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La batalla por la sanidad en USA

No deja de ser  paradójica la circunstancia de que todos los países, incluidos los de la Unión Europea, parece que quieran emular a los Estados Unidos. Es incuestionable que este país destaca en determinados aspectos: la carrera espacial, el cine producido en Hollywood, su despliegue armamentístico, algunas universidades, la Coca-Cola.  Igualmente se daba por sentado que Europa y los Estados Unidos estaban convergiendo en un modelo único “occidental” de capitalismo, también llamado economía de mercado, y un sistema democrático con los Estados Unidos marcando la ruta. La americanización o la globalización, vocablos intercambiables y sinónimos, parecía inevitable. La realidad parece que va por otro lado.  La idea de que los Estados Unidos y Europa van en una misma línea evolutiva histórica, de manera que los europeos se verían inexorablemente abocados a copiar el modelo estadounidense tras un lógico retraso temporal, ya comienza a ser cuestionada. Hoy, los Estados Unidos están  atrapados en una situación mucho más grave, que la de Europa.

            Culturalmente los Estados Unidos tienen unas características muy marcadas. El mito de que todos pueden enriquecerse, aunque observando la existencia de las grandes diferencias socio-económicas, cuando menos debe ser puesto en tela de juicio. La creencia en un mundo mejor se está desvaneciendo, por lo que muchos estadounidenses buscan el refugio en la religión. Su afición por las armas y las prisiones (la Unión Europea tiene 87 presos por cada 100.000 habitantes: en USA son 685). Conviven a la vez  vallas publicitarias en las que aparece  “Ama a tu prójimo”, y tasas de asesinatos muy superiores a cualquier otro país europeo, así como la permanencia de la pena de muerte. Para Washington, a la hora de abordar los conflictos, la guerra en lugar de la diplomacia sigue siendo la primera opción- por ello se decidió atacar a Irak en 2003-. Para la mayoría de los pueblos civilizados-con las excepciones de algunos políticos como Blair y Aznar- es el último recurso.  En Europa la lección, tras las dos terribles guerras mundiales, ha sido aprendida e interiorizada.

            Por otra parte, los Estados Unidos tienen un enorme déficit social, si lo comparamos con Europa occidental. Aquí, a partir del final de la II Guerra Mundial  el Estado proporcionó un amplio tejido de prestaciones sociales: asistencia sanitaria universal, enseñanza obligatoria gratuita, pensiones para la jubilación, seguros de desempleo…  el llamado “Estado del Bienestar”, lo que suponía por primera vez en la historia que el Estado estaba al servicio del ciudadano y no a la inversa.  Este gran avance social no estuvo exento de costos, fue inevitable un sistema fiscal progresivo, pero en contrapartida supuso para los ciudadanos europeos una gran seguridad, y a la que no están dispuestos a renunciar, aunque también son conscientes de la necesidad de pagar impuestos para su financiación. Tengo la impresión de que muchos jóvenes europeos, al  haber nacido con estas prestaciones sociales ya implantadas, no las valoran en su justa medida. De la misma que llegaron podían perderse algún día, ya que no existe ninguna ley histórica que las garantice in saecula saeculorum.

En cambio, en los Estados Unidos la situación es muy diferente. Como indica Tony Judt aquí, según la OCDE, en el año 2.000 un empleado típico trabajaba 1.877 horas, en comparación con las 1.562 de un trabajador francés. Igualmente disfrutan de menos vacaciones que los europeos. Un sueco tiene más de 30 días de vacaciones pagadas al año, un estadounidense debe contentarse entre 4 y 10 días. En la Unión Europea se da un permiso parental por nacimiento o adopción de un niño, con sueldo pagado. En USA no se garantiza nada. Y lo que resulta más sangrante es que alrededor de 46 millones de estadounidenses no tienen cobertura sanitaria (de los países desarrollados, sólo Estados Unidos y Sudáfrica no tienen implantado el seguro universal sanitario) y muchos millones más pagan cantidades desorbitadas por una atención escasa, deficiente y que puede desaparecer si la enfermedad se prolonga en exceso. Otras muchas se ven cotidianamente obligadas a vender sus casas o a reducir su calidad de vida para pagar sus gastos médicos, o renuncian a ser atendidos si no es un caso de urgencia.  Hay casos en los que tienen que suspender los tratamientos contra el cáncer, por no poder pagarlos. Sólo los pobres y los ancianos están mínimamente protegidos por el Estado dentro de dos programas sanitarios (Medicaid y Medicare) que sirven para poco más que afrontar los casos de extrema necesidad. Esos dos programas están en manos de compañías privadas que pasan al Gobierno sumas abusivas por servicios deficientes. Para corregir esta situación dramática, sería explosiva en Europa,  está echando el resto el presidente Obama con su pretensión de alcanzar una reforma sanitaria que garantice una asistencia universal a todos los ciudadanos. Algo que intentaron ya hace casi un siglo Roosvelt y en 1993 los Clinton. "La reforma de nuestro sistema de salud ya no es sólo un imperativo moral, es un imperativo fiscal. Si queremos crear empleos y reconstruir nuestra economía, tenemos que atajar el desorbitado coste de la atención sanitaria este año, en esta Administración", acaba de declarar Obama.  Y no le falta razón. Según la OMS, los Estados Unidos es el primer país en gasto sanitario per cápita y aparece en el 37º puesto en cuanto a la calidad del servicio. Por ende, los estadounidenses viven menos que los europeos occidentales. Está en el 20ª lugar entre los países industriales en mortalidad infantil, una tasa que dobla a la de Suecia, más alta que la de Eslovenia, y supera por poco a la de Lituania.  "Los que se oponen a la reforma dirán cualquier cosa con tal de asustaros sobre lo mucho que costará pasar a la acción", sigue argumentando Obama a sus ciudadanos. De hecho, algunas de las organizaciones privadas que orquestan las protestas populares, como FreedomWorks, están financiadas por grandes empresas como la aseguradora MetLife o la tabaquera Philip Morris y por influyentes familias que apoyan la causa conservadora, como la del millonario Richard Mellon Scaife.

Obama ha defendido que su plan ofrecerá "seguridad" y "estabilidad" a los estadounidenses enfermos y "evitará que las compañías aseguradoras os retiren la cobertura si enfermáis demasiado. Os dará la seguridad de saber que si perdéis el trabajo, os mudáis o cambiáis de empleo tendréis la misma asistencia. Limitará la cantidad que vuestra compañía puede obligaros a pagar de vuestro bolsillo para costes médicos". Además, "cubrirá cuidados paliativos como revisiones o mamografías que salvan vidas y ahorran dinero".

 

La tarea de Obama va a ser complicada. La oposición le ha llegado desde la derecha dura republicana, e  incluso desde algún sector del partido demócrata, las farmacéuticas y las grandes compañías de seguros. Las acusaciones que han recibido el presidente y los demócratas han sido muy duras, acusándoles de que quieren implantar los comités de la muerte para financiar la eutanasia o de solicitar acceso indiscriminado del Gobierno a las cuentas corrientes de los ciudadanos. Como también "¡Con todo el dinero que va a costar esa reforma van a pagarle el seguro médico a todos los musulmanes!".  "No mataréis a niños con mis impuestos". Han aparecido carteles de Obama con un bigote al estilo de Adolf Hitler. Se le acusa de querer implantar el socialismo. Qué una parte importante de la sociedad norteamericana secunde esta campaña, para boicotear el que 46 millones de sus conciudadanos alcancen un seguro de enfermedad, podría resultar sorprendente desde el continente europeo, aunque no desde Norteamérica, ya que aquí todavía no ha calado la idea de que sólo el Estado es capaz de proporcionar con grandes dosis de equidad determinados servicios sociales a la ciudadanía

 

Cándido Marquesán Millán

03/09/2009 22:28 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Leal Oposición ante la Crisis

      

 

El horizonte político que se vislumbra en el próximo otoño según todos los indicios va a ser harto complicado. Los periodistas van a tener suficiente materia informativa a su alcance. La lucha política va a moverse fundamentalmente en torno a la “susodicha crisis económica”, la más profunda que ha sacudido el sistema capitalista a lo largo de toda la historia. Sobre sus causas se ha hablado mucho. Y los economistas ahora las han diseccionado y descrito con claridad. Hace unos años ni los más egregios la predecían. A toro pasado, es muy fácil torear.

 

 Todo se inició con los préstamos hipotecarios subprime, para la adquisición de viviendas en USA, que eran una mercancía averiada, ya que en la mayoría de las ocasiones aquellos que los habían suscrito no los iban a poder devolver por su insolvencia. Conscientes de ello las entidades financieras revendieron estas hipotecas a unos bancos de inversión: Estos, a su vez, las revendieron con un paquete de otras hipotecas a otros bancos u otros inversores. Para dar solvencia a estos paquetes de hipotecas (Collateral Debt Obligations), en su mayoría subprime, se solicitaron informes positivos a las agencias de rating, que no tuvieron impedimento en emitirlos. Todo un ejemplo de ingeniería financiera sofisticada, que muchas veces escapaba a la comprensión de los que los comercializaban y de quienes los compraban. Los banqueros llevaron a cabo apuestas enormemente arriesgadas, operaron más allá del límite de las reglas, por lo que al final nadie se fiaba de nadie: ni siquiera los bancos de sí mismos. La confianza empezó a esfumarse y en la primavera de 2008 se hundió Bear Stearns. Luego, las gigantescas hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae. Finalmente, Lehman Brothers.  De ahí la crisis financiera. El desenlace de todo lo expuesto fue el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el hundimiento de muchos promotores y empresas constructoras, y una reducción importante del consumo y de la inversión, con el consiguiente aumento del desempleo en otros sectores, además del de la construcción. La economía norteamericana arrastró en su caída a muchos otros países, entre ellos a España, donde además explotó la burbuja inmobiliaria,  que provocó una subida vertiginosa del desempleo.

 

Desde el gobierno de Zapatero se intentó hacer frente a la situación con el Plan de Empleo para los Ayuntamientos. Para incentivar la actividad económica y el crédito se inyectaron grandes cantidades de capital a las entidades financieras. Por lo que estamos viendo, estas medidas han sido muy poco efectivas. El Gobierno ante esta situación, dando muestras de sensibilidad social, ha decidido conceder una ayuda a los parados de 420 euros. Intentó en vano también llegar a un acuerdo social con la patronal y los sindicatos, para generar un estado de confianza que siempre es positivo para la reactivación de la economía. Tengo mis dudas si la patronal, siguiendo las directrices del Partido Popular, tenía interés a llegar a pacto alguno.

 

Ante el descenso de los ingresos por la recesión económica, y el incremento del gasto social está aumentando el déficit público, y para cubrirlo el gobierno ha decidido una subida, siempre impopular, de los impuestos que deberán reflejarse en los próximos presupuestos. Algo que será muy complicado, al estar en minoría en el Parlamento. ¡Qué grupo va apoyar una medida tan impopular!  A la hora de plantearla y ejecutarla el gobierno debería tener en cuenta la situación actual tributaria. Tal como acaba de escribir recientemente Francisco de la Torre Díaz Portavoz de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE): Las rentas del capital (plusvalías obtenidas especulando en bolsa, intereses, dividendos,…) tributan al 18%. Las rentas del trabajo (sueldo obtenido trabajando) tributan del 24 al 43%, según ingresos. Las grandes fortunas tributan al 1% mediante el instrumento de las SICAV (Sociedades de inversión de capital variable). Las rentas del trabajo  no deberían subir, salvo las más altas. Los impuestos indirectos (gasolina,luz, tabaco..) y el IVA tampoco, ya que un litro de gasolina le cuesta lo mismo a  Botín que el vigilante de una empresa. Donde deberían incrementarse más es en el capítulo de los SICAV. Hacerlo así, sería cumplir la Constitución, tal como señala el artículo 31.1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio

 

  Entiendo que ante una crisis tan novedosa y tan profunda, además de imprevisible en cuanto a sus consecuencias, el margen de maniobra del gobierno desde una perspectiva socialdemócrata, ha sido muy reducido. Desde el neoliberal naturalmente que se pueden llevar a cabo reformas estructurales en el ámbito laboral: despido libre sin indemnización alguna, alargar la edad de la jubilación, recortar las vacaciones pagadas, reducir todavía más los sueldos en pro de la competitividad-cuando más de la mitad no llegan a los 1.000 euros-,  etc. Por este camino volveríamos a la situación de la clase obrera de mitad del XIX en los inicios de la Revolución Industrial. Obviamente, un gobierno socialdemócrata no puede plegarse a esta situación, que supondría un retroceso terriblemente injusto. El fallo mayor quizás haya radicado en no saber comunicar lo que se estaba haciendo, y por ello no se ha podido generar un estado de confianza en la sociedad española.  Como también entraba dentro de lo previsible, que ahora que le vienen mal dadas, el gobierno vaya perdiendo apoyos en el Parlamento, en los medios de comunicación (Rajoy hoy es amistosamente recibido en redacciones que hasta hace poco le eran hostiles), en egregios  exdirigentes de su propio partido(de ahí el abandono de su escaño por Solbes, Sevilla, Cesar Antonio Molina  o críticas muy duras de Leguina), y también en la calle. Para conocer a fondo todas las miserias humanas, nada más eficaz que la vida política.

 

En cuanto a los dirigentes del Partido Popular sería exigible, ya que tienen la pretensión de ser alternativa gubernamental, que dieran a conocer de una manera clara cuáles son sus alternativas, que no sean las ya conocidas de reforma estructural en el ámbito laboral, y la rebaja de impuestos, que pudieron servir para la crisis económica del  año 1993. Hoy la situación es muy diferente, aunque según señaló el iluminado Sr. Aznar que con él en el gobierno no hubiera habido crisis alguna.

 

El partido popular debe ejercer una oposición dura e implacable al gobierno para desgastarlo, con la aspiración legítima alcanzar un día el poder. Lo que ya no lo parece tanto es el jugar la carta de que Cuanto peor, mejor. Cuanto más paro y más crisis, más cercana se vislumbra la posibilidad de desalojar a Rodríguez Zapatero de la Moncloa. Por ello al enemigo ni agua. Hay que entorpecer y zancadillear cualquier iniciativa del gobierno, aunque alguna de ellas pudiera ir en la buena dirección a la hora de paliar la crisis. Como también unas mínimas dosis de coherencia. A la devolución de 400 euros a los aproximadamente 13 millones de españoles que pagaban el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), aprobada por el Gobierno en mayo de 2008, el PP se negó aduciendo que lo que se pretendía era comparar votos. Ahora que va desaparecer tal deducción, se oponen también. No entiendo nada. Igualmente estamos oyendo un día y otro también, por parte de Rajoy y Montoro, que se está desbordando el déficit público por la gracietas del Zapatero. Dar una paga a los parados, financiar un Plan de Empleo para los Ayuntamientos, o sanear los bancos, para restaurar el crédito, pienso que no merecerían tal epíteto. Estando muy preocupados, por lo que parece, los populares por la marcha del déficit público, esta circunstancia no les impide exigir a la vez un incremento de la financiación de los ayuntamientos, tal como acaba de manifestar el Sr. Rajoy tras el Conclave de los alcaldes y concejales populares, celebrado recientemente en Segovia.  A todo esto sin incremento de impuestos, a cuya subida se van a oponer también en una próxima convocatoria a celebrar en el velódromo de Dos Hermanas en (Sevilla). Es la cuadratura del círculo. De verdad la incoherencia raya ya con la paranoia.

            Cándido Marquesán Millán

 

15/09/2009 17:55 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Sr. Aznar, un poco de sensatez y responsabilidad

            

A todos los que han sido inquilinos del Palacio de la Moncloa, les resulta difícil abandonarlo y adaptarse a la vida normal como cualquier ciudadano. Esta circunstancia puede deberse, a que todos ellos se van aquejados del llamado El síndrome de los jarrones chinos, que parece secuela inevitable del más famoso síndrome de La Moncloa -descrito como un estado de irrealidad, consecuencia del aislamiento que se adueña de los inquilinos del palacio presidencial al cabo de un tiempo-, y que debe su nombre a la descripción que de su patología hizo Felipe González: "Somos como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños. No se retiran del mobiliario porque se supone que son valiosos, pero están todo el rato estorbando".

 Aceptando la verdad de este síndrome, a todos a los que lo padecen, se les debería exigir, como mínimo, ciertas dosis de responsabilidad y sentido común. No pueden decir en relación a una  campaña de la D.G.T :  “A mí no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y además a usted le prohíbo beber vino (…) Es como esos letreros por las autopistas que dicen ’No podemos conducir por ti’. Yo siempre pienso, ¿y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mí? (…) Las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber déjame que las beba tranquilamente; mientras no ponga en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”.

            Deberían ser especialmente también exquisitos a la hora de hacer determinadas declaraciones políticas. No se puede decir que: A él no le habían pedido todavía disculpas los árabes por haber invadido España en el 711, y haberla dominado durante ocho siglos. Se comentan por sí solas. Además demuestran una visión de la Historia de España un tanto peculiar. Porque puestos a pedir perdón los árabes, cabe pensar que también deberían hacerlo los visigodos, aunque será harto complicado encontrar a los descendientes de los Recaredo, Leovigildo o Recesvinto. Metidos en esta vorágine. También deberían hacerlo los suevos, vándalos y alanos. Como también el romano Publio Cornelio Escisión. Y los cartagineses Asdrúbal, Aníbal, etc. Y los griegos y los fenicios. Y el australopiteco que vino de África. De locura. Por cierto, no querría olvidarme que los descendientes de los Reyes Católicos deberían disculparse también, aunque no sé ante quien, por la expulsión de los judíos, o los muertos por la gracia de la Santa Inquisición, gracias a la cual hemos sido y algunos quieren seguir siéndolo, la reserva espiritual de Europa. No quiero seguir este camino, que no conduce a ninguna parte.

            Y especialmente sería exigible prudencia cuando esas declaraciones sobre su país, se hacen fuera de España. En una entrevista en Argentina para comentar el libro “Retratos y perfiles", se le hizo la siguiente pregunta:

-Algo llamativo es que usted dedica su libro a "esa mayoría de españoles que no están dispuestos a levantarse un día y descubrir que España es apenas ya nada". ¿Cree realmente que su país corre el riesgo de ser apenas nada?

Contestó:

-Sí, sí está en riesgo de serlo y está en riesgo de disgregación

Y en estos mismos días, en un encuentro de dirigentes conservadores iberoamericanos organizado por la FAES y la Fundación Libertad en Buenos Aires, donde aprovechó para presentar su libro "España puede salir de la crisis”, acaba de afirmar que se puede salir de ella "con una política diferente", con "cohesión" y "recuperando el espíritu de la transición". Asimismo ha asegurado que lo mejor sería "que hubiese unas elecciones anticipadas", y que se produjese una alternancia como "condición indispensable para el cambio de política”. Ni que decir tiene que el Sr. Rajoy se ha subido a este carro de las elecciones anticipadas.

Obviamente, el Sr. Aznar puede decir lo que le parezca oportuno en Ciempozuelos y en Sebastopol, no faltaría más. Pero, lo que no parece de recibo es que fuera de España, se presente una situación catastrófica de su país, aunque fuera cierta. Hablar de “elecciones anticipadas” es lo mismo que decir que España está en una situación de emergencia nacional, lo que puede provocar entre otra serie de cosas, una espantada de las inversiones internacionales, de las que tan necesitadas estamos. Flaco favor se hace así a su país. Debería tomar buena nota, de cómo se le defendió a él, cuando también fuera de España, fue atacado por un dirigente extranjero.

No me imagino a Jimy Carter o  Bill Clinton fuera de USA, hablando mal de su país.  Ellos estuvieron al frente del Estado más poderoso del mundo, cumplieron sus mandatos con aciertos y con errores, y se marcharon  a sus casas. Su experiencia acumulada la pusieron al servicio de instituciones nacionales o internacionales, en tareas de pacificación de conflictos o de asesoramiento a su Gobierno en cuestiones políticas complicadas. Además escriben libros, dan conferencias y participan en foros internacionales. Son actuaciones sensatas y responsables. Es lo menos que puede pedirse a un expresidente de un gobierno democrático.

 

Cándido Marquesán Millán

20/09/2009 09:48 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

Las elecciones alemanas

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Los resultados producidos el pasado domingo en las elecciones legislativas en Alemania entraban dentro de lo previsible, incluida la baja  participación con un nivel históricamente bajo: el 70,8 % contra el 77,7 % hace cuatro años, explicable por una campaña totalmente anodina, en la que los dos principales contrincantes ni siquiera hicieron un auténtico debate. Ángela Merkel,  al frente del  partido conservador CDU/CSU ha ganado los comicios con un 33,8 %, casi sin despeinarse, aunque perdiendo 2 puntos en relación a las elecciones anteriores, su resultado  más malo desde el 1949. El gran batacazo lo ha sufrido el Partido Socialdemócrata SPD que se hunde con un 23% de sufragios, cuando hace cuatro años había llegado al 34,2 % y retrocede en más de 10 puntos. Durante la campaña no llegó a presentarse como un rival verdadero de los conservadores con los cuales había gobernado. Los principales beneficiarios de esta sangría han sido: el  Partido Liberal Demócrata  FDP con un 14,7% de los votos, que ganan alrededor de cinco puntos de apoyo respecto a 2005, y La Izquierda con un 12 % (con cuatro puntos más). También suben los Verdes al alcanzar un 10.7%, aunque de manera más discreta: dos puntos más que hace cuatro años.

 El gobierno de SPD y CDU/CSU, de Merkel  y Steinmeier, en los últimos cuatro años no lo ha hecho mal, merced a la política de consenso entre los dos grandes partidos y a la continuación de las políticas emprendidas anteriormente por los gobiernos de coalición entre verdes y socialdemócratas, Alemania ha podido por ello abordar mejor la crisis, mas lo incuestionable es que el gran perjudicado ha sido el SPD. Steinmeier, líder del SPD y ministro de Exteriores en los últimos cuatro años, fue el primero en comparecer en la sede de su partido para conceder la victoria a Merkel y los liberales. Ha calificado a los que serían los peores resultados del SPD desde la Segunda Guerra Mundial como "derrota amarga" y ha anunciado que su formación llevará a cabo una "oposición dura". El desastre de los socialistas se debe, a que el SPD está sufriendo una  profunda enfermedad, iniciada aproximadamente hace 6 años, cuando el partido, siguiendo una orientación neoliberal, inició el desmonte del Estado social, algo que para los socialistas debería haber sido intocable, si querían mantener a su electorado. En 2003, el SPD abrazó la llamada "Agenda 2010", y realizó todo aquello que la derecha germana nunca se hubiera atrevido a realizar: recorte del subsidio de desempleo, retrasar la edad de jubilación, subcontratación de los seguros de enfermedad, disminución de subsidios, incremento de los horarios comerciales. En 2003 el partido que inventó el estado social acometió su recorte. Acogida entre el general aplauso, --Merkel en su toma de posesión de la Cancillería en 2005 agradeció a Schroeder que pusiera en marcha la Agenda 2010, el programa de reformas, como "un hito para el país"--.  como una operación quirúrgica dolorosa pero necesaria, mas tuvo un efecto económico menor. Los expertos estiman hoy que contribuyó solo en un 0,2% del crecimiento del PIB. Políticamente, sin embargo, las consecuencias fueron muy duras. La última etapa del recorte se llama Hartz IV, afecta al recorte del seguro de paro y lleva el nombre de Peter Hartz, el jefe de personal de Volkswagen.

La Agenda 2010 y el "Hartz IV" han hecho mucho daño al SPD, ya que ha quedado en buena parte desarmado en cuanto a su identidad social, por lo que  a su alrededor han crecido otras opciones políticas. El Partido de la Izquierda, no hay peor astilla que la del mismo palo, pero también los Verdes, que ofrecen una modalidad liberal de izquierdas, más enérgica en lo medioambiental.

 Por todo lo cual los resultados entraban dentro de lo previsible. Y esto lo sabía perfectamente, el candidato socialista Steinmer, ya que la frase más significativa en uno de sus últimos discursos dirigida a los sindicatos, al mundo del trabajo, la gran cantera tradicional del partido era; "no miréis hacia el pasado", lo que suponía el reconocimiento de que algo no se había hecho bien. Por lo que parece una parte importante de sus votantes han hecho caso omiso de esas palabras, y sí que han mirado al pasado. Supongo que los dirigentes del SPD aprenderán la lección. Como también otras fuerzas europeas socialdemócratas.

Por ende, Merkel va a poder gobernar en coalición con los liberales, ya que así alcanza una mayoría suficiente. Todo da que pensar en que se producirá un viraje claro hacia la derecha. También podría hacerlo en coalición con el SPD, pero ahora este aliado después que le ha hecho el trabajo sucio ya no le sirve.

 

Cándido Marquesán Millán

29/09/2009 14:59 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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