Blogia

dorondon

Arde Francia

     

Estos días la Francia republicana, laica, orgullosa de sus aportaciones a la historia, con razón suficiente, se está viendo sometida a un autentico movimiento sísmico de contestación social por parte de todo un colectivo de jóvenes, descendientes de inmigrantes africanos, que puede generar profundos cambios políticos y sociales, no sólo en Francia.  A primera vista estos acontecimientos parecían imprevistos, pero nada más lejos de la realidad. Eran previsibles.

Europa ha necesitado hace tiempo rejuvenecerse, y mano de obra abundante y barata, de lo contrario su desarrollo económico hubiera entrado en un colapso lógico. Los demógrafos lo han dicho por activa y por pasiva. No es necesario entrar en más profundidades. Han llegado emigrantes de todos los continentes a mansalva al Reino Unido, Francia, Alemania, y a España, además de a otros países.  En nuestro país, los sudamericanos, africanos o de los países del este, además de inyectar savia nueva han proporcionado mano de obra abundante y barata a la construcción, a la hostelería y al cuidado de ancianos. Además han contribuido con sus cotizaciones al superávit de la Seguridad Social. Obviamente han usado los servicios de educación y de sanidad. Esta última circunstancia nos resulta, a veces, menos grata.

Las primeras generaciones de emigrantes, agradecidos por su acogida, teniendo en cuenta las penalidades de sus países de origen, en muy pocas ocasiones han planteado problemas de convivencia, lo que no significa que se hayan integrado plenamente y hayan renunciado a sus raíces primigenias. Es lo que ocurrió en Francia hace 40 o 50 años, o lo que está pasando en España ahora.

Los que se han rebelado en Francia son los hijos o nietos de los primeros emigrantes, poniendo en evidencia un fracaso estrepitoso del modelo de integración francesa. El régimen republicano de nuestro país vecino pensó que tarde o temprano, como cae una fruta madura por su peso, todos los emigrantes, independientemente de su procedencia, se sentirían orgullosos de sentirse franceses. Mas parece que no ha sido así. Esos jóvenes pirómanos que están poniendo en un grave aprieto al gobierno de Villepin, son franceses jurídicamente, pero se sienten marginados. La mayoría de los detenidos tiene menos de 18 años y los agitadores tienen entre los 14 y 26 años. Son jóvenes, muy jóvenes. Viven en los muchos grands ensembles construidos entre 1955 y 1975 en los suburbios de las grandes ciudades francesas en un intento de dar respuesta a la enorme crisis de vivienda que padecía el país. Hoy estos lugares están poblados mayoritariamente de minorías étnicas, sobre todo norteafricanos y subsaharianos. Allí ha nacido y crecido ya una generación, francesa por vivencia  y nacionalidad. Pero, como dijo en cierta ocasión Laurent Fabius, siendo primer ministro: sí, son franceses, pero no como los demás. Y este sentimiento lo han tenido desde su niñez, al estar viviendo en unos espacios en los que se les está negando su futuro, su presente y su pasado. Su futuro es sombrío, ya que se educaron en unas escuelas públicas, donde se concentraron minorías étnicas, con escasos apoyos de sus familias y con unos maestros desilusionados. Tienen un futuro incierto y con escasez de horizontes personales. Se les niega también su presente por su escaso nivel formativo y que no tienen otra vía de escape que huir en coche a la gran ciudad. Tienen sus ídolos como Zidane, pero es algo inalcanzable. Quieren ser protagonistas, por ello queman coches,  es la única manera de salir en los medios de comunicación. Se les niega, por último, su pasado, al obligarles a ser franceses, independientemente de su religión, de su raza o de su origen.

Un acontecimiento de esta trascendencia y que todavía no es posible medir sus consecuencias, para ser estudiado en profundidad requiere cierta perspectiva histórica. Hace falta cierta lejanía, no valen los primeros planos. Con cierta cautela los sociólogos y politólogos se han visto sorprendidos. No saben y no contestan. Se hacen preguntas. La pregunta, decía Heidegger, es la suprema forma del saber. ¿Una revuelta sin intelectuales? ¿Dónde están los inspiradores del Otoño francés? ¿En ausencia de intelectuales, cuáles son los materiales de su doctrina? Acaso puedan estar en las letras de las canciones de Zebda, un grupo musical de fusión (mezcla de rap, rock y otros) de la ciudad de Toulouse. Sus intelectuales son beurs (palabra que significa árabe nacido en Francia de padres inmigrantes), como ellos, que hablan y piensan como ellos. El estribillo de double peine( doble condena), dice así: Yo soy aquel que han castigado dos veces, aquí y también allá. Se me acusa de todas las trampas, cuatros esposas y varias concubinas. Son rechazados en Francia y lo fueron en su país de origen.

Su canción más conocida es Le bruit et l´odeur. Es una polémica frase dicha en 1991 por Chirac en la que reflejaba todos los tópicos sobre la inmigración árabe musulmana. Se refería a toda una serie de incomodidades que padece un trabajador francés y su mujer, que gana cerca de 15.000 francos ( unos 2.000 euros) y que tienen en el rellano de su escalera a una familia amontonada, con un padre, tres o cuatro esposas y una veintena de hijos y que gana 50.000 francos de ayudas sociales sin apenas trabajar. Si a esto se le añade el ruido y el olor, pues bien, el trabajador francés se vuelve loco. Y decir esto no es ser racista. El ruido y el olor se convirtió en el himno de revuelta de estos jóvenes beurs, lo que no significa que el grupo Zebda haya incitado este furor pirómano de coches, de escuelas, parvularios, bibliotecas, gimnasios, almacenes y mobiliario urbano. Lo que sí parece incuestionable es que las letras de sus canciones han aportado las señas de identidad a estos jóvenes descendientes de inmigrantes.

Con todo lo precedente, en todos estos grands ensambles se acumuló gran cantidad de material inflamable. Sólo se necesitaba. una chispa. Los grandes incendios se inician con una cerilla. La chispa fue la muerte, el pasado 27 de octubre, de dos chicos, Ziad Benna y Bouna Traores, de 17 y 15 años, al refugiarse, al ser perseguidos por la policía, en las instalaciones de la compañía eléctrica EDF. El ministro Sarkozy, ha echado más leña al fuego, llamándoles racaille (chusma), y les ha certificado que son franceses de segunda.  Además el primer ministro, Villepin, al exhumar una ley de 1955, de tiempos de guerra de Argelia, para decretar el toque de queda en los barrios de la revuelta, les ha vuelto a recordar a esos jóvenes sus orígenes y su doble condena. Se les vuelve a tratar como a sus abuelos.

De momento, en nuestro país estos peligros parecen lejanos. No obstante, debemos aprender de los errores ajenos.

  

Cándido Marquesán Millán

Algo está cambiando en América Latina

   

            Se están produciendo en América Latina todo un conjunto de acontecimientos  muy interesantes, que pueden suponer importantes cambios políticos, sociales, económicos, etc. El año 2006 fue de urnas, en el que los ciudadanos de 12 países de este subcontinente expresaron su intención de cambiar o mantener la tendencia política gobernante. Lo que sí parece claro es que en la región se ha dibujado un nuevo mapa político, en el que el giro hacia la izquierda se ha  consolidado.

Las corrientes conservadoras  o de centro-derecha se mantuvieron en Honduras, México y Costa Rica. Como el triunfo no fue claro, las de izquierda o más liberales salieron fortalecidas. Puede servir de ejemplo el caso de México, donde  Felipe Calderón pudo tomar a trancas y barrancas las riendas del poder, ya que sólo superó a López Obrador, si aceptamos el recuento del Tribunal Electoral, en unos 200.000 votos.  Únicamente en Colombia, el centro-derecha alcanzó la hegemonía, al ser reelegido Álvaro Uribe.

Las de izquierda de impusieron en Bolivia con Evo Morales (su toma de posesión fue el 22 de enero de 2006); Perú con Alan García; Ecuador con  Rafael Correa; Nicaragua con Daniel Ortega. Reafirmaron su predominio en Brasil con Lula da Silva; en Chile con Michelle Bachellet y en Venezuela con Hugo Chávez.

Estos resultados electorales parecen indicarnos el deseo mayoritario de la población de dar un golpe de timón en un intento de superar o atenuar graves y endémicos problemas: extrema pobreza,  injusta desigualdad, endémica violencia, narcotráfico, delincuencia, desconocimiento de los derechos humanos y una corrupción galopante. Estos años atrás se han vivido bajo el signo de una política neoliberal, del libre mercado, de las privatizaciones, de los duros ajustes en gasto social, de reformas estructurales, promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Las consecuencias para la mayoría de la población han sido desastrosas. Como ejemplo, puede servir Ecuador; en 1995, el 34% de su población vivía en la pobreza. Hoy el porcentaje supera el 60%. Eso sí, los indicadores macroeconómicos han sido positivos: baja inflación y una tasa de crecimiento del producto interior bruto de casi el 4%.  Como acostumbra a decirse la economía va bien, pero el pueblo va mal. Esta situación es extrapolable a la mayoría de los países de América Latina.

Quien parece va a liderar  el timón de este barco es Hugo Chávez, que en su discurso de toma de posesión ha defendido “El socialismo del siglo XXI”.  El modelo chavista se presenta como una opción que supera todas las restricciones impuestas por la coherencia de las convicciones. Parece ir a contracorriente y con grandes dosis de oportunismo se ha instalado en este tiempo de transición caótica en el que ya no hay paradigmas claros.  Su  simbología es una mezcla dispar y difícil de clasificar. Incluye el icono de Bolívar, la revolución bolivariana, un ingrediente de mesianismo personalista, exacerbado nacionalismo, pronunciado populismo y sobre todo, el antiamericanismo. Esta avalado en su país con el 65% de los votos. Y tiene su principal activo en los petrodólares, que  en los tiempos que corren le abren muchas puertas.

Tampoco es baladí que en la tomas de posesión de Rafael Correa y Daniel Ortega, ha estado presente el dirigente iraní  Mahmud Ahmadineyad, otro jurado enemigo de EEUU y del Estado de Israel En Managua fue recibido por un sonriente Ortega, quien espera recibir del visitante una valiosa cooperación económica y hasta la condonación de una deuda superior a los 150 millones de dólares que tiene con Irán. En la capital nicaragüense Ahmadineyad, junto con Chávez, anunció la creación de un fondo de 2.000 millones de dólares para apoyo mutuo y de terceros países. Con este dinero se financiarán proyectos de desarrollo productivo en América Latina y África, algo a lo que están obligados aquellos países que cuentan con recurso petrolíferos.

 Considerando los acontecimientos precedentes, no resulta extraño que perspicaces analistas políticos valoren que el periplo del mandatario iraní se inscribe dentro de la estrategia de fortalecer el eje antinorteamericano, que encabezan Venezuela y Cuba, ensanchado ahora por el presidente de Bolivia, Evo Morales, y con el ascenso de Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador.

 Habrá que estar con ojo avizor a los acontecimientos futuros que puedan venir del Norte. De verdad,  hay que estar preocupados, antecedentes históricos no faltan. EEUU  en 1823 enunció ya la famosa doctrina Monroe, que le ha llevado a considerar toda América Latina como su patio trasero, en el que puede hacer y decidir a su antojo. En 1904, en otra vuelta de tuerca, se le añadiría el corolario Roosevelt. Principios políticos que no se quedaron en una simple declaración, sino que sirvieron para tratar de legitimar ante el mundo innumerables intervenciones, que no han sido en defensa de los derechos humanos sino para instaurar o apuntalar execrables dictaduras.

 Por ende, sería una osadía por mi parte aventurar cómo podrá irles a todos estos países que valientemente han decidido desligarse de la tutela norteamericana. No obstante, sí que pienso que mejor seguro, peor es imposible, siempre que no saquen a pasear a Monroe.

  

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

 

Al PP le va la manifestación

     

           

   

Ayer se celebró otra manifestación, la derecha le ha cogido el gusto a la calle y a la pancarta, en la ciudad de Salamanca, para protestar la decisión del Gobierno de devolver documentos del Archivo de la Guerra Civil a la Generalitat de Cataluña. La pancarta de cabecera, de ocho metros de largo y uno de alto, lució el lema: “Por nuestros valores. Por nuestra historia común. Por nuestra dignidad”. No sé cuántos asistieron. Da lo mismo. El Partido Popular ha movido los instintos más primarios de sus correligionarios, recurriendo al anticatalanismo más primitivo. ¡Qué fácil es así mover a las masas¡ ¡Qué desmantelan el Archivo¡ ¡El culpable es Carod Rovira¡ Pues muy bien. Yo querría hacer una breve advertencia a los dirigentes del partido popular. Quien siembra vientos recoge tempestades. La mejor manera de fomentar los nacionalismos periféricos es con manifestaciones como las de ayer. Vamos a ver. Por favor, un poco de sensatez. Toda la documentación que se va a traspasar a Cataluña es el 3% del total, con el beneplácito de la Comisión de expertos. Por cierto, no sin antes dejarla convenientemente microfilmada. Además Cataluña proporcionará más documentación, de la propia. El Archivo no sólo no se va  a desmantelar, todo lo contrario, va a ver incrementados sus fondos. Esa documentación del 3% es catalana, ya que está escrita en catalán. Seguro que Acebes, Lanzarote, y la divina Esperanza; así como todos los asistentes a la manifestación, están siguiendo cursos acelerados en la lengua de Joseph Pla, para leer toda esta documentación.  Además de estar en catalán, se ha generado por instituciones, como la Generalitat, o por partidos políticos catalanes; como también hay documentación de particulares catalanes. Toda se llevó a Salamanca, como botín de guerra, con la finalidad de ejercer una de las represiones más duras que se han hecho nunca en nuestro país. Que se devuelva a sus auténticos propietarios es de justicia y de sentido común. Se debería haber hecho mucho antes. Es una deuda contraída con Cataluña. También los catalanes tienen su dignidad. Así de claro. Con todo lo precedente, que es incuestionable, no puede entenderse que unos dirigentes de un partido con aspiraciones de asumir el gobierno de España, emponzoñen y envenenen la convivencia entre los pueblos de España. Ayer se oyeron en Salamanca insultos contra Cataluña y los catalanes. De Cataluña estuvieron muy pocos, incluido el PP catalán, en la manifestación. Muy bien, vamos por buen camino. Así se fomenta la convivencia entre los españoles.

            La semana que viene se va a celebrar otra., contra la guarrada de las bodas gays. Realmente promete. Ver manifestarse a los ínclitos purpurados, con sus largas faldas, sus áureos crucifijos y sus pesados anillos, es algo que no debemos perdernos. El espectáculo promete. Si además tienen que intervenir las fuerzas del orden público para mantener el orden, porque a algún obispo se le han fundido los cables, será ya la de Dios. De verdad, yo quiero la primera fila.

Por cierto, no recordaba que la semana pasada se celebró otra manifestación. No tuvieron inconveniente los Acebes, Zaplana, la divina Esperanza y Rajoy de jugar con fuego. Ellos sabrán.

 Toda esta actuación cabe enmarcarla en una estrategia perfectamente diseñada para desgastar al Gobierno de Rodríguez Zapatero, unos días antes de las elecciones en Galicia.  No debes preocuparte, Mariano, ya que don Manuel ha orado para que Dios y el apóstol Santiago, den el triunfo a los españoles de “bien”. Los otros, no son españoles, y no traerán más que caos y terrorismo.

 

Cándido Marquesán Millán

           

Coartadas perfectas

                                                   

            Todos los medios de comunicación nos dan a conocer estos días con todo lujo de detalles la evolución del precio del petróleo. Las agencias transmiten lo misma noticia y con las mismas palabras. El barril del crudo Brent superó ayer en el mercado londinense la barrera de los 74 dólares, en una sesión llena de altibajos por la incertidumbre sobre los conflictos internacionales. El barril de crudo de Texas tocó ayer los 75 dólares. El petróleo Brent tocó ese pico a primera hora de la tarde, aunque después moderaba su precio. Según expertos conspicuos, que nunca faltan, esta alza se debe al temor de los mercados por la crisis nuclear de Irán, cuarto productor mundial, ya que este país exporta unos 2,7 millones de barriles diarios que no se pueden sustituir en el mercado, ya que todos los países, excepto Arabia Saudita, están bombeando al máximo. También hay que considerar la situación de Nigeria, primer productor africano, por los ataques de fuerzas separatistas en el delta del río Níger y la irrupción en el mercado del petróleo de los fondos de inversión debe tenerse en cuenta.

Llegan las inevitables recomendaciones del G-7,  indicando que se debe invertir en producción y en refinerías de petróleo. Desde el FMI , el asturiano Rodrigo Rato, lanza una clara advertencia: “el impacto negativo del encarecimiento estructural del precio del petróleo genera enormes desequilibrios comerciales que caracterizan la coyuntura económica mundial”. Señalan que este impacto en los desequilibrios comerciales serán más graves que en el pasado. Al igual que en los años 70 del siglo pasado, los países productores de petróleo, han acumulado divisas, muchas de las cuales se invierten en deuda estadounidense, lo que facilita el gran megadéficit comercial norteamericano. La inyección de estos petrodólares en los mercados internacionales facilita los bajos tipos de interés en USA, lo que facilita el consumo. El FMI insta a los países consumidores de petróleo a que toda la subida de los precios del petróleo se traslade al mercado para reducir el consumo y, a la vez, que los países productores aumenten su consumo para reducir sus propios superávit comerciales.

            Siempre encuentran una coartada perfecta, por extraña que lo sea, para justificar el alza de los precios petrolíferos. En 1973 fue la Guerra de Yon Kippur, que supuso el embargo a los países occidentales de petróleo de la OPEP, en respuesta de su apoyo a Israel. En 1979 fue la revolución iraní. En 1990 fue la Guerra del Golfo. En 2001 fue la crisis de Enron. Mas estos acontecimientos están muy lejanos. Retornemos al pasado reciente. Desde mitad de 2003 fue la guerra de Irak. Luego fueron la huelgas petrolíferas de Venezuela y Noruega; la inestabilidad en Nigeria fue una nueva concausa, para explicar los 36 dólares del barril. Sin embargo, las huelgas terminaron, la situación en Nigeria se estabilizó, y el petróleo siguió subiendo.

En 2004, en abril, el barril llegó a 37 dólares por la escalada de la tensión en Irak, agravada con la oleada de secuestros que se ha producido en los últimos días. En mayo fue el empeoramiento del ambiente de inseguridad en Oriente Medio tras un atentado terrorista en Arabia Saudita. A mitad de julio bajaron los precios, toma castaña, por el aumento de los inventarios de USA. El 27 de julio el barril llegó a 41,84 por la probable quiebra de la petrolera rusa Yukos. El 2 de agosto el NYMEX batía un nuevo record, 43,82 dólares, por culpa de los especuladores. El 5 de agosto el Brent trepó hasta 41,30 porque la justicia rusa había prohibido a Yukos el uso de sus cuentas bancarias. Al día siguiente en Nueva  York se alcanzaban los 44,77 por temor a que se cortara el suministro, a pesar de que la OPEP anunciara su disposición a aumentar la oferta de crudo entre 1 y 1,5 millones de barriles a partir de septiembre. El 13 de agosto nueva alza, ahora por la explosión de una refinería en Whiting, en Indiana, que condujo el crudo ligero de USA a 46,65. A fines de septiembre los 48,35 del barril en USA se debieron al descenso de los inventarios en USA, esta vez afectados por los huracanes- especialmente el Iván, que azotaron el Golfo de México. El mal tiempo duró poco en el escenario de los precios, cuando fue desplazado por los rebeldes nigerianos que obligaron a la Shell a contraer la producción y llevaron el NYMEX a 50 dólares. Cuando el 6 de octubre el barril en Nueva York llegó a 52 dólares, le echaron la culpa al descenso de las reservas norteamericanas que comenzó a ser la madre de todos los argumentos. A comienzos de diciembre bajó a 40, gracias al aumento de las reservas y al anuncio de la OPEP de dejar libertad a sus socios para que aumentaran la producción si persistían los precios altos.

El 2 de marzo de 2005 el petróleo volvió a los 53 dólares, pero ahora por causa de “un informe que muestra un descenso de la actividad en las refinerías de USA”. A estas alturas del proceso, se habían  añadido como “causas” la expansión de China e India, que entraron con énfasis en la galería de los argumentos para explicar los aumentos desde principios de 2005. Se alcanzaron los 60 dólares por las inquietudes generadas por una tormenta tropical en el Golfo de México que ha obligado a la evacuación de varias instalaciones, lo que tuvo repercusión en los mercados, preocupados por una consecuente reducción del suministro. Las tormentas pasaron y en julio de 2005  siguieron los 60 dólares. Por si todavía no fuera bastante el 31 de agosto llegó el Katrina, que averió importantes refinerías en el Golfo de México y provocó un nuevo encarecimiento.

Ahora me quiero expresar con plena sinceridad. Todo lo expresado me huele mal. La verdad clara es la que es, y no es otra que los paganos somos siempre los mismos. Los perjudicados somos además de otros muchos: el jubilado que compra la botella de butano, el trabajador que debe ir a trabajar  a su empresa en su coche, el estudiante que debe coger el autobús para ir a la universidad, etc. Los beneficiados, unos pocos. Todos los conocemos. Las multinacionales del petróleo. Y encima nos quieren dorar la píldora. Jesucristo nos dijo que fuéramos hermanos, pero no gilipollas.

    

Cándido Marquesán Millán

Cine de verdad

   

            Acaban de conocerse las recientes producciones cinematográficas, de dos directores: Ken Loach y Spike Lee, que tiene determinados puntos en común, por lo que podemos sentirnos satisfechos, todavía más, si tenemos en cuenta tanta bazofia, zafiedad, vacuidad  y almíbar que inundan nuestras pantallas.

            El primero, el británico, estrenará en breves días en España la obra,  El viento que agita la cebada, que ha obtenido la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes. Es una larga historia que se inicia en los años veinte del siglo pasado con la ocupación británica en Irlanda y termina con la guerra civil irlandesa. El film es el número uno en las pantallas francesas y en Inglaterra todos los cines se han llenado. Ken con sus obras lo que pretende es despertar emociones en el espectador y provocar reacciones en la mente del público.  Es un cineasta comprometido, de mirada ácida, que convierte en protagonistas a los perdedores y marginados de las estructuras del poder. Lo que busca es revelar, mostrar la realidad por cruda que sea ésta, y que teniéndola ante nuestras narices por vergüenza o pereza la ignoramos. Y por ende, también rebelarse ante las injusticias, para tratar de conseguir un mundo mejor. Así ha sido siempre su trayectoria. Unas veces, buceó en los conflictos bélicos: en la Guerra Civil Española con Tierra y Libertad; en la revolución sandinista con La canción de Carla; o en el sangriento conflicto bélico de Irlanda del Norte con Agenda oculta. Otras veces, lanza una crítica inmisericorde y despiadada a las injusticias sociales, como las creadas por las políticas neoliberales de la Dama de Hierro, en Riff-Raff, Lloviendo piedras o Ladybird Ladybird.

            Ahora con su último film cuestiona dos ideas básicas de la derecha de la Gran Bretaña, la primera de que el imperio británico, se basó en la caridad, al afirmar que se basó en la explotación, la violencia y la opresión. Y la segunda de que el problema irlandés se basa en que existen dos bandos que no saben otra cosa que pelearse, al afirmar, al contrario, que el problema deriva de la  colonización británica. Se le acusa de oportunista, de haber concebido el film en el contexto de la Guerra de Irak. Loach y Laverty, el guionista, se defienden argumentando que el proyecto nació hace ocho años., aunque señalan que para ellos fue fascinante comprobar las semejanzas de la retórica del discurso de Churchill y de Bush; la tecnología ha cambiado, pero la psicología de la ocupación es la misma. Las tropas británicas en Irlanda estaban formadas de muchos parados de Glasgow y el primer soldado muerto en Irak era un parado de Glasgow. Paradojas de la Historia. Acaba diciendo que la función de un cineasta es hurgar en la herida que ha cicatrizado mal. No defraudará a sus seguidores. Para los que no lo son, será como una bofetada en la cara.

            En cuanto al segundo, Spikee Lee, acaba de presentar en Venecia  un largo documental de denuncia, con el subtítulo Un réquiem en cuatro actos, de más de cuatro horas, sobre la destrucción de Nueva Orleáns debido al Katrina. También como Ken siente predisposición por los marginados, en este caso, la raza negra en EEUU. En su amplia cinematografía podemos observarlo: Malcom X, Aulas turbulentas, La marcha de un millón de hombres, Fiebre salvaje…Él mismo lo dice muy claro: He sido bendecido con la oportunidad de expresar el punto de vista de la gente de raza negra que de otro modo no tiene acceso al poder y a los medios. Tengo que coger ventaja de ello mientras todavía me mantengo. ¿Cuál es la diferencia entre las personalidades de Holliwood y la mía? La mía es real.

            Lee, habló en la ciudad de los canales, de odio, de rabia, de estafa y de vergüenza, acusando a la Administración Bush de inmovilidad y de incompetencia. Ha usado de todo el material que ha podido- filmaciones caseras, fotos, entrevistas, grabaciones propias y material de televisión-  sobre la inundación de Nueva Orleáns, de hace un año. Ha pretendido reflejar la desesperación, con familias sin casa, despojos humanos corrompidos flotando por las calles, desgobierno, caos y destrucción-, que sobrevino tras la inundación del centro histórico de la ciudad por el Katrina. Se produjeron unas imágenes impensables en el país más poderoso del mundo. El documental lleva el nombre de When the levees broke, en referencia a la ruptura de los diques que debían proteger la ciudad del tempestuoso Misisipí. Lee ha dicho con contundencia: Que nadie se engañe, Nueva Orleáns fue destruida por la ruptura de los diques y no por el paso de un huracán. Muestra muy claro que la responsabilidad es de la política de Bush, ya que gracias a los recortes presupuestarios, la baja de impuestos y el incremento del presupuesto militar, no se pudieron dedicar partidas presupuestarias al mantenimiento de los diques de contención. Hacía tiempo que se había dicho que existían dos posibles peligros: el derrumbe de los diques y las dificultades de una evacuación. La profecía se cumplió lamentablemente.

            Sean bienvenidas estas obras, de estos autores comprometidos, que se resisten a que las cosas sigan siempre igual. Nos revelan que debemos rebelarnos. Esto es lo que nos dicen ambos, que no es poco, en los tiempos que corren.

   CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

La traumática sangría de las carreteras

    

            Hace días que tenía la intención de escribir unas breves líneas sobre la terrible e implacable mortandad producida en nuestras carreteras. Por una u otra razón, siempre lo iba aparcando. En cambio, hoy he decidido hacerlo, profundamente impresionado por las siete muertes producidas, dos de niños, cerca de Sigüenza.

            El índice de mortalidad en nuestras sociedades desarrolladas contemporáneas está producido fundamentalmente por las llamadas tres “CES”: corazón, cáncer y carretera. Sobre las dos primeras la ciencia médica está trabajando a destajo y hace mucho tiempo, para tratar de reducirlas. En cambio, sobre la tercera, la carretera, entiendo que hay cierta pasividad de todos, tanto de las instituciones, como por parte de la sociedad. Lo grave es que nos hemos acostumbrado a que todos los días mueran 17 personas; los fines de semana 40 o 50 personas.; y anualmente 5.400 personas y 26.000 sufran heridas graves, muchas de ellas gente joven. El coche se ha convertido en la primera causa de muertes entre los menores de 35 años, con los varones de 18 a 34 años como principales víctimas de una tremenda carnicería que la sociedad parece digerir con aparente insensibilidad, como si fuera un tributo inevitable al coche. Lo más grave es el coste humano, pero no se puede obviar el económico, que se puede valorar en unos 20.000 millones de euros al año. Esto es una lacra intolerable para las sociedades modernas desarrolladas. No podemos mirar hacia otro lado. Algo habrá que hacer. Las instituciones y la sociedad deben reaccionar.

            Los expertos en temas del tráfico hablan de distintas causas de esta horrible pandemia: mal estado de las carreteras, fallos técnicos, errores o descuidos humanos, exceso de velocidad y el incremento del parque automovilístico, que lleva consigo el que cada vez circulen coches más viejos. Siempre habrá muertes inevitables por el reventón de una rueda o el descuido humano. Mas, otras las más numerosas se podrían evitar. Si no lo hacemos todos somos responsables.

             Las instituciones deberían actuar con cierta lógica. Es incomprensible que las empresas automovilistas sigan arrojando a nuestras carreteras coches, que pueden sobrepasar los 200 Km. por hora, cuando hay unos límites de velocidad que todos conocemos muy bien. Alguien ha dicho que del mismo modo que se habla de violencia de género, debería hablarse de violencia vial. Quien se sienta al volante con unas copas de más, quien pisa el acelerador con total desprecio de las señales de limitación de la velocidad, quien ignora los semáforos rojos, quien adelanta de forma temeraria en raya continua y en curva, ejerce una violencia que debería ser castigada. Tendrían que incrementarse los controles de velocidad. Y todos nosotros, si somos buenos ciudadanos, estar de acuerdo con las multas a los infractores. Así como llevar a cabo campañas de mentalización en la sociedad, empezando por darle más importancia a la educación vial en las escuelas. Se imparten en nuestros currículos muchos contenidos menos importantes que los de la educación vial.

Nosotros los conductores somos los principales culpables. Deberíamos cambiar determinados hábitos de comportamiento a la hora del coger el volante de un coche Tendríamos que respetar las normas de tráfico. Así de fácil. Nos acostumbramos a que sea normal el que la norma sea el no respetar la norma. Todos observamos  las velocidades vertiginosas de muchos automovilistas. En cualquier autopista circular a 140 Km. por hora, supone que te van a sobrepasar continuamente otros coches; y eso implica que nuestro hijo nos mire con ojos apesadumbrados y nos diga que nos están pasando todos. Es frecuente alardear  que hoy me ha costado 1 hora y 30 minutos venir de Salou; con ello hemos ganado 10 minutos, y así nos podemos tomar una cerveza de más. Deberíamos respetar la distancia de seguridad; es frecuente que se nos ponga otro coche detrás del nuestro a escasos metros, con el consiguiente peligro para ambos, ante cualquier imprevisto que se pueda presentar. Deberíamos del mismo modo respetar los stops y los cedas el paso. Los padres deberíamos tener el coraje de impedir que nuestros hijos conduzcan los fines de semana, ya que todos sabemos lo que suele ocurrir cuando van o vuelven de las fiestas de un pueblo vecino. ¿Cómo pueden cambiarse estos hábitos? Muy fácil con la educación vial. Que no se diga que es imposible. No es cierto. Una escuela de buenas prácticas es la de los países nórdicos europeos. Yo me resisto a soportar esta auténtica sangría humana. Confío en que estas líneas sirvan por lo menos, para que todos reflexionemos un poco.

 

Cándido Marquesán Millán

           

Nos la trae floja

    

            Hay profesores que nunca podré o podremos olvidar. Uno de ellos era el de Filosofía. Todavía recordamos o recuerdo sus clases, que nos adentraban en el Mundo de las Ideas de Platón, la teoría hilemórfica de Aristóteles, las Cinco Vías de Santo Tomás para demostrar la existencia de Dios, y hasta tal punto nos las creíamos que no se nos resistía ateo alguno; las monadas de Leibniz, el cogito ergo sum de Descartes, que servía para fundamentar la Metafísica y hasta la Crítica de la Razón Pura de Kant, con sus juicios sintéticos a priori, nos la desmenuzaban, como si fuera lo más elemental del mundo. Hegel, Marx y Sastre nos los explicaban aprisa y corriendo, mas todo lo entendíamos. No faltaría más. Después de todo este acervo de conocimientos filosóficos, nos creíamos, pero de verdad, que ninguna problemática, por compleja que fuera ésta, se nos podía resistir.

            Todo lo expuesto nos ha dejado a toda una generación una huella indeleble. Un autor, que nos citaban al unísono, nuestros profesores de Historia y Filosofía era Hobbes. Nos decían que si algo preocupaba al autor de Leviathán era una muerte violenta, no la muerte per se y que, como si hubiera sido una premonición, su madre adelantó su parto, al tener noticias de que la Armada Invencible de Felipe II iba a invadir Inglaterra, y por ello dijo la frase que sigue: Fuimos hermanos gemelos el miedo y yo, aunque esta frase tiene su miga, ahora no quiero referirme a ella. Muy al contrario, a otra mucho más famosa y que nunca de nuestros tiempos de estudiante podremos olvidar: El hombre es un lobo para el hombre. ¡Qué impacto! En aquel entonces nos resultaba harto difícil entenderla. Ahora tristemente, sí que la entendemos. ¡Vaya que si la entendemos! Tenemos ejemplos por doquier que nos lo demuestran. Sólo quiero referirme a varios de ellos, viejos y nuevos a la vez Si existe una situación a la que pueda aplicarse con más exactitud la frase hobbesiana es a la  de la  Guerra entre el Estado de Israel y los palestinos, con sus  correspondientes correligionarios. Nunca se pudo aplicar mejor que el hombre es un lobo para el hombre. Todo lo que está ocurriendo ahora y allí, aunque también con un antes antiguo y cabe pensar también con un previsible después futuro, insulta a la especie humana. Nos comemos los unos a los otros, somos mucho peor que los lobos. Deberíamos sentir vergüenza. Y todavía nos levantamos, nos miramos al espejo  y tomamos una caña con los amigos todos los días como si no pasara nada. Nos deberían servir acontecimientos como éste, pero podríamos poner otros muchos, de motivo de escarnio a todos. Mas  acostumbramos a mirar para otro lado, como si la cosa no fuera con nosotros. Los occidentales, los civilizados, los ilustrados, los padres de la democracia y los derechos humanos, estamos preocupados por otras cuestiones de más trascendencia y calado, como son:  la preparación de nuestras vacaciones, que nuestro un bañador esté a la moda, que nuestro Todo Terreno sea mejor y más potente que el del vecino de al lado;  o  por el pago de nuestra hipoteca o por  si nuestro hijo va poder estudiar Medicina o va a tener que contentarse con Filosofía y Letras. Todas estas cuestiones son las, de verdad, relevantes. Las demás son triviales e insustanciales.  No queremos monsergas.  Nosotros a lo nuestro. Que Hezbolá esté lanzando misiles a las ciudades del norte de Israel, nos la trae floja. Que Israel, esté poniendo en práctica un terrorismo de Estado, masacrando un Estado como el Líbano, sin importarle si mueren niños, ancianos o enfermos. Nos la trae floja. Que todos los palestinos estén sufriendo, además de muertes, restricciones de agua, medicamentos, etc. Nos la trae floja. Que todos los días y a todas las horas mueran ahogados cientos de subsaharianos entre las costas de África y de las islas Canarias. Nos la trae floja. Que en Bagdad mueran todos los días y a todas los horas, sunníes o chíitas, Nos la trae floja. Que en Sudán o Etiopía la vida humana no tenga valor alguno. Nos la trae floja. Mientras tanto, Bush, Putin, Merkel, Chirac, etc, se pasean en un cochecito eléctrico, se hacen una foto para la posteridad con el fondo de un lujoso palacio, disfrutan de un banquete pantagruélico, supervisado por el mismo Putin, que, según las noticias, va a costar 4 o 5 millones de euros;  las prostitutas de San Petersburgo son alejadas con una paga extra y los mendigos los quitan de en medio, para dar una buena imagen a los grandes estadistas del G-8. También nos la trae floja. Y aquí no pasa nada. De verdad, esto es un insulto a la especie humana. Hobbes, tenías y sigues teniendo toda la razón del mundo. Ahora, cada vez más te admiro y te admiramos. No sólo tenías razón, es que te quedaste corto. Deberías haber sustituido la palabra lobo por alimaña, buitre , o cualquier otra similar. Estoy, estamos profundamente agradecidos a  los profesores de Filosofía e Historia de aquél entonces.  De verdad.

  

Cándido Marquesán Millán

El albañal de Oriente Próximo

                                                                                             

   

            Hemos sufrido estas vacaciones noticias de distinto pelaje. Han destacado entre otras: la operación Malaya, los incendios en Galicia, el carné por puntos, los cayucos llegados a Canarias; pero, sobre todas, la Guerra del Líbano. Sólo hablaré de esta última, aunque no sé por dónde empezar. Siento, de entrada, una mezcla de rabia y de asco.

            Los soldados israelitas capturados por Hezbolá han sido el pretexto o casus belli. Sin embargo, hace días que a esta milicia se la tenía jurada el Estado judío. Esta guerra fue planeada al unísono por EE UU e Israel, con los objetivos de destruir o, cuando menos, debilitar a Hezbolá y a sus padrinos, Irán y Siria, de instalar en Beirut un Gobierno afín a Israel y EE UU, además de dar salida a los stocks de las fábricas de armamentos, que tampoco viene mal. Como también la defensa de la libertad y debilitar el terrorismo de raíz islámica.

Esta guerra ha sido errática tanto desde el punto de vista moral, ya que no se pueden aceptar esos brutales bombardeos sobre la población civil, con cientos de muertos y destrucción masiva de las infraestructuras de un país;  como también lo es desde el punto de vista de la estrategia. Israel, con su respuesta militar desproporcionada, con la complicidad de EE UU y el silencio culpable de muchos países, ( vaya papelón que ha representado la Unión Europea) van a conseguir lo contrario a los objetivos anteriormente expuestos.   

            Veámoslo. Hoy, Hassan Nasrallah, ha desplazado a Bin Landen como símbolo de resistencia en el mundo árabe y musulmán. El Partido de Dios ha conseguido un gran triunfo político. Su popularidad se ha disparado en el Líbano, y no sólo en la comunidad chií. Mujeres palestinas están poniendo a sus recién nacidos los nombres de Hezbollah o Hassan Nasrallah, Beirut o Promesa, por el nombre de la campaña de Hezbollah contra Israel, La promesa verdadera.

             La Siria de Bachar el Asad ha conseguido un gran respiro. Hasta este conflicto, Asad estaba solo y a la defensiva. Muchos libaneses, muchos musulmanes y gran parte de la comunidad internacional le tenían como responsable de la muerte del ex primer ministro libanés. Por ende, Bush y Chirac, en sintonía, le obligaron a salir del Líbano. Estos días Asad ha reclamado de nuevo al estado judío que abandone los Altos del Golán.

            Irán también ha salido fortalecido. Su influencia entre los chiíes de Irak y del Líbano se ha incrementado. Además argumenta que si Israel puede permitirse el lujo de invadir países árabes a diestro y siniestro, es porque tiene el monopolio de las armas nucleares en Oriente Medio. Por ello piensan en Irán que ellos también tienen el mismo derecho a desarrollar un programa nuclear. Y razones no les faltan.

Israel tiene que hacer sus propias cuentas. Algo ha fallado y mucho. Lo que ha fallado, que no es poco, es la eficacia militar, el principio fundamental de la seguridad. El mito de la invencibilidad de su ejército se ha desvanecido. Esto lo ha entendido claramente la sociedad israelí. El gobierno de Olmert, totalmente desprestigiado en su país, ha dado la impresión de dar palos de ciego. Los bombardeos indiscriminados para lo único que han servido es para generar un amplio repudio internacional. Las operaciones militares terrestres han mostrado una barbarie inútil, llena de desorientación. Y pensar que todo pudo arreglarse con un simple canje de prisioneros. En el pasado se hizo. Hasta de prisioneros de Hezbollah por el cadáver de un israelí.

Por lo que atañe al prestigio de los EE. UU., tampoco ha salido indemne. Es que no aprenden. Por si no fuera bastante ya con el fracaso con lo de Irak. Aquí llegaron, con el apoyo de Blair y nuestro ínclito Áznar, para implantar la democracia y lo que está ocurriendo, lo estamos viendo, es una media de más de 100 muertos diarios. En lo que va de año unos 18.000 civiles iraquíes han muerto por atentados o ametrallamientos. El mañana es peor al ayer. En Irak no hay democracia. El Kurdistán está controlado por independentistas, la zona suní alzada en armas contra los norteamericanos y en la zona chií mandan milicias vinculadas a Irak y Hezbolá. Aquí hay dos guerras, una contra la potencia invasora y la otra entre comunidades. El equipo asesor de Bush se ha cubierto de gloria. Ignoro dónde lo ha reclutado, pero es difícil imaginar que pueda hacerse peor.

La situación no es mejor si miramos hacia Afganistán. Hoy, se necesitan cada vez  más fuerzas militares y más dinero. El presupuesto para el mantenimiento del gobierno de Karzai está cubierto por dinero extranjero y EE.UU. paga directamente la mayoría de los gastos del ejército nacional afgano.  Mas el deterioro actual es cada vez mayor, muy parecido al que precedió al desastre soviético de los años ochenta. Lo que está ocurriendo es lo mismo: enviar cada vez más dinero y más tropas, para seguir presionando a Pakistán, refugio de los muyahidines. No funcionó antes y no funciona ahora. Existe hoy un gran resentimiento ante las tropas invasoras, que es explotado por las fuerzas de la resistencia y sus apoyos exteriores. El esfuerzo de EE.UU. y la OTAN demuestra ser inútil. Cada día, portavoces de Al Qaeda instan a los afganos a la rebelión contra las tropas extranjeras infieles y, en consecuencia los talibanes están cobrando cada vez más fuerza.

Como vemos el horizonte en Oriente Próximo no se presenta muy halagüeño, y todavía más, si tenemos en cuenta que las secuelas directas producidas en Líbano han sido más 1.1000 civiles muertos, más de 4.000 heridos y más de un millón de desplazados, además de daños descomunales en infraestructuras (puentes, carreteras) y viviendas privadas valorados en miles de millones de dólares. Ver las imágenes de niños muertos sacados a duras penas entre los escombros de los edificios bombardeados es algo indeleble. Muchas generaciones no lo van a olvidar fácilmente. Es que no pueden entender que la cifra de muertos en el Líbano y la devastación sufrida por este país no va a servir más que para envenenar y emponzoñar, cada vez más, la situación en el Oriente Próximo. Lo van a convertir en un auténtico albañal.

  

Cándido Marquesán Millán