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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2010.

Vaya semanita

                                  

 

 

            El Gobierno de Rodríguez Zapatero acaba de soportar y de superar a trancas y barrancas una semana política, la del 29 de noviembre al 5 de diciembre, extraordinariamente complicada. Será difícil que vuelva a repetirse otra igual. Los problemas le han llegado de todos los frentes: malos resultados electorales, relaciones internacionales tensas, problemas económicos  graves, revelaciones de informaciones secretas, un envenenado conflicto sociolaboral y político. Cualquiera de estos temas hubiera servido de material informativo suficiente para bastantes días. Por ello, los comentaristas políticos han tenido que saltar de un tema a otro con rapidez, para reflejar la acuciante actualidad. Mas la historia es así, hay épocas en las que pasan pocas cosas y además monótonas, mientras que hay otras en las que se produce una auténtica avalancha de acontecimientos cambiantes y nada aburridos.

 La semana se inició con unos resultados para el PSC, los peores desde el año 1980, en las elecciones autonómicas de Cataluña. Evidentemente tal fracaso político tiene una gran trascendencia a nivel del Estado, por mucho que desde Ferraz quieran obviarlo

Sin tiempo de recuperación, sobrevinieron los ataques de los “mercados” a la economía española, al sembrar la idea interesada de la insolvencia de nuestra deuda, con la finalidad de conseguir grandes beneficios en la financiación de los bonos españoles. Para aplacar la voracidad de esos mercados, el Gobierno de ZP no tuvo otra opción que tomar unas medidas muy diferentes a las que serían las lógicas de un partido socialdemócrata: rebaja de impuestos a las empresas, aumento de impuesto del tabaco, eliminación del subsidio de 426 euros a los parados, privatización de servicios públicos en  aeropuertos y de la Lotería Nacional. Que esta última acabe en manos de alguna empresa de tragaperras y que la venta de los décimos de Navidad en un futuro no muy lejano sea a través de algún cajero automático ya no nos debería de sorprender. No obstante, si de lo que se trata es de hacer caja, también se podrían vender en un futuro próximo el Parque Nacional de Ordesa o alguna sala del Museo del Prado, sin excluir los Goyas o los Velázquez. Todas estas decisiones, como no podía ser de otra manera, desde las instituciones europeas han sido muy bien acogidas, aunque no les parecen suficientes, ya que hablan de introducir el copago sanitario.

 Luego llegaron las revelaciones inagotables que comprometen algunos aspectos de la política internacional de España filtradas por Wikileahs, como los presos de Guantánamo, la venta de material militar a Venezuela, las valoraciones del embajador de USA sobre los políticos españoles. De todas ellas la que parece más lamentable es la pasividad o falta de coraje del Gobierno de ZP, por servilismo hacia los Estados Unidos, a la hora de investigar la muerte del periodista Couso en Irak, que va a propiciar el que su familia presente una denuncia.

Mientras tanto se criticaba duramente a ZP por su ausencia, la primera de un Jefe de Gobierno de España, a la Cumbre Iberoamericana. Desde el Gobierno se justificó aduciendo que ZP debía permanecer en Madrid, para presidir el Consejo de Ministros del día 3 de diciembre, en el que se tomaron las medidas económicas anteriormente mencionadas.  Al mismo tiempo el Parlamento de Marruecos instaba al Gobierno de Rabat a trabajar por la recuperación de las ciudades de Ceuta y Melilla y los presidios ocupados, después que el Pleno del Congreso de los Diputados aprobase por unanimidad la condena de los incidentes en El Aaiún,  tras el desalojo del campo de protesta saharaui, instando a "profundizar" las relaciones con el Frente Polisario, y acusando a Marruecos de violación de derechos humanos y de no permitir la entrada de periodistas.

Y por si todavía no fuera bastante, llega el conflicto socio-político de los controladores al inicio del largo puente de la Inmaculada. Sería muy prolijo expresar en estas líneas todos los antecedentes. Obviamente todos sabemos quiénes han sido los culpables: los que abandonaron sus puestos de trabajo, imposibilitando que cientos de miles de españoles se fueran de vacaciones, provocando un grave quebranto a la economía española. Por ende, el Gobierno no tuvo otra opción que convocar un nuevo Consejo de Ministros para el sábado día 4, en el que se aprobó el Real Decreto de alarma nacional. Un hecho de gran trascendencia, ya que se ha producido por primera vez desde la instauración de la democracia. La mayoría de los comentaristas  políticos lo han valorado positivamente, ya que en 24 horas se restableció el espacio aéreo. No obstante, para todos aquellos que tenemos unos cuantos años todo lo que suena a estados de alarma, excepción  y de sitio nos traen a la memoria recuerdos no muy gratos de épocas recientes. Además si ahora un Gobierno ante un conflicto laboral puede hacer un Decreto de alarma nacional para restablecer el espacio aéreo, quien le impide que no pueda hacer lo mismo cuando el conflicto sea en educación o sanidad, en tanto que servicios básicos fundamentales.

Como acabamos de ver, la semana ha sido de prueba para el Gobierno de ZP. Nos gustarán o nos agradarán, mas lo que parece cierto es que se han tomado decisiones ante esta avalancha de problemas que se sucedían uno tras otro sin solución de continuidad. En esto consiste precisamente el gobernar.

La nueva semana, tampoco ha tenido un buen inicio. El Informe Pisa vuelve a poner en la picota la situación de la educación en España. Cuando estoy terminando estas líneas me llega la noticia de la detención de la atleta Marta Domínguez, todo un símbolo para la sociedad española. Anteriormente ya cayó Paquillo Fernández, lo de Contador todavía está pendiente. Ahora lo único que faltaría es que los españoles no nos pudiéramos consolar de nuestras desdichas con el triunfo de nuestros deportistas.

 

Cándido Marquesán Millán

10/12/2010 13:19 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

No hemos aprendido nada

 

 

Corren malos tiempos para todos aquellos que tengan la osadía de ser discrepantes con la opinión generalizada. Hoy si quieres verte libre de problemas, lo que debes hacer es aceptar de una manera sumisa lo que todo el mundo asume. Aunque siempre ha sido difícil ser una voz crítica y diferente, pienso que hoy es mucho más todavía. No deberíamos olvidar que los grandes avances en la historia de la humanidad han venido propiciados por algunos disconformes, que no han aceptado las cosas porque sí, como si fueran verdades absolutas, impuestas desde alguna instancia divina o terrena. Un momento que supuso un gran progreso para la humanidad, fue la Ilustración. Es cuando el hombre sale de la niñez y adquiere su mayoría de edad, y se atreve a pensar y actuar por sí mismo, hasta entonces otros lo hacían por él. Los Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot valorando y usando la razón, como facultad humana fundamental, asumiendo su libertad, fueron capaces de someter a una dura crítica las estructuras políticas, sociales, económicas, religiosas y culturales del Antiguo Régimen. Mas no lo tuvieron fácil y por ello asumieron graves riesgos provenientes de aquellos poderes a los que cuestionaban. El desenlace fue la Modernidad. Por eso, hoy tenemos un sistema democrático, una sociedad laica, una autonomía de lo político de lo religioso, el libre desenvolvimiento de la ciencia…

         Hoy se nos está imponiendo otra verdad absoluta, la que viene impuesta desde los mercados.  Mas esta situación no es novedosa. Durante tres décadas nos vendieron la bonanza de la desregulación de los mercados, el desprecio por el sector público y el señuelo del crecimiento infinito. Los resultados todos los conocemos: progresivo aumento de las desigualdades y una crisis económica sin precedentes. Estos 30 años de casi monopolio ideológico neoliberal supuso una ruptura con respecto a los períodos anteriores. Desde finales del XIX hasta la década de 1970, tal como señala Tony Judt, las sociedades avanzadas occidentales se volvieron menos desiguales, merced a la tributación progresiva, subsidios de los gobiernos para los más necesitados, las democracias modernas se estaban desprendiendo de sus extremos de pobreza y riqueza. Seguía habiendo diferencias. Mas, en estos 30 últimos años las diferencias entre ricos y pobres se han vuelto a incrementar, especialmente en USA y el Reino Unido, epicentros destacados del entusiasmo por el capitalismo desregulado, como en otros muchos países, incluido España. En USA en 1968, el director ejecutivo de GM cobraba 66 veces más que un trabajador típico de GM. Hoy, el director ejecutivo  de Wal-Mart gana un sueldo 900 veces superior al de su empleado medio. El Reino Unido hoy es más desigual en renta, riqueza, salud, educación y oportunidades que en ningún otro momento desde 1920.

         En buena lógica, ese capitalismo desregulado, basado exclusivamente en la consecución del beneficio material,  fue víctima de sus propios excesos, de ahí el estallido de la crisis, lo que hizo “inevitable” el intervencionismo de los Estados que tuvieron que acudir a su rescate, inyectando ingentes cantidades de dinero público para salvar el sistema financiero, por lo que se vieron fuertemente endeudados. No había otra opción, nos decían. Había otras, como señala Paul Krugman con esos fondos públicos se hubiera podido crear una pujante banca pública. Mas parece que no hemos aprendido la lección. Una vez reparados los destrozos, volvemos a la situación anterior al estallido de la crisis. Nuevamente se convierten en dogmas la desregulación y  la privatización. Por ende, la próxima crisis ya se está incubando y será más traumática. Tras el fuerte endeudamiento estatal, los mercados  impusieron a los gobiernos  durísimas políticas de ajustes fiscales. Hay que reducir el déficit público, aumentando los impuestos indirectos, reduciendo todo tipo de prestaciones sociales, rebajando sueldos, congelando pensiones, retrasando la edad de jubilación, potenciando las privatizaciones. Además hay que ejecutar sin reparar en sus costos sociales todo un conjunto de reformas estructurales: reforma laboral con despidos más baratos y descentralización de la negociación colectiva, de las pensiones.  El desenlace final de todos estos procesos es tan claro como el agua cristalina: un importante trasvase de rentas desde la gran mayoría de los ciudadanos hacia una oligarquía financiera. En definitiva, el enriquecimiento de unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos. Lo grave es que todo lo ocurrido hasta ahora, ni siquiera lo podemos cuestionar. No solo no lo podemos criticar, todavía más,  nuestra clase política dirigente nos dice que es lo que nos hemos merecido, al haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Y siempre dispuesta a prestarnos un servicio altruista, nos dice que son necesarias todas estas medidas para salvaguardar el Estado de bienestar nuestro y de las generaciones futuras. Es decir, que debemos estarles profundamente agradecidos. Y si tenemos la osadía de discrepar, se nos acusa de insolidaridad. Realmente es de una desvergüenza escandalosa, que insulta a cualquier  inteligencia normal.

No obstante, hay voces discordantes. Hay otras alternativas. Como la expuesta por  Vicenc Navarro.  Reducir el déficit público, en lugar por la vía del gasto, podría hacerse subiendo los impuestos. A través de una política fiscal más justa y progresiva, con la recuperación del impuesto del patrimonio, nueva tributación de las SICAVs, nuevos tipos a las rentas superiores e impuesto de sociedades, persecución de la economía sumergida, entre otras, se podría recaudar hasta 35.235 millones, con los que podría crearse mucho empleo, incrementando los servicios del Estado del bienestar, dando atención a muchos dependientes, por lo que se estimularía la demanda y con ello la recuperación económica, reduciendo así el déficit público.

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

14/12/2010 21:44 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Los desahuciados

 

En esta crisis económica tan profunda están ocurriendo unos hechos aparentemente contradictorios: los fines de semana las estaciones de esquí están a rebosar; si salimos a cenar a algún restaurante, nos resulta complicado encontrar una mesa; e igualmente los Grandes Almacenes están muy concurridos. La explicación podría radicar en que la incidencia de la crisis en la gente es muy dispar. Para algunos, ésta no solo ha pasado de largo sino que con ella se han visto muy beneficiados, aumentando su nivel de ingresos. Son los que durante estas fiestas navideñas van a dedicarse a consumir sin control en una auténtica orgía adquisitiva, comprando todo tipo de artículos útiles o no: belenes, vírgenes, reyes magos, angelitos, corbatas, zapatos, consolas, muñecas, juguetes, ordenadores, joyas, colonias, ropa de marca, marisco, vinos sofisticados, etc. ; como también se van a lanzar a disfrutar con auténtico frenesí cotillones pantagruélicos o a realizar viajes a los lugares más exóticos: a St. Moritz, en los Alpes suizos; o a Punta Cana, en la República Dominicana. Mientras  hay otros, no pocos, que la está sufriendo de una manera dramática y que sobreviven a duras penas gracias a la solidaridad de la familia o de determinadas instituciones. Entre estos, hay un porcentaje importante de parados, que van a verse despojados injustamente en breve tiempo de los 426 euros de subsidio por desempleo, por lo que algunos de ellos recurren o recurrirán a los numerosos comedores sociales o los albergues cada vez más frecuentados. Y los cada vez más abundantes por nuestras calles, los “sin techo”,   durmiendo entre cartones en un portal de una casa cualquiera o de algún cajero automático de alguna entidad financiera. Hay también otro colectivo, que está padeciendo de una manera durísima las secuelas de esta crisis, al verse despojados de su vivienda por parte de las entidades financieras, al no poder pagar las cuotas de su hipoteca, son los alrededor de 300.000 de “desahuciados”. Según datos del Consejo General del Poder Judicial, las ejecuciones hipotecarias en 2008 fueron 58.000. En el 2009 se convirtieron en 114.000 y en 2010 se espera que alcancen una cifra superior a las 180.000. A estos últimos quiero dedicar las líneas que siguen.

Todas estas personas pudieron acceder a la propiedad de una vivienda en los momentos de la burbuja inmobiliaria, ya que las entidades financieras presionadas por las promotoras inmobiliarias y sin ningún tipo de control por parte gubernamental, concedían irresponsablemente préstamos hipotecarios con unos períodos de amortización de 30 0 40 años. Mientras abundó el  trabajo y se fueron pagando las cuotas no hubo problema alguno. Mas cuando explotó la burbuja inmobiliaria, con la secuela del paro, ya muchos no pudieron pagar las cuotas de amortización mensuales, que además se incrementaron de una manera importante con la subida del euribor. Según la legislación actual, cuando una persona no es capaz de seguir abonando sus letras, el banco  le embarga la vivienda y la pone a subasta, que al “no poder ser vendida”, las tasadoras de la propia entidad le ponen un precio del 50% con respecto al valor que tuvo cuando se suscribió la hipoteca, y como la deuda supera el valor del inmueble, no queda saldada con la entrega de las llaves del piso,  sino que se ha de pagar la diferencia al igual que los intereses. De lo contrario, el banco retiene el resto de bienes disponibles. Así todas estas personas sin vivienda y con una deuda importante quedan en la más absoluta miseria de por vida. Es una realidad sangrante. Además  hoy existen muchas entidades financieras que tienen sus propias inmobiliarias que están almacenando muchas viviendas y que no las quieren vender hasta que suban los precios. Es claro que la legislación hipotecaria española permite esta situación, pero que sea legal no significa que sea justa. No faltan los que dicen en referencia a las familias desahuciadas: «¡Haberlo pensado antes de comprar!» Pero no deberíamos olvidar que nos estamos refiriendo a jóvenes a los que reclamábamos que se emanciparan y a inmigrantes a los que prácticamente exigíamos que abandonaran lo que denominábamos pisos patera. Todos ellos vivían en una doble promesa: empleo y vivienda. ¿La culpa es  exclusivamente suya y merecen tanto castigo?

Sorprende la indiferencia con la que el Gobierno está acometiendo el problema de las ejecuciones hipotecarias, cuando en España es ya un problema de dimensiones sociológicas, que debería provocar un estado de alarma. Los poderes públicos están para detectar y tratar de solucionar los problemas de los ciudadanos. Ante la circunstancia de que tantos españoles o inmigrantes hayan sido arrojados sin contemplaciones a la calle, con toda su familia e hijos, que todavía no se haya hecho nada o muy poco por parte del Gobierno, es una muestra clara de cuáles son sus preocupaciones. Mas alguna solución habrá. Se debería retocar la Ley Hipotecaria, para que “sólo el bien hipotecado responda como garantía del pago del crédito concedido”. Y por otro, se podría incluir la dación en pago en el Código Civil como “procedimiento preferente” para liquidar los impagos de un crédito. Además, también una Ley de Endeudamiento Familiar, a fin de que las familias no puedan entramparse de forma ilimitada.

            Recientemente en el Parlamento se presentó una propuesta para que se permitiera la "dación" de la vivienda como pago del préstamo. Fuentes del Ministerio de Fomento descartaron esta propuesta, al considerar que sería una irresponsabilidad aprobarla en el momento actual, ya que pondría en dificultades el sistema financiero. Las palabras hablan por sí solas. Por lo que parece es más importante salvar a toda costa el sistema financiero, que a un colectivo importante de ciudadanos. Es cuestión de prioridades.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

20/12/2010 20:04 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Irquierda versus derecha

 

 

La izquierda se muestra mucho más crítica hacia los gobernantes de su propio partido que la derecha. Lo estamos constatando en estos momentos que el Gobierno de ZP está poniendo en práctica un conjunto de medidas políticas, muy alejadas de los principios ideológicos de la socialdemocracia.

Esta circunstancia resulta impensable en los populares, tanto en su clase dirigente como en sus votantes. Cabe recordar la pasividad y la indiferencia que mostraron cuando José María Aznar decidió meternos en la guerra de Irak, con la histórica foto de las Azores, que debió pensar iba a tener tanta trascendencia como la de Churchill, Stalin y Rooseveelt en la Conferencia de Yalta. Muy pocos dirigentes populares se atrevieron a discrepar de su gran líder, que estaba en aquellos momentos en la cresta de la ola, con la única excepción de Rodrigo Rato. El comportamiento fue muy parecido entre sus militantes y votantes. La derecha siempre cierra filas y sigue votando a los suyos, pase lo que pase.

            En la izquierda hoy vemos cómo destacados dirigentes del PSOE han levantado la voz discordante contra el Gobierno de ZP. Especialmente este hecho se ha producido tras la hecatombe electoral del Partido Socialista de Cataluña(PSC), aunque también hay que tener en cuenta la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas. También es cierto que hoy es más fácil oponerse a ZP por su política actual y porque parece una figura en clara decadencia. Me desagradaría profundamente que fueran válidas las palabras que  el Conde de Romanones, auténtico zorro político, dijo en cierta ocasión Cuando se derrumba uno desde las alturas del Poder, es difícil averiguar quiénes son los últimos en abandonar al caído; porque al caído todos le abandonan de golpe. Acontece como con las ratas cuando el barco comienza a hacer agua.”   El primer aldabonazo lo hizo Tomás Gómez el pasado junio, líder del Partido Socialista de Madrid (PSM), cuando se negó ante ZP a retirar su candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid y dejar paso a toda una ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Prosiguió otro barón socialista, José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, cuando en el pasado octubre se atrevió a decir “Los socialistas estamos fallando estrepitosamente. Si no se cambia el rumbo, el partido va a una catástrofe electoral”. Posteriormente rectificó por presiones de la cúpula del PSOE. Ahora mismo, de nuevo, ha sido Tomás Gómez, que no ha tenido problema alguno en señalar ante el Comité Regional del PSM “Apoyamos las medidas adoptadas por el Gobierno, pero estamos muy preocupados, ya que los mercados deben ser gobernados por los Gobiernos”. “La reforma de las pensiones tiene que venir desde la izquierda no de lo que marquen los mercados. No podemos seguir a expensas de esos mercados que apuestan claramente por reducir el Estado del bienestar”. Se incorporó a esta línea crítica el lehendakari, Patxi López, al expresar con no menos contundencia "Parece que la única salida a la crisis es reducir los servicios públicos universales y reducir las pensiones, y si hacemos eso, los mercados se ponen contentos. Ellos lo han decidido: si no queréis que os ataquemos, empezad a reducir el Estado del bienestar.” Criticó la actuación de los "lobbys" que defienden "intereses especulativos" y que se han situado "por encima de los Gobiernos legítimos". Admite que la izquierda ha ido perdiendo peso en el ámbito internacional. “El que no logremos que las medidas de izquierda sean hoy las que imperen en los acuerdos entre Gobiernos, no quiere decir que tengamos que olvidarlas. Tenemos que reivindicarlas con más fuerza, permanentemente, para recabar apoyos y que los más débiles no se queden huérfanos”. Desde Izquierda Socialista también han surgido voces discrepantes, criticando todas las políticas de ajustes, destacando entre ellos, la de José Antonio Pérez Tapias, diputado del Congreso y portavoz de IS-PSOE. Igualmente el diputado socialista Antonio Gutiérrez ha mostrado en repetidas ocasiones sus críticas, sobre todo ahora por el apresuramiento que está mostrando el Gobierno para reformar las pensiones, cuando por la trascendencia y calado del tema debería hacerse con sosiego. Joaquín Leguina ha dicho también de una forma provocadora: “¿Por qué llaman reformas de las pensiones, cuando lo que quieren hacer son rebajas?”.

Los militantes y votantes del PSOE se muestran no menos críticos. No hay más que oír los comentarios de la calle y los sondeos de las encuestas, que muestran la expectativa de voto socialista en caída libre. El último cambio ministerial que generó tantas expectativas de producir un viraje en las encuestas se ha desvanecido. Por ello, de no mediar un cambio radical de la política del Gobierno, un porcentaje importante de quienes fueron sus votantes, se van a decantar por otras opciones: la abstención, el voto a otros partidos verdaderamente de izquierdas, e incluso hacia los populares. Tengo la impresión de que por mucha labia que muestre Rubalcaba, que la tiene, hay determinadas decisiones políticas, como las que estamos constatando desde mayo pasado, que son inexplicables e indigeribles de asumir para un ciudadano de izquierda, pero de izquierda de verdad, no de boquilla. Por ello, hoy entre muchos votantes socialistas predomina un sentimiento de gran desconcierto.

La cúpula dirigente del PSOE debería hacer un profundo acto de reflexión,  a no ser que ya haya asumido que se ha acabado un ciclo y también admitir con buen talante las críticas dentro de sus propias filas, ya que “cualquier idea que no pueda ser cuestionada, que no se enfrente abiertamente a sus opuestas, con el tiempo degenera”. Mientras tanto desde el PP se frotan las manos. Mariano Rajoy ha llegado a la conclusión de que lo mejor para sus intereses electorales es que ZP, ahora que sigue a rajatabla las directrices de los mercados, termine de quemarse del todo haciendo todo el trabajo sucio, para que cuando él le suceda el panorama esté suficientemente despejado. Lo que no libra a ZP de recibir los implacables ataques  un día tras otro de los Rajoy, la Cospedal, la Soraya y González Pons. Así es la política.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

26/12/2010 14:39 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.


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