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El Estatuto ya está maduro

 

 

 

            Los recientes acontecimientos de los últimos meses, relacionados con el Estatuto de Cataluña, están produciendo unos efectos negativos, y que serán difíciles de reparar cara a fomentar en un futuro próximo una convivencia sosegada entre España y Cataluña. Si ya existía cierta desconfianza antes, ahora va a ser mucho mayor. ¿Quiénes somos los culpables? A esta pregunta se podría responder: entre todos la mataron y ella se murió sola.

            De entrada, afirmo con rotundidad que me siento profundamente español, como también aragonés, en este orden. Esto no significa que sea nacionalista español. 

Dicho esto con claridad, admito sin ningún tipo de resquemor ni desconfianza que determinados catalanes puedan pensar que Cataluña es una nación, por las razones que sean: por historia, lengua, tradiciones, sentimientos o lo que sea; y que por ello quieran constituirse en un Estado. Como también admito que otros catalanes puedan pensar todo lo contrario. Las dos actitudes me parecen igualmente legítimas.

            Lo que ya no parece legítimo es la afirmación que España es una nación, como si fuera un dogma de fe, tal como nos la inculcaban aquellos militares en aquella horrible asignatura de Formación del Espíritu Nacional con aquellos personajes ejemplares, como Viriato, Santiago Apóstol, Guzmán el Bueno o el Cid Campeador y con sucesos heroicos, como las Navas de Tolosa, Pavía o Lepanto. y teníamos que aprenderla e interiorizarla,  y ¡ay   quien se atreviese a cuestionarla! Como tampoco es legítimo tener que aceptar dogmáticamente que Cataluña es una nación, tal como aparece manipulada y falsificada en numerosos manuales de Historia de Cataluña.  Y si alguien discrepa de estos nacionalismos excluyentes puede verse sometido a todo tipo de insultos, así como ser vilipendiado y despreciado de una manera cruel y despiadada. Esto lo hemos visto y lo estamos viendo ahora mismo.    

En la Historia de España se han arrastrado y se arrastran una serie de problemas. Uno de ellos es el de la vertebración territorial. Y especialmente lo es  el incardinar Cataluña en el Estado español. Sin embargo, nunca la derecha española, ni la de la dictadura franquista ni la de democracia actual han hecho un esfuerzo serio y generoso para entender el problema de Cataluña, que está revoloteando, hace mucho tiempo ya y  de gran complejidad su resolución, por otra parte. No  ha caído a nosotros de una teja el 14-M. Para el Sr. Rajoy no existe tal problema, y si lo hay la solución es fácil, como pudimos contemplar recientemente en la concentración de sus correligionarios ante la Puerta del Sol, donde se proclamó la unidad de España. De verdad, la cuestión catalana es más compleja. Hay que negociar, pactar, y dialogar. Lo que debe hacerse es tender puentes entre Cataluña y España y no dinamitarlos a cañonazos verbales, como se está haciendo desde determinados medios de comunicación, impregnados de un nacionalismo español excluyente, sobre todo capitalinos, tanto hablados como escritos. Para ellos, además por supuesto del Presidente del Gobierno, el causante de todos los males es el Sr. Carod Rovira, al que han buscado y usado como un chivo expiatorio. Lo han considerado como un auténtico demonio; que ha pactado con ETA para que no asesinara en Cataluña y pudiera hacerlo libremente en el resto de España. En todos estos años de esta democracia nuestra, sería harto difícil encontrar un personaje más denostado. La derecha mediática y política necesita a Carod y si no existiera, lo hubieran tenido que inventar. Lo necesitan imperiosamente, para reafirmar sus convicciones nacionalistas, además de usarlo como ariete contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero. De verdad, no siento simpatía alguna hacia el Sr. Carod. Más todavía,  me resulta indiferente. Pero él no oculta sus intenciones y su manera de pensar, las defiende y por ellas lucha. Aspira a que el pueblo catalán, al que considera  nación, se constituya en Estado algún día, aceptando las reglas del juego de la democracia. Él y su partido, Esquerra Republicana, participan en las  campañas electorales, presentan sus candidatos y si los ciudadanos les votan, aspiran a gobernar, para iniciar el camino hacia la independencia. A nadie engañan. Todos conocemos su pensamiento.  Cuantos más grandes son los ataques que recibe, más crece y fuerza adquiere. Para captar esta realidad no  hace falta haber estudiado Ciencias Políticas. Cualquiera puede verlo. El Sr. Aznar, con su actuación,  provocó el despegue de Esquerra Republicana y de Carod Rovira en Cataluña. Y el Sr. Rajoy sigue igual. Todos aquellos que creen defender la indisolubilidad de la nación española atacando a los nacionalismos periféricos, lo que consiguen es hacer un flaco favor a la unidad de España, ya que muy al contrario  la están agrietando. En Cataluña, la mayoría de los catalanes lo tienen muy claro. Ya verá, Sr. Rajoy, cómo son sus próximos resultados electorales allí.

En cambio, la izquierda española, la de antes y la de ahora, ante el problema territorial no esconde la cabeza como el avestruz y es plenamente consciente que todos los problemas políticos tienen un punto de madurez, antes del cual están ácidos; después, pasado ese punto se corrompen, se pudren. Zapatero ahora considera que ya está  en su punto. Confiamos todos que el Estatuto llegue a buen puerto.  A todos nos interesa para que las reticencias y los resquemores entre España y Cataluña no se agranden, sino todo lo contrario que se achiquen. A todos nos interesa o debería interesar.

 

 

 

Cándido Marquesán Millán

Sigue saliendo el sol después del estatuto

                       

 

 

            He dejado pasar unos días de reflexión, para manifestar mi opinión sobre los resultados electorales del Estatut de Cataluña. Se han vertido ríos de tinta gruesa sobre esta cuestión. Los comentarios, en los diferentes medios de comunicación, han sido variopintos, aunque también previsibles. Sabíamos que cada cual iba a arrimar el ascua su sardina, fueran los que fueran los resultados. Pienso que no merece la pena insistir más por este lado.

            De entrada, puede decirse que ha ganado el sí frente al no. Parece claro. En consecuencia, deben sentirse satisfechos los que defendían lo primero, y cariacontecidos los que defendían lo segundo. También es incuestionable que la abstención ha sido alta, de la que nadie puede ni debe apropiarse, ya que nadie la había defendido. Lo mejor hubiera sido, hubiera sido lo deseable como ejemplo de buena práctica democrática, una participación masiva. No ha sido así, de lo que todos deberíamos lamentarnos,  por ende no es de recibo que nadie se aproveche ni se presente como intérprete de las voluntades de los ciudadanos que libremente no han querido expresar sus voluntades. Aquellos catalanes que no quisieron votar, bien porque se quedaron en su casa, prefirieron la playa o por lo que fuere, cabe entender esta circunstancia que daban por bueno los resultados que pudieran producirse, que, si además tenemos en cuenta todos los sondeos previos, anunciaban nítidamente el triunfo del si. Como dice el dicho: el que calla otorga.

Dicho este preámbulo, querría proseguir en mis reflexiones. En estos 30 años de democracia, han existido pocos acontecimientos políticos, que hayan generado más ataques furibundos, como el del Estatut catalán. En la mayoría de los medios de comunicación, escritos, hablados o telemáticos, especialmente en los capitalinos, hemos comprobado diatribas tremendamente virulentas y viscerales contra los políticos catalanes, presentándolos como auténticos demonios. Quien se ha llevado la palma ha sido Carod Rovira ¡Qué de cosas hemos tenido que oír sobre su persona! Para determinados sectores de esa derecha española rancia les ha venido muy bien. Si no hubiera existido lo hubieran tenido que inventar. Tampoco se han ido de rositas los Maragall o Rodríguez Zapatero. Tanto unos como otros han sido vilipendiados con  profunda acritud, cuando lo que han hecho estos políticos es comprender que en la Historia de España se han arrastrado y se arrastran una serie de problemas. Uno de ellos es el de la vertebración territorial. Y especialmente lo es  el incardinar Cataluña en el Estado español. En cambio la derecha española, ni la de la dictadura franquista ni la de democracia actual han hecho nunca un esfuerzo serio y generoso para entender el problema de Cataluña, que está revoloteando, hace mucho tiempo ya y  de gran complejidad su resolución, por otra parte. No  ha caído a nosotros de una teja el 14-M. De verdad, la cuestión catalana es más compleja. Hay que negociar, pactar, y dialogar. Lo que debe hacerse es tender puentes entre Cataluña y España y no dinamitarlos a cañonazos verbales

Por ende, la izquierda española, la de antes y la de ahora, ante el problema territorial, como también ante otros, no esconde la cabeza como el avestruz y es plenamente consciente de que todos los problemas políticos tienen un punto de madurez, antes del cual están ácidos; después, pasado ese punto se corrompen, se pudren. Zapatero ha considerado que ya estaba  en su punto.

En este contexto, lo que han planteado los políticos catalanes, con el beneplácito del Presidente del Gobierno, no ha sido otra cosa que profundizar las cotas de autogobierno de Cataluña, tratando de encauzar sus legítimas aspiraciones Nada de rupturas con el ordenamiento constitucional, ya que han respetado escrupulosamente la legalidad vigente. Sus parlamentarios, en un porcentaje del 88%, redactaron, haciendo uso de su soberanía, un proyecto de Estatut. Lo llevaron a las Cortes españolas, donde tras ser revisado, con las consiguientes modificaciones en su articulado, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado, fue devuelto a Cataluña, para que fuera ratificado por referéndum de sus ciudadanos, como acaba de producirse el pasado domingo, día 18 de junio. Todos estos hechos son per se, plenamente democráticos. Parece por ello  que no deberían haber surgido esas infundadas alarmas ni esos estados de emergencia, como si estuviéramos al borde de algún cataclismo cósmico. El sol sigue saliendo todos los días y las mariposas siguen revoloteando, a pesar de que haya sido aprobado el Estatut catalán.

 

 

Cándido Marquesán Millán

Elecciones autonómicas en Aragón- 2007

 

 

 

 

Transcurridas apenas 24 horas del conocimiento de los datos electorales en nuestra Comunidad Autónoma, a vuela pluma quiero hacer unos breves comentarios. Lo primero es que el PSOE ha ganado claramente las elecciones autonómicas, alcanzando 3 diputados más, uno por provincia. Dato que corrobora de una manera fehaciente que Marcelino Iglesias se ha convertido en un líder carismático en el panorama político aragonés. Con una mezcla de discreción, saber estar y tacto político va a repetir  en la Presidencia del Gobierno de Aragón por tercera vez consecutiva, algo que nunca había sucedido; por lo que el listón lo ha puesto bastante alto.

En cuanto a las municipales, cabe destacar el triunfo de Juan Alberto Belloch en Zaragoza, subiendo el número de concejales, tarea no fácil en una ciudad en la que oferta electoral es amplia y diversa. En Huesca ha ganado Elboj, perdiendo su mayoría absoluta,  producto lógico de cierto desgaste en la labor de gobierno. Los socialistas de Teruel capital  han perdido un concejal, cabe pensar por las mismas razones que en el caso de Huesca.

Los populares han mantenido el tipo, ya que han aumentado su presencia en las Cortes aragonesas, y los Ayuntamientos de Zaragoza, Huesca y Teruel. Algo que parecía improbable, si tenemos en cuenta su autoaislamiento con el resto de las fuerzas políticas, así como su empecinamiento en defender determinada versión sobre los acontecimientos del 11-M.

El PAR, gracias a la talla de gran político de Biel y  a una agresiva y costosa campaña electoral, ha conseguido contener el descenso de sus votos iniciado en  anteriores procesos electorales. Aunque en el debe de los paristas aparece el que el efecto Biel en la ciudad de Zaragoza no ha cuajado, con lo que se demuestra que su presencia es eminentemente rural.

Izquierda Unida ha repuntado. Sus miembros son incansables y pacientes. Nunca cejan en su empeño. Por ello además de mantener su presencia en las Cortes, sus éxitos más espectaculares han sido su presencia en los Ayuntamientos de Zaragoza y Huesca, así como ser la fuerza política más votada en una ciudad profundamente conservadora, como Alcañiz.

Por último, quiero referirme al caso de la CHA. Se preveía un descenso, pero a todos los analistas les ha cogido por sorpresa su magnitud. Ha sido un auténtico batacazo. El pueblo suele ser más listo de lo que muchas veces se piensa la clase política. A toro pasado vemos razones objetivas que nos pueden explicar lo acontecido. Donde se ha producido semejante caída ha sido sobre todo en la ciudad de Zaragoza, con la pérdida de más de 30.000 votos. Una cosa es predicar y otra dar trigo. No es lo mismo estar en la oposición que en el gobierno. Y donde ha gobernado ha sido en la ciudad de Zaragoza; dirigiendo la política de urbanismo. Ha sido el escaparate donde han mirado los ciudadanos, y vemos que la han castigado duramente. Cabe mencionar los casos del Seminario, la Romareda, entre otros. Yo también querría añadir otros hechos para explicar el desastre: su postura en relación al tema del Estatuto, no se  pensar que si se va en dirección contraria por una autopista, los equivocados son los otros. También ha sido una fuerza política que no ha sabido, no ha querido o no ha podido encontrar recambios a sus líderes. Desde hace varios años han sido siempre los mismos: Bizén Fuster, Chesús Bernal, Antonio Gaspar, Nieves Ibeas, etc. Y, por último, la crítica despiadada e implacable a la que han sido sometidos por el periódico de más tirada de la prensa aragonesa. Sería conveniente que sus líderes hicieran una profunda reflexión.

Solidaridad de la Unión Europea

  

            En estas dos últimas décadas España se ha visto sometida a un desarrollo económico sin precedentes en la historia. Las razones son varias. Una de ellas incuestionable es la llegada masiva de pobladores de otras latitudes. Otra es nuestra entrada en la Unión Europea. Quiero ahora referirme a la segunda.

En el año pasado se publicó el libro “La mayor operación de solidaridad de la historia: crónica de la política regional de la Unión Europea en España”, elaborado por los profesores José Luís González Vallvé y Miguel Ángel Benedicto, con el patrocinio  de la Comisión Europea. Para los autores, los últimos 20 años han convertido a España en el país del mundo que “históricamente más se ha beneficiado  por una corriente de solidaridad” proveniente de otros Estados.

En el prólogo de la obra se dice con una claridad meridiana: Las carreteras, las ciudades, los pueblos y los campos de toda España se han llenado de obras durante los últimos 20 años, al lado de los cuales podía leerse un cartel como el que sigue: Esta carretera ha sido cofinanciada por el Fondo Europeo de Desarrollo Rural (FEDER), la línea de alta velocidad de ferrocarril por el Fondo de Cohesión o el curso de peluquería por el Fondo Social Europeo. Estos mensajes nos recordaban constantemente que estas actuaciones, su planificación, ejecución y su pago, ha salido no de los bolsillos de los políticos sino de de los bolsillos de numerosos europeos anónimos. Con estas ayudas se han podido colmar las carencias españolas en infraestructuras, enseñanza y sanidad  públicas, industrias, servicios urbanos o media ambiente.  De este modo las autopistas, autovías, líneas de ferrocarril, puertos, aeropuertos, depuradoras, polígonos industriales, parques tecnológicos, universidades han sido cofinanciados con en España con ayudas europeas, en tiempos que, a veces, parecen más bien insolidarios.

            La entrada de España a la Unión Europea, a primeros de 1986, con el Gobierno de Felipe González, ha supuesto a nivel económico un saldo económico extraordinariamente positivo. Hemos recibido desde entonces 118.000 millones de euros, o lo que es lo mismo, 20 billones de las antiguas pesetas. Las cantidades recibidas en este período representa una cifra tres veces superior a lo que supuso el Plan Marshall de USA, en los países de Europa Occidental.

            Todas estas ayudas han supuesto que España pasara de un nivel de renta per cápita del 72% de la media europea en 1986, a tener el 97,6% en el 2006.

La mayoría de este dinero no ha ido a parar al Estado, sino a las administraciones autonómicas, municipales o diputaciones, las cuales han gestionado directamente entre el 40% y el 70% de las ayudas.

Andalucía ha sido con mucho la Comunidad más beneficiada, ya que se ha llevado una 1/5 del total. Galicia con el 8,7%. Castilla y León con el 8%, la Comunidad Valenciana con el 7%.

Nuestra Comunidad Autónoma entre 1986-1999, recibió de Fondos Estructurales; 225.051, y de Fondos de Cohesión, 96.965: lo que hace un total de de 322.016 millones de pesetas. En el período 2000-2006, recibió de Fondos Estructurales, 548 millones, y de Fondos de Cohesión, 355 millones, lo que hace un total de 903 millones de euros. Como ejemplos de recepción de fondos podrían servir los 2,07 millones de euros, de un total de 5 millones de euros para la creación de un Centro de Servicios de Innovación Empresarial, como el ITA(Instituto Tecnológico de Aragón). Par la creación del Centro de la Piel y del Calzado en Illueca se recibieron 240.000 euros, sobre un total de 481.000. Para en el Plan Urban II de Teruel entre 2000-2006 de un total de 21 millones de euros de presupuesto, se recibieron 10,5 millones de euros.

Como no podía ser de otra manera, debido a nuestro aumento de renta y a la ampliación de la Unión Europea con nuevos miembros como Bulgaria y Rumania, las ayudas se van a reducir de una manera importante, en relación al período anterior. Así, mientras que entre el 2000 y 2006 la media de fondos comunitarios asignados a España llegaba a los 8.900 millones de euros al año, entre 2007 y 2013 la cifra rondará los 4.500 millones. Pese a la reducción, seguiremos siendo el segundo país receptor después de Polonia, con 27.300 millones de euros de Fondos Estructurales y unos 3.250 del Fondo de Cohesión. En este período, España mantendrá un saldo positivo con la Unión Europea(16.000 millones si se mide en pagos, y 9.000 si miramos los compromisos.

Los datos precedentes son contundentes. Sin embargo, todavía hay en nuestro país euroescépticos.  Mucha gente se ha acostumbrado y ha visto como normal que llegasen esos dineros de Europa. Los agricultores a las subvenciones agrícolas. Los Ayuntamientos, Diputaciones y Comunidades Autónomas a otras muchas.

Tengo la impresión que la sociedad española no es consciente de la importancia que han tenido estas ayudas en el extraordinario desarrollo económico de los últimos 20 años. Como prueba de lo que digo es que el 50 aniversario del Tratado de Roma ha pasado prácticamente desapercibido en nuestro país.  Todos deberíamos ser conscientes de lo que debemos a Europa y no solo en el aspecto económico. Es de bien nacido el ser agradecido.

  

Cándido Marquesán Millán

  

El viaje de Benedicto XVI

    

            Este fin de semana la noticia de mayor enjundia y calado, no sólo en el Estado español, ha sido la visita del Papa Benedicto XVI. Los diferentes medios de comunicación, hablados, escritos o telemáticos, han desplegado extraordinarios alardes informativos. El asunto se lo merecía, ante la trascendencia de un personaje de tal calibre, cuya voz es punto de referencia para muchos cristianos y otros que no lo son.

            El Papa ha dicho lo que le ha parecido oportuno. En el contexto del V Encuentro Mundial de las Familias, ha venido  a defender el matrimonio católico tradicional e indisoluble frente a otro tipo de uniones. Como también, según conspicuos comentaristas político-religiosos, a apoyar a la jerarquía católica española, cuestionada desde algunos sectores católicos más progresistas,  y que ha mantenido y sigue manteniendo problemas con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, por cuestiones conocidas y sobre las que no parece el momento oportuno hablar ahora.

             De entrada, no todos han estado de acuerdo con esta visita. Como prueba, el movimiento Jo no t’espere, frase colgada en muchos balcones de la Valencia más pobre y marginal. Otros han cuestionado el gasto excesivo en los preparativos, que ha alcanzado la cifra de 30 millones de euros. A éstos últimos se les puede replicar que no deben preocuparse, ya que los beneficios han sido mayores. Se calcula que van a ser unos 70 millones los ingresos por servicios diversos: hoteles y pensiones, cafeterías, llaveros, abanicos, pañuelos, mortadelas, crucifijos, estampas, medallas, rosarios, etc. El comercio valenciano ha hecho el agosto en el mes de julio. Sería deseable que los beneficios espirituales fueran los mismos que los económicos. Si así fuera, todos nos daríamos por satisfechos. Otros han buscado beneficios políticos.

            Ha sido recibido con todo tipo de honores, por los representantes de las diferentes  instituciones: municipal, autonómica o estatal. Nada más pisar tierra en Valencia, en el aeropuerto de Manises, al pie de la escalerilla le esperaban los Reyes, el Jefe del Gobierno y la Vicepresidenta, Presidente de la Comunidad, la Alcaldesa de Valencia, etc. Salió de España, tras ser despedido por los Reyes, en un Airbus 321 de la compañía de bandera española iberia, y mientras volaba el espacio aéreo español fue escoltado por 2 cazas del Ejército del Aíre. Nadie podrá objetar a no ser que quiera embrollar las cosas que ha sido recibido, tratado y despedido con todo tipo de honores. Mas siempre aparece el aguafiestas, que nunca está contento, pase lo que pase. Viene muy a cuento para este tipo de individuos una frase castiza española, no exenta de machismo, que escuchaba a mi abuelo en la niñez, mientras trabajaba en el campo. Dice así: ¡Cómo vaya a casa y no esté la comida, voy a montar la de Dios y como esté, no pienso comer!

La polémica ha sobrevenido por la inasistencia de Rodríguez Zapatero a la Misa de la mañana del domingo 9  en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Algunos medios de comunicación, siempre los mismos, han criticado esta circunstancia, considerándola una falta de respeto, de no saber estar a la altura de las circunstancias, que ha hecho lo que no hicieron Fidel Castro o Daniel Ortega, etc. No merece la pena seguir. En un estado aconfesional, tal como aparece en nuestra Constitución de 1978, que debería ser leída con más frecuencia, en su artículo 16.3  se especifica con claridad meridiana: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones. De acuerdo con este enunciado, es evidente que el Estado español no es un Estado religiosamente confesional. En ese sentido, y sólo en ese sentido, se puede decir y se debe decir que la sociedad española es una sociedad laica. Entendiendo la palabra laicismo tal como lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa. En consecuencia, si estamos en un Estado aconfesional, o laico, como acabo de exponer, no debe estar un Jefe de Gobierno en una ceremonia católica estrictamente litúrgica, como es la Misa, por respeto a los españoles de otras religiones.  El Jefe de Gobierno es Jefe de Gobierno de todos los españoles, independientemente de sus creencias religiosas. Más todavía, no sólo Rodríguez Zapatero no ha cometido falta alguna con su inasistencia, sino que el que sobraba era el Jefe del Estado. Así de claro. Muchos españoles nos hemos acostumbrado a ver a nuestras autoridades públicas desde tiempos del nacional-catolicismo en las ceremonias católicas. Ya vaya siendo que perdamos la costumbre. Los tiempos son otros muy diferentes.

Además, es seguro que en el caso de haber estado presente Rodríguez Zapatero, el Papa no hubiera tenido la sensibilidad ni la delicadeza ni el respeto de no criticar las Leyes del gobierno socialista. Los eclesiásticos están por encima del Bien y del Mal. Desde el púlpito es muy fácil hablar y argumentar, ya que no existe posibilidad de réplica.

 Por otra parte, si consideramos la Misa, desde un punto de vista estrictamente protocolario, el Gobierno ha salvaguardado con creces las buenas relaciones de cooperación con la Iglesia católica con la presencia de su Ministro de Asuntos Exteriores, que lleva directamente las relaciones exteriores entre Estados; y del Ministro de Justicia, que tiene una Dirección General para Asuntos Religiosos. Así como también las tuvo en cuenta Rodríguez Zapatero, manteniendo una entrevista, parece cordial, con el Papa en el Palacio Arzobispal de Valencia. Por cierto, el Presidente de todos los españoles de acuerdo con las urnas, antes de entrar en ese recinto eclesiástico tuvo que oírse lindezas, como las que siguen, según las refiere el periódico mejicano, El Universal: “Vete con Eta, que son tus amigos”, “Eta y ZP, la misma mierda es”. Quines las profirieron, pueden que estén muy interesados por la defensa de la familia tradicional. Lo acepto.  No obstante, mi opinión sobre éstos, por respeto a mis lectores, me la guardo.

  

Cándido Marquesán Millán

 

Lárguense a su país, mugrosos, impresentables, asquerosos...

 

           

  

Estamos disfrutando ahora de uno de los mayores adelantos de la humanidad: se trata de las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación, que nos permiten acceder  a noticias instantáneas de cualquier país o continente del mundo. Mas hoy no tengo intención de hablar de ellas. El tema es otro y bastante ingrato. 

Tengo la costumbre a través de Internet de sumergirme en periódicos hispanoamericanos. Produce auténtico gozo, desde tu mesa de trabajo, poder leer en español y conocer las cosas que están ocurriendo en Bolivia, Costa Rica, Chile, Nicaragua, Argentina, Uruguay, etc. Hay periódicos espléndidos. Merecen la pena su lectura. Si lo hacemos nos llevaremos agradables sorpresas. Uno de los mejores, que de inmediato me cautivó sobremanera, fue La Crisis de México Distrito Federal. Tiene muy buenos editorialistas sobre diferentes temas. Uno de los mejores es Eduardo López Bethencourt, tanto por la cantidad como por la calidad de sus artículos.  Uno de ellos, de 16 de mayo de 2006, bajo el título de Pobre España me impactó de pleno, por su dureza implacable hacia España. Me supuso como un bofetón en el rostro. Hay que leerlo con detenimiento. No tiene desperdicio. Yo me limitaré a reflejarlo, parafraseando su contenido.

             El mencionado periodista entra de lleno, sin prolegómenos, al grano y a cara de perro, y ya en el primer párrafo nos acusa a todos nosotros, los españoles, de que nuestro éxito actual nos ha corrompido, y nos ha llenado de soberbia y envilecimiento, cuando siempre nos habíamos mostrado afables; y como emigrantes con simpatía hacia lo extranjero, lo que nos había permitido ocupar el primer lugar mundial en el turismo; en cambio, ahora nos habíamos convertido en arrogantes, presuntuosos y altaneros como nadie. Nos creemos que somos los mejores,  que nuestra democracia es la número uno, que somos superiores y como corolario maltratamos a todos los emigrantes, especialmente a los iberoamericanos. Añora el articulista el trato que en los 60 o 70 del siglo pasado dispensábamos a los mejicanos. Entonces éramos cordiales y atentos amigos para los “manitos”, y por ello valorábamos su cultura musical, cinematográfica y literaria. Por ello todos conocíamos a Cantinflas, Pedro Infante, Jorge Negrete, las canciones de José Alfredo Jiménez o Agustín Lara o los textos de Agustín Yánez, Mariano Anzuela y Octavio Paz.

            En cambio, ahora, los despreciamos, los creemos inferiores o los sobajamos. Las noticias de México no nos interesan, nos parece más importante todo lo que está ocurriendo en cualquier otro país que no sea su antigua “Nueva España”; la moneda azteca no lo admitimos en los bancos, y les damos un trato soez y hasta hiriente.

            Nos refiere el mal trato dado por un guardia civil, vestido de paisano, a las afueras de la Maestranza de Sevilla, a una familia mejicana, donde había cuatro niños, ya que les dijo: “lárguense a su país, mugrosos, impresentables, asquerosos. Les siguió amedrentando, advirtiéndoles que les iba a quitar el pasaporte. El motivo del enojo había sido provocado porque la abuela de los menores había colocado su bolso encima del coche del policía.

            Sigue diciéndonos que el incorrecto y mal educado comportamiento del policía suele ser representativo de un pueblo. Si la nacionalidad es mejicana o colombiana en los bancos no les cambiamos dólares a no ser que sean más de 500 euros; les ponemos muchas dificultades para obtener trabajo y les tratamos desconsideradamente.

            López Bethencourt nos recuerda, no viene mal, que en Méjico a los españoles nos recibieron con los brazos abiertos: y eso que llegábamos desempleados, sin dinero, sin historia, con hambre y provistos de una gran ignorancia. A muchos nos hicieron ricos y hasta supermillonarios. Asturianos, gallegos, santanderinos y demás hispanos nos hicimos dueños de grandes fortunas, amasamos tesoros, incluso, de una manera fraudulenta; de analfabetos nos convertimos en magnates, prepotentes; algunos regresamos a España y nos olvidamos de México, otros nos quedamos, mas siempre nos sentimos de “sangre azul”.  No todos fuimos ingratos, por ello cabe recordar a esa gran calidad de brillantes sabios que llegamos después de la derrota del Gobierno Republicano, y fuimos capaces de dar lustre a la cultura mexicana, aunque algunos hemos seguido despreciando la cultura del maíz.

            Acaba de la siguiente guisa: Qué pena, pobre España, cómo ha cambiado, ojala no se arrepientan; por el momento si deseamos ir a la península, pensémoslo dos veces, no sea que un guardia civil nos “corra” de su tierra, por colocar una bolsa de mujer encima de un auto usado y sucio.            No son necesarios los comentarios. Debemos todos reflexionar un poco. Ahora recuerdo una frase que me decía mi padre: el que de trapo llega a toalla, no sabe donde colgalla. Ahora es cuando la entiendo. 

           

  

Cándido Marquesán Millán

             

El cierre de una librería

                                  

  

            Mi esposa y yo  acostumbramos a ejercitar el deporte nacional, el paseo, todas las tardes, entre los seis y las ocho por esta hermosa ciudad de Zaragoza. Deambulamos por todas partes. Nos da lo mismo hacerlo por las Delicias, Torrero o por el Centro. Si lo hacemos por este distrito, como otros muchos, bajamos por la parte izquierda del Paseo de la Independencia, atravesamos la Plaza España, proseguimos por la calle Alfonso, entramos en la Plaza el Pilar, la atravesamos hasta la calle Don Jaime, y por ella retornamos a la Plaza España, y por el Paseo retornamos a casa. Casi nunca pasa nada novedoso. A veces, saludamos a algunos amigos y les decimos las mismas cosas. En otras entramos a algunos Grandes Almacenes. Casi siempre suele ser un deambular monótono.

            Mas una tarde que prometía ser como otra cualquiera, sucedió algo que me produjo profunda tristeza. Trataré de explicarme. Bajando, por la izquierda en dirección a la Plaza España, a mitad del Paseo, tras atravesar los escaparates de una afamada y acrisolada librería, llegamos a otra, cuyo nombre es el de una batalla famosa, que supuso la pérdida de un brazo al autor del Quijote. Es de solera, con un repertorio bibliográfico extenso y de calidad. A mitad de su escaparte izquierdo, aparece pegado un cartel con la siguiente inscripción: Liquidación de existencias por cierre de negocio. De verdad, sentí gran pesar. Estaba contemplando el cierre, uno más, de una librería. Y esta cuestión no es baladí, por lo menos, a mí me lo parece. Yo pensaba que España estaba equiparándose a nivel cultural al resto de Europa,  y que, según mi modesto entender, un buen indicador puede ser el número de libros que compra su población. Su lectura es otra cosa.  Y si se produce el cierre de una librería, quizás sea, porque vender libros no debe ser un buen negocio. Parece clara la conclusión.

            Por otra parte, comprobamos que en nuestro país el cierre de un Bar es algo inusual. Más todavía, no sólo no se cierran, sino que su cantidad es cada vez mayor. Si la conclusión del párrafo anterior era clara, la que sigue a continuación no va a ser menos. Parece ser que los establecimientos que se dedican a vender bebidas en este país nuestro son un buen negocio. Y esto es así porque tenemos los españoles la costumbre de frecuentarlos. Y como conclusión final de esta sarta de silogismos, es que en este país nuestro, ciudadano español, si quieres ganar pasta no montes una librería, y sí en cambio, un Bar, Taberna, Púb.…

            Los cierres de librerías en España están en relación directa a la apertura de los establecimientos expendedores de bebidas. Lo que no significa que no nos creamos los más cultos, los más sabios, ya que no hay tema alguno, ante el que nos detengamos, cuando de hablar se trata. Somos tan cultos porque somos los padres de El Quijote, el libro que más citamos, pero que menos hemos leído. Avergüenza reconocerlo, pero es así. Los españoles, si acaso, parecemos más interesados en el libro cuando nos llega por vía gastronómica. Parece ser la mejor manera de atraer nuestra atención. No hacia las tapas del libro, sino hacia las que se sirven después de su presentación. Los canapés, pinchos de tortilla, tacos de queso, y las insustituibles croquetas, junto con el vino blanco o tinto, se convierten el mejor estímulo para convencer a la prensa, los amigos, y hasta los enemigos, de que los libros son lo más adecuado para enriquecer nuestras bibliotecas. Mas los españoles estamos más interesados en llenar nuestros estómagos que nuestras bibliotecas. Digerimos mucho mejor la croqueta que la lectura de cualquier libro.

            Por eso las presentaciones de libros o exposiciones en cuyas invitaciones aparezcan epígrafes como éstos: “Habrá cóctel”, “Se servirá un aperitivo”, “Se ofrecerá un vino español”, suelen tener el éxito asegurado, y es, probablemente, de los escasos ritos en los que los españoles nos olvidamos de nuestra proverbial impuntualidad.

            Leemos poco, pero en una especie de juego de sociedad para quedar bien, acostumbramos a barajar algunos títulos propiciados por la publicidad. Citamos cuatro o cinco títulos y se le pone a uno la cara de culto. Otras veces replicamos, para  autoexculparnos, que los libros son caros y que no tenemos tiempo para leer. Son excusas. Somos refractarios a la lectura. Y con este proceder echamos a perder uno de los mejores instrumentos para llenar las largas horas de tiempo libre en esta sociedad del ocio. Cuando se coge afición por la lectura,  es tal el disfrute que ya no se puede renunciar a ella. En cambio nos movemos por el consumismo y la televisión.

            No quiero proseguir, para no cansarte, mi querido lector, si has conseguido llegar hasta aquí. Ya tenía acabadas estas deslavazadas líneas, mas debo proseguir algo más. No puede dejar de hacerlo. Ruego disculpas. Pero, acabo de bajar la bolsa de la basura, y en el cubo del portal me he encontrado, entre otros, estos libros: La metamorfosis, de Kafka; La familia de Pascual Duarte, de Cela; Fortunata y Jacinta, de Galdós, etc. De verdad, somos así. Somos únicos. Somos españoles. No nos cambia nadie.

             

   

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

El cenagal de la guerra de Irak

                       

  

            Todo lo relacionado con la invasión y guerra de Irak, huele a nauseabundo. Cuanto más tiempo pasa todo parece más corrupto. Por si todavía no fuera bastante con todo lo ya ocurrido en esa tierra, cargada de historia, ahora nos vemos sorprendidos por las imágenes de el dominical “News of the World, tomadas en vídeo supuestamente por un cabo a principios de 2004. La grabación, que no tiene desperdicio, muestra golpes, puñetazos y hasta 42 patadas a cuatro adolescentes iraquíes, propiciadas por valerosos soldados británicos. Naturalmente, era previsible, que el líder laborista y primer ministro británico, Tony Blair, haya salido a la palestra para decir que promete investigar los presuntos abusos. Además, también era previsible, que haya dicho que la abrumadora mayoría de soldados británicos, en Irak y en cualquier lugar, se comporta de manera apropiada y que está haciendo un gran trabajo para su país y por el mundo entero; y que por ello merecen todo nuestro apoyo por el trabajo que están haciendo. Estas imágenes no han sido las primeras, ni serán las últimas.

            Los abusos me producen asco, pero en menor cuantía que las palabras de Tony Blair. No quiero consumir más letras en comentarlas. No merece la pena. Todo en esta guerra es lamentable. El inicio, el desarrollo y su posible final. Pero qué podíamos esperar si tenemos en cuenta que toda esta empresa ha sido dirigida desde los Estados Unidos y por su ínclito Presidente George W. Bush., y con el apoyo incondicional de Blair y Áznar, que debieron pensar, al hacerse la foto de las Azores, que iban a pasar a la posteridad, como lo hicieron Stalin, Roosvelt y Churchill  en la celebérrima de la Conferencia de Yalta. De verdad, se han cubierto de gloria. Mas de gloria pútrida.  Con la excusa de derribar al Dictador Sadam Hussein, se pergeñaron toda una sarta de mentiras, como la de las armas de destrucción masiva y de defensa de la democracia. Llueve sobre mojado. No es necesario insistir en demasía. Nos han mentido tantas veces, que una más no debe producir extrañeza. Ya conocemos todos, cómo los Estados Unidos, que se autodenominan “imperio de la paz”, “imperio de la libertad”, e incluso “imperio democrático” se las gastan. Basta recordar cómo este Imperio derrocó gobiernos en Irán y Guatemala, siendo presidente Eisenhower; en Chile con Nixon en 1973, y en guerras preventivas: contra Nicaragua, durante la década de los ochenta del siglo pasado, siendo presidente Ronald Reagan; contra Irak en 1991 siendo presidente George H. W. Bush; contra Afganistán en 2002 y contra Irak, de nuevo, en 2003, las dos últimas bajo la presidencia de George W. Bush hijo, y en amenazas contra otros países como Corea del Norte e Irán. Podríamos poner muchos más ejemplos.

            Bush se cree bendecido por Dios para realizar una misión histórica y tiene la convicción de estar dirigiendo el país del “Destino Manifiesto”. Bastantes fundamentalistas religiosos americanos le han hecho creer que es el enviado de Dios, en una especie de providencialismo. En la cruzada contra el Eje del Mal, Dios está de su lado. Su misión imperial es de derecho divino. Ese providencialismo desemboca inexorablemente en un teísmo político, más  propio de sistemas teocráticos, propios del Medievo, que democráticos, y por ello utiliza a Dios como legitimador de determinadas actuaciones políticas. Bush ha dicho que ha llegado a ser gobernador  de Texas, merced a un designio divino.

            Además, todo el discurso y la actividad política de Bush demuestra una concepción maniquea de tonos apocalípticos, que sirve de justificación para cualquier actuación El representa el Bien Absoluto y otros, en contraposición irreconciliable, el Mal Absoluto. Blanco y Negro, sin matices. Por ello Estados Unidos es el país que representa el Eje del Bien, como no podía ser de otra manera, de ahí su indiscutible legitimidad para luchar contra el mal. Así lo reconocía Bush en una conferencia de prensa en octubre de 2001, con un infantilismo rayano en la estupidez, a no ser por el cinismo que se esconde: “Me confunde ver que hay tanto malentendido de lo que es nuestro país, y que la gente nos pueda odiar. Simplemente no puedo creerlo, porque yo sé cuán buenos somos. Tenemos que hacer un mejor trabajo al representar a nuestro país en el mundo. Tenemos que explicar a la gente de Oriente Medio, por ejemplo, que es contra el mal contra el que estamos luchando, no contra ellos”.  

            Este maniqueísmo implica que hay que tomar postura; no vale la indiferencia o la neutralidad. O se está con el Imperio del Bien o se está con el Imperio del Mal. Esto justifica también una venganza implacable. El primer nombre que se dio a la operación militar contra Afganistán en respuesta a los atentados del 11-S, fue “Justicia Infinita”. Esta expresión supone la puesta en marcha la ley del talión. El conflicto por ello se convierte así en una Guerra Santa. Para conducirla a buen término no se deben reparar en medios, de ahí un militarismo a ultranza con los consiguientes y justificados incrementos en presupuestos armamentísticos. Debemos, tenemos que estar seguros. La defensa de la gran nación justifica la extensión de la violencia y de la muerte por todo el mundo, sin detenerse en la población civil, sean ancianos o niños, como está ocurriendo actualmente en Irak. No tiene muchos prejuicios morales Bush, si tenemos en cuenta que durante su mandato de gobernador en Texas fueron ejecutadas 152 personas. Un buen currículo para acceder a la Presidencia de los Estados Unidos. A este individuo, le siguieron a pies juntillas, Blair y Aznar. Triste, lamentable y pútrido. Y todavía hay quienes critican el haber salido de este cenagal. Incomprensible.

   

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN