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LOS OBISPOS EN LA REFRIEGA ELECTORAL


Durante esta semana se ha convertido en noticia la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 9-M, así como la respuesta por parte de los dirigentes del PSOE. Se han sucedido editoriales, comentarios y artículos diversos en los diferentes medios de comunicación. Pasados ya unos días, quiero expresar unas reflexiones serenas sobre estos acontecimientos.

La jerarquía católica, como cualquier otro grupo social, sean los ecologistas o los bomberos, es libre en un sistema democrático de manifestar su opinión sobre cualquier asunto público, incluidas unas recomendaciones sobre unas elecciones. O lo que es lo mismo, la jerarquía católica puede meterse en política. Esto tiene que quedar muy claro. No obstante, mal acostumbrados los obispos a hablar desde el púlpito, donde no hay réplica posible, piensan que ahora al bajar a la arena política va a ocurrir lo mismo. Donde las dan, las toman. Por ello, nuestros purpurados no deberían incomodarse si son contestados, ni ver fantasmas anticlericales. También parece conveniente señalar que nuestros obispos tan contestarios ahora, como tan callados en otras épocas no muy lejanas, son una parte pequeña de tan grande institución, ya que existen amplios sectores católicos, que no comulgan con sus planteamientos. Pero, a la vez, no cabe duda, es el grupo que más suena, con más poder mediático, y que en este momento se ha impuesto al resto de las diferentes tendencias de la misma.

De la misma manera es evidente que en estos 30 años de democracia, nunca como en la presente legislatura, un Gobierno ha sufrido ataques más furibundos por parte de la Conferencia Episcopal. Los obispos llevan cuatro años encabezando manifestaciones en la calle, algo insólito en nuestra historia y que seguro llenaría de gozo a los Buñuel y Lerroux, para protestar contra las medidas legales del Gobierno a favor del matrimonio homosexual, de la simplificación del divorcio, de las reformas educativas y del diálogo con ETA. Comportamiento hasta cierto sorprendente, si tenemos en cuenta que en estos 4 años la Iglesia católica ha sido tratada de una manera exquisita y generosa, ya que se le aumentó el porcentaje de participación en el IRPF desde el 0,5% hasta el 0,7%, tras comprobarse que las aportaciones voluntarias en la casilla de las declaraciones a Hacienda eran insuficientes. ¡Qué sabio es el refranero popular! Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro. De nada ha servido, ya que bajo el pretexto del derecho a expresar libremente sus opiniones, la jerarquía católica ha arremetido ahora de nuevo contra las iniciativas legislativas del Ejecutivo socialista. El comunicado de la jerarquía eclesiástica apela al "ejercicio responsable" del derecho al sufragio y alienta "a los católicos y a todos los que deseen escucharles", que cada vez son menos, para que apoyen a las formaciones políticas que defiendan la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y el matrimonio entre el hombre y la mujer. Además, consideran "intrínsecamente perverso" reconocer a una organización terrorista como representante político de un sector de la población, así como negociar con ella. Esta nota última no añade nada significativo. La interpretación mayoritaria es que implícitamente está pidiendo el voto para el PP. En el caso de que así lo fuera, tampoco debiera extrañarnos ya que la Iglesia siempre ha pedido el voto para la derecha. Es lo que ha hecho siempre. Aquí, y en todas las naciones de base social preferentemente católica, como Italia o Portugal, y algo menos en Francia. En Italia, el apoyo de la Iglesia a la Democracia Cristiana, hasta que desapareció como partido tras los escándalos de corrupción y de implicaciones mafiosas, era algo ritual en todas las elecciones.
No obstante, yo tengo otra visión de la nota de la C.E., en el sentido de que en buena lógica no se está pidiendo el voto para la derecha ni para la izquierda. Quiero explicarme. Recomiendan los obispos a sus fieles la conveniencia de no votar a aquellos partidos que en algún momento cayesen en la tentación de hablar con organizaciones terroristas. Tentación en la que han caído todos los gobiernos españoles, ya que -desde la lejana época de la UCD- han establecido contactos, tanteos, negociaciones e intercambios de mensajes con los etarras. Algunos de ellos con éxito, como el que condujo a la disolución de la ETA político-militar en tiempos de Adolfo Suárez. Es natural. El ideal de cualquier gobernante sería acabar con la pesadilla del terrorismo en España: ya sea por la vía policial, ya por la de la negociación, ya por la de los procedimientos extralegales. Tanto da si de izquierdas o de derechas, ninguno ha dejado de ensayar hasta ahora alguno de esos métodos; y si en algo han coincidido todos ellos es en la tentativa de acordar un final negociado de la barbarie. En consecuencia, todos los fieles que siguieran a rajatabla las recomendaciones episcopales no deberían votar a aquellas opciones que de una u otra manera hayan dialogado, negociado o simplemente hablado con miembros de ETA. Por ende, deberían abstenerse o votar en blanco.

Como conclusión, lo que me parece urgente es denunciar de una vez los acuerdos con la Santa Sede para adecuar las relaciones con ella a las exigencias de un Estado aconfesional. No vaya a ocurrir que pasadas las elecciones, se siga aumentando la aportación económica a la Iglesia, como ya se ha hecho, y manteniendo la religión en los centros escolares públicos. Igualmente sería conveniente y deseable ya, que nuestras autoridades, como representantes públicos, empezasen a perder la costumbre de asistir a las ceremonias católicas, como se hacía en tiempos del nacional-catolicismo Como que también dejara de ser festivo para todos los españoles, el 8 de diciembre. Los tiempos son otros muy diferentes. El curso de la historia va por otro lado.




03/02/2008 14:01 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Conviene recordar

  Que la derecha haya tenido el poder en este país ha sido lo natural.  La izquierda sólo lo ha detentado en breves períodos de tiempo. Estas situaciones excepcionales sólo se han producido en el siglo XIX, entre 1808-1814 y 1820-23; en el Sexenio Revolucionario (1868-1874); en el siglo XX, durante la II República y los gobiernos de Felipe González, y en siglo XXI con el actual de José Luis Rodríguez Zapatero.El período de 1808-1814, con la Constitución de Cádiz de 1812, la más avanzada de Europa en aquel entonces, impregnada plenamente del espíritu de la Revolución Francesa, finalizó con la funesta y desgraciada llegada del Rey Borbón Fernando VII, que inauguró uno de los períodos más tenebrosos y lamentables de la Historia de España, que no sería el último, con exilios forzados, represión y muerte. Durante el Trienio Constitucional (1820-1823), poco pudo hacerse, ya que acabó con prontitud por la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis.El Sexenio Revolucionario, que despertó grandes expectativas, finalizó con el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto y sirvió para proclamar a Alfonso XII. La II República, de nuevo, supuso una bocanada de aire fresco y una de las ocasiones perdidas, una más, de nuestra historia, y el intento más serio de abordar la solución a los graves y enquistados problemas de España: el agrario, el educativo, el militar, el social, el autonómico, etc y que terminó con un golpe militar frustrado, que generó una Guerra Civil, a cuyo fin se instauró, de nuevo, una larga y tenebrosa Dictadura, con exilios forzados, represión y muerte. Todos estos problemas enraizados en la sociedad española, la derecha los ignoraba, negando su existencia, tanto en la II República como en tiempos de Franco. No era problema  que todos los años debieran exiliarse 160.000 españoles, en las primeras décadas del siglo XX, mientras un solo español tenía media provincia, destinada a coto de caza. Tampoco lo era que algo menos de  la mitad de la población española en 1930 estuviera en la triste oscuridad del analfabetismo. Tampoco el que el poder político estuviera subordinado y a merced del estamento militar. Tampoco que la educación estuviera impregnada de todo tipo de prejuicios que impedían el libre desenvolvimiento de la razón. Como tampoco el que a determinadas regiones españolas se les tuviera prohibido el hablar en su lengua materna, sin darles  una salida razonable a sus legítimas aspiraciones de autogobierno. No eran problemas.  Para la derecha el único problema que ha existido o existe en nuestra Historia, es que la izquierda alcance el poder. Ese es el único problema. Esto puede deberse  a que nunca hemos tenido, para nuestra desgracia, un partido de derechas, auténticamente democrático, con planteamientos políticos razonables y que haya confiado en su pueblo, como ha ocurrido en Francia, Alemania o Italia. El partido popular ha cuestionado la legitimidad del Gobierno de ZP, lo que no es una actuación muy democrática.La izquierda española, ha cometido y comete errores. Como pudo ocurrir en la Revolución de Octubre de 1934. Y bien que lo pagó con cárcel, muerte y represión. Mas ha sido autocrítica. Reconoce los fallos. Algo que jamás ha hecho la derecha, ya que ésta nunca se equivoca, por ello nunca se disculpa. Ni siquiera del Golpe de 18 de julio. Hoy, en España, tenemos una izquierda, mayoritariamente socialdemócrata, que no se esconde ante los problemas, por arduos y difíciles que sean. Tampoco se escondió en tiempos de la II República. Como muestra de lo que estoy diciendo, podría servir el que el Gobierno de Rodríguez Zapatero con coraje y temple ha abordado un problema, que no ha caído de una teja el 14-M, como es el de la vertebración territorial, a través de la reforma del Estatuto de Cataluña. Ha sondeado posibles salidas al problema del terrorismo, no ha sido posible, porque ETA así lo ha querido. Plantea la ampliación del Estado de Bienestar con todo un conjunto de leyes para dar más derechos a más personas, sin quitárselos a nadie: personas dependientes, homosexuales, mujeres maltratadas, etc. Ha conseguido sacar del olvido y dignificar a muchas personas que fueron víctimas de la dictadura franquista. Ha sacado adelante una Ley educativa, con el apoyo de todas las fuerzas políticas, con la excepción de los populares. Que todas estas políticas, en cuanto a modernización, van por buen camino, lo podemos constatar en la oposición frontal  hacia ellas por parte de las jerarquías católicas. Ha sido siempre así. No debemos olvidar que siempre en la Historia de España, las jerarquías católicas han sido una rémora a la modernización de nuestro país. Merece la pena recordar el duro juicio que Masson de Morvillers nos dedicó en la Enciclopedia: El español tiene aptitud para las ciencias, existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de un fraile para leer y pensar?Siempre que la izquierda ha llegado al poder, la derecha rápidamente se  ha aprestado a arrebatárselo con rapidez, sin reparar en los medios, sean los que sean.  Sirve de ejemplo el Golpe militar de 18 de julio de 1936.Instaurada ya la democracia, tras la muerte del Dictador, con las dificultades inherentes al proceso, todos conocemos las artimañas y los procedimientos utilizados por la derecha para derribar al gobierno de Felipe González, hurgando en sus errores cometidos, que machaconamente nos lo han recordado y recuerdan, y llevando a cabo una labor planificada e inmisericorde de acoso y derribo, que finalmente le sirvió para alcanzar el poder en las urnas. Ahora, con el gobierno de Rodríguez Zapatero la situación es semejanteEste comportamiento de la derecha se explica, porque, como siempre ha detentado y usufructuado el poder, ha llegado a interiorizar que tiene derecho a detentarlo per secula seculorum, a instancias de algún mandato divino, gratia Dei. Por ello, si no lo tiene, piensa que se le ha arrebatado injustamente, y que es algo antinatural. Por tanto no se deben escatimar medios, sean los que sean, si hay que romper las urnas se rompen, así ha ocurrido a veces, para volverlo a reconquistar. Ahora, en un sistema democrático, la recuperación del poder debe hacerse con otros procedimientos. Y si no consigue sus propósitos con prontitud se muestra tensa y nerviosa, como está aconteciendo en la actualidad.Desde el mismo instante que conoció los resultados del 14-M, inesperados para ella según sus pronósticos, están haciendo gala sus principales dirigentes, así como determinados medios de comunicación de una tensión y crispación sin precedentes en la historia reciente española, que en ciertos aspectos recuerdan a la primavera de 1936. Afortunadamente el contexto político, estamos en la Unión Europea y la OTAN, es muy diferente, si fuera idéntico deberíamos ponernos a temblar. Los Rajoy, Acebes, Zaplana, se mostraron incrédulos de que hubieran perdido las elecciones. No podían creerlo. Se debía a alguna conjura. ¡Qué cosas al respecto hemos tenido que oír y algunos ínclitos periodistas siguen todavía con lo mismo!  Finalmente muy a su pesar, no les quedó otra opción, tuvieron que aceptar la derrota. A partir de este momento, diseñaron una estrategia para recuperar el poder, y aprovechar cualquier coyuntura para acosar al Gobierno, venga a cuento o no. Les da lo mismo.  Cualquier circunstancia es buena, se debe aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid,  para criticar todo, da igual, la política económica, la autonómica, la educativa o la sanitaria. No han dado respiro alguno ni siquiera los cien días de rigor, que suelen darse a cualquier gobierno, por cortesía parlamentaria. No le reconocen ni un solo mérito al Gobierno. Nada ha hecho bien, lo que ya es difícil  Le culpan de todo, y no sería de extrañar, al paso que llevan, que pronto le responsabilizaran también de las inclemencias meteorológicas. España según su visión está al borde de alguna catástrofe cósmica. Mas, por lo que parece, a los días les suceden las noches, a las estaciones les ocurre lo mismo y las mariposas siguen revoloteando por los campos.  Esta derecha además de nerviosa aparece siempre triste, avinagrada, tosca y malcarada. Ni una sonrisa, ni una broma. Siempre mal genio y enfado continuo. Quien da muestras fehacientes de lo que acabo de decir es el secretario general del Partido Popular. Aunque este sentimiento no es nuevo. Basta recordar las intervenciones broncas y hoscas en el Parlamento del Sr. Áznar, o las apariciones públicas del Sr. Fraga y eso que estaban gobernando. Esto no nos debe sorprender, ya que siempre la derecha se ha mostrado cabreada y enfadada. De verdad, yo le recomendaría a la derecha española actual tranquilidad, sosiego, y sobre todo ciertas dosis de buen humor, cosas muy  saludables para la salud. En democracia hay que saber ganar y perder. Hay que aceptar los tiempos como vengan, y saber esperar. Ya le llegará su oportunidad, aunque espero que sea muy lejana en el tiempo, para la buena salud y el buen humor del pueblo español. Cándido Marquesán Millán
04/02/2008 16:53 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


La Inmigración en el debate electoral




Ha irrumpido con fuerza en la campaña electoral la cuestión migratoria. El partido popular, a través de su máximo dirigente, Mariano Rajoy, la ha iniciado, con el "contrato de integración con valor jurídico”, por el cual la población foránea se compromete a cumplir las leyes, a pagar los impuestos, a aprender el castellano y a practicar las costumbres españolas. El cumplimiento o no de esas obligaciones no dependen de un contrato. Quien quiera infringir las normas lo hará independientemente del documento firmado, por lo que este será un papel mojado. Lo mismo en cuanto al aprendizaje del idioma. Por último, un grupo de expertos sociólogos deberán elaborar un catalogo de costumbres genuinamente españolas. Podrían ser: comer tortilla de patata, ser del Madrid o del Barca, poner un Belén para la Navidad, leer un libro con una periodicidad mensual, ir una vez al año a una plaza de toros, jugar al mus… Vale más no seguir por este camino. Un poco de sentido común es recomendable y exigible a nuestros políticos. El tema migratorio es de suficiente calado como para frivolizar con él. Lo más grave de esta propuesta popular, radica en tratar de pescar votos en algunos sectores de la población, que tienen muy enraizados determinados prejuicios contra la población foránea. Tampoco contribuyen a su erradicación los medios de comunicación, cuando sólo parecen estar interesados por los cayucos o por reflejar en un delito la nacionalidad del inmigrante.
Merece la pena hacer un esfuerzo, para acercarnos al tema desde otras perspectivas más positivas, que las hay.
No deberíamos olvidar que los españoles hemos sido emigrantes: a América tras el descubrimiento por Cristóbal Colón; a Europa, en los años 50 y 60, a buscarnos la vida, ya que aquí era difícil la supervivencia. Las remesas de divisas sirvieron, además de las del turismo, para el desarrollo español de los 60. Marchamos por razones políticas a Europa y América al final de la Guerra Civil ¡Y qué bien nos acogieron, por cierto, en Méjico! Y como han cambiado las cosas. Un periodista mejicano, Eduardo López Bethencourt, recientemente, en un artículo titulado Pobre España, nos acusa a los españoles, de que nuestro éxito actual nos ha corrompido, y nos ha llenado de soberbia y envilecimiento, cuando siempre nos habíamos mostrado afables; en cambio, ahora nos habíamos convertido en arrogantes, presuntuosos y altaneros como nadie.
Hoy el desarrollo de la economía española sería difícil de explicar sin la población inmigrante. Trabajos científicos lo corroboran. Uno de ellos, el Informe Semestral I/2006, julio 2006, Economía española y contexto internacional, elaborado por el Servicio de Estudios de Caixa Catalunya, según el cual, en la década 1995-2005, nuestro crecimiento del PIB fue del 3,6. Este hecho se explicaría por el factor población. En esta década España ha crecido 4,17 millones y se explica, sobre todo, por los inmigrantes, 3,2, millones. Nuestro mayor crecimiento económico no ha venido por aumento de la productividad, asignatura pendiente de la economía española, ni por la intensidad del trabajo (aumento de las horas trabajadas), lo explica el rápido crecimiento de su población activa, gracias, sobre todo, a dos factores: la inmigración y el ingreso masivo de la mujer al mercado de trabajo. La conclusión del estudio de la Caixa es contundente, en ausencia de inmigración, en España el PIB per cápita entre 1995-2005 se habría reducido en un 0,6% anual.
Otro trabajo de noviembre de 2006, presentado por Miguel Sebastián, exdirector de la Oficina Económica del Gobierno, es Estudio sobre inmigración y economía española, dividido en cuatro bloques: I- La Evolución de la inmigración en España, II- Impacto sobre el PIB, III- Impacto sobre las cuentas públicas; y el IV-Impacto sobre el déficit exterior.
En el I, se destaca que la tasa de crecimiento de la población desde 2000 ha sido la más alta de la nuestra Historia; este hecho se explica por la prolongación de la esperanza de vida y por la inmigración, lo que ha supuesto refutar a organismos internacionales que presagiaban para España una reducción de 10 millones de habitantes. Hoy el INE habla de 53 m. en 2050. A pesar del rápido crecimiento de la inmigración, España está en el promedio de inmigrantes con el resto de los países de la OCDE. En los últimos años el 50% del empleo ha sido inmigrante; de los 2,63 millones de puestos de trabajo entre 2001-2005, 1,32 fueron inmigrantes; siendo compatible con una notable reducción del paro nativo.
En el II, la inmigración explica más del 50% del crecimiento del PIB de los últimos cinco años; su impacto no sólo es positivo, vía población, sino que eleva la renta per capita, gracias a su tasa de empleo, además genera otros efectos económicos indirectos: eleva la tasa de actividad de los nativos (mujeres), reduce la tasa de paro estructural (flexibilidad) y mejora la movilidad, al reducir los desajustes estructurales (mismatch).
En el III, se explicita que los inmigrantes aportan 23.402 millones de euros a los ingresos públicos, reciben 18.618, por lo que su contribución neta es de 4.784 millones. Esta cantidad representa el 50% del superávit en 2005 registrado por las Administraciones Públicas (1,1% del PIB). Contribuyen, vía cotizaciones, alrededor de 8.000 millones, mientras que sólo reciben 400 millones en pensiones.
Y en el IV, se afirma que los países con mayor proporción de inmigrantes tienen un mayor déficit exterior, al que contribuyen por cuatro canales: remesas, que suponen el 0,5% del PIB; menor nivel de ahorro (renta permanente), se piensa que los inmigrantes pueden estar consumiendo un 1,3% del PIB por encima de su renta disponible (en 2005 compraron un 25 % de las viviendas vendidas y absorbieron entre el 15% y el 20% de las hipotecas); patrón de consumo: sesgado a bienes duraderos en su mayor parte importados; y efecto dinamizador sobre la inversión: el aumento de la mano de obra reduce la ratio capital-trabajo, elevando la rentabilidad de la inversión. La suma de estos cuatro efectos explica hasta el 30% del déficit exterior (2,1% del PIB).
A pesar de estos efectos positivos en la sociedad española actual, de “nuevos ricos” existen ciertos comportamientos xenófobos y racistas. La inmigración no puede, no debe criminalizarse, ya que tiene su origen en la desesperación no en la perversidad. Además resulta imparable y se incrementará, mientras el mundo esté configurado así y siga aumentando la brecha abierta entre los países ricos y pobres. Por ende, mientras un padre o madre de familia o un/a joven no tenga futuro en su patria, tal como ocurre en toda Hispanoamérica o en África, no les importará atravesar desiertos, como en Arizona, desafiar aguas turbulentas en una patera en el Estrecho de Gibraltar, en un cayuco hacia Canarias o saltar vallas en Ceuta, en busca de un mundo mejor, aunque puedan ser detenidos, violados o muertos en las fronteras. Y si llegan a la “Tierra Prometida”, el camino que les espera será arduo. Se les acusará de todo: quitar puestos de trabajo, de quebrar la Seguridad Social y aportar crimen, enfermedad y hasta terrorismo. A pesar de todo seguirá habiendo emigrantes.


Cándido Marquesán Millán






09/02/2008 06:00 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La campaña electoral del miedo




La actuación política del PP en esta legislatura se ha basado fundamentalmente en el uso de la mentira continua, así como en la creación de un estado de crispación, como nunca habíamos conocido en la reciente democracia española. Si los dirigentes del PP han actuado así, cabe pensar que habrán tenido razones de peso. Podría deberse a que les cogió desprevenidos la derrota electoral del 14-M. Tanta fue la sorpresa que quedaron noqueados, y la primera reacción fue la deslegitimar el triunfo de ZP y negar lo evidente, que habían salido derrotados en las urnas. La única explicación era de la una conjura, que quedó eliminada por la sentencia de Gómez Bermúdez. Posteriormente, fue la ruptura de la unidad de España, como consecuencia de la reforma del Estatuto de Cataluña, que ha sido aprobado y sigue existiendo la unidad de España. Continuaron con la política antiterrorista con la falacia de que ZP había claudicado ante los terroristas. ZP hizo lo mismo que Aznar, negociar con la banda antiterrorista, era su obligación. Sorprende comprobar, después de las cosas que han dicho, que los Zaplana, Acebes, Rajoy se atrevan a salir todavía en los medios de comunicación.

En cuanto a la crispación, hemos constatado sesiones parlamentarias durísimas,- podría servir de ejemplo la que se acusó a ZP de traicionar a los muertos- en las que la tensión se cortaba en el aíre, propiciada desde el banco de los populares, aunque no han estado solos en esta tarea. Contaron ya, muy de mañana, con la colaboración de la emisora de la Conferencia Episcopal. El abad de Monserrat, que también forma parte de la Iglesia, se ha lamentado en repetidas ocasiones de que los obispos españoles no hayan tenido el suficiente coraje de poner freno a la estrategia de envenenamiento que determinados comentaristas de la cadena están llevando a cabo y que contradice y repugna abiertamente los valores evangélicos y los de la convivencia democrática. Son de la misma opinión otros muchos católicos. No conozco, y ya tengo bastantes años, un locutor que haya emitido juicios más retorcidos, jalonados con insultos de todo tipo: el cochero de Drácula, víbora con cataratas, socialistas manchados de sangre… El daño que este individuo ha hecho a la convivencia entre los españoles será harto difícil de reparar.

Inmersos ya en la vorágine de la campaña electoral, los políticos presentan un conjunto de propuestas, cabe pensar, diseñadas para solucionar los problemas de los ciudadanos. Mas todos sabemos, los ciudadanos y los políticos, que muchas de ellas, una vez que llegan al poder, no van a ser puestas en práctica nunca. También es cierto que en una campaña todo se tolera dentro de unos límites. Lo que ya no me parece ético el tratar de arrancar votos a la ciudadanía mediante determinados procedimientos. Algunos políticos piensan que hay que ganar las próximas elecciones, sea como sea. El fin justifica los medios Los estrategas del PP han diseñado la campaña electoral, sin renunciar a sus ya conocidas mentiras, en unos pocos mensajes, claros y repetitivos, para que calen en la sociedad, y basados en meter el miedo en el cuerpo de los españoles, si sigue gobernado ZP. Tampoco es nada nuevo, ya que la derecha española ha sembrado siempre el mensaje de que la llegada de la izquierda al poder en la Historia de España no ha supuesto avance positivo alguno; muy al contrario, va ligada al desastre, la irresponsabilidad y a todo un conjunto de desgracias. La interpretación desde la derecha de la II República puede servir de ejemplo. Éste período no supuso nada positivo y como acabó además en una Guerra Civil, deberíamos estudiarlo para que nos sirviera de ejemplo de lo que nunca debería ocurrir. Siguiendo en la misma línea, ahora, no les importa en absoluto en apelar a determinados prejuicios extendidos en la sociedad española. Tratan de acongojarnos. Con el tema migratorio: los emigrantes nos roban en casa, nos quitan el trabajo o que van a colapsar la servicios públicos de sanidad y educación. En el tema del terrorismo y la vertebración territorial, con ZP, se producirá la ruptura de España, al estar ya firmada la claudicación o rendición del Estado frente a los terroristas o determinados grupos nacionalistas. En la cuestión económica vamos a la hecatombe: inflación, paro, hipotecas caras. Por cierto, las Comunidades autónomas con mayor incremento interanual del paro en el pasado mes de enero han sido las presididas por el Partido Popular, según los datos publicados por el Servicio Público de Empleo. Si analizamos el número de parados registrados observamos que la Región de Murcia es la Comunidad Autónoma con mayor incremento de paro entre enero de 2007 y enero de 2008, con una subida de casi el 25%. Le sigue la Ciudad Autónoma de Melilla con casi un 24%, Canarias, donde los populares gobiernan en coalición, con más del 17%, la Comunidad valenciana con un incremento del 16%, Madrid del 13% y La Rioja de casi un 11%.

El comportamiento de la izquierda cara a las próximas elecciones es muy diferente. Frente al miedo, optimismo e ilusión en el futuro. Frente a las caras desabridas, sonrisa. La diferencia es grande. No debería caer en olvido que en las pocas ocasiones que la izquierda ha gobernado, se ha producido un gran empujón de progreso y modernización en la Historia de España. Repasen todo lo que supuso la II República (incremento de la educación, laicismo, reforma agraria, subordinación del poder militar al poder civil, reconocimiento de la realidad autonómica…). Con Felipe González ( asistencia sanitaria universal, la aprobación de las pensiones no contributivas, y la enseñanza gratuita y obligatoria hasta los 16 años, entrada en la Unión Europea…..) Y con ZP, además de intentar, era su obligación, solucionar el problema del terrorismo, se han producido extraordinarios avances sociales, al reconocer derechos, sin quitárselos a nadie a determinados colectivos: personas dependientes, mujeres maltratadas, homosexuales…

Ustedes, dirigentes del PP, podrán diseñar la campaña de la manera que les parezca más oportuna. Están en su derecho. Mas pienso que una campaña debe centrarse preferentemente -es la obligación de la clase política- en las propuestas creativas y atractivas y no en la descalificación apocalíptica del adversario o en el recurso al miedo o a los demás instintos primarios de los ciudadanos. Pueden intentar sembrar que la hecatombe está próxima. Mas, lo cierto es que muchos españoles no tenemos miedo alguno hacia el futuro. Todo lo contrario, muchos tenemos ilusión y optimismo en nuestro futuro. De nubarrones nada, por mucho que ustedes dirigentes del PP, nos quieran convencer de lo contrario con fines electoralistas. Al final, cada cual queda en su lugar. Las urnas tienen la última palabra.




17/02/2008 19:55 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Los rescoldos de la vieja España

  

                                  

               

En fechas recientes apareció la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales del 9-M, en la que los obispos recomendaban el voto hacia determinado partido político. Ahora es un miembro destacado del ejército, el ex jefe de la Fuerza Terrestre José Mena Aguado, que fue cesado tras lo ocurrido en la Pascua Militar de Sevilla en enero 2006, por sugerir que el Ejército podría intervenir en caso de que el Estatuto de Cataluña rebasara la Constitución, el que en la presentación de su libro "Militares: los límites del silencio” critica la política del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y propone ideas para propiciar "la regeneración democrática" de España. Me producen pavor estas palabras dichas por un general. Ahora ha hecho hincapié en que aunque se dijo que sus opiniones y declaraciones eran personales y aisladas, reflejaban "la inquietud y preocupación de todas las unidades que dependían de la Fuerza Terrestre". "No es que hablase con los 30.000 hombres -que tenía bajo su mando- pero hablé con todos los jefes de unidad, hasta batallón incluido, y en conversaciones informales luego en las visitas que hacia en las reuniones me comentaban todo este aspecto, ha agregado.  La banca, representada por el currante y ahora candidato Manuel Pizarro, se suma a esta alianza antisocialista. Sólo cabe esperar que se incorpore algún miembro de la rancia nobleza terrateniente, y ya tenemos la alianza de la vieja España, reserva de los valores espirituales de Europa.

Ahora quiero referirme sólo a las palabras  de Mena Aguado. Todos aquellos, que nos sentimos demócratas, nos sentimos ya profundamente consternados por su discurso pronunciado en la fiesta de la Pascua Militar. Ahora sus nuevas declaraciones no disipan estas preocupaciones. A estas alturas, metidos en la Unión Europea y la OTAN, resultan anacrónicas, que nos recuerdan viejos y caducos tiempos. No insisto en algo obvio: que en un sistema democrático el ejército debe estar subordinado al poder civil. Voy a reflejar, en cambio, algunos acontecimientos históricos, que pueden hacernos pensar a todos un poco y que nos permiten entender, no justificar, estos comportamientos. 

Son conocidos los hechos del Cu-Cut, periódico satírico de la derecha regionalista catalana, que se atrevió a publicar un chiste gráfico en su número de 23 de noviembre de 1905, en el que uno de sus personajes se refirió al festejo gastronómico con estas palabras: “¿De la victoria? ¡Ah!, vaya, serán paisanos”. El 25 de noviembre, oficiales de la guarnición de Barcelona arrasaron el local de la imprenta del Cu-Cut y saquearon las oficinas del periódico junto a las de La Veu de Catalunya, órgano de la Lliga. Un año después llegaría la lamentable Ley de Jurisdicciones.

 

Luego sobrevino el movimiento de las Juntas Militares de 1917, a modo de sindicalismo castrense, que no respetaron el poder civil. Del mismo modo la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, con el beneplácito del Alfonso XIII, justificada por algunos por el problema de África, el terrorismo de la ciudad condal o la cuestión social. El manifiesto dirigido al país, que no tiene desperdicio, terminaba de la siguiente guisa:  “Este movimiento es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón, sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos. Españoles: ¡Viva España y Viva el Rey!”.

 

Después del fallido intento de Golpe de Estado del general Sanjurjo del 10 de agosto de 1932, llegamos inexorablemente, al día fatídico de 18 de julio de 1936, en el que Don Francisco Franco Bahamonde, no tuvo impedimento moral alguno, sin respetar la Constitución que había jurado defender, para lanzar a la cara del país el siguiente Manifiesto: “Una vez más el Ejército, unido a las fuerzas de la Nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles, que veían con amargura infinita, desparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común, ESPAÑÄ”. Todo lo que vino después, todos lo conocemos.

Que en el año 1981, el coronel Tejero, entrase a saco en el Congreso de los Diputados, teniendo en cuenta que estábamos inmersos aún en plena Transición democrática, en la que muchos hicieron profundos sacrificios de amnesia en aras a la reconciliación nacional,  podía entenderse, aunque nunca justificarse. Mas,  en pleno siglo XXI venir con éstas, parece un mal sueño. En algunos momentos debemos pellizcarnos, para creer que no es producto de la pesadilla en una larga noche de insomnio. Hoy, todos los españoles de bien nos sentimos apesadumbrados, ya que pensábamos, que los pronunciamientos o golpes de estado eran algo que pertenecía al remoto pasado.  Que todavía aparezcan salvapatrias resulta grotesco y lamentable. Por ello hemos merecido la atención de editoriales de grandes periódicos extranjeros, como Financial Times, The Guardian, Le Figaro o Le Monde. Nos ha cubierto de gloria el general.

 

Con ser triste lo anterior, lo es más todavía el comprobar los comentarios vertidos por los dirigentes del principal partido de la oposición. En relación a las palabras del general emitidas en la Pascua Militar de 2006,  el Sr. Elorriaga comentó sin reparar en la gravedad de sus palabras, que lo ocurrido era reflejo de la situación que estaba viviendo el país. Poco después el Sr. Rajoy echó más leña al fuego aduciendo que este tipo de cosas no pasaban porque sí, y que había pasado lo que tenía que pasar. Ahora el PP, acaba de pedir al Gobierno que aclare qué va a hacer con respecto a las declaraciones del ex teniente general José Mena Aguado. El responsable de la campaña electoral del PP, Pío García-Escudero, preguntado si al PP le preocupa que el ex militar vuelva a amenazar la democracia, ha respondido que "a quien debería preocuparle es al Gobierno de España, porque es quien tiene la responsabilidad".  Parece que a los dirigentes populares les interesa más desacreditar al Gobierno, que la gravedad de las palabras del general. Me resisto a pensar que sus 10 millones de votantes puedan pensar lo mismo.

  Acabo estas consideraciones recordando las proféticas palabras de Azaña: “Si triunfara un movimiento de fuerza contra la República, recaeríamos en una dictadura militar y eclesiástica de tipo tradicional. Por muchas consignas que se traduzcan y muchos motes que se pongan. Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por este lado, el país no da otra cosa”.  

Cándido Marquesán Millán

 
21/02/2008 13:59 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La estrategia de la crispación

                                       Esta legislatura pasará a la Historia como la de la crispación, que ha producido un encanallamiento y envenenamiento de la política e incluso en la convivencia ciudadana, sin precedentes en nuestra reciente democracia. Poco ha, en la prensa aragonesa un eminente catedrático y militante del PP, calificaba a esta legislatura  de “maldita”. O lo que es lo mismo: Perversa, de mala intención y dañadas costumbres; condenada y castigada por la justicia divina; de mala calidad, ruin, miserable. 

En su discurso con motivo del 29º aniversario de la Constitución,  Manuel Marín afirmó que "no se puede repetir una legislatura tan dura y ruda como la actual" y que hay que volver a "la política con mayúsculas".

 

Para un funcionamiento normal de la democracia se requiere la aceptación y el respeto por parte de los partidos políticos de algunas reglas no escritas: 1ª) el que pierde, reconoce su derrota; 2ª) el que gana, respeta al derrotado y no lo persigue; 3ª) para ganar, no todo vale. Las dos primeras reglas son la consecuencia del método democrático que se basa, por un lado, en el reconocimiento de la elección como procedimiento de selección del Gobierno y, por otro, en el respeto a las minorías como expresión del pluralismo político. La tercera se deriva de un consenso fundamental que implica que determinadas cuestiones, llamadas de Estado, quedan fuera de la arena competitiva.

 

Por ende, la normalidad democrática se hace prácticamente imposible si algún partido político se niega a reconocer el veredicto de las urnas y/o cuestiona la legitimidad de la victoria del ganador, o lo que es lo mismo, no sabe aceptar la derrota. En 1996, Felipe González aceptó su derrota, y en 2000 Joaquín Almunia asumió la responsabilidad de la suya anunciando su dimisión irrevocable. En cambio, bajo el liderazgo de Aznar, el PP disputó en 1989 la mayoría absoluta del PSOE, impugnando los resultados en varias circunscripciones porque los resultados del escrutinio desmentían los pronósticos de las encuestas y, por la misma razón, en 2004 discutió el triunfo de sus adversarios atribuyéndolo a sus supuestas maniobras para capitalizar el impacto del atentado del 11-M. Por ello, las legislaturas 1996-2000 y 2000-2004 se caracterizaron por su normalidad, las legislaturas 1989-1993, 1993-1996 y 2004-2008 estuvieron marcadas por un clima de tensión provocado por la resistencia del PP a reconocer su derrota electoral.

 

El no reconocimiento de la derrota y el ansia enfermiza de recuperación del poder, sin reparar en los medios, son los dos presupuestos que nos permiten entender el comportamiento del PP, que decidió instalar la estrategia de la crispación, el mismo día en que el Gobierno socialista tomó posesión. La brutal y desleal oposición del PP surge de la frustración de la derrota, de su nula asimilación y de la falta de reconocimiento de los errores cometidos. Comportamiento que «no es nuevo» en España porque ya se aplicó contra Manuel Azaña y contra Felipe González.

 

 Esta estrategia de la crispación se plasma en las siguientes características: es deliberada (cree que le beneficia electoralmente); se implanta mediante la ausencia total de colaboración con el Gobierno en algunos temas que, en buena parte, se corresponden con los que hasta ahora se habían identificado como de Estado (lucha contra el terrorismo en sus dos modalidades, la fundamentalista islámica y la etarra, y en parte en la estructura territorial del Estado) que ocupan el centro de la agenda política, dando lugar a un enfrentamiento completo; tono durísimo en la crítica, que degenera en muchas ocasiones en insultos; la utilización de los medios de comunicación para criticar al Gobierno, así como la distorsión y/o negación de hechos documentalmente recogidos en las hemerotecas; y negación al Gobierno desde la oposición lo que se exigió y se obtuvo de la oposición estando en el Gobierno.

Con esta estrategia se pretende crear la sensación de estar permanentemente al borde del abismo, como si el país se encontrase en una encrucijada en la que estuviera en peligro su propia supervivencia. Ahora mismo, nos muestran una situación dramática de la economía española, cuando esta legislatura, reconociendo la actual desaceleración, ha sido la de las menores tasas de desempleo de toda la democracia, la del mayor crecimiento del PIB y el superávit fiscal.   En definitiva, una percepción artificial de alarma social, cuando la realidad demuestra todo lo contrario.  Las reformas llevadas a cabo por el ejecutivo socialista no han alterado los consensos básicos de la sociedad tal y como se afirma desde el partido de la oposición: la retirada de nuestras tropas de Irak, la ley integral contra la violencia de género, la investigación con células madre, el matrimonio homosexual, la agilización de los procedimientos para tramitar el divorcio, las leyes de igualdad y dependencia son algunas de esas reformas que han contribuido a que nuestro país sea visto como paradigma político en muchos países. Además esta estrategia de la crispación consigue  que las consecuencias derivadas de dichas reformas sean poco visibles y pasen desapercibidas entre los ciudadanos, cuando son altamente beneficiosas para amplios sectores de la sociedad.

 

¿Qué consigue la oposición con la estrategia de la crispación? Polarizar y movilizar a una parte del electorado, el de derechas, e incrementar la abstención entre una izquierda desmotivada por el clima político.

 

Esta ha sido la política del PP durante estos cuatro años. Sin embargo, con todo lo que hemos tenido que oír a los Zaplana, Acabes y Rajoy, ahora acusan a Zapatero de ser el causante de la crispación. ¡Hace falta ser cínicos!

  

Cándido Marquesán Millán

       
25/02/2008 10:27 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Reflexiones sobre el debate entre ZP y Rajoy




Se ha hablado tanto del debate entre Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, que decir algo nuevo resulta complicado. Tampoco es esa mi pretensión. Lo único que pretendo es escribir unas breves impresiones personales elaboradas a vuela pluma.

A la ciudadanía se le había escatimado durante 15 años el derecho a este debate, donde cada uno de los candidatos pudiera exponer sus puntos de vista sobre la política española, y ha tenido que ser un socialista, el actual Presidente del Gobierno, ZP el que lo haya permitido; y tal como le iban las encuestas, con su realización tenía más a perder que a ganar. A pesar de ello, ha tirado para adelante, en todo un ejemplo de ejercicio democrático. Sin embargo, el Aznar, del año 2000 lleno de prepotencia y engreimiento, no le concedió esta misma posibilidad a Joaquín Almunia. Ni por supuesto Rajoy en el 2004 a Zapatero, convencido de que su victoria era inapelable.

Entrando ya en el debate, pareció demasiado rígido. El tiempo impuesto, la temperatura, los planos de la cámara, la mesa, la moqueta, los gestos, el maquillaje (excesivo en el caso de ZP), el mismo locutor... todo tan encorsetado que ahogaba la espontaneidad de los candidatos. Todo había sido tan medido y calculado por los asesores, que habrán trabajado en los días precedentes a destajo, que cada uno contestaba de acuerdo con el guión prefijado.

Otro aspecto a señalar es que Rodríguez Zapatero ejerció de Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy de Mariano Rajoy. ZP mostró a lo largo de su actuación, menos relajada que de costumbre, un talante más correcto, más cercano, más educado y más dialogante. Por el contrario, Rajoy se mostró autoritario, despectivo y durísimo, guardándose en un cajón su discurso moderado de las últimas semanas y desenterrando el hacha de guerra de toda la legislatura ahora terminada, sobre todo, en materia territorial, antiterrorista e incluso social (inmigración.). Su discurso fue bronco, acusó a ZP de mentiroso en varias ocasiones y de agredir a las víctimas del terrorismo. Más de lo mismo. Nada nuevo bajo el sol.

En cuanto al contenido, las novedades pocas, aunque era previsible. Cada uno se reafirmó en los planteamientos políticos ya conocidos. Pareció más un balance de legislatura. ZP defendió el buen funcionamiento de la economía con la alta tasa de crecimiento, del empleo y el superávit de las cuentas públicas; todas las leyes sociales: dependencia, igualdad, violencia de género, agilización de los trámites del divorcio; matrimonio de homosexuales, mejoras del salario interprofesional y de pensiones, así como el cheque-bebe y las ayudas al alquiler para las jóvenes; la política de reformas de los Estatutos de Autonomía, así como el intento de abordar el problema del terrorismo, quejándose amargamente de la oposición brutal del PP; una política exterior basada en la paz y de ayudas al desarrollo; y una defensa de política inmigratoria realizada.

Rajoy no se apartó un ápice de su actuación durante la legislatura. Presentó una España al borde del abismo. La economía a la deriva, fijándose con una subida desorbitada de los precios de artículos básicos. En el tema territorial acusó al Gobierno de haber abierto el melón autonómico sin tener claros los objetivos. En el terrorismo de haberse vendido a los etarras. En el inmigratorio de haberse convertido España en un auténtico coladero para la llegada masiva e indiscriminada de población foránea, en la que estaban incluidas bandas de delincuentes internacionales. En definitiva, acusó a Zapatero de ser el peor Presidente de toda la historia de la democracia, que ha sido capaz de romper todos los acuerdos de la Transición democrática, por lo que una legislatura más de ZP, España no lo podría soportar.

Un aspecto a destacar del discurso de ZP fue su insistencia en las políticas sociales, que transmiten una preocupación por la defensa de todo un conjunto de valores: solidaridad, igualdad, justicia. A todo esto Rajoy no le dio valor alguno. Todavía más, en su visión de los inmigrantes se desprendió de una manera subliminal cierto tufillo de xenofobia y racismo, al presentar la llegada de la población foránea sólo desde una perspectiva negativa: saturación de los servicios públicos de sanidad y educación, delincuencia.

Dos visiones contrapuestas. Han sido tan grandes las diferencias, antes y ahora, que una colaboración entre ambas fuerzas políticas en estos momentos parece imposible.

Tiene su lógica que el gobierno defienda su gestión y que la oposición la critique. Lo que ya no lo parece tanto el que la crítica haya sido tan despiadada y no se reconozca merito nada al Gobierno.

Las valoraciones desde una perspectiva electoral han sido variadas. Antes del debate, se dijo que uno de los dos arrebataría una importante cantidad de votos indecisos; otros que el pescado estaba ya vendido. Después del debate, algunos han afirmado que los dos candidatos se marcharon con los mismos votos que trajeron y en el mismo tren que llegaron. Otros, entre los que me incluyo, que la misma celebración del cara a cara ha servido para acentuar la bipolarización de la campaña electoral: Rajoy o Zapatero. Y siendo esta circunstancia así, cabe deducir que mientras el PSOE tiene mucho camino por recorrer en perjuicio de otras opciones de izquierda o del nacionalismo moderado, el Partido Popular tiene mucho más difícil encontrar un espacio para crecer, por lo que se detecta una consolidación de la curva ascendente del sufragio socialista que se había dibujado ya en los días previos al cara a cara.
No obstante, estamos expectantes ante el segundo debate. Tenemos derecho los ciudadanos.


27/02/2008 23:03 dorondon Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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