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Algunas fotografías ciudadanas

                                  

Acompañado de mi esposa acostumbro todos días a pasear alrededor de una hora y media por las calles de Zaragoza. Es una recomendación de la clase médica para combatir el colesterol. En las generaciones anteriores no se conocía. Es el signo de los tiempos. Es uno de los pocos gozos, que podemos disfrutar todavía, sin que debamos pagar algún impuesto. Otro es el de la cama, probablemente uno de los mejores inventos de la humanidad, ya que además para dormir y descansar, puede utilizarse para otros menesteres muy reconfortantes. Mas, voy a olvidarme de estas cuestiones un tanto placenteras, para dedicarme a otras que no lo son tanto.

 

            Mientras practico el sano ejercicio del paseo, observo con el mayor detenimiento del que soy capaz los rostros de mis conciudadanos. Y, salvo honrosas excepciones, trasmiten escasa alegría. Son caras serias, preocupadas, cabreadas y, sobre todo, tristes. Los zaragozanos, como los españoles, transmiten muy poca alegría. Razones las hay suficientes. La crisis económica con una de sus correspondientes consecuencias, el paro, que está masacrando a millones de españoles, sin que se vislumbre el mínimo indicio de que se pueda corregir esta lacra. Todavía más cuando los diferentes gobiernos, tanto el estatal como los autonómicos, no solo no toman medidas contundentes para combatirlo, es que incluso, contribuyen a incrementarlo, al estar despidiendo a un número no pequeño de trabajadores públicos. Resulta inconcebible.

 

Las terrazas de las cafeterías están cada vez menos concurridas. Mayoritariamente suelen hacer uso de ellas los jubilados, ya que  siguen manteniendo con ligeros recortes el poder adquisitivo de sus pensiones. Las ofertas en los bares y restaurantes proliferan con menús a 7 u 8 euros y aperitivos una caña y una tapa a 1,5, con unos precios más bajos  a los anteriores al estallido de la crisis.

 

            Además con una lamentable asiduidad vemos que en las persianas o las puertas de muchos locales comerciales cuelgan los mismos carteles: Se alquila o Se traspasa. Resultan monótonos y aburridos por su reiteración. España parece un país en alquiler o en traspaso. Todo un síntoma de la profunda sima en la que están sumidos muchos comerciantes, que atrapados por la escasez de ventas,  por la falta de créditos bancarios o  por la  imposibilidad de devolver las deudas contraídas, no han tenido otra opción que cerrar su negocio, en el que habían depositado tantas esperanzas. Muchos proyectos de futuro se han derrumbado. Destacan sobre todo, los locutorios, al dejar de ser negocios rentables, porque muchos emigrantes están en el paro o cuando se les ha terminado la prestación del desempleo, no tienen  otra opción que retornar a su tierra de origen.

 

En contrapartida proliferan como setas los negocios con el cartel: Se compra oro. Hoy mismo acabo de leer Se paga a 24 euros el gramo de oro. Los hay cada vez en mayor abundancia. También todo un síntoma de esta crisis. Ya que muchos españoles al verse atrapados en la vorágine del paro, después de recurrir a los escasos ahorros que tenían guardados con vistas a un futuro imprevisible, tienen que malvender, muy a su pesar, las joyas de la familia, que habían sido transmitidas con gran celo de generación en generación. En todas las crisis económicas de las desgracias ajenas, algunos pocos se aprovechan y hacen pingües negocios.  Son los buitres carroñeros que están al acecho y a la búsqueda de cualquier presa que pueda presentarse. Tampoco escasean las entidades financieras, que parecen agencias inmobiliarias por los numerosos anuncios de ofertas de pisos de cualquier ciudadano que ha caído en la desgracia del desahucio y de los que se han apropiado de una manera inmisericorde. Los coches de superlujo son cada vez más abundantes. No en vano, los de gama alta crecieron sus ventas en al año 2011 un 80%.

 

Igualmente podemos observar un aumento continuo del número de los “sin techo” de todas las edades, aunque predominan los de género masculino de mediada edad y de los antiguos  países socialistas del este de Europa- si Lenin se apercibiera de  esta circunstancia se removería en su tumba- que  durante el día pasan hora tras hora recostados en el banco de algún parque, a algunos de ellos no les suele faltar el consabido  tetrabrik de vino,  hasta que llega la noche para precipitarse en el reducido recoveco del cajero de cualquier entidad bancaria,  intentando resguardarse para descansar y dormir en un lecho acartonado.  Cada vez los hay más.

 

En las puertas de los Grandes Centros Comerciales están presentes cada vez más mendigos con los consabidos y poco imaginativos carteles: Necesito una ayuda, tengo familia con 5 hijos. No tengo trabajo, necesito una ayuda para comer. Tratamos de entrar lo más rápido posible para comprar cualquier tipo de artículo, lo de menos es qué, como si nos fuera la vida en ello, y así evitamos que nos pueda surgir algún sentimiento de culpabilidad por no socorrer a todos estos abandonados de la vida.

 

La afluencia de transeúntes es cada vez mayor en los diferentes comedores sociales. Podemos constatar cómo las filas son cada vez más concurridas en el comedor de la parroquia del Carmen para poder hacer al menos una comida caliente al día. Son de todas las edades, de todas las nacionalidades, de diferentes sexos. Y no faltan los que van bien vestidos y que desbordados por la crisis han perdido trabajo, casa, y a veces familia.

Son algunas fotografías ciudadanas muy tristes de esta crisis, en la que no se vislumbra salida alguna, y aquellas que nos presentan desde los diferentes gobiernos son profundamente injustas, ya que se basan en los sacrificios de la gran mayoría, mientras que una minoría están acumulando grandes beneficios. Este es el sistema económico capitalista, perdón economía de mercado, y también el sistema político democrático, que Fukuyama, tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de los sistemas socialistas en los países del este de Europa, nos los presentó como los únicos posibles, al no haber alternativa y  que no íbamos a necesitar paraguas ya que todos disfrutaríamos de un sol perpetuo. Cualquiera puede darse una vuelta por cualquier ciudad española, y podrá constatar si esos juicios se han cumplido. Ustedes mismos.

 

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Cándido Marquesán Millán

Círculo infernal

Era de esperar que la cifra del empleo en este mes de septiembre fuera muy mala: 95.817 personas más en paro, alcanzando ya los 4.226.744. Es una cifra demoledora. No quiero llegar a pensar que estos datos tan malos, teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones del 20-N, a determinada fuerza política le hayan parecido muy buenos. De verdad, me resisto a llegar a pensarlo; no obstante, vista la prontitud y la contundencia con la que esa fuerza política ha puesto en marcha implacables recortes sociales con el consiguiente incremento del paro, las palabras y caras eufóricas en sus intervenciones públicas de algunos de sus dirigentes consecuencia de su ansia de poder, a veces no tengo otra opción que aceptarlo.

Para explicar la existencia de tanto paro, hay razones más que suficientes. Algunas tienen un carácter estructural, como la globalización, las nuevas tecnologías, la crisis internacional y las actuales políticas vigentes en España desde mayo del 2010. Otras son más coyunturales: estrictamente técnicas, como el fin de la campaña del turismo, y de carácter ideológico, como el que desde hace unos meses los gobiernos municipales y autonómicos, en su mayoría en manos de los populares, además de CIU en Cataluña, están poniendo en marcha unas políticas durísimas e implacables de ajustes fiscales, que están afectando a servicios básicos fundamentales de educación, sanidad y asistencia social, a empresas públicas, así como un frenazo a las inversiones. Obviamente tenía que producirse un grave deterioro en el empleo.

Aunque traten de ocultarlos, los objetivos de estas políticas parecen claros. Hay que provocar el mayor daño posible al sector público, nunca han creído en él, para incentivar el privado. Basta observar la situación en los hospitales catalanes, con cierres de centros de atención primaria y de quirófanos, y el incremento de las listas de espera. En los centros educativos públicos madrileños, con el incremento de las ratios por aula, plazas sin cubrir, que imposibilitan el mantenimiento de la calidad de la enseñanza. Además la crisis es la coartada para desmontar el Estado de bienestar. ¿Con la llegada de la recuperación económica se repararán los daños causados? La justificación es fácil: la herencia recibida. Ellos no son responsables, todavía más, ellos son políticos con mayúscula que hacen lo que tienen que hacer, no como los anteriores, de acuerdo con una concepción maniquea de la política. Se presentan como los salvadores de la patria. Por ello, todo les está permitido bajo el paraguas de la sacrosanta austeridad, como si fuera un fin por sí misma y no un medio para alcanzar determinado objetivo. Tampoco nos deberían sorprender tales actuaciones. Todos aquellos ciudadanos que recurrimos a estos servicios públicos deberíamos estar profundamente preocupados y avisados. La Cospedal cuestiona también el subsidio de desempleo. No viene mal recordar, ya que los españoles somos muy olvidadizos, quiénes crearon el Estado de bienestar en España con pensiones no contributivas, asistencia sanitaria universal y gratuita, escolarización hasta los 16 años igualmente gratuita y universal, y atención a las personas dependientes.

Por lo que parece, en España sólo sabemos ajustar la economía destruyendo empleo. No sabemos hacer otra cosa: si nos dicen que hay que ajustar, siempre cortamos por el mismo sitio. Despidiendo trabajadores, da igual en el sector privado que en el público. Todo el ajuste para resistir la recesión ha sido poniendo gente en la calle. El sector de la construcción, medios de comunicación, sector automovilístico, telefónicas incluso con beneficios, el sector bancario -¡qué sueldos e indemnizaciones se han asignado sus ejecutivos!-, el comercio o las pymes, todos igual. Echando a miles de trabajadores a la calle. Ahora toca al sector publico, más de lo mismo. Para ejecutar tales políticas, tampoco es necesario el haber cursado un doctorado en economía en la Universidad de Harvard. Hay que reducir tantos millones de euros, se estudia el presupuesto de los distintos departamentos, y a tanto toca. Es muy fácil. Lo auténticamente meritorio es buscar otras opciones basadas en la justicia y la solidaridad. En eso consiste el auténtico liderazgo. Exigir sacrificios a los de siempre lo sabe hacer cualquiera, esto es más viejo que el Paleolítico Inferior.

Pienso que ante el drama del desempleo que está generando tanto sufrimiento, las principales fuerzas políticas y los agentes sociales deberían haber llegado a un acuerdo para alcanzar un Pacto de Estado sobre el Empleo. ¿A qué cifra de parados tendremos que llegar para alcanzarlo? Como también reformar nuestra Constitución estableciendo un tope a la cifra del paro. Se debería priorizar el desempleo sobre el déficit público, siguiendo el ejemplo de Roosevelt con la New Deal. No se puede en estos momentos, con 4,2 millones de parados, seguir con más ajustes y más despidos, y mucho menos desde instituciones públicas. Es intentar apagar un incendio con gasolina. Con estos recortes se genera más paro, menos consumo, menos demanda y menos crecimiento. Por tanto, más desconfianza de los mercados; más costosa la financiación de nuestra deuda pública -la agencia de calificación Fitch acaba de rebajar la nota en dos escalones-, por ello más ajustes, mas paro. Es un círculo infernal. Tenemos un claro ejemplo en Grecia. Según las recomendaciones de austeridad del B.C.E. y del F.M.I., adoptaron severas medidas para elevar impuestos y recortar gastos. Seguir tales consejos tuvo un efecto devastador sobre la economía griega. El PIB se les desplomó un 6% en 2010 y un 7% durante el segundo trimestre de 2011. Si bien España no está tan mal como Grecia, los observadores consideran que también podríamos caer en la misma trampa.

Imagen: Arca da Salvação

  Cándido Marquesán Millán
 

Algunas reflexiones políticas intrascendentes

¡Cuántas vueltas da la política! Tan pronto estás en la cresta de la ola, como te hundes en el más absoluto ostracismo, y a la inversa. Estas palabras resultan muy pertinentes en relación a la figura de Rodríguez Zapatero. En marzo de 2008, tras su victoria electoral, tenía un poder indiscutido en su partido, nadie tenía la osadía de cuestionarlo. Hoy, como consecuencia de la pavorosa crisis económica, muchos de sus compañeros le están abandonando. Decía muy bien el Conde de Romanones: “Cuando se derrumba uno desde las alturas del Poder, es difícil averiguar quiénes son los últimos en abandonar al caído; porque al caído todos le abandonan de golpe. Acontece como con las ratas cuando el barco comienza a hacer agua”.

Mas también las palabras precedentes son aplicables al que será, según todos los indicios, el nuevo inquilino de la Moncloa. Aquí el camino ha sido a la inversa. En la derrota, Mariano Rajoy era fuertemente cuestionado desde numerosos frentes incluido su propio partido, en cambio hoy, con las encuestas y la mayoría de los medios de comunicación a su favor, su poder es tan apabullante que nadie de su partido ejerce crítica alguna. Empero, conviene recordar algunos acontecimientos pasados, muy apropiados para advertirnos de que la actividad política es el mejor paradigma para conocer las miserias humanas.

Rajoy tuvo que superar un durísimo calvario que, algunos de sus compañeros de partido, determinados medios de comunicación y la suprema jerarquía católica española, le urdieron para expulsarlo de la presidencia del PP. Se lo pusieron muy difícil. Pedro J. Ramírez en El Mundo dijo "El ciclo de Mariano Rajoy se ha acabado”. La lideresa, ansiosa por acaparar cada vez más poder, creyó que ella podría ser la primera presidenta del Gobierno de España. El cardenal Rouco Varela puso la COPE al servicio de la causa, convencido de que Rajoy, para la defensa de los planteamientos católicos más ultramontanos, era demasiado templado. Los papeles de la red Wikileaks mostraron el interés en la embajada de Estados Unidos por estas luchas fratricidas en el Partido Popular. José María Aznar bendijo la operación, aunque nunca se pronunció públicamente. Sin embargo, Rajoy, político curtido en mil batallas, nadie puede negarlo, no se inquietó ni perdió la paciencia. El político debe saber que el esperar es útil; algunos se pierden por no saber esperar lo suficiente. Como también que si no puede vencer al enemigo con rapidez y de frente, no debe apresurarse, debe esperar su ocasión, y mientras esta llega, debe permanecer a la defensiva, ya que muchas veces el camino más corto no es siempre el mejor en política, ya que la mejor manera de salvar los obstáculos es dando rodeos.

Rajoy tuvo en cuenta estos principios. Fue consciente de que, con los compañeros de viaje que había tenido hasta entonces, los Zaplana, Acebes entre otros, era inconcebible alcanzar el Palacio de la Moncloa. Un buen espada tiene mucho adelantado si le acompaña una cuadrilla de confianza; necesita, por lo menos, un peón dispuesto a jugársela por él. Muchas cogidas, algunas mortales, se producen por deficiencia o torpeza de la cuadrilla; y en política, no digamos. Por ello, movió ficha. Empezó nombrando como portavoz del PP en el Congreso a Soraya Sáenz de Santa María. Luego a Dolores De Cospedal como secretaria general del PP. Mientras tanto estuvo recabando apoyos entre los barones del partido, Camps, Arenas, para presentarse con posibilidades de éxito en el XVI Congreso del PP celebrado en Valencia en junio del 2008, donde salió triunfante tras afirmar con nitidez meridiana que como todo en la vida, no se puede estar quieto y que se debe mirar hacia el futuro. Las palabras fueron claras y convincentes. En su ayuda acudió Ruiz Gallardón, manifestando que si el Partido Popular pretendía alcanzar el gobierno debía pensar en el Centro. Su fidelidad ha sido recompensada con el cuarto lugar en la lista de Madrid para el Congreso, mal que le pese a la lideresa. Rajoy evitó una candidatura alternativa, pero tuvo que aguantar una enmienda a la totalidad de su mentor, José María Aznar. El ex presidente hizo un discurso lleno de reproches indirectos a la línea de su heredero, pero al final le dio una tregua al concederle su "apoyo responsable" -esto es, no convencido-. Por la tarde, Aznar se ausentó durante el discurso de Rajoy.

En la reciente Convención Nacional del PP celebrada en Málaga, Rajoy dijo: Si hoy estoy aquí –y no sabéis con cuanto orgullo– es porque vosotros lo habéis querido. Vosotros y nadie más. Vosotros y a pesar de todo". Este párrafo del discurso debería ser recortado y enmarcado, ya que adquiere pleno sentido, si recordamos los acontecimientos anteriormente mencionados. Aznar esta vez no se ausentó, pero sí que se puso muy serio al oírlo. La venganza es un plato que se sirve frío. También es cierto que Rajoy pudo decir lo que dijo porque todos los acontecimientos corren a su favor, sin descontar sus méritos personales, al haber sabido administrar los tiempos. Con una previsible mayoría absoluta en las elecciones generales del 20 de noviembre del 2011, Rajoy se reivindicó ante quienes quisieron echarle, e incluso humillarle. Tres años después, el pavoroso avance de la crisis económica, le está sirviendo en bandeja una victoria espectacular sin precedentes en la historia de la derecha española. La sociedad, acongojada por el irreversible empeoramiento de la economía, quiere un cambio y el único que hoy está a mano es el de Rajoy. El zapaterismo en el presente está noqueado. Rubalcaba no ha respondido a las expectativas. Por ello, con un lenguaje moderado, un programa indefinido y no pocas contradicciones el PP va a ganar. ¡Que sea para bien de España!

Imagen: El País


 

 

El futuro de la izquierda

 
 

     

 

 


En estos inicios del siglo XXI uno de los temas políticos más recurrentes es el proyecto ideológico de las izquierdas, sea el socialdemócrata o el comunista. Ambas corrientes andan totalmente desarboladas y desorientadas, sin que acierten a construir un mensaje claro y a presentar unas alternativas creíbles e ilusionantes frente al apogeo ideológico y claridad en sus convicciones de la derecha neoliberal. Lo dijo provocadoramente Saramago poco ha “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. Tras preguntarse dónde está la izquierda, su respuesta fue contundente: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad, apelando a lo mejor del ser humano, hoy se está asemejando más y más a sus enemigos.

Desde finales del XVIII, la izquierda europea, en sus diferentes denominaciones, ha sido portadora de un proyecto: el impulso del progreso, la preparación de la revolución o la causa de una clase, invocando siempre a la historia que jugaba a su favor. Tras la decadencia del proletariado industrial, y más todavía tras el final de la Unión Soviética, la izquierda europea parece haberse quedado sin agente, sin proyecto e incluso sin historia, ya que esta no ha cumplido sus predicciones. Obviamente esto es lo que les ha ocurrido a los comunistas, pero ha perjudicado gravemente a  la socialdemocracia. Sin una clase trabajadora, sin un objetivo revolucionario a largo plazo, sin una razón suficiente para pensar que su proyecto triunfará en la historia, la socialdemocracia se ha convertido hoy en lo que temían sus fundadores del siglo XIX si abandonaban sus principios ideológicos y su afiliación de clase: el ala avanzada del liberalismo reformista de mercado. No obstante,  lo mismo que el fracaso del comunismo soviético la ha liberado de la hipoteca de las expectativas revolucionarias, la socialdemocracia no puede quedar reducida a defender lo ya conseguido: el Estado de bienestar. De ser así, de no defender más que eso, es una fuerza conservadora. Según Eric Hobsbawn la socialdemocracia sufrió una profunda crisis en los años 70 del siglo pasado, ya que sus objetivos en buena parte de Europa occidental habían sido alcanzados como el Estado de bienestar, lo que supuso, que esa izquierda se quedó sin programa. Ni siquiera el de construir una sociedad distinta, porque tras el fracaso del modelo soviético, ya no existían modelos de una sociedad semejante. Ni el de reformar las sociedades existentes, ya que el ala socialdemócrata solo proponía la conservación de todo lo alcanzado. De ahí un cambio conceptual importante. Hoy la izquierda socialdemócrata no defiende el cambio, quien sí lo hace a partir de los años 70 es el neoliberalismo que manteniendo convicciones tradicionales de  la derecha como el patriotismo, la religión, el elitismo, aboga por cambios sociales radicales: eliminar el Estado de bienestar.

Podría ser un referente para las izquierdas el pensamiento del intelectual portugués, Boaventura de Sousa Santos, divulgado en una carta a las izquierdas en la que analiza su futuro, que no lo cuestiona., aunque no será una continuación lineal de su pasado.  La izquierda es un conjunto de posiciones políticas que comparten el ideal de que los seres humanos tienen todos el mismo valor, y que son el valor más alto. Ese ideal es puesto en cuestión siempre que hay relaciones sociales de dominación, como se dan en el capitalismo, aunque no es la única.  En nombre de la izquierda se cometieron atrocidades contra la izquierda; pero, en su conjunto, las izquierdas dominaron el siglo XX (a pesar del nazismo, el fascismo y el colonialismo) y gracias ellas el mundo se volvió más libre e igualitario. Este siglo corto de las izquierdas terminó con la caída del Muro de Berlín. Los últimos treinta años fueron marcados, por un lado, por una gestión de ruinas y de inercias y, por el otro, por la emergencia de nuevas luchas contra la dominación, con otros actores y otros lenguajes que las izquierdas no pudieron entender. Mientras tanto, liberado de las izquierdas, el capitalismo volvió a mostrar su vocación antisocial. Es urgente reconstruir las izquierdas para evitar la barbarie. ¿Cómo? Con la aceptación de las siguientes ideas. Una comprensión intercultural del mundo. El capitalismo concibe a la democracia como un instrumento de acumulación; y si es preciso la reduce a la irrelevancia o prescinde de ella, por ello  la defensa de la democracia de alta intensidad debe ser la gran bandera de las izquierdas. El capitalismo es amoral, no entiende el concepto de dignidad humana; y  precisa otras formas de dominación para florecer, del racismo al sexismo y la guerra, y todas deben ser combatidas. La experiencia del mundo muestra que hay inmensas realidades no capitalistas, guiadas por la reciprocidad y el cooperativismo. La relación de dominación de los humanos con la naturaleza debe ser combatida, ya que el crecimiento económico no es infinito. La propiedad privada sólo es un bien social si es una entre varias formas de propiedad y si todas están protegidas. El siglo corto de las izquierdas fue suficiente para crear un espíritu igualitario entre los seres humanos; un patrimonio de las izquierdas que ellas han estado dilapidando. El Estado es un animal extraño, mitad ángel y mitad monstruo, pero, sin él, muchos otros monstruos andarían sueltos, insaciables, a la caza de ángeles indefensos. Mejor Estado, siempre; menos Estado, nunca, al ser la mejor institución intermedia para defender al ciudadano de las fuerzas desbocadas e insolidarias del mercado. Con estas ideas, las izquierdas seguirán siendo varias, aunque ya no es probable que se maten unas a otras y es posible que se unan para detener

 

El landgrabbing (acaparamiento de tierras)

El landgrabbing (acaparamiento de tierras)


Son muchos los problema políticos, sociales, económicos que nos acucian en estos momentos. Hay una crisis financiera que está provocando grandes destrozos en amplios sectores de la sociedad, sobre todo, en los más débiles. Una crisis climática, que de no tomar pronto decisiones valientes, vamos a dejar un planeta profundamente deteriorado a las generaciones futuras. Igualmente hay una crisis alimentaria, con unas subidas injustificadas de los precios de los alimentos, por lo que muchos millones de personas están pasando hambre. Todas ellas están provocadas por el modelo económico neoliberal actualmente vigente y que muy pocos nos atrevemos a cuestionar.

El propósito de estas líneas es el de referirme a un aspecto puntual, que está relacionado con las crisis alimenticia o climática, aunque también con la financiera. Se trata del landgrabbing o acaparamiento de tierras utilizadas tradicionalmente por las comunidades agrícolas especialmente en África, América o en Asia que se arriendan o se venden a inversores extranjeros, empresas y gobiernos, tanto de Europa occidental (Inglaterra, Francia, Alemania, España), como del Oriente Medio (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar), de Asia (China, la India, Corea del Sur) para el cultivo de alimentos, materias primas o agrocombustibles. Unos estudios publicados recientemente: en el 2011, el de Veterinarios sin Fronteras “Paren aquí, Vive gente, Los impactos del agronegocio en África”, y el publicado en el 2010 por Friends of the Earth Europe “África: el acaparamiento de tierras”, nos muestran la magnitud de estas concesiones.

En República Democrática del Congo el total de la tierra negociada alcanza el 48,8% del total de la tierra del país; en Mozambique es el 21,1%; en Uganda el 14,6%; en Zambia el 8,8%, en Etiopía el 8,2%. Solo en África, 30 millones de hectáreas han sido acaparadas, curiosamente en un continente donde la inseguridad alimentaria y el hambre provocan grandiosos estragos. En Argentina se pretende entregar 320.000 hectáreas de tierras bajo riego al control de una corporación China, la Beidahuang State Farms Business Trade Group CO, LTD. Aunque curiosamente, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, el pasado 10 de diciembre, hizo aprobar el texto de la ley que limita la compra de tierras por parte de extranjeros. La FAO calcula que un 10% del territorio nacional está ya en manos de empresas foráneas, que buscan asegurarse así, la producción de alimentos en tierra tan fecunda como la argentina. La nueva ley fija el límite en un 15%.

Este interés por el acaparamiento de tierras se explica por varias razones. En el año 2006 se inició un aumento de los precios de los alimentos básicos que se prolongó en los años siguientes, con dos máximos en 2008 y 2011. No obstante, la evolución de estos precios no puede explicarse solo en función de las cosechas, ya que suelen ser los mecanismos económicos a nivel global los que los establecen, como las operaciones de derivados sobre los alimentos realizadas por bancos y fondos de inversión norteamericanos y europeos. Además las repercusiones que el cambio climático pueda tener sobre la agricultura en los próximos años, exacerban en muchos países el temor a quedarse desabastecidos de alimentos básicos, como en el caso de Arabia Saudita con grandes recursos, que teme por su seguridad alimenticia, ya que se le están agotando los acuíferos para seguir cultivando cereales.

También está detrás el negocio de los agrocombustibles, para garantizar el suministro de combustible tras la volatilidad de los precios del petróleo, que parece haber incitado a muchos países a cuestionar la seguridad de los suministros. Solo en Mozambique, en el 2007 se habían concedido a empresas extranjeras más de 5 millones de ha. para el cultivo de la jatrofa, para producir agrodiesel, una superficie como el de toda Andalucía. Estas prácticas solo generan beneficio a esos países o empresas extranjeras, ya que toda la producción esta pensada para la exportación. Desde Amigos de la Tierra, lo señalan muy claro “los alimentos se han transformado en una mercancía importada y exportada alrededor del mundo. Es un modelo basado en políticas comerciales injustas, liberalización económica, control empresarial, privatización, tecnologías controladas por las multinacionales, propiedad intelectual, apropiación de los territorios, marginalización de las mujeres, los pobres, los pueblos indígenas y los campesinos y campesinas. Constituye una imposición del modelo de producción y consumo imperante en los países industrializados”. Se habla de un nuevo neocolonialismo.

Por ello, el modo de vida de las comunidades rurales tradicionales se ve sometido a un grave peligro, ya que son expulsadas violentamente de las tierras que han cultivado desde tiempos inmemoriales. La tierra no sólo representa el medio principal de acceso y suministro de alimento a millones de minifundistas y a sus familias, sino que además constituye un elemento esencial de identidad para ciertos pueblos y comunidades. Se han producido respuestas de las comunidades rurales ante estos atropellos, señaladas por Josep Fontana, pero en la mayoría de las ocasiones han sido sojuzgadas violentamente, como la ocurrida en el Estado de Pará, en Brasil, donde hace quince años hubo 19 campesinos asesinados y centenares de heridos a cargo de uniformados defendiendo los intereses de los terratenientes. O la “Masacre de Acteal” en Chiapas efectuada por un grupo de paramilitares que asesinó a 45 campesinos en 1997. O la del El Salado en Colombia en el año 2000; o la de Bagua, en 2009, en Perú. Mas estos hechos no son noticia.

Esta circunstancia no solo se está produciendo en el ámbito agrario, ya que en Senegal, la pesca industrial, realizada por barcos españoles, rusos y coreanos, está destruyendo y arrebatando los recursos pesqueros, principal medio de vida de las comunidades pesqueras tradicionales, como la de Saint Louis. La consecuencias de todo lo comentado no pueden ser más negativas, ya que se les niega a estos pueblos el derecho a la soberanía alimentaria, es decir, el derecho que asiste a los pueblos a definir y controlar sus sistemas alimentarios y de producción de alimentos a nivel local y nacional, de forma equitativa, soberana y respetuosa con el medio ambiente. La soberanía alimentaria es también el derecho de los pueblos a alimentos suficientes, nutritivos, saludables, producidos de forma ecológica y culturalmente adaptados. Según el relator de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Jean Ziegler, los Estados deberían vigilar y regular el derecho a la alimentación que asiste a los pueblos, sean los de sus propios Estados o terceros. Pero hace ya bastante tiempo que el cumplimiento de los derechos políticos, sociales, económicos es algo que les parece intrascendente a los diferentes gobiernos. Esto es lo que hay.

Imagen: Laboratorio de Producción


 

 

El inicio del inicio

Acabo de leer las medidas económicas puestas en marcha para reducir el déficit público por parte del Gobierno de Mariano Rajoy, y no me han sorprendido, conociendo su inspiración neoliberal. Cuando la derecha gobierna en España, es coherente con aquellos principios que defiende. Esta circunstancia no suele darse cuando gobierna la izquierda. De entrada, las han legitimado con la esperada cantinela de la herencia recibida, ya que las previsiones del gobierno anterior de cerrar el año con un déficit público del 6% han sido incumplidas, al haberse llegado a la cifra del 8%. El déficit del Estado central ha podido desviarse unas décimas, pero el grueso de la desviación corresponde a las Comunidades Autónomas, casi todas gobernadas por el PP. Mas los populares no entran en menudencias. Ya tienen la coartada para justificar cualquier tipo de medidas por duras y dramáticas que sean para la ciudadanía.

En el preámbulo del Real Decreto Ley sobre medidas de orden económico y social y de corrección del déficit público, hacen una exposición de motivos. Tratan de reducir el gasto en 8.900 millones de euros e incrementar los ingresos en otros 6.275 millones. El Gobierno entiende que estas medidas responden a la necesidad de afrontar el primer problema de España, que es el paro y que sólo se puede vencer si facilitamos financiación de la economía del país, algo que el déficit público impide. Por ello, reafirma su compromiso de cumplir con los objetivos del Programa de Estabilidad. Se trata de un esfuerzo de todos, pero que no recaiga en los más débiles. Por ello, el Gobierno revaloriza el poder adquisitivo de las pensiones y hace una reducción de gasto público que no recorta ningún derecho social. Establece un incremento del esfuerzo fiscal, especialmente para los ciudadanos de mayor capacidad económica, a través de una nueva figura impositiva temporal y extraordinaria. Este esfuerzo colectivo va a permitir a España cumplir con sus objetivos, recuperar la confianza y volver a la senda del crecimiento económico y la creación de empleo.

Resulta difícil de entender que la gran preocupación del Gobierno sea el problema del paro y del crecimiento, y que para corregirlos se hayan tomado tales decisiones. Hace pocos días el ministro de Economía, Luis de Guindos, señalaba que íbamos a entrar en Recesión, con crecimiento negativo, por lo que el paro iba a crecer. Esta situación tan crítica de nuestra economía es debida a la falta de demanda, al no haber consumo, y así no puede haber crecimiento. La consecuencia es clara: así no solo no se puede crear empleo, es que se verá incrementado. ¿Cómo se puede incentivar el consumo con las medidas puestas en marcha? ¿Manteniendo el Salario Mínimo Interprofesional en 641, 40 euros? ¿Subiendo un 1% las pensiones? ¿Congelando el sueldo, ya antes rebajado y congelado, de los funcionarios? ¿Incrementando las tarifas del IRPF en todos los tramos? ¿Gravando las rentas del ahorro? ¿Subiendo de una manera generalizada el IBI? Es imposible aumentar el consumo por parte de una ciudadanía, ya bastante agobiada. No puede haber crecimiento. Ni tampoco creación de empleo. Es como querer combatir un incendio esparciendo gasolina. ¿Cómo se puede fomentar el empleo si se congela la tasa de reposición de las plantillas en las Administraciones Públicas, salvo excepciones, o reduciendo la inversión pública? Produce auténtico pavor vislumbrar el futuro próximo, en la cuesta de enero. Muchos comerciantes van a tener que bajar la persiana.

Si ya resultan incomprensibles las medidas para combatir el paro, no lo son menos algunas otras. Pero, ¿no habíamos llegado a la conclusión de que la burbuja inmobiliaria, era en buena parte la causante de la crisis económica actual? Ahora pretendemos reactivarla, estableciendo un IVA superreducido del 4 por 100 para la adquisición de primera vivienda a partir de 2012, o recuperando la desgravación en el IRPF por adquisición de vivienda habitual en las mismas condiciones que existían hasta el 31 de diciembre de 2010. ¿No será una concesión a la banca para dar salida a todas las viviendas que tiene sin vender? ¿No era uno de los males de nuestra economía la falta de competitividad? ¿Cómo podemos ser competitivos si reducimos las subvenciones y préstamos en I+D+i por un importe total de 600 millones de euros?

En el prólogo justificatorio del Decreto se dice que la reducción de gasto público será sin recortar ningún derecho social. Ignoro quién ha tenido la osadía de emitir tales palabras. ¡Hace falta ser cínico! Hay hombres que mienten a todos y también se mienten a sí mismos. Estos llegan a estar convencidos de que la mentira forjada por ellos es la verdad, y la defienden con mayor empeño que la verdad misma. Por eso son los más peligrosos en la política. Entre las aportaciones más significativas de la Constitución Española de 1978 está la de haber reconocido una serie de principios y derechos de contenido social. Esta "nueva generación" de derechos se incluyen en el Capítulo 3º del Título I, derechos que reciben la denominación de derechos sociales en la medida que expresan una función de prestación que corresponde al Estado (entendido como el conjunto de los poderes públicos) para su efectivo aseguramiento. ¿Con una subida del 1% de las pensiones, los poderes públicos pueden garantizar, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad, tal como parece en el artículo 50 de nuestra Constitución? ¿Aplazando hasta el 1 de enero de 2013 la aplicación de la Ley de Dependencia para nuevos beneficiarios, no se recorta un derecho social, cual es la atención a las personas dependientes? ¿No renovando la Renta de Emancipación a los jóvenes se garantiza a todos los españoles el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, tal como parece reflejado en el artículo 47 de nuestra Carta Magna?

Además todas las medidas son una muestra palpable de insolidaridad, al recaer en toda la ciudadanía, al hacer uso y abuso de gravar la imposición directa, como el IRPF en lugar de la indirecta, como la del IVA. “Los españoles que ganen menos de 53.000 euros al año, pagarán el 73% del ajuste a través del IRPF”, según cálculo de los socialistas. Si alguno ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, es probable, mejor seguro, que haya pensado que estoy equivocado en todos mis planteamientos, y me argumentarán que es imprescindible la corrección del déficit público para que fluya la financiación para las empresas. El BCE acaba de prestar al 1% 500.000 de euros a la banca, y a las empresas no ha llegado ese chorro de dinero. ¿Dónde está? Sí, se me replicará que ha ido para comprar deuda pública al 6%. ¡Vaya chollo para los bancos¡ ¿Por qué no la compra directamente el BCE y así nos evitaríamos todos el tener que pagar más impuestos para pagarla. Aquí hay gato encerrado. El primer ministro de Italia, de profesión banquero. El ministro de Economía español, banquero también. Ahora lo voy entendiendo. Con estas medidas impuestas desde el FMI, la UE y BCE, nuestra economía se verá sometida a una crisis cada vez más profunda, tal como ocurre en Grecia, Irlanda, Portugal e Italia. De verdad, vamos hacia el suicidio económico. Por cierto, esto solo es el inicio del inicio, tal como señaló, Soraya Sáenz de Santamaría.

Imagen: Los genoveses

Cartas trucadas


Se ha extendido como un auténtico tsunami en estos años recientes, la idea de que siempre que la izquierda alcanza el gobierno en nuestra historia nos lleva al desastre y que, gracias a Dios, la derecha impregnada de ese espíritu patriótico que siempre la ha caracterizado, está dispuesta al sacrificio para sacarnos del abismo y llevarnos al Paraíso Terrenal. Ha sido una constante histórica. Tras la revolución política de 1808-1814 con la Constitución de Cádiz tuvo que llegar el gran Fernando VII para imponer el orden. El Sexenio Democrático (1868-1874) fue un auténtico caos, pero allí estaba la monarquía borbónica y Cánovas del Castillo para corregir tal desastre. La II República todavía fue peor, ya que originó la Guerra Civil, mas allí estaban los militares para salvar a la patria. En 1996 al Gobierno de Felipe González, incurso en la podredumbre de la corrupción y una gravísima crisis económica, le sucedió el Gobierno del Gran José María Aznar para conducirnos otra vez a la Tierra Prometida. Y ahora más de lo mismo, José Luis Rodríguez Zapatero, el peor presidente de la democracia española, nos ha llevado a una ruina todavía mayor, pero ahí está de nuevo la derecha, para corregir el rumbo y llevarnos a la prosperidad que nos merecemos.

Para extender este generalizado y patriótico estado de opinión, con el apoyo económico de la gran empresa y las altas finanzas, participan numerosos y poderosos medios de comunicación, desde Interconomía, La Gaceta, ABC, El Mundo, La Razón, El Heraldo, Antena3, que cual máquinas perfectamente ensambladas, paradigmas de buenas prácticas democráticas, día tras día nos transmiten una información veraz e imparcial. También a esta tarea de reconquista del poder y su posterior mantenimiento se ha sumado con fruición la jerarquía católica española. El portavoz de los Obispos, Martínez Camino, deseó a Rajoy y a su Gobierno “acierto y buen tino”. De momento, debe estar acertado. Visto el sepulcral silencio de la Iglesia católica acerca del paquete de recortes sociales, aunque puede que sea porque a ella no la han afectado. Por ende, en España tal como señaló poco ha Ignacio Sánchez Cuenca las ideas liberal-conservadoras son hoy hegemónicas en la esfera pública en nuestro país, defendidas mayoritariamente con vehemencia por gente que fue progresista en su juventud, y a veces hasta marxista-leninista. Y así se ha cumplido lo que ya dijo Gramsci: para alcanzar el poder político es necesaria tener la hegemonía cultural. Con estos precedentes es comprensible que amplios sectores de la ciudadanía española asumieran determinados planteamientos políticos, como auténticos dogmas de fe, y por tanto, votaran y dieran la mayoría absoluta al PP. Mas la sombra del ciprés (ZP) continúa siendo alargada, ya que sirve para todo, para un roto y para un descosido, sea en el pasado, en el presente o en el futuro. Para justificar las recientes y durísimas políticas de ajustes fiscales, con un incremento brutal de IRPF (recargo complementario y temporal de solidaridad) y el IBI (del que la Iglesia católica está exenta); en el retraso a la atención a la dependencia, en la anulación de la ayuda a los jóvenes al retirar la renta de emancipación; de la congelación del sueldo de los funcionarios, además del incremento de su horario laboral y sin tasa de reposición de las plantillas; del mantenimiento del Salario Mínimo Interprofesional, de reducción de las subvenciones y préstamos en I+D+i y de ayuda al desarrollo; del aplazamiento hasta el 1 de enero de 2013 de la ampliación del permiso de paternidad; del ridículo incremento del 1% de las pensiones para la recuperación de su poder adquisitivo.

De todas ellas el culpable se llama ZP. El PP se refugió para incumplir sus promesas electorales en el desconocimiento de la realidad del déficit real de las cuentas públicas, pese a que los mayores desvíos se han producido en comunidades autónomas gobernadas por su partido. En el Parlamento, el PP se desentendió del principio solemnizado por Rajoy en su discurso de investidura, cuando dijo que no pediría "a nadie responsabilidades ya sustanciadas por las urnas". "Sabíamos y sabemos qué nos espera y se nos juzgará por lo que consigamos, no por lo que intentemos o cómo hayamos encontrado las cosas". Han sido suficientes diez días para que Rajoy se tragara también uno de los sables esenciales del ideario del PP: “subir impuestos es un disparate estratosférico”. Eso era antes. Ahora es otra la situación. Y lo curioso, que una gran mayoría de la sociedad española asume también tales virajes, tales rectificaciones y tales mentiras. En La Velada de Benicarló de Manuel Azaña, Garcés (desdoblamiento de Azaña como político) emite un juicio para el momento actual muy oportuno: Percibir exactamente lo que ocurre en torno nuestro, es virtud personal rara. Las muchedumbres no la conocen. Estoy persuadido de que el caletre español es incompatible con la exactitud: mis observaciones de esta temporada lo comprueban. Un cartelón truculento es más poderoso que el raciocinio. Nos conducimos como gente sin razón, sin caletre.

Evidentemente, conocidos los resultados, es digna de destacar la extraordinaria habilidad que el gabinete de comunicación del PP ha dado muestras a la hora de diseñar tal estrategia. Obviamente, cuando la situación económica mejore, algo que todo buen español desea, sentimiento que en otras épocas recientes algunos españoles no han tenido. No hace falta ser muy perspicaz para pensar en qué políticos recaerán los méritos. Cartas trucadas.

La argolla de la deuda soberana



Supone un auténtico expolio para los Estados de la UE, con los inevitables sacrificios impuestos a la mayoría de la ciudadanía, el costo de la deuda pública. El exprimer ministro de Francia, Michel Rocard, lo señala en un artículo titulado „Una Europa al servicio de los ciudadanos”. Como también el catedrático Vicenç Navarro en sus artículos: „El BCE, el lobby de la banca” y „¿Quiénes son los mercados?”, publicados poco ha. Son personas relevantes del ámbito de la política y de la economía, cuyos juicios deberían ser tenidos en cuenta. Expresan con claridad meridiana el trasfondo de la deuda pública en la UE.

Es obvio que si un Estado tiene más gastos que ingresos, debe endeudarse y buscar financiación en los mercados para mantener sus diferentes prestaciones. Otra cosa son los gastos superfluos que han proliferado en España en los últimos años: aeropuertos sin aviones, km. y k. de AVE, asesores para políticos, corrupción. No entiendo que una institución pública como el Banco Central Europeo (BCE) preste dinero a un tipo de interés muy bajo, del 1% a la banca privada, para que esta compre los bonos de los Estados, por los que hay que pagar, con los impuestos o recortes de los ciudadanos, unos intereses del 5% o 6%, e incluso del 7% como es el caso de Italia. Un chollo para los bancos privados. Como ciudadano desearía disfrutar de estas prebendas. Conviene saber que por cada cien puntos básicos que sube la prima de riesgo (diferencial del bono español a diez años con el alemán) se incrementa en un punto el coste de los intereses, se impide la creación de 160.000 puestos de trabajo en España y nos cuestan 12.400 millones de euros, según Francisco González, presidente de BBVA. La recaudación de las nuevas tarifas impuestas en el IRPF en 2012 supone una cifra de 5.357 millones de euros.

Los datos del costo de los intereses de nuestra deuda son claros. Todos los sacrificios que se nos imponen a la mayoría de los ciudadanos, no son por el excesivo coste para mantener nuestro incipiente Estado de bienestar (como los autores neoliberales erróneamente indican), son sobre todo para pagar la deuda pública, que por cierto según la reforma ultrarrápida, sin consultar a la ciudadanía, del artículo 135 de nuestra Constitución tendrá siempre un carácter prioritario, por delante de las pensiones, la educación o la sanidad. Mas la situación es incluso peor todavía, pues el BCE al comprar recientemente deuda pública, haciendo caso omiso del artículo 123 de su Reglamento, a los Estados como España e Italia, puso como condición que los salarios y la protección social disminuyesen, acentuando la necesidad de privatizar el Estado del Bienestar. Estas condiciones estaban en una carta que el gobernador del BCE, Trichet, y el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, le enviaron a Zapatero. Además están las agencias de calificación, auténticas armas de destrucción masiva, que acostumbran a subir arbitrariamente la prima de riesgo en los días previos en que los países deben colocar más deuda pública, para aumentar los intereses a pagar. Las consecuencias: más recortes, menos crecimiento, más desconfianza de los mercados, más intereses a pagar por la deuda. Un sumidero de recursos públicos y una asfixia de nuestra economía.

¿Se puede revertir este círculo infernal? Según Michel Rocard, la mayor parte de las sumas que nuestros Estados piden prestadas a los mercados financieros son para pagar deudas antiguas y podría hacerse lo que hizo el Banco Central norteamericano para salvar el sistema financiero: la "deuda vieja" de nuestros Estados ser refinanciada a un tipo de interés cercano al 0%. No es necesario modificar los Tratados europeos para hacerlo: ciertamente el BCE no tiene derecho a prestar a los Estados miembros de la UE, pero puede prestar sin límite alguno a organismos públicos de crédito y a organizaciones internacionales. Puede prestar al 0,01% al Banco Europeo de Inversiones o a cualquier banco público nacional y ellos, pueden prestar al 0,102% a los Estados que se endeudan para pagar sus deudas viejas. Nada impide esta forma de financiación. Además, si los Tratados atribuyen al BCE el proteger la estabilidad de los precios, ¿cómo puede permanecer impertérrito cuando ciertos países ven multiplicarse el precio de sus bonos del Tesoro merced a la especulación? Si tiene que velar por la estabilidad de nuestras economías, ¿cómo puede no actuar cuando el precio de la deuda amenaza con sumirnos a todos en una recesión? Nada en los Tratados vigentes le prohíbe al BCE intervenir para hacer bajar el precio de la deuda pública. Todavía más, es que debería hacerlo, ya que la evolución del precio de la deuda pública es la inflación más grave.

Seguro que estas consideraciones de Michel Rocard serán ignoradas por nuestros gobernantes, ya que la política está subordinada a los poderes financieros, que mandan en la UE: bancos, compañías de seguros y fondos especulativos, que están consiguiendo pingües beneficios con nuestra deuda pública. Según Boaventura de Sousa Santos “la problemática que vive hoy Europa es por la inexistencia de democracia ya que no hay Estado europeo. Y es así porque los Estados han transferido prerrogativas soberanas a las instituciones de la UE, y estas a su vez a los mercados financieros (es decir, a media docena de grandes inversores, al frente de los que está el Deutsche Bank). Un auténtico fascismo financiero.