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Marbella, la punta del iceberg

                       

                       

 

           

Todos los acontecimientos que se están sucediendo en la ciudad de Marbella   a un ritmo vertiginoso,  tienen que producir a cualquier ciudadano normal un profundo malestar. Personalmente siento una mezcla de asco y de hedor. Que ocurran en nuestro país, con treinta años de democracia, estas cosas no deja ser lamentable. Dan ganas de exiliarse. El imperio de los pillos y los sinvergüenzas, como en otras épocas, reina por doquier.  Tampoco nos ha cogido de sorpresa. Era previsible. Ya en el 1993 la jueza Blanca Esther Díez intentó sacar a la luz este estado de cosas, aunque se le impidió miserablemente. Ahora parece que la cosa va en serio. Miguel Angel Torres al frente del Juzgado de Instrucción nº 5 de Marbella, ha destapado a toda esa cuadrilla de facinerosos delincuentes y los está llevando a la cárcel, al lugar que se merecen.

            Todos intuíamos desde la llegada al poder municipal de Jesús Gil, al que los ciudadanos y medios de comunicación le reíamos las gracias, que allí se estaban cometiendo todo tipo de tropelías y delitos. Lo que nos ha sorprendido es el volumen del latrocinio, si todos los datos son ciertos, como parecen, relativos a las riquezas acumuladas por el asesor urbanístico Juan Antonio Roca. Palacios espectaculares, cuadras de caballos de pura sangre, cuadros de famosos  pintores, coches lujosísimos, etc. Sacas de dinero en casa de una teniente alcalde. Chalets edificados con materiales de los almacenes municipales. A veces la realidad supera a la ficción. Ali Baba y los Cuarenta Ladrones al lado de toda esta cuadrilla marbellí son unos aprendices. Ver entrar esposados a la alcaldesa, teniente-alcalde, concejales o asesores de distinto pelaje en las comisarías de policía produce cierto sosiego.  

Esa ciudad escaparate del lujo y de la ostentación, del Rolls Royce, en la que los albañiles iban en coches de lujo, está mostrándose como un auténtico agujero negro y podrido, lleno de buitres al acecho de cualquier presa, sobre todo si tiene aspecto de ladrillo. Con ser gravísimo lo ocurrido no lo es menos que haya podido llegarse a esta situación en la que toda una cuadrilla de facinerosos hayan podido acumular semejantes  fortunas, al amparo del cohecho, recalificaciones, tráfico de influencias, atentados al medio ambiente, concesiones de contratas de basura, limpieza, jardinería, transportes o cementerios, cuando los ciudadanos de a pie trabajamos, nos apretamos el cinturón, pagamos religiosamente nuestros impuestos, nos endeudamos hasta las orejas per secula seculorum para proporcionar a cualquiera de nuestros hijos una vivienda digna. Esta situación no puede entenderse más que en una sociedad enferma, en cierto grado cómplice, desarmada de valores morales, que ha perdido su capacidad crítica y su sentido de orientación. Entre la ciudadanía existe la creencia que en esta país no se persiguen de igual modo los grandes delitos económicos que los diminutos de de cualquier trabajador, al que se le descuenta cada mes religiosamente su IRPF, que se ha olvidado cualquier ingreso imprevisto y por ello no lo ha puesto en su declaración de Hacienda.

Sería conveniente y exigible además por sanidad pública  que llegásemos a conocer toda la verdad, absolutamente toda la verdad  de lo ocurrido. Así debería ser con una finalidad ejemplarizante. Mas temo que con sumarios, juicios, abogados, con toda esa maraña jurídica la verdad no va a resplandecer. Pasados unos meses. el asunto pasará de actualidad y se irá extinguiendo poco a poco. Y todo quedará en el olvido. Tiempo al tiempo.

 Con todo, lo más grave es que muchos ciudadanos pensamos que lo ocurrido en Marbella es la punta del iceberg. Muchos pensamos que en España hay muchas Marbellas. Que alguien pueda enriquecerse  con el trabajo es legítimo, incluso deseable, ya que fomenta el espíritu emprendedor. Pero hacerlo especulando con un bien básico, como es la vivienda, a la que todos los españoles tenemos derecho, además de inmoral debería ser ilegal. Esta situación la hemos propiciado todos. Los poderes públicos con su permisividad, cuando no su fomento. Los ciudadanos también tenemos cierto grado de culpabilidad. Muchos cuando vendemos, con dinero negro, una vivienda la  queremos cara, cuando la compramos, con dinero negro, la queremos barata. ¡Qué paradoja e incongruencia! Mientras tanto los bancos y cajas, los tiburones del ladrillo, las inmobiliarias proliferando como hongos en todas las esquinas de cualquier ciudad, amasando grandes fortunas. Entre todos la matamos y ella sola se murió.

  

Cándido Marquesán Millán

Somos así, únicos, mediterráneos

   

            En un aviso a navegantes, si te consideras y sientes auténtico español, algo que ya no mola últimamente, te recomendaría no leyeras todo lo que viene a continuación, ya que podría molestarte. Hecha la advertencia, prosigo en mi disertación.

Los españoles, en comparación a los habitantes de otras latitudes, tenemos unas peculiaridades inconfundibles. Estamos dotados de una idiosincrasia especial. De entrada somos y nos creemos diferentes y los mejores, dotados de todo  un acervo de virtudes, debido, en parte, a nuestra poca capacidad autocrítica, por lo que nos enorgullecemos. Nos creemos que somos el ombligo del mundo. En todos los Mundiales de fútbol vamos a ser campeones, y luego no superamos los cuartos de final. También somos generosos, hospitalarios, divertidos y capaces, a veces, de los mayores sacrificios. Sociólogos de otras latitudes nos han visto de muy diferente manera. Nos ven como bebedores, ya que no sabemos celebrar un acontecimiento, igual da que sea una boda que un entierro, a no ser con una copa. Impuntuales, porque siempre llegamos tarde, abusando de la paciencia del que sabemos nos está esperando. Puede que sea porque durante muchos años, las mujeres españolas acudían con impuntualidad sistemática a las citas con sus novios o amigos. Presentarse puntualmente “no estaba bien visto”. Ruidosos en el más amplio sentido de la palabra, y hablamos todos a la vez y a gritos, y encima, lo que parece algo milagroso, nos entendemos. Un tanto indolentes, al costarnos bastante arrancar para el inicio del trabajo, sobre todo después de la siesta, y dejamos las cosas para el día siguiente. Estamos siempre contando los días que nos faltan para jubilarnos, aunque no los días de paro. Muy orgullosos, somos como el hidalgo del Lazarillo de Formes, por ello alegamos no saben ustedes con quien se la está jugando. Chapuceros, por ello nos cabe el orgullo de haber inventado la chapuza, hija de la improvisación y prima carnal de la irresponsabilidad. Chismosos, como se demuestra con todo el conjunto de programas televisivos basados precisamente en el chismorreo. Un tanto sabihondos, por lo que sabemos y  hablamos de todo, sin importarnos lo más mínimo el tema de que se trate. Como pretenciosos vivimos muy atentos a las apariencias y por encima de nuestras posibilidades, y, por ende, nos preocupa sobremanera el qué dirán. Podríamos seguir con otras características, mas para hoy, ya son suficientes, para hacernos reflexionar, costumbre, por cierto, no muy extendida entre nosotros. Cualquiera de las mentadas en líneas anteriores, podría servirnos de pretexto para la elaboración de un artículo, que no estaría exento de profundidad y calado. Ahora quiero escribir sobre otra, no expresada en líneas precedentes.

            No hace muchos días un buen amigo de toda la vida me decía, un tanto molesto, que estaba profundamente preocupado porque estaban proliferando, con asidua frecuencia, cada vez más los pillos, los chorizos y los jetas, que pretendían vivir a costa del prójimo sin dar un palo a la escoba. Me habló de Gescartera, que yo ya tenía olvidada. Luego de Marbella, lugar donde algunos pillos y los sinvergüenzas se han movido a sus anchas, aunque parece que algunos de ellos están ya en las mazmorras. Siguió con lo de Forum-Filático y Afinsa, que parece va suponer el que muchos pequeños ahorradores van a ser expoliados. Me puso otros ejemplos no menos vergonzosos. Terminaba su alocución con una frase que me llegó al alma: a este paso habrá que salir de casa con las manos en los bolsillos, para evitar que nos roben en la calle. No pude encontrar argumentos de réplica. No debemos echar balones fuera, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra, ya que nosotros no tenemos problema moral alguno en defraudar al fisco de diferentes maneras: comprando nuestra vivienda con una parte de dinero negro; pagando sin factura para evitar el IVA en nuestro taller el arreglo de nuestro coche o en nuestro dentista; trabajando haciendo chapuzas, aunque estemos de baja por enfermedad, como  acaban de mostrar fehacientemente los medios de comunicación; escondiendo ingresos diversos a la hora de realizar la declaración ante Hacienda, etc. Podríamos seguir poniendo más ejemplos. Creo no es necesario. Con ser ya grave todo lo expuesto, todavía lo es más el que, tal como se desarrollan los acontecimientos, es que no hay propósito de la enmienda, muy al contrario, las cosas van a seguir igual. No sólo no nos avergonzamos de nuestras acciones, es que nos sentimos orgullosos de ellas. Es mas al que no engaña al Fisco, al Estado, lo consideramos bobo o lerdo. Aquí de lo que se trata es de defraudar, cueste lo que cueste, y cuanto más mejor, sin darnos cuenta que con ello perdemos todos, sobre todo los más desprotegidos, como los jubilados, los parados, etc. Si todo el mundo pagase, como lo hacemos aquellos que dependemos de una nómina, lo que le corresponde, serían más y mejores las autopistas; los servicios sanitarios o educativos, las pensiones o las residencias para la tercera edad o personas  dependientes.

El contraste con lo que acontece en otros países europeos es grande. En Suiza, Dinamarca o Suecia, existe un sentido responsable de la ciudadanía, ausente en España. Allí se es implacable con los defraudadores, con los chorizos y los caraduras; aquí, muy al contrario, mostramos hacia ellos cierta condescendencia o benevolencia. Somos así. Somos únicos Somos mediterráneos. Es muy difícil que podamos cambiar. Tendríamos que volver a nacer.  

  

Cándido Marquesán Millán

Los inmigrantes y la economía española

  

 Están muy extendidos en la población española una serie de prejuicios acerca de la inmigración. Tampoco contribuyen a su erradicación los medios de comunicación, cuando sólo  parecen estar interesados por los cayucos o por reflejar en un delito la nacionalidad del inmigrante. No todo son cayucos. Merece la pena que todos hagamos un esfuerzo, para acercarnos al tema desde otras perspectivas más positivas, que las hay.  

En lo que va de año han aparecido diferentes estudios sobre la contribución de la inmigración a la economía española. Uno de ellos, el Informe Semestral I/2006, julio 2006, titulado Economía española y contexto internacional, elaborado por el Servicio de Estudios de Caixa Catalunya, en colaboración del equipo de investigación del Departamento de Economía Aplicada de la UAB, dirigido por el catedrático Joseph Oliver Alonso. Otro, el más reciente, de 15 de noviembre, presentado por Miguel Sebastián, candidato a la alcaldía de Madrid, y director de la Oficina Económica del Gobierno, titulado, Estudio sobre inmigración y economía española. Ambos destacan la trascendental e imprescindible aportación de la población inmigrante al continuo crecimiento de la  economía española en la última década, que nos ha situado en los primeros lugares de los países de la UE.

En la década 1995-2005, según el estudio de la Caixa, aparecemos en cuanto al crecimiento del PIB en tercer lugar con el 3,6%, sólo superados por Irlanda con el 7,4% y Grecia con el 3,9%. En el PIB per cápita, estamos en cuarto lugar con el 2,6%, superados por Irlanda con el 5,9%, Grecia con el 3,4% y Finlandia con el 3,2%. Este crecimiento se explicaría por el factor población. En esta década España ha crecido 4,17 millones, aportando cerca del 30% del crecimiento de la población de la UE-15, muy superior al de Francia con 2,8 millones, el Reino Unido con 2,1 millones, Italia con 1,6 e, incluso, al de Alemania con 0,96. Si consideramos que España tiene una de las tasas de fertilidad más bajas de Europa (1,18 por mujer en 1995, en 2000 ha subido a 1,24), el avance de la población se explica, sobre todo, por los inmigrantes. De los 4,1 millones de aumento, 3,2, fueron inmigrantes, mientras que por crecimiento vegetativo de los nativos fue sólo de 0,9. Nuestro mayor crecimiento económico no ha venido por aumento de la productividad, asignatura pendiente de la economía española, ni por la intensidad del trabajo (aumento de las horas trabajadas), lo explica el rápido crecimiento de su población activa, gracias, sobre todo, a dos factores: la inmigración y el ingreso masivo de la mujer al mercado de trabajo. La conclusión del estudio de la Caixa es contundente, en ausencia de inmigración, en España el PIB per cápita entre 1995-2005 se habría reducido en un 0,6% anual.

El informe de Sebastián se estructura en cuatro grandes bloques: I- La Evolución de la inmigración en España, II- Impacto sobre el PIB, III- Impacto sobre las cuentas públicas; y el IV-Impacto sobre el déficit exterior.

En el I, se destaca que la tasa de crecimiento de la población desde 2000 ha sido la más alta de la nuestra  Historia; en un contexto de bajas tasas de fecundidad, este hecho se explica por la prolongación de la esperanza de vida y por la inmigración, lo que ha supuesto refutar a organismos internacionales que presagiaban para España una reducción de 10 millones de habitantes. Hoy el INE habla de 53 m. en 2050. A pesar  del rápido crecimiento de la inmigración, España está en el promedio de inmigrantes con el resto de los países de la OCDE.  Este flujo migratorio no es homogéneo en el territorio español, y dada la densidad de España, hay margen para un mayor crecimiento demográfico. En los 5 últimos años el 50% del empleo ha sido inmigrante; de los 2,63 millones de puestos de trabajo entre 2001-2005, 1,32 fueron inmigrantes; siendo compatible con una notable reducción del paro nativo. Estos recién llegados, además de jóvenes, están bastante preparados, ya que su nivel educativo promedio es superior al de los nativos.

En el II, la inmigración explica más del 50% del crecimiento del PIB de los últimos cinco años; su impacto no sólo es positivo, vía población, sino que eleva la renta per capita, gracias a su tasa de empleo, además genera otros efectos económicos indirectos: eleva la tasa de actividad de los nativos (mujeres), reduce la tasa de paro estructural (flexibilidad) y mejora la movilidad, al reducir los desajustes estructurales (mismatch).

En el III, se explicita que los inmigrantes aportan 23.402 millones de euros a los ingresos públicos, reciben 18.618, por lo que su contribución neta es de 4.784 millones. Esta cantidad representa el 50% del superávit en 2005 registrado por las Administraciones Públicas (1,1% del PIB). Contribuyen, vía cotizaciones, alrededor de 8.000 millones, mientras que sólo reciben 400 millones en pensiones. Su aportación aumentará hasta 2012, fecha en la que se iniciará una disminución al comenzar a cobrar pensiones.

Finalmente en el IV, se afirma que los países con mayor proporción de inmigrantes tienen un mayor déficit exterior, al que  contribuyen por cuatro canales: remesas, que suponen el 0,5% del PIB; menor nivel de ahorro (renta permanente), se piensa que los inmigrantes pueden estar consumiendo un 1,3% del PIB por encima de su renta disponible (en 2005 compraron un 25 % de las viviendas vendidas y absorbieron entre el 15% y el 20% de las hipotecas); patrón de consumo: sesgado a bienes duraderos en su mayor parte importados; y efecto dinamizador sobre la inversión: el aumento de la mano de obra reduce la ratio capital-trabajo, elevando la rentabilidad de la inversión. La suma de estos cuatro efectos explica hasta el 30% del déficit exterior (2,1% del PIB).

              Todo lo expuesto, podría extrapolarse a nuestra Comunidad. En 2005, la población aragonesa alcanzó la cifra de 1.269.027 habitantes, lo que representa un aumento de casi 20.000 personas con relación al año anterior. Es el séptimo año consecutivo de crecimiento de la población. Desde el año 2001 en cifras absolutas la población ha aumentado en casi 70.000 habitantes. Este incremento se debe, en su mayor parte, a la llegada de inmigrantes, que suponen el 7,6% del total de la población.

En Aragón, durante 2005, según el Informe sobre la situación económica y social de Aragón CEA, año 2005, se formalizaron 446.353 contratos, de ellos  103.268 fueron a trabajadores extranjeros, lo que supone el 23,1% del total de la contratación. Continúa el proceso de llegada de trabajadores inmigrantes a Aragón.

 

Cándido Marquesán Millán

 

Un sombrío siglo XXI

      

A partir de 1989, como muy bien nos dijo con regocijo el ínclito Francis Fukuyama, el capitalismo se presenta ante el mundo como el flamante vencedor. Junto  con los Derechos Humanos, y en ausencia de adversarios creíbles, iba a extender sus virtudes benéficas por toda la Tierra, tenía que situar el planeta en un nivel de civilización sin igual. Hoy 17 años después de la caída del comunismo soviético, borrada la posibilidad de chantaje al monstruo totalitario, el capitalismo provoca sentimientos encontrados. Se producen escasos avances, pero también grandes retrocesos.

La realidad es cruda. Nunca hasta ahora se habían dado desigualdades tan profundas, como dice Pascal Bruckner. Podemos utilizar diferentes cifras que nos lo demuestran fehacientemente. Hoy, las trescientas cincuenta personas más ricas del planeta acaparan un patrimonio superior a la renta anual acumulada de casi la mitad de la población mundial. Y en 1998 los 2,7 millones de americanos más ricos poseían lo mismo que los cien millones de americanos más pobres. Diferencias que todavía se han incrementado, según todos los indicios. Estos hechos se explican por la globalización, la preponderancia de los mercados financieros, la revolución tecnológica, el paso de un capitalismo empresarial a un capitalismo patrimonial donde los accionistas imponen la norma en perjuicio de los trabajadores. De aquí se derivan la congelación de las rentas salariales, la desconexión entre el crecimiento económico y las cotizaciones bursátiles, y el término del contrato de trabajo establecido tras la II Guerra Mundial, que garantizaba la estabilidad del empleo y la protección social de los poderes públicos. Todas las grandes conquistas sociales se han borrado de cuajo o se quieren borrar, en pro de una sociedad más fría, más hostil cara los débiles y sonriente para los pudientes. Parece inevitable volver a comenzar, iniciar una nueva lucha por la dignidad y por la vida. Hay que volver a los inicios del movimiento sindical obrero, pero sin las ilusiones que movían a los sindicalistas de entonces. Parece el regreso de un capitalismo puro y duro, inmisericorde con los débiles, generador de empleos de baja cualificación y escasa remuneración, un sistema brutal pues carece de una perspectiva mejor.

Con ser ya grave todo lo anteriormente expuesto. Lo peor es que nos quieren convencer del carácter irreversible de esta situación. Ha fracasado el “comunismo”, una de las propuestas europeas de cambiar el mundo, pero de ahí deducir que el capitalismo es la panacea universal, es demasiado., Como señala  Josep Fontana, desde 1789 hasta el hundimiento del sistema soviético las clases dominantes europeas han tenido que convivir con unos fantasmas que atormentaban con frecuencia su sueño: jacobinos, demócratas,, anarquistas, socialistas, bolcheviques, maoístas…., revolucionarios capaces de ponerse al frente de las masas para destruir el orden social vigente. Este pánico les llevó a hacer determinadas concesiones que hoy, cuando ya no hay ninguna amenaza que les desvele- todo lo que puede suceder son pequeñas explosiones de protesta, que se pueden controlar sin mayores dificultades, no es necesario mantenerlas.

A bastantes víctimas  de la crisis actual se les intenta convencer, aduciendo que la culpa es de “otros”: los empresarios asiáticos que producen a bajo precio porque pagan salarios de miseria o de los inmigrantes africanos o de los países del este que nos arrebatan nuestros puestos de trabajo. Estas afirmaciones sirven para ocultar que los intereses de los inmigrantes y de los trabajadores europeos son comunes y así se evita que pueda surgir una conciencia de solidaridad entre ellos.

Antes de 1989 se pensaba que merced a los avances ininterrumpidos  tecnológicos se produciría una continua y positiva transformación de nuestra sociedad, en los diferentes ámbitos, sociales y económicos. Pero hoy la verdad más desagradable asoma ante nuestros ojos sorprendidos, ya que el programa modernizador iniciado hace 250 años, en el siglo de las luces, está ya agotado, no sólo en lo que se refiere a sus promesas económicas, sino también como proyecto de civilización, tal como estamos comprobando en estos finales del siglo XX e inicios del XXI, que se han producido más muertes por guerra, persecuciones y genocidios que en ninguna otra época anterior. Así como también auténticos desastres ecológicos sin parangón en la historia, todos ellos justificados por la necesidad de crecimiento económico.

Buena parte de la izquierda y del movimiento obrero, creían que las fuerzas de la historia estaban de su parte, que el progreso humano sería continuo e ininterrumpido, aun con las inevitables crisis, lo que significaría, más tarde o más temprano, pero con total seguridad, una victoria segura. Pero nada de victoria, todo lo contrario, una derrota estrepitosa. Desconcertada buena parte de los historiadores de izquierda, se han retirado a los cuarteles de invierno, a escribir y discurrir sobre el sexo de los ángeles, sin cuestionar con fuerza y vehemencia la situación actual, que a nada bueno nos puede conducir, a no ser que se produzca un giro copernicano, lo que no parece que vaya a ocurrir.

  

Cándido Marquesán Millán

Reflexiones a un medio de comunicación

                                              

 

            La democracia se diferencia de las dictaduras, entre otra serie de cosas, por la libertad de expresión. Sin ella no hay democracia. Nadie discute esto.  Es una obviedad que los distintos medios de comunicación, digitales, escritos u orales, en un sistema democrático, seleccionan e interpretan las noticias desde distintas perspectivas, siguiendo determinadas directrices ideológicas. Es incluso sano para este sistema político. Los ciudadanos  leen y escuchan donde quieren, donde les parece oportuno según su buen saber y entender. Después forjarán su propia opinión.  Admitido este hecho, quiero plantearme estas preguntas: ¿puede decirse todo? ¿hay que establecer algún límite? ¿se puede insultar, faltar al respeto a determinados políticos? Estas preguntas vienen a cuento de los comentarios y reflexiones, que se transmiten a diestro y siniestro desde una cadena impregnada de incienso y sotana, por un comentarista, turolense, de poca estatura física, y de una catadura moral deleznable. Sus comentarios, en el fondo y la forma, demuestran un talante desquiciante y una categoría moral nula, que deberían avergonzar a cualquier persona sensata.

            Si nos fijamos en los aspectos estrictamente formales, recientemente he podido escuchar lindezas como estas. Al alcalde de Zaragoza le llama el cochero de Drácula. Al presidente del Gobierno, que representa a todos los españoles, legitimado en unas elecciones, mal que le pese, se le llama ZP. Antes, en el período electoral recibía el calificativo de esa cosa. Al Ministro de Economía se le llama Perico, como en cualquier taberna de cualquier pueblo. Al Ministro de Asuntos Exteriores se le llama Desatinos. A Mariano Rajoy le llama Maricónplejines. Ya en el colmo de los desatinos, cuando estuvo de visita oficial en León, el Primer Ministro de Alemania, dijo sin rubor alguno, que había venido a nuestro país a ponerse ciego de comer y beber, como si no pudiera hacerlo en su propio país. Lindezas, como éstas, son dichas todos los días, y además van en aumento. Van creciendo en cantidad y calidad. Sus correligionarios le jalean.

Si nos fijamos en los comentarios de fondo, todavía son peores. Nunca ha admitido la legitimidad de las elecciones del 11 de marzo. Está en todo momento dudando del criterio de los ciudadanos españoles, como si hubiéramos sido engañados. Entérese que el pueblo español demuestra una madurez a años luz de la suya.¿O es que sólo demuestra madurez, cuando vota al partido que usted defiende? El pueblo español votó el 14 de marzo, a quien le pareció oportuno. No faltaría más. Si el Gobierno del Sr. Aznar no supo estar a la altura de las circunstancias, gestionando la crisis generada de los atentados del 11 de marzo; no quiera culpar a los demás por ello. Ante un atentado de tal envergadura, lo lógico en un político de auténtica talla de estadista, en una grave situación de Estado, hubiera sido convocar a todas las fuerzas políticas e intentar resolverla entre todos. Sin embargo, todos conocemos cuál fue la actuación del Gobierno. Defender unas tesis, sin prueba alguna, contra capa y espada. Y tratar de aprovecharse de ella con fines electorales. Y naturalmente el pueblo reaccionó con los resultados que todos conocemos. Que el pueblo español diera, en el caso de que fuera así, el triunfo al partido socialista, como consecuencia del 11 marzo, no por ello esos resultados electorales están deslegitimados. Cuando intervino Pilar Manjón ante la Comisión de investigación de los atentados del 11 de marzo, dijo que las lagrimitas estaban preparadas y que todo había sido producto de un montaje. ¿Es que ni siquiera puede respetar el dolor de una madre por la pérdida de un hijo? Pensar esto y además decirlo, no sé qué calificativos aplicar.

Afirma que la Iglesia católica española está siendo perseguida por el actual Gobierno. De verdad, es algo inconcebible y surrealista. ¿Puede decirme algún país en el mundo en el que la iglesia católica esté mejor tratada que en el nuestro? Si me lo dice, se lo agradeceré.

Critica al Gobierno actual porque, según su opinión, está troceando la unidad nacional. Lo único que está haciendo es mover ficha para tratar de solucionar unos de los problemas más graves que ha arrastrado la democracia en los últimos 25 años. Hablar con el lendakari es una muestra de ello. ¿Se soluciona el problema vasco sin hablar? La democracia se basa en el logos, en la razón, y en la palabra. No culpe al Gobierno actual del problema del país vasco. Nunca los nacionalismos periféricos han sido tan pujantes como lo son ahora, como consecuencia de la actuación del Sr. Aznar, ejemplo nítido de un nacionalismo español excluyente. La misma actitud dialogante se está manifestando con la cuestión del estatuto catalaán. El otro día un compañero mío me decía, que si hubiera continuado otra legislatura el Sr. Aznar, habrían surgido partidos nacionalistas en Asturias, Cantabria o Extremadura. La pujanza extraordinaria del PNV y de Esquerra Republicana de Cataluña, se explica en parte por la torpeza de la política del Sr. Aznar.

            Muchos días nos remite a tiempos de la II República y la Guerra Civil. Dice lindezas como que la Guerra Civil la iniciaron en octubre de 1934, el PSOE y Esquerra. Omite el golpe militar, secundado por la iglesia católica, del 18 de julio. Sobre estos comentarios quiero decirle al ínclito comentarista lo siguiente. Vale, los socialistas y los de la Esquerra en octubre de 1934, no respetaron la legalidad constitucional. De acuerdo, pero bien que lo pagaron con cárcel, muerte y represión. ¿Ha pagado algún precio el ejército y la iglesia por su actuación del 18 de julio? ¿Han pedido perdón por ello en algún momento?

            Recientemente fueron requeridos a declarar dos miembros del partido popular, que, según todos los indicios, participaron en los intentos de golpear al Ministro de Defensa. Según nuestro ínclito periodista, el que fueran llamados por el Juez, es el hecho más grave, que se ha producido en los últimos 25 años, contra la democracia en España.

            No he visto a la hora de enjuiciar la actuación del Gobierno socialista un aspecto positivo. Todo es una catástrofe. El fin del mundo está cercano. Le da lo mismo la política exterior, la educativa, la económica. Si un día la cosa está mal, al día siguiente peor.

            Podríamos poner más ejemplos de manipulación informativa. Creo que no son necesarios. El tono, las formas, el fondo de este comentarista dañan y perjudican la convivencia democrática.  Los medios de comunicación deben informar, interpretar, forjar opinión. Nadie cuestiona esto. Los medios de comunicación deben templar, atemperar, favorecer la convivencia, como lo hicieron ejemplarmente en tiempos de la Transición. Esto no significa, nada más lejos de la realidad, que no se pueda criticar con seriedad al Gobierno de turno. Lo que no debe hacerse es crispar, encrespar, fomentar los malos modos, para hacer cada vez más difícil y envenenar la convivencia entre los ciudadanos. Por sus juicios y sus palabras he visto peleas. El daño que está haciendo a la democracia es impresionante.  Oír a este personaje, con el odio y rencor que destilan sus juicios y sus palabras todos los días, sirve para fomentar comportamientos antidemocráticos. Sus discursos recuerdan los que emitía Queipo de Llano. Yo le recomendaría, le sería muy conveniente y saludable, que se retirara unos años de los medios informativos, podría hacerlo sin ningún problema económico, ya que tiene bien repleta la faltriquera, para hacer unos ejercicios espirituales y así pudiera recuperar la quietud y el sosiego, que le vendría muy bien para su salud. Pero mucho me temo que no va a seguir mis desinteresados y altruistas consejos. Que lo mantenga su  clerical empresa, parece increíble. Si la Conferencia Episcopal leyera los evangelios y fuera capaz de comprender sus valores, seguro que lo despedirían ipso facto. Si lo mantiene,  que no se extrañe si cada día los templos católicos están más vacíos. Aunque dudo si esto les importa mucho.

 

CÁNDIDO Marquesán Millán. Profesor de Enseñanza Secundaria, del IES “Benjamín Jarnés” de Fuentes de Ebro.

 

Domicilio- Lorente 32 2º J-Zaragoza

Diplomacia del petróleo

 

Este fin de semana las autoridades chinas han desplegado las alfombras rojas  para recibir a la mayoría de los dirigentes de los países africanos. En las vallas publicitarias de Pekín se han mostrado elefantes, jirafas, cebras, hipopótamos e incluso las pirámides de Egipto. Los anfitriones no han escatimado medios para que los huéspedes se sintieran satisfechos. Previamente los jefes africanos en sus respectivos países recibieron con alfombras rojas a los dirigentes chinos. El pasado enero el ministro de Asuntos Exteriores, Li Zhaoxing, visitó seis países africanos, en cumplimiento de la tradición de que la primera salida al exterior del jefe de la diplomacia china sea a África. En abril el presidente, Hu Jintao, visitó tres países más. Igualmente en junio el primer ministro, Wen Jiabao, en ocho días hizo lo mismo a siete países más.

Todos estos acontecimientos indican la importancia creciente que despierta el continente africano a los ojos del régimen de Pekín. Este interés no es nuevo. Ya desde los años 60 hasta los finales de los 80 del siglo pasado las relaciones entrambos fueron fluidas En aquel entonces los africanos percibían la República Popular China como una nación-faro del Tercer Mundo y el maoísmo servía muchas veces de referencia ideológica tras la lamentable etapa del colonialismo. Para China, África era un escenario dentro de una lucha encarnizada de influencias en el contexto de la Guerra Fría y la estrategia de Pekín era sobre todo de orden geopolítico; de lo que se trataba fundamentalmente era de ir en contra de los intereses soviéticos en países como Angola y el Congo.

Hoy, tras la caída del muro de Berlín y el inicio de la apertura económica de China han cambiado las cosas, los intereses son económicos sobre todo, sin despreciar los de carácter geopolítico, que los hay, como es el incrementar el aislamiento de Taiwán y poner muy clara su política de que China no hay más que una. Por ello ha invitado a la cumbre a los 5 países de  África con los que no tiene relaciones, ya que las tienen todavía  con Taiwán- Gambia, Malawi, Burjina Fasso, Suazilandia y Santo Toné y Príncipe. No obstante, no han asistido  a esta cumbre del Foro África China de Cooperación (FOCAC).

Lo realmente importante y novedoso ahora es que el gigante asiático necesita imperiosamente, si quiere mantener su pujante desarrollo económico, materias primas y recursos naturales de África como petróleo, gas, hierro, cobre, madera o algodón. Sin ir más lejos, una tercera parte del crudo que importa China procede de países como el Congo, Nigeria, Libia, Sudán o Angola. También a China le interesa el continente africano para exportar capitales, con los que se financiaran carreteras, hospitales, campos de fútbol, puertos, minas y campos de petróleo, que servirán para potenciar el crecimiento de estas economías. Y además las empresas chinas exportan cada vez más sus productos a África: desde teléfonos móviles, bicicletas, aparatos electrónicos ya que, a pesar de no ser de buena calidad, son asequibles para estas poblaciones.

En compensación el presidente chino, Hu Jintao, ha anunciado que China doblará su ayuda a las naciones africanas, a las que ha ofrecido 3.000 millones de dólares en concepto de préstamos; 2.000 millones en créditos de exportación y otros 5.000 millones para inversiones en África, donde además formará a 15.000 profesionales africanos. Hu también se ha comprometido a cancelar la deuda de los países más pobres y otorgar el status “libre de impuestos” a una mayor cantidad de sus productos, con el objetivo de que aumente la importación de productos africanos en China.

Este protagonismo de China en el continente negro está siendo criticado ya desde el mundo occidental, como no podía ser de otra manera. Desde  el Banco Mundial, Paul Wolfowitz, lanzó hace unos días la voz de alarma, al declarar que los bancos chinos obvian cualquier consideración hacia los Derechos Humanos o el respeto al medio ambiente, cuando realizan sus préstamos en África. Wolfowitz tampoco olvidó citar otro motivo de preocupación para Occidente, éste menos filantrópico: el país asiático ha desplazado a países como USA y Reino Unido como socio económico y comercial de África y se sitúa sólo por detrás de Francia, cuyo liderazgo está siendo amenazado. Lo que ha provocado que Tony Blaire, el Primer Ministro británico, haya propuesto la eliminación de los subsidios agrícolas en la Unión Europea, para estrechar lazos con África. Como también que USA y Europa deberán prestar más atención y modificar sus políticas en África.

También las críticas llegan desde la misma África. Sindicalistas africanos han protestado contra lo que consideran maltrato y reducción de salarios por parte de las compañías chinas y que los chinos les arrebatan los empleos. Sudáfrica ha dicho ya que la entrada masiva  de textiles chinos podría hundir la industria local.

Tras librarse África del colonialismo blanco, uno de los acontecimientos más vergonzoso de la historia, sería lamentable que volviera a caer ahora en el seductor colonialismo amarillo. África constituye hoy el único blanco blando remanente en el mundo, donde las potencias externas pueden pelear por su acceso a los recursos minerales. Pero lo último que África necesita, es convertirse en el campo de batalla de una guerra política y comercial. Tal como los africanos saben de su pasada experiencia, los países no tienen amigos, sino solamente intereses, sin que podamos excluir a China de esta afirmación. No debemos olvidar lo dijo Deng Xioping, “gato blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

 

Cándido Marquesán Millán

La gran paradoja del neoliberalismo

       Los acontecimientos económicos recientes de E.E.U.U. relacionados con la crisis inmobiliaria y de crédito, me sirven de pretexto para hacer unas reflexiones, que tampoco vienen mal, y todavía más en los tiempos que corren. Parecía que con la globalización y la innovación financiera los ciclos económicos habían pasado a mejor vida y los riesgos de liquidez y de crédito habían desaparecido. Por ende, las Bolsas nos han proporcionado unos años excepcionales y los amos del universo, esos jóvenes ambiciosos han campado a sus anchas espoleados por la codicia enfermiza e infecciosa de unos inversores que reclamaban cada vez mayores rentabilidades. La ingeniería financiera ha proporcionado una década dorada imaginando nuevas formas de endosar y comercializar el riesgo de las hipotecas de alto riesgo (subprime), para distribuirlo mediante los CDO (collateralized debt obligation) entre un mayor número de inversores, algunos especializados y otros incautos.Un crédito hipotecario «subprime» o de alto riesgo, se podría decir que son aquellos que se conceden a una persona sin pedirle garantías ni avales, es decir, sin cumplir los estándares mínimos de calidad crediticia. El prestatario tiene unas condiciones fuera de lo que una entidad bancaria normal aceptaría, ya sea porque no tiene una estabilidad laboral o porque cuentan con unos ingresos mínimos sin poseer siquiera una nómina. Además cuentan con una tasa de interés más alta de la habitual ofrecida por el banco o entidad financiera y un límite más bajo de préstamo.Los CDO son el último ejemplo de innovación financiera, aplaudida en su día, como paradigma del ingenio moderno del sistema bancario, pero que al final se ha convertido en una mercancía averiada. El negocio de los CDO era el siguiente. La clave estaba en convertir esa deuda mala (subprime) en un nuevo producto financiero bien presentado y en ocasiones mezclado con otro tipo de deuda de mayor calidad. Fue así como surgieron los CDO. Del resto se hacían cargo las agencias de  calificación de deuda, que asignaron ratings razonables y hedge funds (inversores y bancos) los han comprado con entusiasmo. El experto de la agencia de calificación de riesgos Fitch, Thomas von Luepke, explica que todo se debe a problemas en "la calidad de la gestión del riesgo” y que "cuando estás acostumbrado a que haga sol cada día, empiezas a dejarte el paraguas en casa".   Así en USA se produjo una doble burbuja, la primera vinculada al mercado inmobiliario y la segunda al crédito. El sector de la vivienda creó una gran actividad económica y empleos en su entorno, y ahora se ha revertido el proceso. Los precios de la vivienda están cayendo ahora a un ritmo que no se veía desde los años de la Gran Depresión de 1929. Los datos hoy hablan por sí solos y la realidad desagradable asoma para muchas familias norteamericanas, que aprovecharon los bajos tipos de interés para intentar comprar una casa. Hoy se calcula que en USA hay 2 millones de propietarios a punto de perder sus casas, al no poder soportar las nuevas condiciones impuestas por los bancos. Bastantes las están vendiendo y con el producto de la venta, pagarse el alquiler.  La explosión de la primera burbuja inmobiliaria se unió a la del crédito. por lo que quedaron también atrapados los grandes bancos extranjeros, atraídos en años pasados por los productos financieros estadounidenses. Es el caso de la entidad francesa BNP Paribas, que ha decidido congelar, durante como mínimo un mes, la cotización de los títulos de tres de sus fondos de inversión. El fuerte impacto de la crisis en los mercados financieros alemanes, se debe, según algunos analistas, a que los bancos se vieron obligados a invertir en negocios arriesgados, dada la baja rentabilidad de sus operaciones en el país. Entre las entidades alemanas afectadas por la crisis está el banco alemán IKB y el Commerzbank. Ello explica que la crisis en EE UU esté salpicando a Europa y Asia.Para evitar la lógica crisis de liquidez de muchas entidades financieras, han tenido que intervenir coordinadamente los Bancos Centrales de las principales economías industriales (Unión Europea, Estados Unidos, Japón, y Australia), en un hecho sin precedentes desde la caída de las Torres Gemelas. El BCE, la FED y el Banco de Japón  inyectaron liquidez al mercado financiero en una cantidad impresionante de 207.420 millones de euros. Y todavía continuará.Esta crisis, comparable a la asiática de hace una década, es un ejemplo contundente de la doctrina neoliberal, que supone el fundamentalismo del mercado libre antes que el idealismo democrático, y que es ahora la fuerza conductora de la política y la economía en la mayor parte del mundo, y que su ideología de mercado está conducida no sólo por los beneficios, sino que además es acompañada por la extraordinaria habilidad de reproducirse con tal éxito que, parafraseando a Fred Jameson, es más fácil imaginar el fin del mundo que del capitalismo neoliberal. Los defensores acérrimos del neoliberalismo, como el gran Von Hayek(1899-1992), que en su libro Camino de servidumbre(1944), no tuvo empacho alguno en decir esto: Es la sumisión del hombre a las fuerzas impersonales del mercado lo que en el pasado hizo posible el desarrollo  de una civilización, que sin ello no hubiera podido desarrollarse; es por medio de esta sumisión que participamos cotidianamente en la construcción de algo más grande de lo que podemos llegar a comprender plenamente., son los que  reclaman ahora el intervencionismo de los Bancos Centrales. Toda una paradoja.  Cándido Marquesán Millán 

Necesidad de una sociedad laica

  Después de oír las recientes manifestaciones del cardenal Cañizares, en relación a la impartición en nuestras escuelas e institutos de la asignatura Educación para La Ciudadanía, cada vez estoy  más convencido de la necesidad de profundizar hacia una sociedad laica en España. Dichas manifestaciones se explican por nuestro reciente pasado.

Nuestro país ha tenido una larga y profunda tradición religiosa católica. Además para determinadas corrientes ideológicas, como el nacional-catolicismo la españolidad ha estado indisolublemente unida a la catolicidad y cualquier intento modernizador y secularizador dirigido a superar la confesionalidad del Estado, la libertad de conciencia y de religión, debe ser radicalmente rechazado; aquel que rompe la unidad religiosa rompe la nación española, y viceversa; los heterodoxos son antirreligiosos y por consiguiente antinacionales y anti-españoles. Aunque tradicionalmente esta corriente de pensamiento ha sido vinculada, casi exclusivamente, con el franquismo, a lo largo del siglo XIX, se fue configurando y adquiriendo unas características propias. El franquismo no haría otra cosa que apropiarse de lo ya plenamente establecido.  Por ello, en el Concordato de 1953 firmado por el Estado español y la Santa Sede, y en su artículo 1º se especifica: La Religión Católica, Apostólica Romana, sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.

Este poso histórico deja impronta. En la Constitución de 1978 hubo que hacer todavía determinadas concesiones a la religión católica. En el artículo 14 se establece: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia. Sin embargo, en el artículo 16.3. después de declarar que el Estado no tiene ninguna religión oficial, se cita puntualmente que se mantendrán buenas relaciones con la religión católica y otras confesiones. Esta mención expresa a la religión católica, desde las jerarquías católicas y determinados sectores católicos españoles tienden a entenderla como si tuviera un derecho preferente. Y nada más lejos de la realidad, ya que todos los españoles somos iguales ante la Ley.

Si el Estado español no es un Estado religiosamente confesional, en este sentido, y sólo en este sentido, se puede y se debe decir que la sociedad española es una sociedad laica. Porque es así como los ciudadanos del Estado español hemos querido, libre y mayoritariamente, organizar nuestra sociedad, nuestras instituciones y nuestra convivencia.

Algunos hablan de laicidad, y otros de laicismo. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el laicismo: Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente el Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa. Lo que no significa exclusión ni persecución de las instituciones religiosas. Laicismo significa independencia del Estado con respecto a la religión, pero nunca rechazo u hostilidad hacia las ideas o prácticas religiosas. Además nuestra Constitución, en su artículo 1º dice: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes. Tales poderes no tienen su origen en una instancia sobrenatural o religiosa. Por eso podemos decir también que nuestra sociedad es una sociedad constitucionalmente laica.

En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto a derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie. Con frecuencia las creencias religiosas son vividas por los creyentes como si fueran verdades absolutas e incuestionables, validas para todo el mundo. Mas no se pueden convertir las presuntas verdades religiosas absolutas en leyes civiles obligatorias. Las jerarquías religiosas pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito. Las leyes en la sociedad laica marcan los límites socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos los ciudadanos, independientemente de nuestras creencias religiosas. Son las religiones las que deben adaptarse a las leyes, no a la inversa. Esto no lo entienden los jerarcas católicos.

Como durante siglos, ha sido la iglesia oficial, la encargada de vertebrar moralmente las sociedades, a las jerarquías católicas españolas les resulta hoy difícil adaptarse a esta nueva situación. Sin embargo, en las democracias modernas los acuerdos axiológicos se basan en leyes y discursos legitimadores, no directamente confesionales, aprobados por los representantes de la soberanía popular.

Como ha señalado recientemente Mercedes Yusta, parece que la Iglesia católica  en estos momentos está echando un pulso al Gobierno actual. Lo que  está en juego es mucho más que los contenidos de una asignatura. Lo que se está dilucidando es la supremacía entre dos concepciones opuestas de entender la vida política y social: aquella en la que la última palabra corresponde a la soberanía popular, representada por el Parlamento, y que sanciona lo que los ciudadanos, a través de sus representantes democráticamente elegidos, se dan a sí mismos como normas de conducta, y otra que por encima de esa autoridad civil, laica y democrática pone una autoridad suprema e inapelable, la autoridad divina, de la que unos pocos (y no precisamente elegidos) se autoproclaman los verdaderos representantes y traductores. En todo caso, en la republicana y laica (y socialmente conservadora) Francia esta polémica es percibida como un verdadero dislate.CÁNDIDO Marquesán Millán