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El gran mago de las finanzas

             

La derecha española lleva ya tiempo vendiéndonos las excelencias de la política económica de Rodrigo Rato durante los mandatos de José María Aznar. Poco más o menos que Keynes a su lado era un aprendiz. Por activa y por pasiva nos han acribillado con los dardos de sus palabras: Rodrigo Rato el mejor ministro de Economía que hemos tenido en el sistema democrático. Otros van todavía mucho más lejos: el mejor de toda la historia de España. Los Mendizábal, los Madoz, Fuentes Quintana, o Pedro Solbes, a su lado son auténticos pigmeos. ¡Y ay de aquel que tuviera la osadía de cuestionarlo! Sobre él iban a caer los ataques más furibundos de los políticos del PP y de todos los medios de comunicación vinculados con la derecha española, que no son pocos: La Gaceta, Intereconomía, La Razón., el ABC, Canal Nou, TeleMadrid, destacando sobre todos, el medio de comunicación, paradigma de la investigación periodística. Por cierto,  la mayoría de ellos  no se han dado  por enterados de este varapalo contra Rodrigo Rato, inaudito en un organismo tan comedido como el Fondo Monetario Internacional.

Merece la pena hacer algunas matizaciones sobre la política económica de los gobiernos del PP, dirigida por Rodrigo Rato. Nos la presentan como si hubiera sido un milagro, una especie de multiplicación de los panes y los peces, de mucha mayor envergadura que el llevado a cabo en los años 30 del siglo pasado por  el presidente norteamericano Roosevelt. Cuando los populares llegaron al poder en 1996 la recuperación estaba en marcha, coincidiendo con un excelente momento de la economía internacional, por lo que la tarea era más fácil. Las tasas de crecimiento económico español en el periodo 1996-2004 se explican por: tipos de interés reales negativos, precios bajos de la energía y materias primas, estímulo masivo de las operaciones especulativas, una burbuja inmobiliaria progresiva que los equipos económicos de Aznar se negaron a controlar, corrupción municipal y cientos de miles de empleos precarios. Además de los 8.000 millones de euros de ayuda anuales provenientes de la Unión Europea, casi el 1% del PIB anual español, conseguidos por el pedigüeño Felipe González; y del producto de las privatizaciones, unos 40.000 millones de euros. Así es fácil, era mucho más fácil cumplir las condiciones del Tratado de Maastricht para entrar en la Unión Monetaria, con la inflación controlada, déficit presupuestario inferior al 3% y deuda por debajo del 60% del PIB. Por tanto de milagro, nada. La coyuntura económica iba de cara y lo que hizo el señor Rato no fue otra cosa que seguir la corriente. Por ende, esa idea de taumaturgo  de las finanzas habría que ponerla cuando menos en cuestión.

Una buena ocasión para seguir valorando su talla de economista y de dirigente es su actuación al frente del Fondo Monetario Internacional de 2004 a 2007, período en el que se estuvo incubando la crisis económica más traumática de 100 años acá. Y por un informe de la Oficina de Evaluación del F.M.I., una especie de auditoría, recientemente presentado su figura sale fuertemente cuestionada ya que durante su mandato se cometieron todo un conjunto de errores, a cual de ellos más grave: análisis deficientes, obstáculos dentro de la organización, problemas de gobernanza y, sobre todo, “limitaciones políticas”–, todos ellos impidieron ver la recesión que se avecinaba, y que de haberla previsto  se podría  haber frenado o atenuado la crisis. Además se ocultaron las voces críticas contra la aparente bonanza económica y que fomentaron la lectura "complaciente" de lo que acabó en una burbuja financiera; se favorecieron las prácticas en "innovación financiera" que más tarde desataron el descalabro de las subprime (hipotecas basura). De lo que se deduce que  el F.M.I. no se enteró de nada de lo que se estaba incubando o si lo sabía lo ocultó. Cualquiera de las dos circunstancias es de suficiente gravedad. Y lo que parece claro es que el máximo responsable de lo bueno y de lo malo en cuanto a las actuaciones de un organismo es aquel que está a la cabeza.

El presidente actual de Caja Madrid y exsuperministro de Economía, Rodrigo Rato, de momento sobre el tema en cuestión se ha limitado  a responder con unas escuetas palabras: "no quiero hacer declaraciones, muchas gracias”. Salgado la ministra de Economía, en buena lógica tras los ataques despiadados recibidos desde la bancada de los populares contra la política económica de los diferentes gobiernos de ZP, ha puntualizado que el informe del FMI "contrarresta" las acusaciones que a veces se hacen al Gobierno y a su presidente, José Luís Rodríguez Zapatero, de no haber visto la crisis, y "parece claro que otros que se tildan de más listos tampoco la vieron". En cambio, José Luís Rodríguez Zapatero, todo un detalle por su parte que muestra su categoría moral, ha preferido cargar contra el FMI y no contra el director gerente que, según el propio organismo, no supo advertir la crisis económica. En una rueda de prensa junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, Zapatero ha recordado que en el FMI trabajan 1.200 economistas de primer nivel y ninguno supo prever lo que iba a pasar. El vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, defendió la "impecable" gestión de Rodrigo Rato al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Toma castaña y se queda tan fresco. Lo de este caballero es como para no olvidarlo. De todas maneras los populares nos han mentido tantas veces que por una vez más, tampoco pasa nada.

Los datos anteriormente expuestos  se comentan ellos solos. No obstante, me surgen algunas dudas sobre cuáles fueron las razones auténticas de haber dejado en el 2007 un cargo tan relevante a nivel internacional. Él se limitó a señalar en aquel momento que eran estrictamente de carácter personal. Pienso que, cuando menos, debería dar alguna explicación.

 

Cándido Marquesán Millán

 

10/02/2011 22:23 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La realpolitik

Resulta cuando menos sorprendente que el mismo día que se ha producido la caída de un dictador, como  Hosni Mubarak en Egipto, una representación diplomática encabezada por el presidente del Congreso de los Diputados, con parlamentarios del PSOE, PP y CIU y los consiguientes empresarios visiten y agasajen a otro dictador africano de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, este último especialmente sanguinario. España a través de la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, ha calificado de "histórico" que el pueblo egipcio haya tomado "las riendas de su propio destino "tras la marcha de Hosni Mubarak, ya que "facilitará una transición más rápida hacia la democracia"; y a la vez ha declarado que la visita a Guinea Ecuatorial es " un viaje bueno para los intereses de España".  Parecen difíciles de digerir y compatibilizar ambas afirmaciones.  Se está o no se está por la democracia.

La actuación de la diplomacia española no es novedosa, ya que es la misma que practican el resto de los países de la Unión Europea. Es la realpolitik. Todos ellos han apoyado a toda la retahíla interminable de dictadores del Norte de África y de Oriente Medio con razones de carácter económico, tal como el abastecimiento energético y el control de movimientos migratorios; y de estrategia política, ya que así se veían algo más libres del fundamentalismo islámico, mientras que hacían la vista gorda a las violaciones de los derechos humanos y a una corrupción impresionante. La actuación de los Estados Unidos es semejante y conocida por todo el mundo, ya que Egipto ha sido el mayor receptor de su ayuda económica por décadas. Solo superado por Israel. El Cairo ha percibido en los últimos años 1. 550  millones de dólares de los cuales,  1.300, ha sido destinado a fines militares, para asegurar el status quo. Apenas 250 millones a financiar programas sociales.  Ahora cuando los pueblos de Túnez y de Egipto se han lanzado a la calle para conseguir la democracia, los países europeos y Norteamérica señalan la conveniencia de las libertades políticas en estos países. A buena hora mangas verdes. Es el eterno conflicto entre los intereses y los valores que colocan a Europa y Estados Unidos contra la pared y desnudan sus contradicciones cada vez que una crisis estalla. Este problema no lo tiene China, por lo menos es sincera. Como muy bien señala  Marcos Peckel  “Este dilema diplomático y político no lo tiene nunca China, que desarrolla una diplomacia puramente de intereses, independiente de quién está en el poder, sin descalificar a nadie, ya sean dictadores, demócratas o terroristas, calibrando únicamente qué tantos negocios se puede hacer con este o aquel régimen, qué tanto petróleo tienen y qué tantos productos chinos pueden comprar. Las crisis regionales no afectan a China, que en Oriente Medio mantiene excelentes relaciones comerciales y de otra índole con Israel, Irán, Siria, Arabia Saudita y Turquía. Los chinos ni se han manifestado frente a la crisis egipcia ni nadie espera que lo hagan. Harán negocios con el que suceda a Mubarak, sea quién sea.”

Retornando al viaje de Bono a Guinea Ecuatorial, nuestro presidente del Congreso de Diputados que no da puntada sin hilo, le ha dicho a Teodoro Obiang “Es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa". Es cierto, el idioma, pero también el petróleo y los intereses comerciales. España es, tras Estados Unidos y China, el tercer socio comercial del país africano. En 2009 España vendimos a Guinea por valor de 194 millones de euros (principalmente maquinaria, automóviles, bebidas y material eléctrico). Ese mismo año, España importó productos de Guinea por valor de 458 millones de euros, básicamente petróleo y derivados. Están hoy  empresas españolas: Unión Fenosa (que participa con un 5% en el consorcio de explotación de gas natural 3G Guinea Gas Gathering), Repsol (que se adjudicó en 2009 los derechos mineros sobre un bloque de exploración), y Enbasa (dedicada al envasado de agua, vino y refrescos y que posee la principal planta industrial agroalimentaria del país). Por ende,   parecen muy apropiadas para el hecho que estamos comentando lo que dijo hace ya más de un siglo el Conde Romanones “Buscar el fundamento de las amistades internacionales en la afinidad de las razas, en la identidad de la sangre y del lenguaje, es una falacia engañosa. Todo lo antedicho sólo sirve como tropos para los juegos florales. En la política exterior sólo tienen primacía los intereses”.

            Esa aspiración tan tiempo anhelada por nosotros los españoles de incorporarnos a Europa, la hemos conseguido plenamente. Ya somos europeos. Actuamos en nuestras relaciones internacionales igual que los franceses, los alemanes, los británicos… No hay diferencia alguna. Como también somos todos los europeos iguales en cuanto a nuestros valores éticos.  Si hacemos negocio y firmamos acuerdos comerciales, nos parece irrelevante que un país tenga una despiadada y larga dictadura, en la que no se respeten los derechos humanos, como está ocurriendo en Guinea Ecuatorial, así lo han manifestado instituciones de prestigio como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, o que la corrupción llegue a unos límites intolerables, como lo ha dicho Global Transparency, que ha permitido que Obiang sea una de las mayores fortunas del continente.   La actuación española actual con Obiang, es la misma que la  que mantuvieron los Estados Unidos con el régimen de Franco, en el contexto de la Guerra Fría, al firmar en 1953 unos acuerdos por los que a cambio de la ubicación de las bases americanas recibió el régimen de Franco cuantiosas ayudas de carácter militar y económico, además de un reconocimiento internacional.

            Mas esta situación tiene una explicación,  como muy bien ha dicho el recientemente fallecido  Tony Judt “Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen. Ya no nos preguntamos sobre un acto legislativo o un pronunciamiento judicial: ¿es legítimo? ¿Es ecuánime? ¿Es justo? ¿Es correcto? ¿Va a contribuir a mejorar la sociedad o el mundo? Éstos solían ser los interrogantes políticos, incluso si sus respuestas no eran fáciles. Tenemos que volver a aprender a plantearlos.”

            Este el mundo que entre todos hemos forjado y que resulta muy complicado de cambiar.          Y luego nosotros, los europeos, no tenemos inconveniente alguno en considerarnos los herederos de los principios de la Ilustración y la Revolución Francesa. Y además nos lo creemos.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

12/02/2011 13:41 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


En torno a la muerte de un hombre

           

Acostumbro en mis ratos de ocio a practicar el saludable ejercicio de la lectura, tanto en el soporte de papel de un libro o de un periódico y también en el digital de mi ordenador. Todavía siento predilección por la primera opción, aunque tal como señalan todos los indicios no renuncio a que en un día no muy lejano a modificar mi opinión e inclinarme por la segunda. Después de leer unas cuantas páginas del libro de Ignacio Sotelo de título El Estado social. Antecedentes, origen, desarrollo y declive, conecté mi ordenador e inicié mi lectura en determinados periódicos digitales. Estaba interesado sobre todo por los acontecimientos de Egipto. Acostumbro a leer en primer lugar los nacionales, obviamente según mis preferencias ideológicas, aunque también de vez en cuando suelo hacerlo en otros muy alejados de mi manera de pensar. Es recomendable hacerlo así para tener una visión más amplia de los diferentes acontecimientos cotidianos. Después me sumergí en los sudamericanos, algunos de ellos extraordinarios por la profundidad y calado de sus contenidos. Uno de mis preferidos es El Espectador de Bogotá, ya que escriben unos articulistas excelentes. Eche una ojeada a los titulares de las noticias, y me sorprendió en el último lugar la siguiente, que por su gravedad reproduzco en su totalidad.  Merece la pena detenerse en todos sus detalles.

Un hombre de 61 años murió en el estacionamiento de un hospital en Portland, Oregón, después de esperar la llegada de una ambulancia para ser ingresado, como exigía el protocolo de urgencia, informaron hoy medios locales. El tristemente fallecimiento de Birgilio Marin-Fuentes, inmigrante cubano, se debió al haber chocado contra una farola del aparcamiento del Portland Adventist Hospital. Los detalles son realmente crueles. El óbito se produjo por complicaciones cardiacas antes de ser atendido por personal del hospital que distaba a 100 metros. Un oficial de policía que estaba en la zona que vio el accidente y al ver que Marin-Fuentes no respondía, se dirigió al hospital para solicitar ayuda, pero el personal médico le indicó que debían llamar primeramente al teléfono de emergencia."Al oficial se le informó que la política del hospital no permitía tratar gente fuera del centro y que debían llamar a una ambulancia", dijo a una emisora local el sargento Pete Simpson. El oficial llamó al teléfono de emergencia y un compañero practicó maniobras de reanimación cardiovascular a Marin-Fuentes hasta que llegó la ambulancia. "Ninguna política va a evitar que un oficial de policía de Portland ayude a alguien que lo necesite", agregó Simpson. Minutos después el paciente fue trasladado en camilla hasta el hospital, donde falleció. Posteriormente, el hospital emitió un comunicado en el que desmentía las acusaciones y aseguraba que se había enviado a un paramédico para tratar a Marin-Fuentes."No tenemos una política contra la respuesta a emergencias en el aparcamiento. De hecho, siempre llamamos al 911 y enviamos a nuestro personal, sean heridos de bala, ataques cardíacos o cualquier otra emergencia. Lo hemos hecho muchas veces en el pasado", explica en el comunicado Judy Lindsay, portavoz del hospital.

            Su lectura me sugieren todo un conjunto de reflexiones a cual de ellas más amarga. Este es modelo americano, donde se da un gran déficit social. ¿Se hubiera producido una situación semejante ante un hospital público en una ciudad española?  Pienso que no, de ninguna manera. Y es así, porque aquí en Europa todas las personas disponemos de todo un conjunto de derechos: educación obligatoria gratuita hasta los 16 años, asistencia sanitaria universal, una pensión en la vejez, así  como el derecho de dependencia, aunque este está costando muchos esfuerzos ponerlo en marcha. Todas estas prestaciones tienen su origen a la existencia del Estado de bienestar, aunque como señala Ignacio Sotelo, sin pleno empleo no debería ser llamado así, en todo caso Estado social. Prescindiendo de estas precisiones terminológicas, lo que parece incuestionable es que en los últimos tiempos desde las corrientes en boga neoliberales nos están intentando convencer de que algunos de estos derechos pueden desaparecer o cuando menos recortarse, por razones de su insostenibilidad económica. Lo que hay detrás de estos planteamientos es transferir todos estos servicios sociales al sector privado, aduciendo que es más económico. Esta afirmación habría que cuestionarla. Vamos a ver. Según Vicenç Navarro, la prestigiosa revista médica británica British Medical Journal acaba de publicar un estudio del Dr. Gordon Guyatt, catedrático de Medicina de la McMaster University de Hamilton, en Canadá, según el cual en los Estados Unidos la calidad de los servicios médicos de las instituciones con afán de lucro estaban muy por detrás de las instituciones públicas. Según la literatura científica, el afán de ganancia en medicina está reñido con la calidad de los servicios sanitarios. Cuando se privatiza la prestación de un servicio público hay que pagar, además del coste del mismo, el beneficio del que lo presta. Esto encarecerá su coste, a no ser que la empresa privada tome medidas para rebajarlo, como pagar menos a los trabajadores, reducir personal, o que sea menos cualificado, limitarse a aceptar usuarios que no sean caros o proporcionar solo prestaciones baratas. Estos comportamientos ya existen en la sanidad y la educación privadas.

            Por otra parte, resulta sangrante en USA que alrededor de 46 millones de estadounidenses no tienen cobertura sanitaria, es conocida las dificultades que está teniendo Obama para evitar esta circunstancia con su reforma sanitaria, ahora mismo un magistrado de Florida la acaba de declarar inconstitucional porque obliga a todos los ciudadanos a suscribir un seguro médico antes de 2014, lo que allana el camino a la demanda interpuesta por 20 estados para bloquear la ley. De los países desarrollados, sólo Estados Unidos y Sudáfrica no tienen implantado el seguro universal sanitario y otros muchos millones de norteamericanos pagan cantidades desorbitadas por una atención escasa, deficiente y que puede desaparecer si la enfermedad se prolonga en exceso. Otras muchas se ven cotidianamente obligadas a vender sus casas o a reducir su calidad de vida para pagar sus gastos médicos, o renuncian a ser atendidos si no es un caso de urgencia. Hay casos en los que tienen que suspender los tratamientos contra el cáncer, por no poder pagarlos. Sólo los pobres y los ancianos están mínimamente protegidos por el Estado dentro de dos programas sanitarios (Medicaid y Medicare) que sirven para poco más que afrontar los casos de extrema necesidad. Esos dos programas están en manos de compañías privadas que pasan al Gobierno sumas abusivas por servicios deficientes. Para corregir esta situación dramática, sería explosiva en Europa, está echando el resto el presidente Obama con su pretensión de desarrollar una reforma sanitaria que garantice una asistencia universal a todos los ciudadanos. Algo que intentaron ya hace casi un siglo Roosevelt y en 1993 los Clinton. "La reforma de nuestro sistema de salud ya no es sólo un imperativo moral, es un imperativo fiscal. Si queremos crear empleos y reconstruir nuestra economía, tenemos que atajar el desorbitado coste de la atención sanitaria este año, en esta Administración", declaró Obama cuando se estaba tramaitando. Y no le falta razón. Como conclusión convincente de la falsedad de la falacia de la eficacia de la privatización de los servicios públicos, ahí va otro dato. Según la OMS, los Estados Unidos es el primer país en gasto sanitario per cápita y aparece en el 37º puesto en cuanto a la calidad del servicio. Por ende, los estadounidenses viven menos que los europeos occidentales. Está en el 20ª lugar entre los países industriales en mortalidad infantil, una tasa que dobla a la de Suecia, más alta que la de Eslovenia, y supera por poco a la de Lituania. "Los que se oponen a la reforma dirán cualquier cosa con tal de asustaros sobre lo mucho que costará pasar a la acción", siguió argumentando Obama a sus ciudadanos. De hecho, algunas de las organizaciones privadas que orquestaron las protestas populares, como FreedomWorks, están financiadas por grandes empresas como la aseguradora MetLife o la tabaquera Philip Morris y por influyentes familias que apoyan la causa conservadora, como la del millonario Richard Mellon Scaife. Obama defendió que su plan ofrecerá "seguridad" y "estabilidad" a los estadounidenses enfermos y "evitará que las compañías aseguradoras os retiren la cobertura si enfermáis demasiado. Os dará la seguridad de saber que si perdéis el trabajo, os mudáis o cambiáis de empleo tendréis la misma asistencia. Limitará la cantidad que vuestra compañía puede obligaros a pagar de vuestro bolsillo para costes médicos". Además, "cubrirá cuidados paliativos como revisiones o mamografías que salvan vidas y ahorran dinero".

            Estos datos parecen contundentes, mas a pesar de ellos nos tratan de convencer de la bonanza de la privatización. Y lo estamos asumiendo de una manera pasiva. Deberíamos despertar de esta especie de sopor en el que estamos sumidos. Si se privatiza la sanidad, o cualquier otro servicio público, será a costa de reducir las prestaciones como hemos comentado anteriormente. Los que no puedan pagarla serán atendidos por las iglesias o la beneficiencia, es decir por razones caritativas. Y esta prestación debe estar al alcance de todos los ciudadanos por razones de justicia social. En un aviso a navegantes. Los europeos deberíamos ser conscientes de los derechos que tenemos y cuánto costaron su consecución a los que nos precedieron y que no hay una garantía plena de que algún día pueda desaparecer, si no sabemos defenderlo con uñas y dientes. Por razones de dignidad y de ética, estamos obligados a transmitir a las generaciones futuras lo mismo que nosotros recibimos de las que nos precedieron. De no mediar un cambio radical, algo que no se vislumbra en el futuro más inmediato, el  mundo que vamos a dejar a nuestros hijos va a ser bastante peor. Nuestros padres no lo hubieran permitido, de eso estoy seguro.

Cándido Marquesán Millán

 

13/02/2011 18:37 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Otra vez con la corrupción

 

Si hay un tema del que me resulta especialmente desagradable escribir es de la corrupción política. Lo he hecho ya en otras ocasiones, mas como continúa estando presente en esta nuestra querida España, por simple responsabilidad ciudadana me siento obligado a seguir haciéndolo. Es probable, mejor seguro, que habrá muchos compatriotas míos que al ver el tema, no proseguirán la lectura. En buena lógica exclamarán “otra vez con la misma tabarra o ya vale”. Entiendo que emitan exclamaciones iguales o muy parecidas, generadas por el hartazgo y  el malestar. Pero la realidad es la que es. Los casos se suceden uno tras otro sin que se vislumbre un final. Recientemente pudimos contemplar en el Parlamento a nuestros ínclitos representantes en otra sesión bochornosa. Los dos principales partidos enzarzados en los casos de corrupción, chapoteando en la ciénaga. Los unos sacaron el caso Gürtel, los otros los Eres falseados de Andalucía, mostrándose durísimos con el posible caso de corrupción del contrario y extraordinariamente magnánimos con el suyo propio. Con el diluvio que tenemos encima, ellos erre que erre con lo mismo, con el monótono y cansino “y tú más que yo”. Comportamiento que lamentablemente se traslada a buena parte de la ciudadanía, que responde con la misma cantinela. Con ello nuestros políticos demuestran, como si fueran autistas, su total desconexión con las inquietudes y preocupaciones reales de la gente de la calle. De ahí el profundo y creciente desencanto hacia ellos, aunque tampoco parece preocuparles demasiado. Mas es un tema clave para la credibilidad de nuestro sistema democrático. Por ello, los partidos políticos deberían alcanzar un pacto estatal para erradicar de raíz, pero de verdad, cualquier atisbo de corrupción en sus propias filas. Y así cuando se presentase algún caso, las cúpulas de los diferentes partidos deberían abrir puertas y ventanas de par en par en aras a facilitar la investigación judicial, en lugar de poner todo tipo de trabas y dificultades y de culpar al partido contrincante, que esté al frente del gobierno en ese momento, de estar fabricando una conjura en connivencia  con jueces, fiscales, policías y periodistas, aunque ello suponga un grave quebranto institucional. Tampoco deberían presentar a nadie en sus listas electorales que estuviera incurso en delitos de corrupción. El PSOE acaba de comprometerse a que no habrá en sus listas ningún condenado por corrupción. A la hora de hablar de imputados, ha prometido que no habrá imputados por corrupción siempre que además estén acusadas de enriquecimiento ilícito. Alcanzados estos acuerdos, ya no habría que malgastar ni un segundo más en el tema y dedicarse con exclusividad en buscar soluciones a los problemas que acucian de verdad a la ciudadanía, que no son pocos.

Pienso que la existencia de la corrupción en parte se explica por  falta de reacción ciudadana ante ella.  En ocasiones parece como si nos diera igual. Resulta difícil de entender que, tal como señalan las encuestas, es muy probable que llegue a la Moncloa el líder de un partido político, incurso hasta las mismas entrañas en delitos de corrupción, cuyo tesorero tuvo que presentar la dimisión y que tenía el despacho en la sede de calle Génova, pared con pared con el de Mariano Rajoy. Como también el que sea nombrado candidato a la presidencia de su comunidad un político, al que el fiscal le acaba de acusar de recibir unos  regalos constitutivos de delitos continuados de cohecho, previstos en los artículos 426 y 74 del Código Penal y que ha establecido la siguiente petición de pena: multa de 5 meses y 15 días con una cuota diaria de 250 euros, lo que da un total de 41.250 euros. Es sorprendente que estas circunstancias no tengan su reflejo a nivel electoral. Tal como observamos la corrupción en la democracia actual nunca tiene efectos tan inmediatos y devastadores sobre los cargos políticos.  Puede que sea porque  esta sociedad anda totalmente desnortada, como si no tuviera muy claros los auténticos valores éticos, ya que parece moverse  por motivaciones estrictamente económicas. Si un candidato nos ha hecho un favor o nos promete una recalificación injusta de un terreno, nos tapamos la nariz, le votamos y punto. Mas no debería ser así. Debería producirse una contundente respuesta de la sociedad civil para no votar a todo aquel acusado de corrupción. No podemos acostumbrarnos a la imagen de un pueblo aclamando a su alcalde y concejales corruptos; como tampoco a que determinados cargos públicos electos, incursos en delitos de corrupción urbanística, al presentarse de nuevo, no sólo no sean castigados, es que salgan reforzados en las elecciones.  Parece como si los escrúpulos morales pertenecieran a épocas pretéritas. Un caso del pasado nos podría servir de contundente ejemplo. Una trama de corrupción y sobornos, el escándalo del straperlo, acabó en 1935 con la vida política de Alejandro Lerroux, el viejo dirigente republicano del Partido Radical que presidía entonces el Gobierno. Los ministros radicales tuvieron que dimitir y cayeron muchos cargos provinciales y locales del partido. Todavía más, en las elecciones  de febrero de 1936, el Partido Radical, que había gobernado de septiembre de 1933 hasta finales de 1935, se hundió estrepitosamente en las elecciones. Quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933.  Lerroux ni siquiera salió elegido en la lista. Todo un buen ejercicio de ciudadanía responsable. Toda una lección de nuestros antepasados. Y eso que en aquellas fechas la mitad de los españoles eran analfabetos. Tendrían carencias educativas, pero lo que tenían muy claro era la importancia de determinados valores. Uno de ellos era la intolerancia hacia los casos de corrupción. En cambio, los españoles del 2011 con los mayores niveles de cultura y de vida  de toda la historia tenemos otras carencias no menos importantes.

Cándido Marquesán Millán

 

 

19/02/2011 19:12 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Grandes cambios en nuestra sociedad

 

En los últimos tiempos se están produciendo todo un conjunto de cambios sociales, económicos y culturales que afectan y modifican profundamente nuestro ciclo vital. Con anterioridad, nuestra vida estaba estructurada en tres grandes etapas. La primera, formativa; la segunda, laboral; y la tercera, de jubilación. Todas ellas estaban perfectamente delimitadas y diferenciadas

La formativa, que podía durar hasta los 16 o 25 años estaba destinada al aprendizaje de determinados conocimientos preparatorios para ponerlos en práctica posteriormente en un trabajo. La laboral duraba en torno a unos cuatro decenios, en la que ejercíamos una profesión, casi siempre la misma y en la misma empresa, siéndonos suficientes los conocimientos adquiridos en la etapa anterior, por lo que no necesitábamos adquirir otros nuevos. La de jubilación dedicada sobre todo al ocio, que se iniciaba en general a partir de los 65 años, cuyo final dependía de cada persona, aunque como tónica general cada vez se prolongaba más, debido al aumento de la esperanza de vida por los avances sanitarios

Hoy estas separaciones tan tajantes se han ido desdibujando progresivamente. La formación no se acaba en la primera etapa, sino que es necesaria extenderla a lo largo de toda la vida, ya que así lo exige la actividad económica de nuestra sociedad. Aun siendo la formación recibida en esta primera etapa la mejor y más larga de cualquier época de la historia, lo que no garantiza el acceso a un puesto de trabajo, tal como estamos comprobando al tener que emigrar muchos titulados superiores a Alemania, resulta insuficiente y debemos estar aprendiendo constantemente, si queremos estar adaptados a los continuos cambios que se suceden con una rapidez vertiginosa en nuestra vida profesional. De no hacerlo, vamos a ser expulsados del mundo laboral. Hoy un médico, un ingeniero, un profesor o un técnico de formación profesional en muy pocos años sus conocimientos adquiridos en la universidad o en instituto  quedan superados. Por ello, no tiene otra opción que estar aprendiendo todos los días.  La mayoría de la gente es consciente de esta necesidad, lo que resulta lamentable es que en numerosas ocasiones ese gran demanda por aprender no la puedan satisfacer por no haber suficiente oferta, ni en el sector público ni en el privado. Todos los años comprobamos en Zaragoza que las plazas ofertadas desde la Casa de la Mujer, la Universidad Popular, los Centros Públicos de Educación de Personas Adultas o las Escuelas Oficiales de Idiomas no son suficientes para la demanda existente. Admitida y asumida por la mayor parte de la sociedad esa necesidad de aprendizaje, en ocasiones puede llegar a ser  obsesiva, ya que por mucho que lo intentes, es imposible aprender todo y así estar adaptado a todos los cambios continuos y vertiginosos que se están produciendo en todas las profesiones.

Hoy es cada vez menos frecuente ese prototipo de trabajador que entraba en una empresa a los 16 años, a lo largo de los años iba escalando puestos e incrementando progresivamente su remuneración y allí terminaba su vida profesional. Esta permanencia en la misma empresa, que era una parte fundamental de su vida y con la que se sentía plenamente identificado, al proporcionarle una seguridad le permitía plantearse un proyecto vital. Como tenía la certeza de que a determinada edad iba a tener un ascenso, con la subsiguiente remuneración, esta circunstancia le permitía arriesgarse en la compra de una vivienda o un coche. Hoy ya no tenemos ningún tipo de seguridad en nuestro puesto de trabajo. Por ello, todos debemos estar dispuestos a cambiar de empresa y profesión las veces que sean necesarias, lo que produce una gran sensación de inseguridad, impidiéndonos plantearnos un proyecto vital a largo plazo, además de propiciar la corrosión del carácter según Sennett. Si no le estamos, nos vamos a ver excluidos del mundo laboral. Todos los trabajadores son conscientes de que su trabajo pueden perderlo, incluso los funcionarios públicos, tal como estamos  viendo en Grecia o Irlanda. Por ende el trabajo ha dejado de ser el eje central que encarrila y da sentido a la vida personal. Los trabajadores se consideran cada vez menos como tales, son jóvenes o viejos, nacionales o extranjeros, vascos o españoles.  De la misma manera estamos preparados a que en cualquier momento nos veamos inmersos en el paro, circunstancia que no se daba en los 30 años gloriosos del siglo XX. 

Vinculábamos el ocio sobre todo a la etapa de la jubilación, aunque en la laboral cada vez tenemos más ocio, bien voluntario, o forzado por situaciones de subempleo o de paro. Obviamente para muchas personas la búsqueda de alternativas para llenar de una manera constructiva este tiempo de ocio supone todo un reto.

Para algunas personas que llegan a la edad de jubilación el dejar su vida laboral supone un auténtico trauma y el superarlo les resulta complicado, ya que consideran que han dejado de ser útiles a la sociedad. Nada más lejos de la realidad. Hoy cada vez más estamos observando cómo muchas personas jubiladas siguen vinculadas de pleno a la cultura del aprendizaje permanente. Es cada vez más frecuente su asistencia a s instituciones educativas como la Universidad de la Experiencia, la Universidad Popular o Centros de Adultos, donde aprenden Historia de España, pintura o profundizan en las nuevas tecnologías. No lo hacen para el ejercicio de una profesión, ni para la adquisición de un título académico, lo hacen por simples razones de desarrollo personal. Todo ello no deje de ser encomiable, porque siempre estamos a tiempo de aprender, algo que produce una gran satisfacción. Nuestro gran pintor Goya estando ya muy cercano de la muerte acostumbraba a decir “Aún aprendo”. Sería deseable que se incrementase más todavía esta actitud entre nuestros jubilados. De la misma manera nuestras personas mayores realizan numerosas actividades, además de la encomiable de  llevar y traer a sus nietos al colegio, cuya contribución a nuestra sociedad es extraordinaria. Ahora mismo recuerdo el trabajo de un amigo con el que comparto tertulia que participa de pleno en la realización de muchas actividades para recaudar fondos para Aspanoa, Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Aragón.

Como vemos estos cambios profundos nos exigen una adaptación permanente, de no hacerlo podemos vernos profundamente frustrados.

 

Cándido Marquesán Millán

20/02/2011 16:21 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Rajoy, el ilusionante presidente

                       

Pocas veces en un sistema democrático el líder de un partido en la oposición va a llegar al poder con menos esfuerzos gastados y menos méritos acumulados, y que  genere menos ilusión en gran parte de la ciudadanía. Me estoy refiriendo a Mariano Rajoy. Podría servir de paradigma excepcional y por ello ser motivo de estudio en la ciencia política.

 

            Que las encuestas vayan a favor de los populares se explica por la crisis económica, con la secuela más grave del paro, ante la que el Gobierno de ZP se está desangrando, ya que no sabe cómo abordarla ni atajarla. No tengo la pretensión ahora de detenerme en los orígenes, desarrollo y consecuencias de la crisis, porque ya se ha hablado bastante. Dicho lo cual, lo que parece incuestionable es que la crisis hubiera llegado independientemente del color del gobierno que hubiera estado. Como también que las medidas para corregirla son muy reducidas, no muy diferentes de las que se han puesto en marcha, ya que lamentablemente los mercados marcan la hoja de ruta. Mas para los ciudadanos los matices cuentan poco, lo que quieren es que la economía remonte, aumente el bienestar y el paro se reduzca. Y si un gobierno no sabe alcanzar estos objetivos, obviamente será castigado electoralmente y aunque sea a regañadientes busca otras alternativas.

            Siendo tan dramática la situación económica, los españoles tenemos el derecho a conocer, por lo menos un esbozo, cuáles son las grandes líneas programáticas para salir de la crisis del líder del principal partido de la oposición. Hasta el momento se ha limitado a decir siempre que no a cualquier iniciativa del Gobierno de ZP, aunque las hubiera propuesto el mismo con anterioridad. Da igual si es la reforma de las pensiones, de las cajas de ahorro,   de las prestaciones del desempleo o de políticas de ajustes fiscales.  Lo que sí sabemos son cuatro generalidades, edulcoradas con las conocidas rebajas de impuestos, reducción del gasto público y la consabida austeridad. Igualmente con el argumento de que ya sacaron al país de la crisis en 1996, sin entrar en más profundidades, cuando el sabe muy bien las enormes diferencias entre la situación de aquel año y la actual. Y cuando ha presentado alguna alternativa es el paradigma  de la incoherencia. Vamos a verlo.  Rajoy  ha ido estableciendo en los últimos años algunos posibles modelos económicos a imitar. Y los ha ido modificando sobre la marcha. Antes de las elecciones de 2008  era el de la Irlanda que crecía por encima del 4%.  Cuando el milagro irlandés entró en recesión, lo olvidó. Poco después, fue el de la Francia de Sarkozy, mas cuando el presidente francés empezó a hablar de "reinventar el capitalismo", defendiendo un intervencionismo fuerte como salida a la crisis e incluso planteando un nuevo impuesto para las grandes fortunas, le dejó de interesar. Llegó el de Angela Merkel, cuando hizo propuestas de bajadas de impuestos en plena campaña. Con la crisis griega Merkel, lejos de bajar impuestos, subió algunos -sobre todo uno a las eléctricas sobre la energía nuclear, le sobrevino un nuevo olvido. Apareció el de la Inglaterra de Cameron, pero al darse cuenta  que los durísimos recortes planteados en ese país -500,000 funcionarios menos y tasas universitarias triplicadas- provocaban críticas en España, empezó a citar menos a Cameron. ¿Cúal es el  modelo de Rajoy? Deberíamos conocerlo. De momento lo ignoramos, no sabemos si es porque no lo tiene, o si lo tiene  permanece oculto en alguna carpeta de algún disco duro de algún ordenador de la calle Génova, que por su dureza no se atreve a darlo a conocer. Por ende, la política económica de los populares no es como para generar gran confianza.

            Pero es que además hay otra circunstancia, no menos grave, que debería hacernos reflexionar a todos los ciudadanos a la hora de depositar nuestra confianza en Rajoy. De verdad, nos debería de preocupar profundamente que pueda llegar a la Moncloa el líder de un partido político, incurso hasta las mismas entrañas en delitos de corrupción, en el que hasta el mismo tesorero tuvo que presentar la dimisión y que tenía el despacho en la misma sede de calle Génova, pared con pared con el de Mariano Rajoy. Como también el que haya sido nombrado candidato a la presidencia de su comunidad un político, al que el fiscal le acaba de acusar de recibir unos  regalos constitutivos de delitos continuados de cohecho, previstos en los artículos 426 y 74 del Código Penal y que ha establecido la siguiente petición de pena: multa de 5 meses y 15 días con una cuota diaria de 250 euros, lo que da un total de 41.250 euros. Mientras que ocurren los casos anteriormente mencionados, en el colmo del cinismo y del sarcasmo nos acabamos de enterar que el PP difundía entre los miembros de su dirección y las organizaciones regionales el borrador del programa marco para las elecciones autonómicas y locales de mayo, y que en  el un último apartado, titulado "Regeneración", plantea medidas muy contundentes contra la corrupción. Según señala “La lucha contra la corrupción se convierte en uno de los pilares principales del PP, ya que la legitimidad del sistema democrático no puede quedar en entredicho por actitudes permisivas, indolentes o exculpatorias ante la gravedad de determinados comportamientos”. De verdad, leer estas líneas programáticas anticorrupción,  cuando se acaba de confirmar la candidatura de Camps, es una falta de respeto a la ciudadanía española.  Si los dirigentes populares actúan así es porque saben que la corrupción en este nuestro querido país no tiene ninguna incidencia negativa a nivel electoral. Y lamentablemente no andan descabellados en esta apreciación. Y si se ha llegado a esta situación, puede que sea porque  esta sociedad anda totalmente desnortada, como si no tuviera muy claros los auténticos valores éticos.

Como conclusión, es entendible la nula ilusión que transmite la figura de Mariano Rajoy y que de no producirse un cambio radical será el próximo inquilino de la Moncloa. Pienso que nos merecemos algo mejor.

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

26/02/2011 17:46 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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