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La sentencia sobre Srebenica

 

 

 

                                   

 

 

Resulta difícil creer en la independencia del poder judicial, sobre todo, si tenemos en cuenta determinadas sentencias, especialmente la emitida por el Tribunal Internacional de Justicia, en relación con el genocidio de Sbrenica, llevado a cabo entre el 11 y el 19 de julio de 1995. En estas fechas  se asesinaron a más de ocho mil personas, en gran mayoría jóvenes musulmanes, tras la toma de este enclave al este de Bosnia por las tropas del ejército de la antigua República Federal de Yugoslavia, en plena guerra de los Balcanes.

El susodicho Tribunal, ni corto ni perezoso, en su sentencia  indica que “ que no se ha demostrado que las matanzas hayan sido cometidas siguiendo instrucciones de Serbia, ni que tuviera el control efectivo de las operaciones”. El Tribunal indica que Belgrado vulneró sus obligaciones de prevenir el crimen-pese a los claros indicios que podía llevarse a cabo-, así como de reprimirlo mediante una verdadera cooperación con el Tribunal. Los jueces descartan la culpabilidad del Estado  serbio como responsable directo o cómplice de la masacre y en consecuencia la eximen de pagar indemnización alguna a Bosnia, que fue el país que presentó la demanda. Además insta a Serbia,  estado que ha asumido la continuidad de la antigua Yugoslavia, a detener  y a entregar a los acusados por crímenes de guerra y genocidio,  Ratko Mladic y Radovan Karadzic, para ser juzgados por el Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia. Slobodan Milosevic, ya está muerto sin haber sido juzgado.

La sentencia, como no podía se de otra manera, ha supuesto una profunda decepción para Bosnia y para los familiares de las víctimas, así como también un gran alivio de Belgrado, ya que se ve libre de pagar una cuantiosa indemnización que habría repercutido en el bolsillo de todos los serbios. Miles de bosnios musulmanes supervivientes de la matanza de Sbrenica y parientes de las víctimas de los crímenes se manifestaron, sin faltarles motivos, en Sarajevo. Para todos aquellos que tienen familiares asesinados en este genocidio, cometido en las mismas entrañas de Europa, ha sido una sentencia decepcionante. Todo el mundo, medianamente sensato, sabe que Serbia estuvo detrás de esta masacre. Desde el sillón de nuestro cuarto de estar no podemos apercibirnos de lo que auténticamente ocurrió en esos triste días de julio de 1995. Como europeos deberíamos sentir una profunda vergüenza. Estos tristísimos acontecimientos nos los cuenta de una manera implacable y fehaciente la película-Sbrenica, beyond reasonnable doubt, de Mina Vidakovic. Aquí podemos ver cómo separaban los hombres de las mujeres, jóvenes y viejos, adolescentes, familias enteras, y cómo, aunque dirigidos por un solo hombre, decenas de otros ejecutaban las órdenes suscitadas por la locura del odio étnico.

Esta sentencia tiene ciertas similitudes con la suerte a la que se vieron sometidos los habitantes de Varsovia, al final de la segunda Guerra Mundial, que fueron incitados por los soviéticos a que se sublevaran contra los ocupantes alemanes. Así lo hicieron, y fueron triturados por la tropas de Hitler. Los soldados de Stalin no acudieron en su ayuda. Únicamente entraron en la capital de Polonia, cuando sus ciudadanos habían sido masacrados por los nazis. Los soviéticos pudieron entrar sin problemas llevándose a los alemanes por delante y sin temer la resistencia de los ciudadanos de Varsovia, que se vieron obligados a ser aplastados por los nazis y a ser dominados por los soviéticos durante los cuarenta años posteriores.

Una residente en Sbrenica, Nazija Beganovic, nos indica: “Todos dicen que la justicia puede encontrarse en La Haya. ¿Dónde está la justicia para mis seis hijos? Durante quince años he llorado. Los serbios los asesinaron y no sé ni donde yacen sus restos”. En la misma línea, el antiguo representante bosnio ante el Tribunal de la ONU, Kasim Trnka, acaba de señalar que el veredicto “envía una mal mensaje a futuros Karadzcis, Mladics, y a todas las Ruandas y Camboyas que el futuro podrán pensar  que este tipo de crímenes pueden quedar impunes”.

Tampoco deberíamos sorprendernos por sentencias de estas características. Da la sensación que lo que ha pretendido el Tribunal e hacer borrón y cuenta nueva, y así se puedan agilizar las negociaciones para una futura adhesión de Serbia a la Unión Europea, y así poder cerrar unos de los capítulos más trágicos de la Europa de finales del siglo XX. La mayor matanza ocurrida en Europa desde el año 1945. Todo sea por la política, a la cual deben quedar subordinadas las razones éticas. De verdad, siento asco y pesadumbre. No es de recibo que el mundo vaya en esta dirección.

 

Cándido Marquesán Millán

La responsabilidad de un ex-presidente

 

 

 

             A todo aquél que se ha dedicado a la vida pública y todavía más, si ha detentado importantes cargos políticos, al abandonarlos, se le debería exigir sensatez, responsabilidad y sentido común. Si alguien ha sido jefe de Gobierno, y deja de serlo, bien porque ha sido producto de una decisión personal, o  bien porque lo han decidido los ciudadanos en las urnas, debería alejarse de la política paulatina y discretamente; y no inmiscuirse en ella sembrando cizaña o malos modos.

            En este aspecto es encomiable la actuación de Jimmy Carter o  Bill Clinton. Estuvieron al frente del país más poderoso del mundo, cumplieron sus mandatos con aciertos y con errores, y se marcharon  a sus casas. Su experiencia acumulada la pusieron al servicio de instituciones nacionales o internacionales, en tareas de pacificación de conflictos o de asesoramiento a su Gobierno en cuestiones políticas complicadas. Además escriben libros, dan conferencias y participan en foros internacionales. Son actuaciones lógicas y responsables.

            No ocurre lo mismo con nuestro último expresidente. Si se le presenta la ocasión  de que un periodista le entreviste, no la desaprovecha para mezclarse en la política y emponzoñarla, cuanto más pueda mejor. Creíamos todos que se iba a dedicar a firmar libros en el Corte Inglés, impartir conferencias en inglés en afamadas y prestigiosas universidades americanas, y asesorar, teniendo en cuenta su reconocida experiencia, al Presidente de Gobierno de su país, independientemente del partido político que fuera. Nos equivocamos. Craso error. Ha ocurrido todo lo contrario. Cada vez que habla es para sembrar odio y rencor. Recientemente nos hemos visto sorprendidos “todos” los españoles con unas declaraciones estridentes y destempladas, impropias de alguien que haya detentado importantes responsabilidades políticas.

            No ha tenido inconveniente alguno en afirmar, después de las palabras poco afortunadas de Benedicto XVI, que a él no le habían pedido todavía disculpas los árabes por haber invadido España en el 711, y haberla dominado durante ocho siglos. De verdad, reflexiono profundamente, antes de analizarlas. Mas lo voy hacer. Resultan grotescas e indignas de alguien que ha sido Presidente de un Gobierno democrático. Además demuestran una visión de la Historia de España un tanto peculiar, por decirlo de una manera suave. Puestos a pedir perdón los árabes, cabe pensar que también deberían hacerlo los visigodos, aunque será harto complicado encontrar a algún descendiente de los Recaredo, Leovigildo o Recesvinto. Metidos en esta vorágine. También deberían hacerlo los suevos, vándalos y alanos. Como también el romano Publio Cornelio Escisión. Y los cartagineses Asdrúbal, Anibal, etc. Y los griegos y los fenicios. Y el australopiteco que vino de África. De locura. Por cierto, no querría olvidarme que los descendientes de los Reyes Católicos deberían disculparse también, aunque no sé ante quién, por la expulsión de los judíos, o los muertos por la gracia de la Santa Inquisición, gracias a la cual hemos sido y algunos quieren seguir siéndolo, la reserva espiritual de Europa. No quiero seguir este camino, que no conduce a ninguna parte.

Lo que si quiero retomar algo ya dicho en líneas precedentes. Un expresidente de un Gobierno democrático, no puede ni debe hacer manifestaciones como éstas. Sólo pueden ser producto de una mente calenturienta o descerebrada. Con lo que está lloviendo, con todo lo relacionado con el mundo musulmán, no pueden decirse cosas semejantes, a no ser que sean producto de un resentimiento o rencor todavía no superado. Siento cierto escalofrío al pensar que un personaje de esta catadura moral pudiera tener en sus manos el Gobierno de España durante ocho años. También es cierto que, sobre todo, en su segunda legislatura comenzó a dar muestras de estar perdiendo el Norte. Véase la boda de su hija en el Monasterio del Escorial, cual si perteneciera a una estirpe regia. Cabe recordar, entre otros ejemplos, el habernos metido en la Guerra de Irak, a la búsqueda de las armas de destrucción masiva, con la famosa foto de las Azores, en contra de toda la sociedad española; incluidos los miembros de su partido que no se atrevieron a decírselo en aquél entonces.

Debe retirarse. Escriba sus memorias. Firme libros. Dé conferencias. Disfrute de cruceros por el Mediterráneo. Llene su ocio con la lectura, la pesca o la caza de la codorniz. De verdad, si de verdad quiere a España, siga mis consejos, que son también los de otros muchos españoles, incluidos de votantes de su partido. Por favor, sólo le pido, le pedimos, un poco de responsabilidad y sensatez. Es lo menos que puede pedirse a un expresidente de un Gobierno democrático.

 

 

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

La negociación en momentos difíciles

 

 

 

 

Todos los españoles, incluido el Presidente del Gobierno, lamentamos amargamente las numerosas víctimas del terrorismo de ETA; como también, todos, incluido el Presidente del Gobierno, nos solidarizamos con todos los familiares. Dicho lo cual, todos debemos, cuando menos, intentar la erradicación de esta lacra; como todos, incluido el Presidente del Gobierno, nos alegraremos profundamente si  todos lo conseguimos.

Rodríguez Zapatero ya avisó que el proceso de negociación para la paz iba a ser largo, difícil y complejo, con fases de avances y de retrocesos. Solicitó en el Parlamento a todas las fuerzas políticas su confianza, la misma que él había dado. Todavía más,  ÉL ofreció un cheque en blanco en este tema al Gobierno de Aznar, en consecuencia, nunca cuestionó su actuación, al considerarla un tema de Estado.

             Hoy las circunstancias son muy diferentes ¡Pero mira que se lo están poniendo difícil al Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, en el proceso de paz en el País Vasco! Las críticas que recibe son continuas y procedentes de todos los lados. Por una parte, el PP, con sus principales dirigentes, no le han permitido tregua alguna. Por otra parte, en el ámbito abertzale, le acusan de que está desaprovechando una ocasión histórica. Los primeros le acusan de que ha negociado mucho, como que  ya se ha decidido el porvenir de Navarra o el reconocimiento de la autodeterminación del País Vasco, sin prueba alguna; los otros, en cambio, que no ha negociado bastante o, mejor dicho, nada. Sin embargo, el  Presidente del Gobierno no pierde la calma,  dando muestras de una templanza y serenidad infinita, como cabe exigírsela a un dirigente político que lleve las riendas del Gobierno de su nación. Cualquier otro en la misma situación hubiera tirado ya por la calle del medio, y hubiera retornado a la política antiterrorista realizada durante los últimos treinta años, que, por cierto, no sirvió para erradicar la mayor lacra de nuestra reciente democracia. Del mundo abertzale era comprensible este comportamiento, de forzar la máquina, sobre el que no quiero detenerme más. Lo que ya me resulta más complicado de entender  es la actuación del principal partido de la oposición, que ha tenido el Gobierno de España en sus manos poco tiempo ha, aunque da la sensación que no ha llegado a digerir todavía el que lo haya perdido, y que, cabe pensar, lo tendrá en un futuro, más o menos lejano.

            La rendición incondicional es utópica, por lo menos a mí, como otros muchos así nos lo parece. Por ahí, pienso, que no vendrá la solución. Por ende, entiendo que no hay otra opción que abrir cauces y tender puentes, y que lo que se debe de hacer es escuchar, hablar y negociar. El Estado puede y debe hacerlo, lo que no supone, de ninguna manera, rendición alguna ante nada ni ante nadie.  El Estado tiene la suficiente fuerza moral para poder hacerlo, sin que por ello se cometa ningún delito. Muchas veces se ha obrado así. Entre 1996 a 2004 se hicieron excarcelaciones, se concedieron terceros grados y acercamiento de presos, 36 en una semana de 1996 y 130 en 1998,  en circunstancias muy graves para la seguridad de las personas. Y nadie dijo nada.

Si consideramos insustituible la negociación, habrá que escuchar, hablar, para posteriormente negociar con quien se puede negociar, para tratar de convencer a todos aquellos en cuyas manos hasta ahora ha estado el uso de la violencia, que dejen de usarla. Por ello no entiendo el que se niegue la posibilidad de sentarse en una mesa con Herri Batasuna, ¿Por qué con quién si no se va a negociar? No quieren que se negocie con ella  por ser ilegal, pero tampoco quieren que se legalice, lo que no deja de ser incongruente. Se acusa a Zapatero en este proceso de estar señalando atajos a Batasuna. Naturalmente que debe hacerlo. Es mucho mejor que encerrarla en un callejón sin salida posible. Pienso que un gobernante debe tender puentes y no levantar trincheras, e indicar a cualquier grupo político que quiera concurrir, participar o favorecerse de las reglas del Estado de derecho, su obligación de respetar lo que se ha aprobado en el Congreso que es la Ley de Partidos. Si lo consigue, se habrá recorrido un buen trecho del camino. Por ello, este complejo proceso de negociación, debería ser apoyado y no dinamitado. Entre otras cosas, porque a todos los españoles nos debería interesar que este tren llegue sano y salvo a la estación de destino, para que no haya más muertes, que este sería el mejor homenaje que podría hacerse a todas las víctimas, que no son monopolio de nadie, en todo caso de sus familiares. Porque si descarrila, como muchos lo están intentando, ¿Qué hacemos el día después? Yo no sé qué responder.

 

 

CÁNDIDO MARQUESAN MILLAN

La manifestación contra el matrimonio de los homosexuales

 

 

 

            Mucho se ha hablado y discutido sobre la manifestación de ayer, contra la Ley de legalización de los matrimonios gays. Se han dicho tantas cosas, que resulta complicado hacerte una idea clara de todo lo ocurrido.

            El Foro Español de la Familia ha hecho la convocatoria formal de la manifestación, mas cualquiera, a no ser que sea un ingenuo, sabe que ha sido gestada en algún despacho de la calle Génova. Ha sido la tercera, en tres fines de semana seguidos. En todas ellas han aparecido dirigentes populares. La última ha coincidido con el día de reflexión de las elecciones gallegas. ¡Qué coincidencias más azarosas!

            Los sectores más retrógrados de la iglesia católica, encabezados por el cardenal Rouco Varela, en plena sintonía con el PP, la han secundado con fruición y nos han permitido contemplar un paisaje de ciencia ficción, al ver a una veintena de obispos, manifestándose detrás de una pancarta. Es todo un espectáculo, que, seguro, a Buñuel o a Lerroux les hubiera agradado sobremanera contemplar. Los obispos tienen todo el derecho del mundo a manifestarse, ya que así lo reconoce nuestra Constitución. Sería conveniente que tomaran buena nota y permitieran a todos los eclesiásticos dentro de su institución, a que pudieran hacer  lo mismo.

            Han aparecido tres grandes pancartas. La primera, con un título La familia sí importa, extraordinariamente equívoco. Resulta complicado saber qué se quiere decir con ello en concreto. De verdad, no entiendo nada. Que se les conceda a los homosexuales el derecho al matrimonio civil, no significa peligro alguno para mi familia. Podrá ser para la familia de Acebes o de Rouco. A la mía les puedo asegurar, que no.

            La segunda, Por el derecho  a una madre y a un padre. Es una realidad sociológica hoy que existen muchas parejas de hecho, de gays o lesbianas, que tienen hijos; por distintos procedimientos; biológicos o adoptados. No ha podido demostrar nadie que esos hijos sufran trauma alguno. Es más, me atrevería a decir que la educación que reciben, por casos que conozco, es exquisita. Y son niños felices e integrados sin problema alguno.

            La tercera, Por la libertad. Aquí si que se me funden los cables. Mi asombro es mayúsculo. No sé si se refieren a la libertad de sindicación, de asociación, de conciencia de educación o de la caza del cachalote; o cualquier otra. Deberían haber sido más explícitos.

            La iglesia católica, y, sobre todo, la española  ha ido siempre a remolque de los acontecimientos. Adormilada y arrumbada en las sacristías nunca ha llegado a entender el discurrir de las grandes corrientes de la historia. Pueden ponerse varios y claros ejemplos. Pío IX condenó en el Syllabus toda una serie de corrientes ideológicas. ¡Qué cantidad de  penalidades y miserias tuvo que padecer la clase obrera,  para que la iglesia católica saliera de su sopor y León XIII escribiera la Encíclica, Rerum Novarum.

            ¡Cómo y qué pronto de decantó la iglesia católica española contra la II República! ¡Cómo se comprometió en julio de 1937  a fondo con media España frente a la otra media con la famosa carta conjunta de los obispos apoyando la sublevación antirrepublicana (antidemocrática), y después legitimando la causa franquista al calificar la Guerra Civil de “Santa Cruzada”!. Con semejante actitud la Iglesia optó por ser enemiga de media España. El Dictador como pago a sus servicios incondicionales le concedió todo tipo de prebendas, con la firma del Concordato de 1951. No debemos obviar, lo cortés no quita lo valiente, la fina inteligencia y el espíritu abierto de Tarancón, principal artífice del mayor intento de agio ornamento del catolicismo español. ¡Qué diferencia de talante del cardenal de Burriana con el ínclito Rouco Varela! 

            Los obispos españoles en 1981, cuando se estaba promoviendo la Ley del Divorcio por el Gobierno de la UCD, decían: si se promulga correrá un grave riesgo la familia en España y gravemente dañado el bien común de nuestra sociedad.

            Hoy sigue ocurriendo lo mismo. La Iglesia  católica demuestra una insensibilidad, cuando no inmoralidad y falta de espíritu cristiano, al negar el uso de los anticonceptivos, en momentos que se está extendiendo el SIDA por todo el orbe terráqueo, con especial incidencia en el continente africano.

            Mucho me temo que hoy, al negarse al matrimonio civil de los homosexuales, la iglesia vuelve a equivocarse. Y no sería la primera vez, como acabo de mostrar.  Está apoyando una manifestación para impedir que una serie de ciudadanos alcancen un derecho que tienen ya otros. Éste humilde ciudadano quiere acabar, instando a que reflexionen nuestros conspicuos obispos con un fragmento de un manifiesto de todo  ese colectivo marginado: queremos invitar a reflexionar a los cristianos sobre dónde está Dios, sí en la voluntad de los que convocan la manifestación o en la voluntad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de convertirnos, por fin, en ciudadanos con los mismos derechos que el resto.  

 

Cándido Marquesán Millán      .

La cuestión religiosa en la España actual

 

 

            Una de las asignaturas pendientes de la Transición Democrática en nuestro país es la cuestión religiosa. Las relaciones Iglesia-Estado tal como se establecieron en los Acuerdos de 1976 y 1979, no parecen ser las idóneas en una sociedad democrática. En esas fechas, tanto la Iglesia católica española y el Vaticano por un lado; y, por otro, la clase política, en su mayoría, estaban de acuerdo que el Estado confesionalmente católico heredado del franquismo era un anacronismo en la Europa democrática del momento. Había que establecer las relaciones Iglesia- Estado sobre unas nuevas bases.  Los principales partidos políticos, conocedores de la historia de la II República, no quisieron que nuevamente la “cuestión religiosa” volviera a envenenar la convivencia entre los españoles; y además siendo conscientes de que la Iglesia era todavía una poderosa institución capaz de perturbar una transición tranquila a la democracia, si no se alcanzaba pronto algún acuerdo con ella, se marcaron el objetivo de llegar lo más  pronto posible a un acuerdo negociado con ella. Si éste no se hubiera conseguido, probablemente nuestra Transición Democrática hubiera sido diferente.

            El 28 de julio de 1976 se firmó al primer Acuerdo. Fue un documento breve, de menor extensión que los cuatro posteriores firmados en 1979. Lo fundamental del primero radicaba en que el gobierno renunciaba a sus privilegios de patronato eclesiástico, y la iglesia reafirmaba su lealtad con la libertad religiosa  y su renuncia a determinados privilegios jurídicos del Concordato de 1953. En el intermedio se elaboró la Constitución de 1978, en la que si bien se declaraba  la aconfesionalidad del Estado, por otra parte se contentaba a la Iglesia al señalarse en el art. 16.3: los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Igualmente la Iglesia a través del art. 27 se sintió bastante satisfecha, ya que se reconocía el derecho de los padres a asegurar la formación religiosa y moral de sus hijos, aunque hubiera deseado más cosas, como el que se hubieran  incorporado los valores morales católicos al texto constitucional.

            En el año 1979 se firmaron los cuatro Acuerdos, que versan sobre Asuntos Jurídicos, Enseñanza y Asuntos Culturales, Asuntos Económicos, y Relaciones entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas. En los primeros, se reconoce a la Iglesia católica el libre ejercicio de sus funciones, la personalidad jurídica civil de la Conferencia Episcopal, además de otros apartados. En los segundos, se sanciona el derecho de los padres sobre la educación de sus hijos, el carácter no obligatorio de la enseñanza religiosa, se reconocen los derechos adquiridos por las Universidades de la Iglesia y se sientan las bases de acuerdo para la conservación de su patrimonio cultural. En los terceros la Iglesia declara su intención de allegar por sí misma los medios que le son necesarios, mientras que el Estado se compromete a una colaboración económica hasta que ello se produzca y se le conceden a la Iglesia determinadas ventajas fiscales. En los últimos se garantiza la asistencia religiosa al personal católico de las Fuerzas Armadas a través del Vicariato Castrense y la desaparición de los privilegios en el servicio militar de los clérigos.

            Todos estos Acuerdos, así como determinados artículos constitucionales, anteriormente mencionados se alcanzaron en un determinado contexto político, que hoy es muy diferente, ya que la democracia es irreversible y las fuerzas políticas dominantes son otras. Además la sociedad española actual es muy distinta a la  de veinticinco años atrás. En el año 2005, según el estudio realizado por el profesor de la Universidad de Michigan, Ronald Inglehart, España, entre los 81 países analizados, es el que está experimentando el cambio social más rápido y más profundo de todo el mundo. Está emergiendo una nueva cultura y, con ella, un nuevo tipo de hombre, con unas creencias y unos valores que, en cuestiones muy fundamentales de la vida, son distintos de las de otras épocas. 

            Hoy la sociedad española es plural, ya no es el monolito cultural que se pretendió conseguir por las buenas o por las malas hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado. La globalización de las comunicaciones, el flujo de capitales y mercados por doquier y, especialmente, los movimientos migratorios están generando una nueva sociedad, con personas de culturas, tradiciones, intereses, creencias y maneras de entender la vida, no sólo diferentes, sino con frecuencia antagónicos.

            Además España es una sociedad constitucionalmente laica, así lo reconoce nuestra Constitución, porque así lo hemos querido, libre y mayoritariamente, los ciudadanos españoles; entendiendo que el Estado debe ser independiente de toda influencia religiosa o eclesiástica.

            Por último, hoy es una sociedad democrática, así lo establece nuestra Constitución, y por ello es posible la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

            Los cambios, anteriormente expuestos, han producido una España diferente, en la que la Iglesia católica está descolocada, ya que no puede entender ni adaptarse al cambio, ni acepta el pluralismo, ni le cabe en la cabeza una sociedad laica, ni por supuesto ha sabido adaptarse a una sociedad democrática, sobre todo, porque es una institución per se antidemocrática; de hecho el Estado del Vaticano, es la última monarquía absoluta que queda en Europa, cosa que queda patente en el artículo primero de su Constitución donde se establece que los tres poderes, legislativo, judicial y ejecutivo, están concentrados en el Romano Pontífice.

En base a todo lo expuesto, hoy, no es de recibo el mantenimiento de unos Acuerdos, que podrían explicarse y justificarse en determinadas circunstancias coyunturales, que han desaparecido de pleno.

Somos muchos los ciudadanos que hoy en España deseamos la revisión y modificación, cuando menos, de los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede, para que no haya ningún tipo de privilegio que coloque a la Iglesia y a sus fieles en una situación en la que, de hecho, los católicos tengan unos derechos y unas ventajas que no tienen el resto de los ciudadanos. La Iglesia española recibe cada año del Estado (o sea de todos los ciudadanos, sean o no católicos) cantidades de dinero difíciles de precisar con exactitud. En el año 2003 el Estado costeó el sueldo de obispos y sacerdotes con una cantidad de 140 millones de euros; a su vez paga el sueldo de los profesores de religión católica en la escuela pública y concertada; destina grandes cantidades al mantenimiento del patrimonio arquitectónico de la Iglesia. Las instituciones católicas reciben, directa o indirecta, una financiación del Estado por valor de 3.000 millones de euros anuales. Por si no fuera bastante, la Iglesia disfruta ahora mismo de más beneficios tributarios que en los tiempos de la dictadura franquista.

A la vista de todos estos datos, resulta curioso y sorprendente que hoy en España haya personas que hablan de la “persecución” que sufre la Iglesia por parte del Estado y, más en concreto, por parte del gobierno del PSOE, que sigue incluyendo en los presupuestos las cantidades suficientes al sostenimiento de la Iglesia católica.

 

 

Cándido Marquesán Millán  

La Expo-2008, desarrollo para todo Aragón

LA EXPO DE 2008, DESARROLLO PARA TODO ARAGÓN

 

 

 

                       

            Estamos inmersos todos los zaragozanos en uno de esos momentos históricos trascendentales. Tenemos que ser conscientes de ello. Rara vez se nos va presentar una coyuntura tan propicia de presenciar tantos y tan profundos cambios estructurales, por otra parte necesarios e imprescindibles en nuestra ciudad, si queremos que adquiera una proyección europea. Tal como iban las cosas hasta el inicio del proyecto de la EXPO, daba la sensación que Zaragoza era una ciudad adormecida y sin un proyecto claro al que vincular su futuro. Las potencialidades muchas, aunque sin saber aprovecharlas.  Pocas ciudades tienen la fortuna de tener a sus pies tres ríos, Ebro, Gállego, Huerva; o el Canal Imperial, y sin embargo, son unos auténticos vertederos. Pocas ciudades tienen  unos recursos turísticos tan importantes a nivel artístico, con extraordinarios edificios musulmanes, góticos, mudéjares, renacentistas, barrocos, o modernistas, y sin embargo, las estancias de los turistas son brevísimas. A  pocas ciudades la naturaleza las ha dotado de  una situación estratégica tan óptima; equidistante de los grandes núcleos de población de España, y muy cerca del sur de Francia. Y sin embargo, la ciudad no despegaba. 

Este momento esperanzador podemos compararlo con la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Tal año supuso un espaldarazo para Zaragoza, que saldría disparada hacia el siglo XX. Además de los Pabellones de la Exposición, donde se presentaron los últimos avances en agricultura, industria, comercio, y de la Exposición de Arte Retrospectivo con obras que iban desde el románico hasta Goya-, y de la urbanización de la Huerta de Santa Engracia (primer ensanche burgués de la ciudad); quedaron para el disfrute de todos los zaragozanos 3 edificios públicos destinados a la cultura, el Museo Provincial; a la educación, la Escuela de Bellas Artes; y a la beneficencia, la Caridad. Así como monumentos artísticos bellísimos, como el Monumento de Los Sitios o de Agustina de Aragón y a las Heroínas. Todos los zaragozanos debemos estar agradecidos a Basilio Paraíso, ya que consiguió que la empresa llegara a buen puerto, sorteando zancadillas de todo tipo.

            Hoy, cualquier zaragozano o aragonés que se precie, ya que la capital es el corazón de la Comunidad, tiene que sentir un regusto especial al contemplar todos los trabajos que se están realizando en el meandro de Ranillas: trasiego continuo de camiones, numerosas grúas trabajando, edificios  que van surgiendo poco a poco, etc.   La EXPO Zaragoza 2008 será la I Exposición Internacional según el modelo del Bureau Internacional des Expositions. En un principio se pensó para conmemorar el Bicentenario de los Sitios de 1808 en el tema de las catástrofes con carácter bélico, acompañado de un asunto de tipo natural. En 1996 Jerónimo Blasco lanzó un reto con una EXPO sobre los ríos y las ciudades. El BIE consideró que las catástrofes de carácter bélico no encajaban en el espíritu de las muestras internacionales. De ahí que se eligiera  el tema de rabiosa actualidad: Agua y Desarrollo Sostenible. Es vital que los seres humanos tomemos conciencia de la importancia del agua, ya que es fuente de vida, materia prima, es vía de comunicación, así como origen de civilización y cultura. De esto sabe mucho Zaragoza, ya que surgió en clave de agua, en medio de tres ríos y un vado que permitía atravesar el Ebro en determinas épocas del año. Tiene restos arqueológicos vinculados con el agua, de los romanos bronces con jurisprudencia para legislar sobre el agua; de los árabes acequias que todavía se usan; y del siglo XVIII el Canal Imperial, obra de Pignatelli. Aquí reside el primer Órgano integral de gestión de una cuenca fluvial del mundo, la CHE.  Es la 1ª gran ciudad que depura íntegramente sus aguas residuales; ha recibido premios de la UNESCO por proyectos, como Zaragoza, ciudad ahorradora del agua; y celebra Ferias relacionadas con el agua, SMAGUA. Por todo ello se explica la designación de Zaragoza, como punto de encuentro y referente mundial de diálogo sobre el agua. Con ser ya importante lo dicho, los beneficios económicos, una vez que se produzca la inauguración, serán incontables, con los 6 millones posibles de visitantes, con el subsiguiente empuje de todo el sector de servicios. También nuestra ciudad y Comunidad serán conocidas en todo el mundo.

Lo que venga el día después será también muy importante, ya que en el Plan de acompañamiento, se desarrollarán todo un conjunto de proyectos urbanísticos, en la EXPO, la Ciudad y el Entorno, lo que supondrá la recuperación de las riberas de los ríos, ampliación del aeropuerto, y finalización de las vías de circunvalación. Todo el recinto quedará convertido en un parque cultural y científico que convivirá con los usos deportivos y de parque natural del área adyacente al mismo. Los Pabellones Internacionales incluirán espacios modulares que servirán para oficinas y servicios. Las 3 Exposiciones Temáticas (Pabellón Puente, Acuario, y Torre del Agua) así como el Pabellón de España serán equipamientos. El Palacio de Congresos permanecerá como Centro de Convenciones de última generación. El Pabellón de Aragón para Consejería. Y todo un conjunto de espacios comerciales y hoteles, aumentarán la oferta de la ciudad.

            Con todo lo dicho, además de otras cosas que por la brevedad del artículo no pueden ser expuestas, cabe pensar que Zaragoza y Aragón saldrán lanzados con gran fuerza hacia el siglo XXI. Todos debemos darnos por satisfechos, y ser agradecidos con todos aquellos que idearon, y pusieron en práctica este Proyecto, que va a ser posible gracias a la colaboración de las tres Administraciones, la central, la autonómica y la municipal. Son muchos, mas no me resisto en citar especialmente los nombres de Francisco Pellicer y Jerónimo Blasco.

 

 

Cándido Marquesán Millán

La entrevista al abab de Montserrat

 

 

 

                       

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Recientemente, el día 27 de agosto de 2006, “El País”, publicó una entrevista de la periodista María Antonia Iglesias realizada a Joseph María Soler, abad de Montserrat. Es un documento de enjundia y que aporta una visión crítica a las posturas del sector más intransigente de la Conferencia Episcopal Española, representado por los Rouco, Cañizares o Ureña… Las palabras de este benedictino plenas de sinceridad y contundencia han soliviantado a unos; en cambio, en otros, han sido recibidas como una bocanada de aíre fresco. No se anda con rodeos, dice lo que quiere decir sin ambages ni complejos, y sin importarle que tenga que oírse advertencias, como ya le ha ocurrido, desde la autoridad eclesiástica, de que como monje lo que debe hacer es rezar y callar.

            Hay que leerla con detenimiento. Merece la pena. Si las preguntas son valientes, las respuestas no lo son menos. Lo que allí se dice explícitamente es de tal trascendencia y calado que, cuando menos, debería servir de motivo de reflexión para todos los católicos españoles.  Me limitaré a reflejar a grandes rasgos las principales ideas que aparecen en esta entrevista, interesante por lo que dice y por quien lo dice. Un personaje del que sus homilías son ampliamente escuchadas a través de Radio Estell.

            Está de acuerdo en que la Iglesia está languideciendo, y que cada vez está menos presente en la sociedad, y, lo que es peor, cuando está presente lo está de un modo inadecuado, cuando no ridículo. Y eso es así porque está fallando el lenguaje, el planteamiento demasiado intransigente sobre determinados temas que angustian al mundo moderno. La cuestión que debe plantearse la Iglesia no debe estar relacionada con lo que determinados sectores de la Conferencia Episcopal denominan crisis de fe, sino en tratar de responder a los motivos por los que no hemos sabido conectar el mensaje del Evangelio con las inquietudes de la gente. Como consecuencia de esta debilidad, sectores de Iglesia española reaccionan con justificaciones inexplicables, como el de estar perseguida hoy en España. Algo lejos de la realidad, ya que puede hacer, decir, y manifestar, como lo ha hecho recientemente, lo que le parezca oportuno.  Además, señala que parte de la Iglesia española no ha sabido adaptarse a un sistema democrático, sintiendo añoranza del nacional-catolicismo, y todavía no ha sabido entender que en un Estado aconfesional y laico el legislar  es competencia del Gobierno, y de ninguna manera de la Iglesia, por lo que no debe tratar de imponer  nada a los legisladores. No puede ni debe tratar de que se convierta en delito lo que para ella es un pecado. Un gobierno debe gobernar para toda la sociedad y no sólo para los católicos. Como tampoco ha sabido entender  el fenómeno de la secularización. Naturalmente que puede expresar su opinión, y hablar de la trascendencia del ser humano, ya que esto es enriquecedor, pero, en absoluto, debe de imponer nada a nadie. En este sentido, advierte a la CE que debería tomar buena nota del Papa, en su reciente visita, ya que él vino a proponer cosas positivas, no vino a imponer nada, y, mucho menos, a condenar nada. Esta actitud dialogante y conciliadora, arguye que sorprendió al sector más beligerante de la Conferencia Episcopal. Esa Iglesia española debe entender que lo que tiene que hacer son propuestas para ayudar a la gente, y muchas veces usa un lenguaje demasiado dogmático, en lugar de otro para ser entendido por el otro.

            Además, está en desacuerdo en que sectores de la CE se hayan alineado, a ciegas, con la derecha en determinados planteamientos políticos, como en el tema de los nacionalismos, argumentando que está en peligro la unidad de España; algo que no es cierto. Hemos visto, sigue diciendo, cómo Cañizares, ha querido justificar teológicamente la unidad de España. Algo descabellado. Ya que una cosa es la unidad de la fe, y otra muy diferente la organización política que una sociedad pueda darse.

También, en cuanto a la COPE, lamenta que los obispos  españoles no tengan el suficiente coraje de poner freno a la estrategia de envenenamiento que determinados comentaristas de la cadena están llevando a cabo. Le entristece sobre manera que no haya una mayoría de obispos que no tengan el valor suficiente de poner fin a esta situación que contradice y repugna abiertamente los valores evangélicos y los de la convivencia democrática. Si la CE mantiene en esta línea la emisora no son por razones eclesiales, sino de beligerancia política, para contrarrestar a la Ser, aunque ésta última actúa de muy diferente manera.

Sigue diciéndonos que no entiende ese enfrentamiento, esa desconfianza y ese sentimiento de agravio continuo en relación con el poder político. Crea que la CE debería crear un clima de confianza hacia el poder público. Es cierto que hay sectores unánimes con esta postura, pero hay obispos que piensan que debería la Iglesia española adoptar otra actitud en relación al Gobierno y la sociedad. Debería instaurar otro talante.

A la pregunta envenenada de cómo la Iglesia española acepta las subvenciones del  Gobierno y luego muerde la voz de su amo, responde que el sería partidario de una iglesia pobre y así sería libre. Mas para el desempeño de su misión son necesarias esas ayudas. Además en cuanto a la financiación de la Iglesia, ésta formula es la menos mala, ya que si el Gobierno no la ayudará, ésta no podría desempeñar esas prestaciones sociales que ahora hace y que, por ello, le ahorra al Estado bastante dinero.

Para finalizar quiero manifestarme a corazón abierto para señalar que si voces como éstas, libres, claras, abiertas al mundo moderno estuvieran al frente de la jerarquía española, o cuando menos fueran oídas; es probable, mejor seguro que los templos españoles estarían más llenos de lo que lo están actualmente. Por lo menos así lo veo yo.

 

 

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

           

La derecha de siempre

 

 

 

 

Tenemos una derecha en España que no nos la merecemos. No es necesario ser un avispado analista político para cerciorarse que a buena parte de los dirigentes del partido popular, les costó mucho el asumir la derrota del 14-M. Les cogió de sorpresa. Además no supieron administrar la situación de los terribles atentados, tratando de ocultar la realidad. De esto sabe bastante el señor Acebes, que no tiene impedimento moral alguno de seguir saliendo en los medios de comunicación, tras la sarta de mentiras que nos endosó a todos los españoles en los días previos del 14-M.  Poco a poco no han tenido otra opción que aceptar los hechos consumados de la derrota, lo que no significa que la consideren legítima. No sabemos qué resultados electorales se hubieran producido sin ese cataclismo. La historia se debe limitar a estudiar y tratar de explicar lo que ocurrió, no lo que hubiera ocurrido si no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Como no reconocen legitimidad alguna, independientemente de los votos que tenga detrás, al Gobierno de Rodríguez Zapatero; se le debe rechazar todo lo que haga, sea lo que sea.

Estar en la oposición es difícil, y todavía más, cuando resulta inesperada. Mas una  oposición debe mostrar dignidad, credibilidad, coherencia y responsabilidad hacia el Estado. Lo que debería hacer es presentar unas propuestas alternativas, y explicar a los ciudadanos convenientemente que son mejores. Como también hacer una crítica dura y sin concesiones hacia la política gubernamental. Es la sustancia de la democracia. Lo que no se puede, no se debe estar siempre al borde del precipicio, negando al Gobierno todo, sin reconocerle mérito alguno, y predicando la Apocalipsis, ya que de actuar así se desacredita. Pronto podremos ver que el Gobierno será el responsable de la gripe aviar. Tiempo al tiempo. Hemos visto y escuchado tal cantidad de sarta de mentiras a los dirigentes populares, que nuestra capacidad de asombro todavía no se ha agotado Estos comportamientos pueden explicarse porque nunca en nuestro país hemos tenido una derecha civilizada, abierta y auténticamente democrática, como ha sido la normal en otros países de nuestro entorno europeo. Además, como siempre ha detentado el poder, ha considerado e interiorizado que es propiedad suya, con un sentido patrimonial, y si en alguna ocasión la izquierda lo detentaba, se ha aprestado a arrebatárselo con prontitud sin reparar en medios. Tenemos abundantes ejemplos en nuestra historia de esta actuación. No es necesario repetirlos. Ahora su actuación sigue siendo igual, para desbancar del poder a los socialistas, usa todo, sea lo que sea, sin importarle poner todo patas arriba y meter el miedo en el cuerpo. El objetivo es volver a recuperar el poder con la mayor prontitud posible. No le importa que se abran brechas profundas en el sistema democrático, al justificar el discurso golpista del general Mena Aguado. Tampoco les importa jugar con fuego, con el tema del terrorismo; cuestionando la actuación de Rodríguez Zapatero, que no es diferente a la del Sr. Aznar. Los dos negociaron. Era su obligación la de tender puentes para alcanzar la paz. Como tampoco les importa enfrentar territorios dentro del Estado español. La desconfianza que han sembrado hacia Cataluña, será muy difícil de recuperar. En una institución de la derecha catalana, como es el Círculo Ecuestre, su presidente Manuel Carreras, le manifestó recientemente al Sr. Rajoy unas palabras duras y implacables, como éstas: No nos gusta ver al PP en los extremismos, se debe evitar la fractura entre Cataluña y España, aunque le reporte votos en otros lugares, no pueden mantenerse dos  años más una situación como ésta

 El PP actúa además dentro de una corriente ideológica, de una derecha ultramontana y montaraz, que se extiende como una marea negra por Europa o América, cuya principal estrategia es estigmatizar al contrario y que piensa que las ideas diferentes son subversivas, letales y por ello deben ser extirpadas. Ellos representan el Bien Absoluto, los otros el Abismo. No hay concesión alguna. Es una concepción maniquea. O blanco o negro.

Que los dirigentes populares actúen, como lo están haciendo, no debe preocuparnos, ya que se desacreditan ellos mismos. Lo grave es que, si tenemos en cuenta los datos de previsiones electorales, según la última encuesta del CIS, vemos que el PP recorta distancias con el PSOE. Un 38% respalda al partido de Rajoy y el 39,6 % está con el Gobierno. Si tenemos en cuenta que en las últimas elecciones generales votamos 25,8 millones, el 38% que respalda a los populares, supone ahora mismo que haya alrededor de 9,8 millones de españoles que, o bien se creen a pies juntillas todo lo que les dicen los políticos del PP o bien están dispuestos a votarles, aunque sepan que son mentiras. No sé cuál de las dos es peor. Como también lo es  el que estén sembrando la crispación en determinados sectores de la población, como nunca la habíamos visto en toda la democracia española; así como los enfrentamientos entre los pueblos de España. Y tampoco sale indemne nuestra reciente democracia. A ellos puede que no les importe, a la mayoría de los españoles de bien, nos duele profundamente. La democracia es tan digna, que con ella no se juega. La democracia no es un regalo del cielo, que viene sin más ni más. Hay que cultivarla y mimarla. Además este sistema político, es el que ha permitido alcanzar unas cotas de bienestar y desarrollo, como nunca las ha habido en esta nuestra querida España.

 

 

Cándido Marquesán Millán