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Democracia e Iglesia católica





El advenimiento del sistema democrático a España supuso la quiebra “definitiva” del nacionalcatolicismo, doctrina consistente en considerar que la esencia de lo español radica en la religión católica; tal como se contempla en el Concordato de 1953 firmado entre el Estado Español y la Santa Sede, y que en su artículo 1º especificaba: La Religión Católica, Apostólica Romana, sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.

La nueva situación democrática y constitucional supone para la institución católica en España el tener que enfrentarse con la problemática de su ubicación y su misión específica en una sociedad pluralista, algo que no supo resolver durante la II República.

Como señala Rafael Diaz-Salazar, la democracia supone que la Iglesia pasa de ser una institución de la sociedad a ser un grupo social específico. En el franquismo fue una institución de la sociedad, que tenía la misión, a la que se prestó gustosa y por la que recibió prebendas, de vertebrar y orientar a toda la comunidad nacional y suporte importante del sistema político. Compartía una especie de cosoberanía con la autoridad política; mientras que hoy, como grupo social específico tiene que convivir y compartir el espacio público con otros muchos.

En las sociedades democráticas la ciudadanía se encuentra ante un pluralismo de cosmovisiones, ideologías, éticas, etc., y una opinión pública diversa. Las teodiceas religiosas ya no son las únicas fuentes de explicación de la realidad y de orientación moral. Este pluralismo tiene un efecto secularizador, como también la privatización de la religión y el progresivo debilitamiento de la presencia e influencia de ésta en la sociedad. En una democracia no es legítimo tratar de imponer, a toda la sociedad los planteamientos morales propugnados por una institución, aunque ella esté convencida de estar en posesión de la Verdad objetiva y de la definición monolítica de la realidad. Por ello, la democracia es laica, es decir, crea el espacio para que todas las instituciones y grupos sociales puedan difundir sus verdades y ninguna pretenda imponerse a las otras por medios coercitivos desde el Estado o desde una ideología o religión, por muy mayoritarias que puedan ser. La institución católica no puede ni debe tratar ya, como lo hizo durante la dictadura, de imponer su Verdad, su Moral, o sus planteamientos políticos. Ni tampoco argumentar que la democracia está en grave peligro, y que el ordenamiento jurídico español ha dado marcha atrás con respecto a la declaración de Derechos Humanos de la ONU, si el Gobierno de turno no acepta sus planteamientos.

Las sociedades modernas, pluralistas y secularizadas reintroducen el mensaje y los planteamientos de la institución católica y del resto de las instituciones ideológicas y morales en un escenario de mercado cultural competitivo, en el que nada puede ser impuesto. De ahí el profundo malestar de los dirigentes y de algunos sectores de las bases de la institución católica en España.
Hoy la institución católica ya no tiene a toda lo sociedad detrás, por ello debe apoyarse en algunos sectores de la misma, y además esta cada vez más desamparada por el Estado, que no legisla según sus propios deseos. Por ende, intenta crear un grupo de presión ético-político de inspiración religiosa con la finalidad de que los gobiernos legislen según su Verdad objetiva que está depositada en la institución católica y es interpretada correctamente por su autoridad jerárquica. Como sigue diciendo Rafael Díaz-Salazar, pretende articular cultural, social y políticamente a los católicos para que su mayoría relativa en la sociedad se traduzca en mayoría política o en grupo condicionante del acceso al poder de uno u otro partido. Incluye una estrategia de presencia pública en la sociedad basada en dos ejes: 1) una intensa actividad de la jerarquía de la institución en los debates y proyectos políticos y legislativos; 2) la articulación unitaria de sus bases e infraestructuras, marginando a la disidencia católica y formando un bloque ideológico y social fiel reproductor de las directrices jerárquicas. Se trata de la estrategia de fondo ensayada en otras épocas de la historia (finales del XIX y primeros 30 años del siglo XX) para crear un movimiento católico enfrentado al laicismo y al modernismo.

El bloque católico defiende un proyecto unitario, sin fisuras, diseñado básicamente por la autoridad jerárquica de la institución. Son los obispos, intelectuales orgánicos (teólogos, pensadores laicos católicos, periodistas, jueces), organizaciones de masas (CONCAPA, Opus Dei, ACNP y los nuevos movimientos eclesiales: Comunión y Liberación, Camino Neocatecumenal, Legionarios de Cristo, Focolores, E-cristians,etc.), medios de comunicación y partidos de clara y vinculante inspiración católica.
Otros movimientos católicos progresistas no cuentan. Las congregaciones religiosas tampoco. Lo que se necesita son líderes laicos en la política, los medios de comunicación y el poder judicial, así como organizaciones laicas católicas de masas con presencia fuerte en la vida pública y con capacidad de movilización en la calle.

La institución católica se está equivocando y, además, lo sabe. Sus intereses son más políticos que espirituales. Lo lógico, como ocurre en Francia, sería aceptar la existencia de ese mundo plural y la diversidad de universos simbólicos, y difundir su mensaje sin buscar el amparo del Estado ni pretender imponer a toda la sociedad su moral. Y, por supuesto, dialogar con otros grupos e instituciones; y adaptar su mensaje a la cultura contemporánea.

Cándido Marquesán Millán




Pakistán al bordel abismo


El mundo vuelve a ser golpeado por un asesinato político terrible. El de Benazir Bhutto, en un mitin celebrado en Rawalpindi, a dos millas de donde su padre, primer ministro Zulfiqar Ali Bhutto, fue ahorcado por otro dictador militar hace 30 años. La tragedia de la Familia Bhutto - sus hermanos también fueron matados, uno envenenado, otro de un tiro, y su marido gastó siete años en la prisión. En cuanto a los posibles culpables se barajan varias posibilidades, ninguna de ellas totalmente descabellada. Desde la mano de fundamentalistas islámicos, a los servicios secretos del Estado pakistaní. Musharraf culpó por el atentado a grupos terroristas, y decretó tres días de duelo nacional. En tanto, simpatizantes de la líder señalaron al gobernante como el autor intelectual del atentado.
Sean ciertas o no tales acusaciones, es innegable que el presidente paquistaní tiene una importante cuota de responsabilidad en el asesinato de Bhutto. Determinadas acciones de su gobierno, como el sangriento asalto a la Mezquita Roja de Islamabad, ocurrido en julio pasado, o la imposición de un estado de excepción en noviembre, supuestamente para completar la “transición democrática” en ese país, han propiciado unas condiciones de violencia que alcanzan niveles como el registrado ayer en Rawalpindi. Por cierto, el hecho de que el atentado contra Bhutto se haya llevado a cabo en una localidad percibida por la población como segura y con una fuerte presencia militar sólo pone de manifiesto la inoperancia o negligencia de un gobierno de mano dura, como se ha presentado el de Musharraf.

Responder a qué podrá ocurrir en el futuro lejano es complicado. En cuanto a la situación actual, ya la estamos viendo, grandes manifestaciones y revueltas populares de los partidarios de Bhutto, atacando bancos, comercios, comisarías de policía. La respuesta del gobierno de Musharraf ha sido contundente para evitar las alteraciones del orden público. También se habla de que la Comisión Electoral en breve comunicará el retraso de las elecciones que se iban a celebrar en los primeros días de enero.
La muerte de Benazir Bhutto sólo exacerba los muchos problemas de Pakistán. Su desaparición ha dejado un enorme vacío político en el corazón de este estado nuclear, que parece resbalar en el abismo de violencia y el extremismo islámico. La pregunta de qué pasará después es casi imposible contestar, sobre todo en un momento cuando Bhutto ella misma pareció ser la única respuesta para los problemas de su país, ya que ella era un gigante político en una tierra de pigmeos políticos y acólitos de los militares. Benazir Bhutto y su Partido Popular de Pakistán(PPP) eran los únicos, en una República islámica, impregnados de una cultura política, secular y democrática, capacitados para encontrar un mínimo de estabilidad política, a través de un gobierno representativo que el ejército pudiera aceptar y no trabajará para minar, y de abordar el extremismo que se extiende en el país. Bhutto tenía la pretensión de modernizar a esta nación de 165 millones de personas. Sus partidarios se mostraban vehementemente en contra del ejército y el extremismo islámico. En las semanas pasadas, ella públicamente había atacado a los extremistas talibanes - algo que Musharraf no se había atrevido hacer, a pesar de toda su bravuconería y afabilidad con el Presidente Bush desde los ataques del 11 de septiembre de 2001. Con Bhutto desaparecida, no hay nadie que puede jugar tal papel. Independientemente de sus defectos, fue valiente, mundana, secular, demasiado sabia; llevaba la política en la sangre, amaba su país y por él dio su vida. Ella sabía su destino, mas decidió asumirlo, como lo habían hecho ya sus familiares.
En el futuro de Pakistán tendrán mucho que decir los Estados Unidos, no en vano, este país ha sido usado por Washington como base de sus operaciones militares. Pakistán ha sido la pista desde donde Bush dirigió el exterminio del régimen talibán en Afganistán, un país con el que comparte fronteras extensas y permeables. En Islamabad se puso al general Musharraf, un muñeco que dio un golpe de Estado para que los ejércitos imperiales pudieran trabajar sin molestias en esa zona estratégica. Así, mantienen a raya los brotes talibanes y, sobre todo, a sus vecinos indios del sur, que siempre han sido una guinda un tanto indigesta para el estómago norteamericano. En Washington no aprenden. ¡Mira que son torpes! No debemos olvidar que antes armaron, financiaron y agasajaron a Osama Bin Laden para que luchara contra los soviéticos en Afganistán y ya sabemos cómo terminó esa historia de amor. Hicieron lo mismo con Sadam Hussein, que se fotografiaba con Donald Rumsfeld cuando gastaba sus armas -incluidas las químicas- contra los iraníes en el sur y los kurdos en el norte y que ya sabemos que terminó colgado de un poste por los liberadores de Bagdad.
Así los E.E.U.U. escriben y siguen escribiendo la historia de la humanidad durante su efímero y desastroso dominio imperial, en el que tienen el planeta incendiado y siguen a todo fuego. Ahora su héroe es Musharraf, en cuyas mismas barbas asesinaron a la bella Benazir, una heroína que volvió a su país a inmolarse. El imperio, sigue incendiando el planeta, arrastrando en su caída a todos los países y a todos los pueblos. Más temprano que tarde tendrán que deshacerse de Musharraf y quizá para entonces tengan que invadir Pakistán y restaurar su democracia tal como brillantemente hacen hoy en Bagdad.

Cándido Marquesán Millán



El síndrome de los jarrones chinos

   A todos aquellos que han sido inquilinos del Palacio de la Moncloa, al tener que abandonarlo les resulta difícil adaptarse a la vida normal como cualquier ciudadano. Esta circunstancia puede deberse a que todos ellos se van  aquejados del llamado El síndrome de los jarrones chinos, que parece secuela inevitable del más famoso síndrome de La Moncloa -descrito como un estado de irrealidad, consecuencia del aislamiento que se adueña de los inquilinos del palacio presidencial al cabo de un tiempo-, y que debe su nombre a la descripción que de su patología hizo Felipe González: "Somos como grandes jarrones chinos en apartamentos pequeños. No se retiran del mobiliario porque se supone que son valiosos, pero están todo el rato estorbando". 

Como los grandes futbolistas, los ex presidentes se resisten a dejar de ser reconocidos y tratados como tales cuando llega inexorablemente el ocaso. Las causas pueden ser múltiples, pero en todos los casos parece haber un profundo sentimiento de pérdida que les aboca a la búsqueda de un tiempo perdido, sin rumbo ni destino claro. La confesión íntima de uno de los cuatro ex presidentes, hecha tiempo después de su salida de la Moncloa, es convincente: "Es que no sé hacer otra cosa que no sea política". Hay pues un problema de reconversión profesional. Pero no sólo esto.

 

Además el cargo conlleva un mundo de relaciones y un estatus social que, para poder ser mantenido por el ciudadano, requiere de un alto nivel de ingresos imposible de alcanzar con el sueldo atribuido al ejercicio del cargo. Eso explica las relaciones de González con Carlos Slim o las de José María Aznar con Murdoch o los directivos del gigante ruso del gas Gazprom.

 

 Por otra parte, resulta poco inteligente que todo ese bagaje político acumulado en el desempeño de su cargo, se desperdicie inútilmente. No es de recibo que todos esos conocimientos, amistades y experiencias acumuladas no se utilicen especialmente por aquellos que les sucedan en el gobierno o en el partido. Mas parece que éstos quieren arrinconarlos, ante el temor de que puedan hacerles sombra y les quiten protagonismo. Véase los recelos de Rajoy en relación a Aznar o de Rodríguez Zapatero con Felipe González o Aznar.

 

 Sin embargo, desde fuera de nuestras fronteras la visión ha sido otra muy diferente. Acaba de ser nombrado Felipe González, presidente del “Grupo de Reflexión” sobre el futuro de la Unión Europea, tras haberse presentado la propuesta durante la cumbre europea de Bruselas por el presidente del Consejo, José Sócrates, y que fue "apoyada por unanimidad" por los jefes de Estado y de Gobierno y recibida con un "aplauso generalizado y emotivo". En este sentido, explicó que el nombre del ex presidente del Gobierno fue una propuesta inicial del jefe de Estado galo, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Ángela Merkel.

 Si lo han nombrado para el desempeño de semejante puesto, será porque habrán visto algún mérito en su persona. La designación de González supone "un reconocimiento a un enorme europeísta que ha trabajado, conocido, imaginado, construido Europa" y al que ahora se le da "la confianza y responsabilidad para seguir construyendo Europa ante los grandes retos y desafíos del siglo XXI", opinó Moratinos, que incidió en que aunque en la UE hay "muchos ex jefes de Estado y de Gobierno" se ha pensado en alguien "del nivel y la talla política" del ex dirigente socialista. No en vano, González fue un europeista convencido, y quien negoció y firmó la adhesión de España a la entonces Comunidad Europea, en 1985, haciendo entrar a España en la era moderna. Igualmente demostró a lo largo de diez años como jefe del gobierno español, desde que en 1986 ingresara España en la Comunidad Europea hasta 1996, cuando perdió el poder, un sentido de Europa que en todo momento compartió con su homólogo alemán Kohl, lo que hizo posible el gran avance del tratado de Maastricht, los fondos de cohesión..

Según Moratinos, González tiene "experiencia, frescura y enorme visión política y estratégica de lo que supone hoy en día los grandes retos" a los que se enfrenta la UE y que con la aprobación del Tratado de Lisboa han quedado incorporados, entre los que citó la inmigración, el cambio climático, la energía o el terrorismo.

 

El grupo de reflexión, que presentará el informe en junio de 2010 durante  la presidencia española de la UE, deberá centrar sus debates en cuestiones como el "fortalecimiento y modernización del modelo europeo de éxito económico y responsabilidad social, el Estado de derecho, el desarrollo sostenible como uno de los objetivos principales de la UE, la seguridad mundial, las migraciones, la energía y la protección del clima", según el borrador de conclusiones que han aprobado los Veintisiete.

 

También "la lucha contra la delincuencia internacional y el terrorismo" y se prestará "particular atención" a cómo "entrar mejor en contacto" con los ciudadanos de la UE. En cambio, quedan excluidos de su mandato los aspectos institucionales, las políticas actuales y el próximo marco financiero de la Unión.

  

Cándido Marquesán Millán

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Lucha por la dignidad en Bolivia

                                  

  

Todo lo que está ocurriendo en estas últimas fechas en la Bolivia de Evo Morales es muy interesante. Sobre él, que no ha renegado, ni encubierto su humilde origen de la etnia “aymará”, y que ha llevado su exotismo a las Cumbres de gobernantes con toda naturalidad, se ha escrito mucho y casi siempre mal. Obtuvo en las urnas un apoyo del 53,7 % del electorado y, desde entonces, el país andino vive una ilusionante transición política. Su programa electoral es el refundar Bolivia con criterios de soberanía nacional, desarrollo solidario y justicia social. Su proyecto de una Nueva Bolivia tiene varios ejes básicos: la elaboración de una nueva Constitución mediante una Asamblea Constituyente, el control de los recursos naturales bolivianos en manos de empresas extranjeras, la puesta en marcha de una profunda reforma agraria, acabar con el secesionismo y el monopolio del poder político de la oligarquía conservadora que siempre ha dominado el país, así como una política exterior opuesta al  imperialismo de los EE.UU.

De momento, sólo aparece en los medios de comunicación lo relacionado con los intereses de las multinacionales ante el estrago que veían venir como consecuencia de las nacionalizaciones y ocupaciones de hidrocarburos con las que se inició la nueva Presidencia de la República. O que la Constitución se haya aprobado sin cumplir el trámite reglamentario de los 2/3 tercios, por la oposición frontal de determinados prefectos y del grupo Podemos. La miseria y pobreza en la que ha estado sumida una parte importante de su población, sobre todo, la indígena, nunca ha sido noticia. Como tampoco, que por primera vez, un dirigente político se ha mostrado sensible ante ella.

 

El gobierno de Evo ha considerado como una de sus preocupaciones básicas, la de elevar el nivel cultural de sus pobladores. Se ha instaurado el Bono Juancito Pinto- nombre del niño de 12 años de edad que murió en la guerra del Pacífico contra Chile- - para evitar el absentismo escolar y que beneficia a los escolares dándoles 200 bolivianos, para que compren útiles escolares y puedan invertirlo en su educación. El dinero sale de un mes de los recursos hidrocarburíferos y sin duda ayudará a los sectores sociales más deprimidos del país para los cuales esta suma de dinero es importantísima. Se beneficiarán 1.411.091 niños y niñas de 13.070 escuelas niños/as de 1º. a 6º. de primaria. Con relación al año 2006, el pago del Bono se amplió a 6º de primaria este 2007, es decir a 211.713 niños más. Por tanto, para la gestión 2007 el total de beneficiarios es 325.731 más que el 2006, lo que representa un 30% de incremento. En ese sentido, el presupuesto subió de 217.072.000 bolivianos a. 293.977.292. Evo acaba de anunciar que el pago del Bono, se ampliará de sexto a octavo de primaria el año 2008.

 

Como parte importante de su política de Estado, el gobierno de Evo puso en marcha un Plan Nacional de Alfabetización, que lleva el nombre de dos mártires indígenas: Leandro Nina Quispe y Apiawuaki Tupa. El objetivo es de  que “La educación convierta a esas mayorías excluidas en ciudadanos, con todos los derechos que esto implica”. El programa esta basado en el sistema de alfabetización cubano “Yo si puedo”, que fue aplicado en más de 20 países y que logró alfabetizar a 2,5 millones de personas en todo el planeta. Hasta el 30 de noviembre de 2007, han sido alfabetizadas 402.247 personas iletradas, 190.981 se encuentran en clases, en todo el territorio nacional, haciendo un total de 593.228 participantes, desde que la campaña masiva empezó en marzo de 2006. Se activaron 22.940 puntos de alfabetización de los 30.000 previstos, con instalación de electricidad o paneles solares, creando unos ambientes adecuados, y que se han complementado con equipos audiovisuales y personal capacitado. En esta tarea tienen una implicación muy fuerte las Brigadas universitarias de solidaridad y compromiso social. Un profesor sostuvo que “algunos alcaldes, prefectos, no apoyan el programa por problemas políticos, por no estar del lado del gobierno”.  

 

También se ha aprobado la Renta Dignidad, un beneficio universal y vitalicio que entra en vigencia a partir de enero de 2008 y que establece el pago de 2.400 bolivianos anuales a todos los mayores de 60 años que no reciban una renta mensual y 1.800 bolivianos a aquellos que sí tengan un ingreso. Beneficiará a 676.000 mayores de 60 años. Demandará un gasto de 215 millones de dólares anuales. El Presidente quiso que la ganancia de los hidrocarburos rescatados de las petroleras y nacionalizados por el Congreso, en el ingreso impositivo que se denomina IDH, según dispone la Ley 3058 de Hidrocarburos y que debe beneficiar la salud, la educación y los proyectos de desarrollo, se constituya en la fuente principal de financiamiento.

Sobre la justicia social de estas medidas políticas, no cabe discusión alguna. Pero es que además, el Gobierno de Evo ha querido que todos estos derechos queden recogidos en una Constitución, en cuyo articulado se dice, entre otras cosas, que el Estado asume y promueve como principios éticos-morales de la sociedad plural de acuerdo con la cultura indígena: “no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón”, “vivir bien”, “vida armoniosa”, “vida buena”, “tierra sin mal” y “camino o vida noble”; así como también que Bolivia se declara un estado pacifista y que promueve la cultura de la paz, y en el que se reconoce a todos el derecho al agua potable, el alcantarillado, la electricidad, la alimentación, la educación, la sanidad y a una vivienda digna….

Por lo que se ve, todo esto no es noticia.

 Cándido Marquesán Millán

Un alegato para la esperanza

                       

 

 

Acaba de publicarse la carta pastoral del obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, titulada “La esperanza vence al miedo”, en estas fechas del Adviento. Es un documento de gran calado y profundidad teológica, ética, religiosa y humana. Merece la pena leerse con sosiego y tranquilidad. Destila todo él profundo sentido evangélico, además de infundir esperanza para solucionar los problemas que acucian a la sociedad española por arduos y complejos que estos sean. Uriarte doliéndose profundamente por el retorno del terrorismo, no cae en la desesperanza y pretende inyectar ilusión a toda la ciudadanía, cristiana o no. En este sentido contrasta con otros documentos recientes de las jerarquías católicas españolas, como “Orientaciones morales ante la situación actual de España” de la Conferencia Episcopal de noviembre de 2006; o “Los Idus de Marzo”, de monseñor Jesús Sanz, obispo de Huesca, de marzo de 2007. Estos dos últimos destilan pesimismo, zozobra y quieren infundir el miedo, como si España estuviera al borde  de un precipicio.

El documento de Uriarte en una primera parte quiere identificar escuetamente algunos concretos temores y preocupaciones que afligen la existencia humana, la convivencia social y la vida eclesial, y suponen un desafío para nuestra frágil esperanza. La conclusión señala unas cuantas tareas que la esperanza postula de nuestra condición de ciudadanos y de miembros de la Iglesia.

Existen decepciones. Una de estas ilusiones ha sido el desarrollo: hemos creído que la ciencia y la técnica iban a resolver todos nuestros problemas y asegurarnos un progreso en todos los órdenes de la vida. Indudablemente, el avance ha sido admirable. Vivimos mucho mejor. Pero, ¿somos mejores, más libres, más felices que nuestros abuelos?

La segunda gran ilusión ha sido un mundo más justo y solidario, en el que irían desapareciendo diferencias injustas y opresoras entre pobres y ricos, cultos e ignorantes, países opulentos y arruinados, Norte y Sur de nuestro plantea. Algunas diferencias han ido disminuyendo. Otras subsisten obstinadamente. Han surgido incluso nuevas opresiones. En general, no nos decidimos efectivamente a favorecer la promoción de los pueblos del Sur a costa de recortar nuestro bienestar. La decepción es una de las enfermedades de la esperanza.

También nos acucian los miedos. Los expertos identifican en nuestra conciencia colectiva cuatro amenazas que desencadenan una tasa no desdeñable de temor. Una es la amenaza nuclear, que no ha desaparecido con la distensión entre los bloques de antaño, aunque sí parece haberse atenuado en la conciencia subjetiva de muchos de nuestros contemporáneos. Es innegable que la humanidad tiene hoy medios técnicos para aniquilarse a sí misma.

Otra es la amenaza ecológica. El planeta Tierra está siendo expoliado irresponsablemente. La contaminación de la atmósfera y de las aguas va convirtiendo paso a paso la tierra en un vertedero de desperdicios. Otra es hoy la amenaza terrorista. Nosotros la conocemos a nuestra escala. Hoy se ha convertido en un problema mundial. Viejas injusticias y fanatismos recrudecidos han provocado un riesgo real que se ha materializado en terribles atentados y ha despertado la alerta y la alarma en los países prósperos del Primer Mundo.

Un nuevo fenómeno es sentido también, en este Norte privilegiado, como una cuarta amenaza para nuestra seguridad: la oleada migratoria. Es la presión que los pueblos del Sur, sumidos en una miseria desesperada, ejercen de manera cada vez más apremiante y explosiva sobre el Norte rico, que dosifica con miras casi exclusivamente egoístas y defensivas, la admisión de esta marea creciente.
No es difícil concluir que estos temores, en la medida en que son percibidos por la conciencia colectiva, ensombrecen nuestro futuro y, por tanto, nuestra esperanza.

Además menciona la crisis de la ética y el oscurecimiento del sentido de la vida «Nunca el ser humano ha sabido tanto de sus orígenes y tan poco de su destino», decía ya Hegel.

Los temores existenciales y las preocupaciones sociales antedichas nos son comunes con otras comunidades europeas. Pero tenemos también problemas específicos que golpean nuestra esperanza. Uno de ellos es el grave y persistente problema de la paz, tantas veces aludido, descrito y moralmente valorado por el magisterio episcopal de este país. No es mi propósito repetir aquí innecesariamente su tratamiento. Pero es preciso anotar que en nuestros días hemos sufrido una regresión deplorable y preocupante, que nos remite a un crudo pasado que muchos creían cancelado. El lamentable fracaso de las expectativas de paz, el retorno abominable de ETA a su actividad terrorista, el recrudecimiento de la «kale borroka», el endurecimiento de las posiciones políticas y de las reacciones institucionales, han supuesto un rudo golpe a las esperanzas de la gran mayoría de los ciudadanos. Queremos confiar en que este retroceso de la causa de la paz sea transitorio. Pero al día de la fecha, nada nos asegura que habrá de ser así. En cualquier caso, una nueva decepción y un renovado temor a una confrontación inhumana han congelado la ilusión de la ciudadanía y debilitado su esperanza de paz.

En la parte final del documento nos comunica que los Medios de Comunicación Social tienen, en nuestro mundo, un enorme potencial configurador de la mentalidad, de la sensibilidad y de la conducta de los ciudadanos..Si por motivos comerciales o servidumbres ideológicas se describen y comentan de manera reiterada y duramente sesgada los aspectos sombríos de la realidad, el ánimo de los ciudadanos se encoge y, lejos de sentirse estimulado, puede ir hundiéndose en un derrotismo pasivo. El género literario preferente para generar esperanza no es el lamento ni el insulto, sino la propuesta constructiva.

 

Los Medios de Comunicación de la Iglesia tienen el deber de ser ejemplares también a la hora de suscitar la esperanza. Muchos de sus escritos y programas son coherentes con este deber ineludible. Lamentablemente no todos. La Iglesia debe procurar que todos sus profesionales siembren concordia, respeto al diferente, serenidad valorativa. Estas actitudes nutren la moral de los ciudadanos. Debe asimismo evitar que ninguno destile animosidad, ironía mordaz, sectarismo. Tales comportamientos desmoralizan, desaniman y siembran desesperanza.

Termina defendiendo que en esta tierra nuestra, fuertemente tocada en su esperanza colectiva por el azote de la amenaza terrorista, debemos mantener viva la esperanza de una paz justa y estable.

 

Cándido Marquesán Millán

¡Te lo digo yo y punto!

                                  

           

Se están produciendo en la sociedad española cada vez más, todo un conjunto de comportamientos, poco ejemplificadores para una buena educación. Sea en la cafetería, en el trabajo, o en casa, comprobamos cómo no sabemos hablar sosegadamente, ni escucharnos los unos a los otros. Más que hablar, lo que hacemos es gritar. No nos interesa lo que nos puedan decir nuestros compatriotas,  porque de lo que se trata es imponernos levantando la voz, todo lo que podamos. Se dice que cuando los alemanes se reúnen, uno habla y los demás escuchan. Cuando lo hacen los ingleses, todos escuchan y ninguno habla. Pero si la reunión es de españoles, todos hablan y ninguno escucha. Pero a nadie le importa no ser escuchado.  Pero ¿por qué los españoles hablamos a gritos? Ante todo se grita frente a la frustración que sentimos por la carencia de argumentos capaces de convencer. Utilizamos el grito como medio de persuasión, Es bastante común entre nosotros la creencia de que quien grita o hace ruido tiene el poder y hasta la razón. Con los gritos, los españoles aspiramos a conquistar la razón ¡no a merecerla! Sin el grito no creemos que se pueda impresionar y convencer a nadie. Pero sólo los que nos sentimos ignorantes podemos mantener tan peregrina idea. Disraeli dijo que “darse cuenta de que se es ignorante es un gran paso hacia el saber.”Estamos, pues, bien encaminados. Cumplimos la condición de ignorantes. Sólo nos falta conseguir el resto.

            Además otro aspecto a reseñar en nuestras conversaciones es que no hay tema que se nos resista. En todos los platos metemos la cuchara. Y esto es así, porque al ser grandes devoradores de libros, tenemos unos criterios profundamente formados. Por ende, todos somos sabios. Porque, como declaraba el académico Francisco Ayala “el español acostumbra a creer que lo sabe todo.” Pero lo más sospechoso es que nadie se sorprende de tal desfachatez. Por ello, nos da igual el futbol, los toros, la política, la educación, la historia, la literatura, el cine… De todo manifestamos nuestra opinión, que, por supuesto, es siempre la mejor. Cuestionamos y damos lecciones a los diferentes profesionales de la medicina, de la enseñanza o de la historia. ¡Y ay de aquel que se atreva a discrepar de nuestras afirmaciones! Al ser todos tan sabios, tenemos solución para todos los problemas, por arduos o complejos que sean estos. Cada español se cree un mesías del destino nacional. Nuestro discurso preferido podría ser más o menos así: Si yo fuera Presidente del Gobierno, lo arreglaba todo en dos días. A algunos, es posible que le sobrasen aún veinticuatrohoras.

También constatamos por doquier grandes dosis de crispación. Es frecuente que en muchas ocasiones las conversaciones se jalonen de insultos,  intemperancias y exabruptos. Sobre todo se manifiesta en el tema de la política. Además nadie se baja del burro. No faltaría más. Aceptar que el contrario pueda tener algo de razón, creemos que es un síntoma de debilidad, cuando es todo lo contrario. Debemos avasallar y machacar al contrario. Por desgracia, superamos a todos los pueblos en el humor suicida de nuestra cólera. Otros pueblos ambiciosos o semibárbaros dirigen su furor contra el extranjero. España es el único país que se clava su propio aguijón. Quizá el enemigo de un español es siempre otro español. Se salta un ojo con tal de cegar a su enemigo. ¡Qué sabio era Azaña cuando dijo!:    Al español le gusta tener la libertad de decir y pensar lo que se le antoja, pero tolera difícilmente que otro español goce de la misma libertad, y piense y diga lo contrario de lo que él opinaba.” 

Si ya resultan lamentables las actitudes anteriormente expresadas, lo es más todavía que determinadas instituciones no sólo  no ayudan a erradicarlas sino que contribuyen a fomentarlas. Como docente  siempre en mis clases he tratado de inculcar a mis alumnos los valores de la democracia y decirles que el sancta sanctorum de esta reside en el Parlamento, ya que allí están los representantes de la soberanía popular. Hace unos meses unos alumnos de un colegio  en visita al Senado se sintieron avergonzados ante el comportamiento de nuestros representantes. ¡Vaya ejemplo!

 ¿Y qué podemos decir de los medios de comunicación? Son también culpables. En una emisora de radio, me tome la licencia de contar los insultos proferidos por el director del programa durante una hora y superaban el centenar. No me resisto a mencionar alguno de ellos, referidos a determinados personajes: víbora con cataratas, el cochero de Drácula, maricónplejines, robireche, analfabetos culturales. Un debate sosegado, en el que se expongan argumentos, en el que se respeten los tiempos, en el que se admita la posibilidad de que el contrario pueda tener razón, en el que se escuchen los unos y los otros, es imposible encontrarlo en nuestros medios de comunicación, porque no vende. Lo que vende es el aullido, el insulto, la falta de respeto.

Lo lamentable es que estas pruebas de mala educación se estén dando, como recientemente ha escrito Julio Llamazares, en una sociedad, que ha alcanzado el mayor nivel de vida de la historia, así como también ha recibido el mayor grado de formación que ha tenido nunca.

 

Cándido Marquesán Millán

 

Reformas constitucionales en Sudamerica

           

 

Venezuela, Ecuador y Bolivia están inmersos en procesos de cambio de sus constituciones políticas del Estado. Pretenden adecuar la arquitectura constitucional de los estados a las nuevas circunstancias políticas, económicas y sociales que viven. Han sido impulsados por sus gobiernos, los cuales plantean a la vez serios conflictos con la oposición e incertidumbre sobre su concreción. Se dirimen alrededor de estas propuestas distintas cuestiones; cambios institucionales de importancia, reformulaciones en los mecanismos de representación política y participación de la sociedad, confrontaciones entre sectores e intereses sociales y económicos diferentes y características de la lucha política entre los oficialismos y las oposiciones.

El proceso más avanzado ha sido el venezolano, mas ha sido frenado en seco. Los venezolanos acaban de rechazar por poco más del 50% de los votos la reforma constitucional socialista propuesta por Hugo Chávez y le infligieron al Presidente su primera derrota electoral en nueve años. “Por ahora no pudimos” lograrlo, dijo Chávez, repitiendo una frase suya que hizo célebre cuando fracasó en un golpe de Estado que encabezó en 1992 contra el ex presidente Carlos Andrés Pérez.

 El proyecto de Constitución en este país planteaba la implementación de un socialismo basado en una mayor presencia del Estado, fortaleciendo la figura presidencial, a la que se añadían varias funciones complementarias de las que ahora tiene, incluyendo el aumento del mandato y la reelección indefinida. Al mismo tiempo, buscaba la constitución del poder popular, incorporando a la sociedad en tareas de colaboración con el gobierno central.

El proceso boliviano avanza con muchas dificultades, dada la polarización surgida entre oficialismo y oposición, sin que se vislumbre un consenso entre las fuerzas políticas del país. De esta forma, es muy previsible que sea un referéndum nacional el que defina la aceptación o rechazo de la propuesta de Constitución Política del Estado elaborada por el Movimiento al Socialismo(MAS). Este proceso, al parecer, será desarrollado sin la participación de las fuerzas políticas de oposición, dadas las enormes distancias e intereses que están en juego.

 

El 24 de noviembre, el oficialismo aprobó una constitución en una unidad militar de las afueras de la ciudad sureña de Sucre, en medio de protestas de pobladores de la urbe que rechazaron el cambio de sede de la Asamblea y el que el MAS impusiera su proyecto en ausencia de la oposición. Tres civiles murieron y 20 resultaron heridos de gravedad en los disturbios suscitados.

En opinión del jurisconsulto Carlos Alarcón, ex viceministro de Justicia, para la aprobación en detalle y en revisión de la Constitución "son necesarios los votos de dos tercios de los 255 asambleístas", es decir 170. El MAS cuenta con 142, aunque algunos de sus dirigentes han anunciado intentarán sumar a varios de la oposición.

El asambleísta José Prada señaló que la oposición, conformada por seis prefectos (gobernadores departamentales) y cinco movimientos políticos en igual número de departamentos, han preparado "la madre de todas las batallas" contra la constitución del MAS y el gobierno con una huelga de hambre."Quieren desgastar al indio", proclamó Evo Morales en respuesta a las movilizaciones opositoras efectuadas en su contra. Es una frase muy decidora. Sin duda, sus adversarios, que son variados, buscan neutralizarlo.  Los que se le oponen son los que quieren mantener sus viejos y nuevos privilegios y, para ello, disfrazan de defensa de la legalidad a esas formas neonazis con que movilizan a juventudes cruceñas y ahora sucrenses, exacerbando una buena causa local más allá de toda razón

Los prefectos de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija y Cochabamba condicionaron el sábado un diálogo al que los invitó el presidente, a que el MAS anule la aprobación de la Constitución y una ley promovida por el mandatario que quita recursos de las prefecturas (gobernaciones) para financiar una renta para los adultos mayores de 60 años.

La Constitución aprobada en primera lectura contempla la reelección presidencial indefinida, crear 36 autonomías indígenas con gobierno y territorio propios y control a los medios de comunicación privados. La Asamblea Constituyente prepara la aprobación final de su proyecto de constitución hasta el 14 de diciembre según sus dirigentes. Los asambleístas del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS) decidieron la aprobación, con o sin la oposición, según informaron tras una reunión de sus constituyentes y legisladores con el presidente Evo Morales.

 

En Ecuador, la Asamblea Constituyente quedó instalada el 29 de noviembre en Montecristi (oeste del país). De los 130 miembros de la Asamblea, 80 pertenecen a "Alianza País", el partido del presidente Rafael Correa, que ganó las elecciones para cubrir los puestos de este órgano celebradas el 30 de septiembre. Previamente, en abril de 2007, se celebró una consulta popular en la que un 81,72% de votantes apoyó la instalación de una Asamblea Constituyente para transformar las instituciones del Estado y redactar una nueva Carta Magna. Correa aseguró el día de inauguración de la Asamblea que los cambios estructurales propiciados por ella serán "radicales, profundos y rápidos".

La instalación de la Asamblea ha dado lugar a una pugna de poderes en Ecuador, cuyas consecuencias aún son inciertas. Correa considera que la Asamblea esta dotada de plenos poderes y tiene supremacía sobre las otras instituciones, una interpretación que el Congreso, en el que el movimiento oficialista "Alianza País" no tiene representación, no comparte. Una de las primeras medidas, si no la primera, de la Asamblea fue declarar el receso indefinido del Congreso, que, antes de la instalación de los constituyentes en Montecristi, se había adelantado a esa medida y declarado 30 días de vacaciones. El presidente ecuatoriano se ha mostrado partidario de posibilitar la reelección inmediata, pero no indefinida, como los de Venezuela y Bolivia.

 

Cándido Marquesán Millán

 

Les banlieues en la France



Nos encontramos otra vez, como en el 2005, con una oleada de violencia en Villiers-le-Bel, una ciudad suburbial (banlieue) 18 kilómetros al norte de la ciudad de Paris. Los disturbios se han propagado por una media docena de poblaciones colindantes- y en Toulouse- y la dureza va in crescendo, ya que en esta ocasión los jóvenes encapuchados han usado armas de fuego para atacar a la policía.
Todos los elementos que desencadenaron la crisis de 2005 en Clichy-sous-Bois, otra ciudad suburbial parisina, siguen ahí, por lo que entraba dentro de lo previsible que ocurriera lo que ha ocurrido. El material inflamable estaba allí, lo único que faltaba para arder era la chispa. Y esta ya ha llegado. El desencadenante del incendio de hoy ha sido la muerte de unos adolescentes, igual que entonces.

El sociólogo Laurent Muchielli, autor de las obras “Les bandes de jeunes” y “Quuand les banlieues brulent” ha manifestado con claridad manifiesta recientemente en una entrevista al periódico “Le Parisien”: En dos años no se ha avanzado nada en los barrios. La población sigue quejosa por los siguientes problemas: el paro, la escuela, la policía, y por el estatuto de las personas provenientes de la inmigración. Las familias de estos barrios siguen teniendo la impresión de ser ciudadanos de segunda categoría. En la escuela se ha hecho muy poco, no hay más que mirar los resultados académicos. La reducción del paro parece no haberse notado. En cuanto a la policía, no han querido los poderes públicos crear una policía de proximidad, muy al contrario han preferido servirse de las CRS(Compaignes Républicaines de Sécurité). Y, por último la población inmigrante no pueden sentirse integradas con una Ley, como la Brice Hortefeux; del ministro de Inmigración e Identidad Nacional, en la que se establece también una regularización de trabajadores sin papeles, similar a la que hizo el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, que fue criticada duramente en aquel momento por el actual presidente y entonces ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy; y que impone nuevas restricciones a la reagrupación familiar y permite el polémico uso de test genéticos de ADN para probar la filiación materna. Parece también que muchos de los que se han rebelado en Francia son los hijos o nietos de los primeros emigrantes, poniendo en evidencia un fracaso estrepitoso del modelo de integración francesa. El régimen republicano de nuestro país vecino pensó que tarde o temprano, como cae una fruta madura por su peso, todos los emigrantes, independientemente de su procedencia, se sentirían orgullosos de sentirse franceses. Mas parece que no ha sido así. Esos jóvenes pirómanos y algunos francotiradores, son franceses jurídicamente, pero se sienten marginados.

En la misma línea, algunos alcaldes socialistas de la zona suburbial de París, se han mostrado extremadamente escépticos sobre el progreso iniciado desde los motines del 2005: Dos años después del drama y la revuelta social de Cliché-sous-Bois, los polvorines siguen existiendo. El tiempo del análisis, de las hipótesis, y sobre todo el tiempo de la compasión ha terminado. Nosotros queremos hechos y medidas concretas y eficaces para devolver la esperanza a los barrios", además de reivindicar la recuperación de la policía de proximidad. Fue justamente Nicolas Sarkozy, en su etapa de ministro del Interior, quien sustituyó la policía de barrio por la actual policía de seguridad, más dura y represora. Sin embargo esta estrategia, aplicada en la creencia de que los jóvenes que cometen actos violentos son delincuentes, no ha dado los resultados esperados. Para lo único que ha servido es para crear un clima de desconfianza irrespirable entre la población inmigrante y la policía.

Por lo que estamos comprobando de nada ha servido que tras la crisis del 2005, el primer ministro, Villepin, anunció un gran plan de mejora para los 751 suburbios censados en Francia, con unas inversiones por valor de 30.000 millones de euros hasta el 2010. En el 2006, se destinaron 4.000 millones de euros. En el 2007, 3.700 millones. Hay otros proyectos en marcha para demoler y reconstruir edificios, pero la mayoría aún no han superado la fase burocrática. En Villiers el 66% del parque de viviendas data de 1949-1974. En cuanto al resto de medidas previstas, pocas han visto la luz.
Hasta el momento, la política de Sarkozy ante la situación de la banlieue ha consistido en realizar un fichaje en las filas de la izquierda para la Secretaría de Estado para la Política de las Ciudades a la presidenta de la asociación Ni putas ni sumisas, Fadela Amara, una mujer de origen magrebí surgida de un barrio conflictivo. De momento, parece que el Jefe del Estado está llevando a cabo una política más prudente, con una mezcla de firmeza y conciliación, muy diferente a la que puso en práctica, cuando era ministro del Interior. Sarkozy, tomó las riendas de la crisis y lanzó un mensaje de firmeza frente a quienes dispararon contra la policía y de amparo hacia las familias de los dos adolescentes, a las que prometió que un juez dirigirá la investigación. Además un espectacular despliegue policial el martes por la noche en Villiers-le-Bel y localidades vecinas del departamento de Val d'Oise, a las afueras de París impidió que se repitieran los violentos disturbios protagonizados por grupos de jóvenes en las dos noches anteriores y en los que más de 140 policías resultaron heridos. Obviamente el problema sigue ahí. Con el despliegue de las fuerzas de orden público no se arregla. La solución es más compleja. La presentación, el próximo enero, del llamado plan Marshall prometido por Sarkozy para los suburbios ha generado gran expectación. Habrá que estar a la expectativa
La solución no es fácil.


Cándido Marquesán Millán