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¿Hemos tenido alguna vez democracia en España?

                       

Todo lo que estamos viendo estos días relacionado con el caso Bárcenas ha puesto en evidencia que  hoy en España no tenemos democracia. Los populares podrán aducir lo que quieran, que es una campaña orquestada, que no ha existido financiación ilegal, y que todo en el PP es limpio y transparente.  Yo diría que este partido es lo más perecido a una fosa séptica. Todo huele a podredumbre. Las apariciones  de Dolores de Cospedal para justificar lo injustificable  son patéticas. Y la reciente intervención de Mariano Rajoy es lamentable, sin someterse a una conferencia de prensa con todas las de la ley.  No obstante, para mí lo que pueda decir este caballero, vista su utilización de la mentira como práctica política, me resulta irrelevante. No solo es mentiroso, también es cobarde. Un líder político, debe estar abierto a que los periodistas le puedan preguntar. ¡Qué menos!  Como muy bien dice un titular de la Voz de Galicia “El PP lo niega todo, pero sigue sin aclarar nada”. Parece evidente que el PP ha recibido “donativos” del mundo de la gran empresa, como también el PSOE y el resto de los partidos políticos, especialmente del sector inmobiliario, que han servido para pagar unos sobresueldos, en dinero negro, a los miembros destacados de la cúpula popular. Negar los hechos es un insulto a la inteligencia. Parece obvio, que si determinadas empresas hacen “donativos” a un partido político, o los bancos les hacen préstamos que luego condonan, es porque esperan sacar unos beneficios por ello. Nadie da nada por nada, a no ser que espere sacar algo a cambio.  Esto es corrupción. Pero lo más grave  es que además imponen a los respectivos gobiernos las políticas a aplicar en lo realmente importante, por lo que hoy en España no hay democracia. De esta cuestión hablaremos más adelante. Además, han incumplido la Ley Orgánica sobre Financiación de los Partidos Políticos vigente desde 1987 a 2007,  al haber superado las aportaciones a las permitidas y al ser empresas que, tenían contratos vigentes, estaban prestando servicios o estaban realizando obras o suministros a la Administración. Y no menos grave que con esos donativos se paguen unos sobresueldos a los dirigentes de un partido político, para no pagar impuestos a Hacienda. ¡Vaya ejemplaridad! En su extraordinario libro, Ejemplaridad pública, el filósofo Javier Gomá,  nos dice que toda vida humana es ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla.

Alguno podría pensar que la explosión de este escándalo se debe a un intento de regeneración ética de un medio de comunicación. En absoluto. Lo más probable es que todo se deba a luchas intestinas dentro del PP. Ya lo dijo en cierta ocasión Rodolfo Martín Villa “todo el mundo al suelo que vienen los nuestros”. Existen algunos miembros del PP muy poderosos que están interesados en desbancar a Rajoy. Me inclinaría a pensar que no anda muy lejos la ínclita lideresa, que accedió al poder de su comunidad en 2003, en el caso más grave de corrupción desde la instauración de la “democracia”, ya que como no entraba en sus planes de los populares la derrota electoral, volcaron las urnas. El PP madrileño compró a los diputados  Sáez y Tamayo, y eso es corrupción. Luego, al repetirse las elecciones la sociedad madrileña le dio la mayoría absoluta al partido corruptor.  Hay que recordarlo una y otra vez, ya que los españoles acostumbramos a ser muy olvidadizos, sobre todo, cuando nos conviene.

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Nos habíamos creído demasiado alegremente que teníamos un sistema democrático. Es cierto, que se celebraban elecciones tras unas campañas y unos programas electorales. Mas, todo se reducía a un simple recambio de las élites. Lo que para los observadores contemporáneos aparece como una batalla de intereses contrapuestos, que es zanjada por el voto de las masas, ha sido generalmente decidido mucho tiempo antes en un círculo restringido. Vamos a verlo.

Este sistema político, el peor exceptuados todos los demás, según Winston Churchill, como categoría política, en nuestra época está sometido a una contradicción, Por un lado, es el único régimen capaz de aspirar a la legitimidad. Ningún gobierno es aceptado si no se presenta ante la opinión pública como respetuoso del principio democrático. A la vez, las características que definen la democracia están en profunda crisis o amenazadas.

Tal como describe Gerardo Pisarello en su espléndido libro Un largo Termidor. Historia y crítica del constitucionalismo antidemocrático, si definimos democracia a grandes rasgos como un régimen basado en el sufragio universal, el pluralismo político, libertad de expresión, ideológica, de información; el gobierno de las mayorías en oposición al de unos pocos o uno solo; y capaz de maximizar la autodeterminación política con el respeto a las minorías; si evaluamos la salud de la democracia a través de estos elementos, tenemos que concluir que no disfruta de una buena salud.

El ejercicio del sufragio, a pesar de su generalización, tiene claras deficiencias. No pueden ejercerlo los jóvenes menores de 18 años, los inmigrantes- más del 10% del total; además de un alto porcentaje de abstención, todo un síntoma de desafección, de más del 30% en las últimas elecciones generales del 20-N. La desafección está acompañada en España por un sistema electoral injusto muy poco proporcional, instaurado en la Transición como un filtro para que determinadas fuerzas no llegaran a las instituciones y si lo conseguían con una representación muy inferior a su fuerza real; así como también para potenciar el voto útil o de centro político, en el que los elegidos suelen ser reclutados en las clases medias o altas, y con orientaciones políticas moderadas. Si ese filtro de la ley electoral no es suficiente, para ello está la articulación de los partidos políticos y la manipulación de la opinión pública. El mundo financiero y empresarial es clave en la creación, sostenimiento y financiación de los grandes partidos, por lo que, si estos llegan al gobierno, le proporcionan subvenciones, prebendas y favores sin cuento; e incluso, incumplen sus programas electorales para responder a sus solicitudes.  Lo estamos constatando en España. Según Josep Fontana la "United States Chamber of Commerce", la mayor federación empresarial del mundo, financió las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal Supremo. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington”. Aquí  en España conocemos cómo el mundo empresarial y financiero sufraga también las campañas electorales. Cualquier gobierno en España responde a las directrices de esta élite financiera-empresarial, haciendo caso omiso de los intereses de la ciudadanía. Los políticos se convierten en los mayordomos del gran capital, por lo que luego al abandonar la política son generosamente recompensados. Debido a la interconexión entre el mundo de la política con el financiero y empresarial, se produce el efecto "puerta giratoria": directivos del sector financiero o empresarial ocupan puestos políticos clave, y a la inversa. Prestigiosos” políticos forman parte como consejeros o asesores, con remuneraciones suculentas, de los consejos de administración de las grandes empresas, de los bancos, como pago por los servicios prestados.  Ángel Acebes es consejero de Iberdrola, y durante el primer semestre del 2012, por el trabajo de dos meses, periodo en que se celebraron dos consejos de administración y una junta general de accionistas, percibió 145.000 euros. Iberdrola Ingeniería fichó como consejero al marido de Cospedal, Ignacio López del Hierro. Endesa a Miquel Roca Junyent. Gas Natural y Endesa a Felipe González y José María Aznar por lo que cobrarán respectivamente 126.500 euros al año, y 200.000.  De ahí que Antoni Doménech, catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Barcelona haya dicho: “Las democracias actuales se enfrentan a poderes privados neofeudales más grandes y poderosos de lo que soñaron las más codiciosas dinastías empresariales de la generación de nuestros ancestros” Como prueba de ello: a finales de los 90 el presidente de Mercedes Benz, advirtió expresamente a Schröder que trasladaría toda su producción a los EEUU, de concierto con el gigante automovilístico Chrysler, para conseguir del canciller la destitución fulminante de su ministro de Hacienda, Oskar Lafontaine (quien narra el episodio en sus ácidas e instructivas memorias).

La libre circulación de ideas y opiniones se ve amenazada por los grandes medios de comunicación cada vez más concentrados y vinculados con los poderes financieros y empresariales, que al alcanzar tanto poder, pueden contrariar o delimitar la soberanía expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia, de ahí que el profesor Ferrajoli, les denomine poderes salvajes. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega “tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez, una gran resistencia a las imposiciones del poder político”. Un buen ejemplo de lo dicho podría servir el caso de Berlusconi, que llegó al poder al amparo de la propiedad de grandes medios de comunicación. En los consejos de casi todos los grandes medios de comunicación se sientan directamente consejeros del sector financiero, circunstancia que mediatiza la libertad de expresión de muchos periodistas. Lo mismo ocurre en cuanto a control por parte del mundo empresarial y financiero del mundo académico.

Si el ejercicio democrático la extendemos fuera de la política, al ámbito del trabajo, los barrios o las asociaciones civiles, el panorama es igualmente negativo. Por tanto, estamos viviendo en una democracia de baja intensidad. O, si se prefiere, en regímenes mixtos en el que el principio democrático va a remolque del oligárquico y en los que se aceptan las libertades públicas siempre que no traten de controlar los poderes de los mercados. Es evidente que el capitalismo concibe a la democracia como un instrumento de acumulación; si es preciso, la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficiente, prescinde de ella (el caso de China). Según Boaventura de Sousa Santos “en los últimos treinta años las conquistas logradas han sido cuestionadas y la democracia, últimamente, parece más bien una casa cerrada y ocupada por un grupo de extraterrestres que decide democráticamente sus propios intereses y dictatorialmente los de las grandes mayorías. Un régimen mixto, una democradura. Hay que Democratizar la democracia, porque la actual se ha dejado secuestrar por poderes antidemocráticos. Es necesario evidenciar que una decisión tomada democráticamente no puede quedar anulada el día siguiente por una agencia de calificación o por una bajada en la cotización de las bolsas o por las declaraciones del ínclito Draghi, por cierto banquero. Por todo lo dicho me parecen muy oportunas las palabras expresadas por Joaquín Estefanía en un reciente artículo titulado La democracia aletargada “Si el partido que aspira a gobernar tiene que ocultar su verdadero programa porque de conocerlo los ciudadanos no le votarían; si el Gobierno de turno debe renunciar a sus propuestas y seguir la única senda posible que se le impone desde fuera (desde instancias políticas alejadas, desde los mercados,…), empieza a ser un misterio por qué alguien se tomará la molestia de votar y de estimular la alternancia partidista.”

Por todo lo expuesto, los recientes acontecimientos del caso Bárcenas, nos  ponen en evidencia que el Gobierno de Rajoy está más pendiente de responder a los intereses del mundo financiero-empresarial que a los de la ciudadanía.  Todas las medidas que estamos sufriendo, reforma laboral, amnistía fiscal, rebaja de impuestos a las grandes fortunas, rescate de los bancos, reforma del artículo 135 de nuestro texto constitucional, la destrucción del Estado de bienestar, ya sabemos de dónde han venido impuestas. Por ello,  si esto es democracia que venga Dios y lo vea.

Cándido Marquesán Millán

21/02/2013 02:27 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿Sigue vigente el nacionalcatolicismo?

                                  

 

            Ha sido una constante histórica en España, la intransigencia de la jerarquía católica, que ha imposibilitado el equipararnos a un país moderno, como es un Estado laico.

 

Ha llegado a calar en amplios sectores de la sociedad española, acríticos y desconocedores de nuestra historia, que una de nuestras características esenciales es la catolicidad. Al respecto, cabe mencionar que otras opciones religiosas, como la musulmana, judía o protestante fueron arrancadas de cuajo. Obviamente, así, claro que España ha sido católica, no cabía otra opción. Y en base a tal circunstancia, las jerarquías católicas se han creído y lo creen todavía el tener derecho a imponer determinadas opciones, no solo religiosas, sino también políticas, morales, sociales y culturales a toda la sociedad española, cuando en ella amplios sectores tienen otras creencias religiosas, e incluso prescinden de ellas. Esta costumbre es multisecular.

 

 En 1788 el Santo Oficio incautó todos los ejemplares de la Encyclopédie Methodique, donde apareció el artículo Espagne, de Masson de Morvilliers en el que se decía  “El español tiene aptitud para las ciencias, existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de un fraile para leer y pensar? “

 

 Siglo y medio después, el 8 de octubre de 1931, en las Cortes de la II República en el debate sobre la “cuestión religiosa” y la enseñanza, Fernando de los Ríos, el entonces ministro de Justicia con un profundo dolor terminó su impresionante discurso, cuya lectura a cualquier cristiano, otra cosa es si es católico, le debería estremecer “Y ahora perdonadme, Señores Diputados, que me dirija a los católicos de la cámara. Llegamos a esta hora, profunda para la historia española, nosotros los heterodoxos españoles, con el alma lacerada y llena de desgarrones y de cicatrices profundas, porque viene así desde las honduras del siglo XVI; somos los hijos de los erasmistas, somos los hijos espirituales de aquellos cuya conciencia disidente individual fue estrangulada durante siglos. Venimos aquí con una flecha clavada en el fondo del alma, y esa flecha es el rencor que ha suscitado la Iglesia por haber vivido durante siglos confundida con la Monarquía y haciéndonos constantemente objeto de las más hondas vejaciones: no ha respetado ni nuestras personas ni nuestro honor; nada, absolutamente nada ha respetado; incluso en la hora suprema de dolor, en el momento de la muerte, nos ha separado de nuestros padres”.

 

Durante la dictadura franquista se implantó el nacionalcatolicismo. La religión católica fue obligatoria en primaria, en el bachillerato y hasta  en la  Universidad.

 

            Una vez instaurada la “democracia”, la jerarquía católica ha defendido siempre que la religión católica se impartiera en los centros educativos públicos, cuestión muy discutible en un Estado aconfesional, y además dentro del horario lectivo, evaluable como todas las demás asignaturas importantes y, finalmente, computable a todos los efectos. Ella nombra los profesores de religión, aunque los paga el Estado, y  si por alguna razón, como el haberse divorciado, pierden la confianza de la autoridades eclesiásticas, estas los cesan. El despedido reclama lógicamente,  la Magistratura de Trabajo le da la razón al ser un despido improcedente, y la correspondiente indemnización la asume el Estado. Alucinante. Mas no tienen bastante. Además exigen  para que la  enseñanza de la religión católica no pierda su carácter de disciplina fundamental que los alumnos que no deseen recibirla tengan  una opción alternativa, prescriptiva, evaluable y computable, que tiene que impartirla el profesorado público, con su correspondiente costo económico. Aquí no ha habido recortes. Esta interpretación no deja de ser maximalista  y excluyente. Y la Conferencia episcopal acaba de conseguir sus aspiraciones, sin necesidad de  manifestarse en las calles. El Ministerio sin negociar con los sindicatos representantes del profesorado ni con las organizaciones de padres, se ha reunido con los obispos para satisfacer sus deseos, ya que a los alumnos que no quieran religión se les impone en la LOMCE Valores culturales y sociales en Primaria y Valores Éticos en la ESO.  Alucinante. Esta imposición ya viene de lejos.  Fue Otero Novas, en  1980, bajo el gobierno de UCD el ministro que introdujo el régimen de alternativa obligatoria: la asignatura de Ética, que sería evaluable, como la de religión, al igual que las demás disciplinas fundamentales. Según Gómez Llorente  “Se rechazaba así, por vez primera, el régimen de pura voluntariedad —aceptar o rechazar esta enseñanza— y se afirmaba un estatuto de derechos y deberes realmente singular que «pasaba a consistir en optar entre ir a la clase de religión o purgar la heterodoxia cursando otra asignatura, de la que estaría exento si fuese a la clase de religión”. En el año 2000, con el PP se retornó a la «solución Otero»: la religión católica tendría una alternativa, evaluable y computable. La de—«sociedad, cultura y religión»—

 

También al diktat de la Conferencia Episcopal el Ministerio elimina Educación para la Ciudadanía, que no vendría mal en estos momentos. Y reafirma los conciertos a aquellos colegios, especialmente del Opus, que segregan a los alumnos por sexo. La Historia se repite, ya que unas jerarquías religiosas siguen imponiendo sus opciones a toda la ciudadanía. Como dice Kolakowski “Estos comportamientos no son un testimonio de valores cristianos, sino tesis de una jerarquía totalitaria y neonacionalcatólica.

 

Cándido Marquesán Millán

21/02/2013 02:28 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Otra ocasión perdida en nuestra Historia

                                  

 

 

Considero que existen grandes similitudes entre la I Restauración borbónica con Alfonso XII  en 1874 y la II Restauración inaugurada en 1975 con Juan Carlos I. La arquitectura de la primera, según Carlos Seco Serrano, fue concebida y diseñada por Antonio Cánovas del Castillo, el cual tras las tensiones del Sexenio Democrático (1868-1874), pretendió instaurar un período de estabilidad política, basada en cuatro pilares la Monarquía, que llegó tras un pronunciamiento militar en Sagunto del general Martínez Campos, algo que molestó profundamente a Cánovas, al considerarlo innecesario, ya que había un estado de ánimo generalizado a favor del retorno de los Borbones, lo que no deja de ser chocante cuando 6 años antes la reina Isabel II fue destronada con el regocijo de la mayoría de la población española. Las Cortes bicamerales, (ambas instituciones tenían una gran tradición histórica). Una Constitución, la de 1876 muy ambigua, para que pudieran gobernar los dos grandes partidos, el suyo, el partido conservador; y el partido liberal, presidido por Práxedes Mateo Sagasta. Sería muy complicado en estas breves líneas explicar cómo y cuándo fueron perdiendo solvencia esos cuatro pilares, no obstante, hay algunos momentos claves en este proceso de decadencia: la crisis de 1898, la Semana Trágica de Barcelona de 1909, la triple crisis política, militar y social de 1917, la instauración de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera a instancias de Alfonso XIII, en la que tuvo mucho que ver el Expediente Picasso. Lo cierto es que en 1930, estos cuatro pilares estaban en total decrepitud, por lo que se instauró en 1931 la II República con gran regocijo de la población española, sin una gota de de sangre, ya vendría la suficiente más tarde. Mas esa organización política de Canovas fue falseada, ya que como dijo Joaquín Costa la Constitución auténtica fue la oligarquía y el caciquismo.

 

La II Restauración borbónica, también se basó en 4 pilares: la Monarquía -Juan Carlos I debe su trono al Dictador, al que dedicó en su primer discurso oficial como Rey de España las siguientes palabras, de las que todavía --que yo sepa-- no se ha arrepentido: “Una figura excepcional entra en la Historia, con respeto y gratitud quiero recordar su figura. Es de pueblos grandes y nobles saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio”; las Cortes bicamerales; la Constitución de 1978 -en absoluto producto del consenso, puede servir de ejemplo, la redacción del artículo 2 que fundamenta la indisoluble unidad de la nación española. Según el profesor Xacobe Bastida Freixido, en el transcurso de la discusión de las enmiendas de tal artículo, y cuando Solé Tura presidía la ponencia, apareció un mensajero con una nota procedente de la Moncloa señalando cómo debía estar redactado tal artículo. El texto de la nota coincide casi exactamente con el actual artículo 2° de la Constitución, pueden imaginarse la procedencia de tal nota; y 2 grandes partidos (merced a una ley electoral que propicia el bipartidismo), uno de derechas, la UCD, luego el PP, y otro a la izquierda, el PSOE. Hoy, tras 35 años consideró que estos 4 pilares han entrado en un estado claro de descomposición o, cuando menos en un proceso claro en esa dirección. E igualmente el poder no radica en la ciudadanía, ya que está concentrado en unos poderes oligárquicos. Trataré de explicar este planteamiento.

 

En cuanto a la Monarquía es evidente que para amplios sectores de la sociedad española ha entrado en una clara de decadencia. Irreversible.  Al final la cabra tira al monte. Ya conocemos cómo han sido los Borbones a lo largo de la historia. Recientes acontecimientos de varios de sus miembros lo corroboran, a pesar de que el apoyo mediático es impresionante. No hace falta criticar a la institución monárquica, ella por sí misma se desacredita. He llegado a pensar que Iñaki Urdangarin es un infiltrado de la Quinta Columna. Por ende, una de las cuestiones a plantear urgentemente en una nueva Constitución debería ser: Monarquía o República.

 

Las Cortes representan cada vez menos las aspiraciones de amplios sectores de la ciudadanía. Pruebas no faltan. El Senado es un cementerio de elefantes, cuya operatividad es nula, ya que no ejerce como auténtica cámara de representación territorial. Por cierto, Luis Bárcenas fue elegido senador por Cantabria  en las elecciones generales de 2004 y 2008.  Todo el conocimiento que tenía de esta tierra era de haber participado en alguna mariscada en Santoña o Castro Urdiales. Un ejemplo de político “cunero”, otra semejanza más entre ambas Restauraciones. El Congreso de los Diputados tiene que estar protegido de los ciudadanos con vallas y las Fuerzas de Orden Público. La reciente Encuesta sobre Tendencias Políticas y Electorales del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales, nos dice, lo que no deja de ser llamativo, que el Parlamento, que es constitucionalmente el depositario de la soberanía nacional, en cuanto al poder que ejerce como institución, aparezca en el octavo puesto (16,4%), por debajo de los Jueces, la Iglesia y los Medios de Comunicación Social, a una distancia de los Bancos de casi 54 puntos porcentuales.  No me resisto a reflejar el texto que me remitió una exalumna, de 2º de Bachillerato, del IES “Benjamín Jarnés” de Fuentes de Ebro de la provincia de Zaragoza, alusivo a sus impresiones tras una visita escolar realizada al Congreso de los Diputados el pasado 12 de febrero:

 

"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada" dice el artículo 47 de la Constitución Española, pues bien, el pasado martes tuve la oportunidad de visitar el Congreso de los Diputados en el momento que se trataba el tema de tomar en consideración la iniciativa popular para aprobar una ley en la que se limitan los desahucios. Desde hacia tiempo sabia que esa gente es muy sinvergüenza, pero lo que me encontré ese día me dejó sin palabras: diputados durmiendo, hablando por el móvil, echándose unas risas entre ellos e incluso haciéndose fotos con las tablets mientras se trataba el tema, lo peor de todo es que mencionaron a la pareja de ancianos que se había suicidado al ser desahuciados y siguieron sin inmutarse, ni siquiera al oír la palabra "suicidio" se giraron para prestar un mínimo de atención, ¿Realmente pueden ser así pasivos ante la noticia de estos ancianos que seguramente llevaban toda su vida trabajando duro?.“Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad" dice el artículo 50 de la Constitución Española, pero ya se ve por dónde se pasan la Constitución, por el mismo sitio por el que se pasaron a las personas manifestándose en la puerta del Congreso ese mismo día. Da vergüenza que esa gente que no ve más allá de sus narices sea la que supuestamente nos representa, pero esto es España y así funciona su vergonzoso Gobierno. Bueno si no decía esto reventaba, un saludo a todos”. El comentario es  además clarificador, y, me parece muy grave,  que piense así la juventud española. Mira que lo tenemos difícil los profesores a la hora de divulgar entre nuestros alumnos las excelencias de la democracia, aduciendo que su Sancta Sanctorum es el Congreso de los Diputados, al ser la sede de la soberanía popular.  Lo que allí se trata muchas veces es de espaldas a la ciudadanía y además fuera de las cámaras, como la reciente intervención sin luz ni taquígrafos del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Al respecto me parece adecuado recordar cuál es el auténtico significado de la democracia. Todos los viejos y nuevos discursos de la democracia la definen como el gobierno de lo público en público. En contraposición al autocrático, es un  poder sin máscaras. Es bien conocido que la democracia nació bajo la perspectiva de erradicar para siempre de la sociedad humana el poder invisible.  La democracia moderna nos remite a la Atenas de Pericles, del “Agora” o de la “Ekklesia”, o sea, a la reunión de todos los ciudadanos en un lugar público, a la luz del sol, donde hacen propuestas, las discuten y las deciden alzando las manos o mediante pedazos de loza. No sin razón, la asamblea ha sido comparada a menudo con un teatro o con un estadio, o sea, con un espectáculo público, donde espectadores asisten a una acción escénica con reglas preestablecidas y que concluye con un juicio.

 

 

            Sobre la Constitución, por mucho que se empecine Rajoy en defender su vigencia, es imperiosa una reforma en profundidad, e incluso, una nueva. La mitad de los españoles no se siente satisfecha con ella y cree que no se la respeta, según el Barómetro de Opinión del CIS de noviembre. Su anacronismo queda claro con la simple lectura de muchos de sus artículos, como el 40.”Realizarán los poderes públicos una política orientada al pleno empleo; o el 47.  “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”.  Realmente conmemorar todos los años la Constitución me parece una burla a los españoles.

 

            Que el bipartidismo está en crisis es claro. No hay más que escuchar a la ciudadanía, que muestran un gran desencanto tanto hacia el PP como el PSOE. Según, la reciente Encuesta sobre Tendencias Políticas y Electorales del Grupo de Estudio sobre Tendencias realizada entre 15 de setiembre y 17 de octubre de 2012, la intención de voto sólo sumarían un 60% entre ambos partidos, en contraste con lo que ha venido ocurriendo en los comicios anteriores a 2011, en los que ambos partidos sumaban muchos más (83,8% de los votos en 2008, 80,3% en 2004, 78,7% en 2000…).  Tendencia que sigue in crescendo por los acontecimientos recientes vinculados con el caso Bárcenas, ya que según la encuesta de Metroscopia para El País realizada entre 30 de enero y 1 de febrero de 2013, el PP tiene una estimación de voto del 23,9% frente al 23,5% del PSOE y el 15,3% de IU y el 13,6% de UPyD. Los populares obtendrían hoy 20,7 puntos menos que en Noviembre de 2011 (cuando obtuvieron el 44,6% de los votos) y los socialistas 5,2 puntos menos (28,7% en 2011). Por su parte, la coalición Izquierda Unida lograría 8,5 puntos más que en las últimas generales (6,9%), al igual que la formación de Rosa Díez, que subiría 8,9 puntos respecto del 20N (4,7%). Según estos últimos datos entre el PP y el PSOE alcanzarían el 47,4%, por lo que el bipartidismo se ha roto.

 

            La ciudadanía española tiene con buen criterio una imagen oligárquica de la actual conformación de la sociedad, en la que los principales sectores económicos –sobre todo los Bancos– son vistos como el principal núcleo determinante del poder. Seguidos por el Gobierno (36%) que queda relegado a un discreto segundo puesto, y nada menos que 34 puntos por debajo de los Bancos, y por la CEOE (35,3%) en tercer lugar. No hace falta haber estudiado en la Universidad de Harvard para llegar a la conclusión de que se gobierna más en función de los intereses de los grandes bancos y empresas, que en los de la ciudadanía.

 

Como colofón, en el libro España en sus ocasiones perdidas y la Democracia mejorable, del catedrático Manuel Ramírez aparecen unas palabras de Ortega y Gasset, referidas a la I Restauración: "La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación». Según Salvador de Madariaga: "Al pintarla como de alucinación, Ortega la ennoblecía. Fue una era teatral; una época que pretendía ser lo que no era y simulaba creer lo que decía, a sabiendas de que no era lo que aparentaba ser ni creía en lo que decía". Si estos juicios son extensibles a nuestra situación actual, lo dejo al libre albedrío del lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí.

             Mientras estoy terminando estas líneas me viene a la memoria un comentario  del gran Josep Fontana que viene muy bien para lo que estamos comentando  “En una ocasión un periodista preguntó a don Ramón Carande, maestro de historiadores: “Don Ramón, resúmame usted la Historia de España en dos palabras”. La respuesta de Carande no se hizo esperar: “Demasiados retrocesos”.

 

Cándido Marquesán Millán

 

21/02/2013 02:30 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA EJEMPLARIDAD PÚBLICA Y EL PATRIOTISMO DE CARTÓN PIEDRA DE LOS POPULARES

 

 

Que en España estamos atravesando a nivel político un momento crítico es una obviedad. Desentrañar las causas que nos han llevado a esta situación, es una labor harto compleja, y que no pueden ser expuestas en unas breves líneas. No obstante, quiero detenerme en la falta  de ejemplaridad pública y en el patriotismo de cartón piedra de los populares. Estas reflexiones podrían ser extrapolables a buena parte de nuestra clase política.

 Que el tesorero del PP con un despacho contiguo al de Rajoy tenga en unas cuentas en Suiza 22 millones de euros; que además la cúpula dirigente del PP recibiera dinero negro en sobres, para no cotizar en Hacienda; que la actual secretaria general del PP, sea capaz, además de dejar sin servicio de urgencia a muchos pueblos de Castilla la Mancha, mayoritariamente de gente de edad avanzada, de tener la desfachatez de decir que no le consta ese reparto del botín, que una ministra sufrague los cumpleaños de sus hijos con dinero de Don Corleone y a su vez elimine el programa de Teleasistencia, son todos ellos ejemplos de la carencia de valores éticos. Con el agravante de tener la pretensión de  darnos día tras otro lecciones de ejemplaridad. Surrealista. Me parecen muy pertinentes en estos momentos algunas reflexiones extraídas de la lectura de un extraordinario libro Ejemplaridad pública del filósofo Javier Gomá, del que expongo alguno de sus contenidos.  Toda vida humana es un ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera  que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando en él un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Las instituciones públicas han sido conscientes o deberían serlo del efecto multiplicador para potenciar la convivencia de determinados modelos públicos.

Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho-a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos.  Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada. Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ende, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad.  A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir. No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de  ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Saint-Just ante la Convención revolucionaria denunció “Se promulgan demasiadas leyes, se dan pocos ejemplos”, Circunstancia que no ha cambiado sustancialmente en la actualidad.

Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira. Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define, como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum ( esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos.

Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen otros comportamientos políticos que producen en buena lógica el sentimiento contrario. Véase, los manifestados por aquellos políticos del PP que jalearon en el Parlamento con estruendosos aplausos los mayores recortes de nuestra democracia. E incluso, alguno de ellos, cuando se dio a conocer la reducción de las prestaciones del desempleo, añadió “que se jodan”; u otro que al anunciarse  la eliminación de la paga de Navidad de los funcionarios, gritó con auténtico frenesí “¡a trabajar!”  Regocijarse ante la desgracia ajena, esto es sadismo o crueldad. Tampoco deberían sorprendernos tales comportamientos, ya que como señalaba Azaña, y lo estamos constatando día tras día, muchos acuden a la política no para realizar un servicio a la comunidad, sino para otros fines menos altruistas: el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse, el afán de mando, la necesidad de vivir como se pueda y hasta un cierto donjuanismo. Mas, estos móviles no son los auténticos de la verdadera acción política. Los auténticos, los de verdad, son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas. Ni que decir tiene que los recortes ejecutados por el gobierno de Rajoy, faltando a su palabra y el que falta a su palabra a más ya no puede faltar, no están respaldados por el sentimiento de la justicia. Y todo lo relacionado con el caso Bárcenas, con los pagos en dinero negro a la cúpula dirigente del PP, produce un sentimiento de asco y de hedor. La sede de la calle Génova se asemeja cada vez más a una fosa séptica.  Todo huele a podrido. Esta cuadrilla eran los que pretendían darnos lecciones de patriotismo. Estos caballeros deben pensar que patriotismo es sinónimo de patrimonio. Como también el envolverse en la bandera y besarla con pasión, el entonar el himno nacional, el festejar la fiesta del 12 de octubre --sin saber qué se celebra, si es la Fiesta de la Hispanidad, la de la Raza, de España, de la Virgen del Pilar--, el presenciar desfiles militares, o descorchar botellas de champán con el triunfo de la selección española de fútbol. Este es un patriotismo de cartón piedra. Ser patriota es mucho más. Ser patriota es poner lo público por delante de lo privado. Es querer lo mejor para tu país y tus conciudadanos, lo que se consigue entre otras cosas pagando los impuestos y haciendo caso omiso de los paraísos fiscales o no acogerte a una amnistía fiscal. Así se empieza a ser patriota. Por ello, me parece muy acertada la definición de "patriotismo" hecha por Mauricio Viroli, entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. La virtud cívica o política se define como el amor a una patria, entendiéndola no como una vinculación a la unidad cultural, étnica y religiosa de un pueblo, sino como amor a la libertad común y a las instituciones que la sustentan. Esa virtud cívica es la que se debe fomentar, por ello "Es urgente instruir a los jóvenes sobre la historia de nuestra patria, enseñarles a amar a quienes lucharon por nuestra libertad". El autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura. Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo. Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales. Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles. Este es el verdadero patriotismo. No el de envolverse en banderas, ni el de entonar himnos, ni el de festejar fiestas, ni el de presenciar desfiles militares.

Cándido Marquesán Millán

 

 

21/02/2013 02:32 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

NECESIDAD DE LA REFORMA DE LA LEY ELECTORAL

          

 

 

Hace unos días redacté un artículo titulado   ¿Hemos tenido alguna vez democracia en España? La respuesta estaba implícita en la misma pregunta. Entre las razones que aduje para justificar mi argumentación, era la existencia de una Ley electoral, establecida en la Transición, que propiciaba un sistema electoral injusto y muy poco proporcional, con el objetivo de que funcionase como un filtro para que determinadas fuerzas políticas no llegaran a las instituciones y si lo conseguían con una representación muy inferior a su fuerza real.

Que es necesaria la reforma de la ley electoral actual, es una obviedad. Unos datos nos los demuestran de una manera contundente. En las elecciones generales de 2008 con 963.000 votos IU obtuvo dos escaños, y CIU con 774.000 once; y con 303.00 el PNV tuvo seis y UPyD sólo uno.   En las elecciones generales del 20-N más de lo mismo. El PP con el 44,62% de los votos, tiene el 53,4% de los diputados. El PSOE con el 28,73% de los votos tiene el 31,4 de los diputados. Los grandes beneficiados de la actual ley electoral han sido y siguen siéndolo PSOE y PP con los partidos nacionalistas.

Para entender el tema en cuestión conviene mirar por el retrovisor a nuestro pasado.   Según los profesores Montserrat Baras y Juan Botella, la convocatoria a Cortes formulada en 1810 por la Junta Central constituye la primera norma electoral española. En la Constitución de 1812 se estableció el sufragio universal masculino, aunque indirecto. Entre 1834 y 1868 estuvo vigente el sufragio censitario, solo podían votar determinadas personas según rentas o categorías profesionales, sin que se llegase en ningún momento a un 5% el número de electores. Con la “gloriosa revolución” de 1868 se instauró el sufragio universal masculino y la reducción de la mayoría de edad a 21 años, por lo que algo más de la cuarta parte de los españoles fueron electores. Con la Restauración borbónica se produjo un paréntesis, ya que Cánovas del Castillo se mostró contrario al sufragio universal, y con el liberal Sagasta se reintrodujo en 1890. No obstante, en este período fue falseado de una manera sistemática, tal como reflejan los nombres de caciques, pucherazos v cuneros. En 1907 la Ley Maura supuso un intento fallido de mejorar y racionalizar el sistema electoral, uno de sus artículos más famosos era el 29, que establecía que en aquellos distritos en el que concurriesen tantos candidatos como escaños a cubrir, la elección no tendría lugar y el candidato era electo.  Con la llegada de la II República se generalizó la circunscripción plurinominal en el ámbito provincial y, en su caso, las capitales de provincia-que superasen los 100.000 habitantes- formaban una circunscripción independiente, como por ejemplo la ciudad de Zaragoza. El Decreto de 1931 mantuvo el sufragio mayoritario limitado: eran elegidos los más votados con un número mínimo de votos; se podía votar a candidatos de las diversas candidaturas; se podía votar sólo por un número máximo de candidatos, en torno a los dos terceras partes del número de escaños a cubrir, para que las minorías estuvieran representadas. La Constitución republicana convalidó el Decreto con la única modificación de dar el voto a las mujeres, que pudieron ejercerlo por primera vez en 1933. La legislación electoral republicana mejoró la representatividad, propiciando el pluripartidismo y la fragmentación parlamentaria, lo que dificultó la gobernabilidad. En las Cortes de 1931 y 1933 hubo representantes de más de 20 partidos; en las de 1936, fueron alrededor de 18. El partido con más escaños en cada una de las tres elecciones republicanas tenía en 1931 y 1933 algo menos del 25%; en 1936, su peso era del 21%. Además, la fórmula mayoritaria de lista producía grandes cambios pendulares en electorado. La izquierda tenía en 1931 el 62% de los diputados; en 1933 el 21%, y en febrero de 1936 el 56%. La derecha en las mismas fechas tuvo el 9%, el 45% y el 30%.  La consecuencia fueron los continuos cambios de gobierno, en el período de paz hubo 17, con una media de duración de 4 meses. Como conclusión, si la legislación electoral republicana cumplió muy bien las funciones de la representación, no servía para garantizar la gobernabilidad que no contribuyó a la consolidación del régimen republicano. Esta situación era perceptible a la salida del franquismo y en la transición democrática. El Real Decreto-Ley de marzo de 1977, que estableció las normas para las primeras elecciones libres- que en lo fundamental se ha mantenido en la legislación electoral posterior- no fue negociado entre la oposición democrática y el gobierno procedente del franquismo. La oposición tenía bastante con alcanzar su legalización, y el gobierno de Adolfo Suárez pudo definir con total libertad las reglas de juego. Había incertidumbre sobre las preferencias electorales de los españoles, por lo que no se tenía claro cuál era el mejor mecanismo electoral. A pesar de su afirmación proporcional, el escaso número de escaños a cubrir en la mayoría de las provincias, le daba al sistema un carácter en la práctica mayoritario. Por otra parte, la asignación de diputados a las provincias primaba a las menos pobladas, previsiblemente más moderadas y progubernamentales. Además los senadores de designación real era una fuente de seguridad frente a unos resultados favorables a la oposición. Lo que se pretendía en definitiva era evitar el multipartidismo excesivo y favorecer las candidaturas gubernamentales, y asegurar una representación limitada a las fuerzas de la oposición antifranquista. Prevaleció la gobernabilidad en detrimento de la representatividad. Y como he señalado la legislación electoral posterior no introdujo ningún cambio sustancial al Decreto que reguló las primeras elecciones democráticas de 1977. Además, el derecho electoral es siempre conservador, y aquellas fuerzas políticas que de él se han beneficiado y lo siguen haciendo, que les ha permitido ganar las elecciones o tener una  representación política muy superior a su fuerza real, como es entendible ni lo cambian ni lo cambiarán. Por tanto, estimo que si las instituciones políticas existentes no sirven para dar respuesta a las aspiraciones de amplios sectores de la ciudadanía, como es una reforma de la legislación electoral vigente para que la ciudadanía esté representada en función de su fuerza real, una sociedad democráticamente sana puede y debe mostrar su protesta y su indignación en la calle. La historia nos enseña que si en la sociedad democrática no se produjeran estas oleadas de movilización por causas justas no habría democratización, es decir, no habría la presión necesaria para hacer efectivos derechos reconocidos constitucionalmente, ni la fuerza e imaginación para crear otros nuevos". Todo esto les resulta difícil de entender a nuestros representantes políticos. Con frecuencia, las sociedades se incomodan con los movimientos y aún los consideran peligrosos y nocivos. Solo cuando triunfan reconocen sus bondades e integran sus conquistas a la cultura e institucionalidad vigentes. Ardua tarea, a veces se necesitan siglos para alcanzar algunos derechos: jornada laboral de 8 horas, descanso dominical, sufragio universal, igualdad entre hombre mujer. En definitiva, con movilizaciones se han civilizado y avanzado las sociedades que hoy conocemos como modernas y democráticas. Según Boaventura de Sousa Santos "Los momentos más creativos de la democracia rara vez ocurrieron en las sedes de los parlamentos". Ocurrieron en las calles, donde los ciudadanos indignados forzaron los cambios de régimen o la ampliación de las agendas políticas.

 

Cándido Marquesán Millán

 

21/02/2013 02:34 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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