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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2012.

Divagaciones veraniegas

 

En estas fechas veraniegas, si se tiene la suerte de disfrutar de vacaciones pagadas, como consecuencia de tener un trabajo remunerado o una pensión tras una larga vida laboral, todo un lujo en estos tiempos que corren, podemos dedicar esas muchas horas muertas a uno de los mayores disfrutes, cual es la lectura. Aquel que tiene este hábito será difícil que tenga tiempo para el aburrimiento. La lectura es un regalo que uno se hace a sí mismo. Se lee por diferentes motivos, por placer, por curiosidad y por afán de descubrir nuevos mundos. Según Amos Oz, escritor israelí, en su discurso de toma de posesión del Premio Príncipe de Asturias de 2007 de las Letras  “Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad”.

Y también se puede leer, porque sí, sin más motivaciones. Kant consideraba que la lectura era una “finalidad sin fin”, “placer puro. Puedes satisfacer esos deseos en los libros, ya no necesariamente en soporte de papel. Cada cual tiene sus preferencias a la hora de elegirlos. Unos se inclinan por las novelas más relajadas y divertidas. Otros, es mi caso, nos inclinamos por el ensayo, y, sobre todo, de temática sociopolítica.  No tengo impedimento en mostrar cuáles han sido mis elegidos: de Boaventura de Sousa Santos El Milenio huérfano; y Reinventar la democracia. Reinventar el Estado;  de Gerardo Pisarello Un largo Termidor. Historia y crítica del constitucionalismo antidemocrático; y Los derechos sociales y sus garantías. Elementos para una reconstrucción; de Ignacio Sotelo El Estado social. Antecedentes, origen, desarrollo y declive; de Joaquín Estefanía La economía del miedo; de Tony Judt Algo va mal; de Josep Ramoneda Contra la indiferencia; de Eric Hobsbawm Cómo cambiar el mundo; de Antoni Domenech El eclipse de la fraternidad; de Josep Fontana Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945.  Todos estos autores tienen en común el presentar alternativas desde la izquierda progresista frente al pensamiento único de inspiración neoliberal, que nos pretende convencer de que la realidad es la que es, y además que no se puede hacer nada ante ella. Lo grave es que mucha gente ha llegado a creérselo, visto el monopolio de los medios de comunicación en un sentido unidireccional.  Al respecto, parece muy oportuna la pregunta expresada por Boaventura de Sousa Santos en la Quinta carta a las izquierdas: ¿Por qué Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”?  

También  podemos ejercitar la lectura en el ordenador, una auténtica ventana abierta al mundo, que te permite desde el salón de tu casa conectar con millares de periódicos y así conocer las noticias de todo el mundo, aunque suelen ser todas tan adversas, que, a veces, es preferible desconectarte de ellas para no sucumbir en el más profundo de los pesimismos. Cada vez estoy más convencido de que la mayoría de los medios de comunicación, perfectamente conjuntados, magnifican los acontecimientos adversos, empequeñeciendo los favorables, con el objetivo interesado de preparar el ánimo de los ciudadanos ante cualquier medida dramática que provenga de los gobiernos de turno. A pesar de ello, quiero informarme.  Hace unos días tuve la suerte de poder acceder a la lectura de una entrevista realizada a un extraordinario periodista, Rafael Poch, el cual a la pregunta de cómo veía la situación de España y cómo se había llegado a ella, respondió con una contundencia apabullante así: En España en los tiempos recientes se produjo lo que yo denomino como el "asfaltado intelectual" de la sociedad: cierta americanización, cierto espíritu cutre de nuevo rico hipotecado...  En cualquier caso el resultado final fue parecido en todas partes: retroceso de los movimientos sociales y de la conciencia crítica. Decir tantas cosas y tan bien con tan pocas palabras es complicado. Estas ideas, con las que estoy de acuerdo totalmente, me han servido de pretexto para hacer algunos comentarios propios, un tanto deslavazados que paso a describir en las líneas que siguen. Es cierto que en estos años de la burbuja inmobiliaria, vivíamos como absortos en una nube, y estábamos convencidos de esta situación de enriquecimiento perpetuo, al que además teníamos derecho, aunque desconociésemos los motivos. Todos debíamos subirnos a este carro de la abundancia, y quien no lo hacía era acusado de estúpido. Como señala Bauman, se proclamaba el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ). Un colega de profesión me comentó que unos alumnos de 2º de bachiller de su instituto de la costa valenciana, tras solicitar un préstamo a una entidad financiera para comprar un apartamento, lo vendieron con unas ganancias de 30.000 euros en unos meses. Un paradigma de esta época fue la Comunidad Valenciana, donde determinados sectores de la población se beneficiaron escandalosamente del boom inmobiliario. Como dijo Francisco Camps eufórico tras su espectacular victoria en una noche electoral: "Ha ganado una manera de entender la vida, la valencianía". Aquí se impuso  una nueva escala de valores, los de hacer dinero rápido sin importar el cómo, muchas veces producto de la corrupción, y hacer ostentación pública de esa riqueza. Recuerdo el comentario cutre de un constructor alardeando que el próximo bautizo de su nieto iba a sacar de su bodega botellas de vino de 2.000 euros. Todos los presentes nos quedamos atónitos. El refranero popular es muy sabio: el que de trapo llega a toalla no sabe donde colgalla. Obviamente, borrachos del éxito fácil podíamos satisfacer nuestras ansias desenfrenadas de consumo instaurándose la cultura de los Todoterrenos y del apartamento en la playa, financiado con una hipoteca a 30 años, gracias al capital alemán. Con la llegada masiva de emigrantes que pasaron a desempeñar los trabajos rechazados por nosotros,  ya todos éramos clase media por lo que  la antigua clase obrera desapareció ya que muchos que dependían de un sueldo se avergonzaban de tal denominación,  y  deseando distanciarnos de los recién llegados inmigrantes que ahora ocupaban los servicios públicos (educación y sanidad), preferíamos la educación y sanidad privadas. Además teníamos a nuestra disposición la Liga de Campeones con los clásicos Madrid y Barcelona, eso sí en canales pago; los profundos programas televísivos del Gran Hermano. Con este panorama no había mucho tiempo para plantearnos profundas reflexiones de carácter intelectual. De ahí ese asfaltado intelectual de la sociedad española.

Fue también una sociedad impregnada de un exacerbado individualismo y con grandes dosis de egoísmo, por lo que fueron decayendo los movimientos sociales, que se mueven por los valores de la solidaridad. E igualmente borracha y ensimismada con tanto bienestar que, por cierto, no llegaba a todo el mundo; desapareció la conciencia crítica, por ello aquellos, los que si la tenían y señalaban que se estaba construyendo un edificio con pies de barro, eran  enemigos del progreso, los aguafiestas de turno.

Y de aquellos lodos vienen estos barros. Hoy nos resulta muy difícil comprender todo este descenso de nuestro nivel de vida, con unas cifras vergonzosas de parados y los numerosos recortes a nuestro  incipiente Estado de bienestar, que de una manera pausada pero sistemática nos están imponiendo.  Hemos pasado del optimismo más exacerbado a un profundo pesimismo con respecto al futuro. Esta nueva situación nos ha cogido con el pie cambiado. Por ello, nos está costando tanto adaptarnos a ella. La sociedad civil se moviliza, salvo algunas excepciones como el 15-M, por intereses estrictamente corporativos, no por un sentido de solidaridad global,  y sigue faltándole una  conciencia critica de verdad, cuando motivos no faltan para que irrumpa con gran fuerza ante tanta injusticia. Es lo que hay.

 

Cándido Marquesán Millán

 

21/08/2012 19:07 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Existen alternativas

                                  

 

Que el mundo actual está enfermo, es una obviedad.  Las grandes promesas de la modernidad han sido incumplidas. La  igualdad entre los seres humanos está cada vez más lejana. Más todavía, en los últimos 40 años la desigualdad se ha incrementado.  La libertad tampoco ha sido satisfecha, ya que las violaciones de los derechos humanos van en aumento.  La paz perpetua que formuló Kant  es un sarcasmo. Entre los siglos XVIII y XX la población mundial se multiplicó por 3,6, mientras las bajas en guerra lo hicieron el 22,4. La dominación de la naturaleza se llevó a cabo cruelmente, generándose  una crisis medio ambiental gravísima, por lo que las generaciones futuras nos exigirán responsabilidades.

 

En España, el panorama es desolador: millones de parados, pobreza y exclusión, recortes brutales en sanidad, educación y dependencia; y la democracia ausente. Sobre las promesas que Rajoy nos hizo en su programa electoral, vale más no hablar. Todo legitimado, sin posibilidad de réplica, por la necesidad del ajuste fiscal, para recortar la deuda pública. Sobre ella habría que realizar una auditoría en profundidad, para conocer su origen. Conclusión, hay que ser sumisos, y si alguno es crítico se ve vilipendiado.

 

Todos estos incumplimientos deberían producirnos además de indignación e inconformismo un profundo dolor. Según Juan Carlos Monedero, solo cuando el dolor se hace consciente puede convertirse en conocimiento, para que después pueda activarse una capacidad política que contribuya a una transformación emancipatoria. Doler, saber, querer, poder y hacer son pasos de una progresión necesaria que empieza cuando a la razón le duele. Si ese dolor se oculta desde las instancias del poder hegemónico, resulta complicado buscar la verdad en el presente y tras ella alguna alternativa. Hay que sentir la necesidad de crear nuevas alternativas( que son posibles, que son mejores que lo que existe), tarea que no es fácil ya que genera poderosos enemigos, todos aquellos para los que lo nuevo es siempre una amenaza para sus privilegios.  El éxito del pensamiento neoliberal, tal como ha afirmado Josep Stiglitz, ha sido el destruir la posibilidad de pensar la alternativa. Porque la revolución ya no es posible, el reformismo es innecesario. Por ello, el neoliberalismo ya no necesita ningún tipo de consenso y puede prescindir del contrato social. Su apabullante victoria le lleva a la arrogancia de considerar la eliminación, en el fin de la historia, de cualquier adversario. No podemos quedar quietos ante esta situación que nos  lleva al precipicio, camino ya recorrido por griegos, irlandeses y portugueses. Es una auténtica espiral de la muerte. Algo hay que hacer. Me atrevo a sugerir una alternativa como solución a la problemática actual, la implantación de la Renta Básica: un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente acreditado, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otro modo, independientemente de qué puedan serlas otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva. La RB no se tiene que confundir con las rentas de inserción y otros subsidios condicionados propios del Estado del Bienestar ni con el Impuesto Negativo sobre la Renta. La RB es  muy apropiada para sociedades con elevados y persistentes niveles de pobreza, de paro y de descontento relativo a las formas de trabajo, como la actual en España, aunque como cualquier propuesta de renovación social, tiene que superar grandes resistencias. Existen ideologías diversas de fundamentación de la RB. Una es de concepción republicana con una antigüedad de 2.500 años: ser libre es estar exento de pedir permiso a otro para vivir o sobrevivir, para existir socialmente; quién depende de otro particular para vivir, no es libre, como aquel que tiene que aceptar sueldos de miseria para sobrevivir, algo que se podría evitar con la instauración de la RB. Habría diferentes colectivos muy beneficiados. Los  jóvenes, las mujeres dependientes económicamente, las personas mayores jubiladas y emprendedores. La juventud tiene que compatibilizar el estudio y  el empleo, además de estar  inmersa en un mercado laboral que le reserva precariedad. Esta RB le permitiría afrontar su periodo de formación laboral y profesional con unos ingresos dignos Las mujeres dependientes económicamente que trabajan en el hogar alcanzarían una cierta independencia. Las personas ancianas, muchas con una pensión raquítica, tendrían un incremento considerable de ingresos. Posibilitaría la reducción del riesgo a las personas que hubieran emprendido proyectos de auto-ocupación. Además supondría, -así lo han estudiado economistas desde el mundo académico- una inyección de dinero a la población más necesitada, que no sería destinada al ahorro sino al consumo, con lo  que se reactivaría nuestra economía.

Obviamente, existe el problema de su financiación. Para ello podría realizarse una profunda reforma fiscal en profundidad vía IRPF, grandes fortunas, Sicavs, patrimonio, sucesiones, persecución del fraude, etc. Todo es querer. Es obvio que la situación actual es insostenible, y que hay que tomar medidas excepcionales, aunque parezcan ahora utópicas. También lo eran: hace 100 años el sufragio universal y hoy se acepta como una normalidad. Y hace 200 años acabar con el Antiguo Régimen. Los avances en la historia se han producido por rupturas con lo establecido, y más si es injusto.

 

 

Cándido Marquesán Millán

21/08/2012 19:10 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Una democradura

 

Que la democracia atraviesa un mal momento no es novedad, como muestra el profundo desencanto hacia ella de la gran mayoría de la sociedad, soterrado durante un tiempo, y puesto de manifiesto en numerosas plazas españolas a través del 15-M, con una frase paradigmática: ¡Democracia real YA!

La democracia, como categoría política, en nuestra época está sometida a una contradicción, Por un lado, es el único régimen capaz de aspirar a la legitimidad. Ningún gobierno es aceptado si no se presenta ante la opinión pública respetuoso del principio democrático. Por eso, la dictadura franquista no entró en la UE. A la vez, las características que la identifican están en profunda crisis o amenazadas.

 

Si definimos la democracia como un régimen basado en el sufragio universal, el pluralismo político, libertad de expresión, ideológica, de información; el gobierno de las mayorías en oposición al de unos pocos o uno solo y capaz de maximizar la autodeterminación política con el respeto a las minorías, evaluada su salud a través de estos elementos, es claro que está enferma.

 

El ejercicio del sufragio, a pesar de su generalización, tiene claras deficiencias. No pueden ejercerlo los jóvenes menores de 18 años, los  inmigrantes- más del 10% del total-; además de un alto porcentaje de abstención, superior al 30% en las elecciones generales del 20-N, todo un síntoma de desafección, acompañada en España por un sistema electoral injusto muy poco proporcional, instaurado en la Transición como un filtro para que algunas fuerzas políticas no llegaran a las instituciones y si lo conseguían con una representación muy inferior a su fuerza real; como también para potenciar el voto útil o de centro político, en el que los elegidos suelen ser reclutados en las clases medias o altas  con orientaciones políticas moderadas. Si ese filtro de la ley electoral falla, para ello está la articulación de los partidos políticos y la manipulación de la opinión pública.  El mundo financiero y empresarial es clave en la creación, sostén y financiación de los grandes partidos, por lo que, si estos llegan al gobierno, le proporcionan subvenciones, prebendas y favores sin cuento; e incluso, pueden incumplir sus programas electorales para responder a sus solicitudes. Según Josep Fontana la "United States Chamber of Commerce" financió las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal Supremo. De ahí que  Antoni Doménech, autor del libro La fraternidad secuestrada, de obligada lectura para aquel que se sienta de izquierdas, haya dicho:Las democracias actuales se enfrentan a poderes privados neofeudales más grandes y poderosos de lo que soñaron las más codiciosas dinastías empresariales de la generación de nuestros ancestros.”  Una prueba: a finales de los 90 el presidente de Mercedes Benz, advirtió a Schröder que trasladaría toda su producción a los EEUU, en concierto con Chrysler, para conseguir del canciller la destitución fulminante de su ministro de Hacienda, Oskar Lafontaine (quien narra el episodio en sus ácidas e instructivas memorias).

 

La libre circulación de ideas y opiniones se ve amenazada por los grandes medios de comunicación cada vez más concentrados y vinculados con los poderes financieros y empresariales,  que, al alcanzar tanto poder, pueden cambiar la opinión expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia, de ahí que Luigi Ferrajoli, los denomine poderes salvajes. Según Sánchez Noriega “Tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez,  una gran resistencia a las imposiciones del poder político”.

 

Si el ejercicio democrático lo extendemos al ámbito del trabajo, los barrios o las asociaciones civiles, el panorama es igualmente negativo. Por tanto, estamos viviendo en una democracia de baja intensidad. O, si se prefiere, en regímenes mixtos en los que el principio democrático va a remolque del oligárquico y en los que se aceptan las libertades públicas siempre que no traten de controlar los poderes de los mercados. El capitalismo concibe a la democracia como un instrumento de acumulación; si es preciso, la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficaz, prescinde de ella. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo. Según Boaventura de Sousa Santos  “En los últimos 30 años las conquistas logradas han sido cuestionadas y la democracia, últimamente, parece más bien una casa cerrada y ocupada por un grupo de extraterrestres que decide democráticamente sus propios intereses y dictatorialmente los de las grandes mayorías”. Un régimen mixto, una democradura. Observamos hoy que una decisión tomada democráticamente puede anularse por una agencia de calificación, por una bajada de títulos en  la bolsa o por las declaraciones de Draghi. 

 

 Termino con unas  ideas de Gerardo Pisarello de su libro  Un largo Termidor: Las exigencias de democracia que recorren hoy el mundo, es una prueba de que la última palabra en esta lucha por la libertad de todos no está dicha. La estabilidad de estos regímenes oligarquizados no está garantizada. Para la rehabilitación de la democracia, el concepto debemos vincularlo a su mejor herencia histórica. La que va de Efialtes y Aspasia a Paine y Marx, de Flora Tristán y Rosa Luxemburgo a Lumumba o Martín Luther King. Ello nos ayudaría a verla, no como un simple mecanismo de renovación de élites que se activa cada 4 años, sino como una inveterada tradición emancipatoria.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

21/08/2012 19:13 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sobre la deuda odiosa

El 15-M ha sido una bocanada de aire fresco que ha irrumpido en nuestra democracia. Ha sido criminalizado por la mayoría de los medios de comunicación, al servicio incondicional de los poderes políticos y económicos dominantes; y acusado de no presentar programa alternativo alguno. Falso. Una de sus cuestiones planteadas, además de la reforma de la ley electoral, la implantación de la renta básica, la dación, reforma fiscal, democracia participativa, ha sido la deuda odiosa del Estado español, tema fundamental para salir de una manera justa y equitativa de la crisis económica, que nos está hundiendo en la miseria a la gran mayoría de los españoles. Este concepto se atribuye a un jurista y profesor de derecho financiero, Alexander Sack, que en 1921 publicó un tratado Los efectos de las transformaciones de los Estados sobre sus deudas públicas y otras obligaciones financieras, donde sostenía que una deuda es ilegítima cuando se dan tres circunstancias: que se ha comprometido sin el conocimiento de los ciudadanos (o sus representantes); que se ha gastado en actividades que no redundan en beneficio del pueblo; y que los prestamistas (los bancos) son conscientes de esta doble situación anterior.

Nuestro presidente nos dice: la deuda pública supera los 900.000 millones de euros, no podemos gastar más de lo que ingresamos, y, por tanto, no tenemos otra opción que hacer ajustes fiscales, que no le gustan, pero que al final llegará el crecimiento económico y la creación de empleo. Hay culpables: liberados sindicales, funcionarios, las autonomías, los ayuntamientos, las embajadas catalanas, etc. Vale, D. Mariano, le creo. Mas, parece lógico que si los españoles tenemos que pagar esa deuda con nuestros impuestos, recortes salariales y prestaciones del Estado de bienestar, tenemos derecho a conocer su origen. Exigimos una auditoría veraz de la deuda pública, realizada por una comisión de expertos, independientes de los partidos políticos. La auditoría debería exigir al sector público transparencia en sus cuentas, una suspensión temporal del pago de la deuda y abrir un proceso, aunque durara meses, para estudiar la documentación y hacer un juicio público encaminado a tomar decisiones sobre qué hacer sobre ella al final del proceso. Así conoceríamos el porcentaje de deuda odiosa o ilegítima. Obviamente, en estricta justicia, el Estado español, es decir, todos los españoles estaríamos exentos de pagarla, y tendríamos que exigir responsabilidades a quienes la contrajeron, y que han causado y lo siguen haciendo tanto daño a tantos españoles. A estos auténticos desalmados, se les podría inculpar de haber cometido un crimen contra la humanidad, como es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil", tal como sugieren las profesoras Lourdes Benería y Carmen Sarasúa

Hace falta coraje político, como lo hubo en el Ecuador de Correa donde se creó una Comisión de Auditoría de la Deuda en julio de 2007 para analizar la del periodo 1976-2006. El presidente eligió 18 expertos, 12 de Ecuador y 6 del extranjero. También pidió a 4 órganos del Estado formar parte de ella: la Comisión Anticorrupción, el Tribunal de Cuentas, el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Finanzas. Trabajó durante 14 meses, y en septiembre de 2008, presentó unas conclusiones y unas recomendaciones al gobierno, el cual decidió suspender el pago de los títulos de la deuda (los que vencían en 2012 y 2030). Tras ocho meses de impago, forzaron a los tenedores de esos títulos a aceptar una reducción del 65 % de su valor. El Estado compró obligaciones a precio reducido. Por una obligación con un valor de 1.000 dólares, el Estado ecuatoriano pagó 350. Le supuso un ahorro de 7.000 millones de dólares para los ecuatorianos, que se destinó al gasto social. Es lo que se está intentando en Grecia, tal como nos relata el documental Debtocracy (Deudocracia), de los periodistas Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou sobre la crisis del país heleno. Los principales actores (alrededor de 200 personalidades) piden un comité de auditoría internacional, para determinar los motivos de la generación de su deuda y condenar a sus responsables. Hay culpables: "En cerca de 40 años, dos partidos, tres familias políticas y algunos grandes empresarios han llevado a Grecia a la quiebra. Han dejado de pagar a los ciudadanos para salvar a sus acreedores". Además de Goldman Sachs, los sobornos de Siemens a los gobiernos, los gastos sin control en los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, la compra actual de armas a Francia y Alemania, etc.

¿Por qué los dos grandes partidos no hacen lo mismo en España? Cada cual que se responda a esta pregunta. Hay tajo para investigar: Programas Especiales de Armamento (PEA) con 40.000 millones de gasto; el rescate a las entidades financieras; los sobrecostos de las constructoras del AVE; derechos reconocidos a las eléctricas con 20.000 millones, la exención del IBI y subvenciones a la iglesia católica, la financiación de los viajes del Papa, etc. Si lo hicieran, es seguro que podría reducirse el costo de nuestra deuda, y así los recortes serían innecesarios.

28/08/2012 17:36 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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