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Políticos taumatúrgicos

                      

  

Citando a Paúl A. Samuelson un ciclo económico “es una oscilación de la producción, la renta y el empleo de todo un país, que suele durar un período de tiempo y que se caracteriza por una expansión o contracción general de la mayoría de los sectores de la economía”. Por lo tanto, son fluctuaciones de diferentes variables macroeconómicas en las distintas ramas de la economía de un país. Estas oscilaciones abarcan periodos de tiempo indefinido en donde se puede presentar una contracción o expansión de la misma. Hay ciclos cortos o de Kitchin (3 años con 4 meses); ciclos grandes o comerciales o de Juglar (entre 7 y 11 años); y los ciclos de ondas largas o de Kondratieff (unos 50 años aproximadamente).

Para poder analizar un ciclo económico minuciosamente se deben conocer los periodos o fases por las cuales se encuentra integrado. Según Mitchell y Burns, las fases se pueden dividir en: Prosperidad, Recesión, Contracción y Recuperación. 

En España estamos inmersos en uno expansivo que ya dura 14 años, de lo que todos debemos sentirnos satisfechos. Tendrá que producirse más  tarde o más temprano un cambio de tendencia en la economía española, ya que parece inevitable afrontar un cambio de modelo de crecimiento, que supondrá un claro ajuste. Muchos economistas están de acuerdo en que hay un claro agotamiento de los motores que han hecho posible el “Milagro español”. Esta circunstancia tan benéfica para la economía española podría explicarse por: el disfrute de unos bajos tipos de interés, una extraordinaria liquidez, grandes transferencias de fondos europeos, bajos precios del petróleo, consumo perpetuo, y la gran llegada de emigrantes, que han proporcionado mano de obra abundante y barata que han propiciado el desarrollo de la construcción. Todas estas circunstancias tan ventajosas parece que se están modificando. El exceso de liquidez ya no existe. El precio del dinero se ha duplicado. El precio del barril del petróleo ha pasado de 18 a 70 dólares en menos de una década. Los 8.000 millones de fondos de la Unión Europea  se han reducido a la mitad. La llegada de emigrantes- cinco millones en siete años- no es posible ni tampoco deseable que se mantenga en el tiempo. La construcción de viviendas se reducirá a la mitad. Parece que se va a una normalización de nuestra economía.

 

 Pero de ahí, señalar que España ha entrado en una perspectiva de recesión económica parece una afirmación gratuita. Economistas señalan que una economía entra en recesión cuando se produce un crecimiento negativo durante tres trimestres seguidos. Igualmente una economía está en crisis cuando ya no puede generar puestos de trabajo y se destruye empleo. Estas circunstancias no se dan en absoluto en estos momentos. Según previsiones moderadamente razonables el potencial de crecimiento para el año que viene se mantiene en un 3% y que se seguirá creando empleo. Lo que no es óbice para que tengamos en cuenta ciertas dosis de incertidumbres por la crisis financiera desencadenada en Estados Unidos en el mes de agosto. Si esta crisis norteamericana se convierte en mundial, obviamente, nos afectará como a todo el mundo. Mas, parece que esta circunstancia no se va a producir.

 

Resulta harto complicado a sesudos economistas discernir el inicio y el final de un ciclo económico. Sin embargo, conspicuos y perspicaces dirigentes del Partido Popular con una exactitud matemática nos acaban de señalar el inicio del periodo de prosperidad del ciclo actual: marzo de 1996, o sea, cuando llega al poder el Sr. Aznar. Y por si todavía no fuera bastante, nos dicen también con no menos precisión milimétrica-casi matemática- que tal período de prosperidad se ha terminado. Y su prolongación durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, se ha debido a la buena herencia económica dejada por los populares. Y se quedan tan anchos. En la calle Génova debe estar camuflado algún economista, dotado de tales cualidades mágicas, cual taumaturgo, que sería lamentable que no fuera candidato para el próximo premio Nóbel de Economía. Méritos, de verdad, los tiene.

 

Si estas previsiones económicas de los populares(Gabriel Elorriaga, Eduardo Zaplana y Marian Rajoy) en cuanto a los ciclos económicos son tan acertadas como las de la teoría de la Conspiración del 11-M, y de la Rendición de los socialistas ante ETA en el proceso de negociación, sería conveniente que el Sr. Rajoy empezase a pensar en realizar cambios dentro de su equipo de asesores. De verdad, tengo la impresión de que no le quieren bien.

 Quiero acabar con una cita que me acaba de llegar a la memoria  del Conde de Romanones: Hay hombres  que mienten a todos y también se mienten  a sí mismos. Éstos llegan a estar convencidos de que la mentira forjada por ellos es la verdad, y la defienden con mayor empeño que la verdad misma. Por eso son los más peligrosos en la política.  Cándido Marquesán Millán

La Represión Franquista en Híjar

 

Se ha dicho  que en muchos pueblos del Bajo Aragón histórico, la Guerra Civil de 1936-39 fue muy dura, porque murieron muchas personas, que lucharon en los dos bandos. Es verdad. Pero es peligroso hacer un reparto de responsabilidades. En un aviso a navegantes, hay que recordar que la Guerra Civil se originó por un Golpe de Estado frustrado, llevado  a cabo por unos militares con unas armas, que les había dado el pueblo español para defender la legalidad constitucional. Dicho lo cual, quiero fijarme en una serie de hechos ocurridos en Híjar, a partir de la mitad de marzo de 1938, tras la llegada de los nacionales.Hubo una serie de asesinatos cometidos por los nacionales sobre los rojos. Lo que pretendo es dar a conocer los nombres de estos asesinados. Nada más. En absoluto reabrir heridas. Es sacarlos del olvido y que su nombre sea conocido. Fueron los siguientes: José Morales Montañés de 31 años, casado fue ejecutado el 8/9/41. José Gómez Turón, "El Tío Rinconero" o también llamado "El Tío Maticas", de 72 años el 23/10/40. Antonio Meseguer Barceló, de 21 años, el 21/11/38. Antonio Ferrer González, electricista, de 26 años, el 16/8/36. Todos fueron ejecutados en Zaragoza capital. Fueron ejecutados en otros lugares Agustín Montañés Martín, Luís Pina Pamplona, José Gros Bielsa, Pascual Clavero Caso y Pilar Mirasol Gerique. Fueron asesinados por los nacionales en Híjar: José Lasala Berges, Francisco Salas Esteban, Manuel Meseguer Losilla y Miguel Loren Gracia; los dos últimos ya acabada la guerra, el día 21 /4/39. Los detalles de estos asesinatos fueron auténticas salvajadas. Hoy todavía los cuerpos de Manuel y Miguel están enterrados fuera del Cementerio Municipal, con una inscripción en su lápida de Caídos por defender la democracia y la libertad. En los momentos de la Transición hubo un leve conato por parte de una autoridad municipal de llevar los cuerpos, lo que queda de ellos, al Cementerio por la noche, a lo que se negaron los familiares de Manuel, argumentando que el cuerpo de su padre sería llevado a plena luz del día.En uno de los bombardeos de las tropas golpistas sobre Híjar, en los días previos a su entrada el 13 de marzo de 1938, sucumbieron asfixiados en un refugio 28 personas, al haberse taponado la salida.También perecieron en los campos de concentración nazis otros hijaranos. Fueron los siguientes: Blas Esteban Turón en Mauthausen el 25/10/41. Luís Valencia Lahoz en Gusen el 1/11/41. José Monzón Mallor en Gusen el 6/11/41. Alejandro Membrado Benaque en Gusen el 3/4/41. José Beltrán Lorenzo el 20/11/44 en Gusen.Hubo otra represión, menos cruenta, pero también cruel que se ejerció sobre los rojos hijaranos y que es menos conocida .A partir del  13-III-1938, entrada de las tropas franquistas en Híjar, se pusieron en marcha un conjunto de medidas, de carácter represivo.Los rojos, muchos huyeron ante el temor de represalias, y por ello sus bienes y propiedades, al quedar abandonadas, fueron aprovechadas. Los que permanecieron fueron sometidos a todo tipo de vejaciones y escarmientos. Para verlas me serviré del Libro de Actas Municipales del Ayuntamiento de Híjar.Los rojos pagaron con sus bienes patrimoniales. En el Pleno municipal de 24-IV- 1938 se decidió que debían juntarse en un local los colchones y las máquinas recuperadas en Híjar a los rojos huidos, por ser estos objetos de difícil asignación para su dueño, ser de primera necesidad y muy codiciados por todos. En el Pleno de 8-V- 1938 decidieron recoger todas las máquinas, trillos, arados, atalajes de labranza y demás enseres que estaban abandonados por los rojos en las eras, fincas y torres de este término municipal y depositarlos en un local de la carretera propiedad de D. Justo Mosso. Del mismo modo acordaron colocar en la puerta de los pajares de los huidos rojos de esta localidad un letrero que dijera: "Incautado por el Ayuntamiento y prohibida la entrada a toda persona no autorizada por el mismo·", procediéndose a su cierre. A su vez cualquier vecino que quisiera paja de estos pajares debía pagar 5 pesetas por viaje al Ayuntamiento. En el Pleno de 1-V- 1938 se decidió repartir los objetos recuperados, en primer lugar a los familiares de los fusilados y pobres de solemnidad; y después a aquellos individuos que, a juicio del Ayuntamiento, por su conducta política durante el actual movimiento fueran más acreedores de obtener beneficios de dicho reparto En el Pleno del 11-IX-1938 se aprobó que se debía pagar, a partir del 1º de octubre próximo, por los actuales inquilinos, el alquiler de la casa que habitasen y que había sido abandonada por individuos rojos de esta villa, cuyo alquiler sería impuesto por una Comisión del Ayuntamiento; debía hacerse lo mismo con los pajares de los rojos. Los rojos, también pagaron con su trabajo gratuito. El 11-IX- 1938 el Ayuntamiento decidió que la limpieza y arreglo de los locales de las escuelas de párvulos del edificio de las hermanas de San Vicente de Paúl de la villa, se hiciera con cargo al presupuesto municipal, a fin de que pudieran dar clase, y que, a ser posible, se emplease gente roja para proceder a la limpieza de toda la casa de las monjas, sita en la calle Otal, no pagando cantidad alguna a estas gentes. El 23-X-1938 se decidió que la leña que el Ayuntamiento facilita para la cocina de Auxilio Social de esta villa la trajeran del Pinar los individuos clasificados como no afectos al Glorioso Movimiento Nacional de esta villa.El 26-III-1939 se decidió que la limpieza de los solares particulares de los escombros producidos por la aviación (la franquista) la llevasen a cabo los rojos. El 9-IV-1939 para la construcción del Monumento a los Caídos se decidió que debían presentarse a trabajar los rojos durante 15 días, quedando además a elección del Ayuntamiento el poder mandar a dichos individuos más días en la limpieza de la localidad, si lo estimaba necesario. Los rojos pagaron con su dinero. En el Pleno de 11-IX- 1938 el Ayuntamiento decidió abrir una cuenta corriente en el Banco de Crédito de la localidad, a nombre del Ayuntamiento con el nombre de "Retenidos", con todo el dinero incautado a los rojos, como desafectos al Régimen que acaudilla el Generalísimo Franco, y pronto en el Pleno de 11-XII-1938 decidieron que de ese dinero retenido a los rojos, se arreglase el local de la escuela de párvulos, tres dormitorios y una cocina de las monjas de San Vicente de Paúl. De la misma cuenta en el Pleno de 16-IV-1939, se aprobó asignar 1.100 pesetas para arreglar la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor. El 1-V-1938, el Alcalde D. Luís Monzón Mosso, comunicó que había recibido una orden del Gobernador Civil de la provincia de Zaragoza, de realizar una relación de todos aquellos vecinos afectos al Movimiento Nacional, y otra de los no afectos, con el fin de que sean remitidas a su autoridad. También los rojos perdieron sus puestos de trabajo. Fueron los funcionarios municipales: Joaquín Losilla Gómez, Voz Pública; Felipe Castañer García, guardián de la cárcel de partido; Joaquín Turón Turón, enterrador en el cementerio católico municipal; José Muñoz Pérez, encargado de las aguas públicas; y Pascual Monzón Carrillo, caminero de la huerta.Para acabar con este pequeño artículo, quiero reflejar una decisión tomada por el Ayuntamiento de Híjar, que puede servir de reflejo del espíritu que impregnaba la dictadura franquista. No tiene desperdicio. España era lo más parecido a un internado. Es el que sigue:"El 2 de octubre de 1938 se facultó a los alguaciles, José Mª Lausaque y Luís Pérez, para que durante la misa de 12, tomasen nota de los individuos que no estuvieren respetuosos en la Iglesia y lo comunicasen a la Alcaldía para su correspondiente correctivo." Cándido Marquesán Millán  

La Memoria Histórica en New York

 “El 16 de septiembre de 1936, 47 hombres fueron matados en la aldea española de Villamayor de los Montes y enterrados en una fosa común. Este lugar español de la guerra civil fue revisitado en 2004, cuando al artista Francesc Torres ensambló a un equipo de forenses, que documentó la exhumación del sepulcro. Sus fotografías examinan conmovedoramente las relaciones entre la guerra, la violencia, la memoria, y la fotografía en el contexto de la historia enterrada de la guerra civil española.”Así anuncia el Internacional Center of Photography de Nueva York la próxima exposición del fotógrafo catalán Francecs Torres, que se inaugurará  en su sede el 25 de septiembre próximo, titulada Oscura es la habitación donde dormimos”.   Le acompañarán las exposiciones de fotografías de Roberto Capa,  de Taro de Garda,  y una de carteles de la Guerra Civil Española.  Torres nacido en Barcelona en 1947 y formado en la Escola Massana de Barcelona, en 1967 se marchó a París, donde asistió a clases en l’Ecole des Beaux Arts y ejerció de ayudante de Piotr Kowalski, escultor de origen polaco, quien ejercerá notable influencia en Torres. Se instaló en los Estados Unidos en 1974, donde residió hasta los primeros años de 2000, cuando se trasladó a Barcelona. A lo largo de su trayectoria, Torres ha realizado performances, fotografías, vídeos e instalaciones, siendo este último el territorio que más frecuenta el artista. Cuestiona el orden social basado en las relaciones entre el poder político y el económico. Frecuenta en su obra la atención por la memoria y el presente, en una lectura atenta y pormenorizada de episodios críticos de la historia vinculados a contextos concretos. Examinando la maquinaria de guerra y violencia en la cultura y la historia, Torres, actúa a menudo como un historiador o un filósofo y contempla las tensiones entre la implacabilidad del paso del tiempo y la fragilidad de la memoria, en espacios de alta carga política.  El mismo título del libro  y exposición Oscura es la habitación donde dormimos es extraordinariamente sugerente y un tanto perturbador.  Podría servir de título apropiado de una película de miedo infantil. Esa habitación hace referencia a una fosa común-no hay nada más oscuro- repleta de cadáveres asesinados. Y también a todo un país atemorizado, que ha vivido a oscuras durante mucho tiempo, y que ha  tardado 70 años a desenterrarlos. Miedo que parece que continúa en determinados ambientes, ya que esta exposición en lugar de presentarse en España, ha tenido que hacerse a miles de kilómetros del lugar donde ocurrieron los hechos.   El libro-catálogo de Torres, que precede a la exposición, y que se acaba de publicar en inglés y castellano,  muestra las imágenes de la excavación que permitió localizar cerca de la N-II Madrid-Burgos a  los 47 vecinos varones ejecutados en Villamayor de los Montes de un tiro en la cabeza por los franquistas. El libro reúne varios textos y una pequeña parte de las 1.500 fotos que tomó Torres. Las imágenes, en blanco y negro, retratan el hallazgo de las víctimas, alineados en la tierra con un agujero de bala en el cráneo. Un equipo de arqueólogos recogió entre los esqueletos anillos de boda, balas de máuser, un peine, dos relojes oxidados y las suelas de goma de las alpargatas que calzaban. Y chapas de cerveza que quizá bebieron los ejecutores. Los familiares asistieron al trabajo metódico y respetuoso de los arqueólogos y los antropólogos. Las hijas y las nietas prepararon las comidas del equipo y cuando todo terminó dejaron flores sobre la zanja ya vacía. Los restos fueron después analizados por el equipo forense que dirigió Francisco Echeverría, el del caso Lasa y Zabala. En julio de 2006, el equipo regresó al pueblo para asistir al entierro de las víctimas en un mausoleo común. Torres retrató, ya en color, el sepelio que desfiló hacia el cementerio. Torres es  probablemente el primer artista español que ha trabajado con los materiales de la Guerra Civil en bruto y no a base de alegorías ni simbolismos. El artista nos dice que en otros países ha habido gente como Pilles Peres, que fotografió las fosas de Sbrenica, o Alfredo Jaar, que ha trabajado en Ruanda. El autor nos manifiesta sus intenciones: “Hace aproximadamente siete años empecé a trabajar con la idea de la recuperación de la memoria de la historia reciente de España. Pensaba en un proyecto arqueológico centrado en el sedimento material de la guerra civil en los antiguos campos de batalla, en el frente del Ebro. Al mismo tiempo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzaba la localización, excavación y exhumación de las fosas comunes de la guerra y posguerra española. Después de un largo proceso obstaculizado por dos gobiernos de la Generalitat de signo ideológico opuesto (la pujolista y luego la del tripartito) que hicieron imposible mi proyecto en Cataluña, a pesar de contar con financiación de dos fundaciones norteamericanas (Fullbright y American Center Foundation) lo acabé realizando en Burgos en colaboración con la ARMH. Este libro documenta un ejercicio de ciudadanía por parte de un grupo de españoles empeñados en apropiarse de una parte secuestrada de su historia.”  “¿Cómo se gana una guerra que terminó como una derrota en 1939?", se ha preguntado durante años el artista Francesc Torres. Su respuesta es tajante: “La Guerra fue hace 70 años y aún no se pueden debatir las cosas en superficie. Hay pocas ganas de complicarse la vida con un tema que todos piensan que, con tiempo, se disolverá y quedará como una simple anécdota histórica. Sobre todo, porque se ha creado una narrativa de la Transición que vincula amnesia histórica con estabilidad política, y se piensa que ha sido exitosa porque se hizo tabla rasa de lo que pasó en la guerra. Aquí la amnesia lo ha permeado todo. Por eso la derecha moderada ya dice que todos fuimos culpables, y hay que dejar muy claro quiénes fueron las víctimas y quiénes los verdugos, quiénes tenían razón histórica y quiénes no. Ganar la guerra no es falsearla.”            Cándido Marquesán Millán

Educación para la Ciudadanía

                                  

 

            No deja de ser triste que todo un conjunto de colectivos e instituciones, estén poniendo trabas continuas a que en nuestras escuelas o institutos se imparta la asignatura, Educación para la Ciudadanía. Que el Estado asuma la responsabilidad de educar a nuestros muchachos para que sean ciudadanos el día de mañana, sea rechazado, me resulta complicado entender. Los opositores aducen argumentos diversos: que será una asignatura utilizada  por el Estado para adoctrinar, y que éste no tiene competencia ni derecho alguno a formar nuestras categorías morales y políticas, y que esta tarea es exclusiva de la familia. Podríamos aceptarlo si los educados lo fueran para quedarse en casa, lo grave surgiría cuando éstos salieran a la calle y tuvieran que relacionarse con los demás, que tarde o temprano tendrán que hacerlo. A poco ciudadanos que se sintieran, admitirían que este asignatura que atañe a todos los ciudadanos, no puede transmitirla la familia, que es una comunidad parcial y volcada en el egoísta interés de sus miembros. El Estado democrático, por el contrario, es una comunidad que intenta y preconiza el bien de la mayoría, según ésta lo decida. Aceptadas estas afirmaciones que parecen obvias, tenemos que reconocer que el Estado no sólo tiene el derecho, es más, tiene el deber ineludible de asumir la educación de sus futuros ciudadanos. Es un síntoma de Modernidad. Debe transmitir los valores de la libertad, de la igualdad, del pluralismo y de la justicia que están en el artículo primero de nuestra Constitución. Además de otros complementarios como la tolerancia, la solidaridad y la seguridad. Como también dar a conocer y enseñar a practicar las reglas y los procedimientos que aseguran una convivencia dentro de un Estado de Derecho. En definitiva preparar ciudadanos para la democracia. Si el Estado hace una dejación de sus funciones educadoras, y las traspasa a determinadas instituciones, asumiríamos todos graves riesgos en aras a la consolidación del sistema democrático. Tenemos tristes ejemplos en nuestro historia.

Además la Educación para la Ciudadanía en nuestro país parece más necesaria, si tenemos en cuenta que los españoles hemos vivido como norma en regímenes autoritarios o dictatoriales. Hemos sido mucho más tiempo súbditos que ciudadanos libres. El vivir en democracia ha sido la excepción en nuestra historia. Y esto se paga. Esto ha supuesto que muchos nos hayamos acostumbrado a resolver autoritariamente  los problemas y conflictos, inevitables en la convivencia, por medio del ordeno y mando y el puñetazo encima en la mesa, en lugar del diálogo, el contraste de pareceres y el intercambio de opiniones. La democracia no es una palabra hueca, significa todo un conjunto de valores, que el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Manuel Ramírez, los ha expuesto con claridad meridiana en libros y artículos. Entre ellos están: la verdad política absoluta no existe, fomento de la capacidad crítica de los ciudadanos, valoración de la existencia de una sociedad pluralista, comprensión de la democracia como valor e incluso como utopía, personalidad democrática caracterizada por la comprensión y el diálogo, fomento de las virtudes públicas en detrimento de las privadas, asimilación del valor positivo del conflicto, estimulación de la participación y de su utilidad y conciencia de la responsabilidad y ejercicio del control. Pero estos valores hay que sembrarlos, enseñarlos y cultivarlos día a día.  Como no los hemos mamado nos resulta, a veces, difícil comportarnos de acuerdo con ellos. Todo lo contrario a lo ocurrido en Inglaterra, Francia o Suecia. En ninguno de estos países, su sociedad podría asumir sin grandes dosis de preocupación el que un militar se manifestase contra el Gobierno o que el 10% de su población admitiera como favorable un gobierno militar.

 Por otra parte, si la democracia no es un regalo del cielo, que viene sin más ni más, hay que cultivarla y mimarla, para hacerla cada vez mejor. Hay que socializarla, en la familia, en las instituciones de la sociedad civil, en los medios de comunicación, y, sobre todo, en la escuela, con asignaturas, además de otras, como Educación para la ciudadanía  para que al niño no se le impongan ideas y mucho menos dogmas, sino que se le debe estimular su capacidad de raciocinio.

La tarea es complicada, mas merece la pena, ya que nos va mucho en juego. Me resisto a aceptar, como algunos lo han pretendido con propósitos oscuros, que sea  verdad incuestionable lo que dijo el más famoso político republicano: El enemigo de un español es siempre otro español.  Al español le gusta tener la libertad de decir y pensar lo que se le antoja, pero tolera difícilmente que otro español goce de la misma libertad, y piense y diga lo contrario de lo que él opinaba. 

Quiero acabar con otras palabras dichas por Azaña  en la Sociedad del Sitio de Bilbao, en abril de 1934: Creo que la democracia es en España el único procedimiento para alumbrar las aguas vivas que corren sepultadas todavía en lo profundo del pueblo español. Soy demócrata para España porque creo que es el único procedimiento de sacar a España del decúbito supino en que desde hace siglos yace. Todos conocemos cómo ha habido muchos a lo largo de nuestra historia, que han impedido lamentablemente, que afloren a la superficie esas aguas, yo diría, que puras y cristalinas.

 

                                                            

 

Cándido Marquesán Millán

El Hombre actual

  

            En estos inicios del siglo XXI, si algo le caracteriza al hombre del mundo desarrollado es la vorágine desenfrenada por el consumismo y la diversión, que demuestran una especie de infantilismo perpetuo, producto de un desencanto y desasosiego manifiesto y perenne.       

El advenimiento de la Ilustración supuso para la especie humana la liberación de determinadas cadenas; de la tradición, y de la autoridad. El individuo puso en tela de juicio aquélla en el nombre de la libertad y rechazaría ésta en el de la igualdad de condiciones propias de la democracia. Ya no quiere comportarse de acuerdo con una ley externa, y  aspiraría a escapar de la esclavitud mental que hasta entonces le sometía, bien la comunidad, Dios, la Iglesia o la Monarquía. El ser humano, desembarazado tras un largo esfuerzo de esas cadenas, haciendo uso de su facultad fundamental, la Razón, alcanzaba la libertad plena y total. Además este movimiento intelectual supuso una fe ciega en la posibilidad del progreso humano. El hombre era capaz de todo, hasta del dominio de la naturaleza. Y así aconteció. Llegó la Revolución Francesa, con sus secuelas de derechos humanos, democracia y libertad. Además con la Revolución Industrial  pudo iniciar el proceso de desarrollo de conquistas materiales, como nunca en la historia humana. Estos procesos iniciados en siglos pasados, se fueron acelerando posteriormente; y así, hoy en los países desarrollados, disfrutamos de unas cotas de libertad y de bienes materiales, como nunca había ocurrido en la historia humana. Nuestra democracia y prosperidad actuales en Occidente se levantan sobre el sacrificio de las generaciones anteriores, que no pudieron gozar del mismo progreso político ni de un grado comparable de perfeccionamiento técnico. Nuestros antepasados nos han dejado una herencia enorme. Por ello deberíamos sentirnos contentos y felices. Mas no ocurre así. Ahora somos libres, y la libertad nos supone una condena, de la que no podemos liberarnos. No tenemos otra opción que elegir, queramos o no. Ahora disponemos de más bienes que nunca. Después del advenimiento del Estado de Bienestar, cualquier ciudadano está cubierto ante cualquier contingencia que se le pueda presentar, sea la que fuere: vejez, paro, enfermedad, etc.. El que tengamos a nuestro alcance más y variadas cosas, no trae como corolario una mayor satisfacción y desarrollo personal.  Ocurre, a veces, muy al contrario.  Probablemente nunca como ahora, se presenta tanto desencanto y desazón. No deja de ser paradójica esta circunstancia. Mas es así. Por ende, buscamos válvulas de escape de diversas maneras.

Una de ellas es el consumismo. Esa necesidad imperiosa y enfermiza de consumir, por el solo hecho de hacerlo, no significa mayor liberación, sino todo lo contrario, mayor esclavitud. Lo queremos todo aquí y ahora, dando muestra de un infantilismo insultante. El principio cartesiano de: Cogito, ergo sum; hoy debería sustituirse por: Consumo, luego existo La llegada de cualquier período de rebajas, nos empuja, en una especie de locura colectiva, a comprar por comprar, como si nos fuera la vida en ello. Si no hay dinero, da lo mismo, para eso están las tarjetas de crédito, con el que pedimos prestado al futuro. Antes,  nuestros padres nos educaban para ahorrar, ahora a nuestros  hijos los educamos para consumir.  El consumo se ha convertido en una religión degradada, es la creencia en la resurrección infinita de las cosas, cuya Iglesia es el supermercado y la publicidad los Evangelios. Acudimos a los Grandes Almacenes a comprar, en la mayoría de las ocasiones objetos fútiles, no para disfrutarlos, sino para aquietar nuestro desasosiego. Por ello nos sentimos melancólicos y nerviosos los domingos, porque ese día los establecimientos comerciales permanecen cerrados, la actividad está suspendida; y nos encontramos entregados y enfrentados a nosotros mismos, a nuestra desazón, vagando por las calles como almas en pena. Esperamos con fruición que el lunes vuelvan a subir las persianas los comercios y así nos recuperamos de esa especie de zozobra aflictiva.

            Otro instrumento de escape ante esta desazón es el afán desenfrenado por la diversión, comportamiento, todavía más si cabe pleno de infantilismo. Creemos tener derecho a la diversión perpetua. Estamos convencidos. Por ello sacralizamos los fines de semana. Nada lo demuestra mejor que esa auténtica locura por salir a la montaña, a la playa, nada más llega el mediodía de los viernes. No nos detiene nada. Da igual que la gasolina sea cada vez más cara; que los accidentes de tráfico sean cada vez más; que los precios de los  alquileres de los apartamentos o de las pistas de patinaje sean cada vez mayores. Da lo mismo. Cuanto más salimos, más insatisfacción. Nunca estamos contentos. De ahí el malestar de los lunes o los traumas posvacacionales. Hace unos años nos contentaba el ir a las playas del Mediterráneo. Luego tuvimos que ir a París, Praga o Budapest. Ahora tenemos que hacerlo a Viet-Nam, China, Japón o la Conchinchina. ¿Y después qué? ¿La Luna?

Sería conveniente y deseable que hiciéramos una parada y fonda, que reflexionásemos un poco, porque este camino no lleva a ninguna parte. Por lo menos, así lo creen conspicuos sociólogos y filósofos, y algunos ciudadanos de  a pie

    

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLAN

           

  

                                     ENCRUCIJADA DE VALORES 

El triunfo electoral de los populares en las Comunidades de Madrid, Valencia y Murcia; así como  el de Sarkozy en Francia, han servido de pretexto interesado para que diferentes analistas políticos afirmen con contundencia el triunfo de todo un conjunto de “valores” preconizados por la derecha.

 En Valencia y Murcia ha sido la idolatría al dinero, como ha señalado David Miró. Camps ha dicho que lo que ha triunfado es una manera de entender la vida, la valencianía. De lo que se trata es ganar dinero cuanto más mejor y sin importar el cómo. Por ende, los electores no han castigado a muchos candidatos incursos en delitos urbanísticos. Más todavía, han salido reforzados. Véase el ejemplo de un Presidente de una Diputación. Se dan casos de jóvenes que juntan dinero para comprar un piso y venderlo a los tres meses para ganar mucho más. Recientemente ha escrito Ángel Castanyer que cuando un político de derechas roba no pasa nada, porque en la conciencia de la gente está que en la ideología de la derecha está el hacer dineros. Mas cuando roba un político de izquierdas, podemos estar seguros que el nivel ético que con grandes esfuerzos se va consolidando, recibe un fuerte golpe y el hecho se magnificará por parte de algunos con la intención interesada de llegar a la conclusión de que “todos son iguales”.   

En Madrid,  nos dice Enrique Gil Calvo que los Gallardón y Aguirre han sabido sintonizar con un amplio sector de la población, antigua clase obrera y  que ahora se ha convertido en nueva clase media, merced a que determinados trabajos(hostelería, recogida de basuras, reparto del butano o la construcción..) han pasado a los inmigrantes. Esta nueva mesocracia ha revalorizado su vivienda, se ha  acostumbrado a pagar cada vez menos impuestos, y ya no desea compartir los servicios públicos( educación y sanidad) con los recién llegados inmigrantes.

En Francia, como dice Raimón Obiols,  Sarkozy ha triunfado con el mensaje de que hay una gran cantidad de parados subsidiados y asistidos (inmigrados fundamentalmente) que no muestran ninguna gratitud, que viven del “cuento”, y que “pagamos entre todos”. Y que son la base exclusiva de delincuencia: la “racaille” que hay que eliminar. En conclusión: hay que hacer más difícil el acceso al desempleo, reducir las ayudas a los “asistidos”, aumentar el control de los inmigrados, reforzar los dispositivos de la policía, desregular la actividad de los que “se esfuerzan” y quieren hacer dinero.  

Estosvalores” no tienen nada de nuevos. Son más viejos que el Paleolítico Inferior. La codicia insolidaria, la depredación, el expolio, el amasar dinero sin importar la injusticia,  han estado presentes en  la historia humana. No podemos admitir acríticamente que son “modernos” e inevitables y que los valores de la izquierda son “antiguos” y destinados a la extinción.  La novedad  se encuentra en la intensificación, expansión y contaminación desorbitadas de estos valores, a través de la sociedad mediática del espectáculo global y de la globalización acelerada.

Estos valores de la derecha no son, ni pueden ser los  de la izquierda del siglo XXI. El problema de qué valores se convierten en dominantes no se da sólo en nuestro país, se plantea crudamente en toda Europa. Hoy el gran el reto de la izquierda es encontrar una escala de valores alternativa, clara y convincente. Todavía más, si tenemos en cuenta que los problemas son muchos, por más que desde las corrientes neoliberales nos quieren convencer de que estamos viviendo en el paraíso terrenal. Nada más lejos de la realidad. Ahí están cuestiones como: multiculturalidad y exclusión social; inseguridad ciudadana y precariedad laboral; migraciones masivas y dificultades para la integración; especulación de la vivienda y desarrollo insostenible, con desequilibrios territoriales y agresiones contra el territorio y el paisaje; crisis de las ideologías del siglo XX, con el riesgo de que las grandes corrientes de la democracia europea sean suplantadas por fundamentalismos y tribalismos de diversa índole.             El historiador Eric Hobsbawn diagnostica con claridad: la distinción entre izquierda y derecha seguirá siendo central en una época que ve crecer la separación entre los que tienen y los que no tienen, pero el peligro de hoy es que este combate sea subsumido en las movilizaciones irracionalistas de carácter étnico, religioso o de otras identidades de grupo. 

            Ante esta situación, siguiendo a Raimón Obiols, en contra de los que apelan a procesos de conversión o reconversión hacia nuevas identidades, lo que está creciendo en Europa es la necesidad de una reactivación de la identidad socialista en términos modernos, de una reafirmación de los motivos y de los fines de un movimiento que corre el riesgo de debilitarse en una inconsistencia resignada si no sabe afirmar en términos de futuro sus señas de identidad.

La gente constata que los partidos que se denominan socialistas, hablan poco del socialismo. Nadie espera que estos partidos propongan la realización de una sociedad socialista alternativa a la existente.  Lo que quieren es coherencia en una perspectiva evolutiva, la definición de unos objetivos claros vinculados a unos principios, y una práctica adecuada, no contradictoria; que incluya el comportamiento de sus representantes. Sobre todo la gente quiere veracidad y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.Encontrar una definición de socialismo que plazca a todos es complicado, pero sabemos que siempre que en el mundo haya desigualdad, injusticia y falta de libertad existirá algo (que Engels, llamaba un "principio energético") que hace que mucha gente se rebele contra la injusticia. El problema no está en la vitalidad y potencialidad de este  “principio energético”.  A pesar de la interesada literatura que se ha dado en las últimas décadas sobre la “muerte del socialismo”, su fuerza se mantiene y se manifiesta en su fecundidad para iniciar nuevos rutas. Los socialistas no podemos ni debemos renunciar a la utopía ni a conseguir un mundo mejor. No debemos esperar que el mercado con su mano invisible resuelva los problemas. La derecha dice: húndete o bracea en las aguas del mercado. Mientras que el socialismo envía barcos a recoger a los náufragos.Necesitamos una nueva cartografía, que sitúe claramente, en todo momento, dónde estamos, y a donde queremos llegar. Unos mapas solventes y fiables, y que sean  nuestros mapas, no los de nuestros adversarios. Nuestro mapa, nuestra cartografía, que no esté contaminada por lo que la hegemonía neoliberal, con su "colonialismo narrativo", pretende imponernos como una cartografía común, un pensamiento único frente al cual, nos dicen, "no hay alternativas".  Haberlas, las hay. Por mucho que Aznar no hace mucho tiempo se atreviera a decir que los socialistas españoles  eran una especie de fauna dañina en extinción, los últimos mohicanos de la izquierda.  Cándido Marquesán Millán 

           

                         LAS MANIFESTACIONES CONTRA EL TERRORISMO DE ETA     Estos días  pasados se ha escrito tanto sobre las manifestaciones contra el terrorismo, que resulta difícil poder decir algo nuevo. No es mi intento. Lo único que pretendo es expresar algunas reflexiones, propiciadas por los acontecimientos recientes. Parece claro que eran unas manifestaciones dirigidas contra el terrorismo de ETA. En Bilbao la pancarta decía: Exigimos a ETA el final de la violencia. Por la Paz y el Diálogo. El lendakari Ibarretxe accedió a rectificar sobre la marcha para obligar a Batasuna a condenar la violencia o ausentarse de la manifestación ,y, a la vez, para abrir el paso a los renuentes populares vascos. Si en otras ocasiones se les podido acusar de ambiguos o tibios al lendakari o al PNV, en esta ocasión sería injusto hacerlo.  

La más importante, la celebrada en Madrid, el PSOE dejó que fueran los sindicatos y otras organizaciones cívicas las que hicieran la convocatoria, con el propósito de acercar el PP a la marcha. Los argumentos de los populares en un intento de justificar su ausencia han sido cuando menos peregrinos. En un principio, dijeron que no estarían presentes porque no aparecía la palabra Libertad. Se introdujo y la pancarta quedó: Por la Paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo”.  Entonces adujeron que deberían ser desconvocadas las manifestaciones, porque estaban politizadas. Los convocantes hicieron todos los esfuerzos que estuvieron en sus manos para contentar a los populares. Vano intento. En consecuencia los populares han dado un paso más en su estrategia de agitación, situándose en un aislacionismo esencialista.  

Además del éxito de estas manifestaciones masivas, aunque cada medio de comunicación ha hecho su propia valoración, lo que parece indubitable es que los únicos partidos que no han participado han sido Herri Batasuna y el Partido Popular. O lo que es lo mismo: Herri Batasuna y el Partido Popular dejaron de acudir a las manifestaciones contra ETA. Nunca había ocurrido esto. Por primera vez en democracia, uno de los partidos que han gobernado, ha estado ausente en una manifestación contra el terrorismo de ETA.  ¿No se trataba de levantar la voz contra el terrorismo? ¿No es ésta una cuestión que nos incumbe a todos por igual votemos a quien votemos? Lo único que deseábamos los ciudadanos de a pie era llorar a los muertos, mostrarles nuestra solidaridad, y protestar contra sus asesinos. Ni más ni menos, y así ha ocurrido siempre en todas las manifestaciones contra el terrorismo en España.

A los dirigentes populares, y sobre todo, a Mariano Rajoy se les debería exigir responsabilidad política. La víspera de una manifestación contra el terrorismo no es el momento tampoco de criticar al Jefe de Gobierno ni de seguir las imposiciones de la AVT, que ha decidido hacer política sin pasar por el refrendo de las urnas. Como tampoco se deberían haber permitido a sus voceros mediáticos las amenazas o  las descalificaciones dirigidas contra las asociaciones de inmigrantes y los colectivos de ecuatorianos que manifestaron sus deseos de participación en las manifestaciones. El Partido Popular ha cometido un error y ha roto las reglas del juego en la unidad social y política contra el terrorismo. Si un partido político, que ha tenido la responsabilidad del gobierno de España y que cabe pensar que lo hará en un futuro más o menos lejano, tiene problemas éticos en manifestarse en las calles, después de la muerte de dos víctimas  inocentes del terrorismo y detrás de una pancarta con el lema: Por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo, algo grave está ocurriendo y de muy difícil comprensión. A no ser que lo que se pretenda sea dividir y fracturar a la sociedad en torno a las reacciones contra el terrorismo. Que lo intente Herri Batasuna, además de ETA, no tiene que sorprendernos. Lo que no parece normal es que lo haga  el Partido Popular. A no ser que también sea que a los populares el terrorismo les ha parecido un filón rentable desde el punto de vista electoral. Es una aspiración legítima que toda fuerza política pretende alcanzar el poder para llevar a la práctica su programa político. Mas el fin no justifica los medios.

 El mal está hecho y el error es mayúsculo. Si Rajoy hubiese estado en la manifestación de Madrid, algo que deseaban hacer fervientemente muchos votantes de su partido, quizá podría esperarse de él las maneras de un auténtico líder conservador moderno, pero parece que esta posibilidad se ha esfumado. Rajoy cometió el día 13 de enero probablemente el error más grave desde que “dirige” el Partido Popular. Se han equivocado los populares de medio a medio y tendrá su reflejo negativo en las próximas elecciones de mayo. Y si Rajoy se empecina en mantener a los Acebes y Zaplana  y no cortar el cordón umbilical con Aznar, lo pagará él también. Tiempo al tiempo. Por lo menos, así yo lo veo.

   

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

España ha dejado de ser católica  

             Un 13 de octubre,  de hace 75 años, en las Cortes españolas,  se pronunció uno los discursos más brillantes en la historia parlamentaria. El tema versaba sobre la cuestión religiosa, y  todo su contenido la derecha de entonces y buena parte de la de ahora, sin haberlo querido entender, y retorciéndolo con fines partidistas, lo redujo a la frase: España ha dejado de ser católica. De entrada no era revolucionario, ya que venía a reflejar una realidad que en repetidas ocasiones las autoridades eclesiásticas, como Vidal i Barraquer, lo habían dicho ya. Afirmar que España había dejado de ser católica no fue una originalidad de Azaña. Fue, por el contrario, una mera constatación, y dijo lo que quería decir y lo que todo el mundo sabía, incluso los obispos: que la Iglesia no informaba ya la cultura española y que vivía de espaldas a la clase obrera. Lo novedoso, lo que hará aborrecible a Azaña es que a partir de tal premisa pretendiera ordenar el Estado, imposibilitando a la Iglesia el puesto que en él, y en la sociedad, siempre había ocupado.

            Si  en aquel año la susodicha y denostada frase, era cierta y contundente; hoy lo es más todavía.  Nunca, como ahora en España, hubo una huída tan masiva, silenciosa y creciente de católicos que abandonan la Iglesia; nunca los templos estuvieron tan vacíos, nunca los jóvenes se desentendieron tanto de todo lo relacionado con el clero y sus directrices, nunca los seminarios y noviciados estuvieron tan solitarios… y por ello se lamentan compungidos los obispos españoles. Todos lo podemos constatar, como lo reflejan estudios serios de la Fundación Santa María, el Injuve o el CIS. Habrá que indagar en el porqué.

            La creciente irreligiosidad en las sociedades avanzadas, como indica  el teólogo José M. Castillo, suele explicarse por la cultura propia de la modernidad o postmodernidad. Hoy, en las sociedades de Europa y América del Norte, al no existir conflictos bélicos, al existir prosperidad y bienestar se ha alcanzado un estado de seguridad sin precedentes, por lo que los ciudadanos saben que a la hora de la verdad no les va a faltar lo que necesitan para vivir. La consecuencia lógica es que ha descendido vertiginosamente la necesidad de consuelo que, a lo largo de la historia, ha proporcionado la religión.

            Hoy, en España se vive como nunca, lo que no significa que se sea más feliz y se sepa encontrar un sentido de la vida Vivimos mejor, pero necesitamos de una manera imperiosa siempre algo nuevo y distinto, comportamiento lleno de infantilismo, como señala Pascal Bruckner. Por ello la tendencia a la evasión, a la búsqueda de válvulas de escape, a pasarlo bien sea como sea. De ahí la locura por huir de las ciudades en todos los fines de semana. Hoy nos atrae mucho más el bienestar inmediato que las promesas “en la otra vida” que nos puedan ofrecer las religiones. Hoy se quiere la felicidad aquí y ahora, y vivir lo mejor posible, lo que puede incluir también el lote de religión, sobre todo, en romerías, procesiones de Semana Santa  o de fiestas patronales, donde uno se lo pasa bien y, además, se tranquiliza un poco la conciencia, que tampoco viene mal. Hoy, vemos personas que se declaran ateas, pero no tienen inconveniente  en llevar la peana del patrón de su pueblo o ser cofrade en Semana Santa.

            Además ante los cambios vertiginosos que se están produciendo en nuestra sociedad más plural, laica, dinámica, abierta y democrática que nunca, la jerarquía católica española se ve desbordada, no sabe encontrar una adecuada respuesta. Se está quedando descolocada. El aggiornamiento que se vislumbró en el Concilio Vaticano II se ha cegado.  Ante problemas humanos como: la homosexualidad, el divorcio, el uso de los preservativos, el sacerdocio femenino, el celibato sacerdotal, la experimentación con las células madre de embriones humanos, la adaptación a un sistema democrático… la jerarquía católica española no ha sabido o querido encontrar unas respuestas adecuadas. Y tal como se manifiestan los Rouco, Cañizares o Ureña, no parece que se vayan a producir cambios significativos, tal como acabamos de ver en la reciente entrevista mantenida por los representantes de la Conferencia Episcopal con la Ministra de Educación. Siguen erre que erre con la idea de “imponer” una asignatura alternativa a los alumnos que no quieran estudiar la religión o negar los derechos laborales a los profesores de religión. Por ello muchos ciudadanos de esta sociedad terminan al margen de la institución religiosa; surgiendo un tipo nuevo de creyente que declarándose católico, deja de ser practicante. Además proliferan las creencias difusas, la tendencia al sincretismo, el esoterismo, así como también la orientación de la jerarquía católica española, síntoma de debilidad moral y doctrinal, hacia posturas cada vez más integristas y por ello ha favorecido a grupos como el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, o los Legionarios de Cristo, mientras que ha marginado a grupos más progresistas, como Renovación Carismática, la Corriente Somos Iglesia, con su corolario de Un Concilio para el siglo XXI, o la Teología de la Liberación. Lo más grave  es que esa cerrazón de la jerarquía plantea a muchos católicos profundos e insolubles problemas de conciencia. A los que se casaron por la iglesia, y que por diferentes razones no cuajó su matrimonio,  que desearían volver a hacerlo con otra persona,  y no pueden. A los sacerdotes casados que querrían desempeñar su vocación ministerial. A muchos jóvenes, que aman de verdad a su pareja, y no pueden practicar su sexualidad antes del matrimonio. A numerosas parejas que se ven obligadas a tener  más hijos de los que desean, por la imposibilidad de usar el preservativo.  

Hoy, un personaje como Jesucristo, que se preocupó más por los hombres que por los ritos, que fue capaz de enfrentarse para defender a los marginados, como las prostitutas, cabe pensar que no pondría impedimento alguno al uso del preservativo, a toda la población africana, o a dos jóvenes que se aman. Jesucristo se mantiene vivo, no por su poder autoritario o por sus imposiciones doctrinales, sino por su capacidad de estar al lado de los hombres y entender cuáles son sus problemas. Debería la jerarquía católica realizar un profundo acto de reflexión, ya que parece tener secuestrado a Jesucristo y su mensaje, echándolo a perder lamentablemente. Por ende, que no se extrañen que cada día los templos estén más vacíos.

   CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN