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DE ACUERDO, ENTRE COLEGAS Los colegas de esta profesión docente tan bonita y vocacional, y también tan denostada y despreciada desde las administraciones educativas con estas políticas de recortes brutales sin que les importe demasiado a amplios sectores de la sociedad; y especialmente los que impartimos la disciplina de Historia a nuestros alumnos para que puedan comprender con espíritu crítico el presente y tratar de hacerlo algo mejor, hablamos mucho sobre esta crisis económica. Nos ponemos muy pronto de acuerdo en relación a que hace unos años ninguno podíamos prever que los daños fueran tan traumáticos sobre algunos fundamentos políticos, sociales, económicos y culturales que habían servido para organizar y consolidar nuestra convivencia política. Las causas que propiciaron este cataclismo económico a grandes rasgos nos parecen claras y las compartimos -aunque en las ciencias sociales nunca nada es definitivo-, vistos los numerosos libros, estudios y artículos de opinión que al respecto se han publicado y lo siguen haciendo. Ninguno podíamos llegar a pensar que esta crisis económica pudiera producir un quebranto tan profundo a nuestra democracia, en la que los españoles habíamos depositado tanta confianza, teniendo en cuenta los largos años de dictadura franquista, denominada por el poeta gallego Celso Emilio Ferreira “la larga noche de piedra”. Mas la realidad desagradable asoma. Se ha extendido como un tsunami la idea del pensamiento único, sin que haya alternativa. Y sin alternativa no hay democracia. En el verano del 2009, el economista Joseph Stiglitz elaboró un informe a instancias de la ONU, que concluía “la crisis económica ha hecho más daño a los valores fundamentales de la democracia que cualquier régimen totalitario en tiempos recientes”. Y es así porque el capitalismo considera a la democracia como un instrumento de acumulación; y si es preciso, la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficaz, la arroja al cubo de la basura de la Historia. De ahí, el profundo y lógico desencanto de amplios sectores de la ciudadanía que ya se cuestionan la utilidad de su voto. También nos resultaba imprevisible que nuestro Estado de bienestar, construido con tantos esfuerzos y con gran retraso con respecto a otros países de Europa occidental pudiera ser dinamitado con tanta crueldad y alevosía como ahora. Con cierta ingenuidad nos habíamos creído y acostumbrado a tener para siempre unas pensiones garantizadas, una incipiente atención a las personas dependientes, una sanidad universal y una enseñanza obligatoria gratuita. Con las políticas de recortes sociales puestas en marcha por los gobernantes populares, tanto a nivel estatal como autonómico, todo este edificio de solidaridad basado en un sistema fiscal progresivo se está desmoronando. Y en el colmo del cinismo argumentan que su pretensión es salvaguardar el Estado de bienestar. Para Josep Fontana, el factor que desencadena la fase crítica, que atraviesa en estos momentos el Estado del bienestar, es la pérdida del miedo de las clases dominantes a una revuelta popular. Hasta los setenta se vivió el impulso que "permitió el reparto equitativo de sus frutos y un cierto avance de libertades". "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales era destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo". Igualmente creíamos que un pilar básico sobre el que habíamos construido en un amplio consenso nuestra convivencia política en España era el Estado de las Autonomías, establecido en el Título VIII de nuestra Carta Magna. Con las disfunciones lógicas en su funcionamiento, como cualquier institución política, las autonomías han servido para encauzar uno de los problemas más viejos y enquistados de nuestro pasado, como es el incardinar a determinados territorios en la estructura del Estado español. Mas a pesar de ello, estamos constatando desde diferentes frentes, encabezados por el Gobierno del PP, un proceso de ataque inmisericorde e injusto a esta forma de organización política, responsabilizándola de nuestros problemas económicos, preconizando un retorno al Estado centralista, de triste recuerdo en nuestra historia. Nuestro problema de la deuda pública, estriba fundamentalmente en el sistema de su financiación a través de los bancos privados con intereses de hasta el 7%, a los que el BCE les ha proporcionado previamente cientos de millones de euros al 1%. Las comunidades autónomas son señuelos para ocultar el verdadero problema, como lo son, cuando les interesa, los sindicatos, o el gasto “excesivo” de las familias. Por ello, resulta irresponsable que una presidenta de una comunidad autónoma, plantee la posibilidad de devolver al Estado las competencias de Justicia, Sanidad y Educación, "si España lo necesita", del mismo modo que opta por dejar en manos de los ayuntamientos los Transportes y los Servicios Sociales, todo ello para conseguir adelgazar la administración y ahorrar 48.000 millones de euros, según sus cálculos. ¡Qué ejercicio de patriotismo! ¡Anda ya! La gran mayoría de los populares no han creído nunca en el Estado de las Autonomías. Por último, también estamos de acuerdo en constatar la impasibilidad y la pachorra de la gran mayoría de nuestra sociedad ante semejantes destrozos que van a cambiar radicalmente nuestras vidas en sentido negativo, aunque parece que por fin, algunos sectores de la ciudadanía están reaccionando, empujados por unos jóvenes que hartos han decidido ocupar las plazas para expresar su descontento. ¡Ya era hora! Cándido Marquesán Millán

Una izquierda irreflexiva

                                 

            El panorama político español en el que estamos sumidos es desolador para cualquier postura no solo de izquierdas, sino también progresista. Esta situación es lógica. Al final ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Según Boaventura de Sousa Santos, uno de los pensadores más perspicaces en los momentos actuales, le explicación es clara: “Cuando están en el poder, las izquierdas no tienen tiempo para reflexionar sobre las transformaciones que ocurren en la sociedad y, cuando lo hacen, siempre es como reacción a cualquier acontecimiento que perturbe el ejercicio del poder. La respuesta siempre es defensiva. Cuando no están en el poder, se dividen internamente para definir quién será el líder en las próximas elecciones, de modo que las reflexiones y los análisis están relacionados con este objetivo.” Estas palabras son de una contundencia y claridad apabullantes y que pueden ser aplicables para definir la situación actual de los socialistas españoles, aunque también son extrapolables a otras latitudes.

En las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, los socialistas ebrios por el éxito estuvieron como absortos en sí mismos con la excepción de la llegada de la crisis, y a la defensiva ante los ataques de los planteamientos neoliberales, tratando de salvaguardar los pilares del Estado del Bienestar, y también transigiendo en exceso, tomando determinadas decisiones políticas, plenamente asumibles desde la derecha más intransigente, por lo que perdieron una parte importante de su hasta entonces fiel electorado. Daban la impresión de no ser plenamente conscientes de lo que se estaba tramando  bajo sus pies. Según Susan George “Si hay tres tipos de gente (los que hacen que las cosas sucedan, los que esperan que las cosas sucedan y los que nunca se enteran de lo que sucede) los neoliberales pertenecen a la primera categoría y la mayoría de los progresistas a las dos restantes.

Ahora que han sido desalojados contundentemente del poder,  por lo que parecen noqueados, tampoco les parece la ocasión oportuna para reflexionar en profundidad sobre las causas de sus recientes fracasos electorales o del diseño de un futuro programa, ya que tienen otras preocupaciones.  Sus máximos dirigentes a nivel estatal o autonómico prestos a repartirse los restos del naufragio, están ocupados a tiempo completo en resolver el gran dilema sobre a quién apoyan para la Secretaría General del PSOE, tratando  de no equivocarse y jugar a caballo ganador, y así  estar mejor colocados para ocupar puestos en la futura Ejecutiva Federal. Tras la estrepitosa derrota,  en el nombramiento de los delegados aragoneses para el próximo Congreso de Sevilla, no se ha producido cambio alguno, más de lo mismo, todo ha estado bajo control del aparato. Por ello, dan muestras de una irresponsable dejación de funciones a la hora de ejercitar una oposición dura ante la avalancha de las políticas neoliberales puestas ya en marcha y las que se avecinan en el futuro próximo por parte de los populares, que con la coartada de la crisis  van a desmantelar todo un conjunto de derechos socio-laborales que los hemos ido conquistando con gran esfuerzo en los últimos años. De no cambiar radicalmente la situación, algo que no se otea en el horizonte, lo que va a quedar después de esta crisis va a ser lo más parecido a un paisaje  tras un brutal bombardeo: democracia en quiebra, sueldos miserables, paro masivo, pensiones cada vez más reducidas, una legislación laboral tercermundista, servicios públicos desmantelados, una juventud sin esperanzas, etc. De vez en cuando aparece Pérez Rubalcaba a ejercer alguna ligera crítica, aunque poco convencido, como la de  “retrasar el ajuste del déficit dos años”, o la réplica a Dolores de Cospedal tras ser declarado Camps  no culpable argumentando “que sea su partido el que le rehabilite y le vuelva a poner de presidente de la Comunidad Valenciana si realmente cree que es un ciudadano ejemplar”. Pero no mucho más. Dan la impresión que se limitan a salvar el expediente en esta tarea. Sorprenden tal pasividad e inoperancia. En nuestra comunidad autónoma esta circunstancia se da con mucha mayor intensidad, ya que sus dirigentes parecen estar desaparecidos de combate. Deberían ponerse ya las pilas de una vez, ya que  a pesar de haber sufrido una fuerte derrota electoral, deben ejercer una fuerte oposición al tener muchos votantes aragoneses detrás, como la que ejercieron los populares. Es su obligación.

Por todo lo expuesto se está generando un profundo malestar en muchos militantes y simpatizantes de este partido, ya que cada vez se muestra más alejado de movilizaciones (el 15-M) y militancias políticas por causas tradicionalmente pertenecientes a las izquierdas, que se están realizando sin ninguna referencia al PSOE e incluso, muchas veces, en oposición a él. Esta circunstancia también  debería suscitar a sus dirigentes una profunda reflexión. De momento no están por la labor y la prueba de ello son los intentos de captar, domesticar, minimizar o ignorar a la nueva militancia que con toda justicia está ocupando la calle.

Además, la sociedad española tiene una imperiosa necesidad, y ahora más que nunca, de un partido socialdemócrata sólido y que no puede ser dilapidada por la irresponsabilidad de los actuales dirigentes del partido. Mas todo es posible, cuando los intereses personales están por encima de las responsabilidades históricas que se derivan de un partido centenario.

 Cándido Marquesán Millán

 

Votar con los pies

                                           

 

 

Que la democracia no atraviesa uno de sus mejores momentos es una obviedad. Amplios sectores de la ciudadanía muestran un gran desencanto hacia esta forma de organización política. Razones no faltan. Los Estados nacionales han transferido competencias a las instituciones de la Unión Europea y estas a su vez a los mercados financieros (es decir, a media docena de grandes inversores, al frente de los que está el Deutsche Bank). Por ende, hay un déficit democrático tanto en los Estados-naciones como en la Unión Europea. Según Boaventura de Sousa Santos vivimos en un fascismo financiero. Todo ello significa que las decisiones que toman los gobiernos están desconectadas de las aspiraciones ciudadanas. Los españoles estamos en contra de los recortes en sanidad y educación, y sin embargo, una semana tras otra, observamos que los diferentes miembros del gobierno “nos explican con una claridad meridiana” y nos tratan de convencer con la idea, cual si fuera una tautología, de que estas políticas de recortes sociales, además de las únicas posibles son equitativas. La divina Esperanza, como un niño con zapatos nuevos, se incorpora a la tarea al decir que ha puesto «una reunión todos los viernes a las 8.15 horas para ver de dónde se puede recortar», y que ha encontrado «unas partidas maravillosas» de donde ahorrar dinero. «¡Claro que queda por recortar! Ya les contaré», dijo en una entrevista. Mas, hay otras más justas y solidarias para la reducción de la deuda pública, como el incrementar los ingresos, persiguiendo el fraude fiscal de las grandes fortunas y las grandes empresas. Estas no interesan. Es más fácil perseguir al parado que hace alguna chapuza.  La gran mayoría de los medios de comunicación asienten, difunden y apuntalan machacona y servilmente los discursos del gobierno. Las voces discordantes, como las de John Maynard Keynes, Paul Krugman, Vicenç Navarro, Alberto Garzón, Juan Torres, Tony Judt, Joaquín Estefanía, Josep Ramoneda, Josep Fontana, Boaventura de Sousa Santos, Eric Hobsbawm, Daniel Albarracín reciben escaso eco mediático. Las consecuencias previsibles: una sociedad  narcotizada y acongojada acepta sumisa los recortes impuestos. Y así nuestro Estado social y democrático de Derecho recogido en el Título Preliminar de nuestra Constitución cada vez más degradado y reducido.  Es un sarcasmo hoy  la lectura de algunos de sus artículos: el  1.2. “La soberanía nacional reside en el pueblo español….” o el 9.2. “Corresponde a los poderes públicos…. facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social” o el 37.1. “La ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios”. Los derechos sociales anulados. El ejercicio democrático por parte de los ciudadanos, cada vez más reducido.

Por ello, estimo que si las instituciones políticas existentes no sirven para dar respuesta a las aspiraciones de amplios sectores de la ciudadanía, es necesario reformarlas o crear otras. ¿Para qué sirve el Senado? Hasta que esto ocurra, es legítimo y democrático actuar pacíficamente al margen de ellas en la calle. Una sociedad democráticamente sana  puede y debe mostrar su protesta y su indignación en la calle. Cuando la gente pacíficamente toma la calle, para hacerse oír, insisto lo que es totalmente legítimo además de democrático, es porque quiere cambiar las políticas públicas. Y esta actuación es otra forma de democracia; la democracia de movilización que está cuestionando, sin querer suprimirla, la democracia representativa de los gobiernos, parlamentos y partidos políticos. Así lo hace el 15-M, manifestándose pacíficamente y en pro de más democracia, por lo que no debería ser criminalizado por los poderes públicos, planteando una reforma del Código Penal. Como ha escrito Luis I. Sandoval  “Para Eric Hobsbawm “las marchas callejeras son votos con los pies que equivalen a los votos que depositamos en las urnas con las manos”. Y es así, porque los que se manifiestan eligen una opción, protestan contra algo y proponen alternativas. La acción colectiva en la calle, como acto de multitud o de construcción de un discurso, expresa una diferencia u oposición, muestra una identidad, y se transforma de lo particular a algo más general y cuando se mantiene en el tiempo se convierte en un movimiento social. La historia nos enseña que si en la sociedad democrática no se produjeran estas oleadas de movilización por causas justas no habría democratización, es decir, no habría la presión necesaria para hacer efectivos derechos reconocidos constitucionalmente, ni la fuerza e imaginación para crear otros nuevos”. Todo esto les resulta difícil de entender a nuestros representantes políticos. Con frecuencia, las sociedades se incomodan con los movimientos y aún los consideran peligrosos y nocivos. Solo cuando triunfan reconocen sus bondades e integran sus conquistas a la cultura e institucionalidad vigentes. Ardua tarea, a veces se necesitan siglos para alcanzar algunos derechos: jornada laboral de 8 horas, descanso dominical, sufragio universal, igualdad entre hombre mujer. En definitiva, con movilizaciones se han civilizado y avanzado las sociedades que hoy conocemos como modernas y democráticas. Según de Sousa SantosLos momentos más creativos de la democracia rara vez ocurrieron en las sedes de los parlamentos”. Ocurrieron en las calles, donde los ciudadanos indignados forzaron los cambios de régimen o la ampliación de las agendas políticas.

 

Cándido Marquesán Millán

 

Algunas preguntas inquietantes

           

De esta crisis política, social, económica y cultural, propiciada por el neoliberalismo, se ha escrito mucho sobre sus causas,  su desarrollo y  sus consecuencias dañinas y sus posibles salidas. Transcurrido un tiempo adecuado con la suficiente perspectiva, se seguirán presentando nuevos enfoques. A pesar de ello, no parece muy arriesgado afirmar ya hoy: que habrá un antes y un después, como también lo fue la Depresión de los años 30 en el siglo XX. Los daños son múltiples y profundos. El paisaje que va a quedar desolador.  Quiebras de empresas, millones de parados, proyectos de vida rotos, incremento de suicidios, negociación colectiva y el derecho de huelga cuestionados, una legislación laboral de carácter feudal. La democracia y el Estado de bienestar fuertemente dañados. Con demasiada alegría y despreocupación creíamos que determinadas conquistas políticas, sociales y económicas iban a estar para siempre junto nosotros. Mas, no hay ninguna ley histórica que diga que un día no puedan perderse y suponer que son una parte segura de una herencia intocable.

De la situación actual no esta exenta de culpa la izquierda. La socialdemocracia europea al poner en práctica políticas neoliberales traicionó sus principios ideológicos. La Tercera Vía formulada por Anthony Giddens fue claramente una política de derechas, al permitir la entrada del capital privado en los servicios públicos, con el pretexto de la eficacia. En cambio, la derecha ha tenido y tiene una actuación coherente, ha hecho lo que tenía que hacer de acuerdo con su ADN. Sobre las continuas y recientes derrotas de las izquierdas, son muy pertinentes, además de premonitorias, las palabras emitidas ya en octubre de 2008, del añorado Saramago: la izquierda ni piensa, ni actúa, ni arriesga “una pizca; “la izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive. Para corregir esta situación, Boaventura de Sousa Santos en su Quinta Carta a las Izquierdas, les lanza a bocajarro una serie de preguntas que les podrían servir de motivo para una profunda reflexión, a no ser que sigan retiradas, restañando sus heridas. ¿Por qué los estados cambian tan fácil el bienestar de los ciudadanos por el de los bancos? ¿Por qué la actual crisis del capitalismo fortalece a los que la causaron? ¿Por qué la racionalidad de la “solución” se asienta en las previsiones que hacen y no en sus consecuencias, que casi siempre las desmienten? ¿Por qué los ciudadanos consideran su empobrecimiento inevitable y al enriquecimiento escandaloso de unos pocos necesario para que su situación no empeore todavía más? ¿Por qué el crecimiento económico es hoy la panacea para todos los males de la economía y de la sociedad sin reparar en sus costos sociales y ambientales? ¿Por qué Malcom X tuvo tanta razón: “si no tienen cuidado, los periódicos los van a convencer de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”? ¿Por qué las críticas que las izquierdas hacen al neoliberalismo prácticamente no entran en los noticieros? ¿Por qué las alternativas son tan escasas cuando más se las necesita? Todas ellas  tienen la suficiente enjundia para que sobre ellas, las ejecutivas de los diferentes partidos de “izquierdas” organicen conferencias, seminarios y congresos, tratando de encontrar respuestas que convenzan a muchos de sus votantes que poco ha les abandonaron.

Yo también quiero incorporarme a este rosario de preguntas. ¿Hay algún límite a estas políticas durísimas de ajustes fiscales? ¿Existen algunas líneas rojas en el Estado de bienestar que la sociedad considere infranqueables? Tal como se están desarrollando los acontecimientos, y con el estado de mansedumbre de buena parte de nuestra sociedad, estimo que cualquier recorte a nuestro Estado de Bienestar no solo es posible, sino que es más que probable. Nuestros gobernantes ya se cuidan, propiciando y sirviéndose de la cultura del miedo, en preparar nuestro animo para que asumamos cualquier medida, por dura que sea esta. De Guindos: “Como vengan otros a hacer el presupuesto, verán lo que es un ajuste”. Por tanto, los Presupuestos del 2012 y los 10.000 millones de recortes en Sanidad y Educación son pecata minuta.

En cuanto a nuestra democracia tan añorada en otras épocas: ¿Qué queda de ella? ¿Qué decidimos de verdad los ciudadanos? Que no son preguntas baladíes, lo demuestra el hecho de que Ignacio Sánchez-Cuenca, teniendo en cuenta que las decisiones de nuestros representantes políticos cada vez guardan una conexión más lejana con las preferencias individuales de los ciudadanos, haya escrito recientemente un artículo con el inquietante título: ¿Habrá siempre democracia? Que son los mercados, agencias de calificación, y bancos centrales los que de verdad nos gobiernan no es descubrir nada nuevo. Ante estos flagrantes atropellos a la democracia, tampoco se vislumbra una reacción ciudadana. La democracia hay que conquistarla y defenderla todos los días. Es mucho más que depositar un voto en una urna cada cuatro años.

Termino con otra pregunta: ¿Para qué tanta austeridad, tanto sacrificio y sufrimiento acumulados? Nuestros dirigentes repiten la cantinela de “ que para recuperar el crecimiento económico y así crear empleo estable? Aunque también Rajoy nos ha dicho que “En 2012 el ejecutivo se va a dedicar a pagar intereses de la deuda pública, 29.000 millones de euros que si no hubiera deuda podrían dedicarlos a mejorar los servicios públicos o a no subir impuestos, o incluso a mejorar la sanidad o las pensiones.”  Les tomo la palabra.

 

Cándido Marquesán  Millán

 

El monopolio ideológico de la derecha

 

            Que estamos inmersos en unos momentos de hegemonía ideológica según la concepción de Gramcsi, de la derecha neoliberal en Europa y en España, no es decir nada nuevo. Esa derecha domina y controla el contenido y la forma de los mensajes políticos. En cuanto al primer aspecto, ahí están ya mayoritariamente asumidos conceptos como: control del déficit público, predominio de la privatización y sacralización del mercado frente a la ineficacia del sector público, desregulación de las relaciones laborales, inutilidad de los sindicatos, renuncia al progreso humano, etc.  En cuanto a la forma, es muy hábil en el uso de las palabras, plenamente consciente de que para controlar las mentes ajenas, una de las mejores herramientas es el lenguaje. Según Maeder, H. “Todo el que pretenda imponer su dominio, incluido el político, al hombre, ha de apoderarse de su lenguaje”. Alguien señaló con muy buen criterio, “ya que no podemos cambiar el mundo, cambiemos al menos de conversación o de lenguaje”. Por ello, el capitalismo es un vocablo que ha desaparecido casi por completo, sustituido por economía de mercado.  Si se habla de socialismo es casi siempre para mal: obsoleto, caduco, cuando no negador de la libertad. A los empresarios de siempre se les denomina hoy emprendedores. A los recortes brutales en servicios básicos fundamentales en educación, sanidad y asistencia social en Castilla la Mancha, su pluriempleada y muy preocupada por el paro Presidenta los llama "Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos". Al copago sanitario se le llama ticket moderador. La Reforma Laboral contribuirá a la creación de empleo cuando la economía se recupere, aumentará la flexibilidad interna para evitar despidos, y actuará contra la precariedad laboral mejorando la estabilidad en el empleo. Ir a la huelga es de antiespañoles. Todos estos mensajes edulcorados en el envoltorio acaramelado de Súmate al cambio.  En los actos conmemorativos de la Constitución de Cádiz, el Presidente del Gobierno nos obsequió con estas palabras “Los constitucionalistas gaditanos nos enseñaron que en tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino que hay que tener la decisión y la valentía de hacerlas. Fue así como el espíritu reformista se alzó frente al inmovilismo y a la resignación en estas tierras andaluzas. Gracias a su decisión e iniciativa, la reforma trajo el cambio. Y hoy, como entonces, el cambio es la reforma.” ¡Qué manera de tergiversar y retorcer la historia con fines espurios! ¡Qué cinismo! Quienes no nos sumamos al cambio corremos  el riesgo de ser equiparables al Fernando VII que dinamitó todas las reformas de los diputados gaditanos. Estas ideas las repiten una y otra vez. La mejor forma de inculcar una idea en las mentes ajenas es repetirla hasta la saciedad. Lo repetido aburre, hace bajar la guardia y diluye el sentido crítico. Por otro lado, lo repetido se memoriza fácilmente y se vuelve familiar, y lo familiar, aunque sea perverso, siempre proporciona la sensación de seguridad.  Lo cierto es que han conseguido su objetivo. ¿Cómo? La respuesta es clara. Hoy la derecha, tal como señala Boaventura de Sousa Santos “Tiene a su disposición a todos los intelectuales orgánicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presión, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino”. Hoy en día, circula por el mundo una ola de informaciones y análisis que podrían tener una importancia decisiva para repensar y refundar las izquierdas tras el doble el colapso de la socialdemocracia y el socialismo real. El desequilibrio entre las izquierdas y la derecha en relación con el conocimiento estratégico del mundo es hoy mayor que nunca. Tampoco es nada nuevo, ya lo dijo Carlos Marx en La Ideología alemana: “En efecto, cada nueva clase dominante se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta”.

 Esta crisis que está generando tanto daño en tantas personas, mientras que unas pocas amasan grandes beneficios, debería ser una adecuada oportunidad para empezar  a cambiar las cosas. Según Josep Ramoneda “La impunidad de los que han provocado esta crisis es tan vergonzosa que es difícil de entender la ausencia de reacción salvo que el virus de la indiferencia se haya impuesto  definitivamente y nos haya narcotizado para siempre”. Desde el pensamiento, contra el totalitarismo de la indiferencia no queda otra opción que recuperar la razón crítica, aunque siempre ha resultado incómoda para el poder, por lo que la clase política tiene especial cuidado en fomentar la ignorancia. Para superarla el mejor antídoto es la cultura, propiciada entre otros factores por  el hábito de lectura, lo que permite fomentar esa capacidad crítica, cada vez menos presente en esta sociedad. Groucho Marx lo expresa muy bien: Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

No conviene, en cualquier caso, perder la esperanza. Como alguien dijo alguna vez: es posible engañar a algunos durante mucho tiempo, a todos durante un tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

La democracia en entredicho

 

Que estamos inmersos en uno de los momentos más complejos y difíciles  de la Historia reciente de la Humanidad, es claro. Todo ello producto del triunfo apabullante de las políticas neoliberales.  Un conjunto de valores y principios políticos, sociales, económicos y culturales, que considerábamos intocables, en torno a los cuales organizábamos nuestra convivencia y que nos proporcionaban ciertas dosis de seguridad a nuestra existencia, están siendo profundamente cuestionados. Parece como si se nos hubiera abierto un abismo profundo bajo nuestros pies, por lo que todo es desazón, incertidumbre y miedo al futuro. Estamos en una auténtica encrucijada. Ante este mundo cada vez más injusto y desigual, lo más grave es que no se presentan alternativas creíbles, y las que lo son, gozan de escasa relevancia,  al no permitir su difusión la mayoría de los medios de comunicación. 

 

El Estado del Bienestar, una de las mayores conquistas sociales en las sociedades occidentales, se está rompiendo a trozos, con la coartada de la consolidación fiscal.

 

La economía de mercado liberada de todo control político y regida exclusivamente  por la búsqueda del beneficio material,  está  generando cada vez más y mayores desigualdades. A partir de los años 70 del siglo pasado se inició lo que Paul Krugman ha llamado “la gran divergencia”, el proceso por el cual se produjo un enriquecimiento considerable del 1 por ciento de los más ricos y el empobrecimiento de todos los demás. 

 

La confianza en un irreversible progreso para humanidad se ha desvanecido.

 

Las cuestiones expuestas tienen la suficiente enjundia. No obstante, quiero detenerme  en otra no menos importante, como es  el descrédito actual de la democracia y su consiguiente peligro de extinción, causado por la subordinación de la política a los poderes económicos. Según Boaventura  de Sousa Santos, que califica el sistema actual  de auténtico fascismo financieroEl capitalismo, en su versión neoliberal, concibe a la democracia como un instrumento de acumulación; y si es preciso, la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficiente, prescinde de ella (el caso de China). Observamos impasibles cómo a instancias de los poderes financieros se ejecutan  cambios de los gobiernos, modificaciones sustanciales constitucionales, sin contar para nada con la opinión de la ciudadanía, depositaria de la soberanía nacional. Los programas, las elecciones, los mítines o los debates  electorales son una farsa. De acuerdo con Josep Fontana,  Robert Fisk en un artículo reciente “Los banqueros son los dictadores de Occidente”, nos ha dicho: Los partidos políticos, entregan el poder que han recibido de los votantes “a los bancos, los traficantes de derivados y las agencias de evaluación. Michael Hudson, profesor de la Universidad de Missouri, denuncia lo que llama “la transición de Europa de la socialdemocracia a la oligarquía financiera”. Juicios no descabellados.  Se está produciendo una  simbiosis entre gobernantes y el sector financiero o empresarial a través de lo que en el mundo anglosajón se conoce como "puerta giratoria": directivos del sector financiero o empresarial ocupan puestos políticos clave y, en paralelo, algunos gobernantes que han afrontado la crisis se incorporan al mundo de las finanzas o de las empresas. En nuestro país los ejemplos son numerosos. El actual ministro de Economía, Luis de Guindos, tras ser el Secretario de Estado de Economía durante dos años en 2006 fue nombrado consejero para Lehman Brothers. Rodrigo Rato, actual presidente de Bankia fue ministro de Economía. Los expresidentes del gobierno, Felipe González y José María Aznar fichados por las multinacionales   Gas Natural y por Endesa, respectivamente.   Zaplana expresidente de la Generalitat valenciana y antiguo ministro, contratado para la dirección de Telefónica. Este fenómeno no es nuevo.   En USA, Lewis Powell ya en agosto de 1971 en un “Memorándum confidencial” recomendaba “El mundo de los negocios debe aprender la lección que hace tiempo aprendieron los sindicatos y otros grupos de intereses. La lección de que el poder político es necesario; que este poder debe cultivarse asiduamente y que, cuando convenga, hay que usarlo agresivamente y con determinación”. Las organizaciones empresariales no solo  deben participar en las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, sino también de formas diversas pagando sus servicios a los políticos, entre ellas la de asegurarles una compensación cuando dejen la política. ¿Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? “los márgenes de beneficio han llegado  a niveles que no se habían visto desde  hace décadas”, y que “las reducciones de salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora”; “la disminución de sus contribuciones al sostén del Estado”. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington”. Otro beneficio ha sido la desregulación de las leyes que controlan algunos aspectos de la actividad empresarial, una de las causas claves de la crisis del 2008.

En España esta subordinación de la política a la economía, nos explica medidas como: las reformas de las pensiones, la laboral y la financiera; los rescates de los bancos, las durísimas políticas de ajustes fiscales que recaen sobre los trabajadores. Todo es lógico.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

1812, una fecha europea de la Historia de España

 

            Son tantos y tan graves los acontecimientos actuales en los que estamos inmersos los españoles, que me dan ganas de exiliarme. Por ello, a veces, resulta terapéutico olvidarte del presente y sumergirte en los tiempos pasados.

  Hace 200 años, un 19 de marzo, fue promulgada la Constitución de Cádiz. Fecha memorable para todo buen español. Según el catedrático Manuel Ramírez: “En un trabajo “Sobre la Constitución de Cádiz, el profesor Sánchez Agesta nos cuenta que estando de vacaciones en Granada, el egregio historiador Cristóbal Dawson le solicitó que le llevará como lectura para esos días, cuanto hubiera de nuevo sobre las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. Y  que Sánchez Agesta al preguntarle por las razones de tal curiosidad, Dawson le replicó: “1812 es una de las fechas europeas de España”.  La respuesta es atinada. Pocos acontecimientos históricos españoles en los últimos 200 años han alcanzado mayor trascendencia como nuestro primer texto constitucional, ya que sirvió de referente político liberal para países como Italia, Portugal  y de Sudamérica. De tal fecha los españoles podemos alardear. Por el contrario, de otras como 1492, Expulsión de los judíos; 1609-10, Expulsión de los moriscos, no.

El inicio de la Guerra contra el francés-la denominación de la Independencia fue de los años 20 y 30 del siglo-, tras la brutal represión de los invasores ante los acontecimientos del 2 de mayo y las renuncias de la familia real en Bayona, originó la Revolución española. Sin la primera hubiera sido harto difícil la segunda. Para España el 1808 equivale al 1789 francés. El descrédito de las instituciones del Antiguo Régimen fue total. Ni la Junta de Gobierno dejada por Fernando VII ni el Consejo de Castilla estuvieron a la altura del momento, para ponerse al frente de la lucha contra los franceses. Esta situación, colocó al pueblo español por primera vez en la historia en la coyuntura de asumir la soberanía, que estaba en la calle. Y supo hacerlo. Por ello, surgieron desde abajo para organizar el gobierno y la lucha Juntas locales y provinciales, en Oviedo, Valencia, Sevilla, etc. El caso de Zaragoza muestra las diversas fases de formación del nuevo poder. La ruptura con las autoridades nombradas por Godoy, cuando los zaragozanos tras su negativa a concederles armas encarcelaron al general Guillelmi en la Aljafería, de donde finalmente las tomaron. La elección popular de un jefe que asumiera el mando, cuando los vecinos del Arrabal lo encontraron en la persona de José Palafox.  La legitimación del nuevo poder establecido, la hicieron las Cortes de Aragón, a las que previamente Palafox las había convocado. Todos estos acontecimientos zaragozanos están espléndidamente contados por el profesor José María Andrés en su novela Los Sitios. Luto de siete capas. Posteriormente todas las Juntas se coordinaron en una Junta Central, instalada  en Aranjuez ya el 25 de setiembre de 1808, bajo la presidencia del conde de Floridablanca. La Junta agobiada por muchos problemas tras las sucesivas derrotas militares, trabajó en el proyecto de una convocatoria de Cortes,  posteriormente cedió el poder a una Regencia de 5 miembros, que no pudo impedir, y eso que lo intentó, que el 24 de septiembre de 1810 las Cortes abrieran sus sesiones en la isla de León (San Fernando). El 24 de febrero de 1811 se trasladaron a Cádiz a la iglesia de San Felipe. Los diputados, muchos de ellos al no poder llegar de las provincias, fueron reemplazados por ciudadanos gaditanos. En cuanto a su composición: eclesiásticos 97; abogados 60; funcionarios 55; militares 46; intelectuales 20; propietarios 15; y sin oficio 10. Pronto destacaron Argüelles, Toreno y Torrero. Se dividieron entre serviles y liberales. En su primer gran decreto asumieron la soberanía nacional. Y redactaron la Constitución en la que destacan principios revolucionarios para aquellas fechas y todavía más en nuestra España. La “soberanía nacional”, expresada en su Art. 3º. “La soberanía reside esencialmente (sin discusión, sin matices) en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.” “La división de poderes”, en los Art. 15, 16 y 17. Aunque Agustín de Argüelles en el Discurso Preliminar para la presentación del Proyecto de Constitución, pretendiera justificarlos aduciendo que no había nada de revolucionario en ellos, al estar ya en las instituciones políticas españolas antes de que los Austrias y los Borbones los eliminasen, son de clara inspiración de la Revolución francesa, del abate Sieyès y Montesquieu, respectivamente. Además aparecen el derecho de representación, la libertad de expresión, de prensa  e imprenta; derecho a la integridad física; libertad personal, inviolabilidad de domicilio y determinadas garantías procesales y penales. Y como ilustrados, todo un Título, el IX, De la Instrucción Pública. Los españoles pasaban de súbditos a ciudadanos. En definitiva era el triunfo del liberalismo frente al Antiguo Régimen. Mas como muchas veces en nuestra historia ha habido “Demasiados retrocesos”. Ahora mismo estamos inmersos en uno de ellos. Otro, fue  el retorno del malhadado Fernando VII, ya que  arrancó de cuajo y sin compasión cualquier  posibilidad de que España entrase en la Modernidad. Su Decreto de 4 mayo de 1814 era claro: declaro aquella constitución y todos los decretos de las cortes nulos, como si no hubiesen pasado jamás, y se quitasen de en medio del tiempo… Es tratar de borrarlos de la historia. Mas, determinadas ideas, como las defendidas por aquellos diputados gaditanos, nunca mueren.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

Una huelga contra España

Tras la convocatoria por CCOO y la UGT de la huelga general para el próximo 29-M se ha desencadenado por parte del Gobierno, la patronal, y sus numerosos, poderosos y serviles medios de comunicación una campaña brutal de acoso y derribo contra ella con el objetivo de su fracaso, que sobrepasa en cuanto a sus argumentos el límite de lo razonable y del sentido común. Sirvan de muestra. No es el momento, y menos ahora, en tiempo de crisis tan dura. ¿Cuál es  el momento?  Nunca. ¿Tendremos que esperar a que no haya crisis para convocarla y ya no sirva para nada? “Es lo  último que España necesita”.  No servirá para nada, no es la solución, no hay razones suficientes. Ni siquiera han respetado los 100 días de cortesía. Incluso, ya han hecho el cálculo de lo que nos va a costar, según La Gaceta, unos 4.700 millones, para La Razón: 7,688 millones, casi un punto de déficit.

No voy a explayarme en el retroceso que supone para los derechos de los trabajadores esta Reforma Laboral. Recomiendo  a muchos de los españoles que no van a secundar la huelga, que se la lean en profundidad, y que, tras su lectura, reflexionen sobre las condiciones socio-laborales a las que van a verse sometidos en el futuro próximo sus hijos y nietos. Deberían hacerlo por un sentido de responsabilidad. Igualmente,  en numerosas tertulias se arremeten con auténtica crueldad contra los sindicatos, argumentando todo tipo de falacias y numerosas  medias verdades que  suelen ser peor que las propias mentiras. Están desconectados de la realidad, los liberados son excesivos y unos vagos, hace mucho tiempo que abandonaron a los trabajadores parados, (lo dicen aquellos que criticaban el “gasto excesivo” que representaba el pago de los 400 euros). ¡Mucho que les importa a ellos el futuro de los millones de parados! Mas también recurren a razones  de mayor calado. Huelga contra España, titula el diario La Razón. Una huelga política en contra del interés general, pontifica el ABC. Tales juicios me recuerdan tiempos pretéritos. Quienes se oponían a la Guerra de Cuba no eran españoles auténticos. Por cierto, aquellos que alardeaban de patriotas, pagaban a un sustituto para eximir a sus hijos del servicio militar. Los muertos los ponían las clases populares. Tampoco lo eran los que se oponían a la Guerra de Marruecos, mantenida por una cuestión de prestigio nacional, maltrecho tras la pérdida de las colonias. Ni tampoco aquellos que por defender la legalidad republicana se opusieron al Golpe Militar del 18 de julio. Como tampoco los no católicos. A lo largo de nuestra historia hemos constatado que desde determinadas élites se nos ha obsequiado con una versión reduccionista del patriotismo español. Para algunos parece que se les ha detenido el reloj de la historia. Ahora mismo, todos aquellos que tengamos la osadía de secundar la huelga, no somos españoles, ya que vamos en contra de los intereses generales de España. No, no es contra España, es a favor de España y del interés general, es contra la injusticia de esta reforma laboral que condena a la miseria a millones de españoles. Para determinados sectores de la sociedad española  patriotismo es sinónimo de patrimonio. Como también el envolverse en la bandera y besarla con pasión, el entonar el himno nacional, el  festejar la fiesta del 12 de octubre-sin saber qué se celebra, si es la Fiesta de la Hispanidad, la de la Raza, de España, de la Virgen del Pilar-, el presenciar desfiles militares, o descorchar botellas de champán con el triunfo de la selección española de futbol. Este es un patriotismo muy pobre. Ser patriota es mucho más. Ser patriota es poner lo público por delante de lo privado. Es querer lo mejor para tu país y tus conciudadanos, lo que se consigue entre otras cosas pagando los impuestos y haciendo caso omiso de los paraísos fiscales. Así se empieza a ser patriota. Por ello, me parece muy acertada la definición de “patriotismo” hecha por Mauricio Viroli,  entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. La virtud cívica o política se define como el amor a una patria, entendiéndola no como una vinculación  a la unidad cultural, étnica y religiosa de un pueblo, sino como amor a la libertad común y a las instituciones que la sustentan. Esa virtud cívica es la que se debe fomentar, por ello  “Es urgente instruir a los jóvenes sobre la historia de nuestra patria, enseñarles a amar a quienes lucharon por nuestra libertad”. El autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura.  Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo. Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales.  Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles, lo que no hace la Reforma Laboral. Este es el verdadero patriotismo.  No el de envolverse en banderas, ni el de entonar himnos, ni el de festejar fiestas, ni el de presenciar desfiles militares.  

Cándido Marquesán Millán