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NO ME QUEDA MÁS REMEDIO QUE HABLAR OTRA VEZ DE CATALUÑA

Cándido Marquesán

He escrito ya en diferentes ocasiones sobre la cuestión catalana, entendida como la problemática planteada a la hora  de encajar Cataluña dentro de la estructura del Estado español. Tema ya viejo. Para ello conviene recordar algunas palabras de Manuel Azaña en su discurso de defensa del Estatuto de Cataluña en mayo de 1932 en tiempos de la II República. “A nosotros, señores diputados, nos ha tocado vivir y gobernar en una época en que Cataluña no está en silencio, sino descontenta, impaciente y discorde. Es probable que el primer Borbón de España creyese haber resuelto para siempre la divergencia peninsular del lado de allá del Ebro, con las medidas políticas que tomó.

 

Sigue un largo silencio político en Cataluña; pero en el siglo XIX vientos universales han depositado sobre el territorio propicio de Cataluña gérmenes que han arraigado y fructificado, y lo que empezó revestido de goticismo y romanticismo no se ha contentado con ser un movimiento literario y erudito, sino que ha impelido, robustecido y justificado un movimiento particularista, nacionalista como el vuestro,  que es lo que constituye hoy el problema político específico catalán.

Cuando este particularismo, cuando este sentimiento particularista, alzaprimado por todos los elementos históricos y políticos de que acabo de hacer breve mención se precipita en la vida del Estado español, cuando esto invade los sectores de la opinión catalana y no catalana, cuando esto determina la vida de los partidos políticos, sus relaciones, sus encuentros, sus choques, entonces es cuando surge el problema político y su caracterización parlamentaria, delante de la cual nos encontramos. Y ésta es nuestra ambición. Cataluña dice, los catalanes dicen: “Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español”. La pretensión es legítima… Palabras que podrían decirse hoy mismo. Como vemos es un tema muy antiguo. No lo trajo bajo el brazo ZP ni Artur Mas.

Es probable que muchos sientan unas lógicas dosis de hartazgo ante el tema. Yo también. Me gustaría no tener que ocuparme de  él. Si retorno otra vez es porque el problema está sin resolver, tal como nos ha demostrado la cadena humana del 11 de septiembre en forma de V en el centro de Barcelona exigiendo el poder decidir su futuro político. Cualquier español medianamente preocupado por el futuro de España, no debería permanecer al margen del tema susodicho. Hay mucho en juego. Es un tema fundamental para el futuro de Cataluña y para el de España. Dicho de otra manera, no es un problema catalán, es un problema de España.

Afirmo con rotundidad que me siento profundamente español, como también aragonés, en este orden. Esto no significa que sea nacionalista español. Dicho esto con claridad, admito sin ningún tipo de resquemor ni desconfianza que determinados catalanes puedan pensar y sentir que Cataluña es una nación, por las razones que sean: por historia, lengua, tradiciones, sentimientos o lo que sea; y que por ello quieran tener su propio Estado. Como también admito que otros catalanes puedan pensar todo lo contrario y por ello quieran seguir formando parte del Estado español. Las dos actitudes me parecen igualmente legítimas.

Me parece pertinente hacer algunas matizaciones sobre el concepto de nacionalismo, del que se hace frecuentemente un mal uso. Germà Bel en Anatomía de un desencuentro señala: "Cuando los ciudadanos de estas pequeñas nacionalidades (Cataluña o Euskadi) muestran una fuerte identificación nacional, son tachados e insultados de "nacionalistas" por los grandes estados-nación, sin darse cuenta que ellos mismos son un producto histórico del nacionalismo. Así, según Billig creador del concepto de nacionalismo banal, el nacionalismo propio se presenta por el estado-nación como una fuerza cohesiva y necesaria bajo la etiqueta de "patriotismo", mientras que el nacionalismo "ajeno", aplicado a las nacionalidades subsumidas en tales estados, son una fuerza irracional, peligrosa y etnocéntrica.

¿Cómo calificar la obsesión de José María Aznar por las banderas, que el 12 de octubre de 2001, mandó izar en la plaza Colón una con un mástil de 21 por 50 metros, de 294 metros cuadrados (21 por 14) y de 35 kilos? Tan grande era su peso, que se cayó el 2 de agosto de 2012, afortunadamente no hubo víctimas, aunque tuvieron que reponerla bomberos, policía local y personal de la Armada. ¿Y a la fugitiva Esperanza Aguirre que dice: “Nosotros no nos disfrazamos de nacionalistas, porque la nación española no es cosa discutible ni discutida; España es una gran nación”.

Retornando a la cuestión catalana, la realidad es la que es, nos guste o no. Los datos son suficientemente explícitos, en una década los catalanes frente al Estado de las Autonomías, prefieren en una buena parte de la sociedad  la independencia, o cuando menos poder autodeterminarse.. Este cambio de opinión tan radical en la sociedad catalana nos debería llevar a una profunda reflexión. Tengo claro que la intransigencia e insensibilidad hacia la realidad catalana del PP tanto en la oposición como en el gobierno ha contribuido en un porcentaje muy alto en esta nueva actitud, como también el aprovechamiento de la crisis por parte de determinados partidos políticos catalanes.  Entre todos la matamos y ella sola se murió.

Por ende, a este problema creado hay que darle alguna solución. Y yo no veo otra que hable la sociedad catalana. Mas también soy consciente que  poner la unidad nacional española a votación de los ciudadanos es en nuestro país obscena e innombrable, y palabras como autodeterminación nacional o referendo de independencia exigen ser exorcizadas no bien se mencionan, blandiendo el sagrado hisopo de la Constitución. Mas también parece claro que quien no está dispuesto a poner su idea de nación a votación popular es porque no confía de verdad en ella, porque, como escribió Manuel Aragón: "Un pueblo de hombres libres significa que esos hombres han de ser libres incluso para estar unidos o para dejar de estarlo”.

Insisto la situación actual me parece insostenible. Hay que tomar el toro por los cuernos y buscar una solución política al problema. Para eso existe la política. Retorno de nuevo a Azaña: “Se me dirá que el problema es difícil. ¡Ah!, yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo sea difícil, sea fácil.  Por ello, ante una petición democrática, expresada pacíficamente en la calle, un Gobierno democrático debería darle una salida, como hemos visto en Escocia. Enviar por delante al Fiscal General del Estado blandiendo el Código Penal, no solo no soluciona el problema es que lo agrava mucho más.

LA MARCA “ESPAÑA”

Cándido Marquesán

En esta España nuestra es tanto el servilismo hacia los poderosos, especialmente hacia los que detentan el dinero, que me produce una extraordinaria repulsión. De entrada, mi profundo respeto por Emilio Botín, deseando que descanse en paz. Mas en la línea expuesta al principio  los panegíricos  y los ditirambos hacia su persona tras su muerte, presentándolo como todo un paradigma de la Marca España, me parece que han sobrepasado los límites de lo razonable.  O puede que sean acertados, porque quizá lamentablemente ha sido un buen representante a esta España nuestra. Una España impregnada exclusivamente por los valores del puro economicismo, al cual se subordinan todos lo demás, sean lo que sean. El dinero todo lo legitima.

 

Ya lo dijo Tony Judt en Algo va mal  “Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen. Ya no nos preguntamos sobre un acto legislativo o un pronunciamiento judicial: ¿es legítimo? ¿Es ecuánime? ¿Es justo? ¿Es correcto? ¿Va a contribuir a mejorar la sociedad o el mundo? Estos solían ser los interrogantes políticos, incluso si sus respuestas no eran fáciles. Tenemos que volver a aprender a plantearlos”.

Las palabras de Judt son aplicables a la España nuestra, y, por supuesto, a Emilio Botín. Trataré de mostrarlo con algunos ejemplos. Tal como aparece en las páginas 230-231 del libro Las cloacas de la economía, del catedrático de Economía Aplicada (UPV/EHU) Roberto Velasco, en junio de 2010, Hacienda comunicó a los Botín, que tenía información sobre unos fondos depositados en el HSBC Private Bank Suisse, requiriendo que presentaran las liquidaciones complementarias del IRPF y del Impuesto de Patrimonio del periodo 2005-2009, que todavía no había prescrito. Esas liquidaciones, que llegaron casi a los 200 millones de euros ingresados en las arcas públicas, las calificaron los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) como trato de favor, al suponer una segunda oportunidad para pagar voluntariamente, algo que no se ofrece al resto de los ciudadanos.

Poderoso caballero es Don Dinero. En mayo de 2012 el titular del Juzgado de Instrucción nº 4 de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, archivó la causa abierta contra Emilio Botín y algunos de sus familiares, indicando que “la regularización practicada por los denunciados es correcta y anterior a que se hubiera incoado, por parte de los órganos de la Agencia Tributaria, un procedimiento de inspección de verificación. Exactamente lo que se temían los técnicos del Ministerio de Hacienda. Comportamiento evidentemente no muy ejemplar.

Afortunadamente desde la sociedad civil irrumpen organizaciones que defienden todavía a contracorriente  unos valores éticos. Lamentablemente sus acciones son muy poco conocidas, ya tienen especial cuidado los grandes medios de comunicación, vendidos a los grandes poderes económicos, que sea así.

Una de ellas es El Centre d’Estudis per la Pau J.M. Delàs, de Justícia i Pau, nacida el año 1999 como resultado del trabajo desarrollado desde 1988 por la Campaña Contra el Comercio de Armas (C3A) y funciona como un Centro de Investigación y Documentación sobre temas relacionados con el desarme y la paz. Pretende, tal como aparece en su página Web, el fomento de una cultura de paz y la construcción de una sociedad desarmada y por esto se dedica a sensibilizar sobre los efectos perversos de las armas y el militarismo. Realiza diversas actividades y entre ellas sobresale la campaña “Banca Armada” con el objetivo, según sus propias palabras, de crear una opinión pública que favorezca un cambio de actitud de las entidades financieras y del Grupo BBVA, Banco Santander y CaixaBank para que cancelen sus inversiones en empresas de armamento y anulen la financiación de empresas altamente contaminantes. E igualmente promover un auténtico respeto de los derechos humanos y del medio ambiente, mediante una práctica más ética en las inversiones y métodos corporativos de las empresas financieras, con la finalidad de conseguir un planeta más justo y habitable para la humanidad.

Con la recogida de participaciones de accionistas, adquieren el derecho de poder intervenir en las Juntas de Accionistas de estas entidades financieras. Estas intervenciones están en su propia página Web, incluso el video. Merecen la pena. Hay que leerlas, verlas y escucharlas. Una de las que me parece más significativa es la realizada en la Junta de Accionistas del Banco de Santander el 22 de marzo de 2013.

Albert Sales dijo con coraje y con agallas lo siguiente: La realidad social del Estado español nos obliga a recordarles que paz no es tan solo la ausencia de guerras. La paz se construye creando las condiciones adecuadas para evitar la violencia. La recesión que vivimos, que hunde sus raíces en las disfunciones del sector financiero, golpea la realidad cotidiana de muchas familias que viven formas de violencia inaceptables por culpa del sector financiero y de unas políticas públicas a su servicio. Este banco tiene su parte de responsabilidad en  el endeudamiento del sector público español y, en consecuencia, tiene su parte de responsabilidad en los recortes de servicios tan esenciales para la cohesión social como la educación, la sanidad o los servicios sociales. Como bien saben, el Banco Central Europeo otorga crédito a bajo interés a las entidades financieras privadas, con el objetivo declarado de garantizar el flujo de crédito a la economía real, es decir, a empresas y familias.

Es conocido, por ser un dato público, que el BS había recibido hasta finales de 2012, 62.608 millones de euros y que este banco dedicó durante 2011, 41.807 millones de euros a la compra de títulos de deuda pública. Sin duda se trata de un negocio redondo y exento de riesgo por el cual esta entidad habrá obtenido y obtendrá interesantes beneficios.

Jordi Calvo con no menos coraje y agallas dijo: Año tras año descubrimos nuevas inversiones del BS en el negocio de las armas, el de la guerra, el que produce millones de víctimas cada año. De nuevo tenemos que decirles que se están lucrando de manera inmoral. El BS financia a empresas que fabrican armas nucleares. Como Boeing, EADS, Finmeccanica, General Dynamics, Honeywell International, Rolls-Royce, Safran o Thales. Estas armas son capaces de destruir la vida en el planeta con solo apretar un botón y usted Sr. Botín las está financiando con 1.141 millones de euros en créditos y bonos.  El BS ayuda a desarrollar, fabricar y vender armas a la industria militar española, una de las industrias menos éticas del mundo, ya que exporta sus armas a más de 30 países en conflicto armado, en situación de tensión interna o donde se vulneran de manera flagrante los derechos humanos.

¿Puede decirnos Sr. Botín cuántas armas financiadas por el BS van destinadas a la guerra o a regímenes dictatoriales y represores? ¿Dónde van a parar las armas de sus participadas Núcleo de comunicaciones y control, Indra, Amper, Grupo Ezentis, Avanzit, Ibérica del Espacio, Sistemas y vehículos de alta tecnología, FCC servicios industriales y energéticos? Las armas, señores y señoras accionistas, una vez han sido vendidas, no se sabe en manos de quién pueden caer. Son muchos, demasiados, los casos en que las armas antes o después cambian de manos y acaban alimentando conflictos que cada año acaban con la vida de millones de personas.

Quien favorece que estas armas existan, son también responsables de su sufrimiento. El BS lo es y ustedes lo deben saber.  El BS ha dado créditos a Maxam, una empresa cuya filial, Expal, fabricaba minas antipersona y bombas de racimo, y que ahora sigue produciendo y vendiendo todo tipo de bombas. Gracias al apoyo de este banco. ¿Saben ustedes, accionistas y clientes del BS, que sus ahorros pueden estar invertidos en fondos de inversión de armas? ¿Se les informa adecuadamente de que con su dinero se está contribuyendo a la carrera armamentística, a que haya más conflictos armados, a que el mundo sea cada vez menos seguro? ¿Es el BS honesto con sus clientes? ¿O esconde que ha dedicado más de 2.160 millones de euros al negocio de las armas durante los últimos años?

Sr. Botín, ¿se siente usted orgulloso de que parte de su fortuna provenga de tan repudiable negocio? Sres. accionistas, ¿no les remuerde la conciencia cuando saben que parte del dividendo que van a recibir tras esta Junta puede estar manchado de sangre? Ni las becas, ni los anuncios, ni los coches de Fórmula 1... podrán limpiar su imagen, que no es otra que la de un banco que hace dinero gracias al sufrimiento de tantas y tantas víctimas de la violencia armada. Puede que el BS sea una de las entidades financieras con mayor éxito comercial, con mayor capitalización, con mayores beneficios económicos...pero, desde un punto de vista ético, es uno de los peores bancos del mundo, todo un líder en mala reputación, más de dos mil millones invertidos en armas lo demuestran.
Esta es la Marca “España”. Pues venga, adelante.

Triunfo inexorable del individualismo insolidario y egoísta

Cándido Marquesán

A la hora de organizar nuestra vida en sociedad las secuelas nocivas del neoliberalismo son numerosas. Una es la expansión imparable del individualismo insolidario y  egoísta, que socava cualquier proyecto político colectivo. El neoliberalismo encuentra su razón de ser en una referencia común al “individuo responsable de sí mismo”, que debe prosperar por sí mismo sin esperar nada de los demás.  Boaventura de Sousa Santos en la Segunda Carta a las Izquierdas, indica que  los neoliberales pretenden desorganizar el Estado democrático a través de la inculcación en la opinión pública de la supuesta necesidad de varias transiciones. Primera transición, de la responsabilidad colectiva a la responsabilidad individual.

 

Para estos, las expectativas de la vida de los ciudadanos derivan de lo que ellos hacen por sí mismos y no de lo que la sociedad puede hacer por ellos. En la vida tiene éxito quien toma buenas decisiones o tiene suerte, y fracasa quien toma malas decisiones o tiene poca suerte. Las condiciones diferenciadas de nacimiento o de país no deben ser significativamente alteradas por el Estado.  Esto es puro darwinismo social.

Tal como exponen Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez en su libro extraordinario y de profundo calado ideológico Los discursos del presente. Un análisis de los imaginarios sociales contemporáneos, y en el Epílogo. El individualismo contemporáneo y el espacio de lo social, del que he tratado de sacar las ideas fundamentales,  esta explosión de individualismo contemporáneo ha generado que muchos autores hablen del declive del hombre público, como lo denomina¬ba Richard Sennett que preveía la progresiva disolución del ciuda¬dano moderno en proyectos individualizados.

Según Robert N. Bellah tras estudiar las comunidades locales norteamericanas de los años ochenta, el individualismo ha penetrado fuertemente en su vida, lo que les ha hecho perder el lengua¬je necesario para darle sentido moral a sus vidas y abando¬nar el compromiso con los demás. La idea, por tanto, es que el norteamericano de esas ciudades se percibía cada vez más sólo, independiente y preocupado por sí mismo, y carente de compromiso con todo aque¬llo que no le afecte individualmente.

Para Robert Putnam una peligrosa debilidad del tejido social de las democracias contemporáneas se manifiesta en una fuerte reticencia de los ciudadanos a identificarse, comprometerse y responsabilizarse con la vida pública. Para Putnam se ha producido un auténtico declive del capital social en los Esta¬dos Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo a partir de los años setenta, lo que significa un empobrecimiento generalizado de las relaciones sociales, asociado a problemas claros de cohesión cívica y de individualización de la vida cotidiana.

Todo ello lleva a la soledad y aislamiento como manifiesta en su obra Solo en la bolera; descripción de esa sociedad civil americana cada vez más fragmentada, indivi¬dualizada y solitaria y, a la vez, menos interesada por las insti¬tuciones de gobierno, el sistema político o la acción colectiva, al quedar encerrada en su propia privacidad.

El uso del concepto de capital social como confianza generalizada, -encarnado en forma de normas y redes de compromiso que mejoran la efi¬ciencia de las instituciones facilitando las acciones coordina¬das-, es la importancia de la lealtad y de la cantidad y calidad de los vínculos sociales en el funcionamiento de todo tipo de estructura organizacional, sea política o económica; así como la quiebra de esta confianza interpersonal en las democracias occidentales y especialmente en los Estados Unidos.

Tanto Putnam, como Francis Fukuyama del uso que hacen del concepto de capital social dictaminan con matices diferentes, pero en sintonía, la quiebra o al menos la fuerte erosión de las jerar¬quías burocráticas y del sistema de autoridad racional-legal organizado y estable, propio e indispensable en las sociedades industriales, tal como nos lo había descrito Max Weber. Destrozadas hoy, según estos autores, las certidumbres, autori¬dades y normas de la sociedad industrial; debido a la rapidez del tratamiento de las informaciones, la descentralización de las formas económicas de producción y comercialización, la subjetivación de las formas de conocimiento y la enorme ex¬pansión de una sociedad de consumo muy poco dependiente de los valores de ahorro, esfuerzo y paciencia, etc.; parece definitiva, pues, la llegada de una cultura del individualismo feroz y la pérdida de confianza tanto en los demás como en las instituciones económicas.

Utilizando la misma idea Ralf Dahrendorf dijo que la transición a formas más flexibles e informacionales de organización socioeconómica ha aumentado vertiginosamente las opciones y ha disminuido las ataduras (los seres humanos siem¬pre han conocido muchísimas más ataduras que opciones). Pero en esa banalización de las ataduras, si no conservamos formas de vínculos sociales cooperativos y respetuosos de las instituciones, también experimentamos el peligro de arruinar los fundamentos de nuestra propia sociedad, porque las op¬ciones vitales individuales sólo pueden realizarse si existen instituciones, que no son otra cosa que sistemas de obligacio¬nes mutuas. Un individualismo ha sustituido a los valores que animaron a lo que Putnam llamó para los Estados Unidos las grandes generaciones cívicas, nacidas en las dos postguerras mundiales y volcadas hacia los grandes problemas públicos. Olvidado el atractivo que tuvieron para muchos jóvenes los dilemas cívicos, la ge¬neración de los hijos de la televisión y el ordenador personal esta volcada al ámbito personal.

Recurro ahora para apuntalar las ideas ya expresadas y por si acaso alguno anda un poco desorientado o despistado a la politóloga norteamericana Wendy Brown que lleva a cabo un corrosivo diagnóstico de la crisis democrática en los países occidentales o, con mayor exactitud, del proceso de desdemocratización iniciado en estos países, comenzando por Estados Unidos. En su ensayo  El liberalismo y el fin de la democracia el proyecto político neoliberal viene a sustituir la normativa política y moral hasta entonces vigente en «las democracias liberales», practicando una considerable labor de destrucción de las formas normativas precedentes.

Un proyecto que certifica la eliminación del sujeto democrático que fuera referente idóneo de la democracia liberal. De este modo, paulatinamente va desapareciendo la figura del ciudadano que, junto a otros ciudadanos iguales en derechos, expresaba cierta voluntad común, determinaba con su voto las decisiones colectivas y definía lo que había de ser el bien público, para verse reemplazado por el sujeto individual, calculador, consumidor y emprendedor, que persigue finalidades exclusivamente privadas en un marco general de reglas que organizan la competencia entre todos los individuos.

Según Francesc Serés,  las reuniones de comunidad de vecinos son terribles pero es mucho peor que no las haya. He visitado países que dan fe de ello. Ves fachadas precarias y zonas comunes que mejoran con la hierba crecida. Las puertas blindadas marcan un privado y un público distinguibles frente a escaleras sin luz y ataúdes que son ascensores.

¿Realmente somos conscientes del monstruo que estamos construyendo y tolerando?

El marxismo todavía tiene mucho que enseñarnos y más en los tiempos actuales

Cándido Marquesán

Entre los autores que considero uno de mis referentes, no solo desde el punto de vista historiográfico sino también desde la ética, es Tony Judt. Lamentablemente fallecido en el verano  de 2010 a consecuencia de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que le fue detectada en 2008.Catedrático de historia en la Universidad de Nueva York, en la que ingresó en 1987 tras pasar por la de California y Oxford. Tiene un conjunto de obras en el ámbito de la historia insuperables: Algo va mal; Pensar el siglo XX; Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, uno de los estudios más completos, rigurosos y amenos sobre la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial; Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses: 1944-1956;  y Sobre el olvidado siglo XX. Sobre este último citado, el primero que me permitió conocer a Judt versan las líneas que siguen.

 

El título es sugerente, ya que pretende sensibilizarnos de que hemos entrado en tromba en el siglo XXI, olvidando las guerras, desmanes, ideales, dogmas y temores del siglo XX. Afirma que de todas las transformaciones de las tres últimas décadas, la desaparición de los “intelectuales” quizá sea la más sintomática. El siglo XX fue el de los intelectuales, vocablo que empezó a usarse a inicios del XX, significando a personas del mundo de la cultura que se dedicaban a debatir y a influir en la opinión y la política pública, y que estaban comprometidos con un ideal, un dogma o un proyecto.

Los primeros fueron los escritores que defendieron a Dreyfus de la acusación de traición, recurriendo para su defensa a valores como “justicia”, “verdad” y “derechos”. Considerando la trascendencia que los intelectuales tuvieron en el siglo XX, a ellos dedica una parte importante del libro: Arthur Koestler, Primo Levi, Manès Sperber, Hannah Arendt,  Albert Camus, Althusser, Hobsbawn, Kolakowski, Juan Pablo II y Edgard Said. Todos estos tienen un capítulo específico. Es excepcional el dedicado a Leszek Kolakowski, titulado ¿Adiós a todo eso? Leszek Kolakowski y el legado marxista sobre el que reflejaré algunas reflexiones de Judt y mías propias.

Kolakowski fue un destacado filósofo marxista en la Polonia de la posguerra hasta su marcha en 1968. Durante esta época fue un claro disidente: ya en 1954, a los veintisiete años, se le acusó de desviarse de la ideología marxista-leninista. En 1966, en el décimo aniversario del “Octubre polaco” pronunció una conferencia crítica en la Universidad de Varsovia, lo que motivó que Gomulka le reprendiera oficialmente acusándole de ser el principal ideólogo del revisionismo. Obviamente tras ser expulsado de su cátedra, tuvo que exiliarse a Inglaterra y los Estados Unidos par ejercer la enseñanza, aunque sus preocupaciones intelectuales fueron, tras abandonar el marxismo, la historia de la religión y la filosofía europeas. Pero lo realmente importante, por lo que ha merecido la atención de Judt es que Kolakowski realizó la mejor obra en los últimos 50 años sobre la historia del marxismo Las principales corrientes del marxismo, en tres tomos: Los precursores, La edad de oro y La crisis.

Para Judt, a pesar de que en los últimos tiempos el marxismo parece eclipsado, conviene recordar el extraordinario influjo que ha ejercido en la imaginación del siglo XX. Marx puede haber sido un profeta fracasado y sus discípulos más exitosos una cuadrilla de tiranos, pero el pensamiento marxista y el proyecto socialista ejercieron un atractivo único sobre algunas de las mejores mentes del siglo XX. El marxismo está inextricablemente vinculado a la historia intelectual de la modernidad. Ignorar esta circunstancia significa desfigurar de una manera tendenciosa el pasado reciente. Hay tres razones por las que el marxismo duró tanto y ejerció tal magnetismo entre muchos y grandes intelectuales.

En primer lugar, el marxismo supone una idea muy ambiciosa. Su atrevimiento epistemológico de comprenderlo y explicarlo todo atrae a quienes manejan ideas. Además, una vez que sustituyes al proletariado por un partido que promete  pensar en su nombre, has creado un intelectual orgánico colectivo, que aspira no solo  a hablar por la clase revolucionaria sino también a sustituir a la antigua clase dirigente.

La segunda fuente del atractivo del marxismo es que su proyecto, lo mismo que el antiguo sueño socialista, al que desplazó y absorbió, era una línea en la narración progresista de nuestro tiempo; con el liberalismo clásico, su antitético gemelo histórico, tiene en común la visión racionalista y optimista de la sociedad moderna y sus posibilidades que caracterizan su narración. El giro distintivo del marxismo de que la futura sociedad sería sin clases y poscapitalista ya era difícilmente creíble en 1920. Pero los movimientos sociales de inspiración marxista siguieron hablando, como si todavía creyeran en el proyecto transformador. El SPD abandonó la revolución a todos los efectos antes de la Primera Guerra Mundial, pero no levantó oficialmente la hipoteca de la teoría marxista que pesaba sobre su lenguaje y sus metas hasta 1959, en el Congreso de Bad Godesberg.

En 1981 en Francia, tras la elección de Mitterrand a la presidencia, todavía había socialistas franceses que hablaban de “grand soir” revolucionario y de la inminente transición al socialismo, como si estuvieran en 1936. En suma, el marxismo era la estructura profunda de la gran mayoría de la política progresista. El lenguaje marxista daba forma y una coherencia implícita a muchas clases de protesta política moderna. La pérdida del marxismo como forma de relacionarse críticamente con el presente ha dejado un espacio vacío. De ahí la confusión de la izquierda en Europa en los últimos años, lo que provoca inevitablemente a hacernos las siguientes preguntas: ¿Pero qué defiende? Qué quiere?

Pero el atractivo del marxismo tiene una tercera razón, quienes en los últimos años se hayan apresurado a saltar sobre su cadáver, harían bien en reflexionar sobre ella. Si generaciones de hombres y mujeres inteligentes y de buena fe estuvieron dispuestas a dedicar su vida plenamente al proyecto comunista no fue solo porque un cuento seductor de revolución y redención les hubiera inducido un estupor ideológico. Fue porque les atraía irresistiblemente su mensaje ético: el poder de una idea y un movimiento dedicados firmemente a representar y defender los intereses de los parias de la tierra. Siempre, la baza más fuerte del marxismo fue la seriedad de la convicción de Marx de que el destino de nuestro proyecto está unido a la condición de sus miembros más pobres y desfavorecidos.

El marxismo fue la más influyente reacción a las múltiples insuficiencias de las sociedades capitalistas y la tradición liberal. Si el marxismo cayó en desgracia en el último tercio del siglo XX fue en buena parte porque los peores defectos del capitalismo parecían superados. Sin embargo, hoy las cosas estás cambiando. Lo que los contemporáneos de Marx en el XIX denominaban “la cuestión social” –cómo abordar las enormes disparidades de riqueza y pobreza, y las insultantes desigualdades en educación, salud y oportunidades- está aquí y ahora en nuestra propia Europa, y no digamos en otras latitudes.

Críticos respetables actuales está desempolvando el lenguaje radical del siglo XIX y aplicándolo con gran éxito a las relaciones sociales del XXI. No hay que ser marxista para reconocer que lo que Marx denominaba “ejército de reserva de mano de obra” está resurgiendo en todo este mundo globalizado. Manteniendo el bajo coste del trabajo con la amenaza de la deslocalización, esta reserva global de trabajadores baratos, contribuye a mantener el crecimiento y los beneficios empresariales: igual que en la Europa industrial del siglo XIX, al menos hasta que los sindicatos organizados y los partidos de trabajadores fueron lo suficientemente fuertes como para conseguir mejoras salariales, un sistema tributario como instrumento de redistribución y un desplazamiento del equilibrio del poder en el siglo XX, lo que dejaba en entredicho las previsiones revolucionarias de sus líderes.

Por todo ello cabe pensar que crecerá el atractivo moral de alguna versión renovada del marxismo. Tampoco es una locura, ya que tal atractivo se mantiene vivo entre intelectuales y políticos de Latinoamérica, y también en los movimientos antiglobalización. Y como nadie más parece tener nada muy convincente que ofrecer como estrategia para luchar contra las fuerzas desbocadas del mercado, que tantas injusticias están provocando, la iniciativa puede estar en manos de aquellos que tienen la historia más pulcra. Hasta aquí las reflexiones de Judt.  Y personalmente digo pulcra con énfasis y con convicción.

Se ha extendido la opinión interesada de que las ideas de Marx fueron las que propiciaron todo un conjunto de calamidades para la humanidad, desde asesinatos en masa, hambrunas, los gulags, y  un despotismo brutal con la pérdida de libertad para millones de hombres; e igualmente las figuras crueles de Stalin en la URSS, de Mao Tse Tung en China y de Pol Pot en Camboya. Responsabilizar a Marx de las monstruosidades de estos regímenes comunistas es tan descabellado como el hacerlo a Jesucristo de la Inquisición. De entrada, porque nunca Marx hubiera legitimado estos regímenes liberticidas y además porque  nunca pensó que el socialismo pudiera triunfar en sociedades atrasadas como la Rusia zarista, la  China imperial o una Camboya recién independizada. Muy al contrario, tuvo la convicción de que se implantaría en un país occidental, como Alemania o Inglaterra, con un determinado nivel de de desarrollo económico e industrial.

Los críticos de Marx no suelen recordar los crímenes genocidas del capitalismo: las hambrunas de finales del siglo XIX en Asia y África,  el genocidio del Congo , de por lo menos 10 millones de sus súbditos africanos; la carnicería de la I Guerra Mundial; y los horrores del fascismo, un régimen al que el capitalismo tiende a recurrir cuando se ve acosado. Como señala Antoni Domench  “Se han olvidado interesadamente que, además de unos cuantos mamarrachos del partido nazi, en los juicios de Nuremberg fue juzgada –y condenada—como responsable última y beneficiaria principal de los crímenes nacionalsocialistas la crema y la nata de la oligarquía industrial y financiera alemana: los Flick, los Siemens, los von Thyssen, los Krupp, etc., etc. Casi todos los seguidores actuales de Marx rechazan las villanías de Stalin y de Mao, mientras que muchos no-marxistas no hacen lo mismo con las del capitalismo. Marx estuvo allí para presenciarlo y lo denunció "El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza hasta los pies".
Como señala, Terry Eagleton, el auténtico sentido de los escritos de Marx se pueden resumir en determinadas preguntas que se hizo y que hace ya bastante han dejado de plantearse: ¿Por qué el Occidente capitalista ha acumulado más recursos de los que jamás hemos visto en la historia humana y, sin embargo, parece incapaz de superar la pobreza, el hambre, la explotación y la desigualdad? ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales la riqueza de una minoría parece engendrar miseria e indignidad para la mayoría? ¿Por qué la riqueza privada parece ir de la mano con la miseria pública?

Un concepto clave del marxismo cual es la lucha de clases, el auténtico motor de la historia, expuesto en 1848 en uno de los libros más influyentes de la historia contemporánea y que sigue reeditándose El Manifiesto Comunista, no ha perdido actualidad. Warren Buffet lo ha dicho “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando“. Esto deja abierta una posibilidad escalofriante: que Marx no sólo diagnosticara correctamente el comportamiento del capitalismo, sino también su resultado. Si los políticos no encuentran nuevos métodos para asegurar oportunidades económicas justas, acaso los trabajadores del mundo decidan, simplemente, unirse, como  ya recomendó Marx en El Manifiesto Comunista “Proletarios del mundo uniros”. Puede que entonces Marx se tome su venganza.

La traición de los economistas

Cándido Marquesán

Existe un colectivo de “profesionales”, que tiene una gran parte de responsabilidad de la crisis económica actual, a la que no se vislumbra salida alguna medianamente positiva para la gran mayoría de la sociedad. Me estoy refiriendo a los economistas. Entro directo. Si no supieron preverla es que son unos inútiles. Y si lo sabían y callaron, son unos canallas. A cual de ellas más vergonzosa. No obstante, me inclino personalmente por la segunda opción. Un ejemplo apabullante, ¿el gran Rodrigo Rato  al frente del FMI con 1.200 economistas a sus órdenes, ninguno supo prever el diluvio que se avecinaba? ¡Anda ya!

 

Lo que parece claro es que la mayoría de los economistas miraron hacia otro lado, por lo que son ampliamente recompensados, en unos momentos que el sector financiero acumulaba grandes beneficios. ¿Quién se atreve en una fiesta a apagar la música y llevarse el carrito de las bebidas?” Ni que decir tiene que siguen defendiendo las prácticas económicas neoliberales ya fracasadas, aun sabiendo que vamos hacia una auténtica catástrofe. Los economistas han perdido toda capacidad de imaginar el futuro, y solo saben insistir en los viejos dogmas ya fracasados: respetar los criterios de Maastricht, pagar las deudas y salvar a los bancos aunque sea a costa del sacrificio de la mayoría de los europeos. De ahí, que son unos canallas.

Un hecho ocurrido en noviembre de 2011 demuestra fehacientemente lo expuesto. Un  grupo de estudiantes de economía de la Universidad  de Harvard decidió retirarse en bloque de la cátedra de Introducción a la Economía, en protesta por el contenido y el enfoque sesgado desde el que se estaba impartiendo esta materia.  Los universitarios en una carta dirigida  al profesor y economista Gregory Mankiw,  antiguo asesor del Presidente George W. Bush,  justificaron el abandono de la clase por su parcialidad, al considerar que un estudio académico de esta disciplina debe mostrar las pros y los contras de las diferentes teorías económicas, las fuentes primarias y los artículos de revistas académicas, y al no ser así, no pueden acceder a aproximaciones económicas alternativas.

Les pareció injustificable que se presenten las teorías económicas de Adam Smith como más importantes que, por ejemplo, la teoría keynesiana. Fueron conscientes- como futuros graduados de Harvard que van a desempeñar un papel importante en las instituciones financieras y en la configuración de las políticas públicas mundiales- que si falla su Universidad a la hora de dotar a sus estudiantes con una comprensión amplia y crítica de la economía, sus acciones serán susceptibles de perjudicar el sistema financiero mundial, como ha ocurrido, en los últimos cinco años de crisis económica. Un reportaje de David Fernández nos proporciona datos demoledores de estas prácticas nefastas.

Hubbard, uno de los protagonistas de Inside Job,  decano de Columbia  exjefe del consejo económico en la Administración de George W. Bush, cobró 100.000 dólares por testificar a favor de los gestores de los fondos de Bearn Stearn, acusados de fraude; realizó un informe para Goldman Sachs alabando los productos derivados y la cadena de titulización hipotecarias. Martín Feldstein, profesor de Economía en Harvard y asesor de Ronald Reagan, participó en el diseño de la desregulación financiera y fue consejero de AIG. Larry Summers, otro impulsor de la desregulación en el mercado de derivados, presidente de Harvard, ha ganado millones de dólares asesorando a hedge funds (fondos muy especulativos).

Según Ángel Cabrera, un español que dirige una escuela de negocios en EE UU, la prestigiosa Thunderbird (Arizona) "Toda la teoría de la eficiencia de los mercados pasó a ser religión, se llegó a la conclusión universal de que cualquier intervención era mala. Los centros han estado dando forma al sistema de valores de Wall Street, creando una "plataforma de legitimidad" para determinadas conductas”.

Antonio Baños Boncompaín ha escrito  un sugerente libro Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal. En cuanto al vocablo posteconomía, nos dice que la economía, como ciencia social, es incapaz de explicar la realidad que se le había asignado. Mucho Premio Nobel de esta disciplina no da una a derechas en sus previsiones. La “ciencia económica” debería tener la obligación de parecer científica, pero no tiene nada de ello. Un “economista” nos dice que mañana saldremos de la madre de todas las crisis, otro que la crisis aún no ha llegado y un tercero que ya no estamos en crisis. La economía ha dejado ser ciencia para convertirse en una religión con sus dogmas, rituales, sacerdotes, ritos, iglesias, etc.

La cuestión económica debemos dejarla en manos de expertos economistas, al estar muy lejos del entendimiento del hombre corriente, de lo que se encarga el lenguaje cada vez más arcano de la disciplina. La liturgia debe celebrarse en una lengua oscura, solo accesible a los iniciados. Para el resto, basta con la fe. Es el momento de la posteconomía, cuando la economía ya no es ciencia y se convierte sólo en una doctrina, cuando los economistas y su brazo armado (financieros y políticos) dictan sus instrucciones sin tomarse la molestia de justificarlas racionalmente.  En cuanto Hacia el capitalismo feudal, defiende la tesis de que nos estamos dirigiendo inexorablemente hacia una nueva Edad Media, época del feudalismo, en la que la sociedad estaba dividida en tres estamentos: los bellatores (los que luchan, dominan y protegen), los oratores (los que rezan, transmiten el saber y aleccionan a la sociedad), y los laboratores (que se encargan del trabajo, de la producción, del sustento de todos).

Hoy, los bellatores son  ese 1% que detenta gran parte de la riqueza del mundo, el que manda, al que están subordinados los Estados; son las élites  sobre todo financieras, que se reúnen en Davos o forman parte del club Bilderberg. Los políticos son sus mayordomos, que se limitan a ejecutar sus órdenes, por lo que son recompensados. Los oratores son los nuevos predicadores que han sabido construir un discurso para que la gran mayoría digiera la crisis. Usan una neolengua para paralizar toda crítica y toda contestación. La academia, antes se llamaba intelectualidad, tiene un nuevo papel en esta cosmovisión neofeudal -o si se quiere, neodeudal, la deuda es el mecanismo de dominio de la élite sobre la gran mayoría-: el respaldo obligado y leal de los bellatores, de los caballeros del dinero. En los nuevos cenobios se cocinan los textos que conformarán el catecismo posteconómico: son los think tanks. En ellos, se elabora una doctrina fina y destilada para alcanzar un pensamiento ortodoxo.

En la Edad Media los bellatores fundaban monasterios para que los monjes además de rezar por ellos, justificasen el statu quo, con el “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de Dios”. La gran obsesión de los oratores hoy es ingresar en un think tank. Ensalza, traga y disfrutarás de canonjías en congresos, conferencias, hoteles y canapés. Al intelectual crítico, calificado de iluso y desconectado de la realidad, se le cierran estas puertas.

En su libro La estrategia del malestar. El capitalismo, desde la caída del Muro hasta la crisis financiera José María Ridao  cita el libro Los Perros guardianes del filósofo francés Paul Nizan, publicado en 1932. Nizan reprochó a los filósofos de su tiempo, por lo que había que colocarlos contra la pared, el que de tanto preocuparse por elucubraciones estrictamente filosóficas, se olvidaron de los problemas auténticos de los hombres: la guerra, el paro, la política, la explotación obrera, el colonialismo… Y esa despreocupación estaba propiciando el que millones de jóvenes europeos gracias a la propaganda eran arrojados a las garras de políticos iluminados.

La cita al libro de Nizan está motivada porque la acusación hecha por este a los filósofos en los años 30,  Ridao la extiende a muchos economistas actuales, por lo que también habría que ponerlos contra la pared, al haber traicionado la ciencia, de la que se autoproclaman ser expertos. Ridao termina el libro con estas contundentes palabras: “Son clérigos que celosos de los juicios de análisis destilados de su ciencia, se desentendieron de los crueles efectos de aplicarlos sobre los europeos, a quienes arrojaron sin que les temblase el pulso, soberbios en el baluarte inexpugnable de especulaciones teóricas y de estrategias para las que el sufrimiento humano había dejado de contar, al paro, la miseria, el miedo y la desesperanza”.

Acabo con las reflexiones de un economista, pero de los de verdad, que deberían tener en cuenta los oratores, esos perros guardianes, ya que nombrarlos economistas es un insulto a la economía. Keynes creyó siempre en las ideas, convencido de que se paga un alto precio por las falsas y que las adecuadas son las que ayudan a resolver los dos problemas acuciantes de su tiempo (y del nuestro), la pobreza y el paro. A fin de cuentas, la calidad de una teoría se plasma en la capacidad que tenga de dar alguna luz a los temas que importan de verdad, que inciden en el margen de libertad y nivel de vida que disfrutemos.

ALGUNAS FIGURAS SUBJETIVAS DE LA CRISIS: El ENDEUDADO, EL MEDIATIZADO, EL SEGURITIZADO Y EL REPRESENTADO.

 

Cándido Marquesán

Un libro que acaba de caer en mis manos y que he leído con gran interés ha sido Declaración de Michael Hardt y  Antonio Negri. Ya conocidos ambos por haber escrito a cuatro manos y publicado tres libros que han revolucionado los estudios sociológicos: Imperio. Multitud: guerra y democracia en la era del imperio.  Y Commonwealth: el proyecto de una revolución de lo común. Retornando a Declaración, los autores indican que no es un manifiesto, ya que estos ofrecen un atisbo de un mundo por venir y engendran un sujeto que, aunque sea solo un espectro, tiene que materializarse para convertirse en el agente de cambio.

 

Los manifiestos funcionan como los antiguos profetas, que mediante su poder visionario creaban su propio pueblo. Los movimientos sociales de hoy han invertido ese orden, haciendo que los manifiestos y los profetas se vuelvan obsoletos. Los agentes de cambio ya han salido a las calles y han ocupado las plazas, amenazando y derrocando a gobiernos, y mostrando visiones de un nuevo mundo. Lo más importante es que las multitudes con sus prácticas y sus deseos, han declarado un nuevo conjunto de verdades y principios. El problema fundamental es cómo la multitud se convertirá en sujeto político.

En el capítulo I nos muestran que el triunfo incuestionable del neoliberalismo y su crisis han fabricado nuevas figuras de subjetividad: el endeudado, el mediatizado, el seguritizado  y el representado. Sobre estas figuras deben actuar los movimientos de resistencia y rebelión, ya que estos, según los autores, tienen la capacidad no solo de rechazar estas subjetividades, sino también darles la vuelta y crear figuras nuevas capaces de expresar su independencia y sus potencialidades de acción política.

Voy a referirme con más detalles a cada una de estas figuras de subjetividad. En cuanto al endeudado: estar en deuda se está convirtiendo hoy en la condición general para la vida social. No podemos vivir sin contraer deudas: crédito para estudiar, para el coche, para las vacaciones, hipoteca para el piso… Los préstamos se convierten en los instrumentos para satisfacer nuestras necesidades sociales. Sobrevivimos endeudándonos y vivimos bajo el peso de pagar nuestras deudas. La deuda nos controla, disciplina nuestro consumo, nos impone la austeridad y llega incluso a dictar nuestros ritmos de trabajo y nuestras elecciones.

Si tenemos una hipoteca debemos procurar no perder el puesto de trabajo y aceptarlo en cualquier condición. La deuda nos hace responsables y culpables por haberla contraído. Y además se produce una sorprendente paradoja, que aunque estemos endeudados, el sistema capitalista nos anima a consumir sin parar- la máquina tiene que seguir funcionando-, por ello no tiene inconveniente en hacernos nuevos préstamos, con lo que estamos cada vez más encadenados a la deuda. En definitiva, la deuda es una fuente de sumisión para una gran mayoría de la población. Hoy la creciente generalización de la deuda marca una vuelta a las relaciones de servidumbre que recuerdan otros tiempos.

Ni que decir tiene que es otra dinámica que tiene el capital para explotar y dominar a la gran mayoría de la población, incluso a los mismos Estados. La cuestión de la deuda pública, buena parte de origen privado, que está provocando tantos recortes sociales, además de aumentos de impuestos con los consiguientes sufrimientos a la gran mayoría, merecería un capítulo aparte. En la figura del endeudado, aquí comentada, solo me he fijado en la deuda que asumimos y pagamos a nivel individual.

El control sobre las redes de información y comunicación ha producido al sujeto mediatizado, que tiene muy a su pesar la atención constantemente absorbida. En otras épocas, teníamos la impresión de que los medios de comunicación nos ocultaban información de la acción política. También es cierto que hoy los gobiernos represivos limitan el acceso a páginas Web, cierran blogs y perfiles de Facebok, y persiguen a periodistas. Sin embargo, los sujetos mediatizados sufrimos el problema contrario, estamos saturados por un exceso de información, comunicación y expresión.  Deleuze explica, “El problema no radica en hacer que las personas se expresen, “sino en procurarles espacios de soledad y de silencio a partir de los cuales tendrán finalmente algo que decir”.

Las fuerzas represivas no impiden que nos expresemos, por el contrario, nos fuerzan a hacerlo. Tenemos derecho a no tener nada que decir, puesto que esa es la condición para que formemos algo raro o enrarecido que merezca un poco ser dicho. Es posible que en nuestra comunicación y expresión voluntarias, en nuestras entradas al blog y navegación en la Web, y en las redes sociales estemos colaborando con las fuerzas represivas en lugar de oponernos a ellas. En lugar de tanta información y tanta comunicación, lo que necesitamos a menudo es el silencio necesario para pensar. No es una contradicción. El objetivo no es el silencio, sino tener algo que merezca la pena decir. No es la cantidad de información, comunicación y expresión, sino la calidad. También los trabajadores estamos mediatizados por los nuevos instrumentos de comunicación, nunca descansamos, ya que con nuestro móvil u ordenador no dejamos de trabajar para nuestra empresa, vayamos donde vayamos y a todas las horas. De aquí que la división entre trabajo y vida es cada vez más borrosa.

El régimen de seguridad (Foucault) y el estado de excepción generalizado han construido una figura presa del miedo y ansiosa de protección, el seguritizado (vocablo que no existe en castellano, aunque es muy claro su significado). Nos da miedo  pensar en toda la información que es constantemente producida acerca de uno mismo. Sabemos, desde luego, que en determinados lugares y situaciones la vigilancia aumenta. Si pasamos por los controles de seguridad de un aeropuerto, nuestros cuerpos y nuestras maletas serán escaneados.

Si nos quedamos sin trabajo y nos sumamos al régimen del workfare, inspectores controlarán nuestros esfuerzos, nuestras intenciones y nuestro progreso. El hospital, la oficina pública, la escuela, hacienda: todos tienen sus propios regímenes de inspección y sus sistemas de almacenamiento de datos. En  la calle nos graban cámaras de seguridad, nuestras compras con tarjeta de crédito y nuestras búsquedas en Internet y llamadas telefónicas son controladas. Las tecnologías de seguridad han progresado extraordinariamente para espiarnos cada vez más. El miedo es el motivo por el que aceptamos no solo nuestro doble papel, observador y observado, en el régimen de vigilancia, sino también el hecho de que tantas otras personas lleguen a estar privadas de su libertad.  Vivimos con el miedo de una combinación de castigos y amenazas externas.

El miedo a los poderes dominantes y a su policía es un factor determinante, pero más importante y eficaz es el miedo a los otros y a las amenazas desconocidas, un miedo social generalizado. (…) Y en muchos casos uno de los mayores miedos es el de estar sin trabajo y por lo tanto no ser capaz de sobrevivir. Uno tiene que ser un buen trabajador, fiel a su empleador y no hacer huelga, o de lo contrario se encontrará sin trabajo e incapaz de pagar sus deudas. En ciertos aspectos quienes están encarcelados tiene menos que temer, además de estar menos vigilados que los que andamos por la calle.

Y la corrupción de la democracia ha forjado una figura extraña y despolitizada, el representado.  Nos dicen  que estamos inmersos en una larga trayectoria histórica que nos lleva de la tiranía a la democracia a través de la puesta en marcha del sufragio universal. Nos dicen que el mercado capitalista global siempre extiende el modelo de la  representación parlamentaria, como instrumento de inclusión política de las poblaciones. Y, sin embargo, muchos de los movimientos sociales se niegan a ser representados y dirigen sus críticas fortísimas contra el gobierno representativo. ¿Cómo podemos despreciar tal regalo que nos lo ha traído la modernidad? ¿Queremos volver a la tiranía? En absoluto. Para comprender sus críticas hay que reconocer que, en realidad, la actual representación no es un vehículo de la democracia, sino un obstáculo para su realización.

En primer lugar, los costos financieros impiden formar asociaciones políticas que puedan presentarse en campañas electorales. ¿Qué verdades pueden ser construidas políticamente si uno no controla los poderosos medios de comunicación? Los lobbies y los grandes grupos empresariales-financieros son los que llevan a determinados personajes a los gobiernos. Los poderosos medios de información solo dan cabida a las opciones políticas dominantes y bloquean las opciones independientes y críticas, imposibilitando cualquier forma emergente de participación política. Es cierto que votamos de una forma periódica.

Pero todo ciudadano preocupado por la polis es plenamente consciente de que no se puede validar una democracia que sea simplemente un apego, aburrido a instituciones fósiles con las que se cumplen rituales cada tres, cada cuatro o cada cinco años, para elegir a los que vendrán a decidir de mala manera sobre nuestros destinos, y que por supuesto, no nos representan. Al respecto me remito a una anécdota del filósofo Zizek en una conferencia impartida en Bolivia, bajo el título “La situación es catastrófica pero no es seria”.

“Si me permiten, quiero también contarles un viejo chiste -quizás alguno de ustedes ya lo conoce-, pero es un chiste que refleja y resume perfectamente cómo funciona la ideología, cómo opera en el Occidente desarrollado. Es una historia sobre Niels Böhr, uno de los mayores exponentes de la física cuántica. Él tenía una casa en el campo, a la que un amigo fue de visita. El amigo vio que en la entrada de la casa estaba colocada una herradura (no se cómo funciona acá pero en Europa éste es un tipo de objeto que, según las supersticiones, previene el ingreso de espíritus malignos a la casa). El amigo dijo: “Si tú eres un científico, sabes que esto no es cierto”. Böhr contesta: “Por supuesto, no soy un idiota. Sé perfectamente que esto no es importante. El amigo le pregunta: “Entonces, ¿por qué tienes la herradura ahí?”. Y Böhr responde: “Porque la herradura funciona incluso si no crees en ella”.

El mensaje de todo esto es bastante triste, tiene relación con la democracia: nadie cree en ella y sin embargo todos participamos en ella como si creyéramos

EL QUE NO SABE, NADA ENTIENDE. POR ELLO DEBERÍA SABER.

Cándido Marquesán

Se ha extendido en amplios sectores de la sociedad española la idea de que todo trabajador público debe su puesto al nepotismo y al enchufismo, aunque dentro de ellos cabe distinguir funcionarios de carrera, funcionarios interinos, personal laboral y personal estatutario. Para los españoles la realidad es una, blanca o negra, no hay matices. Es cierto que determinadas personas están en un puesto público, como los asesores políticos, merced a determinados contactos personales. Mas la gran mayoría de los empleados públicos, como los funcionarios de carrera deben su puesto de trabajo a unas oposiciones libres, transparentes, públicas, durísimas y, a veces, las podíamos clasificar de kafkianas.

 

Por supuesto que nuestros dirigentes políticos, ni los de ahora ni los de antes, no solo no mueven un dedo para defender a los funcionarios, sino que también tratan de denigrarlos cada vez más frente a la sociedad.  Probablemente porque tal actuación la deben considerar rentable electoralmente. De ahí: rebajas de sueldos, eliminación de pagas extras, aumento de horarios y disminución de moscosos; todo ello sin negociación colectiva, que prácticamente ya no existe. Además de los comentarios del ínclito Beteta relacionados con el cafecito. Un buen dirigente político, si quiere prosperar en su cursus honorum, tiene que despreciar cuanto más mejor a los funcionarios.

También a los políticos les resulta intolerable que los funcionarios no les sean sumisos, como lo son  los  cargos nombrados a dedo. Cabe recordar que una inspectora del Ministerio de Hacienda fue destituida porque rechazó un recurso de Cemex contra una multa millonaria. La funcionaria tomó la decisión en contra del criterio de la dirección que prefería esperar para unificar las dos investigaciones fiscales sobre la cementera --una por los créditos fiscales y otra por IVA, según fuentes internas de la Agencia-- en un solo expediente. Y no digamos las ganas que les tiene también a los funcionarios el jefe de los empresarios, el Sr. Rosell, ya que le resulta insoportable que tengan un puesto de trabajo vitalicio. El desearía que fuera tan inseguro como en la empresa privada, para poder explotarlos y dominarlos.

Mas no quiero detenerme ahora en esta cuestión, solo quiero hacerlo en relación a las grandes dificultades que conlleva conseguir una plaza de funcionario. Para ello me fijaré en las  recientes oposiciones a profesor de secundaria en la especialidad de Geografía e Historia en la Comunidad Autónoma de Aragón, que todavía se están realizando. Muchos de los que llevaban mucho tiempo, incluso años, preparando el temario de las oposiciones hasta el mes de abril no tuvieron la seguridad de que saldría la convocatoria. Puede salir o no salir. Si no sale, hay que esperar pacientemente hasta el año siguiente, a que la administración decida lo que le parezca oportuno. Lo digo esto, porque hay gente ingenua que cree que las oposiciones tienen que salir todos los años.

Finalmente salió  mediante a una sentencia judicial que obligó a la administración, ya que esta no tenía intención de hacerlo.  Solo conoce el gran esfuerzo de preparar unas oposiciones, quien tiene algún pariente cercano. Día tras día, estudiando y repasando los mismos temas. Se pasan momentos de desánimo con ganas de tirar la toalla. En la convocatoria comentada fueron 55 plazas a las que se presentaron 1.700, por lo que fueron necesarios nombrar 13 tribunales. El lugar de la prueba en Teruel con el consiguiente gasto para la gran mayoría de los opositores. Eso es lo de menos. Hay que joder al personal. He utilizado antes el término kafkiano a las oposiciones, el epíteto es muy apropiado para este caso.

Estas oposiciones de Geografía e Historia suponen una gran dificultad ya que las pruebas obligan ser expertos en Geografía, Historia y Arte. Tres disciplinas diferentes. Vamos a ver las partes de la prueba. La primera, es la realización de un tema a elegir, la que no acarrea gran dificultad, si has estudiado los alrededor de 80 temas; y luego un práctico, ambas partes tienen que estar aprobadas. Luego viene, si la has superado, la segunda parte,  la exposición de una programación didáctica del programa de la disciplina de un curso, puede ser de la ESO o Bachillerato; y la exposición de una unidad didáctica. Mas quiero detenerme en la estructura del práctico. Realmente alucinante y kafkiano.

En la disciplina de Arte era una planta de las Torres Blancas de Oiza y el Gran Vidrio de Duchamp. Si señor, con estas muestras se consigue evaluar convenientemente los conocimientos artísticos. Yo he dado varios años Historia del Arte de 2º de Bachillerato, y en ningún programa aparecían tales obras.

El práctico de Geografía era un relieve apalachense de Extremadura, por cierto, a conciencia no muy visible; los Órganos de La Gomera, por lo que parece una columna basáltica; y además unos problemas realmente alucinantes. Uno, era el calcular la altura del sol en función de la hora del día, teniendo en cuenta la latitud de un lugar en el solsticio de verano; el otro, este más fácil, era medir el grado de inclinación de los rayos del sol en un lugar de 40º  latitud Sur el 21 de junio.  Y finalmente el práctico tenía 2 comentarios de textos históricos; uno que reflejaba el asesinato del inquisidor aragonés Pedro Arbués por parte de los judíos; el segundo, sin fecha, ni autor, con párrafos entrecortados del texto original, que era de Bartolomé de las Casas, pero que podría ser por la ambigüedad de cualquier otra época o autor, ya que hablaba de ¿justa la guerra  contra los no cristianos? Este era el práctico, y en cuanto a los criterios de calificación eran durísimos, como me han corroborado opositores y miembros de algún tribunal. Muchos compañeros con muchos años de experiencia docente me han confirmado que este ejercicio ellos no lo hubieran aprobado.

Yo tampoco con 35 años de experiencia. No se puede hacer un ejercicio así. Mas claro, todo tiene una explicación, hay que poner un ejercicio dificilísimo en la parte primera, para que pasen a la segunda muy pocos. Señores, esto es una oposición. Me comentaba un amigo opositor que mientras él, tras todo un curso impartiendo clases en un IES, además de prepararse y presentarse a las oposiciones comentadas, los profesores de la concertada financiada con fondos públicos, y cuyo puesto de trabajo sin oposición alguna se lo deben a la amistad con la dirección del centro o el haber sido  antiguo alumno, estaban tomando mojitos en la playa. ¿Por qué no salen a oferta pública las plazas de la concertada?

Vale, se aprueba la oposición, lo que no supone la consecución de una plaza, ya que muchos aprueban sin plaza. Si eres de los privilegiados que la alcanzas, la administración educativa puede mandarte hasta el último confín de la geografía aragonesa, lo que te supone estar fuera de tu lugar habitual de residencia con los consiguientes costos en viajes y estancia. Mientras tanto los profesores de la concertada están en su mayoría en Zaragoza capital.

Quiero terminar con una reflexión, que se deduce de lo ya expuesto. Supongo que no habrá ningún cenutrio que dude de la preparación académica y didáctica de los que consigan la plaza de profesores de secundaria en Geografía e Historia. Vano intento, ya que el padre de turno dará lecciones de la materia, cuestionando la profesionalidad de los profesores. Como tampoco que sigan pensando que deben su puesto de trabajo a una concesión arbitraria del político de turno.

Por último la ciudadanía debería ser consciente, como muy bien dice el tristemente desaparecido Luis Gómez Llorente, frente a lo público, lo que es de todos, lo que está abierto a todos, lo que mira al bien de la comunidad, se sitúa lo privado: las iglesias que atienden a sus creyentes; las familias, que procuran su bienestar más feliz; los negociantes que buscan su ganancia. Pertenece al noble patrimonio de la burguesía revolucionaria el haber creado toda una ética del servicio público basada en principios radicalmente distintos a los negocios privados.

Los servidores públicos no tienen "clientes" ni trabajan compitiendo para el mejor postor. Un juez, un catedrático, un maestro, un cartero, o un guardia, juzgan, enseñan, educan, reparten las cartas o custodian la vía pública por igual a todo el que lo requiere, y no ganan más cuando sus sentencias son más justas, ni cuando sus enseñanzas son más científicas, ni cuando reparten más cartas, o cuando detienen infractores. Ellos no "buscan" clientes, no compiten entre sí. Sólo han competido para merecer un puesto de servicio público. A partir de ahí no tienen "interés", sino "deber". Ese deber se les exige por vía reglamentaria, y no por el arbitrio del amo.

El servidor público se rige por la objetividad de la ley, y el servidor público es responsable de sus actos. No es "despedido", pero si es negligente puede ser sancionado, y si es indigno puede ser "separado del servicio". La honestidad del servidor público consiste precisamente en tratar a todos por igual, en llevar la carta con la misma diligencia al banquero o al parado, al dueño o al empleado. El catedrático da la misma clase a todos sus alumnos sin saber de quién es hijo cada cual. Igual que seguro lo harán los profesores de secundaria de Geografía e Historia de la Comunidad Autónoma de Aragón.

La desigualdad es corrosiva ( El Periódico de Aragón - 28/06/2014 )