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Necesidad de un Pacto por la Educación

 

 

Que la educación es una de las claves del  futuro de un país, es una obviedad. En principio, todo el mundo parece estar de acuerdo: gobiernos, partidos políticos, sindicatos, empresarios de la enseñanza, asociaciones de padres y de alumnos, medios de comunicación, en definitiva, toda la sociedad en su conjunto. No obstante, entiendo que puede darse cierta hipocresía, y que la educación no interesa tanto como dicen algunos.

          Si es tan importante, no se puede ni se debe usar la educación como un arma arrojadiza especialmente en el ámbito político, ya que con ello salen perjudicados gravemente nuestros alumnos, así como la sociedad en su conjunto. Por ende, es imperiosa la necesidad de llegar a un Pacto por la Educación, basado en unas  condiciones mínimas, orillando aquellas discrepancias de mayor profundo calado ideológico. Las dificultades van a ser muchas,  y  una de las mayores es, como señala José Antonio Pérez Tapias, que todo aquello que se haga en el ámbito educativo es para pasado mañana, y nuestra sociedad, sobre todo la clase política, esta volcada en lo inmediato, en el corto plazo. Como también el conseguir una implicación responsable de las diferentes Comunidades Autónomas.

         Quien debe dirigir este pacto es el Gobierno. Por lo que parece, algo utópico hasta hace poco,  PP y PSOE lo ven viable. La secretaria general del PP, Mª Dolores Cospedal, ha valorado como muy positiva la receptividad mostrada por el ministro de Educación, Ángel Gabilondo; el cual ha asegurado que el pacto "tiene viabilidad", y ha anunciado que en dos meses estará en disposición de presentar un texto con contenidos concretos. Desde el PP  se tiene la pretensión de  establecer "unos principios mínimos de acuerdo" y el cambio de modelo educativo tiene que asentarse en cuatro pilares básicos: la libertad de enseñanza, un currículo nacional de mínimos, la mejora de la calidad del sistema y el reconocimiento de la labor fundamental del profesorado." Desde el ministerio se ha señalado que existen "puntos de aproximación" en "materia de estabilidad normativa, acuerdo de financiación y pacto por los educadores y la comunidad educativa.”

         En ese pacto deberían incluirse una serie de cuestiones fundamentales: causas del fracaso escolar y sus posibles soluciones, reformas en las enseñanzas postobligatorias del bachillerato- con una mayor flexibilidad- y la potenciación de la  F.P insertada en las necesidades productivas del país, un Estatuto Docente que garantice iguales condiciones laborales y profesionales en todo el Estado a los profesionales de la enseñanza, reconocimiento de la labor del profesorado tanto a nivel normativo como por parte de la sociedad,  autonomía de centros, una enseñanza inclusiva no segregadora…. Podrían incluirse otros, también importantes, aunque en los citados entiendo que se podría llegar a un acuerdo.

            Quiero referirme especialmente al fracaso escolar, por su carácter traumático. No podemos quedarnos cruzados de brazos ante una cifra que supera el 30% de alumnos que abandonan los centros escolares sin alcanzar el título de graduado en secundaria, con lo que esta situación supone de desventaja a la hora de incorporarse al mundo laboral.

José Antonio Marina señala con buen criterio que el educar es tarea de toda la tribu. Esta frase es muy clara, mas no sólo hay que compartirla, hay que interiorizarla y ponerla en práctica en todos los aspectos de nuestra vida, como padres/madres, como ciudadanos, como trabajadores, como viandantes, como profesores, como productores de programas televisivos, como consumidores, y es importante para toda la sociedad en su conjunto que cumpla su objetivo, para conseguir personas lo suficientemente preparadas tanto en el ámbito académico como en el personal. Es, sobre todo, muy importante un cambio de actitud desde los medios de comunicación, ya que parece que sólo les interesa la educación cuando se produce algún conflicto en un centro educativo, obviando su labor formativa y cultural. Igualmente hay que cambiar actitudes en el ámbito familiar, con la finalidad de que los padres no contradigan delante de sus hijos las directrices de los docentes. Y la sociedad debe valorar en su importancia real la labor de los docentes, algo que se echa de menos desde hace tiempo. Siguiendo también a Marina, promotor de la Movilización educativa de la sociedad civil: La preocupación universal por la educación ha generado un sistema de excusas en el que todo el mundo echa las culpas al vecino. Los padres a la escuela, la escuela a los padres, todos a la televisión, la televisión a los espectadores, al final acabamos pidiendo soluciones al gobierno, que apela a la responsabilidad de los ciudadanos, y otra vez a empezar. En esta rueda infernal de las excusas podemos estar girando hasta el día del juicio. No parece el camino más adecuado el echarnos las culpas unos a otros.

            Dicho lo cual, las razones del fracaso escolar son múltiples y variadas. Según Alvaro Marchesi,  es más frecuente entre los varones (58,5%) que entre las mujeres (41,5%), ya que las chicas aprenden a leer y a escribir antes que los chicos, maduran antes y son más participativas en el aula y más aplicadas. Según encuestas elaboradas entre alumnos de ESO y Bachillerato, ellas dedican ocho horas semanales al estudio; ellos, sólo tres. Además, las chicas tienen una mayor conciencia de la importancia de la educación.

La escolarización obligatoria y gratuita hasta los 16 años, todo un avance incuestionable, tenía que incrementar la cifra de fracaso escolar, en relación a cuando sólo se escolarizaba hasta los 14 años. La llegada de la población inmigrante,  ya que los 743.696 extranjeros escolarizados en 2008-2009 representaron el 9,7% de todos los alumnos de las enseñanzas no universitarias de régimen general y especial, y en los centros públicos españoles estaban el 82,7 % y los privados el 17,3% restante. Continuando con Marchesi.  El contexto familiar. Tradicionalmente se ha asociado este fenómeno con situaciones familiares problemáticas. Es cierto que los jóvenes de familias desestructuradas o con un escaso poder adquisitivo tienen más posibilidades de abandonar las aulas sin haber obtenido ningún título. Pero en los últimos años, ha aparecido un nuevo perfil de fracaso escolar: chicos de familias estructuradas, cuyos padres cuentan con una formación académica y disfrutan de una posición económica holgada. Mas lo cierto es que el nivel educativo de los padres influye notablemente en el rendimiento escolar de los hijos, aunque la formación académica de los padres no es el único factor de relación entre el fracaso escolar y la familia. Marchesi añade: El lenguaje y la comunicación que se establece entre sus miembros, las expectativas de los padres sobre el futuro académico de sus hijos, el apoyo a sus estudios, los hábitos lectores, las actividades culturales, etc., son factores que deben tenerse en cuenta a la hora de determinar las causas de las dificultades que algunos alumnos manifiestan en sus estudios.

La disposición de los alumnos. La capacidad intelectual de los escolares condiciona su rendimiento académico. Algunos niños presentan especiales dificultades para el aprendizaje. No adquieren los conocimientos y las habilidades correspondientes a su edad; y si no se pone remedio, están abocados al fracaso escolar. La desmotivación es otro factor que explica este fenómeno. Se debe a la falta de referentes positivos que motiven al alumno a desarrollar una trayectoria educativa, así como a la percepción de que los contenidos que se imparten en la escuela no responden a las necesidades reales de la vida. También contribuyen al fracaso escolar los defectos de visión o audición, la dislexia, la hiperactividad, la sobreprotección familiar, los problemas emocionales... Los docentes de la etapa secundaria cuentan con una formación académica adecuada; pero se encuentran desprovistos de herramientas pedagógicas para mantener la disciplina y abordar los problemas relativos a los alumnos. La falta de autonomía de los centros educativos  ya que el enfrentarse con éxito a los alumnos con mayor riesgo de fracaso en un tiempo de profundos cambios sociales y tecnológicos exige una gran autonomía de los centros, capacidad de adoptar decisiones, disponibilidad de recursos para elaborar programas específicos, organización flexible de los grupos de alumnos, colaboración con diferentes instituciones, asociaciones y centros, y evaluación permanente de las iniciativas adoptadas para continuar por el camino emprendido o rectificar si fuera necesario. Los cambios normativos, ya que el sistema educativo en España en los últimos 40 años ha conocido 7 leyes educativas, desde la Ley General de Educación de 1970, a la actualmente en vigor la Ley Orgánica de Educación (2006). El gasto público en educación, bastante inferior a la media de la OCDE.

            Si se hace un buen diagnóstico de la enfermedad, se pueden tomar medidas  terapéuticas adecuadas. De las causas expuestas se derivan las soluciones. Si se consigue un buen Pacto por la Educación, la gran beneficiada será la sociedad española en su conjunto.

 

Cándido Marquesán Millán

 

02/01/2010 03:54 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Malos tiempos para la Memoria Histórica

Es seguro, o cuando menos probable, que algunos, no me atrevo a cuantificarlos, al leer estas líneas y vean que versan sobre el tema, ya sobado mas todavía no resuelto, de la Memoria Histórica, exclamarán que ya vale, otra vez con la misma tabarra, que lo que les preocupa de veras es la crisis económica, y su secuela más importante que es el paro galopante.¡Toma! ¡Y a mí también! Y a otros muchos como yo.

Lo que no es óbice para que me siga preocupando también sobremanera por el tema de que todavía millares de españoles estén enterrados en las cunetas de cualquier carretera comarcal, en las tapias de cualquier cementerio, o incluso en algún basurero, y que además sus familiares se vean todavía imposibilitados de poderles darles una digna sepultura, como todo ser humano se merece, tal como lo señala una obra de misericordia. Y también me preocupa especialmente que a una parte, no pequeña de la sociedad española, esta traumática e injusta circunstancia le importe un comino, ya que por lo que parece hoy en día se mueve por una determinada escala de valores, con la finalidad de alcanzar unos objetivos colectivos, que no son otros que aquellos que tengan que ver con la prosperidad, crecimiento, PIB, eficacia, producción, tipos de interés del euribor, cotizaciones en bolsa, vacaciones en la playa o la montaña, y se olvida que todos ellos deberían ser sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines socio-políticos, y no fines suficientes en sí mismos.

Y mi preocupación continúa al constatar que importantes y poderosos medios de comunicación, hablados, escritos, telemáticos han contribuido a conciencia a que en ese importante sector de la ciudadanía española haya calado esa escala de valores. Y esto es así, merced a que proliferan cada vez más un prototipo de columnistas, que dicen escandalizarse porque esta sociedad nuestra se está produciendo un vacío de valores morales, por la nueva ley del aborto, el matrimonio de los homosexuales, el consumismo desenfrenado, la educación para la ciudadanía….. Y sin embargo, no tienen ningún impedimento moral en colocarse en contra de todo aquello relacionado con la Memoria Histórica, y que les resulte indigerible el que todas esas víctimas sean enterradas. Resultan difíciles entender estos comportamientos tan contradictorios. Tampoco debería ser motivo de sorpresa, ya que hace tiempo que se ha producido en esta nuestra querida España una derechización de la prensa.

También me preocupan determinadas actuaciones judiciales, como el que se admitiera a trámite la querella presentada por el sindicato "Manos Limpias" contra el juez Garzón por su iniciativa de abrir una causa penal para investigar los crímenes del franquismo por medio del Sumario 53/2008 E de 18 de diciembre. Es un escarnio para la democracia. Igualmente la actuación de determinadas jerarquías eclesiásticas que no ven otra cosa en la Memoria Histórica que el resentimiento, tal como dijo el cardenal Rouco: a veces, es necesario saber olvidar” en lo que él denomina, haciendo gala de una doble moral, de “una auténtica y sana purificación de la memoria”, mientras canonizan a miles a sus mártires de la Guerra Civil. Por último, no menos me preocupa el que una fuerza política de enorme calado en la sociedad española, con más de 10 millones de votantes detrás, se muestre insensible, sin querer saber nada, e incluso se ría de todos aquellos, que quieran enterrar a sus muertos, acusándoles de insensatos y de poner en peligro nuestra democracia que ha costado tantos esfuerzos conseguirla. En el debate preelectoral Rajoy mostró su desprecio aduciendo que la Ley de la Memoria Histórica (LMH) "no interesa a nadie". Y con anterioridad Miguel Ángel Rodríguez, portavoz que fue del Gobierno de Aznar entre 1996-1998 en el programa 59 segundos de TVE: "En plena época de Internet y de la Play Station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años". Una vez más, la derecha pone de manifiesto que no le gusta hablar de memoria histórica, pues ello es tanto como aludir a sus raíces ideológicas y personales. Tiene auténtico pavor a cortar su cordón umbilical con el franquismo.

Por todo lo anteriormente expresado, siento una profunda tristeza. Que después de más de 30 años en esta democracia nuestra, todavía la sociedad española, incluida en ella tanto la clase política como la ciudadanía, no haya sido capaz de saldar esa deuda histórica con todos aquellos españoles que fueron asesinados, por el único delito de defender el régimen republicano, entiendo que algo está fallando. ¿Cómo podemos llamarnos demócratas, y a la vez permitir esta situación? ¿Es una democracia de segunda categoría? ¿O es que está enferma? Tengo la impresión de que deberíamos empezar a cuestionarnos ya esa idea, que se ha ido extendiendo entre nosotros los españoles con demasiada autocomplacencia, de que nuestra Transición Democrática ha sido modélica, y que incluso hemos pretendido dar lecciones a otros países que han pasado por situaciones semejantes. Considero que si nuestra democracia fuera plenamente madura, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que este haya sido. La verdad por encima de todo. Sudafricanos, chilenos, argentinos, rusos, por poner ejemplos, lo han hecho ya dándonos una contundente lección.

Nuestra democracia debe reparar esa deuda pendiente por razones estrictamente democráticas, ya que si hoy vivimos en un régimen “consolidado” de libertades y de paz, es absolutamente imprescindible reparar esta injusticia, es una cuestión de coherencia con nuestros propios principios democráticos. ¿Qué mejor muestra de reconciliación que ser capaz de asumir el pasado doloroso y tomar medidas para corregir tales errores? Y el hacerlo ya, sin dilaciones, contribuiría de verdad a la reconciliación, así como el refuerzo de la convivencia democrática. Nada más lejos que al enfrentamiento. Pero es que además existen poderosas razones de carácter ético, que debían superar cualquier diferencia política. ¿Quién podría aceptar que un ser querido continuase en cualquier margen de un camino? Y a pesar de todo el Partido Popular inamovible, se resiste a dar un paso adelante. Si lo hiciera haría un gran favor a nuestra democracia. Es lo que han hecho las derechas europeas, al condenar sin ambages los fascismos. Aquí, por lo que estamos constatando no hemos podido llegar a tanto.

Me parece muy pertinente para acabar este artículo, el comentario del diputado socialista-ciudadanos por el cambio, Sr. Balcells, cuando recurre a las palabras de una periodista, que se ha dedicado a investigar aquí y en otros lugares con dramas similares el problema de las asesinados por las dictaduras y enterrados en fosas comunes. Se refiere a Montse Armengol, que en su libro Les fosses del silenci, partiendo de la experiencia de Nicaragua, se hace la siguiente reflexión: “En Guatemala hemos visto como nos pasaban la mano por la cara por el esfuerzo institucional para localizar las fosas, para obtener ayudas internacionales, para hacer un banco de ADN, para tener un psicólogo a pie de fosa que atendiera a los familiares de las víctimas en aquel momento, a la vez esperado y doloroso, en que surge el primer hueso, una bota o una chaqueta, que confirma la pérdida violenta de un ser querido. El momento en que una pala abre la tierra y se rompe el silencio; el momento en que, por fin, puede comenzar el duelo, el personal, el del familiar del desaparecido y el colectivo: el de la sociedad que ha padecido la tragedia. Nada de eso”- acaba diciendo Montse Armengol- “hemos visto en esta España que presume de dar lecciones de transición o de perseguir a los dictadores criminales”.

06/01/2010 03:41 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.


¡A por Zapatero!

 

                       

 

Instaurada en España la democracia, régimen político excepcional en nuestra ajetreada historia, se han sucedido  al frente del Gobierno: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y el actual, José Luís Rodríguez Zapatero. Todos ellos se han visto sometidos, lo que entra dentro de la normalidad democrática, a críticas por parte de los partidos de la oposición, de determinados medios de comunicación y también desde dentro de sus propias formaciones políticas.

Cabe recordar  el acoso implacable que sufrió Suárez, antes de su dimisión en febrero de 1981, por parte de la oposición socialista, más incluso que la del PCE, y la puñalada que sufrió por la espalda de ciertos sectores de la UCD. Calvo-Sotelo sufrió un cerco inmisericorde de toda la izquierda española, al meter  España en la OTAN. Y al aprobar una Ley de Divorcio, que terminó de romper a su partido en mil pedazos, movilizó en su contra a la jerarquía católica.

 

Felipe  González también se vio acosado de una manera implacable. La reconversión industrial, el recorte de las pensiones o la flexibilización del mercado de trabajo provocaron un enfrentamiento con los sindicatos, incluida la la UGT.,  que lideraba su antiguo colaborador Nicolás Redondo, que se saldó con dos huelgas generales de 1988 y 1994. En 1993, después de que, contra todo pronóstico Felipe González ganara las elecciones generales por casi un millón de votos, un nutrido grupo de periódicos diseñó una estrategia para erosionarle y acabar con él, para ello  crearon un clima de crispación,  buscando entre los trapos sucios de cualquier persona relacionada con el partido socialista, e inmediatamente implicarle directamente. Participó obviamente el PP, sobre todo con Álvarez Casos y grupos financieros afines a la derecha española, interesados en que Aznar llegase al poder. Y también Izquierda Unida, ya que  Julio Anguita, creía necesaria la caída de González para convertir a I.U. en el partido de izquierdas dominante.

José Maria Aznar se vio sometido sobre todo a finales de su segunda legislatura a un acoso continuo por parte de la oposición, determinados poderes mediáticos, así como amplios sectores de la sociedad civil por la guerra de Irak, el Prestige y el accidente del YAK-42. Además de los acontecimientos de los días posteriores al atentado del 11-M.  Tuvo que soportar, en junio de 2002 una huelga general, por la supresión de los derechos laborales y al recorte de las prestaciones por desempleo, según la UGT.

 

 Por último José Luís Rodríguez Zapatero, desde el primer día que llegó al poder,  se ha visto sometido a un acoso sin precedentes en nuestra reciente democracia por parte de la oposición, importantes  medios de comunicación e instituciones poderosas. En su primera legislatura, yendo la economía a toda máquina, se negaron a aceptar la legitimidad de su gobierno- con la teoría de la conspiración-; usaron el terrorismo de ETA- acusando de traicionar a los muertos-; el Estatuto de Cataluña- se rompe España- ; la Memoria Histórica- se interrumpe el consenso de la Transición-; su política social: matrimonio de los homosexuales, el divorcioexpress- se rompe la familia-. Si ya la crítica fue dura por el fondo, todavía lo fue más por las formas. Dudo mucho que haya habido en nuestra historia un jefe de gobierno que haya sufrido más duros calificativos.  Juan José Millas los ha recogido: inconsciente, inútil, incapaz, acomplejado, cobarde, prepotente, mentiroso, inestable, desleal, perezoso, pardillo, revanchista, débil, sectario, radical, chisgarabís, maniobrero, indecente, loco, hooligan, propagandista, visionario, chapucero, excéntrico, estafador, agitador, fracaso, mendigo de treguas, traidor a los muertos. Mas yo añadiría otro, que me impactó verlo en una pancarta de una manifestación: Anticristo.

            En su segunda legislatura, sus opositores han hecho hincapié en la crisis y el paro. Allí donde pueden hacer más daño. La novedad consiste en que ya comienza a ser cuestionado desde su propio partido. El tono en cuanto a dureza se incrementa. Podemos constatarlo en cualquier editorial de esa prensa opositora. Ahí va un pequeño fragmento elegido al azar, mientras estoy redactando este artículo: Creo que entre tanto despropósito como hemos sufrido en los últimos cinco años triunfales del vallisoletano leonés, mitad nieto franquista, mitad nieto Lozano -aquel militar fusilable a ambos lados de la trinchera-, bueno con infinito merengue retórico en sus intenciones, desastrosamente ruin, vago y calamitoso en sus resultados…Era cuestión de justicia que tarde o temprano -ha sido bastante tarde- acabara autodestruyéndose él con su mezcla de violenta arrogancia, desequilibrio general y desorden total en su propia melopea de ideas improvisadas. ... Matar políticamente no le es ajeno, vive Dios, y lo hace con mucha parsimonia y eficacia. Toda su biografía política está sembrada de cadáveres. Muchos de los cuales, por cierto y gracias a Dios, gozan de excelente salud al haberse escapado al entorno tóxico y políticamente perverso del gran Timonel, polito excelso de la mentira. …

 

Ni siquiera respetan el hecho de su acceso a la presidencia europea, aunque ello suponga desacreditarlo fuera de nuestras fronteras. Cualquier medio es válido. Viene muy a cuento al respecto, lo que Azaña hizo decir a Garcés en La Velada de Benicarló: Por desgracia, superamos a todos en el humor suicida de nuestra cólera. Otros pueblos ambiciosos o semibárbaros  dirigen su furor contra el extranjero. España es el único país que se clava su propio aguijón. Quizá el enemigo de un español es otro español.

 

 Y no es lo que ha llovido hasta ahora. Lo que vendrá en un futuro próximo, será de órdago. Se ha abierto la veda.  

 

Cándido Marquesán Millán

 

14/01/2010 22:09 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Sin novedad en el frente

 

 

 

 

Que los españoles no podemos servir de ejemplo, salvo en alguna rarísima y reciente excepción, de lo que es una práctica de consenso en el ámbito político, parece claro y manifiesto. No hace falta más que mirar nuestra reciente historia.

 

En el siglo XIX no fuimos capaces de elaborar una Constitución consensuada,  en la que basar nuestra vida política. Tuvimos todo un rosario de textos constitucionales. El Estatuto de Bayona de 1808, la Constitución de 1812- una  de las fechas europeas de la Historia de España-, el Estatuto Real de 1834, la Constitución de 1837 (progresista), la de 1845 (moderada), la de de 1856 (progresista, aunque no promulgada), la de 1869 (la más democrática del siglo), el Proyecto de Constitución Federal de 1873,  la de 1876 (conservadora). No supimos o no quisimos unirnos en torno a una Constitución, tal como hicieron los norteamericanos con la suya de 1787, todavía vigente, a la que se incorporaron las lógicas enmiendas con posterioridad. Mientras que en los Estados Unidos “su” Constitución sirvió para unir a sus ciudadanos, aquí sirvió como factor de desunión. Circunstancia que  expertos constitucionalistas, como el profesor Manuel Ramírez, les ha llevado a hablar de nuestra historia de bandazos. Aquellos españoles que llegaban al poder imponían su texto constitucional, sin contar para nada con sus adversarios. Por ende, éstos permanecían en un retraimiento hostil, esperando alcanzar el poder para imponer el suyo. Tejiendo y destejiendo el mismo sudario, como Penélope. Por ende, la sociedad española decimonónica anduvo como alma en pena buscando un asentamiento firme. No lo encontró. No supo construirlo. La expresión política de esta sinrazón podemos verla en  los golpes de Estado, pronunciamientos, dictaduras, guerras civiles, destronamientos, y restauraciones.

 

Entrando en el siglo XX tuvimos la Constitución republicana de 1931 avanzada, progresista, y profundamente democrática, aunque tampoco se tuvo en cuanta en su elaboración a un amplio sector de la sociedad española. Su final se produjo como consecuencia de un golpe militar encabezado, por aquellos que habían jurado defenderla. Como resulto fallido sobrevino esta cruenta guerra, cuyas huellas todavía permanecen, en la que los españoles nos matamos entre nosotros mismos. Y como nos parecía escasa  esta carnicería, para incrementarla, pedimos que nos invadieran ejércitos extranjeros.

Tras la dictadura de Franco, “La larga noche de piedra” según el poeta gallego Celso Emilio Ferreiro, en la Transición Democrática alcanzamos  la Constitución de 1978, producto del consenso de las diferentes fuerzas políticas, aunque tuvieron que sacrificarse mucho más las izquierdas. Mas todo ese esfuerzo valía la pena, con el propósito de emprender de una vez una convivencia de paz, concordia y de democracia. Salvo honrosas excepciones el actual texto constitucional no es cuestionado. Por primera vez en nuestra historia parecíamos los españoles prestos a practicar una política de consenso. Mas esta práctica tan deseable comenzó a interrumpirse en los inicios del siglo XXI, tras la llegada al poder de Rodríguez Zapatero en el 2004, sobre todo por la actuación del PP, no en lo que hace referencia a la Constitución, pero sí sobre determinadas políticas de Estado en las que debería prevalecer el consenso: autonómica,  terrorista,  Memoria Histórica, ampliación de derechos civiles, inmigratoria, crisis económica, educativa, etc. Tampoco está libre de culpa el Gobierno de Zapatero, aunque en un grado mucho menor. Se ha dicho por expertos columnistas que sobre estas cuestiones anteriormente mencionadas no se debería haber legislado por parte del gobierno de Zapatero sin contar con el apoyo de un partido, que tiene detrás a más de 10 millones de votos. Puede que sea válido tal análisis. Aunque también puede que lo sea, el considerar que ante el bloqueo institucional de los populares a Rodríguez Zapatero no le quedaba otra opción que tomar decisiones, que en eso consiste el gobernar. Por todo lo mencionado volvemos a las andadas. No hay manera. De verdad que he reflexionado sobre el tema, y me siento confuso. No sé si la explicación puede radicar en nuestros genes. Somos incapaces de pactar. Pactar es un ejercicio de generosidad inmenso, porque supone  hacer cesiones y renuncias. Un pacto no es patrimonio exclusivo de uno, porque es fruto de todos cuantos participan en él. Pactar es saber ponerte en el lugar del otro. Es estar predispuesto a aceptar que el que está al otro lado de la mesa pueda tener parte de razón. Como también el renunciar de un parte de nuestra verdad. Pactar, como acaba de decir Fernando Onega en relación al hipotético y cada vez más lejano Pacto por la Educación,  no es imponer   unas condiciones previas e irrenunciables, ante ellas ¿qué puede esperar el Gobierno? Solo esto: que, si acepta esas condiciones, el paso siguiente será ver a Rajoy cantando victoria con una de sus célebres anotaciones: «Le hemos impuesto al Gobierno el sentido común». Así es muy difícil negociar.

 Me agradaría profundamente que de una puñetera vez dejaran de ser ciertas  aquellas proféticas palabras que Azaña hizo decir a Morales en la Velada de Benicarló: "Ustedes decían que el enemigo de un español es otro español. Cierto. ¿Por qué? Porque normalmente es de otro español de quien recibimos la insoportable pesadumbre de tolerarlo, de transigir, de respetar sus pensamientos. España, en general no se ocupa del extranjero. El español medio, y no digamos el que está por bajo, cree saber que hay pueblos risibles, pueblos temibles. Descansa en la seguridad de no alternar nunca con ellos. En el fondo se encoge de hombros. El blanco de su impaciencia, de su cólera y enemistad es otro español. Otro español quien le hace tascar el freno, contra quien busca el desquite. ¿El desquite de qué ofensa? La ofensa de pensar contrariamente. El español es extremoso en sus juicios. Está enseñado a discurrir partiendo de premisas inconciliables.

 

 

            Cándido Marquesán Millán

 

22/01/2010 00:30 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

La civilizada Europa

 

 

 

Los europeos tenemos la costumbre de creernos el ombligo del mundo, la cuna de la civilización. En nuestro continente apareció la cultura griega, el cristianismo y el derecho romano. El románico y el gótico. El Renacimiento, Humanismo, y la Reforma Protestante. Así como  la Ilustración basada en el culto a razón humana-  reflejada en  la frase de Kant aude sapere-  que nos serviría para combatir y superar la ignorancia, la superstición y la tiranía, y así construir un mundo mejor. La Revolución Francesa, con los principios de la división de poderes de Montesquieu y la soberanía nacional de Rousseau, que se plasmaron en unos textos constitucionales, así como en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. La Revolución Industrial que permitió un extraordinario crecimiento de la economía, aunque a costa de la explotación de la clase obrera, que hizo necesaria la aparición de las ideologías: marxista y anarquista, con una finalidad emancipadora para conseguir una sociedad más justa, libre y sin explotación alguna. En principio, nada que objetar a la existencia de estos hechos históricos. Mas también los europeos somos igualmente responsables de otros, de los que no podemos sentirnos satisfechos. A algunos de ellos quiero referirme.

 

            Acaba de aparecer la noticia, no muy destacada en los medios de comunicación, de la repatriación y entierro de cinco kawésqar, cuatro adultos y un niño, indígenas del sur de Chile, cuyos restos permanecían en la Universidad de Zurich. Éstos eran indios navegantes que habitaban los gélidos territorios de Tierra del Fuego, en el extremo sur de Sudamérica. Si llegaron al “continente de la civilización” se debió a que a finales del siglo XIX fue usual la captura, el traslado forzoso de indígenas para exhibirlos en los “zoológicos humanos”   para diversión de los visitantes y con supuestos fines científicos. Los cinco, miembros de un grupo de once kawesqar, fueron llevados a París en 1881 para ser expuestos en el Jardín de Aclimatación del Bois de Boulogne, tras ser raptados en las costas del Estrecho de Magallanes por un marino alemán. Con posterioridad pasaron al Zoológico de Berlín, donde los alojaron en el recinto de las avestruces, siguiendo a Leipzig, Stuttgart y Nurenberg. Algo parecido se hizo con los fueguinos en 1889 con ocasión de la Exposición Universal de París, que celebraba el Centenario de la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre. En estos zoológicos se pagaba una entrada para ver a los indígenas, presentados "como seres extraños o antropófagos del fin del mundo”. Las duras condiciones significaron la temprana muerte de los cinco indígenas por una "confluencia de factores", en que se presentaron enfermedades como la tuberculosis o la sífilis. La presencia de la sífilis hace suponer que fueron sometidos también a abusos sexuales. 

Tras una extensa investigación, 131 años después, las osamentas de estos cinco chilenos han podido yacer junto a sus descendientes. Fueron recibidos por la Presidenta de la República, Michelle Bachelet en el aeropuerto Punta Arenas, quien realizó un "mea culpa" por la responsabilidad del Estado en permitir que fueran sacados del país para ser tratados como animales. "Estos chilenos fueron llevados contra su voluntad, con permiso de las autoridades chilenas en algunos casos, o ante su total indiferencia en otros, y fueron exhibidos para satisfacer la curiosidad del público y el interés antropológico de círculos científicos", expresó.

            Igualmente es digno de destacar, como muy bien contó Mario Vargas Llosa recientemente en un artículo, titulado La aventura colonial, la actuación de  Leopoldo II de Bélgica en el Congo. Con una mezcla de astucia y  diplomacia fue capaz  de convertir a su país en una gran potencia colonial. Supo forjarse una  imagen de monarca humanitario, altruista, hondamente preocupado  por los salvajes. Y así en 1885, las naciones reunidas en el Congreso de Berlín, le regalaron, a través de la Asociación que él había creado, todo el Congo, un inmenso territorio, unas 80 veces el tamaño de Bélgica, para que "abriera ese territorio al comercio, aboliera la esclavitud y cristianizara a los salvajes".  Los congoleses se vieron sometidos a una explotación brutal, hasta su extinción. Los castigos, para los que no podían entregar suficiente látex, fueron  inhumanos. Las mutilaciones de manos y pies,  hasta el exterminio de aldeas enteras, fueron lo normal. Allí hubo un auténtico Holocausto, que llegó al exterminio de 10 millones de seres humanos, lo que no ha sido un impedimento para que los  belgas recuerden a Leopoldo II con nostalgia, y le consideren un gran estadista.

            Y aquí más cerca. El domingo anterior a la Navidad, en 1511, el dominico Antonio de Montesinos pronunció en la isla de Hispaniola (Haití), en una iglesia con techo de cañas, un sermón "revolucionario". Comentando el texto "Soy una voz que clama en el desierto" (Jn. 1,23), Montesinos emitió la primera protesta pública importante y deliberada contra la clase de trato que sus compatriotas infligían a los indios. El sermón, pronunciado ante la minoría dirigente de la primera ciudad española fundada en el Nuevo Mundo, escandalizó e indignó a sus oyentes. Clamaba con voz llena de ira:

¿Con qué derecho habéis declarado una guerra tan atroz contra esta gente que vivía pacíficamente en su país? ¿Por qué dejáis en tal estado de agotamiento, sin alimentarlos suficientemente, sin preocuparos de su salud? Porque el trabajo excesivo que le exigís, los abruma, los mata. Mejor dicho, sois vosotros los que los matáis, queriendo que cada día os traigan su oro.¿Por ventura no son hombres? ¿No tienen una razón, un alma? ¿No tenéis el deber de amarlos como a vosotros mismos? Estad seguros de que, en estas condiciones, no tenéis más posibilidades de salvación que un moro o un turco".

            Esta labor de denuncia sería continuada por el padre Bartolomé de las Casas en su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, donde nos describió con no menor dureza :“Entraban en los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas, ni paridas que no desbarrigaran e hicieran pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quien de una cuchillada abría un hombre por medio, o le cortaban la cabeza de un piquete, o le descubrían las entrañas….

            Los hechos comentados son suficientemente explícitos, ellos solos se comentan. Deberían servirnos para que nosotros los europeos comencemos a cuestionarnos la supuesta superioridad de nuestra civilización. Como lo hace Jean Ziegler en su libro La victoria de los vencidos, donde nos muestra de una manera contundente que si hay superioridad cultural ésta pertenece a las sociedades tradicionales de la periferia, donde predominan los valores de la solidaridad, la dignidad, el goce del instinto vivido, el contacto con los demás y con la naturaleza.

 

Cándido Marquesán Millán

27/01/2010 23:34 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Reflexiones sobre la Reforma de las Pensiones

 

 

 

Al final llegó, hace tiempo que nos lo anunciaban,  el Consejo de Ministros acaba de aprobar el documento de reforma de las pensiones, que el Gobierno presentará a la Comisión Parlamentaria del Pacto de Toledo. El documento ofrece un conjunto de medidas para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones a medio y largo plazo. Las reformas se afrontan desde una perspectiva temporal de los próximos treinta años. Lo más destacado es la prolongación de la vida laboral, frenar el recurso a la jubilación anticipada, y la reforma de las pensiones de viudedad…. Se desplaza paulatinamente la edad legal de jubilación desde los 65 a los 67 años, siguiendo el camino emprendido por otros países europeos. Lo que va a significar el que tendremos que trabajar más años.

           

El Gobierno indica en el documento que la Seguridad Social tiene una buena situación, con unas reservas de 70.000 millones de euros, distribuidos en 60.000 millones en el Fondo de Reserva; 4.000 en el Fondo de Prevención, 6.000 millones en provisiones y reservas mutuas; y un superávit presupuestario continuado en los últimos ejercicios. A pesar de ello, la reforma parece imprescindible, tal como ha señalado el Ministro de Trabajo, Celestino  Corbacho a TVE "no habrá ningún problema en el sistema de pensiones diez años; pero si no hacemos nada en década, entonces sí". Hace un año nos decía que no había peligro alguno. Las razones que esgrime el Gobierno para hacer esta reforma son sobre todo de carácter demográfico, el aumento de la longevidad española en los últimos decenios, supondrá el incremento incuestionable del número de jubilados en los próximos años. Las respuestas ante el documento han sido las previsibles: rechazo sindical y apoyo de la patronal. En cuanto al PP más de lo mismo, en contra. ¡Como no! Como simple ciudadano de a pie, me preocupa sobremanera el paso dado por el Gobierno. Sería exigible que el Gobierno nos proporcione cuantitativa y cualitativamente datos a la ciudadanía para justificar una medida de tal enjundia que afectará a toda la sociedad española. Debe haber transparencia. Por ende, sería recomendable que en una hora de gran audiencia en TVE el Presidente del Gobierno, junto con los ministros de Economía y Trabajo informasen con claridad. Mientras tanto los ciudadanos  debemos fiarlo todo a que lo que se nos dice por parte del Gobierno. No obstante expertos como el catedrático de Políticas Públicas y de Economía Aplicada en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Vicenc Navarro en el artículo “Las pensiones  son viables” publicado en la revista el VIEJO TOPO, Julio-Agosto 2009, replica a los argumentos de aquellos que cuestionan la viabilidad de las pensiones, al estar construidos en errores metodológicos hechos por los economistas y los medios de comunicación liberales. El catedrático indica que  el procedimiento mediante el cual calculan la esperanza de vida es erróneo. Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años. Igualmente señala que tampoco tienen en cuenta las diferencias de la longevidad según las clases sociales. Un trabajador no cualificado tiene, a los 60 años, el nivel de salud que un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe trabajando dos años más para pagar las pensiones del segundo que le sobrevivirá diez años. Otro error del argumento alarmista: el crecimiento del porcentaje del PIB gastado en pensiones es excesivo, ya que el porcentaje del PIB en pensiones subirá de un 8,4% en el año 2007 a un 15,1% del PIB en el año 2060, por lo que la sociedad en el año 2060 no podrá absorber tales gastos pues restarán recursos necesarios para otras actividades, programas o servicios a la población no pensionista. No tienen en cuenta el impacto del crecimiento de la productividad sobre el PIB del año 2060. Se equivocan también en sus proyecciones demográficas. Cualquier demógrafo conoce  las enormes dificultades en calcular cambios demográficos por periodos tan largos.

Por todo lo cual, todos los ciudadanos debemos estar muy atentos. Si los sacrificios son necesarios, se hacen, pero todos. Tengo la impresión de que al final vamos a ser paganos los de siempre. Los acontecimientos tal como vienen no sirven para a descubrir nada nuevo. Lo único que hacen es demostrar lo obvio, aunque conviene recordarlo. A esta situación se ha llegado porque no ha surgido una respuesta contundente desde la izquierda europea, política y sindical. En consecuencia, desde las corrientes neoliberales, hace algunas décadas, se ha estado sembrando la idea, para que la interiorice la clase trabajadora, de que ya se ha acabado esa concepción de la historia, por la que cada generación ha de vivir inexorablemente mejor que la anterior. Esta idea ha calado. Hoy, muchos trabajadores no sólo han renunciado ya a mejorar su situación, por lo que se sienten satisfechos con mantenerse como están, e incluso, a renunciar a parte de las conquistas sociales que con tanto esfuerzo consiguieron los que les precedieron.  Los grandes paganos de la crisis los trabajadores: paro galopante, ERES injustificados, congelación salarial, aumento de impuestos, y por si todavía no fuera bastante, jubilación más tarde. ¿Será suficiente?

 Tenía razón el gran historiador Joseph Fontana: "Desde 1789 hasta el hundimiento del sistema soviético las clases dominantes europeas han convivido con unos fantasmas que atormentaban frecuentemente su sueño: jacobinos, carbonarios, anarquistas, bolcheviques..., revolucionarios capaces de ponerse al frente de las masas para destruir el orden social vigente. Este miedo les llevó a hacer concesiones que hoy, cuando no hay ninguna amenaza que les desvele-todo lo que puede suceder son explosiones puntuales de descontento, fáciles de controlar---, no necesitan mantener."

 

Cándido Marquesán Millán

 

30/01/2010 00:05 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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