivo planificado de dañarla por parte de aquellos dirigentes que deberían defenderla. No deberíamos olvidar que los sistemas sanitarios público y privado funcionan como “vasos comunicantes”: para que el privado tenga posibilidades de lucro primero hay que desprestigiar, debilitar o “destrozar” al público. Objetivo que lo están consiguiendo en Madrid, ya que cuantos más días dure el conflicto sanitario, más gente recurrirá a la sanidad privada. Argumento extrapolable al ámbito educativo. Que no nos vendan la milonga de que la privatización es para proporcionar un mejor servicio a la ciudadanía.

Este enfermizo afán por privatizar lo público es tan intenso, que de no surgir una presión fuerte de la sociedad civil- tengo mis dudas de que sea consciente de lo que está en juego- en conjunción con los empleados públicos, liderada por toda la izquierda política y sindical, en el futuro veremos la privatización del Palacio de la Aljafería, del Parque Nacional de Ordesa, del Instituto “Goya” o del Palacio de Capitanía General. Tiempo al tiempo. No me sorprenden estas políticas del PP,  hacen lo que llevan en su ADN. Lo que si me sorprende es que a muchos de sus votantes, entre ellos muchos empleados públicos, les han cogido de sorpresa estas políticas. De no evitarlo, se va a pasar en menos de 100 años a que el pronóstico de la izquierda revolucionaria de desaparición del Estado lo haga la derecha ultraliberal. Acabo con un aviso a navegantes, extraído del extraordinario libro Algo va mal de Tony Judt: Edmund Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa ya nos advirtió "Toda sociedad que destruye el tejido de su Estado no tarda en desintegrarse en el polvo y las cenizas de la individualidad. Al eviscerar los servicios públicos y reducirlos a una red de proveedores subcontratados hemos empezado a desmantelar el tejido del Estado. En cuanto al polvo y las cenizas de la individualidad, a lo que más se parece es a la guerra de todos contra todos de la que hablaba Hobbes.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

23/03/2013 19:10 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La encrucijada del PSOE

                                 

 

La situación política en la España actual es extraordinariamente dramática. Todas las decisiones del gobierno de Rajoy, que siguen a rajatabla en sus respectivos territorios los barones del PP, van en una dirección: desmantelar nuestro incipiente Estado del bienestar, así como la anulación de los derechos sociales y económicos, reconocidos en nuestro texto constitucional. Se está implantando una crisis completa, no solo económica, es una crisis política, es una crisis cultural, es una crisis moral, es una crisis antropológica. Esta crisis culmina lo que para Josep Ramoneda es el desastre moral de los últimos 30 años, que es el nihilismo y la creencia de que todo está permitido. Esta cultura nihilista, explica que el presidente de una comunidad autónoma diga que “Rajoy no ha cumplido con sus compromisos electorales pero está cumpliendo con su deber”.” Nadie podía llegar a pensar, hace unos años, que pudiéramos llegar a tal situación.

Me parece muy  grave también el  que no haya una alternativa creíble y contundente del principal partido de la oposición. Hoy los dirigentes del PSOE, además de administrar y repartirse las escasas migajas tras las sucesivas y contundentes derrotas, dan la impresión de estar ejerciendo una oposición insustancial e intrascendente, tratando de cubrir el expediente. Se limitan a presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el euro por receta; a mostrar su apoyo a las diferentes mareas; a defender, aunque sin mucha convicción, políticas de crecimiento frente a las de austeridad para generar empleo, sin que nadie sepa cuáles son; a oponerse a las tasas judiciales. Y no mucho más. Eso sí, están reflexionando. Pues, a reflexionar toca, mas cuando acaben de  reflexionar, la situación de España será ya irreversible. Como señala un militante del PSOE de Madrid-PSM, Enrique del Olmo en un artículo clarificador PSOE: Prudencia y Temeridad “Los datos electorales, las encuestas, la sensación de la calle, las bajas de militancia,…todo, absolutamente todo, muestra la perdida de peso social del Partido Socialista, la baja credibilidad que para la ciudadanía tiene lo poquito que dice. Ya no es que se esté de acuerdo o en desacuerdo, es que ni siquiera se le presta atención”. No anda descabellado. En definitiva para comenzar a ser escuchado por la sociedad española debería además de reconocer los errores cometidos, construir un relato político claro, creíble, alternativo y socialista. Tarea no fácil, teniendo en cuenta que  nuestra presencia dentro de la Unión Económica y Monetaria impone muchas dificultades para unas políticas genuinamente socialdemócratas. Veámoslo.

 

             Tal como señala Ignacio Urquizu, en su libro ¿La crisis de la socialdemocracia: qué crisis? el diseño institucional de la Unión Europea se hizo desde un planteamiento neoliberal. El Tratado de Mastricht que sirvió para la creación de la Unión Económica y Monetaria(UEM),  estableció ya unos criterios de convergencia para entrar en ella, desde una concepción claramente monetarista, con unos límites rígidos del déficit y deuda públicos, de la inflación y tipos de interés, sin que les preocupará, por ejemplo, las tasas del desempleo. A partir de 1999 comenzó a operar en los mercados financieros el euro, sustituyendo a la Unión Monetaria Europea, aunque no entró en circulación hasta enero de 2002.

 

La política monetaria de la (UEM) la ejecuta el Banco Central Europeo (BCE), ubicado en Fráncfort, cuya principal función es controlar la inflación. Su sede y su principal objetivo es una prueba palpable del  poder de Alemania sobre el BCE. Por otra parte, su funcionamiento adolece de una serie de problemas. No tiene las funciones de la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco de Inglaterra, no siendo en última instancia el prestamista de los países de la UEM. Esto significa que cada país emite deuda pública de forma individualizada y no puede acudir al BCE como prestamista. Esta situación genera una serie de disfunciones, entre ellas el que el  coste de financiación de las diferentes deudas públicas sea profundamente dispar, especialmente desde el inicio de la crisis del 2008, con el consiguiente quebranto para la economía de países, como España, Italia, Grecia o Irlanda.

 El estricto control del déficit y deuda públicos impuesto por la UEM supone una gran limitación para que el Estado pueda usar del gasto público, política genuinamente socialdemócrata, como medida para combatir la crisis económica. Igualmente la obsesiva preferencia del BCE por el control de la inflación en lugar del desempleo, planteamiento claramente de derechas, se contrapone al socialdemócrata, cuya preocupación prioritaria es el paro en lugar de la inflación. Por todo ello, los partidos socialdemócratas dentro de la UEM se han visto imposibilitados de llevar a cabo sus propias políticas, algo comprobado empíricamente. De aquí que de mantenerse el mismo diseño institucional de la UEM, si en España estuviera hoy gobernando el PSOE no podría llevar a cabo una política muy diferente a la de los recortes del PP. La única opción posible para corregir el déficit sin recortes sería una política fiscal más progresista, haciendo pagar más a las grandes fortunas, a las Sicavs, tasa a las transacciones financieras, persecución del fraude fiscal. Mas sería previsible que de tomar esta opción, muy pronto se produciría huída masiva del capital, caída drástica de la inversión y rápida subida de la prima de riesgo. Con el capital no hay quien pueda.

Como conclusión, el margen de maniobra del PSOE visto el corsé del diseño institucional de la UEM es muy pequeño. Por ello, de no producirse un movimiento conjunto de toda la socialdemocracia para modificarlo, todo seguirá igual.

Publicado en El Periodico de Aragón 26 de enero 2013

Cándido Marquesán Millán

23/03/2013 19:11 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LIBROS A 20 CÉNTIMOS

                                            

 

 

Una de las costumbres que suelo practicar es visitar tiendas de compra-venta de artículos de segunda mano, donde puedes encontrarte cualquier cosa. Y más todavía en estos momentos de crisis, ya que muchos ciudadanos, con predominio de población inmigrante, malvenden diferentes utensilios, aceptando cualquier precio por irrisorio que sea. Hay de todo: coches de bebe, bicicletas, ordenadores portátiles, relojes, joyas, guitarras españolas y eléctricas, baterías, CDs de música, telescopios,  televisiones, libros…

            Acostumbro a ir directamente, debe ser por deformación profesional, al fondo donde en un maltrecho y desvencijado cajón, en un auténtico revoltijo, se exponen libros. Hace aproximadamente un mes, tras mucho rebuscar, tuve la suerte de encontrar uno de Javier Delgado Echevarría, titulado Uno de los Nuestros. Memorias de un joven comunista (1969-1979), con una edición impecable y que forma parte de la colección Biblioteca Aragonesa de Cultura, que dirigió el catedrático de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Zaragoza, Eloy Fernández Clemente. La obra es un relato extraordinario de una persona muy implicada políticamente en la Zaragoza de los años setenta, donde desfilan personajes diversos de la política, de la sociedad, de la economía y de la cultura aragonesa. Hay un capítulo que he leído con especial interés, el dedicado al Instituto Goya, donde aparecen mis antiguos e inolvidables profesores de Lengua Griega, D. Serafín Agud; y de Lengua Latina, D. Manuel Gormaz. Es una obra muy bien escrita, y que todo aquel que quiera tener un conocimiento de estos momentos tan interesantes de la Transición en Zaragoza debería leer. Mas no quiero insistir en las excelencias de la obra, que las tiene. Retorno a la tienda. Una vez me apoderé del libro, fui al mostrador ufano y feliz, y pregunté sobre su precio. Y me quedé estupefacto, cuando un dependiente me respondió con amabilidad: 30  céntimos. Los pagué religiosamente, mas al salir a la Avenida Valencia, me sentí profundamente compungido. ¿Cómo es posible que un libro de esta categoría pueda tener este precio? Obviamente, pensé que en este sistema capitalista todo se rige por la ley de la oferta y la demanda. Esta es la realidad. Mas también me hice otra pregunta, ¿qué habrá pagado la tienda al ciudadano que llevó el libro? No quise ni pensarlo, aunque en esos momentos me vino a la memoria que en una librería de unos Grandes Almacenes poco ha, los libros se vendían a peso, como las patatas, o los melocotones. Me sobrevino también la idea de qué podría pensar el autor del libro, con el esfuerzo que hay detrás, al enterarse del precio.

            Hace unos días, retorné a la tienda comentada. Hice lo mismo. Y de nuevo fui agraciado, ya que encontré el libro Poesía de la Guerra Civil Española 1936-1939, edición de César de Vicente Hernando, publicado por Ediciones Akal, muy bien encuadernado, con más de 400 páginas y unas ilustraciones bellísimas. Tras echar una ojeada rápida, me preparé los 30  céntimos, mas cual no sería mi sorpresa, cuando me dijo esta vez otro dependiente, que el precio era de 20  céntimos. Me guardé los 10 céntimos en el bolsillo y salí presto de nuevo a la Avenida Valencia. No muy lejos de allí, suelo tomar café en el Bar Artigas, donde en el mostrador podemos observar una auténtica explosión pantagruélica del buen comer con  tapas y raciones suculentas,  por lo que suele estar concurridísimo a todas horas y especialmente a la del vermut. Mientras tomaba el café, les dejé a 3 jubilados conocidos el libro, que se pusieron a leer y comentar algunas de sus poesías. A la media hora, tuve que marcharme y me lo devolvieron, no sin antes comentarme que les había encantado. Una vez en casa, pude disfrutar con la lectura de algunas de sus poesías. Las había de Vicente Alexaindre, Rafael Alberti, Antonio Machado, Miguel Hernández, Luis Rosales, Ramón Gaya, y también de José María Pemán… y bastantes anónimas. Me encantaron entre ellas una de Antonio Machado titulada El crimen de Granada, dedicada a Federico García Lorca, del que no me resisto a reflejar la primera estrofa: Se le vio caminado entre fusiles,/ por una calle larga,/ salir al campo frío,/ aún con estrellas, de la madrugada./Mataron a Federico,/ cuando la luz asomaba./ El pelotón de verdugos/ no osó mirarle a la cara./ Todos cerraron los ojos;/ rezaron: ¡ni Dios te salva! / Muerto cayó Federico/ sangre en la frente y plomo en las entrañas. / Que fue en Granada el crimen/ sabed-¡pobre Granada!- , en su Granada… No menos extraordinaria me pareció una de Vicente Alexaindre, titulada Oda a los niños de Madrid muertos por la metralla, que dice así: Se ven pobres mujeres que corren en las calles/ como bultos o espanto entre la niebla ./ Las casas contraídas,/ las casas rotas, salpicadas de sangre:/ las habitaciones donde un grito quedó temblando,/ donde la nada estalló de repente,/ polvo lívido de paredes flotantes,/ asoman su fantasma pasado por la muerte./ Son las oscuras casas donde murieron niños./ Miradlas. Como gajos/ se abrieron en la noche bajo la luz terrible.. Otra que me ha impresionado es de Miguel Ángel Alonso titulada Han matado al maestro. Y me ha sorprendido gratamente una poesía anónima titulada La Colectividad Confederal de Ballobar.  Llevo ya varios días disfrutando como un niño, con este libro.

            Mal van las cosas en un país en el que los libros se venden a 20 céntimos y a peso, y además se cierran librerías. En la Plaza San Francisco la librería Pórtico, aunque se trasladó a la calle Pedro Muñoz Seca. En el Paseo de la Independencia la librería Lepanto. En el primer caso se reconvirtió en un restaurante y en el segundo en una camisería. Esto es lo que hay. Por lo que parece, no debe ser negocio en este país vender libros. En esta España nuestra, ciudadano español, si quieres ganar pasta no montes una librería, y sí en cambio, un bar, una taberna o un pub, aunque estos con la crisis actual también entran en quiebra. Como señala Francisco Gavilán en su libro  Guía de malas costumbres españolas,  que se cierren librerías, no significa que no nos creamos los más cultos, los más sabios, ya que no hay tema alguno que se nos resista, cuando de hablar se trata. Somos tan cultos porque somos los padres de El Quijote, el libro que más citamos, pero que menos hemos leído. Los españoles, si acaso, parecemos más interesados en el libro, cuando nos llega por vía gastronómica. Parece ser la mejor manera de atraer nuestra atención. No hacia las tapas del libro, sino hacia lo que se sirve después de su presentación. Los canapés, pinchos de tortilla, tacos de queso, y las insustituibles croquetas, junto con el vino blanco o tinto, se convierten en el mejor estímulo para convencer a la prensa, los amigos, y  hasta a los enemigos, de que los libros son los más adecuados para enriquecer nuestras bibliotecas. Mas los españoles estamos más interesados en llenar nuestros estómagos que nuestras bibliotecas. Digerimos mucho mejor la croqueta que la lectura de cualquier libro. Por eso las presentaciones de libros o exposiciones en cuyas invitaciones aparezcan epígrafes como éstos: “Habrá cóctel”, “Se servirá un aperitivo”, “Se ofrecerá un vino español”, suelen tener el éxito asegurado, y es, probablemente, de los escasos ritos en los que los españoles nos olvidamos de nuestra proverbial impuntualidad.

 

            Leemos poco, pero en una especie de juego de sociedad para quedar bien, acostumbramos a barajar algunos títulos propiciados por la publicidad. Citamos cuatro o cinco títulos y se le pone a uno la cara de culto. Otras veces replicamos, para  autoexculparnos, que los libros son caros y que no tenemos tiempo para leer. Son excusas. Somos refractarios a la lectura. Y con este proceder echamos a perder uno de los mejores instrumentos para llenar las largas horas de tiempo libre en esta sociedad del ocio. Cuando se coge afición por la lectura, de verdad,  es tal el disfrute que ya no se puede renunciar a ella. 

 

.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

23/03/2013 19:12 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UN QUIJOTE SIN CELADA

                                             

 

 

 

Uno de los políticos más destacados en la Historia de España, ha sido Manuel Azaña. Tuvo muy claro cuáles eran los males endémicos que aquejaban al organismo español. Supo diagnosticarlos y tuvo soluciones. “Fue el hombre destinado por la historia a poner en marcha todo el enorme potencial transformador y utópico implícito en el régimen republicano. Ese fue su error-escribe Araquistaín- su bella utopía republicana”

Fue también un extraordinario parlamentario. A juicio de Salvador de Madariaga: “Azaña ha sido el orador parlamentario más insigne que ha conocido España.” Sus discursos tienen profundo calado político, así como belleza y trabazón formal. Destacan los pronunciados en las Cortes: el 13 de diciembre de 1931 sobre Política religiosa; el 2 de diciembre de 1931 sobre Política Militar; el 27 de mayo de 1932 sobre El Estatuto de Cataluña; y el 18 de julio de 1938, en el Ayuntamiento de Barcelona,  titulado Paz, Piedad y Perdón. Ahora quiero referirme a otro, no tan conocido, pronunciado el 21 de abril de 1934  en la Sociedad del Sitio de Bilbao, titulado  Un Quijote sin celada, en el que brinda a su auditorio  unas hondas reflexiones de su conciencia como hombre político, sin preocuparle el orden, tal como le vienen a la mente. Como muy bien dice Santos Juliá, en el V Volumen de las Obras Completas de Manuel Azaña- , no hace ninguna reflexión sobre el trabajo político realizado hasta entonces, ni sobre la importancia de los partidos políticos en un sistema democrático, en este momento no quiere hablar de la política del día a día, ni proponer un programa de futuro, lo que pretende es charlar un rato con los socios  de El Sitio y compartir con ellos unas confidencias  sobre la emoción política como signo de una vocación.  Esa emoción procede de la observación de la realidad, siempre que de ella surja un movimiento interior de protesta. Así nace la emoción política y así se forja la personalidad del político: observar la realidad, protestar de la injusticia, y emplearse a fondo en la mejora. ¿Con qué medios? Azaña se pregunta. Ni lo sabe, ni le preocupa. La política es quijotismo y a Don Quijote los medios para conseguir un fin le resultaban irrelevantes.

Me parece un discurso impresionante, aun cuando puedan parecer deslavazados los pensamientos allí expuestos, hay detrás mucha experiencia y una profunda reflexión. Considero que en estos momentos en los que tan denostados y vilipendiados están los políticos, se corre el riesgo de que la actividad política se vea inmersa también en esta vorágine tan negativa, la cual no debemos olvidar, es probablemente la más sublime de todas, si se acude a ella con valores y principios, ya que sirve para engrandecer a un pueblo. Debería ser leído por todos aquellos que hoy trabajan en política. Les serviría de motivo para una profunda reflexión, además de recuperar su autoestima.

 Paso a  exponer a continuación lo principal de este discurso, que, repito, me parece excepcional.

Considera la política como la aplicación más amplia, más profunda, y más completa de las capacidades del espíritu, donde juegan más las dotes del ser humano, tanto las del entendimiento como del carácter. La política, como el arte, como el amor, no es una profesión, es una facultad, que no tiene nada que ver con la elocuencia, ya que ha habido eminentes políticos que no han dicho jamás esta boca es mía, y que hay ruiseñores y canarios de flauta que ha sido funestos políticos. La facultad política se tiene o no se tiene, y el que no la tenga, inútil será que se disfrace con todos los afeites exteriores del hombre político, y el que la tiene, tarde o temprano es prisionero de ella. Un hombre político tiene que sentir emoción delante de la materia política. La emoción política es el signo de la vocación, y la vocación es el signo de la aptitud.

 Los móviles que llevan a los hombres a la política pueden ser: el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse, el afán de mando, la necesidad de vivir como se pueda y hasta un cierto donjuanismo. Mas, estos móviles no son los auténticos de la verdadera emoción política. Los auténticos, los de verdad son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas. De la composición y combinación de los tres elementos sale determinado el ser de un político. He aquí la emoción política. Con ella el ánimo del político se enardece como el ánimo de un artista al contemplar una concepción bella, y dice: vamos a dirigirnos a esta obra, a mejorar esto, a elevar a este pueblo, y si es posible a engrandecerlo.

El problema de la política  es el acertar a designar los más aptos, los más dignos, los más capaces. Tarea ardua. Se fracasaba en los regímenes cuando el llamado a elegir el más apto era o la voluntad de un príncipe, o de la querida de un príncipe, o la del barbero de un príncipe. La democracia es probablemente y en teoría el mejor sistema para elegir a los más dignos. Aunque nunca es perfecta esta elección.

La profesión política es tarea sublime e importante, pero tiene sus servidumbres. Un político sufre en su actuación, algo que podríamos llamar una minoración, una mengua de su personalidad moral, y, en cierto modo una pérdida de su libertad. Esta circunstancia se da igual entre sus congéneres que entre los que no lo son. Delante  o en pugna con sus congéneres políticos, si le son adversos está aminorado y reducido y un poco esclavizado: o por la emulación que es en su origen legítima, pero perversa en sus modos; o por la aversión, porque se traslada al orden personal la inconciliable hostilidad de las tesis políticas; o por ser un estorbo, porque a primera vista lo primero que se dice de un político es que estorba, y siempre un político estorba a alguien o a algo. Y si se trata de congéneres adictos también sufre la misma mengua porque, por grande que sea su voluntad, es imposible que un político llegue a ajustarse exactamente a la línea media resultante del sentir, del pensamiento o de las esperanzas de las muchedumbres que le siguen. Cuando se muestra ante los indiferentes, la situación se agrava. Aquí  es hostilidad. Y si estos indiferentes son de alguna manera distinguidos en cualquier disciplina o aplicación del espíritu, entonces el político padece esta mengua: pasa por ser un hombre fanático. Sectario, ofuscado y, por consiguiente, mengua en su inteligencia; pasa por ser un hombre ambicioso, sediento de medro y, por consiguiente, mengua en su ser moral. Y si estos indiferentes pertenecen a la masa no distinguida, la posición del político es todavía peor, ya que provocará temor o aversión. Lo menos que se preguntaran es qué querrá este individuo de nosotros. Esta experiencia la tienen todos los políticos; es el ser más espiado, más juzgado, más escrutado, mas sometido a una crítica implacable. El político está siempre al borde del precipicio. Y si se cae, la gente dice: “Se le está bien empleado, era un majadero”. Esta situación del político les engendra un complejo de inferioridad, y por ello muchos políticos dicen que son otra cosa e insisten en que ellos a la política no le han dedicado sino los ratos perdidos de la ociosidad; y también se da el fenómeno inverso: que el que es otra cosa, o ha sido otra cosa, o sigue siéndolo, parece que no tenga derecho abandonarla para dedicarse íntegramente a la política. La política no admite experiencias de laboratorio, no se puede ensayar, es un caudal de realidades incontenibles, no admite ensayo, es irrevocable, es irreversible, no se puede volver a empezar. Además un hombre poseído de la emoción política necesita justificarse ante su conciencia y ante la historia. Ambas son relativamente fáciles. Pero hay otra justificación casi imposible, que es la actual, la cotidiana, frente a frente a las masas que esperan del político siempre algo. Y para justificarse ante ellas debe sacrificar frecuentemente su justificación ante su conciencia o la historia.

No me resisto a manifestar una profunda queja. Azaña todavía sigue enterrado fuera de su querida España, a la que tanto amó, mientras que otros, auténticos asesinos reposan en el centro de nuestra querida España en pomposos y solemnes mausoleos.  Este es el destino de nuestra Historia.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

27/03/2013 22:02 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris