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LA SOCIALDEMOCRACIA EN EL SIGLO XXI

            

 Tony Judt es un historiador que va a dejar una huella imperecedera.  Es el paradigma del compromiso ético, ya que en su  obra ha explicado con claridad meridiana qué está ocurriendo en el momento actual, cómo se ha llegado a esta situación llena de injusticias y desigualdades, y también  nos ofrece alternativas para conseguir un mundo más justo y solidario.  Dignifica la disciplina de la Historia.

En su libro “Sobre el olvidado siglo XX” nos señala la facilidad con la que hemos olvidado la historia del siglo pasado, como si viviéramos en una época totalmente nueva e irreversible, y que el pasado no tuviera nada que enseñarnos. Nos avisa que en el siglo XX se produjeron grandes avances científicos, pero también espantosos genocidios e irrecuperables desastres medioambientales. Entre los olvidos, también está la desaparición de los intelectuales, los personajes que en el siglo pasado fueron uno de los vehículos claves para el debate, la transmisión y la difusión de las ideas. El siglo XX fue el siglo de intelectuales como: Koestler, Camus, Hannah Arendt, Althusser, Hobsbawm, Kolakowski. .

Tras el triunfo de la revolución conservadora a partir de los  ochenta, nuestros objetivos colectivos son exclusivamente económicos (prosperidad, crecimiento, PIB, productividad, tipos de interés, bolsas de valores..), como si no fueran sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines sociales y políticos, sino pautas suficientes y necesarias en sí mismas. Es demoledor el capítulo dedicado a Tony Blair.  Por ende, las grandes narraciones de la Nación, la Historia o el Progreso, que caracterizaron el relato de la primera parte del siglo pasado, aparecen ahora desacreditadas e irrecuperables.

Su monumental obra Postguerra. Una historia de Europa desde 1945  es  la mejor Historia de Europa posterior a la II Guerra Mundial. Tiene cuatro partes. La primera (que va de 1945 a 1953) trata del fin de la vieja Europa y la división de la Guerra Fría. Es impresionante la descripción del proceso de construcción del régimen socialista en los países del Este, destruyendo cualquier conato de democracia. La segunda (1953-1971) con el momento de la socialdemocracia, la opulencia progresiva que conquista la Europa occidental y la destrucción de las ilusiones en el Este (Hungría, 1956; el muro de Berlín, 1961; Checoslovaquia, 1968), del "malestar de la prosperidad" con movimientos sociales como Mayo del 68. La tercera (1971-1989) de la década de los setenta, con la subida del petróleo y la irrupción de las violencias terroristas, el fin de las dictaduras mediterráneas, el posterior auge del neoliberalismo, y el rapidísimo y pacífico cambio que acaba con la URSS y sus satélites. La última de la nueva Europa que surge entre 1989 y 2006 con un espectacular capítulo sobre la desintegración de Yugoslavia, y cierra el libro con un epílogo -Desde la casa de los muertos- en el que reflexiona sobre Europa y su memoria. Tan importantes son las preguntas planteadas como sus respuestas. ¿Cómo una región que ha producido tanta ciencia y tanta belleza ha sido capaz de desencadenar tantos desastres? ¿Cómo pudo vivir dividida durante la Guerra Fría? ¿Cómo fue posible que resucitaran los nacionalismos después de 1989, pese a los males que han causado? Y la más conocida: ¿cómo Europa renació de sus cenizas en 1945, y condujo a algunos de sus Estados a niveles de bienestar desconocidos?  En un aviso a navegantes, afirma que fue la cooperación de los países europeos lo que pudo engendrar una estabilidad y una prosperidad duraderas.  Concluye "América tendrá el mayor Ejército y China creará más productos y más baratos, pero ni América ni China disponen de un modelo útil que puede ser imitado. Puede que todavía el siglo XXI pertenezca a los europeos".

 Algo va mal, escrito poco antes de morir, es su testamento político. Muestra su perplejidad ante una sociedad que ha hecho del dinero su único criterio moral: "Ha convertido en virtud la búsqueda del interés material". Hasta el extremo de que es lo único que nos queda como proyecto colectivo. Por ello, asistimos a crecimientos salvajes de la desigualdad, a la humillación de los más débiles, a los abusos de poderes no democráticos -empezando por el poder económico- frente a los cuales el Estado es impotente, sin que provoque la menor indignación”. ¿Por qué es tan difícil encontrar una alternativa? La respuesta está en la hegemonía ideológica conservadora y la globalización: frente a la economía global, la política es local y nacional.

El gran problema es el vacío moral. No podemos seguir evaluando nuestro mundo y decidiendo las opciones necesarias sin referentes morales. Sin ellos no se puede reconstruir la confianza. Y la confianza es necesaria para el buen funcionamiento de todo, incluso de los mercados. La izquierda se ha ido quedando muda, mientras la derecha se esforzaba en el desprestigio del Estado. Y así seguimos, sin alternativa. Por el camino hemos perdido la idea de igualdad. Sin ella el discurso socialdemócrata se desdibuja. Mientras los políticos de izquierda defienden la socialdemocracia con la boca pequeña, para Judt es la única apuesta adecuada porque la desigualdad es hoy el problema capital. Para ello la socialdemocracia necesita trabajar por el prestigio del Estado, reconstruir un lenguaje propio y encontrar un relato moral. Injusticia, desigualdad, deslealtad, inmoralidad, la socialdemocracia tenía un lenguaje para hablar de ellas y ha renunciado a él. Ahí radica su fracaso electoral. Pretender justificarlo con la argumentación de que no ha sabido comunicar el mensaje, es estar fuera de la realidad. Si quiere recuperar la credibilidad y la confianza perdidas de muchos de sus antiguos votantes debería interiorizar los mensajes de este gran historiador.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

 

 

           

 

DE LA REFORMA ELECTORAL

En una reciente entrevista  Javier Cercas señalaba que “El 15-M le parecía lo más saludable que ha pasado en este país en los últimos años.  Las palabras las asumo en su totalidad. Con independencia de la evolución que siga el 15-M, su aportación es ya incuestionable. Esos jóvenes y menos jóvenes han puesto de actualidad determinados problemas políticos que estaban soterrados: reforma del sistema electoral, liberar  la política de la economía, una democracia más participativa, una auténtica y efectiva separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial,  combatir la corrupción política etc. Ahora quiero referirme  a la cuestión de la reforma del sistema electoral, al ser muy injusta la representación surgida de las urnas. Unos datos nos los demuestran de una manera contundente. En las elecciones generales de 2008 con 963.000 votos IU obtuvo dos escaños, y CIU con 774.000 once; y con 303.00 el PNV tuvo seis y UPyD sólo uno. Los grandes beneficiados de la actual ley electoral han sido y siguen siéndolo PSOE y PP con los partidos nacionalistas. Para entender el tema en cuestión conviene mirar por el retrovisor a nuestro pasado.

 Según los profesores Montserrat Baras y Juan Botella, la convocatoria a Cortes formulada en 1810 por la Junta Central constituye la primera norma electoral española. En la Constitución de 1812 se estableció el sufragio universal masculino, aunque indirecto. Entre 1834 y 1868 estuvo vigente el sufragio censitario, solo podían votar determinadas personas según rentas o categorías profesionales, sin que se llegase en ningún momento a un 5% el número de electores. Con la “gloriosa revolución” de 1868 se instauró el sufragio universal masculino y la reducción de la mayoría de edad a 21 años, por lo que algo más de la cuarta parte de los españoles fueron electores. Con la Restauración se produjo un paréntesis, ya que Cánovas del Castillo se mostró contrario al sufragio universal, no obstante con el liberal Sagasta se reintrodujo en 1890. No obstante en este período fue falseado de una manera sistemática, tal como reflejan los nombres de caciques, pucherazos, cuneros. En 1907 la Ley Maura supuso un intento fallido de mejorar y una racionalizar el sistema electoral, uno de sus artículos más famosos el 29 que establecía que en aquellos distritos en el que concurriesen tantos candidatos como escaños a cubrir, la elección no tendría lugar.

Con la llegada de la II República se generalizó la circunscripción plurinominal en el ámbito provincial y, en su caso, las capitales de provincia-que superasen los 100.000 habitantes- formaban una circunscripción independiente, como fue la ciudad de Zaragoza. El Decreto de 1931 mantuvo el sufragio mayoritario limitado: eran elegidos los más votados con un número mínimo de votos; se podía votar a candidatos de las diversas candidaturas; se podía votar sólo por un número máximo de candidatos, en torno a los dos terceras partes del número de escaños a cubrir, para que las minorías estuvieran representadas. La Constitución republicana convalidó el Decreto con la única modificación de dar el voto a las mujeres, que pudieron ejercerlo por primera vez en 1933. La legislación electoral republicana mejoró la representatividad, propiciando el pluripartidismo y la fragmentación parlamentaria, lo que dificultó la gobernabilidad. En las Cortes de 1931 y 1933 hubo representantes de más de 20 partidos; en las de 1936, fueron alrededor de 18. El partido con más escaños en cada una de las tres elecciones republicanas tenía en 1931 y 1933 algo menos del 25%; en 1936, su peso era del 21%. Además, la fórmula mayoritaria de lista producía grandes cambios pendulares en electorado. La izquierda tenía en 1931 el 62% de los diputados; en 1933 el 21%, y en febrero de 1936 el 56%. La derecha en las mismas fechas tuvo el 9, el 45 y el 30%.  La consecuencia fueron los continuos cambios de gobierno, en el período de paz hubo 17, con una media de duración de 4 meses. Como conclusión, si la legislación electoral republicana cumplió muy bien las funciones de la representación, no servía para garantizar la gobernabilidad que no contribuyó a la consolidación del régimen republicano. Esta situación era perceptible a la salida del franquismo y en la transición democrática. El Real Decreto-Ley de marzo de 1977, que establecía las normas para las primeras elecciones libres- que en lo fundamental se ha mantenido en la legislación electoral posterior- no fue negociado entre la oposición democrática y el gobierno procedente del franquismo. La oposición tenía bastante con alcanzar su legalización, y el gobierno de Adolfo Suárez pudo definir con total libertad las reglas de juego. Había incertidumbre sobre las preferencias electorales de los españoles, por lo que no se tenía claro cuál era el mejor mecanismo electoral. A pesar de su afirmación proporcional, el escaso número de escaños a cubrir en la mayoría de las provincias, le daba al sistema un carácter en la práctica mayoritario. Por otra parte, la asignación de diputados a las provincias primaba a las menos pobladas, previsiblemente más moderadas y progubernamentales. Además los senadores de designación real era una fuente de seguridad frente a unos resultados favorables a la oposición. Lo que se pretendía en definitiva era evitar el multipartidismo excesivo y de favorecer las candidaturas gubernamentales, y de asegurar una representación limitada a las fuerzas de la oposición antifranquista. Prevaleció la gobernabilidad en detrimento de la representatividad. Y como he señalado la legislación electoral posterior no introdujo ningún cambio sustancial al Decreto que reguló las primeras elecciones democráticas de 1977. Además, el derecho electoral es siempre conservador, y aquellas fuerzas políticas que de él se han beneficiado y lo siguen haciendo, que les ha permitido ganar las elecciones o tener una  representación política muy superior a su fuerza real, como es entendible ni lo cambian ni lo cambiarán.

 

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

 

 

 

 

 

DE LA ÉTICA EN LA POLÍTICA

            La situación social, económica y política a la que estamos llegando en España es cada vez más irrespirable, provocada por la crisis económica más grave de los últimos 200 años, superando a la depresión de los años 30 del siglo pasado. Unos la llaman la Gran Depresión y otros “La Segunda Gran Contracción que ha padecido el sistema capitalista”. Sorprende esta situación, si tenemos en cuenta que conspicuos economistas nos dijeron que el capitalismo neoliberal nos iba a proporcionar un incremento permanente del bienestar, al desaparecer definitivamente las crisis. Conviene recordar que desde hace unos decenios  la economía ha estado basada y lo sigue estando, en la desregulación de los mercados, la especulación del sistema financiero, la sacralización de lo privado  en detrimento de lo público, la ilusión del crecimiento infinito, la búsqueda exclusivamente del beneficio material, el abandono de cualquier valor moral, la pasiva aceptación del incremento de las desigualdades, la subordinación indiscriminada de la política a la economía.  La situación actual la explica muy bien Jean Daniel  “Cuando la especulación conduce a considerar el dinero como un fin y no como un medio, en otras palabras, cuando el capital se "financiariza", la sociedad entera se transforma en una bolsa de valores que ya solo puede optar entre un individualismo cínico y un latrocinio organizado”.

Para corregir la crisis se han impuesto durísimas políticas de ajustes fiscales y para justificarlas, con la excusa del control del déficit público,  se emiten al unísono mensajes homogéneos desde las élites financieras, políticas y mediáticas sin posibilidad alguna de crítica. Si alguien tiene la osadía de discrepar se le acusa de irresponsable con el argumento “la crítica de estas medidas puede generar tensiones sociales, que desestabilizarán los mercados, aumentará la prima de riesgo y la deuda nos resultará más cara”. Por tanto,  a callar.  Mas no debemos confiarnos, como la voracidad de los mercados es insaciable, pasado un breve intervalo de tiempo vuelven a la carga con nuevos ajustes fiscales, que imposibilitan cualquier salida de la crisis. Lo acaba de explicar el jefe de la oposición griega, en relación al  segundo ajuste para su país “Me están pidiendo que apoye una medicina para alguien que se está muriendo por culpa de esa misma medicina”. El panorama que se vislumbra en el horizonte próximo es aterrador. De ahí que  se extienda cada vez más un sentimiento de miedo e inseguridad en nuestra sociedad como muy pocas veces en nuestra historia.

Para salir de este pozo negro hay que recuperar la esencia de la política. Hacen falta políticos “de verdad” con capacidad de liderar e ilusionar a un pueblo en aras de un proyecto colectivo, dedicados en cuerpo y alma  al servicio público, impregnados de un sentido profundo de justicia, rebeldes ante la expansión y crecimiento de las desigualdades, independientes de los poderes económicos, con coraje  para luchar ante las dificultades,  moralmente serios y ligeramente austeros. Y sobre todo con dotes ejemplarizantes desde un punto de vista ético.  Como señaló Albert Camus hace falta el redescubrimiento ético de la política: “No queremos política sin ética, porque sabemos que sólo la ética justifica la política”. En definitiva,  políticos de verdad, como los ha habido en otras épocas. Las dificultades a las que Franklin D. Roosevelt tuvo que enfrentarse en los años 30 en los Estados Unidos no eran menores que las actuales: muchos bancos en quiebra, los agricultores arruinados, cifras inmensas de parados y barrios de chabolas “hoovervilles” en muchas ciudades. No obstante,  se puso a trabajar desde el primer día, tratando de inyectar ilusión  a su pueblo, animándole en uno de sus primeros discursos “A lo único que debemos tener miedo es al miedo mismo”. Sacó adelante una política valiente plasmada en la New Deal, estableciendo la seguridad social, el seguro de paro, el derecho a la sindicación, el salario mínimo y la semana de 40 horas. Con la Ley Glass-Steagall embridó a los grandes poderes financieros, como más tarde señaló “Hemos tenido que luchar con los viejos enemigos de la paz –monopolios financieros y económicos, especulación, banca despiadada, antagonismo de clases, enriquecimiento con las guerras–.” Por eso es  uno de los presidentes más queridos.

O aquellos políticos de la Europa occidental posterior a la II Guerra  Mundial que, a pesar de la situación económica gravísima, pusieron en marcha el Estado de bienestar, como el laborista Clement Attlee al llevar a la práctica el Informe Beveridge de clara inspiración keynesiana. En 1945  la ley de subsidios familiares; en 1946 la de seguridad social y la que organiza el Servicio Nacional de Salud, en 1948 la de asistencia social. Posteriormente los gobiernos conservadores británicos lo consolidaron, tal como lo indicó  Churchill en un discurso de 1954  “Estoy orgulloso de haber mejorado los servicios sociales, ya que en este año estamos gastando más que cualquier otro gobierno del pasado”.

            En comparación a los anteriores hay otros, los actuales, los DSK, Berlusconi, Sarkozy, Merkel, Cameron, Van Rompuy, Rodríguez Zapatero, Rubalcaba o Rajoy que parecen auténticos pigmeos. Todos ellos tienen  algunas características comunes.  Ninguno de ellos generan entusiasmo alguno en el electorado de sus propios países- ¿a quién votar a Rajoy o Rubalcaba?-, no muestran tener un conjunto coherente de principios políticos-salvo el seguir las directrices de los poderes financieros, el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse y el afán de mando -, por lo que han traicionado plenamente la confianza democrática  depositada en ellos. De ahí el gran desencanto en la sociedad civil hacia la política.

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

¿Y ESTOS NOS VAN GOBERNAR?

                                   

En un aviso para navegantes, quiero dejar muy claro que todo político  del partido que sea, inculpado en un caso de corrupción, debe ser expulsado fulminantemente por las cúpulas de sus partidos, y que caiga sobre él toda la fuerza de la ley. Nos tendríamos que indignar igual con el caso Gürtel, los Eres de Andalucía o el del Partido de los Trabajadores de Sebastopol. Unos ciudadanos responsables deberíamos tenerlo esto muy claro. Mas estamos observando con asiduidad que según nuestras preferencias políticas, las valoraciones son distintas. Si es de los nuestros lo exculpamos, y  a votarle más todavía. Si es de la otra bancada, somos implacables. No, no, no debería ser así. ¡Qué ejemplo nos dieron los españoles en las elecciones de febrero de 1936, al barrer del mapa político al partido radical de Lerroux! Dicho lo cual con total contundencia, quiero referirme, por ser tema de actualidad, a las últimas actuaciones de los dirigentes populares relacionadas con la dimisión de Francisco Camps, como presidente de la Generalitat valenciana, que me sugieren unas reflexiones, impregnadas de estupor e indignación. Y sobre todo, porque  éstos van a ser los que nos van a gobernar a partir del 20-N.

 

De entrada, conviene recordar. No pocos cargos populares de la ejecutiva nacional, madrileños y valencianos han estado implicados en el caso Gürtel. Tuvo que dimitir el tesorero del PP, Sr. Bárcenas. En la Comunidad de Madrid bastantes consejeros, diputados, alcaldes, concejales, y lo más sorprendente es que su máxima dirigente salió inmaculada. Todavía más, es hoy el paradigma de la anticorrupción. Inconcebible. En la Comunidad Valenciana otros, no pocos, aunque aquí hay que añadir el caso Brugal  y el de Fabra.  Negar la evidencia no puede ser más que producto de la ceguera y de la insensatez. No obstante, desde los dirigentes populares, con el beneplácito de sectores de la ciudadanía, esa fue la primera reacción, alegando que todo era producto de una conjura diseñada por Rubalcaba, a la que se plegaron fiscales y jueces, para recortar las favorables expectativas electorales del PP. Es peligroso cuestionar el poder judicial, ya que se debilita el Estado de derecho. Al resultar ineficaz esta estrategia, surgió el Tú más que yo, recurriendo al caso Faisán y los EREs de Andalucía; por ende se deteriora el sistema democrático, sembrando una desconfianza generalizada hacia la política.

 

Es claro que Rajoy ya no debería haber permitido a Camps el presentarse a las elecciones del 22-M. El jefe que teme las responsabilidades no merece ser jefe. Es jefe porque las asume. Quien siente el peso de la responsabilidad no procede nunca de ligero. Mas como la justicia aunque lenta sigue funcionando, al acorralar a los dirigentes valencianos, llevándoles ante los tribunales, se desencadenaron todos los acontecimientos que precedieron a la dimisión de Camps. Protagonistas han sido: Mariano Rajoy, Dolores de Cospedal, Rita Barberá, Federico Trillo, Juan Cotino, Ricardo Costa y Francisco Camps. Fueron unas jornadas frenéticas. Hay material suficiente para escribir una novela, una comedia, una tragedia, una tragicomedia y hasta una epopeya, por la actuación épica de Camps, que empequeñece las acciones de los héroes clásicos de Aquiles, Ulises o Eneas; de Sigfrido el de Los Nibelungos, o de nuestro Cid Campeador. Pero abandonemos este inciso literario y retornemos al tema.

 

La primera opción de Camps fue declararse culpable para seguir en la presidencia, mas esto suponía reconocer que había mentido. Posteriormente dimitió para preparar su defensa. Respiraron en Génova. La intervención de Camps en el acto de dimisión fue patética. Se declaró no sé cuántas veces inocente, y justificó su dimisión como un acto de sacrificio por Valencia y por España, para que llegase al poder Rajoy. Su lenguaje no-verbal fue muy expresivo. Sus muecas, risas, sonrisas eran tan ridículas que producían vergüenza ajena, sobre todo cuando se convertían en forzadas carcajadas. Parpadeaba compulsivamente mientras distraía la atención del auditorio con una sonrisa que pretendía ocultar la falsedad de unas palabras en las que, sin duda, no creía. Hay hombres que mienten a todos y también se mienten a sí mismos. Éstos llegan a estar convencidos de que la mentira forjada por ellos es la verdad, y la defienden con mayor empeño que la verdad misma. Por eso son los más peligrosos en la política. ¡Qué fácil hubiera sido, reconocer su error y pedir disculpas! Eso es lo que ennoblece a un hombre y a un político.  Estos comportamientos no entran en la agenda de nuestros políticos. A continuación, en tromba, todos los dirigentes populares cerraron filas aludiendo que era inocente y que había puesto el listón muy alto. Alucinante. González Pons “El Sr. Camps ha sido inocente, lo es y lo seguirá siendo”. Y debemos creerlo como si fuera una verdad metafísicamente incuestionable. Núñez Feijóo “Su decisión dignifica a los políticos”. Para conocer a fondo todas las miserias humanas, nada más eficaz que la actividad política. De verdad, no entiendo nada. No sé si nos toman por gilipollas. Es un insulto a la ciudadanía. Que un cargo público tenga que dimitir por tener problemas con la justicia debería ser motivo de vergüenza y no de vanagloria. Mas los políticos populares con esa extraordinaria facilidad que tienen para retorcer la realidad, para aprovecharla para sus intereses, argumentaron que a Camps deberían imitarlo los de la bancada contraria. Inaudito. Aunque tarde, Rajoy destacó la decisión de Camps y le abrió una misteriosa puerta de cara al futuro, una vez resuelto su proceso judicial. Señaló "Tiene futuro en la vida pública, en la privada, donde él quiera", puesto que ha tomado la decisión por "su tierra y por su partido". Esta frase es inquietante. ¿Qué recompensa hay detrás? Una pista. ¿Qué cargo tiene hoy Zaplana?

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

 

El 15-M un mes después

          Después de tanto tiempo de conformismo por parte de las principales fuerzas políticas y sindicales, y pasividad de la sociedad civil en España, tenía que surgir algún movimiento de protesta ante los ataques implacables e inmisericordes del sistema capitalista, en su versión más injusta e insolidaria del neoliberalismo que ha provocado una crisis económica, generando tanto daño a amplios sectores de la sociedad. Mas, no deja de ser sorprendente que para salir de ella se sigan utilizando soluciones estrictamente neoliberales.  Por ello, los Estados están destinando una gran cantidad de recursos para rescatar el sistema financiero, con la consiguiente inmensa deuda pública contraída con los bancos privados, coartada perfecta para justificar ante la ciudadanía durísimas políticas de ajustes fiscales, que siguen incrementando el sufrimiento en amplios sectores de la sociedad: parados, desahuciados, jóvenes sin futuro, jubilados con pensiones congeladas y los asalariados cada vez con menos derechos sociolaborales, sin negociación colectiva, despidos más baratos, salarios ya no vinculados al IPC, retraso en la edad de jubilación. Además de un ataque despiadado a nuestro incipiente Estado de bienestar, con sus correspondientes cuotas de privatización de determinados servicios públicos, presentándolos como más baratos y más eficaces. Ya ha puesto en marcha está política Artur Mas en Cataluña y la acaban de anunciar Camps en Valencia y Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Todo justificado con la sacrosanta palabra de la austeridad, como si fuera un fin en sí misma. Hace unos días Josep Ramoneda señalaba con buen criterio: ¿cuál es el objetivo final de la austeridad? No obstante como señalaba al principio, muchos nos vimos sorprendidos gratamente por el hecho de que finalmente numerosos jóvenes, aunque también gente madura, ocupasen las plazas de muchas ciudades españolas para mostrar sus quejas ante esta situación. La capacidad de aguante de una sociedad tiene un límite. Dijeron hasta aquí hemos llegado. En nuestro país tenemos en estos momentos combustible suficiente almacenado como para que se produzca un incendio de gran magnitud, porque la gente sale a la calle cuando está desesperada, porque no tiene nada que perder. Y ya hay muchos, demasiados, que no tienen nada que perder, lo cual aparte de ser una flagrante injusticia es un peligro terrible. Mientras tanto los políticos a los suyo, a ocupar buenos sitios en los lugares de salida. Los indignados comenzaron a debatir en régimen asambleario cómo se ha llegado a la situación actual y arbitrar algunas medidas para salir de ella. El movimiento tuvo una buena acogida en amplios sectores de la sociedad, aunque también en círculos restringidos de determinada élite política, financiera y mediática empezó a surgir cierta inquietud ante la posibilidad de que se consolidara y comenzara a plantear otras medidas más justas y solidarias para salir de la crisis, que las puestas en práctica y que nos la quieren presentar como las únicas posibles, de acuerdo con el triunfo del pensamiento único. Veámoslas.

 

Una reforma de la ley electoral, al ser muy injusta la representación surgida de las urnas. En las elecciones generales de 2008 con 963.000 votos IU obtuvo dos escaños, y CIU con 774.000 once; y con 303.00 el PNV tuvo seis y UPyD sólo uno. Los grandes beneficiados de la actual ley electoral han sido y siguen siéndolo PSOE y PP con los partidos nacionalistas. Como es entendible ni la cambian ni la cambiarán.

 

Una democracia más participativa que la estrictamente representativa, como el uso de los referéndum ante cuestiones de gran trascendencia: reforma de las pensiones o laboral. Hace unos días el pueblo esloveno ha rechazado en referéndum la reforma de las pensiones. Listas abiertas en los procesos electorales, con la obligación de los electos de dar cuentas periódicas a sus votantes en lugar de a los dirigentes de su partido.

 

Combatir la corrupción política ampliamente extendida con casos conocidos sin que las fuerzas políticas hayan tomado medida alguna para erradicarla, salvo el acusar al lado de contrario de que la propia era producto de alguna confabulación. Exigencia de responsabilidades políticas a los dirigentes que hayan llevado a cabo actuaciones irresponsables e ilegales.

 

Una auténtica y efectiva separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. No es de recibo que a través del sistema de cuotas de los partidos políticos en el nombramiento de sus miembros  tengan secuestrado al Tribunal Constitucional, tal como señaló recientemente en su renuncia Eugeni Gay. Todavía más, los diputados que juraron muchos de ellos ante la Biblia respetar la Constitución, la están incumpliendo sistemáticamente al permitir por las luchas partidistas que los miembros del TC permanezcan en el desempeño de su cargo más tiempo del exigido por la Constitución en su artículo 159.3. “Los miembros del Tribunal Constitucional serán designados por un periodo de nueve años y se renovaran por terceras partes cada tres.”

 

Democratización interna de los partidos políticos, exigencia que aparece en el artículo 6º de la misma Constitución “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.” El incumplimiento sistemático del artículo 6º podría servir de justificación de pleno derecho para declarar ilegales a nuestros partidos políticos.

 

Independencia de la política de la economía. No puede ser que la élite financiera, que controla el FMI, la Comisión Europea y el BCE, sea quien dirija la política de un país, como está ocurriendo en estos momentos con el Pacto del euro. Al ser así lamentablemente, las ideologías, los programas de los partidos políticos y las elecciones son irrelevantes. Por ende, sería suficiente que unos técnicos  del Ministerio de Economía conectados telemáticamente con la Troika se limitaran a cumplir sus directrices, pulsando el teclado de su ordenador. Los indignados con toda justicia se preguntan: "¿qué vamos a votar cada cuatro años?". "¿Si se ponen más o menos farolas o si un candidato es más o menos guapo o simpático?", porque "las medidas claves de un estado están ya garantizas y en cadena perpetua".

 

 

Todas estas propuestas no suponen, como algunos nos han querido presentar, el cuestionar la democracia. Los políticos han repetido hasta la saciedad que a la democracia no hay quien la toque. Que no, que no  la queremos mandar al cubo de la basura de la historia. Lo que sí estamos hartos de tanta palabrería inútil en torno a la palabra democracia, que se utiliza como pretexto para mantener situaciones injustas y que serían corregibles. Lo que se pretende es inyectarle nuevos bríos, revitalizarla al haberse quedado oxidada en nuestro país tras 30 años de ejercicio.

 

Sólo desde algunos ámbitos económicos, políticos y mediáticos muy poderosos se pueden cuestionar la justicia de todas estas propuestas surgidas de las plazas españolas.  Por ello, muy pronto se mostraron en contra de este movimiento social. Exigieron con prontitud su desalojo de los espacios públicos, argumentando que imposibilitaban el ejercicio del derecho a la libre circulación al resto de la ciudadanía. Perfecto, pero también hubiera sido deseable que exigieran con la misma diligencia y contundencia los derechos al trabajo o a una vivienda digna para todos los ciudadanos.

 

Visto lo cual, entraba dentro de lo previsible que ocurriera lo que está ocurriendo en relación al movimiento del 15-M. Había que criminalizarlo. La actuación de los Mossos d´Esquadra en la Plaza de Cataluña, toda una provocación, era todo un síntoma.  Luego sobrevinieron los lamentables actos para acceder al Parlament de los diputados catalanes. Repito lamentables. Mas me surgen algunas dudas razonables, ¿era responsable de ellos  el 15-M? ¿Quiénes eran los que protagonizaron estos actos? ¿Los que los protagonizaron llegaron allí de una manera espontánea o fueron empujados desde determinadas instancias con fines injustificables y así poder estigmatizar y  decapitar después el movimiento? Algunas imágenes que circulan a través de Internet pueden servir de respuestas para las preguntas anteriores.

 

Al final han conseguido el objetivo buscado. El 15-M es un movimiento de criminales, matones, antisistemas, delincuentes, que quieren derribar nuestra democracia que tanto nos ha costado construir. Que quiera que les diga, esta melodía me chirría. Y a otros muchos como yo.  Mas aunque fuera cierta, que no lo es, esta versión defendida por las élites políticas, económicas y mediáticas, lo que no deberían olvidar éstas de la justicia de la mayoría de las peticiones presentadas espontáneamente en nuestras plazas. Y que de tenerse en cuenta se conseguiría una sociedad mucho mejor. Y nuestras plazas estarían totalmente despejadas para que los ciudadanos pudieran transitar libremente por ellas. De  ello pueden estar seguros. Mas para algunos esta circunstancia no les interesa.

 

 

Cándido Marquesán Millán

El Diccionario de la Real Academia de la Historia

 

Se ha convertido en noticia relevante la polémica generada por determinas biografías recogidas en el Diccionario de la Real Academia de la Historia. Sobre todo ha sido la del dictador Francisco Franco Bahamonde realizada por el “historiador” Luís Suárez, al no atreverse a definirlo como dictador y dejarlo reducido a autoritario ya que participó en un “pronunciamiento militar fallido” que “desembocó” en una Guerra Civil  tras el “desmoronamiento de la legalidad republicana”. Así que Franco no fue un golpista ni el franquismo un sistema “dictatorial”; tal calificativo prefiere reservarlo la Academia para el Gobierno republicano presidido por Juan Negrín.

Algunas perlas  sobre Franco que aparecen en el diccionario de la RAH:

"Francisco Franco pronto se hizo famoso por el frío valor que sobre el campo desplegaba".

- "Una guerra larga de tres años le permitió derrotar a un enemigo que en principio contaba con fuerzas superiores. Para ello, faltando posibles mercados, y contando con la hostilidad de Francia y de Rusia, hubo de establecer estrechos compromisos con Italia y Alemania".

- "Montó un régimen autoritario pero no totalitario".

 

Según declaraciones de Luís Suárez, “el régimen franquista no fue dictadura porque no dictó nada. Como también que no ha querido reflejar la represión del régimen franquista, porque eso es cuestión de la “Memoria Histórica”. No obstante quiero señalar que cada cual es libre de escribir lo que le parezca oportuno. Y si este “historiador” quiere hacer una biografía hagiográfica sobre uno de los mayores asesinos de la Historia, seguro que encontrará editoriales que se la publiquen, pero no debe hacerla la Real Academia de la Historia, que es financiada con fondos públicos. Es seguro que en Alemania o Italia una situación como la comentada no se hubiera producido, porque Hitler y Mussolini hubieran sido calificados como lo que realmente fueron.

 Aquí ha ocurrido porque el profesor Suárez, además de ser experto en Historia de la Edad Media, está vinculado a la Fundación Francisco Franco, es Presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos, miembro del Opus Dei y perteneciente a una línea historiográfica vinculada con el franquismo. Tampoco se debería haber encargado la biografía de Manuel Azaña al profesor Carlos Seco Serrano, cuando el mayor especialista sobre el mayor político de la II República es Santos Juliá. Es obvio que encargar tales biografías a determinados historiadores con su trayectoria ideológica, iba a provocar más pronto que tarde la polémica que se ha levantado.

En otras latitudes, como en el Diccionario Biográfico Nacional de Oxford, el proceso de elaboración ha sido muy diferente. el profesor Lawrence Goldman, como editor principal ha dicho cuáles fueron los criterios: “Elegimos a personas que conozcan muy bien al personaje, e incluso si es posible que lo hayan conocido personalmente. Pero tenemos cuidado con que no sea alguien tan cercano al personaje como para perder la perspectiva crítica hacia él”. El objetivo es que hubiera un equilibrio entre los aspectos positivos y negativos del personaje histórico. “Animábamos a los autores a que fueran críticos con el personaje. Eso era muy importante. De otra manera, no quedaría reflejada toda su realidad”. Además tenía que pasar una serie de filtros, con sucesivas lecturas de diferentes especialistas académicos de reconocido  prestigio internacional y capaces de decidir si el artículo era equilibrado y justo". Por tanto, cada artículo podía ser revisado hasta 14 veces.

Tras 35 años de su muerte, en plena democracia, es lamentable que una institución como la RAH financiada con fondos públicos, haya permitido que aparezca una biografía de Franco totalmente dulcificada, en la que se ocultan todas sus atrocidades cometidas, como la represión indiscriminada durante y después de la Guerra Civil ejercida contra todo un colectivo de disidentes como nacionalistas, comunistas, socialistas, republicanos, ugetistas o cenetistas, muchos de los cuales pagaron con su vida, con años de cárcel, con expropiación de sus propiedades, con la imposibilidad de ejercer su profesión o el exilio.

No me quiero referirme en estas breves líneas a decir sobre si Franco fue autoritario o dictador. La cuestión está suficientemente zanjada por parte de la gran mayoría de los historiadores en cuanto a que fue una dictadura brutal. Sólo de algunos, nostálgicos del pasado franquista, pueden cuestionar esta tesis. La violencia contra la disidencia antes y después del final de la guerra civil fue la espina dorsal del régimen de Franco. Para todos aquellos olvidadizos, les recuerdo que la maldad del dictador iba hasta el extremo de no poner reparos  cuando los nazis le propusieron despojar de la condición de prisioneros de guerra a los miles de republicanos españoles que se hallaban en su poder, accediendo de este modo a que fueran enviados de los stalags a los campos de concentración. Según Helen Graham, “Fue la negativa del régimen de Franco a reconocer la nacionalidad española de los prisioneros  lo que abrió la vía de la deportación. En efecto, las autoridades nazis anunciaron su política el 25 de septiembre de 1940, durante la visita a Alemania del lugarteniente de Franco, Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior ( y en octubre de 1940, también de Asuntos Exteriores) y jefe de la Falange. Así los republicanos españoles fueron recluidos en los campos de concentración: Dachau, Oranienburg, Buchenwald, Flossenburg, Ravensbrück, Auschwitz, Bergen-Belsen, y, sobre todo, Mauthausen. En estos lugares murieron alrededor de 10.000 republicanos españoles”.

Y que podemos decir de los bebés y niños perdidos  que fueron arrancados de sus madres encarceladas, a los que se les cambió el nombre para que pudieran ser adoptados por familias adictas al régimen. Varios millares de niños de familias obreras fueron ingresados en la inclusa, en hogares del Auxilio Social porque las autoridades no consideraban a sus padres aptos para educarlos.

Decenas de millares fueron ejecutados en asesinatos tras juicios militares sumarísimos. Cientos de miles de hombres, mujeres y niños encarcelados en reformatorios, cárceles, campos de concentración y batallones de trabajos forzados, en los que muchos de ellos murieron por malas condiciones sanitarias o alimenticias y palizas. Podemos conocer el tratamiento que recibieron en el siguiente testimonio: el director de la cárcel Modelo de Barcelona, Isidro Castrillón López hablaba así a los presos en abril de 1941: “Hablo a la población reclusa: tenéis que saber que un preso es la diezmillonésima parte de una mierda”.

La puesta en marcha de la Ley de Responsabilidades Políticas por la que muchos “rojos” fueron castigados con la inhabilitación, extrañamiento o destierro o sanciones económicas. A otros muchos maestros y profesores implicados en el proyecto republicano se les prohibió el ejercicio de su función docente. Cientos de miles debieron exiliarse para huir de las represalias. Podríamos seguir exponiendo más y más atrocidades del régimen franquista, que están ya documentadas por historiadores de prestigio como Paul Preston, Santos Juliá, Reig Tapia, Julián Casanova, Francisco Espinosa.

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

La renuncia forzada de Carmen Chacón

 

Transcurridos unos días de las elecciones municipales y autonómicas del 22-M ya podemos hacer una valoración de sus resultados. El dato más destacado es el gran batacazo que ha sufrido el PSOE tanto a nivel autonómico como municipal. Ha ganado claramente el Partido Popular, aunque no de una manera espectacular. Si nos fijamos en los resultados de las municipales, que se realizaron en todo el Estado, el PP ha recibido 0,5 millones más que en el 2007; el PSOE ha perdido 1,46 millones; IU ha ganado 0,2; CIU 54.000 votos: UPyD sin presentarse en el 2007 ha alcanzado 465.000, y Bildu 313.000. Con  la política económica ejecutada por el Gobierno de ZP de clara inspiración neoliberal, siguiendo a rajatabla las directrices de los mercados financieros, con  casi 5 millones de parados, empleos precarios, rebaja de sueldos a funcionarios, congelación de pensiones, reforma laboral, subidas de la luz y gasolina; y sin una mínima contrapartida hacia una política de izquierdas como: restablecimiento del impuesto de patrimonio, subidas impositivas a las SICAVs o del IRPF a las rentas más altas, control del fraude fiscal, que los socialistas sólo hayan perdido 1,5 millones de votos, parecen hasta buenos los resultados. ¡Cuánto sigue contando todavía la marca PSOE¡  Mas no es de esta cuestión a la que quiero referirme ahora.

 A pesar de la clara derrota socialista, ninguno de sus dirigentes autonómicos  ha tenido el coraje y la ética de presentar la dimisión. Eso sí, algunos de ellos dicen haber asumido la responsabilidad, pero eso de marcharse, es otra cosa. Ahora mismo acabo de escuchar la noticia de que el secretario general de la Ejecutiva del PSOE de Teruel, tras unos resultados catastróficos, se mantiene argumentando que “saben hacer frente a las dificultades y que seguirán trabajando para presentar alternativas para los ciudadanos/as de la provincia”. Mientras que desde la calle Génova se están regodeando y esperando el paso del cadáver de su enemigo, a los máximos dirigentes de Ferraz, lo único que  les parece interesar de momento es el ocupar cotas de poder, dando un espectáculo a la ciudadanía realmente lamentable. Están discutiendo que sí primarias o congreso. En un principio a los barones socialistas, utilizando como ariete a Patxi López a instancias del maquiavélico Rubalcaba, les interesaba más la segunda opción, ya que en esta el aparato puede tenerlo todo bajo control. En unas primarias los resultados son imprevisibles, ya que si a la militancia  se le permite expresarse libremente, suele hacerlo contra el candidato del aparato. Tras la renuncia forzada de Carmen Chacón  unas primarias con el único candidato de Rubalcaba, haría  innecesario un congreso. Se habló luego de una conferencia política para relanzar el partido y para dar un impulso ideológico al nuevo candidato. Tras la reunión de ZP con los 19 dirigentes territoriales del PSOE; el vicesecretario general, José Blanco; el presidente, Manuel Chaves, el secretario de Organización, Marcelino Iglesias. y los responsables del PSOE en Europa, Javier Moreno, y en América, Pepe Rial, así como el secretario general de las Juventudes Socialistas, Sergio Gutiérrez, en conferencia de prensa José Blanco ha comunicado el acuerdo que “Rubalcaba, sea el candidato de "todos" los barones del PSOE para 2012. Zapatero, secretario general del PSOE hasta después de las próximas elecciones.  Habrá una conferencia política a primeros de septiembre. No habrá congreso ni ordinario ni extraordinario hasta el año que viene.”  Tendrá que ser ratificado por el Comité Federal. El desenlace el que estaba en el guión.

Mas ahora, quiero referirme a otra cuestión que me genera una gran preocupación y un profundo malestar. La renuncia de Carmen Chacón a presentar su candidatura que ya tenía preparada.  ¡A qué presiones internas ha debido verse sometida para tomar esta decisión¡ Su rostro en la conferencia de prensa  lo mostraba claramente. La actual ministra de Defensa justificó su renuncia, con  las siguientes palabras: "Hemos asistido a una escalada que pone en riesgo la unidad del partido, la autoridad del secretario general, nuestra imagen colectiva e, incluso, la estabilidad del gobierno". Montilla ha censurado lo que entiende como "maniobras en absoluto limpias" dentro del partido, en referencia explícita a  la petición del lehendakari, Patxi López, de reclamar un congreso. "Hay que hablar claro, estos días ha habido una campaña y no todos los actos y maniobras han sido limpios", ha dicho Montilla sobre la carrera sucesoria del PSOE. Y ahora, después que algunos de sus compañeros le han segado la hierba, la alaban de una manera entusiasta por su ejemplo de generosidad para salvaguardar la unidad del partido. ¡Qué hipocresía! Para conocer a fondo las miserias humanas, nada más aleccionador que la vida política.

Será difícil que podamos conocer con exactitud los acontecimientos que se han sucedido entre los dirigentes socialistas hasta provocar la renuncia de Chacón. Algún periódico de tirada nacional, los tituló 45 horas que sacudieron el PSOE. De verdad que no entiendo nada. La desconexión de la clase política con las exigencias de la ciudadanía es cada vez mayor. Ahora mismo en numerosas plazas, además de otras peticiones muy justas, se solicita una regeneración democrática en profundidad, empezando por el funcionamiento interno de los partidos políticos. Parece muy democrático que una ciudadana presente su candidatura para liderar un partido político. Lo que ya no lo es en absoluto, el que obligada por sus propios compañeros de partido  tenga que renunciar a esa aspiración tan legítima. Que no se extrañen por ello nuestros políticos de que cada vez la desconfianza hacia ellos vaya en aumento, aunque esta circunstancia tampoco parece que les importe demasiado.

Por cierto en el resto del manifiesto justificativo de su renuncia, me produce la impresión de que es el mismo, con los lógicos retoques, que tenía preparado para la presentación de su candidatura. En él apelaba su intención de  encabezar un proyecto que recuperara y actualizara las señas de identidad de la socialdemocracia y aplicara la ambición de Igualdad y de Justicia en un contexto de crisis; que reafirmara la autonomía de la política frente a los grandes poderes económicos, que distribuyera los sacrificios de la crisis con la máxima equidad, y que recuperara la dignidad y el prestigio de la política, tal y como nos han reclamado miles de ciudadanos en las urnas y también en la calle. Se puede decir más alto pero no más claro.  He ahí todo un programa. De llevarse a cabo, seguro que se pararía en seco esta hemorragia de votos socialistas.

 

Cándido Marquesán Millán

Algunas certezas en tiempos de incertidumbre

 

 

Absortos en las elecciones municipales y autonómicas, con la prolongación o no del tranvía o la privatización o no de Aramón o Sodemasa, nos olvidamos de otros problemas de mayor calado y trascendencia. Por ello,  resulta conveniente bajarnos de vez en cuando de la torre-campanario de nuestro pueblo y otear un horizonte más amplio. Es lo que pretendo en estas líneas un tanto deslavazadas que siguen a continuación.

 La complejidad de este mundo interdependiente y globalizado ha adquirido tal dimensión que un futuro claramente previsible queda fuera de la política. Desde el desplome del “socialismo real”, que suponía un cambio del modelo de sociedad, bien por vía revolucionaria o por la reformista, ningún político es capaz de vislumbrar por dónde van a discurrir los acontecimientos venideros, aunque esta afirmación tampoco puede ser tajante y requiere  unas matizaciones. No deja de ser paradójico  el que la mayoría de políticos, por un lado, repiten hasta la saciedad que el mundo que salga de la crisis económica actual será muy diferente al que antes hemos conocido, pero, por otro, desde el “fin de la historia” de Fukuyama, no conciben otro sin lo ya establecido: el capitalismo como único modo de producción y la democracia representativa como única organización política. Hechas estas excepciones, el futuro político de nuestras sociedades tiene una gran carga de imprevisibilidad. Por ello, hoy  la política ha quedado circunscrita a ir apagando los fuegos inesperados que van apareciendo por doquier, sin otro objetivo que aguantar hasta las próximas elecciones, cuyo resultado dependen de unos factores externos que están fuera de control. ¿Qué político o economista podía prever la llegada y la intensidad de la crisis económica actual? Y en el caso improbable que la hubiera previsto, ¿quién podía tener una batería trabada de medidas económicas para atajarla y combatirla convenientemente? Las respuestas me parecen claras.  De ahí sobreviene otra circunstancia no menos importante, cual es la provisionalidad y la intrascendencia de los programas que los diferentes partidos políticos presentan en los procesos electorales, ya que cualquier circunstancia sobrevenida y no prevista significa que deban archivarse.

A parte de estas incertidumbres mencionadas, también hay unas certezas claras, que están ahí y que la clase política dirigente no debería soslayar. Habrá que abordar  el futuro del Estado de Bienestar o del Estado Social. El profesor Ignacio Sotelo con buen criterio distingue ambos, al señalar que el primero se convierte en el segundo cuando no se da pleno empleo, como ocurrió en los “30 años gloriosos” posteriores a la II Guerra Mundial en la Europa occidental. También, vistos los daños sufridos por la mayoría de la sociedad en esta crisis, habrá que construir la economía futura sobre unos cimientos diferentes a la obsesión por la creación de riqueza, al culto a la privatización y a las apabullantes diferencias entre ricos y pobres. Con ser importantes estas certezas hay otras mucho más todavía. Son las siguientes. La proliferación planetaria incontrolada del armamento nuclear que puede conducirnos al abismo, en el caso de usarlo algún Estado o algún grupo terrorista. El crecimiento demográfico excesivo, sobre todo en los países subdesarrollados, con los lógicos movimientos migratorios hacia los países desarrollados. La escasez de agua y alimentos básicos, con el agotamiento de las materias primas que hoy consumimos. La insostenibilidad del modelo energético actual, basado en las energías fósiles(carbón, gas y petróleo) y la nuclear, con el escaso desarrollo de las renovables. Y, por encima de todos, relacionado en buena parte con los anteriores, el cambio climático,  con el aumento de las temperaturas merced al efecto invernadero, que está poniendo en grave riesgo el futuro de nuestro planeta para las generaciones futuras. En su libro Un tiempo para la igualdad el ex ministro socialista Jesús Caldera señala que la noticia más importante de los últimos 10 años no ha sido la crisis económica, la delicada situación de las relaciones internacionales o las guerras o conflictos en el mundo, sino la celebración del congreso de biólogos marinos de Fort Lauderdale, Florida, en julio de 2008, en el que 3.000 científicos expresaron su preocupación por el estado de los corales, concluyendo que estaban desapareciendo y que la mayoría habrían desparecido en los próximos 50 años. ¿Cuál es su importancia? De estas barreras de corales depende una parte importante de la fauna marina que se desarrolla a su alrededor, de la cual dependen las poblaciones que viven a cientos de kilómetros. Hasta 500 millones de personas podrían ver alteradas sus condiciones de vida, además  de que muchos lugares habitados se inundarían por la desaparición de estas barreras coralinas, que los protegen de las tormentas, los huracanes y la subida del nivel del mar. El equilibrio de los océanos depende del estado de estos corales.  Uno de los científicos del congreso señaló: “Los corales son como el canario en la mina”.  Un incremento de las temperaturas de 5 grados provocaría una subida de 10 cm. del nivel del mar, con las consiguientes inundaciones en las costas de muchos países. Aunque se iniciaron las conversaciones en 1992 en Río de Janeiro sobre este problema, que continuaron en 1997 con el tratado de Kyoto y en 2009 en Copenhague, no se han tomado medidas a nivel internacional para abordarlo de verdad. No se ha hecho porque se requieren grandes inversiones, que muchos países no quieren sufragar y más en estos momentos de crisis económica, para atajar unas secuelas que se consideran nocivas, pero que a tanta distancia no se perciben con nitidez. Además coordinar la acción de países muy desiguales y con intereses contrapuestos no es tarea fácil al no existir organismos internacionales capaces de imponer compromisos colectivos. La lucha contra el cambio climático exige políticas públicas de carácter internacional que no caben en el tipo de economía insolidaria que tenemos en la actualidad.  Por otra parte, en las democracias actuales los gobiernos  que dependen de sus votantes no asumen sacrificios para salvar generaciones que no han nacido todavía. El corto plazo, como mucho los 4 años que dura una legislatura, es la dimensión temporal que tienen en cuenta los políticos, cuando la lucha contra el calentamiento planetario exigiría una acción concertada y permanente que dure como mínimo un siglo.

 

Cándido Marquesán Millán