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DERECHOS A LA TIERRA, AL TECHO Y AL TRABAJO.

Cándido Marquesán

Acabo de leer el discurso del Papa Francisco pronunciado el pasado 28 de octubre en el Aula Vieja del Sínodo, en el mismo Vaticano, en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP) convocado por él mismo, en el que han participado más de un centenar de organizaciones de todo el mundo. De América Latina entre otros el Movimiento Sin Tierra de Brasil.  De España la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. De Asia la organización campesina de Palestina. Hubo organizaciones de cartoneros y recicladores de basura, campesinos, comunidades negras, habitantes de favelas y villas miseria, así como pueblos indígenas.  Participó también el presidente Evo Morales.

 

Ha tenido muy poca difusión el evento  en los medios de comunicación españoles. La explicación se deduce implícitamente tras la lectura de estas líneas. Por ello, yo pude conocerlo en medios sudamericanos y en la página Web de Vía Campesina, con sede en Zimbabwe,  un movimiento internacional que agrupa a millones de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo. Defiende la agricultura sostenible a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad.

Se opone firmemente a los agronegocios y las multinacionales que están destruyendo los pueblos y la naturaleza. Son miembros en torno a 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de África, Asia, Europa y América. En total, representa a alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas. Es un movimiento autónomo, pluralista y multicultural, sin ninguna afiliación política, económica o de cualquier otro tipo. Obviamente en este mundo urbano y tan desarrollado todos estos colectivos resultan irrelevantes.

Trataré de reflejar las ideas fundamentales del discurso del Papa Francisco, de profundo calado ideológico. Señaló las terribles injusticias a los que se ven sometidos los pobres, mas estos no se contentan ya con falsas promesas ni con las escasas ayudas de las ONGs, que cuando llegan sirven para anestesiarlos y domesticarlos. Por ello, quieren ser protagonistas organizándose solidariamente para salir de la injusticia.

Apeló a la solidaridad, considerándola en un sentido amplio consiste en mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en comunidad. Es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentarse a los destrozos del Imperio del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de los pobres están sufriendo. La solidaridad, en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso precisamente están haciendo los movimientos populares.

Les dijo a los representantes de los movimientos populares que su voz se escucha poco, quizá porque molesta, porque se tiene miedo al cambio que reclaman, pero sin su presencia y su palabra, las propuestas de las conferencias internacionales son inútiles. Le reconforta y alegra  el ver en movimiento a pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes,  y es entonces cuando se aviva la ilusión de un mundo mejor.
Este encuentro nuestro responde al anhelo totalmente legítimo de defensa de unos derechos sagrados: tierra, techo y trabajo.  Decir esto para algunos resulta que el Papa es comunista, cuando reclamarlo es nada raro, es la misma doctrina social de la Iglesia.

En cuanto a la Tierra.  Aquí estáis decenas de campesinos/as, y os felicito por custodiar la tierra, por cultivarla y por hacerlo en comunidad. Muchos campesinos están sufriendo el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. Existen otros motivos, como el acaparamiento de tierras, la deforestación, la apropiación del agua, los agrotóxicos inadecuados, que arrancan al hombre de su tierra natal. Esta dolorosa separación  no es sólo física, sino existencial y espiritual. La reforma agraria es una necesidad no sólo política sino moral. La otra dimensión es el hambre. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable.  Mas, como la especulación financiera considera los alimentos como mera mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre. Además se desechan toneladas de alimentos. Esto es un escándalo.

En cuanto al techo, remarcó  que una casa para cada familia es un derecho. Hoy hay tantas familias sin vivienda. Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria: y es el barrio donde se empieza a construir esa gran familia de la humanidad, en la convivencia con los vecinos. Hoy vivimos en grandes ciudades modernas  y vanidosas  con bienestar para una minoría feliz… pero se les niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños, y se les llama, elegantemente, “personas en situación de calle” que viven en barrios marginales, carentes de todo de servicios: sin escuelas, hospitales, alcantarillado, agua corriente, etc.

En cuanto al trabajo, dijo que no existe peor pobreza que la privación de la dignidad del trabajo. El desempleo juvenil  y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una opción política determinada, son resultado de un sistema económico que pone los beneficios por encima del hombre, son efectos de una cultura del descarte que considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, de usar y tirar. Hoy, al fenómeno de los sin trabajo se le suma una nueva dimensión; los excluidos son desechos, “sobrantes”. Se descartan los ancianos y millones los jóvenes sin trabajo, desocupados. Además  todo trabajador tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una jubilación, a sindicarse…

También se refirió  a la Paz y de Ecología, temas tratados en el Encuentro. Es lógico: no puede haber tierra, ni techo, ni trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Todos los pueblos de la tierra, tenemos que defender estos dos preciosos dones: la paz y la naturaleza. No pueden quedar sólo en manos de los dirigentes políticos. Hay sistemas económicos que para sobrevivir deben hacer la guerra y así fabrican y venden armas y, con eso sus balances quedan saneados. Un sistema económico centrado en el dios dinero necesita también saquear la naturaleza, para sostener el ritmo frenético de consumo. De ahí: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación, que muestran sus efectos devastadores y quienes más los sufren son los humildes, como vosotros,  los que viven cerca de las costas en viviendas precarias o tan vulnerables que frente a un desastre natural lo pierden todo.

Algunos de vosotros habéis expuesto: Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que recuperar la dignidad humana y sobre ella construir las estructuras sociales alternativas que necesitamos. Con coraje, pero también con inteligencia. Con tenacidad, pero sin fanatismo. Con pasión, pero sin violencia. Y entre todos, enfrentando los conflictos sin quedar atrapados en ellos, buscando siempre resolver las tensiones para alcanzar un plano superior de unidad, de paz y de justicia.

Ha sido un discurso fuerte, valiente e impregnado de denuncia y de compromiso social. Un compromiso social que la Iglesia católica ha abandonado hace mucho, una defección que se acentuó durante los pontificados de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger; momentos en que los jerarcas católicos abandonaron a sus fieles para aliarse con los poderes políticos y económicos. El pontífice polaco se sumaba al anticomunismo de los ínclitos Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y el Vaticano perseguía  y neutralizaba a los clérigos que aplicaban con fidelidad entre los pobres las enseñanzas evangélicas.

La Teología de la Liberación, fue duramente reprimida; sus exponentes fueron reducidos al silencio, retirados de los cargos que ocupaban y sometidos a todo tipo de arbitrariedades y castigos. Los postulados de justicia social y aggiornamento católico del Concilio Vaticano II, puesto en marcha por Juan XXIII, fueron extirpados y la jerarquía católica empleó, como instrumento principal de represión en contra de los curas que ejercieron la opción preferencial por los pobres, a la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución heredera de la Inquisición y dirigida por Ratzinger, quien sucedería a Wojtyla como Benedicto XVI. Un momento muy gráfico de esta nueva situación de incomprensión y cerrazón del Papado podemos constatarlo cuando Juan Pablo II visitó en 1983 la Nicaragua de Daniel Ortega.  Merece la pena mostrar un pequeño fragmento de la entrevista de marzo de 2013 realizada a Ernesto Cardenal que reproduce en su mismo blog.

Juan Pablo II lo reprendió a usted públicamente. ¿Qué cree que haría el papa Francisco si se cruzara con usted?
–Primero, creo que no me reprendería. Aquel Papa era muy duro, muy corrosivo, y me explicaron que esa era su manera habitual de hablar.

Esta nueva dirección del Papa puede deberse a varias razones. Su sensibilidad social y humanidad hacia los marginados, los pobres y los excluidos, que es una denuncia sin cortapisas del modelo neoliberal, puede explicarse en parte a su procedencia sudamericana. No en vano, hoy las opciones más claras contra las políticas neoliberales, tienen su origen en este continente, tal como podemos observar en la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Correa y la Bolivia de Evo Morales.

El presidente boliviano estuvo presente en el Encuentro y en su conferencia dijo cuestiones importantes:  "No podemos aceptar que el sistema capitalista haga que la tierra sea solo un sistema", afirmó durante su alocución. Afirmó “que los pueblos indígenas son los que históricamente tienen la moral y la ética para poder hablar del cuidado del medio ambiente”. Explicó “que los más afectados son los pueblos excluidos que viven "en carne propia la mercantilización de la tierra (...), que concentrada en pocas manos es la fuente de todas las injusticias sociales". También dijo “que el planeta puede vivir sin el ser humano "pero el ser humano no puede vivir sin el planeta. Si no estamos convencidos de que el hombre no puede vivir sin el planeta, estamos equivocados". El jefe de Estado boliviano reiteró que "el primer enemigo del planeta es el hombre mismo" por lo que instó “a todos los pueblos a cuidarlo. Asimismo, afirmó que esa responsabilidad no es sólo de los países en vías de desarrollo, sino fundamentalmente de los países industrializados que han dejado al mundo al borde de su extinción, y consideró que la mejor forma para acabar con la pobreza es "adoptar medidas para enfriar el planeta".

Posteriormente en rueda de prensa señaló Evo: “siento que ahora tengo Papa comprometido con su pueblo, con pensamiento revolucionario, con sentimiento social, y sobre todo con propuestas para cambiar y acabar con la injusticia, la violencia y la guerra”.

Ni que decir tiene que estos nuevos esfuerzos del Papa Francisco, encontrarán una resistencia feroz en de la curia romana y en España en los sectores más reaccionarios de la jerarquía eclesiástica y de los seglares ultramontanos católicos. Los llamó católicos, ya que es una palabra con un significado muy distinto a cristianos. Como muy bien dijo recientemente, el calandino padre Mindán: De tan católicos que hemos querido ser nos hemos olvidado de ser cristianos. También sería recomendable que el discurso del Papa Francisco lo leyera toda la clase política, que forma parte de la democracia cristina europea, para ver si se les removían, aunque solo fuera un poco las conciencias, para que fueran un poco más humanos y más cristianos ante tanto sufrimiento humano acumulado en muchos de sus compatriotas, que no tienen ni tierra, ni techo ni trabajo.

LA EJEMPLARIDAD POLÍTICA DE LOS DOS DIPUTADOS POPULARES DE LA PROVINCIA DE TERUEL

Cándido Marquesán

Hace poco tiempo los turolenses nos vimos sorprendidos lamentablemente, circunstancia que ya comenté en este mismo periódico pero que tampoco viene mal volver a recordar, porque  el diputado por Teruel en el Congreso de Diputados, Santiago Lanzuela renunció a su escaño, donde era portavoz del PP en la Comisión de Industria, Energía y Turismo, y presidente de la de Economía, para fichar como consejero dominical por Red Eléctrica Española en representación de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, después de haber legislado sobre esta materia. Ha sido un político de postín, ya que desempeñó puestos importantes en la Comunidad Autónoma de Aragón, llegando a ser su presidente de 1995 a 1999.

 

Me llamó extraordinariamente la atención que en la mayoría de los medios de comunicación nacionales, autonómicos, provinciales y locales no se criticó esta decisión de abandono de las Cortes del Reino de España, pasando prácticamente desapercibida, siendo, desde mi punto de vista, muy negativa para la actividad política, tan denostada hoy, y que nuestros políticos “dicen” estar muy preocupados por regenerarla. Es un ejemplo más de “las puertas giratorias”, de políticos que abandonan su actividad para llegar al mundo de la gran empresa, en pago por los servicios prestados.

Un auténtico chollo. Sabemos que es una acción muy criticada actualmente por la sociedad española. Mas a esta clase de políticos, mejor casta, les da igual. Ellos a lo suyo.  Noticias, como estas, no solo no contribuyen a eliminar este desprestigio hacia los políticos, es que lo incrementan. Es muy poco ético abandonar sin finalizar la legislatura un puesto, producto de la elección de los ciudadanos turolenses que le votaron, cabe pensar porque depositaron en él su confianza. Exactamente lo hicieron un 51,73% de los votos emitidos, una cifra de 39.791 turolenses.

Lanzuela en su despedida, dijo que "después de unos cuantos años era el momento de salir, tenía una oportunidad y creí que debía aceptar" y que supone para él “un momento agridulce;  aseguró que la provincia "está mejor ahora que hace 30 años" y se mostró "optimista" sobre su futuro a pesar de que todavía está sufriendo los efectos de la crisis económica. No sé cuál será el futuro de la provincia a la que manifiesta que tanto ama, mas lo que sí sé que el suyo se vislumbra muy positivo. Veámoslo. En La Red Eléctrica Española presidida por José Folgado, ex secretario de Estado con José María Áznar, los 11 consejeros, entre los que estará el Sr. Lanzuela, cobran cada uno entre 130.000 y 180.000 euros brutos al año por asistir a las 12 reuniones del Consejo de Administración.

Los que más cobran son los que asisten también a las reuniones de la Comisión de Retribuciones y Comisión del Buen Gobierno. Uno de los consejeros es la socialista, María de los Ángeles Amador, que  fue ministra de Sanidad y Consumo. Mas lo de Red Eléctrica Española no es una novedad. Los políticos fichados como consejeros o asesores externos de compañías energéticas dentro y fuera de España, es lo que en la jerga económica anglosajona se llama "captura del regulador". Según la interpretación de los expertos, las empresas que están muy directamente sometidas a la acción de un gobierno, como las eléctricas, buscan captar la voluntad de quien les tiene que dirigir de muchas maneras entre en ellas, haciendo que los políticos acaben trabajando en el sector. Santiago Lanzuela, que acaba de cumplir 66 años, una edad ya adecuada para jubilarse, y que, en un ejercicio de patriotismo, del que tanto alardea su partido al que pertenece desde hace tiempo, podría renunciar a este cargo, y dejarlo a alguno de los muchos jóvenes que están en el desempleo y con una extraordinaria preparación.

Con ese sueldo se podrían crear bastantes puestos de trabajo. Un auténtico patriota es aquel que quiere lo mejor para sus ciudadanos: los mejores colegios, los mejores hospitales, las mejores autopistas, y suficientes y dignos puestos de trabajo. El patriotismo de algunos, circunscrito a envolverse en la bandera y besarla con pasión, a vitorear a la Legión en los desfiles militares, descorchar botellas de cava cuando gana la Roja y a la vez tener dinero en paraísos fiscales, es de cartón piedra. El verdadero patriotismo, es el que quiere lo mejor para sus ciudadanos, cosa que no dudo que usted D. Santiago desea encarecidamente.

Si ya los turolenses nos sentíamos profundamente apesadumbrados  porque nos dejaba abandonados D. Santiago, este sentimiento se incrementa al renunciar D. Carlos Muñoz,  otro político de postín, tras conocerse que estuvo tres años viajando de forma recurrente a Tenerife con cargo al Congreso de los Diputados, al acta de diputado provincial  y también a su cargo como secretario general del PP provincial, del que se ha dado de baja, parece que por presiones de la presidenta de la Comunidad Autónoma de Aragón y del PP en Aragón, Luisa Fernanda Rudi. No creo merezca la pena dedicar más líneas a explicar los motivos de su renuncia, al ser conocidos por todos.

Muñoz ha enviado un mensaje de WhatsApp a sus compañeros de partido en el que comunica que se va con la conciencia muy tranquila porque no ha hecho nada ilegal y no ha robado a nadie y, por tanto, pone fin a su etapa política "con la cabeza bien alta". No se corta en absoluto.  De verdad, tales declaraciones son todo un ejemplo de la falta de ética y de autismo en relación al sentir ciudadano, que invade a una parte importante de nuestra clase política. Usar dinero público, que pagamos con nuestros impuestos, para fines particulares, es extraordinariamente grave y todavía más en los momentos actuales. Viven en otro mundo.

Tales manifestaciones solo pueden explicarse, no justificarse, por un estado de desvarío momentáneo,  estado que tal como se ha mostrado ante los medios de comunicación no parece que se haya producido. Por lo que me inclino a pensar   que pueden deberse a dos razones diferentes, lo que no significa el que sea excluyentes. Una primera, producto de la desvergüenza; y una segunda, de no saber valorar lo que significa lo público, algo que sería exigible sobre todo en alguien con una  tan larga trayectoria política en el ámbito municipal, autonómico y nacional.
Termino con una reflexión a los turolenses. Supongo que tomarán buena nota en las elecciones venideras.

LAS PRÁCTICAS POLÍTICAS DEL PP SON UNA AUTÉNTICA MOJIGANGA

Cándido Marquesán

El título elegido en este artículo para describir las prácticas políticas del Gobierno de Rajoy podrá parecer un tanto rebuscado, pero me parece muy apropiado. Mojiganga según el Diccionario de la lengua española (DRAE) de las tres acepciones me fijaré solo en 2: 1. f. Obrilla dramática muy breve, para hacer reír, en que se introducen figuras ridículas y extravagantes. 2. f. Cosa ridícula con que parece que alguien se burla de otra persona. Cualquiera de las dos es aplicable a las políticas del Gobierno del PP. Son un puro teatro, en la que aparecen figuras extravagantes y ridículas, como  Cospedal, Floriano, Esteban González Pons, la lideresa,  y que salen al proscenio para hacer reír, y que además persiguen burlarse de los españoles.

 

¿No producen risa además de burlarse de todos nosotros las palabras gloriosas y sublimes de la incorruptible Dolores de Cospedal:  “La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido en forma simulación de lo que hubiera sido en diferido en partes de lo que antes era una retribución” ‘? El grado de desfachatez para emitir semejantes palabras es tan grande, que resulta difícil encontrar a alguien que pueda superarlo. Pues podemos encontrarlo en su propio partido. Abróchense los cinturones que vamos a despegar. Por favor, estén bien sentados.

Hecha está la advertencia.  Para  fijar la posición por el PP sobre la Ley de Transparencia en el Congreso de los Diputados (Sancta Sanctórum de la democracia), tan santo que tiene que estar protegido con empalizadas del pueblo soberano, el gran orador que eclipsa a los Castelar y Azaña, Esteban González Pons dijo: “Señorías, el valor de la transparencia como requisito de la democracia no es nada nuevo. Sin transparencia es imposible que haya democracia, como sin luz es imposible que se pueda ver.. En la democracia el ojo tiene que ser siempre más rápido que la mano. ¡Que se lo pregunten a Bárcenas! Pero sigamos con otras perlas preciosas: no hay mejor remedio contra la corrupción que anticiparse a ella, que evitarla. Solo se corrompe el agua estancada. Allá donde habitan la sombra, el secreto o el exceso de confianza es sencillo que se produzcan favores, arbitrariedades y desfalcos.  “Manda huevos”. Podríamos seguir con más ejemplos. Ustedes mismos juzgarán si el título es apropiado o no.

De verdad, cada vez estoy más convencido que las prácticas políticas del Gobierno de Rajoy son también lo más parecido a una tragicomedia, al ser una mezcla de comedia (hacen reír), aunque también de tragedia, por el sufrimiento que producen en una gran mayoría de la población española. Hace ya tiempo que han perdido el respeto al pueblo español, a sí mismos hace ya mucho que se lo han perdido. Porque vamos a ver cómo se pueden presentar ante la ciudadanía jactándose con las palabras de transparencia y regeneración democrática, mientras sus actuaciones van en la dirección contraria.

Trataré de demostrar mis afirmaciones. En el programa electoral del PP para las elecciones generales de 1996 dentro  del apartado Opinión Pública y democracia, La reordenación del Ente Público RTVE. Un modelo viable, aparece lo siguiente: En el contexto del creciente pluralismo audiovisual, el PP sigue atribuyendo a la Radiotelevisión de titularidad pública de cobertura estatal un relevante papel. El Ente Público RTVE y sus sociedades han de desempeñar, leal y eficazmente, unas determinadas funciones: que ofrezca información veraz e imparcial …Servir de vehículo de información y formación de la opinión pública y auxiliar la participación política, en el marco plural de una democracia libre, para lo que deberá rectificar su actividad, sujetándola a los principios de objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones, respeto al pluralismo político, religioso, social y cultural. Eso es lo que dice exactamente. Vamos a ver su grado de cumplimiento en esta legislatura.

En julio de 2014 el Consejo de Informativos (CdI) de TVE- órgano interno de participación de los profesionales de la información de la Corporación RTVE para velar por su independencia y veracidad de los contenidos informativos-  mostró su preocupación por la situación de los Servicios Informativos de la TVE, porque sus telediarios ya no eran un referente de la información televisiva, con una caída permanente de audiencia debido a las malas prácticas profesionales y con los errores en la valoración de las noticias. A pesar de haberlo advertido, nada se ha corregido y el resultado: pérdida irreversible del prestigio y credibilidad de los Informativos de TVE, que la actual dirección heredó en máximos históricos

Denunció la intromisión del Director de Contenidos en una noticia sobre el caso Gürtel, que motivó la retirada de la firma de esa noticia y de todo el Telediario. Desplazar la información electoral, optando por un acontecimiento "deportivo-festivo", la noche del 25-M; Valorar mal, por razones ideológicas, el interés informativo de las noticias de la noche electoral; No contar con el líder de la opción política que fue la gran sorpresa (la BBC entrevistó en seguida a Pablo Iglesias) -hoy sigue vetado-; Camuflar las siglas del PP y el concepto de "financiación irregular" en las informaciones del Caso Bárcenas. El reportaje Acoso a políticos, del Informe Semanal del 27 de abril de 2013, condena totalmente el “escrache”, ya que de 17 testimonios, 14 están en contra, y la mitad de los que lo critican son miembros del gobierno o del PP y dos entrevistados discrepan del resto. El reportaje prácticamente no da voz a la PAH.  La portavoz de la PAH Ada Colau fue convocada para participar el día 25 de abril  de 2013 en el programa "Para todos la 2" de TVE2 para hablar de su libro "Sí se puede", y El Comité de Dirección de TVE comunicó a la Dirección de La 2 que se suspendía la entrevista.

Todo lo expuesto es comprensible si tenemos en cuenta que Julio Somoano, el hasta hace poco director de los Servicios Informativos, en 2005 presentó una tesis doctoral, de 40 folios, Estrategia de comunicación para el triunfo del Partido Popular en las próximas elecciones generales. Por cierto le ha suplido José Antonio Álvarez Gundín, Jefe de Opinión del diario La Razón. José Antonio Sánchez, de cuya trayectoria profesional no quiero hablar. llegó a presidente de la corporación el pasado 23 de octubre. Es para ponerse a temblar en cuanto a la parcialidad de TVE. Mas son comprensibles tales nombramientos cara a los próximos procesos electorales. En razón a lo expuesto  es comprensible que unos 1.500 trabajadores de TVE e iRTVE han firmado un manifiesto de 26 de setiembre.

Ante una situación límite, en el que hacen un llamamiento en defensa de una televisión plural e independiente. Para cumplir con su deber de servicio público, exigen poder trabajar "con total libertad e independencia", de acuerdo con los códigos deontológicos de la profesión.

Ahora quiero fijarme en el tema de la corrupción de cruel actualidad y que afecta de pleno al PP. En el programa del PP para las elecciones generales del 20-N de 2011, en el apartado Regeneración política e institucional  entre los objetivos para conseguirla señala “La lucha contra la corrupción es uno de los objetivos principales del Partido Popular, ya que el funcionamiento del sistema democrático no debe quedar nunca en entredicho por actitudes permisivas, indolentes o exculpatorias ante la gravedad de determinados comportamientos”.  De verdad, son ciertas estas palabras, aunque tuve que restregarme los ojos varias veces hasta convencerme.

Con lo que está lloviendo en este tema dentro del PP, creo que es innecesario cualquier comentario. Esta  gran preocupación plasmada exclusivamente en los programas no es nueva. Ya aparece taxativamente en el de las elecciones generales de 1996, que no me resisto a reflejar. Ahí va.  En el apartado de Fortalecer el Estado de Derecho y las Instituciones Democráticas se especifica La corrupción es el peor de los males que puede sufrir una democracia. Si en España se ha producido es porque los socialistas han suprimido los instrumentos de control y los mecanismos de vigilancia que preservan a las sociedades democráticas del abuso de poder. El gobierno socialista y su mayoría parlamentaria han interpretado el control del gasto público como un estorbo que había que suprimir. Su actitud ha sido reaccionaria, porque si hay algo que caracteriza a una democracia avanzada es, justamente, el riguroso control del gasto público para poder rendir cuentas exactas al contribuyente.

Consecuencia de ello ha sido el debilitamiento del principio de legalidad, el crecimiento de las irregularidades y los graves casos de corrupción que están en la mente de todos. El problema de la corrupción tiene soluciones: el mal no está en los españoles sino en la forma en que se ha gobernado España. Esto es lo que hay que cambiar, erradicar, mediante las reformas legales pertinentes, todas las prácticas de financiación irregular de los partidos políticos. En una sociedad democrática no debe haber ninguna zona exenta de responsabilidad y este principio debe aplicarse con rigor. Es necesario, por tanto, empezar por exigir transparencia sobre las fuentes de ingreso y los gastos de los partidos, al tiempo que se favorezcan las aportaciones privadas, con un límite, como forma de participación política. El papel todo lo aguanta.

Termino recurriendo a dos grandes pensadores. Ortega y Gasset calificó la  I Restauración borbónica: "La España oficial consiste  en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación». Según Salvador de Madariaga: "Al pintarla como de alucinación, Ortega la ennoblecía. Fue una era teatral; una época que pretendía ser lo que no era y simulaba creer lo que decía, a sabiendas de que no era lo que aparentaba ser ni creía en lo que decía". ¿Es muy distinta la actual de los populares? Ustedes mismos.

Sin confianza es una utopía construir un proyecto colectivo ilusionante

Cándido Marquesán

El panorama político actual en esta España nuestra me genera sentimientos diversos, ninguno de ellos positivo. Por encima de todos, el de hartazgo. Ya vale, ya está bien, de tanta corrupción.  Esto se asemeja cada vez más a un albañal.  Es tanta la mugre que dan ganas de exiliarte de este país para escapar de este hedor insoportable. Como también siento muchas veces:  que esta España nuestra que se la queden toda, que se la repartan y que se la coman esta cuadrilla de sinvergüenzas.

Al final va tener razón el poeta que escribió con profundo dolor esta durísima poesía “De todas las historias de la Historia/ sin duda la más triste es la de España/ porque termina mal/ Como si el hombre/ harto ya de luchar con sus demonios/ decidiese encargarles el gobierno y la administración de su pobreza.

Mas los españoles que nos sintamos patriotas de verdad, no podemos cruzarnos de brazo, pero patriotas de acuerdo con la definición de “patriotismo” hecha por Mauricio Virolli,  entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. Para el politólogo  italiano, el autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria y sus lacras ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura.  Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo.

Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales.  Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles, que para neutrales ya están (o deben estar) los jueces. Este es el verdadero patriotismo. E  insisto aquellos que estemos impregnados de este patriotismo, no podemos abandonar esta España en manos de una cuadrilla de facinerosos, que en definitiva es lo que quieren. La tarea es ardua y difícil. Lo primero e imprescindible es  recuperar la confianza en esta sociedad, que se ha perdido. Explicaré las razones de esta pérdida.

Como señala Tony Judt en Algo va mal,  una sociedad para que funcione adecuadamente necesita un sentimiento generalizado de confianza entre sus miembros, y especialmente hacia sus dirigentes. Podemos constatarlo en el pago de los impuestos. Un ciudadano los paga porque confía que su vecino hará lo mismo. Siento una envidia sana al recordar que un amigo danés me comentó que él pagaba impuestos con una sonrisa en la boca. Como español tales palabras me impresionaron. Y todos confiamos también que serán administrados responsablemente por nuestros dirigentes con criterios de justicia y solidaridad para sufragar los diferentes capítulos del gasto público. Por ejemplo, gracias a esta confianza recíproca los trabajadores de hoy contribuyen al sostenimiento de las pensiones actuales, como unos lo hicieron antes y otros lo harán en el futuro.  Ello presupone una confianza y solidaridad intergeneracional. Sin confianza recíproca entre los ciudadanos y sus dirigentes es una utopía el construir un proyecto colectivo de futuro.

La confianza se da en mayor grado en aquellas sociedades con menos desigualdades, y que precisamente por ello  suelen ser más cohesionadas. Y por supuesto, esa confianza la tienen que irradiarla sus dirigentes políticos en sus comportamientos. En su libro Ejemplaridad pública, el filósofo Javier Gomá expresa una serie de reflexiones muy interesantes al respecto. Toda vida humana es un ejemplo: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla.

El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho-a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos. Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada.

Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ello, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad. A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir.

No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira.

Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum (esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos. Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen otros, en estos momentos que producen el sentimiento contrario. Yo ya no sé cuántos políticos están inmersos en caso de corrupción con la correspondiente pérdida de confianza en ellos.

Lo que sí tengo claro es que la clase política gobernante, no sólo ha tolerado sino que también se ha beneficiado de ella; y, por ello, no la han perseguido ni la han erradicado, y tienen todos los medios en sus manos para hacerlo. Mientras estoy escribiendo estas líneas, una señora sale apesadumbrada ante los medios de comunicación para decirnos que su partido está "trabajando sin descanso" para que las "malas prácticas", en alusión a los casos de corrupción política, "no se vuelvan a producir nunca más" y que su partido está  "tan escandalizado como los ciudadanos" con algunos de estos casos” y que "respeta lo que dicen los tribunales", y ha pedido "sentido de la responsabilidad" y el respeto a la "presunción de inocencia", y ha señalado que "hay que diferenciar lo bueno de lo malo" y "no se puede tratar a todo el mundo por igual". Y el presidente de Gobierno, el del plasma, ha admitido que han sucedido "algunas cosas" que no le hubiera gustado que se hubieran producido”. ¡Vaya cinismo! ¡Vaya desvergüenza! Y luego se jactan con las palabras de transparencia y regeneración democrática. ¡Vaya tropa! En ella también incluyo al resto de las fuerzas políticas sistémicas, ya que siempre habrá algún despistado.

Finalizo, la confianza hacia nuestros políticos ha desaparecido totalmente, lo grave es que la han extendido al resto de la sociedad, en la que ya nadie confía en nadie, ya que los políticos, como he comentado anteriormente, dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Y sin confianza es una utopía construir un proyecto colectivo ilusionante.  Por ello, hace falta una regeneración ética en toda línea.

Como de la clase política actual no cabe esperar nada está dirección, yo de ella no espero nada, la única reacción tiene que venir de la sociedad. En nuestras manos está el ser intransigentes. Para eso tenemos el voto, pero si luego vamos a votar a algunos tapándonos la nariz, como hasta ahora lo hemos hecho, luego no nos quejemos. No viene mal recordar que en la época de bonanza teníamos una conciencia muy laxa sobre esta lacra social, que algunos expertos la relacionan  con nuestra tradición católica en contraposición a la inflexibilidad protestante.

Para la catedrática de Filosofía Moral Victoria Camps “Cuando hay corrupción existe la complicidad del grupo político y también la de toda la sociedad”. Y es así porque carecemos de unos valores éticos claros, en torno a los cuales organizar nuestra convivencia. Todavía muchos compatriotas movidos por prejuicios políticos, son condescendientes con los casos de corrupción de su propio partido, e intransigentes con el contrario. Juicio extrapolable a los medios de comunicación. Así no vamos a ninguna parte. En un reciente artículo  Azúa decía “Durante los periodos de corrupción general, como en nuestros últimos quince años gracias a la inflación del ladrillo, toda ella contaminada de hez mafiosa y protegida por los intocables locales, no hay izquierdas ni derechas, sólo prostituidos y macarras”. Termino con la pregunta emitida por Iñaki Gabilondo en un reciente debate sobre este tema: “¿Ha cambiado realmente la sociedad o pagaríamos de nuevo corrupción a cambio de prosperidad?”  Cada cual que responda a la pregunta.

Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia

Cándido Marquesán

No creo sea necesario perder el tiempo en reflejar la situación gravísima a nivel social, político, económico, cultural, y también en el ámbito de la ética, o mejor carencia de esta última, en la que estamos sumidos como consecuencia del apabullante triunfo del neoliberalismo. Cualquiera puede constatarla y negarla solo puede hacerlo algún cenutrio, que todavía asume los mensajes de nuestros dirigentes del PP. Tampoco creo que sea necesario en perder el tiempo en quiénes son los responsables, auténticos canallas, que nos han llevado a este auténtico infierno. Son una élite empresarial, a la que se han vendido vilmente la clase política y la academia, cual auténticos mamporreros. Creo que debemos tener claro que mientras esas élites empresariales, al ser  tal su nivel de crueldad  y como no tienen miedo alguno a nadie, seguirán inyectando cada vez más dolor y sufrimiento a la gran mayoría, a no ser que se produzca una respuesta contundente de esta.

 

Sorprende la pusilanimidad de buena parte de la sociedad. A lo que debemos dedicar el tiempo es indagar en el cómo podemos salir de esta situación. Esta es la gran tarea. Para contribuir a ella me parece muy interesante un libro escrito hace casi 30 años,  en 1985, titulado Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, que no solo vieron lo que estaba ocurriendo en aquel entonces, sino que también elaboraron un discurso político para parar y vencer la vorágine neoliberal. A pesar del tiempo transcurrido una relectura de su pensamiento me parece muy oportuna y conveniente, ya que pienso que sigue siendo de plena actualidad.

La obra citada, de la que ya he hablado en algún artículo anterior en este mismo diario, pude conocerla a través del libro Pensar desde la Izquierda. Mapa del pensamiento crítico para un tiempo en crisis, que es una recopilación de artículos de o sobre pensadores de la izquierda como: Agamben, Ranciére, Badiou, Neyrat, Zizek, Negri, Hardt, Holloway, Mouffe… En este libro hay un capítulo titulado Antagonismo y hegemonía. La democracia radical contra el consenso neoliberal, que está estructurado en forma de encuesta en la que Chantal Mouffe responde a las preguntas  de Elke Wagner, de las que trataré de resumir y reflejar las ideas principales. Ideas que a mí personalmente me han servido para reflexionar en profundidad. Confío que sirvan para lo mismo a otros.

Laclau y Mouffe dieron lugar a la corriente filosófica del posmarxismo, que repiensa la herencia del marxismo, en base a los movimientos sociales surgidos en las décadas anteriores. Los objetivos del libro Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, son, uno, político;  el otro, teórico. En cuanto al primero: reformular el proyecto socialista para responder a la crisis del pensamiento de izquierda, en sus versiones comunista y socialdemócrata. Crisis causada por la irrupción de los movimientos sociales a los que ni el marxismo ni la socialdemocracia supieron darles respuesta. De ahí el segundo: un enfoque para entender los movimientos sociales que no tenían nada que ver con la lucha de clases, y, por ello, no podían comprenderse desde el esquema clásico de explotación económica. Para ello creyeron necesario crear una teoría de lo político, sirviéndose de dos enfoques teóricos distintos: la crítica del esencialismo que aparece en el pensamiento postestructuralista y algunos elementos del concepto de hegemonía de Gramcsi. Esta perspectiva nueva ha sido llamada posmarxista.

En el nuevo enfoque hay dos conceptos fundamentales: antagonismo y hegemonía. El  primero significa que en el ámbito político son inevitables los conflictos, para los que no hay una solución racional o definitiva. Esto nos lleva a una comprensión del pluralismo, que significa la imposibilidad de reconciliar todos los puntos de vista. El segundo, hegemonía. Ambos son indispensables para elaborar una teoría política: pensar la política-con la idea presente del antagonismo- exige renunciar a la posibilidad de encontrar un fundamento último y, por tanto, reconocer la dimensión irresoluble y contingente en todo sistema social. Hablar de hegemonía implica que cada orden social no es más que la articulación contingente de relaciones de poder particulares, y que no tiene cimientos racionales últimos.

La sociedad es producto de unas prácticas hegemónicas con el fin de instaurar un orden en un contexto contingente. Todo orden es político y no podrá existir ninguno sin las relaciones de poder que le dan forma. Estas consideraciones teóricas tienen unas implicaciones políticas cruciales. Hoy oímos y muchos asumen que la globalización neoliberal es una consecuencia inevitable del destino e incuestionable. Según Margaret Thatcher  “No hay alternativa”. Por desgracia, la gran mayoría de los socialdemócratas han aceptado esta idea, como un dogma, y piensan que lo único que puede hacerse es gestionar este orden globalizado, dándole rasgos más humanos. Muy al contrario, desde el punto de vista de Laclau y Mouffe, es claro que todo orden es primeramente un orden político, originado de una configuración hegemónica dada las relaciones de poder. La actual globalización, no es algo natural, es producto de la hegemonía neoliberal y se basa en unas determinadas relaciones de poder. De ahí que puede cuestionarse, ya que existen alternativas como las políticas de los 30 Años Gloriosos, ahora apartadas por el orden dominante, pero pueden actualizarse.

Todo orden hegemónico puede ser cuestionado por prácticas contrahegemónicas que intenten desarticularlo para establecer otra hegemonía. Esta tesis tiene una serie de consecuencias para plantear unas políticas emancipadoras. Si la lucha política es siempre la confrontación de diferentes proyectos hegemónicos, esto significa que nunca nadie podrá decir que la confrontación debe finalizar, porque ya se ha llegado a la democracia perfecta. Por ello el proyecto de la izquierda es la “democracia radical y plural”, una radicalización de las instituciones democráticas existentes para hacer efectivas la libertad y la igualdad. Su objetivo es integrar las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales. Ese es el reto para la izquierda: articular las nuevas reivindicaciones de los movimientos feministas, antirracistas, homosexuales, ecologistas… con las de clase. De ahí el concepto de “cadena de equivalencias”. Frente a la separación total entre movimientos defendida por algunos filósofos posmodernos, la izquierda debe establecer una cadena de equivalencias entre esas luchas diferentes para que, cuando los trabajadores definan sus reivindicaciones, no olviden las de los otros movimientos. Y a la inversa. La izquierda debería instaurar una voluntad colectiva de todas las fuerzas democráticas para radicalizar la democracia e instalar una nueva hegemonía.

En este proyecto de democracia radical, si queremos progresar hacia una sociedad más justa en las democracias occidentales, no hay que destruir el orden democrático liberal y partir de cero. No supone una ruptura radical- sino lo que Gramcsi llama una “guerra de posición” para conseguir una nueva hegemonía. En el marco de una democracia pluralista moderna, pueden llevarse avances democráticos profundos a partir de una crítica inmanente a las instituciones. El problema de las democracias modernas no radica en sus principios ético-políticos de libertad e igualdad, sino en que estos no se han llevado a la práctica. Así, la estrategia de la izquierda debería ser que se apliquen tales principios.

Mouffe en la entrevista actual añade detalles nuevos ante la situación actual. Radicalizar la democracia hoy es naturalmente mucho más complicado que hace 30 años. Una cadena de equivalencias es crucial para la izquierda, pero el neoliberalismo ha transformado profundamente el terreno de juego, con la práctica desaparición de las ideas socialdemócratas. Hoy, hay que defender las instituciones del Estado de bienestar-cuyas insuficiencias antes criticábamos; e incluso las libertades individuales políticas. En lugar de luchar por la radicalización de la democracia, nos vemos limitados a hacerlo contra el destrozo de las instituciones democráticas fundamentales. Hay que construir un frente común de las fuerzas progresistas y que los movimientos sociales, organizados en torno Attac o el Foro Social Mundial, trabajen con partidos progresistas y sindicatos. Le preocupa las reticencias de los movimientos sociales a unirse con partidos políticos según las ideas de Hardt y Negri, que en sus libros Imperio y Multitud, escriben que los movimientos surgidos de la sociedad civil deben evitar la colaboración con las instituciones políticas, al considerarlas como unas máquinas de captura. Desde esta perspectiva, las contradicciones internas del Imperio conducirán inexorablemente a su caída y a la victoria de la Multitud. Esto supone reproducir la creencia en el determinismo de tipo marxista. El capitalismo llevaba en sus propias entrañas su propia caída.

La perspectiva de Imperio es similar, aunque adaptada a la nueva situación: a partir de ahora el trabajo inmaterial ejerce el papel principal, ya no es el proletariado, sino la multitud, quien es el agente revolucionario. Puro determinismo. Por otro lado, esta es la razón por la que rechazan la idea de la necesidad de crear una unidad política entre los diversos movimientos. Mouffe se hace una pregunta política fundamental: ¿Cómo se convertirá la multitud en sujeto político? Aunque Hardt y Negri reconocen que los diferentes movimientos sociales tienen objetivos diferentes, esta circunstancia en lugar de ser un problema, es una ventaja, lo que les hace más radicales y, así, cada uno pueden dirigir sus golpes al centro virtual del Imperio

Una inmensa manada de vividores y de advenedizos manchados de cieno

Cándido Marquesán

La derecha española lleva ya tiempo vendiéndonos las excelencias de la política económica de Rodrigo Rato. Poco más o menos que Keynes a su lado era un aprendiz. Por activa y por pasiva nos han acribillado con los dardos de sus palabras: Rodrigo Rato el mejor ministro de Economía que hemos tenido en nuestra democracia. Otros van todavía mucho más lejos: el mejor de toda la Historia de España. Los Mendizábal, los Madoz, Fuentes Quintana, o Pedro Solbes, a su lado son auténticos pigmeos. ¡Y ay de aquel que tuviera la osadía de cuestionarlo! Sobre él iban a caer los ataques más furibundos de los políticos del PP y todos los medios de comunicación vinculados con la derecha española.

 

Merece la pena hacer algunas precisiones sobre la política económica de los gobiernos del PP, dirigida por Rodrigo Rato. Nos la presentan como si hubiera sido un milagro, una especie de multiplicación de los panes y los peces, de mucha mayor envergadura que el New Deal de los años 30 del siglo XX por  el presidente norteamericano Roosevelt.

Cuando los populares llegaron al poder en 1996 la recuperación estaba en marcha, coincidiendo con un excelente momento de la economía internacional. Las tasas de crecimiento económico español en el periodo 1996-2004 se explican por: tipos de interés reales negativos, precios bajos de la energía y materias primas, estímulo masivo de las operaciones especulativas, una burbuja inmobiliaria progresiva que los equipos económicos de Aznar se negaron a controlar, corrupción municipal y cientos de miles de empleos precarios.

Además de los 8.000 millones de euros de ayuda anuales provenientes de la Unión Europea, casi el 1% del PIB anual español, conseguidos por el pedigüeño Felipe González; y del producto de las privatizaciones, unos 40.000 millones de euros que le sirvieron a Aznar para poner al frente de las empresas a sus amigos: González en Argentaria, Villalonga en Telefónica, Alierta en Tabacalera, etc. Así es fácil, era mucho más fácil cumplir las condiciones del Tratado de Maastricht para entrar en la Unión Monetaria, con la inflación controlada, déficit presupuestario inferior al 3% y deuda por debajo del 60% del PIB. Por tanto de milagro, nada. La coyuntura económica iba de cara y lo que hizo el señor Rato no fue otra cosa que seguir la corriente. Por ende, esa idea de taumaturgo  de las finanzas habría que ponerla cuando menos en cuestión. Veámoslo.

Una buena ocasión para calibrar su talla de economista y de dirigente es su actuación al frente del Fondo Monetario Internacional de 2004 a 2007, período en el que se estuvo incubando la crisis económica más traumática de 100 años acá. Y por un informe de la Oficina de Evaluación del F.M.I, una especie de auditoría, su figura salió fuertemente cuestionada ya que durante su mandato se cometieron todo un conjunto de errores, a cual de ellos más grave: análisis deficientes, obstáculos dentro de la organización, problemas de gobernanza y, sobre todo, “limitaciones políticas”–, todos ellos impidieron ver la recesión que se avecinaba, y que de haberlo previsto  se podría  haber frenado o atenuado la crisis. Además se ocultaron las voces críticas contra la aparente bonanza económica y que fomentaron la lectura "complaciente" de lo que acabó en una burbuja financiera; se favorecieron las prácticas en "innovación financiera" que más tarde desataron el descalabro de las subprime (hipotecas basura).

Luego conocemos su intervención en la presidencia de Caja Madrid y posteriormente en Bankia. Sobran comentarios. Mas no me resisto a citar  la imagen del gran mago de las finanzas, pulcro y en plena forma con una corbata verde, no sé si la pagó con tarjeta, mostrando la salida en bolsa de las acciones de Bankia. Esa imagen es apoteósica. Es todo un símbolo de la crisis financiera, propiciada por la desvergüenza de todo un conjunto de ejecutivos, que nos ha costado tantos millones a los españoles.

Ahora alguno se sorprende, y se cae del guindo. Por ello, me parece muy oportuno recordar y contar con todo tipo de detalles el momento en que el diputado de la CUP (Candidatura de Unión Popular) David Fernández le enseñó una sandalia mientras interrogaba a  Rodrigo Rato, en su comparecencia ante la comisión de investigación del Parlamento catalán sobre las cajas en noviembre de 2013. Al acabar su intervención, Fernández, con una de sus sandalias en la mano, preguntó a Rato: "¿Sabe lo que hacen en Irak con esto, como símbolo de humillación y desprecio al poder del poder?", y le reprochó la implicación del Gobierno del PP "en la guerra de Irak" y su participación, "desde otras esferas", en la "guerra económica contra los pobres".

Después, Fernández le espetó: "¿Usted tiene miedo?", a lo que Rato replicó: "¿A quién, a usted?". Y de nuevo el diputado: "No, a perderlo todo, como a millones de familias (en España), y a que un día la gente se harte"."Nos vemos en el infierno. Su infierno es nuestra esperanza (...) Hasta pronto, gángster", terminó.

La mayoría de las fuerzas políticas criticaron duramente a Fernández. Solo algunos dirigentes de la izquierda lo exculparon, como Llamazares que señaló "en la situación actual que vive la gente molestarse por esta terminología es tener la piel muy fina". La mayoría de los medios de comunicación lo criminalizaron. El País le dedicó una editorial titulada matonismo. En Onda Cero, Carlos Herrera lo llamó "chulo playero" y fascista. En El Periódico de Cataluña dos articulistas dieron una visión muy diferente. Uno dijo "La sandalia no es una gamberrada sino la puerta por la que por un instante entraron en sede parlamentaria los millones de personas que han quedado arruinadas por este sistema despiadado". Y el otro, "Este diputado lejos de mi estética, pero con la sandalia ante Rato se acercó bastante a mis conceptos éticos".

En una entrevista en un medio de comunicación marginal, Diagonalperiódico.net de Barcelona, Fernández explicó las razones de su comportamiento. Todo el contenido de la entrevista, lo suscribo de principio a fin. Como también lo harán aquellas personas con sentido común. Al poder recriminar a uno de los máximos responsables de la situación dramática que sufre la gente sintió una profunda responsabilidad; y, sobre todo, un mínimo de decencia autoexigible por respeto a todas sus innumerables víctimas, ya que Rato dijo que habría 300 millones de beneficio en Bankia --y hubo un agujero de 3.000 y un brutal desfase patrimonial--, que sostuvo que el plan de rescate no subiría de 7.000 millones --y ya van 24.000-- o para recordar que exministros como Acebes cobraron 163.000 euros por cinco meses de auditoría. Nunca tan pocos robaron tanto a tantos en tan poco tiempo.

No le sorprendió a Fernández la reacción de la mayoría de los medios de comunicación, al haber convertido al verdugo en víctima, ya que cada medio sabrá qué favores debe a Rato. Matonismo es lo que han hecho y hacen los bancos y cajas cada día. En perspectiva, evidencia una nueva muestra profunda, del divorcio entre lo político-institucional y lo político-social: mientras las élites financieras, editorialistas del poder y líderes políticos rinden pleitesía, critican el gesto y se rasgan las vestiduras -- y no dicen ni mú del fraude masivo de Bankia-- las voces sociales dicen todo lo contrario. Indicó que insistirán en la raíz de la denuncia. Ahora bien, el riesgo de criminalización, simplificación, y caricaturización como cortina de humo para no atender lo crucial neurálgico --la crisis, la estafa y la impunidad de sus responsables-- ahí está. En todo caso, nos debemos al respeto a los nuestros. No a las élites.

Expresó que la CUP llegó al Parlamento para visualizar el agotamiento de un régimen, saturar a la derecha y estresar a la complicidad socialdemócrata, aunque su esperanza está en la calle, en los barrios, en el tejido social y en la activación popular. En la conciencia de que el problema radica no en lo que hagan o dejen de hacer ellos, sino en lo que seamos capaces de hacer nosotros. Indolencia o insistencia. Resignación o activación ante el capitalismo senil. Expresó que Rato se ha escabullido a muchas de sus preguntas, siendo un frontón de silencios, como los muros puros de la impunidad, no obstante su comportamiento como el de Narcís Serra es semejante. Todos dicen lo mismo: no sabía, yo no era, yo no estaba, lo desconocíamos, era el de arriba, era el del al lado, era el de abajo. Nadie es responsable de nada, aducen.

El haber enseñado la sandalia surgió como gesto simbólico de lo que significa el zapato en la cultura árabe: el desprecio profundo al poder del poder. Su pretensión era unir el paisaje devastado de la guerra ilegal contra el pueblo iraquí, con el paisaje devastado que nos deja la crisis. Además, en la economía de casino, Rato ha jugado todas las cartas. Como ministro de Economía liberalizó el suelo, atizó el fuego de la orgía especulativa y el tsunami inmobiliario; como dirigente del FMI, azuzó la financiarización de la crisis; como banquero, hundió Bankia llevándose cinco millones en 29 meses; y hoy cobra por los servicios prestados del Santander y de Telefónica. Es un icono del poder de las élites que nos roban. En ese contexto la sandalia es denuncia y hartazgo.

Como vemos las palabras de David Fernández de noviembre de 2013 cobran hoy plena actualidad. Que el gran Rodrigo Rato, mientras una entidad financiera por él presidida expoliaba los ahorros de jubilados acumulados a lo largo de toda una vida, se gastaba miles de euros de las misma en salas de fiestas y puticlubs de elite con una tarjeta opaca, es todo un ejemplo del nivel de degradación al que nos han conducido estas elites políticas y económicas. Lo que me sorprende es que esta sociedad española no reaccione ante semejantes tropelías.

Si no lo hace es porque quizá el artículo de Francisco Silvela del 16 de agosto de 1898, publicado en el periódico El Tiempo de Madrid, titulado Sin pulso, poco después del desastre colonial, que causó una gran conmoción en la opinión española sigue vigente todavía. Decía así: Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada: no se percibe agitación en los espíritus, ni movimiento en las gentes. Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal: discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España: dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Igualmente  tengo la impresión de que las palabras pronunciadas por Azaña en septiembre de 1911 en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares pertenecientes al discurso “El problema español” siguen igualmente vigentes: ¿Vamos a consentir siempre que la púrpura cuelgue de hombros infames? ¿Vamos a consentir que la inmensa manada de los vividores, de los advenedizos manchados de cieno usurpe la representación de un pueblo y lo destroce para saciar su codicia?

La estrategia del malestar

La estrategia del malestar

Cándido Marquesán

Todos los días son propicios para practicar la lectura. Quien tiene esta costumbre arraigada está libre del aburrimiento. Unos prefieren las novelas para evadirse. Otros, entre los que me encuentro, se inclinan por los ensayos de carácter político  con el objetivo de buscar algún atisbo de luz en este interminable túnel. La elección de un libro no es tarea fácil. Lo hacemos por recomendación de un amigo, por la crítica de un periódico, o por el atractivo  del título,  como me ha ocurrido con el que acabo de leer La estrategia del malestar de José María Ridao. La idea fundamental radica es que tras  la caída del Muro de Berlín, nos vendieron la entrada en un camino irreversible hacia el progreso, merced al triunfo de la democracia liberal y el capitalismo neoliberal.

 

Con la crisis del 2007 pretenden convencernos con auténticos dogmas para salir de ella: la austeridad a rajatabla, la consolidación fiscal y los mercados desregulados. Preconiza el autor la necesidad imperiosa de recuperar nuestra capacidad crítica para cuestionar esas presuntas verdades incuestionables, que no son más que un proyecto político al servicio de unas élites y que está produciendo tanto sufrimiento en la mayoría de la sociedad.

La lectura de un libro es una caja de sorpresas. En un capítulo Ridao recurre a uno de los libros más influyentes del siglo XX: Camino de Servidumbre de Hayek. Y lo hace porque le resulta sorprendente e ilustrativo comparar los argumentos usados para justificar la planificación económica en los años 20 y 30 del siglo XX, y los que a partir de los 80 se emplearon para exigir la retirada del Estado de la gestión económica. En ambos casos se omitía que tanto la planificación como la desregulación de los mercados eran simples programas políticos, presentándolos como algo inevitable de la tecnología más avanzada.

Resulta muy interesante que los mismos argumentos usados por Hayek para deslegitimar la planificación ya que producirían la destrucción de la democracia, pueden usarse en relación a la desregulación. Podemos observarlo sustituyendo en la argumentación de Hayek la palabra planificación por desregulación. “Se cultiva deliberadamente el mito”, escribió Hayek, “de que nos vemos inmersos en la nueva dirección-la planificación económica en su argumentación, la desregulación en la versión actual-, no por nuestra propia voluntad, sino por los cambios tecnológicos.”

Por ende, añade, “los parlamentos comienzan a ser mirados como ineficaces tertulias, incapaces de realizar las tareas para las que fueron convocados”. Y todavía matiza más: “Crece el convencimiento de que la dirección -de la planificación en su argumentación, de la desregulación en la versión actual- tiene que quedar fuera de la política y colocarse en manos de expertos”. En consonancia con tales afirmaciones de Hayek referidas a la planificación, pero que pueden aplicarse a la desregulación, Hayek concluiría que se iba hacia un proceso irreversible de destrucción de la democracia”.

En otro capítulo Ridao cita el libro Los Perros guardianes del filósofo francés Paúl Nizan publicado en 1932. Gracias a Internet he podido acceder a él. Nizan reprochó a los filósofos de su tiempo, por lo que había que colocarlos contra la pared, el que de tanto preocuparse por elucubraciones estrictamente filosóficas, se olvidaron de los problemas auténticos de los hombres: la guerra, el paro, la política, la explotación obrera, el colonialismo…

Y esa despreocupación estaba propiciando el que millones de jóvenes europeos gracias a la propaganda eran arrojados a las garras de políticos iluminados, tal como describió el periodista español Manuel Chaves Nogales en la situación de Alemania, en las mismas fechas que Nizan escribió su libro. Otra sorpresa más, me sentí obligado a conocer a Chaves, del que estoy leyendo un libro impresionante A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, publicado ya en Chile en 1937 y en España en el año 2001.

Es un autor incómodo, ya que representa la Tercera España, por lo que  se exilió muy pronto nada más iniciada la Guerra Civil, al no poder soportar la brutal carnicería emprendida entre españoles. Como el dijo “la verdad es esta: los heroicos y gloriosos ejércitos que luchaban en  la Ciudad Universitaria estaban formados con la escoria del mundo. Basta fijar los ojos en la lista de las fuerzas que los componían. Frente a la Brigada Internacional de los rojos, la Novena Bandera del Tercio Extranjero de los blancos, una y otra, receptáculo de todos los criminales aventureros y desesperados de Europa”. El día que escribió esto firmó su sentencia de muerte literaria y civil.

La cita al libro de Nizan está motivada porque la acusación hecha por este a los filósofos en los años 30, Ridao la extrapola a muchos economistas actuales, por lo que también habría que ponerlos contra la pared, al haber traicionado la ciencia, en la que se autoproclaman ser expertos. Ridao termina el libro con estas contundentes palabras  “Son clérigos que celosos de los juicios de análisis destilados de su ciencia, se desentendieron de los crueles efectos de aplicarlos sobre los europeos, a quienes arrojaron sin que les temblase el pulso, soberbios en el baluarte inexpugnable de especulaciones teóricas y de estrategias para las que el sufrimiento humano había dejado de contar, al paro, la miseria, el miedo y la desesperanza”.

DEMOCRACIA DE CONSENSO EN NUESTRA CULTURA DE LA TRANSICIÓN

Cándido Marquesán

No contemplo hoy nada, en todo caso es muy reducido, en los programas de los partidos políticos vinculado con una defensa de la democracia, cuando es una necesidad imperiosa para salir de este auténtico infierno. Muchos filósofos, politólogos, sociólogos e historiadores corroboran esta opinión. Quienes rondamos los sesenta y vivimos la dictadura franquista así como todo el proceso de la Transición tenemos que sufrir inevitablemente hoy un profundo desencanto. De verdad, todo aquello que luchamos y arriesgamos por la llegada de la democracia, al final del camino para qué sirvió. ¡Vaya engañifa!

 

Creíamos  que nuestra Carta Magna sería producto del libre ejercicio político de las principales fuerzas políticas,  y que luego sería respetada y aplicada tanto en su parte orgánica, como en la de los derechos humanos. Ambas incumplidas. Por ello, la fiesta que con gran pompa y boato se celebra anualmente para conmemorarla, es una burla a toda la ciudadanía.

Quien, nos dijeron, fue el gran adalid de nuestra transición, ha quedado desnudo  con sus vergüenzas al aíre. Ni condenó al cruel dictador a quien debía su poder; ni su trayectoria ha sido tan ejemplar, como nos hicieron creer. Desaparecido el blindaje mediático, hemos constatado que su conducta es idéntica a la de sus ancestros familiares: libertinaje,  insensibilidad hacia los débiles, falta de transparencia. Ahora pretenden regenerarla con la transmisión hereditaria. ¡A buenas horas! 

Todos creíamos que, por fin, seríamos dueños de nuestro destino, y que podríamos expresar nuestras aspiraciones, sirviéndonos del voto, al que estábamos poco acostumbrados. Que nuestros representantes electos las tendrían en cuenta en su práctica política. Mas, nuestros deseos defraudados. Un presidente de gobierno, que convierte la mentira en virtud y costumbre, que tras las elecciones olvida sus promesas a los ciudadanos, más pendiente de  instituciones que nadie ha elegido; que cobarde sus acciones políticas las explica en un plasma, que permite una corrupción pestilente en su partido y que hunde en la miseria a la gran mayoría, está totalmente desacreditado y deslegitimado. Si fuera una democracia de verdad, no una pantomima, habría tenido que dimitir por dignidad y por respeto a sí mismo, y al resto de los españoles.

Creíamos también que en la Carrera de San Jerónimo estaría el Sancta Sanctórum de la democracia, la sede de la soberanía popular. Así lo explicaba convencido a mis alumnos. Pero, estamos observando que ese lugar, tiene que estar protegido con empalizadas y policías de los ciudadanos, a quienes debería representar y defender. ¡Vaya sarcasmo!

Que la justicia emanaría del pueblo y se administraría por jueces independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley, y ante la que todos los españoles seríamos iguales, se convirtió en creencia generalizada.  Mas, era una ilusión. Nos sorprende, aunque aquí ya nadie se sorprende de nada, que un juez con una trayectoria impecable y ejemplar de lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción y la dictadura fascista es expulsado de la carrera judicial, merced a la denuncia de la extrema derecha, envidias corporativas y presiones políticas; y  que para la justicia los criterios más importantes siguen siendo el poder, el dinero o la sangre azul.

Que los partidos políticos expresarían  el pluralismo político, serían  el instrumento fundamental para la participación política y que su estructura interna y funcionamiento serían democráticos. Otra decepción, ya que se parecen a una casa cerrada habitada por unos extraterrestres, en la que se respira un aire contaminado

Que la élite empresarial sería la vanguardia de nuestro desarrollo económico. Otra falacia, ya que  impulsada solo por los intereses económicos y desconocedores de cualquier principio ético, no le importa que a sus compatriotas se les esté arrebatando a dentelladas el Estado de bienestar, mientras esconde sus pingües beneficios en paraísos fiscales. Que los sindicatos serían el baluarte de los trabajadores, mas cierto sindicalismo ha pervertido esa misión tan loable.

Lamentablemente, al final del camino la verdad desagradable asoma. Si esto es democracia que venga Dios y lo vea.

Para  los que consideren que mis juicios son sesgados y parciales, y que no reflejan la realidad de nuestra democracia, me remito a un libro impresionante de título sugerente La nación singular. Fantasías de la normalidad democrática española (1996-2011 de la profesora Luisa Elena Delgado, venezolana, nieta de exiliados e hija de inmigrantes, y profesora titular de Literatura Española de la Universidad de Illinois en los Estados Unidos. Tengo la impresión de que para conocer nuestros avatares políticos son más adecuadas las investigaciones de científicos sociales foráneos que las de los propios españoles, al estar los primeros más libres de prejuicios que los segundos, lo que les permite presentar una visión más equilibrada e imparcial. Un ejemplo sirve para reafirme en este juicio. La visión historiográfica sobre la cuestión catalana es totalmente dispar en función del lugar en que haya sido construida, lo que no deja de ser lamentable, además de cuestionar gravemente el carácter científico de esta disciplina.

En el libro mencionado de Luisa Elena Delgado, se indica con buen  criterio que desde la caída de la URSS, la actividad política de las democracias occidentales está marcada por la concepción del “estado de consenso”. En este marco, todo litigio se entiende como problemático, ya que atenta contra la normalidad de una comunidad definida por su cohesión y cuyos componentes se presumen bien integrados, y representados en el todo. Esto va en contra de lo que la política representa de verdad: el momento en que los excluidos del orden político, la parte sin parte del sistema, renuncian a su lugar preestablecido en el statu quo y demandan ser escuchados, reorganizando la topografía social. Como los nacionalismos periféricos.

En el caso español, la “democracia de consenso” se ajusta al ideal político democrático consolidado y petrificado con la inmaculada, intocable y mitificada Transición, que propugnaba sobre todo, una equivalencia entre normalidad democrática y la unidad y estabilidad del país.

Que esos fueran los objetivos del gobierno en 1978 es comprensible por las circunstancias históricas del momento, mas que la política del consenso haya permanecido inalterable hasta hoy, y que además sea la única forma legítima de actuación democrática tiene sus múltiples implicaciones, muchas de ellas no positivas para el buen funcionamiento de un auténtico sistema democrático, las cuales han servido para que Guillem Martínez haya acuñado el término de Cultura de la Transición (CT) para calificar el paradigma dominante en la España democrática, caracterizado por su verticalismo, la desproblematización de la realidad y la permanente obsesión por la cohesión y la estabilidad.

Luisa Elena Delgado nos remite a un artículo espléndido de Amador Fernández-Savater titulado La cultura de la Transición y el nuevo sentido común, que analiza el funcionamiento de esta CT, “entendida como ámbito de lo decible, visible y pensable. La CT es una fábrica de la percepción donde trabajan a diario periodistas, políticos, historiadores, artistas, creadores, intelectuales, expertos, etc. Lo que allí se produce desde hace más de tres décadas son distintas variantes de lo mismo: el relato que hace del consenso en torno a una idea de la democracia (“representativa, liberal, moderada y laica”) el único antídoto posible contra el veneno de la polarización ideológica y social que devastó España durante el siglo XX. Ese consenso funda un “espacio de convivencia y libertad” que se presenta a sí mismo como algo frágil y constantemente amenazado por la posibilidad de  la ruptura de España.

La CT  es  la siguiente alternativa: “normalización democrática” o “dialéctica de los puños y las pistolas”. O yo o el caos. La CT define el marco de lo posible y a la vez distribuye las posiciones. Prescribe lo que es y no es tema de discusión pública: el régimen del 78 queda así “consagrado” y fuera del alcance del común de los mortales. Fija qué puede decirse de aquello de lo que sí puede hablarse (sobre todo cuestiones identitarias y valores).

Existen dos opciones básicas: progresista y reaccionaria, ilustrada y conservadora, izquierda y derecha. La alternativa PP/PSOE (y su correlato o complemento mediático: El Mundo/El País, Cope/Ser) materializa ese reparto de lugares. La CT no es una de las opciones, sino el mismo tablero de ajedrez: el marco regulador del conflicto. Por último, dispone también quién puede hablar, cómo y desde dónde.

La CT manifiesta una profunda desconfianza en la gente, que se plasma bien como desprecio, bien como miedo, bien como paternalismo. La voluntad de la gente -demasiado ignorante, incapaz, y  visceral- debe ser depurada, reemplazada, sustituida: representada por los que saben (políticos o expertos).

Los lugares privilegiados de palabra serán siempre por tanto las instancias de representación (partidos, sindicatos, medios de comunicación, academia). En definitiva, la CT es un espacio de convivencia sin pueblo.

Una arquitectura política sin gente. En su orden de clasificaciones, la calle queda marcada como el lugar de la anti-política. Quizá un lugar necesario en condiciones de “déficit democrático” pero siempre como algo provisional.

Así se entiende que la apatía ciudadana haya sido interpretada tantas veces por la CT como una señal de “maduración democrática”: la buena política es aburrida porque se hace lejos y la hacen otros (aunque la CT sea algo esquizofrénica y a veces también deplore esa apatía: el ideal para ella sería la participación entusiasta y continua dentro de los canales establecidos, como el voto y la militancia en partidos políticos). En nombre de la convivencia, la cohesión, la estabilidad y la responsabilidad, la gente debe desaparecer. Quedarse en su lugar y dejarse representar por los que saben. Ausentarse”.

Ni que decir tiene que las masivas manifestaciones en Cataluña por el deseo a decidir no encajan dentro de esta CT, ya que puede poner en grave peligro la convivencia, la paz y la concordia entre los españoles.
Por ende, los catalanes deben quedarse en casa, ya que sus aspiraciones tienen otros canales según la CT para manifestarse. Por supuesto, en esta CT, tal como se refleja en los debates más frecuentes en prensa escrita, tertulias en radio y televisión, los “nacionalismos”, entre los que nunca se encuentra el del Estado que se identifica como patriotismo constitucional exento de ideología- han sido presentados como el gran problema de nuestra democracia. Si hoy estamos empantanados en un problema gravísimo de vertebración territorial, de encaje de determinados territorios en el Estado español, en buen parte se explica por esta  democracia de consenso que ha impregnado la Cultura de la Transición.