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El poder da las ideas

El poder de las ideas


Lo que nos puede parecer como una batalla política, que es resuelta por el voto de las masas, ha sido generalmente decidido mucho tiempo antes con una batalla de las ideas en un círculo restringido. En una entrevista en el diario Le Fígaro, Sarkozy afirmó que: "en el fondo, he hecho mío el análisis de Gramsci: el poder se gana por las ideas. Consciente de esta circunstancia la derecha ha sabido jugar sus cartas, y desde hace varias décadas tiene estratégicamente la hegemonía ideológica, y también en muchas ocasiones, tácticamente la hegemonía política. Mas no ha sido siempre así. Al final de la II Guerra Mundial, vigente Keynes, se iniciaba en Europa occidental el Estado del Bienestar. Por ello, en abril de 1947 se reunió en el Hotel du Parc, en Mont Pèlerin, en Suiza, un grupo de 39 personas, entre ellas: Friedman, Lippman, Salvador de Madariaga, Von Mises, Popper, con el objetivo de desarrollar fundamentos teóricos y programáticos del neoliberalismo, y así lograr una reacción favorable a un capitalismo libre de trabas sociales y políticas. Este empeño de los neoliberales duro y contracorriente finalmente alcanzó su éxito en la segunda mitad de los años 70, tras la crisis de 1973, que cuestionó todo el modelo económico de la posguerra. Mas su victoria fue producto de muchos años de lucha intelectual. Suele atribuirse al reaganismo, al thatcherismo y a la caída del Muro, pero la historia es más larga. Su triunfo se vio facilitado por la autocomplacencia de una izquierda autosatisfecha. Estos acontecimientos brevemente descritos parecen incuestionables.

Recientemente Tony Judt ha señalado que el siglo XX fue el de los intelectuales, personas del mundo de la cultura que se dedicaban a debatir y a influir en la opinión y la política pública, y que estaban comprometidos con un ideal, un dogma o un proyecto; y que en las tres últimas décadas, se ha producido su desaparición. Puede resultar excesiva la tesis de Tony Judt. Yo me inclinaría a pensar por el contrario, que lo que ha ocurrido es su derechización. En octubre del 2002 Maurice Maschino. publicó un artículo en Le Monde Diplomatique sobre los intelectuales dominantes en los medios de comunicación franceses llamándoles con desdén, "los nuevos reaccionarios". Algo que contrasta con lo que fueron los intelectuales franceses desde hace más de 100 años, "la vanguardia del combate por la justicia y por la libertad". Hugo condenó la intervención de su país en México; Zola denunció los atropellos del Ejército en el caso Dreyfus; Gide criticó el colonialismo en el Congo; Malraux luchó a favor de la república española; incluso, Mauriac levantó la voz contra las torturas cometidas por los soldados franceses en Argelia.

Y aquí en España se ha producido la misma circunstancia, tal como señaló poco ha Ignacio Sánchez Cuenca, ya que las ideas liberal-conservadoras son hoy hegemónicas en la esfera pública en nuestro país y que lo curioso, aunque no sorprendente, es que mayoritariamente son defendidas con ardor por gente que fue progresista en su juventud, y a veces, hasta marxista-leninista. Igualmente Juan Gari nos dice que algunos artistas y mettres à penser celtibéricos, después de una vida informada por la coherencia progresista más o menos acusada, han coronado su madurez pasándose con armas y bagajes a las filas conservadoras, donde han sido recibidos, lógicamente, con gráciles alharacas. No se trata de un grupo homogéneo: Albert Boadella, Sánchez Dragó, Fernando Savater o Félix de Azúa, Arcadi Espada.

Este fenómeno en nuestro país, donde se da con más claridad es en la disciplina de la Historia, donde han irrumpido seudo-historiadores, que con gran descaro han interpretado de una manera sesgada e interesada acontecimientos trascendentales de nuestra historia reciente, en libros de encuadernaciones lujosísimas; y que con gran despliegue mediático han sido colocados en las más importantes librerías. Por ende, hoy gran parte de la ciudadanía española ha conocido exclusivamente la II República y la Guerra Civil por los Pío Moa y César Vidal. En cambio, salvo excepciones, no lo han hecho a través de historiadores, expertos profesionales de la Historia, como Julián Casanova o Josep Fontana, Paul Preston, Helen Graham. La consecuencia es clara, hoy vivimos en tiempos de revisionismo histórico, por lo que se ha extendido ampliamente la peligrosa idea de que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente culpables y que el golpe militar de julio de 1936 fue una consecuencia inevitable de los errores del régimen republicano. Al respecto Josep Fontana señala: Si analizamos lo realizado por cada uno de los dos bandos, nos daremos cuenta que les movían razones muy distintas. Y que es imposible entender lo que significó la Segunda República, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de 1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta: la República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el "régimen del 18 de julio" se dedicó desde el primer momento a cerrar escuelas, quemar libros y asesinar maestros.

Como colofón vienen muy bien las palabras de Raimon Obiols, al decirnos que hay tres tipos de gente, los que hacen que las cosas sucedan, los que esperan que las cosas sucedan, y los que nunca se enteran de lo que sucede; los neoliberales pertenecen a la primera categoría y la mayoría de los progresistas a las dos restantes. Así tenemos lo que tenemos.

Una izquierda irreflexiva


El panorama político español en el que estamos sumidos es desolador para cualquier postura no solo de izquierdas, sino también progresista. Esta situación es lógica. Al final ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Según Boaventura de Sousa Santos, uno de los pensadores más perspicaces en los momentos actuales, la explicación es clara: “Cuando están en el poder, las izquierdas no tienen tiempo para reflexionar sobre las transformaciones que ocurren en la sociedad y cuando lo hacen, siempre es como reacción a cualquier acontecimiento que perturba el ejercicio del poder. La respuesta siempre es defensiva. Cuando no están en el poder, se dividen internamente para definir quién será el líder en las próximas elecciones, de modo que las reflexiones y los análisis están relacionados con este objetivo.” Estas palabras son de una contundencia y claridad apabullantes y que pueden ser aplicables para definir la situación actual de los socialistas españoles, aunque también son extrapolables a otras latitudes.

En las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, los socialistas ebrios por el éxito estuvieron como absortos en sí mismos con la excepción de la llegada de la crisis, y a la defensiva ante los ataques de los planteamientos neoliberales, tratando de salvaguardar los pilares del Estado del Bienestar, y también transigiendo en exceso, tomando determinadas decisiones políticas, plenamente asumibles desde la derecha más intransigente, por lo que perdieron una parte importante de su hasta entonces fiel electorado. Daban la impresión de no ser plenamente conscientes de lo que se estaba tramando bajo sus pies. Según Susan George “Si hay tres tipos de gente (los que hacen que las cosas sucedan, los que esperan que las cosas sucedan y los que nunca se enteran de lo que sucede) los neoliberales pertenecen a la primera categoría y la mayoría de los progresistas a las dos restantes.

Ahora que han sido desalojados contundentemente del poder, por lo que parecen noqueados, tampoco les parece la ocasión oportuna para reflexionar en profundidad sobre las causas de sus recientes fracasos electorales o del diseño de un futuro programa, ya que tienen otras preocupaciones. Sus máximos dirigentes a nivel estatal o autonómico prestos a repartirse los restos del naufragio, están ocupados a tiempo completo en resolver el gran dilema sobre a quién apoyan para la Secretaría General del PSOE, tratando de no equivocarse y jugar a caballo ganador, y así estar mejor colocados para ocupar puestos en la futura Ejecutiva Federal. Tras la estrepitosa derrota, en el nombramiento de los delegados aragoneses para el próximo Congreso de Sevilla, no se ha producido cambio alguno, más de lo mismo, todo ha estado bajo control del aparato. Por ello, dan muestras de una irresponsable dejación de funciones a la hora de ejercitar una oposición dura ante la avalancha de las políticas neoliberales puestas ya en marcha, y las que se avecinan en el futuro próximo por parte de los populares, que con la coartada de la crisis van a desmantelar todo un conjunto de derechos socio-laborales que los hemos ido conquistando con gran esfuerzo en los últimos años.

De no cambiar radicalmente la situación, algo que no se otea en el horizonte, lo que va a quedar después de esta crisis va a ser lo más parecido a un paisaje tras un brutal bombardeo: democracia en quiebra, sueldos miserables, paro masivo, pensiones cada vez más reducidas, una legislación laboral tercermundista, servicios públicos desmantelados, una juventud sin esperanzas. De vez en cuando aparece Pérez Rubalcaba a ejercer alguna ligera crítica, aunque poco convencido, como la de “retrasar el ajuste del déficit dos años”, o la réplica a Dolores de Cospedal tras ser declarado Camps no culpable argumentando “que sea su partido el que le rehabilite y le vuelva a poner de presidente de la Comunidad Valenciana si realmente cree que es un ciudadano ejemplar”. Pero no mucho más.

Dan la impresión que se limitan a salvar el expediente en esta tarea. Sorprenden tal pasividad e inoperancia. En nuestra comunidad autónoma esta circunstancia se da con mucha mayor intensidad, ya que sus dirigentes parecen estar desaparecidos de combate. Deberían ponerse ya las pilas de una vez, ya que a pesar de haber sufrido una fuerte derrota electoral, deben ejercer una fuerte oposición al tener muchos votantes aragoneses detrás, como la que ejercieron los populares. Es su obligación. Por todo lo expuesto se está generando un profundo malestar en muchos militantes y simpatizantes de este partido, ya que cada vez se muestra más alejado de movilizaciones (el 15-M) y militancias políticas por causas tradicionalmente pertenecientes a las izquierdas, que se están realizando sin ninguna referencia al PSOE e incluso, muchas veces, en oposición a él. Esta circunstancia también debería suscitar a sus dirigentes una profunda reflexión. De momento no están por la labor y la prueba de ello son los intentos de captar, domesticar, minimizar o ignorar a la nueva militancia que con toda justicia está ocupando la calle. Además, la sociedad española tiene una imperiosa necesidad, y ahora más que nunca, de un partido socialdemócrata sólido y que no puede ser dilapidada por la irresponsabilidad de los actuales dirigentes del partido. Mas todo es posible, cuando los intereses personales están por encima de las responsabilidades históricas que se derivan de un partido centenario.

Imagen: Periodismo Humano

España se olvidó de la Memoria Histórica

 


Es seguro que algunos al leer estas líneas que versan sobre el tema, ya sobado mas todavía no resuelto, de la Memoria Histórica, iracundos exclamarán que ya vale, otra vez con la misma tabarra, que lo que les preocupa de veras es la crisis económica, y su secuela más truculenta del paro irrefrenable. ¡Toma! ¡Y a mí también! Y a otros muchos. Lo que no es óbice para que me preocupe por el tema de que más de 100.000 españoles estén tirados todavía en las cunetas de cualquier carretera comarcal, en las tapias de cualquier cementerio, o incluso en algún basurero, y que además sus familiares no puedan darles una digna sepultura, como todo ser humano se merece, tal como lo establece una Obra de Misericordia. Y también me preocupa que a buena parte de la sociedad española, esta traumática e injusta circunstancia le importe un comino, ya que por lo que parece hoy en día se mueve sólo por determinados valores: el dinero, IPC, PIB, eficacia, producción, el euribor, cotizaciones en bolsa, la prima de riesgo, la reforma financiera .

Y mi preocupación continúa al constatar que importantes y poderosos medios de comunicación, han trabajado a destajo para que en ese importante sector de la ciudadanía española haya calado esa escala de valores. Y esto es así, merced a que abunda cada vez más un prototipo de columnistas, que dicen escandalizarse porque en esta sociedad nuestra se está produciendo un vacío de valores morales, por la ley del aborto, el matrimonio de los homosexuales, el divorcio express, la educación para la ciudadanía. Y sin embargo, no tienen ningún impedimento moral en colocarse en contra de todo aquello relacionado con la Memoria Histórica, y les resulta indigerible el que todas esas víctimas sean enterradas. Me resulta difícil entender estos comportamientos tan contradictorios.

También me preocupan determinadas actuaciones judiciales, como el que se admitieran a trámite las querellas presentadas por el sindicato "Manos Limpias" y Falange Española contra el juez Garzón y que sea juzgado por su iniciativa de abrir una causa penal para investigar los crímenes del franquismo por medio del Sumario 53/2008. Igualmente la actuación de determinadas jerarquías eclesiásticas que consideran que en la Memoria Histórica no hay más que resentimiento, tal como dijo el cardenal Rouco: a veces, es necesario saber olvidar” en lo que él denomina, haciendo gala de una doble moral, de “una auténtica y sana purificación de la memoria”, mientras canonizan a miles a sus mártires de la Guerra Civil. Por último, no menos me preocupa que el PP, con 10,8 millones de votantes detrás, se muestre insensible, con aquellos que quieran enterrar a sus muertos, acusándoles de poner en peligro nuestra democracia que ha costado tantos esfuerzos conseguirla.

Rajoy ha mostrado en repetidas ocasiones su desprecio a la Ley de la Memoria Histórica (LMH) porque "no interesa a nadie". Y ya antes Miguel Ángel Rodríguez, portavoz que fue del Gobierno de Aznar entre 1996-1998 en el programa 59 segundos de TVE dijo: "En plena época de Internet y de la Play Station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años". Una vez más, la derecha pone de manifiesto que no le gusta hablar de Memoria Histórica, pues ello es tanto como aludir a sus raíces ideológicas y personales. Tiene auténtico pavor a cortar su cordón umbilical con el franquismo. Tampoco nos debería sorprender, tal como señala Julián Casanova, si tenemos en cuenta que Manuel Fraga que fue presidente de la Xunta y presidente de honor del PP, en noviembre de 2005, 30 años después de la muerte del dictador, o 27 desde la aprobación de la Constitución, de la que dicen que fue uno de los padres, en una entrevista publicada en Corriere della Sera, hacía una desaforada defensa de Francisco Franco y de su régimen político, recordando a los italianos las excelencias del que fue durante tanto tiempo su jefe y los enormes beneficios que su sistema de gobierno ("ni fascista, ni totalitario") dejó a todos los españoles. Y acabamos de constatar que el líder del PP y presidente del Ejecutivo central, Mariano Rajoy, ha rendido homenaje a Fraga calificándolo como "uno de los grandes hombres que ha dado España en el último siglo". Por todo lo anteriormente expresado, siento una profunda tristeza.

Que después de más de 30 años en esta democracia nuestra, todavía la sociedad española, incluida en ella tanto la clase política como la ciudadanía, no haya sido capaz de saldar esa deuda histórica con todos aquellos españoles que fueron asesinados, por el único delito de defender el régimen republicano, entiendo que algo está fallando. ¿Qué democracia es ésta? ¿Es una democracia de segunda categoría? ¿O es que está enferma? Tengo la impresión de que deberíamos empezar a cuestionarnos ya esa idea, que se ha ido extendiendo entre nosotros los españoles con demasiada autocomplacencia, de que nuestra Transición Democrática ha sido modélica, y que incluso hemos pretendido dar lecciones a otros países que han pasado por situaciones semejantes. La periodista, Montse Armengol, en su libro Les fosses del silenci, partiendo de la experiencia de Nicaragua, se hace la siguiente reflexión: “En Guatemala hemos visto como nos pasaban la mano por la cara por el esfuerzo institucional para localizar las fosas, para obtener ayudas internacionales, para hacer un banco de ADN, para tener un psicólogo a pie de fosa que atendiera a los familiares de las víctimas en aquel momento, a la vez esperado y doloroso, en que surge el primer hueso, una bota o una chaqueta, que confirma la pérdida violenta de un ser querido. El momento en que una pala abre la tierra y se rompe el silencio; el momento en que, por fin, puede comenzar el duelo, el personal, el del familiar del desaparecido y el colectivo: el de la sociedad que ha padecido la tragedia. Nada de eso”- acaba diciendo Montse Armengol- “hemos visto en esta España que presume de dar lecciones de transición o de perseguir a los dictadores criminales”.

No deja de ser lamentable que el artista-fotógrafo Francesc Torres tuviera que presentar, al no poder hacerlo en España, en el Internacional Center of Photography de Nueva York en septiembre de 2007, la exposición “Oscura es la habitación donde dormimos”, cuyo título es extraordinariamente sugerente y un tanto perturbador. Esa habitación hacía referencia a una fosa común de 47 hombres, asesinados por las tropas rebeldes, en la aldea española de Villamayor de los Montes cerca de la N-II Madrid-Burgos. Y también a todo un país atemorizado, que ha vivido a oscuras durante mucho tiempo, y que ha tardado 70 años en desenterrarlos. Miedo que parece que continúa en determinados ambientes.

Si nuestra democracia fuera plenamente madura, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que este haya sido. La verdad por encima de todo. Sudafricanos, chilenos, argentinos, rusos, por poner ejemplos, lo han hecho ya dándonos una contundente lección. Nuestra democracia debe reparar esa deuda pendiente por razones estrictamente democráticas, ya que si hoy vivimos en un régimen “consolidado” de libertades y de paz, es absolutamente imprescindible reparar esta injusticia, en coherencia con nuestros propios principios democráticos. ¿Qué mejor muestra de reconciliación que ser capaz de asumir el pasado doloroso y tomar medidas para corregir tales errores? Y el hacerlo ya, sin dilaciones, contribuiría de verdad a la reconciliación, así como el refuerzo de la convivencia democrática. Nada más lejos que al enfrentamiento. Pero es que además existen poderosas razones de carácter ético, que deberían superar cualquier diferencia política. ¿Quién podría aceptar que un ser querido continuase en cualquier margen de un camino? Y a pesar de todo, el Partido Popular inamovible, se resiste a dar un paso adelante. Si lo hiciera haría un gran favor a nuestra democracia. Es lo que han hecho las derechas europeas, al condenar sin ambages los fascismos. Aquí, por lo que estamos constatando no hemos podido llegar a tanto.

Imagen: La historia del día

La reforma educativa de WERT

                       

El Gobierno de Rajoy  nos está mostrando sus principales líneas políticas ocultas durante la campaña electoral. La primera gran decisión fue el durísimo ajuste fiscal con la consiguiente subida de impuestos incumpliendo sus promesas electorales, para combatir el déficit público, que vamos a sufrir este mes en nuestra nómina. Gallardón al frente del Ministerio de Justicia ha anunciado una reforma judicial histórica en defensa de “la vida y los más débiles”, al proponer una modificación regresiva de la Ley del Aborto vigente. El locuaz Arias Cañete  nos obsequia con un nuevo Plan Hidrológico (es decir, el trasvase), para beneplácito de los Fabra, Valcárcel,  Arenas y descontento  de Luisa Fernanda. Ha llegado la reforma financiera, dirigida por el ministro, Luis De Guindos, el que  estaba al frente de Lehman Brothers en España y Portugal.  Está al caer, la reforma laboral, de la que Rajoy se sintió ufano en el último Consejo Europeo, al indicar al primer ministro finlandés, Jyrki Katainen, en una conversación informal "La laboral me va a costar una huelga general”. Parece que Rajoy estuviera haciendo méritos ante sus colegas de la Unión Europea, al imponer a la gran mayoría de la ciudadanía durísimos sacrificios. Y si hay una huelga general, la nota es de matrícula. Cualquiera de estas cuestiones podría justificar la redacción de un artículo.

Ahora quiero fijarme en algunas líneas de actuación propuestas en el Parlamento por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. Ha sido sorprendente su nombramiento. Fernando Savater con buen criterio señaló hace tiempo que cuando hay que constituir un nuevo gobierno, se barajan diferentes nombres para Exteriores o Economía, mas nunca ocurre para Educación. Parece como si para esta tarea sirviera cualquiera. Prueba de ello es que alcanzó este Ministerio la gran Esperanza Aguirre. Font de Mora, médico forense, fue consejero de Educación en la Comunidad Valenciana, el que montó el circo de la enseñanza en inglés de la Educación para la Ciudadanía.

Me pareció ilusionante en el inicio de la intervención de Wert, la alusión, con motivo del bicentenario de la Constitución de Cádiz, al Discurso Preliminar de Agustín de Argüelles “El Estado, no menos que de soldados que le defiendan necesita de ciudadanos que ilustren a la Nación y promuevan la felicidad con todo género de luces y conocimientos. Así que uno de los primeros cuidados que deben ocupar a los representantes de un pueblo grande y generoso es la educación pública. […]  De verdad que me produjo gran regocijo esta “aparente” defensa de la enseñanza pública, porque tal como señala Luis Sánchez Agesta, el propósito táctico que se reflejó en el Título IX . De la Intrucción Pública de la Constitución, era el excluir de la enseñanza la influencia del clero. “”Este cuerpo –decía Argüelles- que so color de religión y presumiendo ser independiente también en lo que no tocaba a sus dogmas, establecía, interpretaba y condenaba las doctrinas que se habían de profesar o desechar en todas materias”. De poco parecen haber servido estas palabras, si tenemos en cuenta que la sustitución de la asignatura de Educación para la Ciudadanía por la nueva de Educación Cívica y Constitucional, se ha debido a las presiones de determinados sectores clericales ultramontanos.

Otra de las grandes decisiones es una profunda reforma de la Secundaria. Se mantiene la escolarización obligatoria hasta los 16 años, pero se cambia la actual estructura de la Secundaria de 4+2 (4 cursos Secundaria + 2 de Bachillerato) a 3+3 (3 cursos de Secundaria común + 3 de Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio), dividiéndola en dos etapas de la misma duración. El primero de esos tres años será obligatorio para todos los alumnos, y les orientará bien a la Formación Profesional, bien a la continuación del Bachillerato. La mayoría de los expertos en cuestiones educativas eran partidarios de un Bachillerato de 3 años, mas a no costa de reducir la ESO. Obviamente con un año menos de la ESO se podrán maquillar las cifras de fracaso escolar al final de esta etapa. Tampoco parece muy conveniente que a la edad de los 15 años el alumno deba elegir entre Bachillerato o FP. Mas pienso que lo que hay detrás de esta reforma, presentada como meramente técnica, es un apoyo claro hacia la privada concertada. Aquí hay truco. Los políticos populares son muy hábiles. Si el 1º de Bachillerato se concierta en los centros privados, parece claro que luego lo serán 2º y 3º cursos. Y así es seguro que muchos IES van a ver reducidos sustancialmente sus alumnos de Bachillerato, ya que muchos de ellos proceden de centros concertados que tras la ESO, los abandonan por razones económicas. En Zaragoza-capital hay  IES que tienen una forma en cuanto al alumnado de pirámide invertida: en Bachillerato el doble de grupos que en la ESO. Por ello, parece un sinsentido en estos momentos de ajustes presupuestarios, el concertar el Bachillerato en los centros privados, habiendo plazas más que suficientes en los IES.

Tras preguntarle desde la bancada socialista sobre la posibilidad de concertar el Bachillerato, el titular de Educación se mostró "abierto al diálogo" y a una "reflexión" en este sentido. Del mismo modo la consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Dolores Serrat, manifestó poco ha que están estudiando concertar el Bachillerato "a medio plazo" en los centros que tienen concertada la ESO.

 

Los objetivos de los populares parecen claros, aunque no coincidentes con los manifestados por Agustín Argüelles al que alude con tanta pompa y boato el ministro Wert.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

¿Interesa de verdad la educación en España?

 

En estos días que se están incorporando nuestros alumnos a los centros escolares, me parecen oportunas algunas reflexiones, propiciadas por la lectura del libro Modernidad, Republicanismo y Democracia. Una historia de la educación en España (1898-2008), de Manuel de Puelles. En uno de sus capítulos aparece el debate presupuestario de 1901, con intervenciones muy significativas sobre educación. Es un presupuesto que alcanza la cifra de 1.000 millones de pesetas y que consagra con rango de ley el pago a los maestros por el Estado. El diputado republicano Melquíades Álvarez señala que de los 43 millones asignados a instrucción pública, 25 son sufragados por los municipios, 12 son ingresos que tiene el Estado por matrículas, derechos de exámenes y grados: de esta forma, concluye que el Estado dedica a la tarea más grande, más necesaria en la sociedad, la ridícula cifra de 6 millones. En contraposición, en la Casa Real se gastan 11 millones; para el culto y clero, 42; y la Compañía Transatlántica recibe una subvención de 8. En el mismo año se hizo un empréstito de cerca de 150 millones para atenciones de Guerra y Marina. Unos años después al debatirse el presupuesto de 1912, el diputado Luís de Zulueta se queja de que los maestros se quedarán tras este presupuesto con una asignación inferior a la que tiene el Ministerio de Guerra destinada para el pago del pienso de un caballo. La conclusión de Álvarez en 1901 es contundente: los Estados Unidos tienen a principios del XX un 10% de analfabetos; España un 70%;  más de 2 millones de niños no asisten a la escuela (de un total de 4 millones) ; el maestro es “el tipo famélico por antonomasia, digno de lástima siempre; las escuelas son cuadras destartaladas, miserables, malsanas, húmedas, sin aíre, sin luz..” Obviamente los momentos actuales son muy diferentes. Mas el dato indiscutible es que nuestro gasto público en educación en 2006 es del 4,3% del PIB, muy por detrás  de la mayoría de los países europeos, ya que en los de UE-15 la media es del 5,2%. Situación que no ha mejorado con la crisis. Las autoridades educativas lo reconocen.  Por ello, en el documento el Pacto Social y Político por la Educación presentado por el Ministerio de Educación en abril del 2010 se establece el siguiente objetivo: Las Administraciones Públicas, los agentes sociales y las instituciones privadas asumimos un compromiso para incrementar la inversión en Educación. Este compromiso colectivo debe concretarse en que España dedique en el horizonte del año 2015 un porcentaje del Producto Interior Bruto equivalente al de los países europeos. Este desfase presupuestario algo tendrá que ver en el hecho de que más del 30% de nuestros alumnos abandonen los centros escolares sin alcanzar el título de graduado en secundaria.

Retornando al presupuesto de 1901, tanto los liberales, que gobiernan entonces, como la oposición y las minorías parlamentarias, están de acuerdo en que la enseñanza “es la base de la regeneración del país”, y, por ende, dada su trascendencia esta cuestión no puede ser, no debe ser obra de partido. Es decir que debe ser consensuada. Es lo mismo que estamos oyendo ahora entre los principales partidos: necesidad de un pacto. Ya sabemos que no ha sido posible recientemente, como no lo fue entonces, probablemente porque todo aquello que se haga en el ámbito educativo es para pasado mañana, y nuestra sociedad, sobre todo la clase política, está volcada en lo inmediato, en el corto plazo.

Otra intervención en 1901 fue la del diputado liberal Vincenti, en la que se rebela ante el salario miserable de los maestros de 500 pesetas anuales, el mismo que los celadores de telégrafos o los repartidores de cartas.  La respuesta del ministro de Instrucción Pública, Romanones fue, reconociendo la insuficiencia presupuestaria en educación, que se estaba haciendo esfuerzos y que no se podía hacer más por las “Circunstancias.” ¡Las circunstancias! He aquí una expresión valida entonces y también ahora. Si en los años pasados de pujanza económica no se alcanzó la equiparación con Europa, ahora en esta crisis profunda es una utopía inalcanzable. Obviamente el salario del docente actual es más digno, aunque bastante inferior al de otros titulados universitarios. El reconocimiento del docente debe fomentarse  y así lo reconoce el Pacto Social y Político por la Educación: Se ha de actuar, asimismo, sobre el contexto en el que se desarrolla la labor docente, lo que está asociado al reconocimiento de su autoridad y a un mayor reconocimiento social, especialmente por parte de las familias (…).  Es necesario un nuevo acuerdo con el profesorado, que promueva el reconocimiento profesional y social de la labor docente, que garantice un sistema de incentivos salariales y profesionales.

Finalmente en el debate de 1901 se hace referencia a “la necesidad de sensibilizar a la opinión pública para pedirle a la población un gasto mayor educativo (…). Cuando el país esté totalmente convencido se podrá alcanzar ese presupuesto ideal”. Ni que decir tiene que ni entonces ni tampoco ahora se ha alcanzado ese presupuesto ideal, probablemente porque la sociedad no ha sentido esa necesidad. Y como no la ha sentido, tampoco ha presionado lo suficiente  a los representantes públicos.

Tal como acabo de mostrar en las líneas precedentes, los problemas educativos, transcurridos más de 100 años, son muy semejantes. Todos reconocemos que la educación es una de las claves del futuro de un país, así lo dicen los gobiernos, partidos políticos, sindicatos, empresarios de la enseñanza, asociaciones de padres y de alumnos, medios de comunicación… No obstante, entiendo que puede darse cierta hipocresía, y que la educación no interesa tanto como dicen algunos. A las pruebas me remito.

 

Cándido Marquesán Millán

Neoliberalismo educativo a la española

 

 

            Estamos constatando el ataque brutal contra la enseñanza pública por algunos dirigentes populares en sus respectivas comunidades autónomas. Inició este proceso Esperanza Aguirre con una reducción de 3.500 docentes.  Le siguieron: Dolores de Cospedal en Castilla la Mancha, Núñez Feijóo en Galicia, y Yolanda Barcina de UPN en Navarra. Habrá un recorte de unos 15.000 profesores interinos. Según los populares no hay recorte social alguno. Justifican estas medidas por la necesidad de corregir el déficit público. Excusas no les faltan: la herencia recibida de los socialistas, los mandatos de la Unión Europea, la imposibilidad de gastar más de lo que se dispone. La crisis es su coartada, no su argumento. Lo que no dicen son las ganas que le tienen a la enseñanza pública. Y esto es así porque la política educativa de los populares ha sido y es un plagio milimétrico de la puesta en marcha por la Nueva Derecha inglesa de tiempos de Margaret Thatcher, en la que confluyen dos corrientes ideológicas contrapuestas: el neoliberalismo que propugna la libertad de los mercados a toda costa y el neoconservadurismo que ante los problemas actuales apela a la tradición y a los viejos valores. En educación, el neoliberalismo apuesta por la libertad de elección de centro, el cheque escolar y la privatización de la educación, «adelgazando» para ello al Estado; el neoconservadurismo considera, sin embargo, que la educación es demasiado importante para dejarla en manos del mercado, reclamando, por tanto, un Estado fuerte capaz de restaurar los viejos valores de la religión, familia, patria, etc., considerados desde la óptica más tradicional.  Según Manuel Puelles en la primera legislatura de Aznar, siendo la titular de Educación Esperanza Aguirre, predominó el neoliberalismo al introducir el mercado en la educación y con una tendencia a la privatización, que al no poderse llevar a cabo completamente  se implantó le gestión privada en el ámbito de lo público, aunque también hubo un conato neoconservador con el fracasado Decreto de  Humanidades, que pretendía una visión españolista de la historia. En la segunda la  del neoconservadurismo, siguiendo el modelo de la ley de educación inglesa de 1988 se aprobó sin consenso la LOCE de 2002, en la que la educación preescolar era asistencial, la primaria era preparación de la ESO, en esta unos itinerarios discriminatorios; la obsesión por el rendimiento escolar, considerado exclusivamente por los conocimientos, y una prueba general al final del bachillerato, recordaban una concepción tradicional de la enseñanza; y la inserción obligatoria de la religión confesional, junto con una versión no confesional desde la primaria hasta el bachillerato.   Antonio Viñao calificó la política educativa de estos 8 años como “neoliberalismo a la española”, un neoliberalismo con un doble componente confesional-católico y nacional-españolista. Ahora las comunidades autónomas que controlan los populares siguen estas directrices. En consecuencia se entiende el ataque a la enseñanza pública y a su profesorado, y el apoyo a la privada. Aguirre ha regalado suelo público para la creación de centros concertados para el Opus Dei, divididos en masculinos y femeninos, Legionarios de Cristo e incluso patronales laicas. En los Presupuestos de 2011 de la Comunidad de Madrid lo único que se incrementó en Educación fue el dinero para la educación privada-concertada, lo que supuso un total de 855 millones. A instancias de ACADE(Asociación de Centros Autónomos de Enseñanza Privada) se elevó el límite de renta familiar para deducir los gastos de la enseñanza obligatoria de 10.000 a 30.000 euros por miembro de la unidad familiar, la cuantía máxima deducible pasó de 500 a 900 euros por hijo, por lo que la Comunidad de Madrid dejará de ingresar 90 millones de euros. Los recortes de profesorado de la pública suponen un ahorro de 80 millones. Como vemos los populares son coherentes con sus principios. Tal apoyo hacia la enseñanza privada se entiende por motivos económicos al haber mucho negocio detrás y por motivos ideológicos. La derecha española, nada laica y sí muy confesional  por  vocación, ha apoyado siempre a la escuela privada confesional entre otras razones porque también ha recibido y recibe el apoyo ideológico de esta, donde se adoctrinan a los alumnos de acuerdo  con una visión tradicional de la religión, familia, patria, etc. Aquellos que hemos impartido clases en centros privados y públicos conocemos cuán diferente es la educación impartida a la hora de transmitir unos determinados valores en un instituto o colegio público que en un centro privado confesionalmente católico. Y es así porque  la selección del profesorado público, en unas oposiciones competitivas, es mucho más transparente que en los centros privados, donde es la dirección quien la realiza con criterios arbitrarios: el haber sido antiguo alumno, la amistad de algún miembro del APA. Esta circunstancia mediatiza la libertad del profesorado.

Sorprende la pasividad y el asentimiento de amplios sectores de la sociedad y del PSOE-salvo el ministro Gabilondo- ante estas políticas tan traumáticas para la enseñanza pública, cuyo desmantelamiento acarrearía graves e irreparables daños para la sociedad española, porque la enseñanza pública al ser más integradora, plural, intercultural, laica, participativa, democrática e igualitaria, es uno de los ejes básicos de vertebración de una sociedad.

 Según el Colectivo Lorenzo Luzuriaga: “Los sistemas educativos públicos bien podrían seguir siendo una palanca, en los Estados que decidan utilizarla, para reducir los riesgos de la creciente desigualdad y exclusión social, para favorecer el sentimiento de identidad colectiva múltiple, fomentar una lealtad plural a diversas comunidades que conviven en un mismo territorio, y promover la mezcla positiva de diversas culturas”.

 

Cándido Marquesán Millán

En defensa de la enseñanza pública




 

Hace un año publique un artículo titulado ¿Interesa de verdad la educación en España? El mismo enunciado daba por supuesta la respuesta. Hoy esta pregunta no ha perdido vigencia y la respuesta es todavía más clara, sobre todo al comprobar el ataque brutal puesto en marcha contra la enseñanza pública por algunos dirigentes populares en sus respectivas comunidades autónomas. Inició este proceso Esperanza Aguirre con unas Instrucciones enviadas a los institutos para el inicio del curso 2011-2012, en las que mediante la elevación de 2 horas lectivas se generaba una reducción media del profesorado del 12,5% en cada centro: unos 3.000 docentes menos solo en Secundaria, a los que se suman unos 500 entre Escuelas de Idiomas y Primaria. Pronto tuvo seguidores aventajados como: Dolores de Cospedal en Castilla la Mancha, Alberto Núñez Feijóo en Galicia, y Miguel Sanz de UPN en Navarra. Los sindicatos consideran que habrá un recorte de unos 15.000 profesores en su mayoría interinos, cuando hay 165.000 alumnos más. Es decir que con menos profesores se deberán atender a más alumnos. Según los gobernantes populares no hay recorte social alguno. Para ello recurren a unos circunloquios verbales para ocultar la realidad, a los que ya nos tienen acostumbrados. Dolores de Cospedal presentó con gran parafernalia su Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos para Castilla la Mancha con el que iba a producirse un ahorro de 1.800 millones de euros, pero en ningún momento habría recortes sociales. La cuadratura del círculo. Por cierto, en Andalucía no los ha habido, ya que se ha incrementado el cupo en 200 nuevos profesores. Todo es cuestión de prioridades.

Tratan de justificar estas medidas por la necesidad imperiosa de corregir el déficit público, por lo que alardean de su profundo patriotismo. Excusas y pretextos no les faltan: la herencia recibida por el despilfarro de los socialistas, los mandatos de las instituciones de la Unión Europea, la imposibilidad de gastar más de lo que se dispone. Lo que no dicen es las ganas que le tienen a la enseñanza pública. Uno de las tesis fundamentales de la ideología neoliberal, seguida por los populares es la animadversión visceral a todo lo público, en contraposición a una adoración incontrolada a todo lo privado. En consecuencia, hay que perseguir, desmantelar, dañar la enseñanza pública; y hay que potenciar, beneficiar y amparar a la enseñanza privada. En los Presupuestos de 2011 de la Comunidad de Madrid lo único que se incrementó en Educación fue el dinero para la educación privada-concertada, lo que supuso un total de 855 millones. En contraposición reduce el profesorado de la pública. Pero hace ya tiempo que se ha inclinado el gobierno de Esperanza Aguirre hacia la privada, al entregar suelo público para la creación de centros concertados que se reparte entre centros del Opus Dei, divididos en masculinos y femeninos por supuesto, legionarios de Cristo e incluso patronales laicas, y que puede incluso contemplar la creación de algún centro público próximo para albergar a la población escolar indeseada en dichos centros. Esta idolatría hacia la enseñanza privada está justificada por motivos económicos al haber mucho negocio detrás y por motivos ideológicos. La derecha española, nada laica y sí muy confesional por vocación, ha apoyado siempre a la escuela privada confesional entre otras razones porque también ha recibido y recibe el apoyo ideológico de esta, donde se adoctrinan a los alumnos de acuerdo con el neoconservadurismo de la derecha española en un determinado conjunto de valores con una visión tradicional de la religión, familia, patria, etc. Aquellos que hemos impartido clases en centros privados y públicos conocemos cuán diferente es la educación impartida a la hora de transmitir todo un conjunto de valores políticos, éticos o morales en un instituto o colegio público que en un centro privado confesionalmente católico. Mientras que la selección del profesorado público es mucho más transparente, al ser realizada en unas oposiciones competitivas, en los centros privados es la dirección quien la realiza con criterios arbitrarios: el haber sido antiguo alumno, la amistad de algún miembro del APA o la pertenencia a algún colectivo determinado. Esta circunstancia mediatiza la libertad del profesorado. Esta situación la tuvo muy clara Manuel Azaña en su discurso pronunciado en las Cortes el 13 de octubre de 1931 sobre el debate del artículo 26 de la Constitución republicana “En ningún momento, bajo ninguna condición, en ningún tiempo, ni mi partido ni yo, en su nombre suscribiremos una cláusula legislativa en virtud de la cual siga entregando a las ordenes religiosas el servicio de la enseñanza. Eso, jamás. Yo lo siento mucho; pero esta es la verdadera defensa de la República”.

En definitiva la derecha española, salvo para las razones expuestas, ha mostrado poco interés por la cuestión educativa y mucho menos por la enseñanza pública a lo largo de nuestra historia. Muy diferente ha sido la actuación de la izquierda. De ello hay contundentes ejemplos. En tiempos de la II República época tan poco valorada por los populares, en el bienio 1931-1933 se crearon 13.580 plazas de maestros, en 1934-35, 2.575, y en los meses del Frente Popular 5.300; además de subirles el sueldo en un 50% y proporcionarles una mejor formación. Se crearon 12.862 escuelas nuevas. Las campañas para enseñar a leer y escribir a millones de personas no tenían precedente en nuestra historia.

En la época franquista este proceso se paralizó. Entre 1939-1951 apenas se crearon escuelas públicas de primaria, debiendo esperar hasta 1956 para un plan quinquenal de escuelas públicas, fecha en la que había un déficit de 1.680.000 puestos escolares, es decir, se necesitaban crear 42.000 aulas para escolarizar a toda la población infantil. En secundaria, entre septiembre y octubre de 1937 se cerraron 52 institutos. En 1939 había 113 institutos y 119 en 1960. En 1946 centros de enseñanza secundaria, en su mayoría confesionales, eran 802, y en 1960 ascendían a 1.248.

En el largo período socialista de 1982 a 1996 se alcanzó la escolarización total hasta los 16 años con un crecimiento espectacular de construcciones escolares, dotación del profesorado y una política de conciertos en un proceso iniciado con los gobiernos de la Transición a partir de 1976.

No deja de sorprenderme la pasividad y también el asentimiento de amplios sectores de la sociedad ante estas políticas tan traumáticas para la enseñanza pública, cuyo desmantelamiento acarrearía graves e irreparables daños para la sociedad española. La enseñanza pública es mucho más integradora, al convivir en ella todas las clases y grupos sociales. Es más intercultural ya que en ella aparecen gentes de todas las nacionalidades con una pluralidad de religiones, lenguas y etnias Es más laica al ser una escuela que acepta el hecho del pluralismo religioso, filosófico, ideológico, político y moral de la sociedad, ya que rechaza el proselitismo y el adoctrinamiento a favor de una religión particular, de un sistema filosófico, de una opción política, ideológica o moral. Es más participativa y democrática, ya que es el mejor modelo para la transmisión de los valores democráticos en los que se asienta la convivencia pacífica de todos los ciudadanos. Es más igualitaria, ya que a ella asisten alumnos sin distinción de clase ni de procedencia socio-económica. Es por ello, la enseñanza pública uno de los ejes básicos de vertebración de una sociedad.

Lo afirmado por el Colectivo Lorenzo Luzuriaga hace ya seis años en la relatoría del Seminario organizado con el título "Estado, educación y escuela pública" sigue teniendo validez: “Los sistemas educativos públicos bien podrían seguir siendo una palanca, en los Estados que decidan utilizarla, para reducir los riesgos de la creciente desigualdad y exclusión social, para favorecer el sentimiento de identidad colectiva múltiple, fomentar una lealtad plural a diversas comunidades que conviven en un mismo territorio, y promover la mezcla positiva de diversas culturas”.

Cándido Marquesán Millán

Periodistas que ennoblecen la profesión

 

Hay profesionales que ennoblecen la profesión que ejercen. Otros, en cambio, la envilecen. Entre los primeros aparece el periodista Gervasio Sánchez, a quien quiero dedicar las líneas que siguen a continuación. Hace ya tiempo que tenía noticias de su trayectoria profesional. No recuerdo cuándo, como mínimo hace unos 20 años, pude conocerlo personalmente. Lo que sí sé que fue con motivo de una charla-conferencia sobre conflictos bélicos internacionales impartida en el IES “Cardenal Ram” de Alcañiz. Además de sus palabras convincentes, disfrutamos de un repertorio de fotografías de primera mano, tomadas en los países más conflictivos del mundo. No se me ha borrado todavía de la memoria una en la que aparecía el nicaragüense Daniel Ortega, subido en un caballo escalando unas abruptas montañas, en campaña electoral para el Frente Sandinista.

Estos días pasados pude contemplar una extraordinaria exposición en el Centro de Historias de Zaragoza, titulada “Desaparecidos”. La relación de Gervasio Sánchez con el drama de los desaparecidos arranca en Guatemala en 1984, año en el que inició su trayectoria profesional como periodista independiente, especializado en conflictos armados, desarrollando diversos proyectos sobre las víctimas. En estos 25 años de actividad profesional, el tema de la desaparición forzosa ha sido una constante en la obra del fotógrafo que, de manera intermitente, se ha sumergido en numerosos países afectados por esta problemática. La exposición “Desaparecidos” constituye el proyecto más extenso y voluminoso de los realizados hasta ahora por Gervasio Sánchez.  Son 122 fotografías en blanco y negro, además de 87 retratos a color, tomados en países de América Latina (Argentina, Chile, Colombia, Perú, Guatemala, El Salvador)) en Bosnia Herzegovina, Camboya, Irak  y  también de España realizadas entre 1998 y 2010. El contenido trata sobre los miles y miles de seres humanos que han sido masacrados y que sus asesinos han querido borrarlos de la Historia. Afortunadamente la cámara fotográfica de Gervasio ha denunciado estos crímenes, para que las generaciones futuras los conozcan convenientemente. Este es el objetivo fundamental. La profesora de la Universidad Ramón Llull y comisaria de la exposición, Sandra Balsells, ha resaltado la dificultad de la muestra al querer visualizar un drama sin que los protagonistas, en este caso los desaparecidos, estén "ni vivos ni muertos”. Además de una contundente clase de historia, la contemplación de todas las imágenes no puede dejarte indiferente. Hay mucho drama humano. Y también mucha maldad humana.

Algunas fotografías resultan inolvidables, como: Doris Meniconi con el oso de trapo de su hijo Isidro Miguel A. Pizarro, desaparecido el 19 de noviembre de 1974 en Santiago (Chile), marzo de 2000; madres y esposas llorando ante los féretros de las víctimas de Sbrenica en los momentos previos al funeral; los 43 ataúdes de víctimas ixhiles, muertos en los años 80 y localizados en una fosa común en 2008, colocados en una fila ordenada en el centro de la iglesia de Nebaj (Guatemala), en febrero de 2009; Nicolasa Rivas, madre de José Vicente (11 años), Juana Noemí (10 años), Norma (9 años), Vilma (8 años) y Gladys (7 años), desaparecidas en agosto de 1982 en Pilitas (El Salvador); Fila de bolsas con restos humanos a la espera de ser recogidos por los familiares en Al Mahawil (Irak), mayo de 2003; Retratos de víctimas asesinadas en Tuol Sleng. Phnom Penh (Camboya), mayo de 2007; víctimas de ejecuciones extrajudiciales por la represión franquista en Puebla de Cazalla (Sevilla), junio de 2009; los recintos deleznables donde se practicaron todo tipo de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires,o la  Clínica Santa Lucia en Santiago (Chile). Las fotografías se complementan también con varias proyecciones para transmitir las dimensiones de algunas de las instalaciones, donde se almacenan los restos humanos sin identificar.

Sobre el epílogo de la Exposición, referente a los desaparecidos en España resultan muy ilustrativas las mismas palabras de Gervasio. A diferencia de otros países como Colombia, Bosnia o Guatemala, en España, ha comentado Sánchez, no se ha planteado con "seriedad" la búsqueda de los desaparecidos porque la clase política, en la que incluye a todos los partidos, "también los de izquierdas", han actuado con "cobardía". "Empecé a escarbar en nuestro país después de que una periodista de la Agencia Efe me lo preguntara en 2008, y me encontré con una situación brutal de dolor, similar a la que vi. en otros países, como Guatemala".  Este descubrimiento me ha llevado a iniciar este nuevo proyecto, 'Desaparecidos en España', que desarrollaré en los próximos años y que espera tenga la proyección que se merece. Cabe pensar que no se le pongan impedimentos por las instituciones españolas para realizar este proyecto en España, como le está ocurriendo al juez Garzón.

            En definitiva esta exposición es todo un ejemplo de compromiso ético, algo que ha sido una constante.  Es autor de varios libros fotográficos: El Cerco de Sarajevo (1995), y los publicados por la editorial Blume, Vidas Minadas (1997 y 2002); Kosovo, Crónica de la deportación (1999); Niños de la guerra (2000); La caravana de la muerte. Las víctimas de Pinochet (2002); Latidos del tiempo (2004), junto al escultor Ricardo Calero; Sierra Leona, guerra y paz (2005); Vidas Minadas, Diez años (2007); y Sarajevo, 1992-2008 (2009). En 2001 coordinó, junto a Manuel Leguineche, el libro Los ojos de la guerra, en homenaje a Miguel Gil; y en 2004 publicó el libro literario Salvar a los niños soldados. Desde 1998 es enviado especial por la paz de la UNESCO y desde 2001 dirige el Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín.

 

Las instituciones aragonesas le han concedido la Medalla de Oro de Santa Isabel de Portugal y la Medalla al Mérito Profesional, además de nombrarle hijo adoptivo de Zaragoza. Galardonado con numerosos premios entre los que destacan el Cirilo Rodríguez, Club Internacional de Prensa, Andalucía de Cultura, Derechos Humanos de Periodismo, Liber Press, Javier Bueno, Ortega y Gasset y Premio Nacional de Fotografía 2009, entre otros.

 

El 7 de mayo de 2008 al recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía hizo un discurso extraordinariamente sincero e impregnado de denuncia a la hipocresía de muchos gobiernos.  De apenas cuatro minutos. En el acto estaban presentes la Vicepresidenta del Gobierno, varias ministras y ministros, exministros del Partido Popular, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, el Alcalde de Madrid, el Presidente del Senado y centenares de personas Después de nombrar a varios compañeros y amigos de El País a los que respetó como profesionales recordó a Martín Luther King, asesinado cuarenta años antes, a varias víctimas de las minas antipersonas que había conocido cuando eran niños y reflexionó sobre la venta de armas a países en guerra autorizadas por nuestros gobernantes desde el primer gobierno de la transición en los años setenta.

            Concluyó con las siguientes palabras: “Yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”.

Sofía Elface Fumo, mutilada de ambas piernas por una mina antipersona, duerme al lado de su hija Alia. Foto de Gervasio Sánchez premiada con el Ortega y Gasset de 2008

 

Cándido Marquesán Millán