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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2009.

¿Qué significa hoy ser de izquierdas?

 Numerosos politólogos, sociólogos y economistas que se mueven en las aguas  procelosas de la derecha de siempre han sembrado la idea, consecuencia de todos los acontecimientos ocurridos en las últimas décadas, sobre todo por la caída del Muro de Berlín y la expansión de las corrientes neoliberales, de que  la  izquierda está desorientada y sin capacidad de respuesta, como si no tuviera  muy claro cuál es su proyecto cara el futuro, y con el agravante de verse obligada a renunciar a buena parte de sus valores y principios que siempre le habían inspirado. Prosiguen con el discurso de que la izquierda  tuvo un proyecto desde el siglo XVIII, que podría estar basado en el progreso, la preparación de una revolución, o la causa de una clase social. Y además que la izquierda pensaba que la historia jugaba a su favor, ya que si irrumpían coyunturalmente reveses a la hora de alcanzar cualquiera de las metas anteriormente mencionadas, siempre podía alegar que nunca perdía de vista el paraíso al final del camino, tal como muy bien expresó Lenin: Un paso adelante, dos pasos atrás. Con la decadencia del proletariado industrial, tras el final de la Unión Soviética, esa izquierda se ha quedado sin agente, sin proyecto y sin historia. De ser cierta esta teoría no deja de ser aterradora tal conclusión. Podría ser válida para lo que hace referencia a los comunistas, ya que esta opción ha  quedado desacreditada completamente, ya que se basó en hipotecar la libertad. Otra cosa muy diferente es el descrédito del marxismo, ya que no deberíamos olvidar que en él hay un mensaje ético profundo: el poder de una idea y un movimiento dedicados firmemente a defender los intereses de los parias de la tierra.

 

            Lo auténticamente grave es que de las secuelas tan negativas de este discurso no se ha librado la socialdemocracia. Como señala Tony Judt: Ahora bien el fracaso del comunismo la ha liberado a esta de  esta perniciosa hipoteca de unas expectativas revolucionarias, por ende ¿ha de quedar esta corriente de la izquierda europea a defender solo ventajas sectoriales conseguidas con gran esfuerzo y observar con nerviosismo el futuro que no comprende y para el cual no tiene nada preescrito?  A veces por sus comportamientos la izquierda socialdemócrata parece que no tiene muy claro lo que significaría su propio éxito político, si lo alcanzara algún día; como tampoco una visión articulada de una futura sociedad mejor que la actual. Al carecer de ella, ser de izquierdas parece que no es más que un estado constante de protesta continúa. Y sobre todo se protesta contra las pretensiones de las corrientes neoliberales de desmontar y quitar determinadas conquistas sociales, y que hasta hace poco parecían plenamente consolidadas e incuestionables: derechos a una educación universal y gratuita, a determinadas condiciones laborales con un salario justo, a una prestación ante la situación de desempleo, a la protección de la salud y del medio ambiente, a una pensión justa a la hora de la jubilación, a ser atendido si se está en una situación de dependencia, a una vivienda justa… Es legítimo y justificable que la socialdemocracia esté atenta a conservar todas estas conquistas, ya que todas son vulnerables y contingentes políticamente, además  no existe un ley histórica que garantice que no puedan perderse algún día, ya que desde determinadas instancias de importantes poderes pretenden eso precisamente; eliminar lo ya conseguido, con el pretexto de que es insostenible económicamente.

            Mas entiendo que la socialdemocracia no debería contentarse exclusivamente con ello. Debería ser más ambiciosa y atender a amplios sectores de la sociedad europea que podríamos incluirlos en el segmento de los excluidos, y que cada vez va a más tal como estamos contemplando en estos momentos de crisis, personas que tras salir del trabajo a tiempo completo, o no haber entrado nunca, pertenecen sólo en parte a la comunidad nacional. No es su pobreza material, sino la forma en que existen fuera de los canales convencionales de empleo y seguridad, y con pocas perspectivas de volver a entrar en ellos, lo que les distingue. Son las madres solteras, trabajadores a tiempo parcial o con contratos temporales, población inmigrante, adolescentes sin titulación o cualificación alguna, los sin techo o sin vivienda digna, trabajadores manuales que se han visto obligados a retirarse prematuramente… En los momentos actuales todo Gobierno que sea auténticamente de izquierdas, deberá dirigir su tarea a garantizar que todo este segmento importante de excluidos tenga una vida digna; y además concienciar, lo que no deja de ser impopular y con un posible desgaste electoral, al resto de la comunidad, que disfruta de una vida acomodada, a que asuma con sus impuestos el compromiso  de compartir esa carga.

Como dice Hobsbawm, hoy, cuando el número de los que no trabajan y de los que no reciben un salario crece sin cesar, debemos encontrar nuevas formas de la distribución de la riqueza nacional e internacional. Este es el mayor problema que debemos de afrontar. No es cuestión de incrementar la producción, que ya hemos resuelto satisfactoriamente. El verdadero problema lo constituye el modo de repartir la riqueza. Está claro que tan sólo se ha redistribuido una pequeña parte de la riqueza generada entre la mayoría de la población. El reparto de la riqueza se está haciendo cada vez más profundamente desigual. Y cuando dice profundamente se refiere a que un reducido número de personas, a veces individuos solos, se están enriqueciendo, más allá de cualquier precedente histórico. Situación que no debería admitir la izquierda. A la derecha le da igual. Por ello, la izquierda existe porque todavía hay una diferencia entre la izquierda y la derecha. Los que niegan la existencia de esta distinción son, en general, gentes de derecha.

 

En consecuencia por muchos esfuerzos que han hecho y seguirán haciendo desde determinados sectores, con el propósito de convencernos de que la izquierda carece de proyecto, por todo lo expuesto queda demostrado fehacientemente que efectivamente lo tiene. Por lo menos, así yo lo veo. Y otros muchos como yo, que piensan, como señala Joseph Fontana que ser  de izquierdas es mantener una actividad crítica. No solamente para tocar las narices. Hay que ser conscientes, por decirlo en términos gramscianos, de que el entorno es mejorable. Y por tanto, la satisfacción y la complacencia son ilegítimas para una persona con una actitud de este tipo. Hay que criticar lo que está mal y crear consciencia alrededor, el material más escaso, y aún más en esta sociedad nuestra que en la de hace 50 años: conciencia crítica colectiva.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

08/05/2009 00:27 dorondon Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Lo de Mestalla era previsible

En los prolegómenos de la final  de fútbol de la Copa del Rey todos los amantes de este deporte nos hemos visto sorprendidos de no poder oír el himno nacional, ya que TVE interrumpió tal acontecimiento para llevar las cámaras a otros lugares carentes de interés. Mas en el colmo de los despropósitos, se emitió en diferido en el descanso del partido una versión edulcorada, con una manipulación clara al reducir el sonido y complementada con la imagen de un aficionado del Atletic, que con la mano en el pecho parecía estar ensimismado de fervor por la audición del himno nacional. Ignoro quién ha sido el responsable de tal decisión, mas lo que parece claro es que si lo que pretendía era evitar que a los televidentes nos pasara desapercibida la sonora pitada de los espectadores, catalanes y vascos, se ha cubierto de gloria.  Con tal acción se ha conseguido lo contrario de lo que se pretendía.

 

Entiendo que no es de recibo que desde las instituciones del Estado se pretenda ocultar la realidad que existe, tal como acabamos de contemplar con la censura ejercida desde TVE. Actuaciones como esta no son sino reflejo de épocas pasadas, y demuestran una desconfianza manifiesta hacia la madurez del pueblo español, que está muy por encima de su clase dirigente. Me parece la actuación de TVE vergonzosa. Para responsabilizar del desaguisado,  se ha tomado la decisión fulminante de  destituir el director de deportes de TVE. Es lo normal en  este país nuestro que a la hora de buscar un pagano siempre sea un mando intermedio, mas los auténticos responsables se van de rositas. Cualquier persona sensata piensa que tal acción había sido estudiada cuidadosamente desde niveles muy altos de mando. El que llegasen a la final el Barca y el Atletic supuso un auténtico quebradero de cabeza para los dirigentes de TVE, así como a otros importantes cargos políticos. Cabe pensar, en buena lógica, que tendrían numerosas reuniones para tratar de solucionar el problema, que seguro se iba a plantear. Por lo que parece, decidieron  torpemente. Nada nuevo bajo el sol.

 

             Como era de esperar también, desde numerosísimos medios de comunicación, partidos políticos, y de gente de la calle, la pitada de los aficionados presentes en el estadio de Mestalla, ha sido duramente criticada. No se han reparado en palabras a la hora de calificarla como improcedente y falta de respeto hacia España y su institución más representativa, como es la Corona. Se ha dicho también que lo sucedido en Valencia no es pensable que pudiera verse en países como Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia o Estados Unidos, donde la gente escucha el himno nacional con gran respeto. Lo que ocurra en Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia o Estados Unidos no debería importarnos. Lo que nos debe importar es lo que ocurre en España. Entiendo que cualquier ciudadano en un acontecimiento público es libre de poder manifestar su opinión, en este caso con la susodicha pitada. No faltaría más. O es que al sonar el himno nacional, y la llegada del rey todos deberíamos ponernos firmes, y profundamente emocionados lanzar nuestra mirada perdida hacia el cielo infinito. Respeto profundamente a todos aquellos que sientan estas profundas emociones. Como también a las de aquellos que muestren su repulsa ante determinados símbolos, que por lo que sea no se sienten representados ante ellos.

 

              Por otra parte, no hacía falta ser un experto sociólogo para prever lo que ocurrió. En determinadas Comunidades Autónomas, en las que están muy enraizados los nacionalismos periféricos, existen un importante colectivo de ciudadanos que no se sienten españoles. Lo que es tan legítimo, como aquellos que sienten lo contrario. El sentirse español no es una realidad metafísicamente incuestionable. Aquellos que no lo admiten así dan muestras de un profundo dogmatismo. En un aviso a navegantes, para evitar malentendidos, yo me siento español. Dicho lo cual, merecería la pena indagar las razones últimas del hecho que estamos comentando. Uno de los temas más graves en España es la vertebración territorial. No es nuevo, hace mucho tiempo que revolotea sobre nuestras cabezas. Algunos ilusos pretenden obviarlo, empero, está aquí y ahora. Como también lo estuvo antes. Así lo constataron conspicuos analistas políticos como: Ortega y Gasset o Manuel Azaña. Todos a la hora de abordarlo deberíamos hacerlo con ciertas dosis de sensatez y equilibrio. Como tampoco nos vendría mal el mirar hacia atrás, a nuestro pasado. Los nacionalismos vasco y catalán surgieron a finales del siglo XIX, como respuesta al centralismo español. Cobraron fuerza en tiempos de la II República. Fueron perseguidos por el régimen franquista. Y con la llegada de la democracia, los ponentes de la Constitución de 1978, idearon el Título VIII de la Constitución, con la finalidad de encauzar las aspiraciones de los nacionalismos periféricos, sobre todo el vasco y catalán, aunque también el gallego. No consiguieron su objetivo, ya que este cauce parece resultarles estrecho, ya que  estos 2 nacionalismos tras gobernar en sus comunidades desde la restauración de la democracia, durante estos 25 años han estado llevando políticas de nacionalización de su población, fomentando sus propias identidades. Y han tenido éxito. En Cataluña y el País Vasco es mayor hoy el número de habitantes que al inicio de la democracia,  que se sienten solo vascos y catalanes Es esta la realidad, nos guste o no, y con ella debemos apechugar. O en el lenguaje orteguiano conllevarlo.

 

 En contrapartida, desde la instauración de la democracia el hablar de nación española no parecía estar bien visto, como consecuencia del uso y abuso que hizo el franquismo de la palabra nación española. Muchos padecimos aquella horrenda asignatura de Formación del Espíritu Nacional. Mas esa nacionalización era tan agresiva como grosera; ya que era forzada, brutal y basada en la anulación y aplastamiento de media España. Esa nacionalización se basaba en sublimar todo un conjunto de acontecimientos y personajes: Numancia, Viriato, Recaredo Pelayo, Covadonga, Reconquista, Santiago Matamoros, el Cid, Guzmán el Bueno, los Reyes Católicos, Lepanto, Pavía, el Alcázar, Marcelino, Pan y Vino.... De ahí, como señalan Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga, que se haya popularizado el uso de el “Estado español” en lugar del de España, con resultados en ocasiones absurdos, ya que se ha llegado a afirmar lo siguiente: 60 millones de turistas extranjeros se bañaron en el año 1996 en el “Estado español”.. Tal ha sido la presión desde los nacionalismos periféricos que ha llegado a calar que España es solo un Estado y no una nación, ante lo cual , ¿en qué situación quedan regiones como Extremadura o la Rioja? Un ofendido periodista se quejaba de que los nacionalistas vascos y catalanes quisieran privar de nación a muchas regiones españolas al negar a España de tal condición. Con la instauración de la democracia no se ha hecho nada o muy poco por nacionalizar, por fabricar españoles. En cambio, con la implantación del Estado de las Autonomías, en muchos lugares de Estado español, lo han tenido muy claro, y lo que se ha hecho desde los poderes públicos, es nacionalizar a las masas, mas no para fabricar españoles. Esta ha sido la realidad.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

           

 

16/05/2009 14:57 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Algunas reflexiones sobre la corrupción

Debería preocuparnos sobremanera a los ciudadanos los derroteros por los que transcurre en estos momentos nuestra joven democracia, por causa de las tramas corruptivas en la clase política. La situación es lo suficientemente grave para que esta deriva se detenga. Recientemente en un periódico de dimensión nacional, con todo alarde tipográfico aparecía la siguiente reseña: La Caja B de la Trama Corrupta. El tesorero del partido X recibió de Correa 1,6 millones y viajes de regalo. Y aquí no pasa nada. Lo lógico hubiera sido que ese partido hubiera presentado una querella contra ese medio de comunicación. Y no fue así. Y no pasa nada, porque aquellos que tienen los medios para detener este cáncer, no hacen nada, no sé si porque no quieren, no pueden o no saben. O todo a la vez. Lo que parece claro es que la clase política tiene poco interés en abordar tal pandemia, si lo tuviera hace ya tiempo que hubiera sido corregida en buena parte. Y la solución sería muy fácil. Nada más que las ejecutivas de los diferentes partidos políticos tuvieran indicios de que alguno de sus miembros estuviera inmerso en un acto de corrupción, deberían dar toda clase de facilidades a la justicia para que la investigación prosperase en aras a la mayor transparencia posible. No parece lógico que los partidos políticos pongan tantas trabas, además de afirmar que todo se debe a una confabulación. Deberían abrir las ventanas de par en par, para que todo el aíre podrido que dentro existiera saliera lo más pronto posible.  Ignoro si la clase política es consciente del daño que se está produciendo al sistema con estas prácticas, con la gravedad que no son excepcionales, ya que se repiten un día tras otro; por ende, deberían también tener muy claro que cuando aparecen casos de corrupción en el partido contrincante, el daño no es exclusivo de ese partido, sino que alcanza a todo el sistema democrático, y  manchando a los numerosos cargos políticos que están llevando a cabo una labor inmaculada.. De ningún modo los políticos tendrían que utilizarla como arma arrojadiza en la lucha política, para conseguir rentabilidades electorales. El tú más que yo, no es más que de políticos insensatos, que a lo único que conduce es a degradar la actividad política, una de las más nobles tareas humanas, siempre que esté dirigida por la justicia social, en aras a la consecución del bien común. Además los políticos deberían ser extraordinariamente escrupulosos en sus comportamientos públicos, ya que deberían ser un referente de valores éticos para el resto de la ciudadanía. Podría servir de ejemplo como actuación correcta, a la hora de combatir la corrupción, la del alcalde de Zaragoza, que tras conocerse el contenido de unas conversaciones grabadas a uno de sus concejales, lo cesó temporalmente, argumentado que no puede estar nadie al frente de la cosa pública, si existen dudas sobre su honorabilidad. Y todavía más, continúa Belloch diciendo que si hay indicios de delito que puede ser perjudicial para el Ayuntamiento, la institución tendría el derecho a personarse en la causa, ya sea para ejercer la acusación, ya sea para la reparación de perjuicios. En la misma línea correcta estaría la actuación del presidente del Parlamento británico que ha dimitido, por el escándalo de los gastos abusivos de los diputados. Como acabamos de ver es muy fácil. Lo agradecería profundamente la ciudadanía.

Por lo que estamos viendo, la solución a esta lacra no va a venir tampoco de los diferentes medios de comunicación. Todos ellos en lugar de aclarar, lo que hacen es enmarañar cada vez más el caso de corrupción de que se trate. Según el medio, la versión es totalmente diferente. Lo que para uno es blanco, para otro es negro, cuando la información de que disponen suele ser la misma. Esta actuación resulta ininteligible para la ciudadanía. O muy al contrario, inteligible, ya que como los diferentes medios de comunicación tienen vinculaciones muy directas con determinados partidos políticos, esto conlleva el que no puedan decir toda la verdad. Además, cuanto más dure un caso de corrupción más tiempo tienen para tener materia noticiable, y así pueden vender más periódicos.

Por ende, entiendo que la solución tendrá que venir por otro lado: por el de una ciudadanía responsable e impregnada de unos valores éticos claros y auténticos, que rechacen con contundencia cualquier caso de corrupción. Tarea, por cierto nada fácil, tal como estamos comprobando, Los escrúpulos morales parecen ser de otras épocas. Mas no siempre ha sido así, tal como acaba de exponer recientemente el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova. Una trama de corrupción y sobornos, el escándalo del estraperlo, acabó en 1935 con la vida política de Alejandro Lerroux, el viejo dirigente republicano del Partido Radical que presidía entonces el Gobierno. Los ministros radicales tuvieron que dimitir, y cayeron también muchos cargos provinciales y locales del partido. En las elecciones de febrero de 1936, el Partido Radical,  que estaba gobernando desde septiembre de 1933 hasta finales de 1935, se hundió en las elecciones. Quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933. Alejandro Lerroux ni siquiera salió elegido en la lista. Todo un ejemplo. Y eso que en aquellas fechas aproximadamente la mitad de los españoles eran analfabetos. Tendrían carencias educativas, pero los principios éticos eran muy claros. En cambio, a los españoles del 2009 nos ocurre todo lo contrario.

Tal como observamos  la corrupción en nuestra democracia actual nunca tiene efectos tan inmediatos y devastadores sobre los cargos políticos y tiene escasísimo reflejo en los resultados electorales. Pase lo que pase, haya corrupción o no, sea esta escandalosa o no, da igual. Los dos principales partidos políticos tienen una base casi inmutable de votantes, lo que no deja de ser lamentable, además de ser una carencia manifiesta de lo que sería una ciudadanía responsable. En buena lógica, deberían  ser castigadas electoralmente con contundencia aquellas fuerzas políticas que estuvieran inmersas en prácticas corruptas. Mas esto es lo que hay. Y a pesar de todo, seguimos acudiendo a las urnas.

 

Cándido Marquesán

 

21/05/2009 14:36 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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