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YA VALE, YA ESTÁ BIEN

Cándido Marquesán Millán

Ya he escrito varias veces sobre esta cuestión de la corrupción. Ya huele. Me gustaría no tener que hacerlo. Mas no me queda otra opción, en tanto en cuanto que estoy preocupado por la res publica. Algo que deberían hacer también los ciudadanos españoles por la cuenta que nos trae. Mas un gran triunfo del neoliberalismo  ha sido el denigrar la política, como una acción perversa, y por ello debemos huir de ella despavoridos. Es algo aberrante que se hayan acumulado tantos prejuicios contra la política, por ende, una actividad es considerada execrable, porque se ha politizado y no hay que politizar las cosas. Si no se produce una reacción ciudadana ante esta opinión vamos inexorablemente a un suicidio social.

 

Dejando la vida  privada a buen recaudo, debemos politizar todo aquello que nos afecta en cuanto  miembros de la polis, y en todo lo posible y cuanto más mejor. ¿No debe someterse al debate público, de todos los ciudadanos, por ejemplo, nuestras pensiones, nuestra educación o el sistema fiscal?  Cuando estas cuestiones se eliminan del debate político, es que detrás hay algún interés bastardo. Como dice Aurelio Arteta “Somos seres tanto más libres cuanto más politizados”.  Otro prejuicio es  el de que es decente quien no se mete en política, ya que va a lo suyo. Y ya es la culminación de la virtud si solo vive para su familia: de casa al trabajo y del trabajo a casa. De la política como algo abyecto hay que huir despavoridos.

Lo único valioso es la vida privada, la familiar y laboral. De ahí que muchos alardean yo no soy político. Estos comportamientos contradicen lo que grandes pensadores morales y políticos nos han enseñado desde hace 25 siglos. A los que se despreocupaban de lo común, de lo que es de todos para hacerlo solo de lo suyo los atenienses del siglo V a. C. los llamaban idiotas. Para Bertolt Brecht, el peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. Es tan burro que se enorgullece diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto y lacayo de las multinacionales”.   Dejo ya esta cuestión de la necesidad imperiosa de la politización ciudadana, que daría lugar para un largo artículo. Retorno al tema de la corrupción.

La situación de la corrupción en esta querida España nuestra está sobrepasando los límites de lo razonable. Los españoles presentíamos ya mucha, pero no tanta. Estamos desbordados. Los telediarios o informativos radiofónicos, la prensa escrita y digital tienen que dedicar una parte cada vez mayor a esta auténtica lacra pandémica. Muchas veces ante esta ininterrumpida avalancha de tantas noticias de tantos chorizos y mangantes,  no tienes otra opción que apagar la televisión o cerrar el periódico, y marcharte a leer alguna novela de ficción o escuchar música relajante.

A nivel del Estado nos desayunamos día tras día con los casos de Gürtel, Noos, o los ERES de Andalucía. Son personajes del año: Ruz, Castro o Alaya. Son auténticos sumideros de podredumbre, sin que se vislumbre su profundidad. Hoy leo “Luis Bárcenas defraudó al erario casi 12 millones. La renta le salió siete años a devolver por lo que Hacienda le ingresó 72.000 euros”. “Manda huevos”. Mientras estoy escribiendo otra noticia más “La policía detiene a José Luis Eneri el empresario cordobés investigado por una supuesta estafa en los cursos de formación de la patronal madrileña”.

A nivel de de Aragón más de lo mismo. Si era poco el albañal de La Muela, ahora tenemos el lodazal de la Plataforma Plaza. Es una situación insoportable e irrespirable el que todos los días tengamos que ver un nuevo caso de corrupción, y el nuevo supera al anterior en cuanto a su gravedad o magnitud. Veremos mañana. Nuestra capacidad de asombro es ilimitada. ¿Tanta hediondez y putrefacción tendrán que acabar algún día? De verdad, como ciudadano siento una mezcla de asco y hastío ante tantos sinvergüenzas, auténticos salteadores de caminos, que han saqueado las arcas públicas del Estado. Dan ganas de exiliarte a otro país, pero que esté bien lejos.

Que fácilmente todos estos delincuentes de cuello blanco han esquilmado las arcas públicas. Sorprende que en Madrid o en Zaragoza a plena luz del día, toda una cuadrilla de políticos  y empresarios desalmados pudieran ejecutar tales fechorías.  ¿Cómo es posible que las hayan permitido las administraciones públicas? Instrumentos de control no le faltan. Aunque puede que hayan sido bloqueados desde el ámbito político, esa es la única explicación lógica para que esta manada de vividores pudiera llevar a cabo con total impunidad tales delitos. Intuyo que los que está aflorando es la punta del iceberg. ¿Cuántos quedarán en el olvido por presiones políticas o económicas?

No quiero llegar a pensar en la cantidad de millones de euros que habrán ido a parar a las cuentas bancarias de Suiza de esos -que alardean de patriotismo envolviéndose con frenesí en la bandera no sin antes besarla con fruición-, por el incremento de los sobrecostos en la realización de las obras públicas en relación al presupuesto inicial. ¿El costo de 50.000 millones de euros de toda la obra del AVE fue el real? Debería abrirse en este caso concreto, como en otros muchos, una investigación en profundidad. Así podríamos conocer los españoles, tenemos derecho,  el origen de los 961.555 millones de euros de deuda pública al cierre de 2013. Por favor, comisión parlamentaria, no. Si quieres enmarañar un asunto, lo mejor es dejarlo en manos de la casta política.

Cada vez estoy más convencido de que la existencia de la corrupción se explica porque la clase política, la dirigente, no tiene ningún interés en erradicarla. Y no lo hace, porque sale beneficiada de ella, de múltiples maneras, con la financiación de los partidos, sobresueldos y comisiones a los miembros de las ejecutivas. Esto es claro como el agua cristalina. Por ende, no solo no la combaten sino que la potencian. No menos claro es también que con un pacto político anticorrupción desaparecería de nuestro escenario político.  El pasado año se aprobó la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información  pública y buen gobierno. ¡Ay del corrupto! Es como para ponerse a temblar. A partir de ahora este país va a ser el paradigma de la anticorrupción, tras oír en la tramitación parlamentaria de la Ley  al ínclito, Esteban González Pons: “Señorías, el valor de la transparencia como requisito de la democracia no es nada nuevo. Sin transparencia es imposible que haya democracia, como sin luz es imposible que se pueda ver.. En la democracia el ojo tiene que ser siempre más rápido que la mano.   No hay mejor remedio contra la corrupción que anticiparse a ella, que evitarla. Solo se corrompe el agua estancada. Allá donde habitan la sombra, el secreto o el exceso de confianza es sencillo que se produzcan favores, arbitrariedades y desfalcos.  “Manda huevos”.

Tampoco está impoluto el estamento judicial. Si el mundo de la justicia hubiera actuado a conciencia contra la corrupción, como es su misión, es seguro que no habría alcanzado tal amplitud. Determinados delitos, sobre todo, si pertenecen al mundo de la gran empresa o la banca, unas veces quedaban prescritos, como los de los presidentes de un gran banco y de una multinacional, y otras archivados por errores procedimentales en los procesos de instrucción, como el caso Naseiro.  Y cuando algún juez, ha tratado de cumplir con su deber de perseguir los delitos de corrupción, ha sido apartado con rapidez y sin contemplaciones de la carrera judicial, como Garzón.

En cuanto a los medios de comunicación, cabe mencionar que su actuación ha pecado de grandes dosis de incoherencia y de falta de contundencia, ya que ha sido muy diferente según la procedencia política del caso de corrupción. Poco ha un periódico de tirada nacional calificaba el caso Bárcenas como Causa General contra el PP, mientras volvía a sacar los Eres de Andalucía. Y en otros medios, la actuación ha sido a la inversa. Los medios de comunicación deben investigar, informar y denunciar todos los casos de corrupción, vengan de donde vengan. Mas esto es pedir mucho, ya que los diferentes medios son siervos de determinados poderes políticos, empresariales y financieros.

No está exenta de culpa la ciudadanía, ya que ha acudido muchas veces a las urnas a votar tapándose la nariz a políticos incursos en delitos de corrupción.. Como españoles a todos nos deberían avergonzar los triunfos electorales apabullantes de Jesús Gil en Marbella, de  Francisco Camps en la Comunidad Valenciana, y los de la exalcaldesa de La Muela. En la época de bonanza hacíamos la vista gorda a esta lacra social, de ahí que Iñaki Gabilondo en un debate sobre este tema acabó con esta reflexión: “¿Ha cambiado realmente la sociedad o pagaríamos de nuevo corrupción a cambio de prosperidad?” Para la catedrática de Filosofía Moral Victoria Camps “Cuando hay corrupción existe la complicidad del grupo político y también la de toda la sociedad”.

Y es así porque nuestra sociedad carece de unos valores éticos claros, en torno a los cuales organizar nuestra convivencia. Por lo que estamos observando, los escrúpulos morales pertenecen a épocas pretéritas. Un caso del pasado nos podría servir de contundente ejemplo. Una trama de corrupción y sobornos, según cuenta Julián Casanova catedrático de la Universidad de Zaragoza, el escándalo del estraperlo, acabó en 1935 con la vida política de Alejandro Lerroux, el viejo dirigente republicano del Partido Radical que presidía entonces el Gobierno. Los ministros radicales tuvieron que dimitir y cayeron muchos cargos provinciales y locales del partido.Todavía más, en las elecciones  de febrero de 1936, el Partido Radical, que había gobernado de septiembre de 1933 hasta finales de 1935, se hundió estrepitosamente en las elecciones. Quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933.  Lerroux ni siquiera salió elegido en la lista. Todo un buen ejercicio de ciudadanía responsable. Toda una lección de nuestros antepasados. Y eso que en aquellas fechas casi la mitad de los españoles eran analfabetos. Tendrían carencias culturales, pero tenían muy claros determinados valores. Uno de ellos, la intolerancia hacia los casos de corrupción. En cambio, los españoles de hoy con los mayores niveles de cultura y de vida  de toda la historia tenemos otras carencias no menos importantes.

En cuanto a los daños de la corrupción política son incalculables. La democracia sale muy dañada. Los políticos con su ejemplo dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ello, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad. A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir. No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares.

Desde un punto de vista económico no es menor el daño. Muchos millones desviados han incrementado la deuda pública. Un estado de corrupción generalizado ahuyenta la inversión extranjera. La concesión amañada de obra pública a la gran empresa ha eliminado del mercado a mucha pequeña empresa.

Un chiste ruso, "nada de lo que el comunismo nos decía de sí mismo era verdad, pero todo lo que decía del capitalismo se quedó corto”.

Cándido Marquesán Millán

La caída del Muro de Berlín en 1989 es  un hecho sin par en la Historia, ya que los ciudadanos que vivían al este del Telón de Acero podían acceder y disfrutar  de la democracia, y del capitalismo. O lo que es lo mismo: del progreso, la modernización y la felicidad. Demasiado bonito. Este acontecimiento a algunos nos dejó un sabor agridulce. Por un lado, la recuperación de la libertad era positiva. Por otro, el fracaso de un sistema político, social y económico, cuyo centro radicaba en Moscú, la patria del proletariado internacional. Hubo intelectuales que dejaron de mirar hacia allí, tras los acontecimientos de Hungría en 1956, aunque ya supuso un durísima crítica al mito soviético, el libro de 1940 El cero y el infinito,  de Arthur Koestler.  Muchos más  se desengañaron tras la primavera de Praga en 1968. Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn en 1973 también supuso nuevos abandonos….

 

Mas, es incuestionable que en el socialismo real, su raíz primigenia fue el marxismo, ideología que ha atraído a muchos millones de hombres, obreros e intelectuales. Tal atractivo, según Tony Judt, está justificado, y todos aquellos que en los años recientes se han apresurado a saltar sobre su cadáver y han proclamado el “fin de la historia” o la victoria de la paz, la democracia y el libre mercado, deberían tenerla en cuenta.

Si muchos hombres y mujeres inteligentes y de buena fe estuvieron dispuestos a dedicar toda su vida al proyecto comunista, no fue sólo porque la seducción de la revolución y la redención les hubieran generado un estupor ideológico. Fue, sobre todo, que les seducía su mensaje ético subyacente: el poder de una idea y un movimiento dedicados firmemente a defender los intereses de los parias de la tierra. Lo dramático es que una ideología profundamente ética, que explica la explotación humana, indica el camino para salir de ella, y así alcanzar un mundo sin clases, y sin dominación de unos hombres sobre otros, fue prostituida por una minoría, que condujo a uno de los regímenes totalitarios más brutales de la historia.

Mas, ese “paraíso” prometido tras 1989 a los antiguos países socialistas no ha llegado. Muy al contrario. Según una encuesta  de 2009 del The Pew Research Center  la democracia y el capitalismo estaban perdiendo apoyo cada vez más. En general, la democracia en Ucrania, se había pasado del 72% en 1991 al 30% en 2009; Bulgaria, del 76 al 52%; Lituania, del 75 al 55%; y Hungría, del 74 al 56%. Por contra, el 85% de los alemanes del este estaban satisfechos, al igual que el 80% de los checos o el 71% de los eslovacos. Según la misma encuesta, la situación económica en casi todos los países la opinión mayoritaria es que era "peor" a la anterior a 1989. Así en 2009, en Hungría, el 72% creían que estaban peor, el 16% igual, y sólo el 8% mejor; Ucrania, con el 62, el 13 y el 12% respectivamente; Bulgaria, con el 62, el 18 y el 13%; Lituania, con el 48, el 15 y el 23%; Eslovaquia, con el 48, el 18 y el 29%; y Rusia, con el 45, el 15 y el 33%. Por contra, en República Checa el 45% creía que mejor que antes, el 12% igual y el 39% peor, mientras que en Polonia el 47% que la situación era mejor, el 12% igual y el 35% peor.

En la revista digital confeccionada en castellano en Budapest, El Quincenal de Hungría nº 138 de enero de 2013, Jorge Muntariol nos manifiesta la situación en la capital de Hungría: Según el gobierno los servicios de gas y luz costarán este 2013  hasta un 10% menos y prometen controlar que las empresas proveedoras cumplan con la orden ministerial. Ojalá sea verdad. De momento y a modo de ejemplo, dar el mío. En casa somos 3, vivimos en un piso de unos 60 m2, techos de 3,5 m, y konvektor a modo de calefacción, llevando un jersey durante todo el invierno, pago todos los meses del año unos 25.000 Ft., más la actualización, que suele llegar a fin de año de al menos otros 50.000. En cuanto a la luz, son sobre los 9.000 por mes, el agua 7.000 y el teléfono, que viene junto con la tele y el Internet, otros 9.000 mensuales.

De escalera, que ya se me estaba olvidando pagamos 14.000, si mal no recuerdo. Por eso, por ejemplo, a la hora de alquilar algo en Budapest hay que mirar bien cuales son los otros gastos, los que corren paralelos al alquiler. Hay casos peores que el mío... Con la actual crisis no son pocos los que no pueden pagar la cuenta del gas. En el interior del país lo solucionan con calefacción alternativa, sobre todo a leña, pero en la ciudad, no hay más remedio que morirse de frío. En el caso de tener niños pequeños en casa se puede presentar algún tipo de solicitud para que no le corten a uno el servicio, y a la larga acaban perdonando la deuda o el propio ayuntamiento asume la mayor parte. Pero cada vez es más difícil pedir este tipo de cosas. Para hacernos una idea, puede servirnos “El salario mínimo a partir de enero de 2013 es de 98.000 ft. frente a los 93.000 del año pasado. Para los técnicos es de 114, y para los empleados públicos 75.500 y 96.800 según el tipo de titulación que tengan. Las deducciones siguen dependiendo de la cantidad de hijos y del bruto. Por ejemplo un bruto de 98.000 con 1 hijo significan 75.000 en mano, y un bruto de 300.000 con 1 hijo, 206.500 Ft.

El desencanto hacia la democracia y el capitalismo en 2014 se ha incrementado. Para Rafael Poch, un cuarto de siglo después del hundimiento del llamado socialismo real, en el conjunto del Este europeo se ha confirmado aquel chiste ruso, "nada de lo que el comunismo nos decía de sí mismo era verdad, pero todo lo que decía del capitalismo se quedó corto". En el espacio oriental hay 145 millones de pobres, casi una tercera parte de la población y diez veces más que hace 25 años, cuando la nivelación amortiguaba la precariedad, señala el Banco Mundial. Los alemanes del Este pertenecen al colectivo de los que han salido mejor librados, lo que no impide que el 62% considere a la RDA una sociedad más cercana a la justicia.

Esta es la realidad sentida por la población. Todo tiene una explicación. Para Tony Judt, es cierto que uno de los legados más penosos del comunismo fue su herencia económica. En buena parte del aparato productivo se conjugaban la disfunción económica con un desastre ecológico. El capitalismo difundido por los países poscomunistas a partir de 1989, se basó en el mercado. Y esto significaba privatización. La liquidación total de bienes de propiedad estatal fue brutal. El culto a la privatización, moda instalada con avidez en el mundo occidental en los años 70 fue seguida en los países del Este, pero con grandes diferencias en ambos modelos.

Mientras que el capitalismo consolidado en el mundo occidental en los últimos siglos estuvo regulado por leyes, en los países poscomunistas estas leyes eran desconocidas, o fueron ignoradas por los neófitos partidarios del libre mercado. El resultado: una privatización sin control alguno, en forma de cleptocracia y de nepotismo, que ha generado grandes multimillonarios. Aquí se ha cometido uno de los mayores latrocinios y expolios de la historia, hasta tal punto que la diferencia entre privatización, apropiación indebida y puro y simple robo desapareció por completo: había mucho que robar- petróleo, gas, minerales, metales preciosos, oleoductos, fábricas, bloques de edificios, infraestructuras- y nada ni nadie que impidiera el robo. Por ende, por cada oligarca sinvergüenza con segunda vivienda en Londres o Cannes, han proliferado millones de pensionistas cabreados y trabajadores en paro.

Las recientes revueltas en Bosnia-Herzegovina se explican en buena parte en este contexto.  Según Eléonore Loue-Feichter y Andrea Noni corresponsales de la Web Le Courrier des Balkans en Tuzla, tal como  aparece en Sin Permiso, los manifestantes acusan a las autoridades locales de haber permitido la quiebra de numerosas empresas públicas tras la privatización realizada entre el año 2000 y el 2008, mandando al paro a muchos trabajadores.

Entre 2000 y2010, las antiguas empresas públicas que daban empleo a la mayoría de la población –cuyas principales fábricas son Dita, Polihem (Hak), Guming, Konjuh y Aida–  fueron vendidas a propietarios privados persiguiendo que éstos invirtiesen y las hicieran rentables. En lugar de eso, han vendido los activos, dejaron  de pagar a los trabajadores y se declararon en quiebra. La empresa de detergentes Dita dio empleo a 750 personas. Según el contrato de privatización del 2007, el nuevo propietario de la empresa se comprometía a mantener a todos sus empleados durante tres años y la producción durante cinco. Sin embargo, en los años venideros, la nueva dirección no ha mantenido esos acuerdos ni ha asegurado el pago de las cotizaciones sociales obligatorias, tales como la jubilación, la seguridad social o la baja laboral de sus empleados.  Hoy estos se ven privados de todos sus derechos sociales. Les es imposible jubilarse, pues un gran número de ellos no cuenta con el mínimo de años cotizados.

Otro buen ejemplo es de Yanúkovich, un antiguo exponente de la 'nomenklatura' soviética en Ucrania. Ex-  director de una empresa estatal, se enriqueció, como tantos otros, con la introducción de la economía de mercado y los procesos de privatización. Su feudo era la región oriental de Doneskt, núcleo de la desfasada industria pesada. Mientras tanto muchos ucranianos viven en una situación socio-económica tan lamentable, que muchos añoran la situación anterior del socialismo real, ya que aunque no tuvieran libertad política, tenían las necesidades básicas de educación, sanidad, alimentación y pensiones cubiertas. En los recientes acontecimientos de Ucrania hay diferentes razones, pero una de ellas fundamental es la pobreza manifiesta de la gran mayoría de la población, como consecuencia de esos procesos lamentables de privatización.

<a href="http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/agrietar-capitalismo_922376.html"><strong>Agrietar el capitalismo</strong></a> ( <a href="http://www.elperiodicodearagon.com">El Periódico de Aragón</a> - 22/02/2014 )

Me produce pavor y escalofrío que España esté en manos de personas de esta catadura moral

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Cándido Marquesán Millán

El título del artículo podrá parecer a primera vista que es excesivo, mas, estimado lector, si tienes la paciencia de llegar hasta el final, te apercibirás que está más que justificado. Es más, creo que me he quedado corto. Vamos a verlo. Durante gobiernos de los populares se  han cometido auténticos atropellos atentatorios contra los derechos humanos, permaneciendo en total impunidad, tanto penal como política, sus responsables. Lo que tampoco parece que le ha importado mucho a la sociedad española. Un hecho vergonzoso fue el accidente del Yak-42 ocurrido en el 2003 y en el que murieron 75 personas, 62 de ellas militares españoles que regresaban de Afganistán. Fue la peor tragedia sufrida por el Ejército español en tiempos de paz.

 

Los familiares siguen denunciando que "nadie ha pagado por ello" en el décimo aniversario del accidente y después de tres procesos judiciales ya cerrados. Al dolor por la pérdida de sus hijos, hermanos, maridos y padres, 30 familias sumaron además la indignación por la falsa identificación de los cuerpos, que consideró probada la Audiencia Nacional.  Dicen, nos sentimos desprotegidos por la Justicia y el dolor no cesa porque fue una muerte evitable. Ese avión nunca debió volar y ni siquiera hay culpables. Federico Trillo se fue de rositas.
Otro accidente no menos trágico, fue el del Metro de Valencia, con 43 muertos y 47 heridos, acaecido en el 2006.  La investigación parlamentaria fue un paripé. Parece que la empresa pública Ferrocarrils de la Generalitat (FGV) contrató en 2006 los servicios de una consultora para aleccionar a los técnicos que debían comparecer en las Cortes Valencianas tras el accidente, con el objetivo de que todos defendieran que lo ocurrido en el Metro Valencia había sido "un accidente inevitable". El reciente programa de Salvados ha dejado claro que hay muchas zonas oscuras. Mas les da igual. Han pasado 8 años y la sensación sigue siendo la misma. Total impunidad.

El verano pasado el accidente de Santiago del Tren Alvia con 79 víctimas. Poco después en un artículo Causas últimas del Accidente Ferroviario, Adolfo Barrio Mozo  dijo "En este contexto de construcción desenfrenada de AVES y de gastos progresivamente disparados, no parece descabellada la suposición de que nos hayamos metido en más de lo que podíamos digerir y que todo ello pueda haber llevado a tratar de ahorrar en lo que, en la práctica (no en las inauguraciones) era fundamental, la seguridad".

Luego Luis Aláez, el juez instructor del accidente en un auto, asumiendo desde un principio que el principal responsable del accidente fue el maquinista, imputó a diversos cargos de ADIF  "Ha habido, cuando menos, una grave falta de diligencia por aquellos responsables tanto en la actuación preventiva como en la correctiva que les eran legalmente exigibles y que a la postre ha contribuido al fatal desenlace, pues han permitido que en un tramo muy delicado para la circulación de una línea de Alta Velocidad y, en consecuencia, para la vida e integridad de los usuarios, se sustituyese un sistema (ERTMS) que, además de apoyar en la conducción al maquinista, da una respuesta ante el error humano (frenado automático si se supera la velocidad permitida), por otro (ASFA) que si bien está homologado se presenta inválido en ese tramo donde se produjo el descarrilamiento para garantizar una circulación segura sin acompañarlo de alguna medida adicional con ese objetivo, estando obligados a ello y teniendo a su alcance los medios para hacerlo... La imputación de los cargos de ADIF la anuló la Audiencia de A Coruña. Nada nuevo bajo el sol.

El accidente ha repercutido sobre los Presupuestos del Estado para 2014, ya que en la Memoria que el Gobierno envió el pasado 30 de septiembre al Congreso para su tramitación se indicó que "para impulsar las actuaciones relativas a la mejora de las condiciones de seguridad, se ha incluido un capítulo tanto en ADIF como Renfe con la dotación correspondiente".  Ahora sí y antes no.

Según Europa Press, el abogado del maquinista ha pedido al juez el correo electrónico que el jefe de maquinistas José Ramón Iglesias --quien elaboró un informe de alerta del riesgo en Angrois-- envió a Ángel Lluch, que formaba parte de la Gerencia de Seguridad en la Circulación de Viajeros. En la documentación aportada por Renfe no consta dicho correo, si bien Iglesias, en una "nota explicativa" señaló que remitió a Lluch, por vía electrónica, el informe sobre anomalías en la línea Ourense-Santiago, en el que describía problemas del sistema de frenado y también sobre la señalización de la vía. Este informe, elaborado un año y medio antes del siniestro de Angrois, fue abordado en al menos tres reuniones y, de acuerdo con la documentación aportada por Renfe, tuvieron conocimiento del mismo hasta diez cargos de la operadora, que, no obstante, alegó que no se trató en los canales oficiales de seguridad. María Teresa Gómez-Limón, diputada del PP en la Asamblea de Madrid y malherida en el accidente ha sido muy clara: "En cualquier país de Europa los presidentes de Renfe y ADIF ya habrían dimitido". Aquí no.

Por si todavía no fuera bastante, ahora tenemos el drama de los inmigrantes de Ceuta. Aquí todo huele a putrefacto. Desde las declaraciones del director de la Guardia Civil, del ministro del Interior o de la vicepresidenta del Gobierno. Las quejas desde la oposición y las ONGs son claras, incluso han llegado de la UE. Que lo único que pedimos es que nos proporcionen una  explicación veraz. ¡Qué menos! Un presidente de Gobierno, de los de verdad, con principios ya habría dado una explicación a la ciudadanía.  Que han sido personas las que han muerto, no han sido conejos como en una cacería. Como siempre, aquí se correrá un tupido velo, nadie será responsable de nada. Si algún juez quiere meterse a fondo, desde las estructuras judiciales superiores le pararán los pies, siguiendo directrices del poder político.

De verdad, unos gobiernos, que no sean capaces de asumir o de responsabilizarse de semejantes canalladas, de ellos se puede esperar cualquier cosa, por grave y dañina que sea para la ciudadanía. Estas actuaciones son como para ponerse a temblar. Con ser tan grave lo expuesto, no lo es menos que para una parte de la ciudadanía todos estos hechos resultan irrelevantes, ya que a los políticos responsables de estas fechorías, les seguirán votando. Tampoco esta circunstancia nos tiene que provocar extrañeza.

Que un numeroso conjunto de personas quieran dar a los cuerpos de sus ascendientes, que reposan todavía en cunetas, descampados o junto a tapias de cementerios, una digna sepultura, y un legítimo reconocimiento, les parece inadecuado a amplios sectores de la sociedad española. Estos presentan diferentes argumentos: que se reabrirán heridas, que en ambos lados se cometieron desmanes; o que hay que mirar hacia adelante.

Que los dirigentes de un partido con más de 11 millones de votos, que se quiere equipar a la derecha europea, muestren tal animadversión hacia la Memoria Histórica, a todos los que nos sentimos demócratas nos debería producir una honda preocupación. Entiendo que si nuestra democracia está plenamente asentada, tras un período de transición, que hemos pretendido presentarlo como modélico y exportable a otras latitudes, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que este haya sido. La verdad por encima de todo. Sudafricanos, chilenos, argentinos, rusos, por poner ejemplos, nos han dado una contundente lección.

Por todo lo expuesto, tengo que plantearme la pregunta; ¿qué valores son los que mueven hoy a la sociedad española?  Si todavía algo más del tercio de la población española sigue depositando su confianza en estos auténticos desalmados, es claro que nuestra sociedad está muy enferma.

Me produce pavor y escalofrío que España esté  en manos de personas de esta catadura moral. Es como para marcharte de aquí, de esta España, y que se la queden toda para ellos. Si tuviera 25 años, tengo claro que aquí, respirando esta atmósfera asfixiante, no permanecía ni un instante. Lo tengo clarísimo.

ALGO RADICALMENTE DIFERENTE HAY QUE HACER. NO HAY OTRA OPCIÓN

 

Cándido Marquesán Millán

Que la situación económica no solo no mejora, sino que empeora para la gran mayoría de la población de la sociedad española es incuestionable.  Que baje la prima de riesgo, suban las cotizaciones de la bolsa y se incremente la llegada de capitales a España benefician a unos pocos. La gran mayoría vive cada vez peor. Sueldos y pensiones devaluadas. Muchos autónomos rozando los límites de la supervivencia. Muchos pequeños comercios en nuestras ciudades han bajado la persiana, al no poder competir con las grandes superficies, por la inaccesibilidad al crédito y por la reducción del consumo. Alrededor de 6 millones de parados, de los cuales, unos 4 millones no cobran subsidio, y los que lo cobran poco más de 400 euros. Porcentajes cada vez mayores de personas en régimen de pobreza, o en situación de caer ella.

 

Miles de personas desahuciadas de sus viviendas, mientras las mantienen desocupadas las entidades financieras. Millares de personas víctimas de uno de los fraudes más vergonzosos en nuestra historia, y eso, que ha habido muchos, el de las preferentes. Como español siento profunda vergüenza al observar que a millares de ancianos se les hayan robado los ahorros acumulados con gran esfuerzo a lo largo de toda su vida.  Solo un cretino puede negar lo evidente. Las causas son conocidas. Es esta política, impuesta por la Troika, un verdadero austericidio. Los recortes brutales a nuestro Estado de bienestar, y las susodichas reformas estructurales, nos dicen nuestros gobernantes con el apoyo incondicional de muchos economistas ortodoxos, precisamente los que no predijeron la crisis, que con estas políticas de ajustes, llegará el crecimiento económico, ya que al liberar las finanzas públicas del costo de la deuda pública, aflorará el capital al empresario privado, que es el que realmente crea puestos de trabajo.

Este es el mantra. Es una gran engañifa. En el caso de que fuera cierto, cuando llegue ese susodicho crecimiento, cabe preguntarse qué clase de empleos serán. Obviamente, empleos en precario, con sueldos vergonzosos e inestables. Además en España es materialmente imposible con las políticas actuales el que se puedan crear 6 millones de puestos de trabajo para los parados actuales.

Como señala Josep Fontana en El futuro es un país extraño. Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI, “Un estudio del FMI sobre 173 casos de austeridad fiscal registrados en los países avanzados entre 1978 y 2009 confirmaba  que las consecuencias fueron mayoritariamente negativas: contracción económica y aumento del paro. Si la austeridad no es el camino adecuado para reemprender el crecimiento, ¿qué objetivos mueven a los políticos que se empeñan en mantenerla?  Observando el caso español Mark Weisbrot opina que la finalidad de esta política, la que practica el gobierno del Partido Popular, es triturar el movimiento obrero como parte de una estrategia a largo plazo para desmantelar el Estado de bienestar, lo cual no tiene nada que ver con resolver la crisis actual ni con reducir la deuda”. Esto me parece tan claro, como el agua cristalina. No creo que sea necesario insistir.

Recientemente en el IV Congreso del Partido de la Izquierda Europea, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera ha dicho “La izquierda europea no puede contentarse con el diagnóstico y la denuncia. Esto sirve para generar indignación moral y es importante la expansión de la indignación, pero no genera voluntad de poder. La denuncia no es una voluntad de poder. Puede ser la antesala, pero no es la voluntad de poder. La izquierda europea, a esta vorágine depredadora y destructora que lleva adelante el capitalismo, tiene que comparecer con propuestas”. Evidentemente para salir de este pozo, las propuestas de la derecha no sirven tienen que ser otras. Las de la Izquierda, pero de una Izquierda, de verdad, no de boquilla, como la de muchos partidos europeos que se presentan bajo el nombre de socialdemócratas, que por sus actuaciones claramente neoliberales prostituyen a esta corriente ideológica.

Ejemplos no escasean. Hacen falta propuestas contundentes para salir de este calvario. Lo ideal sería acabar con la lacra del desempleo. Algo, insisto, que no lo pueden conseguir las políticas actuales neoliberales. También es cierto que no les interesa el pleno empleo. Ya lo expresó  Kalecki, con el pleno empleo el paro dejaría de ser un medio de disciplinar a los trabajadores y de limitar su capacidad reivindicativa: “La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejoras laborales crearían tensión política”.A partir de ahí el economista polaco dice: “Es cierto que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo (…). Pero los empresarios valoran más la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” que los beneficios.

Como acaba de  señalar Lluís Torrens en XIII Simposio de la Red de la Renta Básica celebrado recientemente en Donostia  “Ni siquiera, en el caso español, con políticas keynesianas se podría erradicar a los 6 millones de parados. Expandiendo la demanda por la vía del gasto público financiado con endeudamiento público, los resultados son insuficientes para acabar con el paro. Con un New Green Deal: 500.000 puestos en toda España el 2020 en el escenario optimista, y de 500.000 a 1 millón de puestos de trabajo en Servicios del Estado del bienestar, la Educación y la I+D . 2 millones como mucho en la propuesta de los sindicatos alemanes (DGB)”.

Mientras no se produzca un cambio radical en nuestro modelo productivo es una utopía pensar que pueda alcanzarse en España y en el mundo, una reducción sustancial del paro y mucho menos el pleno empleo. Una opción es la propuesta por Jeremy Rifkin: el despliegue de la Tercera Revolución Industrial. Fenómeno que supondría transformar el sistema energético global hacia la electricidad renovable, convertir millones de edificios en minicentrales eléctricas, introducir el hidrógeno y otras tecnologías de almacenamiento a lo largo y ancho de una infraestructura global, renovar la instalación de la red eléctrica mundial y de su tendido de alta tensión con la implantación de tecnologías digitales y de redes inteligentes de suministro, y revolucionar el sistema de transportes con la implantación de los vehículos de motor eléctrico con alimentación en red y con pilas de combustible; todo ello generaría el trabajo conjunto de equipos de planificación de alta tecnología, con personal muy especializado, y una mano de obra industrial masiva y altamente cualificada. Así se podrían crear cientos de miles de negocios y centenares de millones de nuevos puestos de trabajo.

Obviamente para poner en marcha hace falta liderazgo político, visión de Estado y pensar menos en las elecciones presentes que en las generaciones futuras. Es evidente que en España no se dan estas circunstancias.

Por ende, el paro será una circunstancia con la que tendremos que convivir. En consecuencia, tenemos que poner en marcha algún tipo de políticas para paliar el sufrimiento de una parte importante de la población. Una de ellas sería la redistribución del trabajo o como llama Boaventura de Sousa Santos la democratización del trabajo. Si antes el derecho al trabajo fue el criterio de redistribución social, ahora, el trabajo debe ser el mismo objeto de redistribución social: del derecho del trabajo al derecho al trabajo. Pero no puede reducirse a las áreas sociales no competitivas con el mercado laboral capitalista, sino que debe penetrar en el corazón de este. Para ser redistributivo, tiene que cobijar el derecho al reparto del trabajo. Una reducción drástica del horario de trabajo sin reducción del salario debe estar en el centro de las políticas redistributivas del nuevo Estado del bienestar y ser un objetivo central de las fuerzas que luchan por él, principalmente el movimiento sindical. El reparto del trabajo capitalista no posibilita el pleno empleo, debido a la discrepancia entre el aumento de la productividad y la creación de empleo. En este caso, el reparto del trabajo, con la reducción drástica del horario, se debe complementar con la creación de trabajo social en el sector social de proximidad.

Y además, otra solución para paliar esta situación de injusticia social, sería la implantación de la Renta Básica Universal, defendida y expuesta en repetidas ocasiones por Daniel Raventos. Tal medida consistiría en que todo ciudadano, por el hecho de serlo pudiera acceder a una cantidad monetaria mínima garantizada, para cubrir sus necesidades básicas. Según estudios realizados en Cataluña y Guipuzcoa, la cantidad sería alrededor de unos 7.500 euros anuales. Obviamente no desaparecerían todas las injusticias de este sistema capitalista, pero supondría una mejora sustancial. Desde un punto de vista político, tras esta idea esta la concepción republicana de fraternidad, tal como la definió en el libro El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista Antoni Domènech. Fraternidad significaba en 1790 --cuando en un célebre discurso ante la Asamblea Nacional Robespierre acuñó la divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad-- universalización de la libertad republicana y de la reciprocidad en esa libertad que es la igualdad republicana. Es decir, que todos, pobres, humildes, criados, trabajadores asalariados, artesanos, campesinos, mujeres, todos los que necesitaban depender de otro para vivir y para existir, pudieran acceder como ciudadanos de pleno derecho a una sociedad civil de libres e iguales.

Y podrían conseguir tales objetivos, si tenían sus propios medios de existencia garantizados. En 1790, el otro gran portavoz del ala democrática-plebeya de la revolución, Marat, expresó el problema: ya vemos perfectamente, a través de vuestras falsas máximas de libertad y de igualdad, que, a vuestros ojos, somos la canalla. La canalla, la urbana y la rural, el pueblo trabajador quería elevarse de pleno derecho a la condición de ciudadanos. E igualmente estos principios políticos aparecieron reflejados en la Declaración de Derechos de la Constitución montañesa de 1793, año I en el calendario republicano, como los derechos al trabajo, al bienestar común, a la instrucción, a la insurrección si el gobierno viola los derechos del pueblo; y en su artículo 21: las ayudas públicas son una deuda sagrada. La sociedad debe la subsistencia a los ciudadanos desgraciados, ya sea procurándoles trabajo, ya sea proporcionando los medios de existencia a los que no estén en condiciones de trabajar. Con el golpe de estado de Termidor de 1794 este proyecto republicano se vino abajo, y según Gerardo Pisarello, hoy estamos inmersos en otro Termidor merced a la implantación del neoliberalismo.

Esa vieja concepción republicana de la fraternidad, podría servir hoy como fundamentación teórica de la Renta Básica Universal. Se podrá objetar que es una utopía, mas estas son las que hacen progresar a los pueblos. También lo era hace 100 años el sufragio universal. El republicanismo no solo es una opción por la forma de gobierno, pretende una democracia plena, es una visión de la sociedad y del Estado que excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de genero. El concepto republicano de libertad es un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad. Ese ideal republicano de libertad no se reduce a los derechos formales, sino que se basa en la creación de mecanismos institucionales que doten de seguridad económica a todos los ciudadanos, para evitar que queden excluidos de la ciudadanía plena los sin recursos, los jóvenes, los parados, los inmigrantes, los dependientes...Sin independencia económica, la libertad es muy limitada. Y una de las iniciativas, repito, entre otras, para la realización de este ideal sería la Renta Básica Universal, que en 2007 defendió en el Congreso Joan Tardà, de ERC, recurriendo al viejo concepto republicano de fraternidad: elemento constitutivo de un derecho de ciudadanía, concreción política de los valores a los que debe aspirar la democracia: libertad, igualdad y fraternidad...

Tenemos derecho a la esperanza, la felicidad y la vida

Cándido Marquesán Millán

En estos momentos de dominio apabullante del neoliberalismo, nos han impuesto a la gran mayoría de la ciudadanía unos determinados valores culturales, muy bien expresados por Boaventura de Sousa Santos en la Quinta Carta a las Izquierdas.  La cultura neoliberal es una cultura del miedo, el sufrimiento y la muerte. Se han extendido como una pandemia en nuestra sociedad, debido a que se ha impuesto una determinada hegemonía. Pero esta hegemonía puede ser eliminada contraponiendo unos poderes contrahegemónicos. El neoliberalismo no es algo inevitable, cual si fuera algo predeterminado por un mandato divino, y que hubiera que aceptar sin cuestionar.

Lo grave, ese ha sido su gran éxito de los grandes poderes políticos, económicos y mediáticos, el que una gran mayoría haya aceptado la realidad actual tal cual, sin posibilidad de cambiarla. Cabe recordar, a Margaret Thatcher “No hay alternativa”. Y ahora mismo, nuestro mentiroso presidente del Gobierno “ O aceptas lo que yo digo o te callas”.

¡Vaya ejemplo para la democracia! Que se calle el líder del principal partido de la oposición. Oye, Mariano, que la democracia supone la existencia de alternativas. Sin ellas estamos en un régimen totalitario. Es de libro.

De esta situación tan dramática, evidentemente que la derecha europea y mundial es culpable, pero ella no ha hecho sino lo que lleva en su ADN político. Nadie puede acusarla de incoherencia. Lo que me parece más grave es que la socialdemocracia haya aceptado esta realidad como un dogma, y piensa que lo único que puede hacer es gestionar este orden globalizado neoliberal, dándole rasgos más humanos. Y a veces ni siquiera eso.

Retornando a los valores de la cultura neoliberal, son obvios. El miedo nos lo han metido hasta las entrañas a la gran mayoría. Por ello, casi todos estamos acongojados. Jóvenes, adultos y jubilados. Hombres y mujeres. Españoles e inmigrantes. A los miedos que siempre nos acompañaron, como el terrorismo, la gripe aviar, el calentamiento climático, ahora se incorpora el provocado por la crisis económica, cuyo final no se vislumbra, ya que según los pronósticos de los medios de comunicación, auténticos mayordomos de los poderes económicos, lo peor está todavía por llegar.

Uno de los mayores miedos es el de estar sin trabajo y por lo tanto no ser capaz de sobrevivir.  O no tener en el futuro una pensión. O no tener una asistencia sanitaria, o dejarte desasistido como persona dependiente. .. Las clases dominantes saben perfectamente que el miedo encoge, anestesia, crea una sociedad conformista, que impide la irrupción de un movimiento colectivo para defender los derechos pisoteados, ya que cada cual va a lo suyo, y por ello se extiende una pandemia de individualismo, insolidaridad y egoísmo. Con este pavoroso miedo en la gran mayoría, podemos atarnos los machos, las vueltas de tuerca continuarán. De ahí, el inevitable sufrimiento. Nos dicen,  es la penitencia que nos merecemos por nuestros pecados. Hemos gastado más de lo que debíamos y por ello tenemos que aceptar estas dosis de sufrimiento. Y el último, es el de la muerte. El incremento de las desigualdades y de la exclusión están provocando el incremento de la muerte: suicidios que van a más, desnutrición de niños y ancianos, recortes en asistencia sanitaria…..

El mal está ahí. Ya vale de diagnosticarlo y denunciarlo. Hay que ofrecer propuestas contundentes y creíbles. Cabe esperar que las izquierdas sepan estar a la altura de las circunstancias. Si no son capaces de detectar el sentir de la calle, encauzarlo y liderarlo, pueden sucumbir o acabar en el museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce. De momento tal como estamos observando no se vislumbra que sean capaces de asumir ese papel, para sacar a la sociedad de esta pesadilla. En esta España nuestra las izquierdas; las unas, parece que su gran problema es el de las primarias y quién encabeza la lista para la Unión Europea; las otras, esperan sentadas a que se desangren las unas, tal como muestran los sondeos electorales. Lamentable y desolador.

Como muy bien dice Boaventura de Sousa Santos,  el predominio de la cultura neoliberal para las grandes mayorías, no es posible erradicarlo con eficacia sin oponerle otra cultura,  la  de la esperanza, la felicidad y la vida. Las izquierdas tienen dificultades para asumirse como portadoras de esta otra cultura tras haber caído en la trampa que las derechas siempre han utilizado para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. El miedo en la espera mata la esperanza en la felicidad.

Debemos confiar en  recuperar el espíritu  de la Ilustración, que reconocía  el derecho humano  a  la felicidad, proclamado ya en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”. O en el artículo 1º de la Constitución montañesa de 1793 “El fin de la sociedad humana es la felicidad. El gobierno ha sido instituido para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles.

Y en el artículo 13 de la Constitución de Cádiz de 1812  “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. En Francia, Lavoisier, famoso químico y a la vez político, escribió en un discurso de 1787 “El verdadero objetivo de un gobierno debe ser aumentar la cantidad de gozo, la cantidad de felicidad y bienestar de todos los individuos”. Dos años después, en un discurso en los Estados Generales de 1789  “El objetivo del gobierno es hacer lo más felices posible a quienes viven bajo las leyes. La felicidad no puede estar reservada a unos pocos, sino a todos”. Exactamente igual que el gobierno de Rajoy, con sus acólitos de Montoro y De Guindos. Vez que aparecen es para imponernos una dosis de sufrimiento. Especialmente la ínclita y siempre sonriente, Fátima Báñez. ¿De qué hostias se ríe esta señora? ¿Será por el daño  que ha causado a tantos, trabajadores y pensionistas, con sus respectivas reformas? Y la de Sanidad, Ana Mato, con los recortes en sanidad.

Debemos recuperar, insisto, ese espíritu de la Ilustración, que creía en el progreso humano. Con ingenuidad  interiorizamos que el progreso iniciado con la Ilustración y la Revolución francesa sería sempiterno. Craso error. No podemos aceptar esta situación. Pero aquí, no debemos desesperar, estamos para vivir y ser felices. Esto no es valle de lágrimas, como la Iglesia católica predicaba en la Edad Media. Mas hay minorías que piensan que su objetivo es el de hacer sufrir a la gran mayoría.

Según Jean Delumeau en El miedo en occidente, hasta la Revolución Francesa sentir miedo era una indignidad. Montaigne lo asignaba a las gentes humildes e ignorantes, era una debilidad que no correspondía a los héroes y los caballeros. En cambio, hoy no es una vergüenza sentirlo ni manifestarlo. Una sociedad sin valientes  es una sociedad impedida para cumplir su destino y presta a la disgregación. Para que cambie la situación, el miedo deben tenerlo las clases dominantes. Ha sido una constante histórica. Para Josep Fontana. "Las clases dominantes han vivido siempre con fantasmas: los jacobinos, los carbonarios, los masones, los anarquistas, los comunistas.

Eran amenazas fantasmales, pero los miedos eran reales. Con esos miedos los trabajadores obtuvieron de los gobiernos concesiones, y así mantuvieron el orden social. Bismarck fue el primero en introducir los seguros sociales en Europa para combatir al socialismo. Tras la II Guerra Mundial el miedo al comunismo de la Europa oriental propició que en occidente se implantase el Estado del bienestar. Hay que meter miedo a los de arriba, presionando en la calle. Ya van teniendo miedo, por ello se sienten nerviosos. De ahí el proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana para reprimir las protestas. De las clases dominantes no cabe esperar ningún tipo de generosidad. Esto es más claro que el agua cristalina. Cabe pensar que seamos conscientes de ello. Quiero terminar con una máxima del conde de Romanones “Cuando un pueblo se resigna con el vencimiento y convive con el vencedor sin protestar, es que ya no palpita en él el amor a la patria y que ha llegado al último escalón de la degradación cívica”

El miedo, como arma política ( El Periódico de Aragón - 01/02/2014 )El miedo, como arma política ( El Periódico de Aragón - 01/02/2014 )ç

“La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”

Cándido Marquesán Millán

He tenido la gran suerte de que cayera en mis manos un extraordinario artículo titulado Repensar el neoliberalismo, de Christian Laval. Lo he leído en repetidas ocasiones, ya que es denso y lleno de calado ideológico. Me ha servido para conocer mejor y reflexionar sobre los procedimientos usados por determinados ideólogos para sembrar la semilla del neoliberalismo, cuyo dominio actual es apabullante y que explica esta auténtico infierno en el que estamos sumidos.  De momento, la izquierda retirada en los cuarteles de invierno, dando la razón a las palabras ya en el 2008 del gran Saramago: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista.

 

Tampoco ninguno de los partidos socialistas consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría…”

De todo el contenido del artículo de Laval he tratado de reflejar lo fundamental, con algunas acotaciones y reflexiones personales.

Si queremos enfrentarnos desde la izquierda con unas políticas alternativas contundentes y claras a las vigentes del neoliberalismo,  es urgente comprender los mecanismos  por los cuales las ideas y políticas de este han llegado a ser preponderantes. Nadie se atreve a cuestionar el actual estado que nos está llevando a un auténtico genocidio social, aunque desde poderosos medios nos quieren convencer de que todo va bien. Nos dicen que es un día pleno de sol, cuando estamos inmersos en una noche tenebrosa.  Quien tiene la osadía de discrepar es acusado de irracional y de estar desconectado de la realidad.

Mas todavía hay margen de actuación para adoptar otro rumbo, aunque para ello se necesitan nuevas armas teóricas para luchar contra la fuerza de las constataciones y de los poderes que las encarnan. Es claro que la situación social, económica y política de la actualidad es producto de la imposición de  una determinada hegemonía. Cualquier ciudadano mediante consciente, ocupado y preocupado por la cosa pública, sabe que este auténtico holocausto social, en el que estamos inmersos, es producto de que la grandes grupos financieros, empresariales y mediáticos han alcanzado una hegemonía, lo que supone la implantación de sus planteamientos ideológicos.

Pero esta hegemonía es cuestionable, a través de unos poderes contra hegemónicos, que deberían estar en las fuerzas de la izquierda, tanto en el ámbito político, social, económico o sindical. Frente a esta imposición del austericidio, hay otras opciones. Vaya que si las hay. Se podría renegociar la deuda, o, incluso, negarse a pagar la deuda que fuera odiosa. O la reducción de la deuda pública, en lugar de por la vía del gasto social, hacerlo por la vía del incremento de los ingresos, con una reforma fiscal progresiva, o la persecución del fraude fiscal.  Esas otras alternativas hoy nos las muestran como irracionales y antinaturales. Esa ha sido su gran victoria neoliberal. La victoria además de costosa, estuvo muy bien programada. Todo empezó así.

Lo que para los observadores contemporáneos aparece como una batalla de intereses contrapuestos, que es zanjada por el voto de las masas, ha sido generalmente decidido mucho tiempo antes con una batalla de las ideas en un círculo restringido. En una entrevista en el diario “Le Figaro”, Sarkozy afirmó que: “en el fondo, he hecho mío el análisis de Gramsci: el poder se gana por las ideas”. Consciente de esta circunstancia la derecha ha sabido jugar sus cartas en esta batalla, y desde hace varias décadas tiene estratégicamente la hegemonía ideológica, y también la hegemonía política.

Mas no ha sido siempre así. Al final de la II Guerra Mundial, estaba vigente la doctrina de Keynes y se iniciaban en Europa occidental políticas dirigidas a la implantación del Estado de bienestar. Por ello, en abril de 1947 se reunió en el “Hotel du Parc”, en Mont-Pèlerin, en Suiza, un grupo de 39 personas entre ellas: Friedman, Lippman, Salvador de Madariaga, Von Mises, Popper.. con el objetivo de desarrollar fundamentos teóricos y programáticos del neoliberalismo, promocionar las ideas neoliberales, combatir el intervencionismo económico gubernamental, el keynesianismo y el Estado de bienestar, y lograr una reacción favorable a un capitalismo libre de trabas sociales y políticas.

Este combate de los neoliberales duro y contracorriente finalmente alcanzaría su éxito en la segunda mitad de los años 70, después de la crisis de 1973, que cuestionó todo el modelo económico de la posguerra. Su victoria fue producto de muchos años de lucha intelectual. Suele atribuirse al reaganismo, al thatcherismo y a la caída del Muro, pero la historia es más larga. Su triunfo se vio facilitado por la autocomplacencia de una izquierda autosatisfecha. Como dice Susan George “Si hay tres tipos de gente, los que hacen que las cosas sucedan, los que esperan que las cosas sucedan, y los que nunca se enteran de lo que sucede; los neoliberales pertenecen a la primera categoría y la mayoría de los progresistas a las dos restantes”. Estos son los hechos.

Es paradójico que los análisis que aportaron una profunda renovación al estudio del neoliberalismo fueron realizados, en gran parte, hace treinta años por Michel Foucault, sin que los movimientos sociales ni los intelectuales ligados a ellos hayan agotado sus enseñanzas. Algunos libros, como de Keith Dixon o Serge Halimi explican la manera en que los neoliberales tras la II Guerra Mundial divulgaron sus ideas en los medios de comunicación, en las universidades y fueron capaces de influir en líderes de la derecha. Nos dan luz sobre el trabajo eficaz de los think tanks y cómo el mundo político e intelectual anglo-norteamericano se ha visto progresivamente inmerso en la gran oleada neoliberal. Para  explicar la especificidad del neoliberalismo francés apareció en 2007  el libro de François Denord,  aunque faltan trabajos para explicar el neoliberalismo como ocurre en España. No obstante, recientemente ha aparecido el libro de Anton Losada bajo el sugerente título de Piratas de lo público.

Uno de los referentes para entender el neoliberalismo fue Michel Foucault, en la recopilación de sus cursos del año 1978-1979, que dio lugar a la obra titulada Nacimiento de la biopolítica.. Este curso marca el inicio, en numerosos países, de una corriente investigadora centrada en la «gubernamentalidad», concepto que Foucault consideraba esencial para comprender las nuevas formas de gobernación. El neoliberalismo aporta ante todo una reflexión sobre las técnicas de gobernación a emplear cuando el sujeto de referencia se constituye a la manera de un ente maximizador de su utilidad.

El proyecto político neoliberal desborda con creces el mero marco de la política económica, la cual no se reduce a la reactivación del viejo liberalismo económico, y todavía menos al repliegue del Estado o a una disminución de su intervencionismo. En todo caso, está guiado más bien por una lógica normativa que afecta a todos los terrenos de la acción pública y a todos los aspectos de los ámbitos social e individual. Basado en una antropología global del sujeto económico, pone en funcionamiento resortes sociales y subjetivos propios, como la competitividad, la «responsabilidad » o el espíritu de empresa, y aspira a crear un nuevo sujeto, el sujeto neoliberal. Se trata, en definitiva, de crear cierto tipo de hombre apto para dejarse gobernar por su propio interés. Por tanto, el propósito del poder no aparece determinado de principio, sino que se va realizando mediante los dispositivos que el gobierno crea, mantiene e impulsa.

A partir del análisis foucaltiano, la politóloga norteamericana Wendy Brown lleva a cabo un corrosivo diagnóstico de la crisis democrática en los países occidentales o, con mayor exactitud, del proceso de desdemocratización iniciado en estos países, comenzando por Estados. Unidos. En su ensayo «El liberalismo y el fin de la democracia»,  recuerda que las políticas neoliberales «activas» apuntan a la gobernación de un sujeto «calculador», «responsable » y «emprendedor en la vida», capaz de aplicar una racionalidad económica universal a cualquier terreno vital y a cualquier esfera: salud, educación, justicia, política. Todo tiene un precio.

Brown se propone demostrar que este proyecto político viene a sustituir la normativa política y moral hasta entonces vigente en «las democracias liberales», practicando una considerable labor de destrucción de las formas normativas precedentes. Un proyecto que certifica la eliminación del sujeto democrático que fuera referente idóneo de la democracia liberal. De este modo, poco a poco va desapareciendo la figura del ciudadano que, junto a otros ciudadanos iguales en derechos, expresaba cierta voluntad común, determinaba con su voto las decisiones colectivas y definía lo que había de ser el bien público, para verse reemplazado por el sujeto individual, calculador, consumidor y emprendedor, que persigue finalidades exclusivamente privadas en un marco general de reglas que organizan la competencia entre todos los individuos. Los criterios de eficacia y de rentabilidad y las técnicas de evaluación se extienden a todos los terrenos a manera de evidencias indiscutibles.

El sujeto moral y político se reduce a mero calculador obligado a elegir en función de sus intereses propios. A juicio de Brown, las consecuencias de este cambio son nefastas. Afectan a las libertades individuales y colectivas que las democracias liberales garantizaban. La gubernamentabilidad neoliberal mina la autonomía relativa de ciertas instituciones, justicia, sistema electoral, policía, esfera pública, entre sí, tanto como su autonomía  en relación al mercado. El proceso de desdemocratización neoliberal va más allá del deseo de Hayek de prohibir las políticas sociales  y redistributivas. Este, pese a su cruzada antisocialista, no pudo prever que potenciar los fines privados en detrimento de cualquier objetivo común iba a cuestionar la democracia misma.

Desde esa perspectiva, el neoliberalismo tiene que ser muy preocupante para los viejos liberales preocupados por las libertades civiles y políticas. Este deterioro de la democracia liberal condiciona también a la izquierda política. Así, la crítica social y política se resiente y se desestabiliza, pues debe olvidarse no solo del socialismo, sino también de las formas políticas del viejo liberalismo. En cuanto esta crítica deja de someterse con resignación a la nueva racionalidad, pasa a encabezar la defensa de las antiguas instituciones democráticas liberales ( de las libertades individuales y políticas, del laicismo), cuyo carácter incompleto, desigual había criticado hasta hace poco. Así a la izquierda le sería necesario formular un contraproyecto basado en otra racionalidad moral y política, y por lo tanto en otra concepción de lo humano, de lo que hasta ahora se ha mostrado incapaz. 

Para construir esta crítica desde la izquierda es imprescindible analizar las relaciones entre neoliberalismo y neoconservadurismo. Ambas racionalidades según Brown deben verse de forma conjunta. Si algo caracteriza a la derecha es su gran capacidad de adaptación, de desdoblarse, pertrechada de grandes dosis de cinismo. Por ello no tiene problema alguno de compaginar el neoliberalismo con el neoconservadurismo, aun siendo planteamientos no fáciles de ir juntos. La Nueva Derecha inglesa, desde su irrupción con Margaret Thatcher contiene en su seno las dos tendencias: la neoliberal y la neoconservadora.

Esta segunda se enfrenta a los problemas apelando a la tradición, la jerarquía y la moralidad que determinadas instituciones como el Estado, la familia y la iglesia aportan a la sociedad para restaurar o conservar los viejos valores. Si nos fijamos en el ámbito educativo, el neoliberalismo apuesta por la libertad de elección de centro, el cheque escolar y la privatización de la educación, adelgazando el papel del Estado. En cambio, la neoconservadurismo considera que la educación es muy importante para dejarla en manos del mercado, reclamando, por ende, un Estado fuerte capaz de restaurar e imponer los viejos valores. En base a lo expuesto en el thatcherismo se enfrentaron ambas tendencias y generaron fuertes tensiones, aunque su acierto consistió en diluir esas no pequeñas diferencias, promoviendo compromisos internos.

Como réplica a la destrucción del sujeto moral y político en la lógica empresarial y consumista, el neoconservadurismo serviría como una nueva forma política para recuperar la moral y la autoridad según presupuestos normativos de antaño, para dar ciertas dosis de seguridad a la sociedad, sobre todo a las clases populares cada vez más desprotegidas como consecuencia del desmontaje del Estado de bienestar. La derecha con gran habilidad llevaría a la vez una política beneficiosa para los ricos, como es obvio, pero consoladora para los pobres, recurriendo al patriotismo y a la autoridad para combatir la delincuencia y la marginalidad.

Mas para Brown, las cosas no resultan fáciles de encajar. Pone de manifiesto la heterogeneidad del neoliberalismo y mucho más del neoconservadurismo, como la incompatibilidad de ambas tendencias. Algunos moralistas conservadores se escandalizan ante la vorágine del consumismo insolidario y la ruptura de los vínculos sociales, consecuencias gravísimas e irrefrenables del capitalismo más voraz. Las visiones del mundo entre ambas tendencias tampoco sintonizan, divididas entre la defensa de lo nacional frente al orden planetario.
Pero también tienen concordancias, que predominan sobre las divergencias.

La moral, teñida a conveniencia, de valores religiosos, tradicionales y nacionales, puede ser utilizada para manipular a los ciudadanos. La guerra puede servir como dispositivo de asimilación y movilización en una sociedad escindida. Siguiendo el análisis de Foucault, puede observarse y comprenderse el espacio común entre neoliberalismo y neoconservadurismo en su referencia común al “individuo que debe responsabilizarse de sí mismo”, por lo que las expectativas de la vida de los ciudadanos derivan de lo que ellos hagan por sí mismos y no de lo que la sociedad puede hacer por ellos.

Como consecuencia de tal responsabilización conductual, de tal privatización de los problemas sociales,  y sirviéndose arteramente de la difícil situación económica y en buena parte causada por ellos, los dirigentes se han lanzado con un voracidad a desmontar los sistemas públicos de pensiones, educación y sanidad, adoptando el modelo del individuo como empresario de sí mismo, por un lado, y el de buen padre de familia trabajador, y previsor, por otro.   De ahí otro daño colateral del neoliberalismo, como es la despolitización de la ciudadanía, para así poder cometer sus tropelías. Ha calado la idea de que es decente quien no se mete en política, ya que va a lo suyo. Y ya es la culminación de la virtud si solo vive para su familia: de casa al trabajo y del trabajo a casa. De la política como algo abyecto hay que huir despavoridos. Lo único valioso es la vida privada, la familiar y laboral. De ahí que muchos alardean yo no soy político.

Para Brown se produce una articulación problemática entre neoliberalismo y neoconservadurismo. El nuevo sujeto neoliberal se siente liberado de los valores y las prácticas de la democracia liberal y al renunciar a su ciudadanía acepta mejor sus obligaciones. La actual  desdemocratización que promueven los políticos de la derecha, fue anunciada por el neoliberalismo impulsado tanto por la derecha como por la izquierda hace ya tres décadas.

El final de su ensayo Brown, se pregunta qué tipo de política de izquierdas y qué forma de renovación democrática podría oponerse a este proceso de descomposición pleno de las formas morales y políticas, para poder escapar de esta pesadilla: “¿Seguimos siendo realmente demócratas, seguimos creyendo todavía en el poder del pueblo y lo deseamos de verdad? Debemos salir de esta pesadilla, que es nuestra, y de la que debemos despertar.