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La jerarquía católica siempre igual

 

 

 

            Estamos observando estos días pasados en las jerarquías eclesiásticas españolas unos comportamientos hacia el gobierno de Rodríguez Zapatero que sobrepasan el límite de lo razonable. Una persona foránea, que llegase a España,  al comprobar tal dureza inmisericorde, pensaría que la iglesia española estaba siendo sometida a una auténtica persecución, semejante a la Diocleciano. Tales ataques recuerdan a los lanzados por la jerarquía española de tiempos de la II República. Los lamentos de los Ureña, Rouco, Cañizares parecen extraídos de la Carta Pastoral, de julio de 1933 del Arzobispo de Toledo, Primado de España, Isidro Gomá y Tomás, que lleva el título de Horas Graves. Las circunstancias son muy diferentes.

            De entrada debe señalarse, en un aviso a navegantes, que la iglesia católica española goza de todo tipo de prebendas y privilegios. Si alguno lo duda puede leerse los Acuerdos firmados entre el Vaticano y el Estado español en 1976 y 1979. Por ellos se pagan los sueldos de obispos y sacerdotes, a los profesores de religión, el mantenimiento del patrimonio artístico de la iglesia, ventajas fiscales, etc. Cualquiera podrá comprobar que en ningún país del mundo está mejor tratada la iglesia católica. Y a pesar de ello, se lanzan los jerarcas católicos al monte y encrespan a sus correligionarios a manifestarse en la calle, con todo tipo de verdaderas mentiras y falsas verdades. Resulta incomprensible. ¿Qué le ha hecho a la iglesia el gobierno socialista, para mostrarse tan dolorida? Siempre que llega al poder la izquierda la iglesia se solivianta. Mientras que cuando llega la derecha todo es quietud y sosiego. Ha sido siempre así. No hay más que estudiar nuestro pasado reciente.        

En los días previos a la reciente manifestación del día 12 de noviembre pasado, se oyeron cosas verdaderamente inconcebibles, que insultan a la inteligencia. Se decía que iba a desaparecer la clase de Religión; que la asignatura de Educación para la Ciudadanía serviría para adoctrinar y descristianizar a los alumnos, que se negaban derechos fundamentales de la Constitución, así como la libertad de elección de centro a los padres, etc. En ningún artículo del Proyecto de Ley Orgánica de Educación se dicen cosas semejantes. Puede leerse el articulado por arriba, por abajo, por los lados, y en absoluto se puede encontrar nada que justifique tal sarta de falsedades.  No quiero pasar por alto, una pancarta de una monjita, ignoro de qué orden religiosa era, que decía menos talante y más democracia. Tiene INRI la cosa, que una monjita a estas alturas de la película nos venga a dar lecciones de democracia. No quiero fijarme en todas las falsedades que se manifestaron, sólo quiero detenerme en la cuestión de la asignatura de Religión  y plantear algunas reflexiones sobre el particular.

La batalla emprendida por la defensa de la asignatura de Religión, tiene bemoles. Lo de menos es que sea evaluable y computable. La jerarquía católica parece estar más preocupada por la alternativa a la religión, que por la religión misma. De aprobarse esta petición significaría que aquel alumno que no deseara la asignatura de religión, se vería obligado a tener que estudiar a la fuerza la alternativa. Esto sí que es una imposición y un castigo. Actúan así nuestros jerarcas eclesiásticos porque saben perfectamente, que sin alternativa, muchos alumnos no  se matricularían en religión. Con esta actuación la iglesia  española demuestra su debilidad pastoral, ya que se ve incapaz para enseñar su mensaje o impartir su doctrina a las nuevas generaciones, en concreto a los niños y a los jóvenes. Cada vez más los templos están más vacíos de gente joven y sólo los llenan gente de edad avanzada; así como la escasez de vocaciones sacerdotales. Por eso lucha encarnizadamente para que el Estado aconfesional (laico en determinados aspectos) enseñe en los colegios privados y públicos, lo que ella se ve sin fuerzas para comunicar. Lo que quiere es que sean los poderes públicos los que enseñen la catequesis que ella no sabe cómo enseñar. Este es el problema de fondo y no otro.

Además de lo precedente, la impartición de la religión, sea católica, musulmana o Testigos de Jehová, en los centros educativos, podría suponer, lo que ya está ocurriendo, que alguien podría decir en un aula, financiada con fondos públicos, a los chavales, que no deberían usar los anticonceptivos, a pesar del SIDA; que la mujer es inferior al hombre o que no se puede hacer una transfusión de sangre, aunque ello suponga la muerte de un  ser humano. Estas afirmaciones sí que son graves y atentan contra los derechos humanos.

El problema se acabaría si se impartiera, en lugar de Religión, entendiéndola como catequesis, una Historia de las Religiones, donde aparecieran todas: la católica, la musulmana, la protestante, la budista, etc. La religión es un hecho cultural vinculado al ser humano. Difícilmente puede entenderse el pasado histórico sin el hecho religioso. Mas se debería explicar de una manera científica, enseñar la razón de ser el hecho religioso y su importancia, su estructura conceptual, social y económica, su larga y variada historia, sus manifestaciones artísticas y sus tradiciones, sus exigencias éticas, etc. Y por supuesto, sus aportaciones positivas y negativas a la historia. Las religiones han sido origen y causa, a lo largo de los tiempos, de lo mejor y de lo peor que se ha producido y vivido en la historia de los pueblos. Porque, como todos sabemos y si alguno no lo sabe todavía, debería saberlo que las religiones han producido seres que enaltecen al ser humano y otros que lo insultan. Las religiones han generado grandes héroes y grandes criminales. La iglesia católica, como otras religiones, puede servir de claro ejemplo. Frente a grandes hombres, que se han sacrificado por la humanidad; ha habido otros, que han producido grandes maldades. De los primeros podría servir de ejemplo Francisco de Asís; de los segundos el ínclito Torquemada.

A su vez la iglesia católica española da muestras palpables de debilidad moral. No tiene credibilidad para convencer a la gente para que adecue su conducta a determinados criterios morales que ella cree necesarios para que la sociedad se mantenga en cierto orden. En base a esta carencia, los obispos españoles se empecinan en que los poderes públicos obliguen a todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias, mediante leyes, a que se mantenga un determinado modelo de familia, de matrimonio, de comportamientos sexuales y de discriminación de sexos que la jerarquía eclesiástica considera que se debe imponer a la sociedad, en contra de amplios sectores de la iglesia católica, aunque ello pueda suponer discriminación entre hombres o mujeres, o humillación a importantes colectivos, como los homosexuales.

Sería conveniente y deseable que las altas jerarquías eclesiásticas españolas llevasen a cabo una profunda reflexión, para diagnosticar las razones auténticas de esa debilidad cada vez mayor e irreversible, si no lo remedian. Mas dudo que lo hagan. Ya que ellas nunca son culpables de nada. Los culpables siempre son otros. Obviamente entre ellos está el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

 

 

Cándido Marquesán Millán

Otro mundo es posible, tiene que ser posible

 

 

 

 

            Todos los acontecimientos que están ocurriendo en estos momentos en Irak, una de las cunas de la civilización, son tétricos, aunque eran previsibles. Se está produciendo una auténtica sangría humana, que parece no tener límites. Es un pozo de sangre que nunca se llena. La especie humana ha dado muestras continuamente a lo largo de la historia de una capacidad autodestructiva impresionante. Después de un Hitler, viene un Franco y luego un Pol Pot. Y luego vendrá otro que hará buenos a los anteriores. No tenemos remedio. Nos proclamamos animales racionales, con lo que insultamos a los animales. En las fértiles orillas de los ríos Tigris y el Eufrates, todos los días y a todas las horas, se producen cada vez más muertes. Si un día perecen veinte, al día siguiente son treinta. Cada día más. Ya nos hemos insensibilizado en el mundo occidental. Nos da lo mismo. Nos resbala. El ser humano tiene gran capacidad para asumir todo: muertes, catástrofes, epidemias.

            ¿Quiénes han sido culpables de todo esto? No creo sea necesario mencionarlos, ya que todos los conocemos. Nos argumentaron en una pequeña isla del Atlántico, para justificar la intervención, con la existencia de un supermercado de armas de destrucción masiva, de combatir una dictadura, y de implantar la democracia. A mí y a otros muchos no nos convencieron estos argumentos. Eran otros, que estaban impregnados de olor a petróleo o de motivaciones geoestratégicas. Mas cada uno es libre de pensar lo que le parezca oportuno. Allá cada cual con su conciencia. Mientras tanto, el Sr. George W. Bush no tuvo impedimento alguno en decir que lo ocurrido en la mezquita de Samarra, obra maestra arquitectónica de 1200 años de antigüedad, y que los suniíes siempre habían respetado, era un crimen sin sentido, es una afrenta contra los creyentes de todo el mundo. EE:UU condena este acto cobarde.  En la misma línea argumental, de todo lo que está pasando ahora mismo; no sé, ya no se pueden contar, si son 120 0 150 los muertos, o si son chiíes o sunniíes las víctimas, el mundo occidental no se siente en absoluto responsable. Avispados y perspicaces analistas políticos encuentran fáciles, sencillas y autoexculpatorias explicaciones. Pasa lo que tenía que pasar. Es que son unos fanáticos, anclados todavía en el Medievo, que no han recibido el baño beneficioso de la Ilustración y la Revolución Francesa. Esto pasa porque no han leído a Rousseau ni a Montesquieu. No conocen los principios de la soberanía nacional y la división de poderes. Es que están envenenados por los mensajes incendiarios de los imanes de las mezquitas. Están imbuidos perniciosamente por las suras del Corán. En consecuencia, el atentado en la mezquita de Samarra ha sido obra Al-Qaeda, del sionismo internacional,  o de algún otro grupo terrorista islámico, que tampoco resulta muy difícil encontrar alguno, como Hamas. Y no se necesitan más disquisiciones.

No obstante, siendo gravísimo todo lo que ya está ocurriendo, lo es más todavía el que no se vislumbra solución alguna y que el mañana es siempre mucho peor que el ayer.  Ahora este país es un auténtico lodazal, sobre el que todo el mundo se cree en el derecho de intervenir. El vecino Irán, con su líder Mahmuh Ahmadidineyad parece presto a actuar para defender a los chiíes irakíes. Arabia Saudí guarda odios ancestrales y muy enraizados contra los chiíes. Los kurdos, tampoco podrían evitar verse salpicados, lo que implicaría a la seguridad de Turquía, país vecino de Irak y además de miembro de la Otan y aspirante candidato a la Unión Europea. Rusia tampoco quiere permanecer al margen. Grupos terroristas de distinto pelaje, actúan y actuarán para pescar en río revuelto. En medio las tropas de Estados Unidos, que llevan ya más de 2.000 muertos; y las de Gran Bretaña, que recientemente acaban de enterrar al soldado número cien en un cementerio rural. Resulta inexplicable que la sociedad norteamaricana y británica no reaccionen, como se produjo en la Guerra de Viet-Nam. Si no lo hacen es que carecen de pulso, como si estuvieran sumidas en el sopor.  Reconociendo que Sadam Hussein era un lamentable y despreciable dictador, una especie de sátrapa oriental, Irak a este paso lo va a añorar. Con él  era imprevisible un enfrentamiento entre suniíes y chiíes, en consecuencia los irakíes van a echar de menos las cadenas del tirano, aunque fuera la paz de los cementerios. Mientras tanto, nosotros, los occidentales, nunca somos culpables de nada. Nosotros, los occidentales, los forjadores de los Grandes Imperios, en aras de expansión la civilización, siempre hemos actuado, movidos por fines altruistas. Y nos quedamos todos tan tranquilos. ¡Que desfachatez¡ Esto no puede, no debe seguir así. Otro mundo tiene que ser posible. De lo contrario, todos los indicios parecen conducirnos inexorablemente al desastre.

 

 

 

Cándido Marquesán Millán

             

Mal inicio de Felipe Calderón

 

 

            Nada más que ha llegado al poder Felipe Calderón, con todas las incidencias ya conocidas, ha mostrado sus intenciones a la hora de solucionar los muchos y complejos problemas que padece su país. Uno de los más enrevesados es el de Oaxaca. Para abordarlo se necesitan grandes dosis de tacto e inteligencia. Sin embargo, Calderón ha tirado por la calle del medio. Ha detenido a algunos de los dirigentes del APPO (Asociación Popular de los Pueblos de Oaxaca), como Flavio Sosa Villavicencio y su hermano, a instancias de la Policía Federal Preventiva y la Agencia Federal de Investigación. Los cargos que se le imputan son los de lesiones, robo, daño a la propiedad ajena y pandillerismo. Es muy fácil, cuando se quiere inculpar a alguien que estorba, encontrar cargos contra él. Y todavía más en Méjico. En un vídeo publicado  por El Universal, Flavio lo ha dicho muy claro que lo que busca el APPO, movimiento con más de 350 organizaciones y con un Consejo estatal, es la búsqueda de la democracia en Oaxaca.  Si de lo que se trataba, en aras de solución del conflicto, era tender puentes, mal camino es el dinamitarlos. No son acordes estas actuaciones con las palabras transmitidas por Felipe Calderón en su discurso de investidura: Reitero formalmente mi invitación al diálogo con todas las fuerzas políticas. Ya se comenta que esta detención es una concesión de Calderón al Gobernador de Oaxaca del PRI, Ulises Ruiz, ya que su partido en la toma de posesión del Presidente prestó su partido un apoyo tricolor, ya que sus diputados se presentaron con banderitas tricolores, cual si fueran colegiales de primaria. Mientras tanto, López Obrador ha dicho que apoyará a Flavio.

 El conflicto ya lleva su tiempo.  El 22 de mayo se planteó en el Estado de Oaxaca, con enormes riquezas turísticas, llámese arte, comida, playa o pirámides y patria de Benito Juárez, al que se atribuye la frase: Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la PAZ,  un conflicto de los maestros dirigido por la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza, solicitando reclasificación de plazas y aumento de sueldos. Este hecho no es novedoso. Lo tradicional ha sido que los Gobiernos les concedan un ínfima parte de sus peticiones, por lo que al año siguiente, en torno al 15 de mayo (día del maestro) vuelven a la carga, haciendo plantones, rodeando el Palacio de Gobierno de Oaxaca, logrando paupérrimos triunfos; el paro duraba pocos días, pero ahora ya son varios meses.

            Los maestros se manifestaron pacíficamente e hicieron un plantón en el Zócalo (Plaza de Oaxaca), de donde el 14 de junio, cientos de policías intentaron desalojarles de manera contundente, a lo que respondieron los maestros con piedras y palos. El gobernador del Estado, Ulises Ruiz, del PRI, al que se atribuye la frase: Campaña (electoral) que no deja (dinero) para (adquirir) un rancho, no es campaña, prefirió el uso de la fuerza al diálogo, lo que supuso la radicalización de los maestros, exigiendo su la dimisión. Entre el 17 y 21 de junio se constituyó la APPO, conjunto de diferentes movimientos sociales, que ha llevado a cabo estos meses marchas multitudinarias, ha ocupado edificios de gobierno, vehículos oficiales, estaciones de radio y carreteras. Acaba de celebrar un Congreso para institucionalizarse con sus propios estatutos, que para empezar a negociar exige la dimisión de Ulises Ruiz, al que acusa de fraude de malversación de fondos para apoyar a Roberto Madrazo en las últimas elecciones.

            Ante la radicalización de los acontecimientos desde el Legislativo Federal se le instó a Ulises a que dimitiese. Vano Intento. Por ende, llegó a Oaxaca la Policía Federal Preventiva (PFP) el 29 de octubre con material antidisturbios, actuando de una manera expeditiva para desalojar a maestros y miembros del APPO del centro histórico de la capital y la plaza del Zócalo, violando, incluso, la impunidad de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Van ya 17 muertos, 334 detenidos y decenas de desaparecidos. También han irrumpido grupos paramilitares, vinculados a Ulises Ruiz. El incendio va a más, ya que se extiende a los Estados vecinos. En Michoacán por solidaridad hay una huelga de maestros. Desde Chiapas hay una marcha hacia Oaxaca de los indígenas tzotziles, portando 5 toneladas de alimentos a la APPO.

Aquí en Oaxaca hay muchos culpables. Uno, el primero, FOX, “El hombre de las botas”, que utilizó el problema de Oaxaca, lo azuzó con fines politiqueros; tuvo mucho que ver en las solicitudes de los maestros, no proveyéndoles de recursos para los aumentos de salarios. La  prestación del servicio educativo se otorgó a los Estados, sin embargo, no se les facilitó el presupuesto, que lo sigue controlando la Secretaría de Educación Pública, quien concede el dinero según el pelaje de los gobernadores. Oaxaca, con gobernador del PRI, se ha visto privado de él. También ha tenido mucho que ver Elba Esther Gordillo, que ni siquiera es maestra, “propietaria” de un sindicato del gremio más fuerte de América Latina, en alto grado de putrefacción el SNTE, que cambió sus estatutos para ser su Presidenta, algo inusitado en un sindicato; aliada de Fox, saturada de dinero  y poder; el primero, producto de cientos de miles de millones de pesos de las cuotas de los afiliados, a los que obliga a sindicarse; el poder, le viene de sus arreglos con gobernantes corruptos, a los que amenaza con huelgas o paros en la enseñanza. Azuzó en Oaxaca a través de la Sección 22 del SNTE, que sin serle totalmente afín, si está de acuerdo en tirar a Ulises Ruiz, lo que beneficiaba a Elba, quien de repente se volvió enemiga de Madrazo. Tampoco está libre de culpa el líder de la Sección 22 del SNTE, Enrique Rueda Pacheco, vinculado con el PRD de López Obrador, al que le interesa la explosión social.

 Como hemos comentado al inicio del artículo, la cuestión de Oaxaca, tiene visos de emponzoñarse.  Tiempo al tiempo. Y eso que por parte de APPO se han presentado como negociadores ante la Secretaría de Gobernación, 4 miembros de la Liga Mexicana de Derechos Humanos, el arzobispo emérito Samuel Ruiz y Miguel Álvarez por el Servicio para la Paz.

 

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

             

 

Navidad = Consumo y Diversión

 

 

 

            Mi querido lector, en un aviso a navegantes, si no quieres molestarte, te rogaría que no leyeras las líneas que siguen a continuación. Hecha la advertencia, prosigo en mi disertación. No obstante, vuelvo a advertirte que podrían molestarte algunos de los juicios y afirmaciones que voy a expresar. Nadie puede llamarse a engaño.

En estos inicios del siglo XXI, si algo caracteriza al hombre del mundo desarrollado es la vorágine desenfrenada por el consumismo y la diversión, que demuestran una especie de infantilismo perpetuo, producto de un desencanto y desasosiego manifiesto y perenne. Todos tenemos el derecho a comprar, sin importar lo que sea. Todos tenemos el derecho a divertirnos sin reparar en lo que sea. ¡Que nadie se atreva a cuestionarnos estos derechos! Si alguien tiene esa pretensión, se verá sometido a todo tipo de improperios. Y especialmente, en  estos días de Navidad. Mas estos comportamientos tiene su explicación. Hoy en los países desarrollados, disfrutamos de unas cotas de libertad y de bienes materiales, como nunca había ocurrido en la historia humana.  Con el advenimiento del Estado de Bienestar, cualquier ciudadano está cubierto ante cualquier contingencia que se le pueda presentar, sea la que fuere: vejez, paro, enfermedad, etc. Mas  el que tengamos a nuestro alcance más y variadas cosas, no trae como corolario una mayor satisfacción y desarrollo personal.  Ocurre, a veces, muy al contrario.  Nunca como ahora, se presenta tanto desencanto y desazón, lo que no deja de ser paradójico. Mas es así. Por ende, buscamos válvulas de escape de diversas maneras.

Una de ellas es el consumismo. Ese frenesí enfermizo de consumir, por el solo hecho de hacerlo, no significa mayor liberación, sino todo lo contrario, mayor esclavitud. Lo queremos todo aquí y ahora, como si fuéramos niños. El principio cartesiano de: Cogito, ergo sum; hoy debería sustituirse por: Consumo, luego existo. El consumo se ha convertido en una religión degradada, es la creencia en la resurrección infinita de las cosas, cuya Iglesia es el supermercado y la publicidad los Evangelios. Acudimos a los Grandes Almacenes a comprar, en la mayoría de las ocasiones objetos fútiles, no para disfrutarlos, sino para aquietar nuestro desasosiego. Por ello nos sentimos melancólicos y nerviosos los domingos, porque ese día los establecimientos comerciales permanecen cerrados, la actividad está suspendida; y nos encontramos entregados y enfrentados a nosotros mismos, a nuestra desazón, vagando por las calles como almas en pena. Esperamos con fruición los lunes, para que vuelvan a subir las persianas los comercios y así nos recuperamos de esa especie de zozobra aflictiva. Si ya tenemos este sentimiento consumista todo el año, este se multiplica con la llegada de la Navidad, que nos empuja, en una especie de locura colectiva, a comprar por comprar, como si nos fuera la vida en ello. Compramos de todo: belenes, vírgenes, reyes magos, sanjosés, corbatas, zapatos, consolas, muñecas, ordenadores, colonias, ropa interior, etc. Estas fiestas se traducen en una orgía adquisitiva, facilitada por la paga extra, aunque pronto está hipotecada. Es una desvergüenza mercantil única en todo el año, que nos deja a todos al borde de la bancarrota. Y si no hay dinero, da lo mismo, para eso están las tarjetas de crédito, con el que pedimos prestado al futuro. Como en el famoso cuento, se trata de suprimir cualquier intervalo entre la formulación de un deseo y su consecución: lo único que importa no es lo que puedo, sino lo que quiero. La tarjeta de crédito nos oculta el sufrimiento de tener que pagar para obtener las cosas, y al no pagar con dinero, creemos que todo es gratuito. Se acabaron las costosas contabilidades. La hipoteca del futuro es poca cosa comparada con la extraordinaria felicidad de tener de una manera inmediata lo que se codicia. Mas al final la verdad desagradable asoma, y el pago efectivo llega inexorablemente. La diferencia entre el antes y el ahora es grande. Antes,  nuestros padres nos educaban para ahorrar, ahora a nuestros  hijos los educamos para consumir. Por ello, los padres acostumbramos muy pronto a nuestros hijos a consumir; antes de que sepan andar, los llevamos en sus cochecitos, a los Grandes Almacenes. No queremos que sean unos adaptados. Hay que prepararlos, no vaya a ser que les generemos algún trauma.

            Otra válvula de escape, no menos importante, ante esta desazón es el afán desenfrenado por la diversión, como si fuéramos niños. Creemos tener derecho a la diversión perpetua. Estamos convencidos. Por ello sacralizamos los fines de semana. Nada lo demuestra mejor que esa auténtica locura por salir a la montaña y a la playa, nada más llega el mediodía de los viernes. No nos detiene nada. Este sentimiento también se multiplica en estas fiestas. Tenemos que divertirnos mucho más. Para ello buscamos trajes cada vez más caros y sofisticados, y cotillones más  pantagruélicos en los hoteles o restaurantes más suntuosos para la noche de Fin de Año. Como si todavía no fuera bastante necesitamos, a veces, viajes a los lugares más exóticos y sorprendentes. Ya nos sabe a poco hacerlo a St. Moritz, en los Alpes Suizos; o a Punta Cana, en la República Dominicana. El precio no importa. Todo sea por disfrute, la diversión y el goce continuo. Tenemos derecho al descanso y relax, después del largo año de duro trabajo. Pero,  cuanto más gastamos, más salimos, más insatisfacción. Nunca estamos contentos. De ahí el malestar del día después y los traumas posvacacionales.

Sería conveniente y deseable que reflexionásemos un poco, porque este camino no lleva a ninguna parte. Por lo menos, así lo creen conspicuos sociólogos y filósofos, y algunos ciudadanos de  a pie

 

 

 

 

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLAN

           

 

 

Otra derecha

 

 

 Que la izquierda en España haya detentado el poder ha sido la excepción. Esta extraña circunstancia sólo se ha producido en escasas ocasiones y breves períodos de tiempo: en el siglo XIX, en los períodos de (1808-1814), (1820-1823)  y en el Sexenio Revolucionario (1868-1874); en el siglo XX, durante la II República y los gobiernos de Felipe González; y en siglo XXI con el actual de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

 Como la derecha  ha detentado y usufructuado siempre el poder en España, con las excepciones susodichas, ha llegado a interiorizar que tiene derecho a detentarlo per secula seculorum, a instancias de algún mandato divino, gratia Dei. Por ello, si no lo tiene, piensa que es algo antinatural y que le ha sido arrebatado injustamente. Por tanto hay que reconquistarlo con rapidez y como sea. Antes, sin reparar en los medios, como lo hizo Fernando VII al reinstaurar  el absolutismo en 1814  con el apoyo del general Elío y  en 1823 con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo el auspicio de la Santa Alianza; en 1874 con el pronunciamiento de Martínez Campos o  en  1936 con el Golpe militar de 18 de julio.

 

Ahora ya instaurada la democracia, pudimos comprobar las artimañas y los procedimientos utilizados por la derecha para derribar al gobierno de Felipe González, hurgando en sus errores cometidos y llevando a cabo una labor planificada e inmisericorde de acoso y derribo, que finalmente le sirvió para alcanzar el poder en las urnas. Ahora, con el gobierno de Rodríguez Zapatero la actuación es semejante. Los Rajoy, Acebes, Zaplana, se mostraron incrédulos de que hubieran perdido las elecciones. No podían creerlo. Se debía a alguna conjura. ¡Qué cosas al respecto hemos tenido que oír y algunos ínclitos periodistas siguen todavía con lo mismo!  Finalmente muy a su pesar, no les quedó otra opción, tuvieron que aceptar la derrota. A partir de este momento, diseñaron una estrategia para recuperar el poder, y aprovechar cualquier coyuntura para derribar al Gobierno. Les da lo mismo. Juegan con fuego.  Lo único que les importa es vencer al enemigo, lo de menos es convencer. Los dirigentes del  PP actúan dentro de una corriente ideológica, de una derecha ultramontana y montaraz, que se extiende como una marea negra por Europa o América, cuya principal estrategia es estigmatizar al contrario y que piensa que las ideas diferentes son subversivas, letales y por ello deben ser extirpadas. Ellos representan el Bien Absoluto, los otros el Abismo. No hay concesión alguna. Es una concepción maniquea. O blanco o negro. Esta derecha al no conseguir sus propósitos además de nerviosa se muestra siempre triste, avinagrada, tosca y malcarada. Ni una sonrisa, ni una broma. Siempre mal genio y enfado continuo. Quien puede servir de paradigma de este comportamiento es el secretario general del Partido Popular. Aunque tampoco es nada nuevo. Basta recordar las intervenciones broncas y hoscas en el Parlamento del Sr. Áznar, o las apariciones públicas del Sr. Fraga y eso que estaban gobernando. Tampoco deberíamos sorprendernos, ya que siempre se ha mostrado cabreada y enfadada.

 

 

 

Además también lo normal ha sido tener una derecha autoritaria y antidemocrática. Sus principales referentes han sido José M Gil Robles, Ramiro Ledesma, López Rodó, Manuel Fraga y Aznar. Con estos referentes podemos entender que la derecha actual no se atreviera recientemente a condenar con coraje las manifestaciones golpistas de un alto cargo del ejército, argumentando que estaba pasando lo que tenía que pasar. Como tampoco a condenar el Golpe de Estado de julio de 1936. Y como no se atreve a cortar su cordón umbilical con el franquismo, se oponga visceralmente a la recuperación de la Memoria Histórica.  Por ello,  hoy no es homologable a las derechas europeas de Francia, Inglaterra o Bélgica, que, a gusto y sin complejo alguno, junto a la izquierda participan en actos de condena del fascismo. Estos comportamientos diferentes pueden explicarse. Al otro lado de los Pirineos las derechas lucharon contra el fascismo, aquí luchó, con la bendición de la Iglesia católica y el apoyo incondicional del ejército, terratenientes y capitalistas, contra el movimiento obrero y republicano. Ahí radica la diferencia.

 

 Por todo ello,  parece urgente que la sociedad española tenga un gran partido de derechas equiparable a los de otras latitudes europeas. Necesitamos una derecha más democrática, más moderna, más brillante y con otro equipo de dirigentes. Por lo menos, así yo lo veo.

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Cándido Marquesán Millán

Triste espectáculo en Méjico

                                                                                                         

 

 

            Todos los acontecimientos recientes de Méjico, mezcla de sainete y tragedia, generan un profundo malestar a cualquier persona sensata. Ver en el Parlamento los comportamientos tabernarios, con golpes, empujones, insultos de los diputados del PAN y del PRD, representantes de la soberanía popular, es un espectáculo lamentable, indigno en un sistema democrático y que dejará una huella indeleble en la retina y la memoria de la sociedad mejicana. Tampoco están libres los priístas y el resto de los partidos minoritarios. Todo, en realidad digno de un reality show, ha desnudado, una vez más, las miserias de su clase política y que parece estar conduciendo al país a un camino sin retorno. Pocas veces unos políticos pueden caer tan bajo, al desconocer el significado de la palabra honorabilidad. El Congreso mexicano quedó envilecido, aquí y en todo el mundo. En la página electrónica de CNN aparece una amplia colección de decenas de fotografías que dan cuenta de tal desmadre y cuyo título lapidario es “Is the way argue in México”, “Así se discute en México”; y hasta en la página de Aljazeera English la cosa no fue mejor; “Democracia a la mejicana”, comparándola con países tan civilizados como Indonesia o Haití.

            El episodio parece un síntoma razonable de que Méjico está en una situación explosiva, previa al borde una guerra civil.  Cabe confiar en que el pueblo no siga el ejemplo de su clase política. No obstante, conviene indagar las causas de cómo ha podido llegarse hasta aquí.

            Hace muchos años ya que la corrupción es una costumbre generalizada. En este contexto aparecieron las irregularidades en las que se vio incurso de pleno el gobierno de Vicente Fox para que ganase las elecciones Felipe Calderón. Todos los indicios señalan que hubo fraude. De hecho, el propio Tribunal Electoral así lo reconoció. Constató las irregularidades electorales y la intervención interesada del Gobierno y del Presidente de la República para influir en los resultados. El Tribunal, cabe pensar que de buena fe, para no generar una grave crisis institucional, se opuso al recuento de votos en pro de una transparencia, como exigía la ciudadanía Al dar por válida la elección, en lugar de anularla para repetir unos nuevos comicios, Felipe Calderón fue declarado Presidente sin borrar las sospechas de un posible fraude. Los magistrados cometieron un error grave de cálculo. Intentando evitar una crisis, lo que han conseguido es acrecentarla. No se apercibieron de que la crisis ya existía: de las instituciones, del sistema político, y de la misma sociedad. El fraude no fue más que el detonante.

            López Obrador ha fracasado estrepitosamente en sus diferentes intentos de impedir el acceso a la Presidencia a Felipe Calderón. Cabe pensar que lo seguirá intentando, ya que su ego está dolido, el rencor grande y la ambición de poder inmensa. Debería recapacitar para no conducir a su partido y a él mismo a un abismo, del que será harto difícil salir en un futuro próximo. A estas alturas la realidad es la que es, de poco importa saber quién tuvo razón. Para López Obrador y los suyos el margen de maniobra es escaso, el futuro sombrío, ya que el camino escogido  y seguido es de corto plazo.

 Es cierto que Calderón recibió el poder a medianoche, a hurtadillas, rodeado de muchos militares y pocos civiles, aislado del pueblo de Méjico. Este espectáculo- transmitido por radio y televisión en vivo- fue privado en casa presidencial de Los Pinos. El juramento del cargo en el Palacio Legislativo fue tormentoso, con escasa presencia de Jefes de Estado, ya que muchos gobernantes declinaron la invitación. Mientras tanto López Obrador encabezaba una manifestación tumultuosa que culminó en el Auditorio Nacional. Mas a  pesar de todo, lo incuestionable es que Felipe Calderón es el Presidente Constitucional, pero el más débil que nunca haya tenido Méjico. Y es así porque apenas obtuvo el 35,9 % de los votos; su partido no cuenta con mayorías absolutas en el Congreso; los gobernadores panistas son 9 de un total de 32 y sólo cuentan con el 17,95 % de los alcaldes. Debilidad política clara, pero ya tiene en sus manos la disponibilidad de todos los inmensos recursos del Estado, así como el mando de las Fuerzas Armadas, a las que acaba de obsequiar con fuertes incrementos salariales. Otra realidad indica que el mayor problema de Calderón, no es López Obrador con sus locuras y sus numerosos adeptos, sino combatir y someter el narcotráfico, redistribuir el reparto de la riqueza nacional, combatir y erradicar la pobreza, impulsar el desarrollo regional, reorientar las políticas sociales de salud, empleo y educación. Y, sobre todo, llevar a cabo una profunda reforma estatal, que abarque diferentes ámbitos: político-electoral, hacendística y fiscal, laboral, energética y de seguridad nacional. La tarea es complicada. Los obstáculos gigantescos. Un buen gobernante, con criterio y sentido común, cualidades de las  que han carecido el Presidente Fox y la mayoría de los Presidentes que le han precedido, con la excepción de algunos como Lázaro Cárdenas, podría sacar a este país de esta larga travesía en el desierto, si es capaz de ilusionar a su pueblo en un proyecto común.  Méjico tiene todo: población, juventud y recursos. Debería salir  de este túnel. Se lo merece.

 

 

Cándido Marquesán Millán

Rebelión latina en USA

 

 

 

 

Numerosas ciudades norteamericanas se han visto sorprendidas por la macromarchas de muchos latinos, que se han rebelado ante el temor de una legislación represiva para los aproximadamente 12 millones  de ilegales. La protesta, apoyada por múltiples colectivos: iglesias, sindicatos, afroamericanos, medios de comunicación, seguirá con una Jornada para 1º de mayo, de huelga laboral y estudiantil, y que exigirá además que nadie venda ni compre nada americano para mostrar el gran poder de la comunidad de inmigrantes latinos en USA.” También se ha pedido solidaridad en Méjico a este  boicot, y que por ello no se haga ninguna llamada, ni se compre ni viajen a USA, y no se beba Coca-Cola, sólo horchata y jamaica. Este movimiento social  nacido a lo  Fuenteovejuna, ya que no tiene un líder como Martín Luther King en su lucha por los derechos civiles; ni tampoco un Cesar Chávez, que encabezó la lucha a favor de los sindicatos agrícolas en los 60 o 70 del siglo pasado, según todos los indicios se va a intensificar, mientras no alcance sus objetivos.

En USA la presencia latina resulta imprescindible a nivel económico. Sus emigrantes, legales o no, son la espina dorsal del sector agrícola en California, y en todo el país, en hoteles, restaurantes y construcción. Los 11,5 millones de indocumentados se reparten así: 6,2 son de México, 2,5 de América Latina, 1,5 de países asiáticos, 1 de Canada, Europa y África. Estos cubren el 25% del trabajo agrícola, el 17% de la limpieza, el 14% de la construcción y el 12% de la industria alimentaria. Si tenemos en cuenta este hecho, el cambio normativo que se pretende tiene menos que ver con la economía que con la xenofobia. Además resulta paradójico que esta nación de inmigrantes, donde virtualmente cada apellido esconde un origen foráneo, se encuentre discutiendo para expulsar, criminalizar y construir muros en su Frontera Sur. Los emigrantes aportan savia nueva, dinamismo económico y enriquecimiento cultural. Desde el año 1950, el 28% de los norteamericanos que han obtenido el Nóbel, han sido inmigrantes.

 Por otra parte, el que exista emigración ilegal hacia USA, demuestra que las leyes en este país no se ajustan a la realidad, ya que la demanda de mano de obra excede con creces las cuotas de emigración. A muchos grandes empresarios, les interesa la presencia de emigración ilegal, ya que así la pueden explotar. Esta circunstancia permite que 2 millones de trabajadores cobren por debajo del sueldo legal; otros 2 no tengan seguros, ni pagas extras, algo que no tolerarían los norteamericanos. A este movimiento reivindicativo latino, tradicionalmente apático, le han insuflado aire los partidos políticos: el republicano y el demócrata. Los legisladores, ante el problema migratorio, han generado un tenso debate, teniendo a la vista las elecciones parlamentarias de noviembre. Deben articular una normativa que compagine la seguridad en la frontera y la posible legalización de unos 12 millones de ilegales. Los republicanos sin liderazgo y divididos en el Senado deben contentar a la vez a los más conservadores de su partido y no perder votos o intentar ganarlos entre los más de 40 millones latinos. Los demócratas quieren aparecer como sus defensores. De ahí las escaramuzas políticas de estos días en la Cámara Alta, en las que ambos partidos se acusan mutuamente de no haberse firmado ya el acuerdo al Proyecto de Frist-Hagel-Martínez, que clasifica a los emigrantes en tres clases. Los que llevan más de 5 años pueden acceder a la ciudadanía, si pagan una multa de 2.000 dólares y las tarifas de solicitud, pagan impuestos federales y estatales atrasados, y demuestran conocimientos del inglés y en 11 años tendrán la ciudadanía. Los segundos, los inmigrantes indocumentados que llevan de 2 a 5 años, pueden participar en un plan de trabajo temporal, pero deben salir del país; y después de un periodo de varios años, pueden buscar su cambio de estatus legal a residente, pero no tienen garantía legal de obtenerla, pues habrá un cupo anual de tarjetas de residentes (green cards), que será elevado de 290.000 a 450.000 al año. El tercer grupo, que llevan menos de dos años, deben salir y solicitar entrar en el plan de trabajo desde sus países de origen. Este proyecto finalmente mantiene la contratación de 12.000 agentes de la Patrulla Fronteriza a lo largo de 5 años, así como el Plan para legalizar a 1,5 millones de trabajadores agrícolas, la mayoría mejicanos de California. Tal Proyecto resulta suave si se compara con la anterior Ley Sensenbrenner HR 4437(Ley 2005 para la Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de la Inmigración Indocumentada), aprobada en la Cámara de Representantes, el pasado 16 de diciembre, que, entre otras cosas, supone el castigar con más de 5 años de cárcel a cualquiera que apoye a algún ilegal, el construir una especie de “Muro de Berlín” en la frontera con Méjico, el que los empleadores deben comprobar que sus empleados están legales y tienen permiso de trabajo; la información debe ser enviada a las autoridades federales; se aumentan los cargos civiles y criminales contra los empleadores que controlen indocumentados; éstos no tendrán un día en Corte con un Juez de Inmigración, se aceleran las deportaciones, no sobrepasando los 14 días de arresto; se incorporan nuevos fondos para nuevos agentes de la Patrulla Fronteriza y se incorporan nueva tecnología y nuevos inspectores.

La migración no puede no debe criminalizarse, ya que tiene su origen en la desesperación no en la perversidad. Además resulta imparable y se incrementará, mientras el mundo esté configurado así y siga aumentando la brecha  abierta entre los países ricos y pobres. En este mundo globalizado que no pone traba alguna a los intercambios de servicios, bienes y capitales; en cambio si la sufren los seres humanos, tal como lo demuestra El Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Por ende,  mientras un padre de familia o un joven no tenga futuro en su patria, tal como ocurre en toda Hispanoamérica o en África, no le importará atravesar desiertos, como en Arizona, desafiar  aguas turbulentas en una patera en el Estrecho de Gibraltar o saltar vallas en Ceuta, en busca de un mundo mejor, aunque puedan ser detenidos, violados o muertos en las fronteras. Y si llegan a la “Tierra Prometida”, el camino que les espera será arduo. Se les acusará de todo: quitar puestos de trabajo, de quebrar la Seguridad Social y aportar crimen, enfermedad  y hasta terrorismo. A pesar de todo seguirá habiendo emigrantes.

 

 

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

Los obispos españoles ante la Guerra Civil

 

 

Ha sido y sigue siendo una constante histórica, que nada más llega al poder en España la izquierda, nuestros conspicuos y egregios purpurados se pongan en  pié de guerra. Mientras gobierna la derecha, todo es sosiego y quietud. Cabía pensar que con el nuevo siglo XXI esta tónica cambiaría. Vano intento. Seguimos en las mismas. Da igual que el Gobierno les haga concesiones magnánimas, como el ventajoso acuerdo de financiación. El día después vuelven con las mismas. Nunca aceptarán nuestros obispos un gobierno de izquierdas.  Sería algo contra natura.

 

Como prueba irrefutable de todo lo antedicho, puede servir el reciente documento de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España.  El Título I se subdivide en tres apartados: La reconciliación amenazada, La difusión de la mentalidad laicista, y Sobre las causas  de esta situación. Ahora sólo pretendo escribir unas líneas sobre el primero.

 

La Conferencia Episcopal se refiere a dos datos de la historia reciente. El primero, después del régimen político anterior-así denomina al régimen de Franco- es el advenimiento de la democracia,  a cuya llegada se arroga la Iglesia católica un gran protagonismo, facilitando una transición fundada en el consenso y la reconciliación entre los españoles. Así fue posible la Constitución de 1978, basada en el consenso de todas las fuerzas políticas, que ha permitido treinta años de prosperidad y estabilidad, con las excepciones de las tensiones normales en una democracia moderna, poco experimentada, y de los ataques del terrorismo. Esta situación puede quebrarse, ya que la sociedad vuelve a hallarse dividida y enfrentada., como consecuencia de la “Memoria Histórica”, guiada por una mentalidad selectiva, que abre de nuevo viejas heridas de la Guerra Civil y aviva sentimientos encontrados que parecían estar superados.

 

Los obispos españoles han desaprovechado de nuevo una ocasión de mantener cierta equidistancia en el debate político, al suscribir por completo en el tema de la  Memoria Histórica las posturas del Partido Popular.

 

La Memoria Histórica pretende estudiar nuestro pasado histórico, sin prejuicio alguno; tal cual es, sin filtro previo alguno, sin esconder nada para  estudiar todo y no sólo una parte. Como ha señalado Hobsbawm no se puede renunciar a la verdad, a conocer lo que ocurrió, a saber de las responsabilidades de cada cual. Es necesario seguir investigando, pero no para convertir la verdad en un permanente campo de batalla, sino para propiciar la reconciliación sobre la base de un conocimiento crítico del pasado. La lucha contra el olvido es el instrumento de resistencia contra todas las formas de neonazismo. Cuando se sabe toda la verdad es cuando puede existir una auténtica reconciliación. Aquí nadie busca reabrir heridas, ni revanchismo alguno.

 

A las generaciones actuales alguien debe enseñarles que cientos de miles de españoles fueron muertos o represaliados por el Funeralísimo, según palabras de Alberti, acusados de haber cometido el “delito” de afiliarse a un partido político o sindicato obrero; y haberse opuesto al Golpe militar de los Mola, Queipo de Llanos, Cabanellas o Franco. Mas no podemos, no nos dejan recordarlos ni rehabilitarlos. Hasta esto nos lo quieren impedir. Con el olvido nos los quieren matar de nuevo. Por el contrario, es y debe ser una obligación moral y cristiana el restaurar y ennoblecer las imprescindibles señas de identidad de todos aquellos a quienes pretendieron arrebatárselas y que, además de perder la guerra, se dejaron en el camino la juventud y las ilusiones aquel 1 de abril de 1939 que de una manera inmisericorde fue bautizado por los vencedores como Tercer Año Triunfal y Año de la Victoria.

 

 Nuestros obispos tampoco aceptan el entregar unas placas conmemorativas a los descendientes de los muertos en los campos de concentración nazis de Güsen, Mauthausen o Dachau; homenajear a alcaldes o concejales republicanos, escribiéndoles una biografía o dedicándoles alguna plaza o calle de su pueblo, quitar de los atrios de muchas iglesias las lápidas de "Caídos por España" y sustituirlas por otras con la inscripción "Por todos los que murieron por España", recordar en jornadas, charlas,  conferencias o exposiciones el 75 Aniversario de la II República; o, finalmente, condenar el golpe militar del 18 de julio.

 

             Esta actitud puede que sea porque en 1936 las más altas jerarquías eclesiásticas españolas, salvo alguna excepción, como la  de Marcelino Olaechea, de la sede de Pamplona,  apoyaron inequívocamente a los militares sublevados. El Episcopado español en la Carta Colectiva de 1 de julio de 1937, Sobre la Guerra de España, dirigida a los obispos de todo el mundo, muestra su apoyo incondicional a los militares sublevados. Con semejante actitud la Iglesia optó por ser enemiga de media España. Algunos fragmentos de este documento fundamental pueden ser clarificadores:

 

            “La guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del Gobierno nacional dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían logrado en las urnas, se transformó, por la contienda cívico-militar, en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió en defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España por la novísima civilización de los soviets rusos.

            El movimiento nacional ha fortalecido el sentido de la patria..Dentro del movimiento nacional se ha producido el fenómeno, maravilloso, del martirio..

 

            Realmente escribir estas líneas, cuando ya se han producido y se estaban produciendo auténticas masacres por parte de los militares rebeldes en una parte importante del pueblo, exclusivamente por ser de izquierdas; pienso que debería inducir a la Iglesia católica española a una reflexión profunda y pensar si estuvo a la altura de las circunstancias. Decantarse, como lo hizo, por el bando rebelde, aún reconociendo que ella misma fuera víctima en el lado republicano, pienso que fue inadecuado. En lugar de ser fuente de reconciliación, fue todo lo contrario, de persecución.

 

En 1971 hubo un tímido conato de solventar este error que no logró el apoyo necesario (dos tercios) para una declaración formal de la Confederación Episcopal Española a la sociedad española, cuyo texto, que quedó inédito, era el siguiente:

 

“Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso y su palabra ya no está en nosotros (1 Jn 1, 10). Así pues, reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no siempre hemos sabido ser verdaderos ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo, dividido por una guerra entre hermanos.”

Por lo que acabamos de ver, no tienen intención de pedir perdón.

 

 

 

Cándido Marquesán Millán