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LA EJEMPLARIDAD PÚBLICA Y EL PATRIOTISMO DE CARTÓN PIEDRA DE LOS POPULARES

 

 

Que en España estamos atravesando a nivel político un momento crítico es una obviedad. Desentrañar las causas que nos han llevado a esta situación, es una labor harto compleja, y que no pueden ser expuestas en unas breves líneas. No obstante, quiero detenerme en la falta  de ejemplaridad pública y en el patriotismo de cartón piedra de los populares. Estas reflexiones podrían ser extrapolables a buena parte de nuestra clase política.

 Que el tesorero del PP con un despacho contiguo al de Rajoy tenga en unas cuentas en Suiza 22 millones de euros; que además la cúpula dirigente del PP recibiera dinero negro en sobres, para no cotizar en Hacienda; que la actual secretaria general del PP, sea capaz, además de dejar sin servicio de urgencia a muchos pueblos de Castilla la Mancha, mayoritariamente de gente de edad avanzada, de tener la desfachatez de decir que no le consta ese reparto del botín, que una ministra sufrague los cumpleaños de sus hijos con dinero de Don Corleone y a su vez elimine el programa de Teleasistencia, son todos ellos ejemplos de la carencia de valores éticos. Con el agravante de tener la pretensión de  darnos día tras otro lecciones de ejemplaridad. Surrealista. Me parecen muy pertinentes en estos momentos algunas reflexiones extraídas de la lectura de un extraordinario libro Ejemplaridad pública del filósofo Javier Gomá, del que expongo alguno de sus contenidos.  Toda vida humana es un ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera  que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando en él un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Las instituciones públicas han sido conscientes o deberían serlo del efecto multiplicador para potenciar la convivencia de determinados modelos públicos.

Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho-a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos.  Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada. Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ende, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad.  A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir. No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de  ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Saint-Just ante la Convención revolucionaria denunció “Se promulgan demasiadas leyes, se dan pocos ejemplos”, Circunstancia que no ha cambiado sustancialmente en la actualidad.

Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira. Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define, como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum ( esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos.

Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen otros comportamientos políticos que producen en buena lógica el sentimiento contrario. Véase, los manifestados por aquellos políticos del PP que jalearon en el Parlamento con estruendosos aplausos los mayores recortes de nuestra democracia. E incluso, alguno de ellos, cuando se dio a conocer la reducción de las prestaciones del desempleo, añadió “que se jodan”; u otro que al anunciarse  la eliminación de la paga de Navidad de los funcionarios, gritó con auténtico frenesí “¡a trabajar!”  Regocijarse ante la desgracia ajena, esto es sadismo o crueldad. Tampoco deberían sorprendernos tales comportamientos, ya que como señalaba Azaña, y lo estamos constatando día tras día, muchos acuden a la política no para realizar un servicio a la comunidad, sino para otros fines menos altruistas: el deseo de medrar, el instinto adquisitivo, el gusto de lucirse, el afán de mando, la necesidad de vivir como se pueda y hasta un cierto donjuanismo. Mas, estos móviles no son los auténticos de la verdadera acción política. Los auténticos, los de verdad, son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas. Ni que decir tiene que los recortes ejecutados por el gobierno de Rajoy, faltando a su palabra y el que falta a su palabra a más ya no puede faltar, no están respaldados por el sentimiento de la justicia. Y todo lo relacionado con el caso Bárcenas, con los pagos en dinero negro a la cúpula dirigente del PP, produce un sentimiento de asco y de hedor. La sede de la calle Génova se asemeja cada vez más a una fosa séptica.  Todo huele a podrido. Esta cuadrilla eran los que pretendían darnos lecciones de patriotismo. Estos caballeros deben pensar que patriotismo es sinónimo de patrimonio. Como también el envolverse en la bandera y besarla con pasión, el entonar el himno nacional, el festejar la fiesta del 12 de octubre --sin saber qué se celebra, si es la Fiesta de la Hispanidad, la de la Raza, de España, de la Virgen del Pilar--, el presenciar desfiles militares, o descorchar botellas de champán con el triunfo de la selección española de fútbol. Este es un patriotismo de cartón piedra. Ser patriota es mucho más. Ser patriota es poner lo público por delante de lo privado. Es querer lo mejor para tu país y tus conciudadanos, lo que se consigue entre otras cosas pagando los impuestos y haciendo caso omiso de los paraísos fiscales o no acogerte a una amnistía fiscal. Así se empieza a ser patriota. Por ello, me parece muy acertada la definición de "patriotismo" hecha por Mauricio Viroli, entendido como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas. La virtud cívica o política se define como el amor a una patria, entendiéndola no como una vinculación a la unidad cultural, étnica y religiosa de un pueblo, sino como amor a la libertad común y a las instituciones que la sustentan. Esa virtud cívica es la que se debe fomentar, por ello "Es urgente instruir a los jóvenes sobre la historia de nuestra patria, enseñarles a amar a quienes lucharon por nuestra libertad". El autentico patriotismo es que ningún ciudadano, ninguna ciudadana quede expuesto a la miseria ni abandonado a su suerte en tiempos de desventura. Es que todos tengan exactamente los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas libertades y oportunidades, de verdad, sea cual sea su cuna o su sexo. Es que cada persona esté protegida en sus necesidades elementales. Es que todo el mundo adquiera tanta cultura, tanta educación y tanta formación como sea posible, para vivir mejor, para ser útiles y para ser difíciles de manipular y someter. Es que la justicia sea igual para todos, y que las cargas y alivios sociales sean escrupulosamente proporcionales a las posibilidades de cada cual. Es que, en caso de duda, nos pongamos siempre de parte de los débiles. Este es el verdadero patriotismo. No el de envolverse en banderas, ni el de entonar himnos, ni el de festejar fiestas, ni el de presenciar desfiles militares.

Cándido Marquesán Millán

 

 

Otra ocasión perdida en nuestra Historia

                                  

 

 

Considero que existen grandes similitudes entre la I Restauración borbónica con Alfonso XII  en 1874 y la II Restauración inaugurada en 1975 con Juan Carlos I. La arquitectura de la primera, según Carlos Seco Serrano, fue concebida y diseñada por Antonio Cánovas del Castillo, el cual tras las tensiones del Sexenio Democrático (1868-1874), pretendió instaurar un período de estabilidad política, basada en cuatro pilares la Monarquía, que llegó tras un pronunciamiento militar en Sagunto del general Martínez Campos, algo que molestó profundamente a Cánovas, al considerarlo innecesario, ya que había un estado de ánimo generalizado a favor del retorno de los Borbones, lo que no deja de ser chocante cuando 6 años antes la reina Isabel II fue destronada con el regocijo de la mayoría de la población española. Las Cortes bicamerales, (ambas instituciones tenían una gran tradición histórica). Una Constitución, la de 1876 muy ambigua, para que pudieran gobernar los dos grandes partidos, el suyo, el partido conservador; y el partido liberal, presidido por Práxedes Mateo Sagasta. Sería muy complicado en estas breves líneas explicar cómo y cuándo fueron perdiendo solvencia esos cuatro pilares, no obstante, hay algunos momentos claves en este proceso de decadencia: la crisis de 1898, la Semana Trágica de Barcelona de 1909, la triple crisis política, militar y social de 1917, la instauración de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera a instancias de Alfonso XIII, en la que tuvo mucho que ver el Expediente Picasso. Lo cierto es que en 1930, estos cuatro pilares estaban en total decrepitud, por lo que se instauró en 1931 la II República con gran regocijo de la población española, sin una gota de de sangre, ya vendría la suficiente más tarde. Mas esa organización política de Canovas fue falseada, ya que como dijo Joaquín Costa la Constitución auténtica fue la oligarquía y el caciquismo.

 

La II Restauración borbónica, también se basó en 4 pilares: la Monarquía -Juan Carlos I debe su trono al Dictador, al que dedicó en su primer discurso oficial como Rey de España las siguientes palabras, de las que todavía --que yo sepa-- no se ha arrepentido: “Una figura excepcional entra en la Historia, con respeto y gratitud quiero recordar su figura. Es de pueblos grandes y nobles saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio”; las Cortes bicamerales; la Constitución de 1978 -en absoluto producto del consenso, puede servir de ejemplo, la redacción del artículo 2 que fundamenta la indisoluble unidad de la nación española. Según el profesor Xacobe Bastida Freixido, en el transcurso de la discusión de las enmiendas de tal artículo, y cuando Solé Tura presidía la ponencia, apareció un mensajero con una nota procedente de la Moncloa señalando cómo debía estar redactado tal artículo. El texto de la nota coincide casi exactamente con el actual artículo 2° de la Constitución, pueden imaginarse la procedencia de tal nota; y 2 grandes partidos (merced a una ley electoral que propicia el bipartidismo), uno de derechas, la UCD, luego el PP, y otro a la izquierda, el PSOE. Hoy, tras 35 años consideró que estos 4 pilares han entrado en un estado claro de descomposición o, cuando menos en un proceso claro en esa dirección. E igualmente el poder no radica en la ciudadanía, ya que está concentrado en unos poderes oligárquicos. Trataré de explicar este planteamiento.

 

En cuanto a la Monarquía es evidente que para amplios sectores de la sociedad española ha entrado en una clara de decadencia. Irreversible.  Al final la cabra tira al monte. Ya conocemos cómo han sido los Borbones a lo largo de la historia. Recientes acontecimientos de varios de sus miembros lo corroboran, a pesar de que el apoyo mediático es impresionante. No hace falta criticar a la institución monárquica, ella por sí misma se desacredita. He llegado a pensar que Iñaki Urdangarin es un infiltrado de la Quinta Columna. Por ende, una de las cuestiones a plantear urgentemente en una nueva Constitución debería ser: Monarquía o República.

 

Las Cortes representan cada vez menos las aspiraciones de amplios sectores de la ciudadanía. Pruebas no faltan. El Senado es un cementerio de elefantes, cuya operatividad es nula, ya que no ejerce como auténtica cámara de representación territorial. Por cierto, Luis Bárcenas fue elegido senador por Cantabria  en las elecciones generales de 2004 y 2008.  Todo el conocimiento que tenía de esta tierra era de haber participado en alguna mariscada en Santoña o Castro Urdiales. Un ejemplo de político “cunero”, otra semejanza más entre ambas Restauraciones. El Congreso de los Diputados tiene que estar protegido de los ciudadanos con vallas y las Fuerzas de Orden Público. La reciente Encuesta sobre Tendencias Políticas y Electorales del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales, nos dice, lo que no deja de ser llamativo, que el Parlamento, que es constitucionalmente el depositario de la soberanía nacional, en cuanto al poder que ejerce como institución, aparezca en el octavo puesto (16,4%), por debajo de los Jueces, la Iglesia y los Medios de Comunicación Social, a una distancia de los Bancos de casi 54 puntos porcentuales.  No me resisto a reflejar el texto que me remitió una exalumna, de 2º de Bachillerato, del IES “Benjamín Jarnés” de Fuentes de Ebro de la provincia de Zaragoza, alusivo a sus impresiones tras una visita escolar realizada al Congreso de los Diputados el pasado 12 de febrero:

 

"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada" dice el artículo 47 de la Constitución Española, pues bien, el pasado martes tuve la oportunidad de visitar el Congreso de los Diputados en el momento que se trataba el tema de tomar en consideración la iniciativa popular para aprobar una ley en la que se limitan los desahucios. Desde hacia tiempo sabia que esa gente es muy sinvergüenza, pero lo que me encontré ese día me dejó sin palabras: diputados durmiendo, hablando por el móvil, echándose unas risas entre ellos e incluso haciéndose fotos con las tablets mientras se trataba el tema, lo peor de todo es que mencionaron a la pareja de ancianos que se había suicidado al ser desahuciados y siguieron sin inmutarse, ni siquiera al oír la palabra "suicidio" se giraron para prestar un mínimo de atención, ¿Realmente pueden ser así pasivos ante la noticia de estos ancianos que seguramente llevaban toda su vida trabajando duro?.“Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad" dice el artículo 50 de la Constitución Española, pero ya se ve por dónde se pasan la Constitución, por el mismo sitio por el que se pasaron a las personas manifestándose en la puerta del Congreso ese mismo día. Da vergüenza que esa gente que no ve más allá de sus narices sea la que supuestamente nos representa, pero esto es España y así funciona su vergonzoso Gobierno. Bueno si no decía esto reventaba, un saludo a todos”. El comentario es  además clarificador, y, me parece muy grave,  que piense así la juventud española. Mira que lo tenemos difícil los profesores a la hora de divulgar entre nuestros alumnos las excelencias de la democracia, aduciendo que su Sancta Sanctorum es el Congreso de los Diputados, al ser la sede de la soberanía popular.  Lo que allí se trata muchas veces es de espaldas a la ciudadanía y además fuera de las cámaras, como la reciente intervención sin luz ni taquígrafos del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Al respecto me parece adecuado recordar cuál es el auténtico significado de la democracia. Todos los viejos y nuevos discursos de la democracia la definen como el gobierno de lo público en público. En contraposición al autocrático, es un  poder sin máscaras. Es bien conocido que la democracia nació bajo la perspectiva de erradicar para siempre de la sociedad humana el poder invisible.  La democracia moderna nos remite a la Atenas de Pericles, del “Agora” o de la “Ekklesia”, o sea, a la reunión de todos los ciudadanos en un lugar público, a la luz del sol, donde hacen propuestas, las discuten y las deciden alzando las manos o mediante pedazos de loza. No sin razón, la asamblea ha sido comparada a menudo con un teatro o con un estadio, o sea, con un espectáculo público, donde espectadores asisten a una acción escénica con reglas preestablecidas y que concluye con un juicio.

 

 

            Sobre la Constitución, por mucho que se empecine Rajoy en defender su vigencia, es imperiosa una reforma en profundidad, e incluso, una nueva. La mitad de los españoles no se siente satisfecha con ella y cree que no se la respeta, según el Barómetro de Opinión del CIS de noviembre. Su anacronismo queda claro con la simple lectura de muchos de sus artículos, como el 40.”Realizarán los poderes públicos una política orientada al pleno empleo; o el 47.  “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”.  Realmente conmemorar todos los años la Constitución me parece una burla a los españoles.

 

            Que el bipartidismo está en crisis es claro. No hay más que escuchar a la ciudadanía, que muestran un gran desencanto tanto hacia el PP como el PSOE. Según, la reciente Encuesta sobre Tendencias Políticas y Electorales del Grupo de Estudio sobre Tendencias realizada entre 15 de setiembre y 17 de octubre de 2012, la intención de voto sólo sumarían un 60% entre ambos partidos, en contraste con lo que ha venido ocurriendo en los comicios anteriores a 2011, en los que ambos partidos sumaban muchos más (83,8% de los votos en 2008, 80,3% en 2004, 78,7% en 2000…).  Tendencia que sigue in crescendo por los acontecimientos recientes vinculados con el caso Bárcenas, ya que según la encuesta de Metroscopia para El País realizada entre 30 de enero y 1 de febrero de 2013, el PP tiene una estimación de voto del 23,9% frente al 23,5% del PSOE y el 15,3% de IU y el 13,6% de UPyD. Los populares obtendrían hoy 20,7 puntos menos que en Noviembre de 2011 (cuando obtuvieron el 44,6% de los votos) y los socialistas 5,2 puntos menos (28,7% en 2011). Por su parte, la coalición Izquierda Unida lograría 8,5 puntos más que en las últimas generales (6,9%), al igual que la formación de Rosa Díez, que subiría 8,9 puntos respecto del 20N (4,7%). Según estos últimos datos entre el PP y el PSOE alcanzarían el 47,4%, por lo que el bipartidismo se ha roto.

 

            La ciudadanía española tiene con buen criterio una imagen oligárquica de la actual conformación de la sociedad, en la que los principales sectores económicos –sobre todo los Bancos– son vistos como el principal núcleo determinante del poder. Seguidos por el Gobierno (36%) que queda relegado a un discreto segundo puesto, y nada menos que 34 puntos por debajo de los Bancos, y por la CEOE (35,3%) en tercer lugar. No hace falta haber estudiado en la Universidad de Harvard para llegar a la conclusión de que se gobierna más en función de los intereses de los grandes bancos y empresas, que en los de la ciudadanía.

 

Como colofón, en el libro España en sus ocasiones perdidas y la Democracia mejorable, del catedrático Manuel Ramírez aparecen unas palabras de Ortega y Gasset, referidas a la I Restauración: "La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación». Según Salvador de Madariaga: "Al pintarla como de alucinación, Ortega la ennoblecía. Fue una era teatral; una época que pretendía ser lo que no era y simulaba creer lo que decía, a sabiendas de que no era lo que aparentaba ser ni creía en lo que decía". Si estos juicios son extensibles a nuestra situación actual, lo dejo al libre albedrío del lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí.

             Mientras estoy terminando estas líneas me viene a la memoria un comentario  del gran Josep Fontana que viene muy bien para lo que estamos comentando  “En una ocasión un periodista preguntó a don Ramón Carande, maestro de historiadores: “Don Ramón, resúmame usted la Historia de España en dos palabras”. La respuesta de Carande no se hizo esperar: “Demasiados retrocesos”.

 

Cándido Marquesán Millán

 

¿Sigue vigente el nacionalcatolicismo?

                                  

 

            Ha sido una constante histórica en España, la intransigencia de la jerarquía católica, que ha imposibilitado el equipararnos a un país moderno, como es un Estado laico.

 

Ha llegado a calar en amplios sectores de la sociedad española, acríticos y desconocedores de nuestra historia, que una de nuestras características esenciales es la catolicidad. Al respecto, cabe mencionar que otras opciones religiosas, como la musulmana, judía o protestante fueron arrancadas de cuajo. Obviamente, así, claro que España ha sido católica, no cabía otra opción. Y en base a tal circunstancia, las jerarquías católicas se han creído y lo creen todavía el tener derecho a imponer determinadas opciones, no solo religiosas, sino también políticas, morales, sociales y culturales a toda la sociedad española, cuando en ella amplios sectores tienen otras creencias religiosas, e incluso prescinden de ellas. Esta costumbre es multisecular.

 

 En 1788 el Santo Oficio incautó todos los ejemplares de la Encyclopédie Methodique, donde apareció el artículo Espagne, de Masson de Morvilliers en el que se decía  “El español tiene aptitud para las ciencias, existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de un fraile para leer y pensar? “

 

 Siglo y medio después, el 8 de octubre de 1931, en las Cortes de la II República en el debate sobre la “cuestión religiosa” y la enseñanza, Fernando de los Ríos, el entonces ministro de Justicia con un profundo dolor terminó su impresionante discurso, cuya lectura a cualquier cristiano, otra cosa es si es católico, le debería estremecer “Y ahora perdonadme, Señores Diputados, que me dirija a los católicos de la cámara. Llegamos a esta hora, profunda para la historia española, nosotros los heterodoxos españoles, con el alma lacerada y llena de desgarrones y de cicatrices profundas, porque viene así desde las honduras del siglo XVI; somos los hijos de los erasmistas, somos los hijos espirituales de aquellos cuya conciencia disidente individual fue estrangulada durante siglos. Venimos aquí con una flecha clavada en el fondo del alma, y esa flecha es el rencor que ha suscitado la Iglesia por haber vivido durante siglos confundida con la Monarquía y haciéndonos constantemente objeto de las más hondas vejaciones: no ha respetado ni nuestras personas ni nuestro honor; nada, absolutamente nada ha respetado; incluso en la hora suprema de dolor, en el momento de la muerte, nos ha separado de nuestros padres”.

 

Durante la dictadura franquista se implantó el nacionalcatolicismo. La religión católica fue obligatoria en primaria, en el bachillerato y hasta  en la  Universidad.

 

            Una vez instaurada la “democracia”, la jerarquía católica ha defendido siempre que la religión católica se impartiera en los centros educativos públicos, cuestión muy discutible en un Estado aconfesional, y además dentro del horario lectivo, evaluable como todas las demás asignaturas importantes y, finalmente, computable a todos los efectos. Ella nombra los profesores de religión, aunque los paga el Estado, y  si por alguna razón, como el haberse divorciado, pierden la confianza de la autoridades eclesiásticas, estas los cesan. El despedido reclama lógicamente,  la Magistratura de Trabajo le da la razón al ser un despido improcedente, y la correspondiente indemnización la asume el Estado. Alucinante. Mas no tienen bastante. Además exigen  para que la  enseñanza de la religión católica no pierda su carácter de disciplina fundamental que los alumnos que no deseen recibirla tengan  una opción alternativa, prescriptiva, evaluable y computable, que tiene que impartirla el profesorado público, con su correspondiente costo económico. Aquí no ha habido recortes. Esta interpretación no deja de ser maximalista  y excluyente. Y la Conferencia episcopal acaba de conseguir sus aspiraciones, sin necesidad de  manifestarse en las calles. El Ministerio sin negociar con los sindicatos representantes del profesorado ni con las organizaciones de padres, se ha reunido con los obispos para satisfacer sus deseos, ya que a los alumnos que no quieran religión se les impone en la LOMCE Valores culturales y sociales en Primaria y Valores Éticos en la ESO.  Alucinante. Esta imposición ya viene de lejos.  Fue Otero Novas, en  1980, bajo el gobierno de UCD el ministro que introdujo el régimen de alternativa obligatoria: la asignatura de Ética, que sería evaluable, como la de religión, al igual que las demás disciplinas fundamentales. Según Gómez Llorente  “Se rechazaba así, por vez primera, el régimen de pura voluntariedad —aceptar o rechazar esta enseñanza— y se afirmaba un estatuto de derechos y deberes realmente singular que «pasaba a consistir en optar entre ir a la clase de religión o purgar la heterodoxia cursando otra asignatura, de la que estaría exento si fuese a la clase de religión”. En el año 2000, con el PP se retornó a la «solución Otero»: la religión católica tendría una alternativa, evaluable y computable. La de—«sociedad, cultura y religión»—

 

También al diktat de la Conferencia Episcopal el Ministerio elimina Educación para la Ciudadanía, que no vendría mal en estos momentos. Y reafirma los conciertos a aquellos colegios, especialmente del Opus, que segregan a los alumnos por sexo. La Historia se repite, ya que unas jerarquías religiosas siguen imponiendo sus opciones a toda la ciudadanía. Como dice Kolakowski “Estos comportamientos no son un testimonio de valores cristianos, sino tesis de una jerarquía totalitaria y neonacionalcatólica.

 

Cándido Marquesán Millán

¿Hemos tenido alguna vez democracia en España?

                       

Todo lo que estamos viendo estos días relacionado con el caso Bárcenas ha puesto en evidencia que  hoy en España no tenemos democracia. Los populares podrán aducir lo que quieran, que es una campaña orquestada, que no ha existido financiación ilegal, y que todo en el PP es limpio y transparente.  Yo diría que este partido es lo más perecido a una fosa séptica. Todo huele a podredumbre. Las apariciones  de Dolores de Cospedal para justificar lo injustificable  son patéticas. Y la reciente intervención de Mariano Rajoy es lamentable, sin someterse a una conferencia de prensa con todas las de la ley.  No obstante, para mí lo que pueda decir este caballero, vista su utilización de la mentira como práctica política, me resulta irrelevante. No solo es mentiroso, también es cobarde. Un líder político, debe estar abierto a que los periodistas le puedan preguntar. ¡Qué menos!  Como muy bien dice un titular de la Voz de Galicia “El PP lo niega todo, pero sigue sin aclarar nada”. Parece evidente que el PP ha recibido “donativos” del mundo de la gran empresa, como también el PSOE y el resto de los partidos políticos, especialmente del sector inmobiliario, que han servido para pagar unos sobresueldos, en dinero negro, a los miembros destacados de la cúpula popular. Negar los hechos es un insulto a la inteligencia. Parece obvio, que si determinadas empresas hacen “donativos” a un partido político, o los bancos les hacen préstamos que luego condonan, es porque esperan sacar unos beneficios por ello. Nadie da nada por nada, a no ser que espere sacar algo a cambio.  Esto es corrupción. Pero lo más grave  es que además imponen a los respectivos gobiernos las políticas a aplicar en lo realmente importante, por lo que hoy en España no hay democracia. De esta cuestión hablaremos más adelante. Además, han incumplido la Ley Orgánica sobre Financiación de los Partidos Políticos vigente desde 1987 a 2007,  al haber superado las aportaciones a las permitidas y al ser empresas que, tenían contratos vigentes, estaban prestando servicios o estaban realizando obras o suministros a la Administración. Y no menos grave que con esos donativos se paguen unos sobresueldos a los dirigentes de un partido político, para no pagar impuestos a Hacienda. ¡Vaya ejemplaridad! En su extraordinario libro, Ejemplaridad pública, el filósofo Javier Gomá,  nos dice que toda vida humana es ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla.

Alguno podría pensar que la explosión de este escándalo se debe a un intento de regeneración ética de un medio de comunicación. En absoluto. Lo más probable es que todo se deba a luchas intestinas dentro del PP. Ya lo dijo en cierta ocasión Rodolfo Martín Villa “todo el mundo al suelo que vienen los nuestros”. Existen algunos miembros del PP muy poderosos que están interesados en desbancar a Rajoy. Me inclinaría a pensar que no anda muy lejos la ínclita lideresa, que accedió al poder de su comunidad en 2003, en el caso más grave de corrupción desde la instauración de la “democracia”, ya que como no entraba en sus planes de los populares la derrota electoral, volcaron las urnas. El PP madrileño compró a los diputados  Sáez y Tamayo, y eso es corrupción. Luego, al repetirse las elecciones la sociedad madrileña le dio la mayoría absoluta al partido corruptor.  Hay que recordarlo una y otra vez, ya que los españoles acostumbramos a ser muy olvidadizos, sobre todo, cuando nos conviene.

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Nos habíamos creído demasiado alegremente que teníamos un sistema democrático. Es cierto, que se celebraban elecciones tras unas campañas y unos programas electorales. Mas, todo se reducía a un simple recambio de las élites. Lo que para los observadores contemporáneos aparece como una batalla de intereses contrapuestos, que es zanjada por el voto de las masas, ha sido generalmente decidido mucho tiempo antes en un círculo restringido. Vamos a verlo.

Este sistema político, el peor exceptuados todos los demás, según Winston Churchill, como categoría política, en nuestra época está sometido a una contradicción, Por un lado, es el único régimen capaz de aspirar a la legitimidad. Ningún gobierno es aceptado si no se presenta ante la opinión pública como respetuoso del principio democrático. A la vez, las características que definen la democracia están en profunda crisis o amenazadas.

Tal como describe Gerardo Pisarello en su espléndido libro Un largo Termidor. Historia y crítica del constitucionalismo antidemocrático, si definimos democracia a grandes rasgos como un régimen basado en el sufragio universal, el pluralismo político, libertad de expresión, ideológica, de información; el gobierno de las mayorías en oposición al de unos pocos o uno solo; y capaz de maximizar la autodeterminación política con el respeto a las minorías; si evaluamos la salud de la democracia a través de estos elementos, tenemos que concluir que no disfruta de una buena salud.

El ejercicio del sufragio, a pesar de su generalización, tiene claras deficiencias. No pueden ejercerlo los jóvenes menores de 18 años, los inmigrantes- más del 10% del total; además de un alto porcentaje de abstención, todo un síntoma de desafección, de más del 30% en las últimas elecciones generales del 20-N. La desafección está acompañada en España por un sistema electoral injusto muy poco proporcional, instaurado en la Transición como un filtro para que determinadas fuerzas no llegaran a las instituciones y si lo conseguían con una representación muy inferior a su fuerza real; así como también para potenciar el voto útil o de centro político, en el que los elegidos suelen ser reclutados en las clases medias o altas, y con orientaciones políticas moderadas. Si ese filtro de la ley electoral no es suficiente, para ello está la articulación de los partidos políticos y la manipulación de la opinión pública. El mundo financiero y empresarial es clave en la creación, sostenimiento y financiación de los grandes partidos, por lo que, si estos llegan al gobierno, le proporcionan subvenciones, prebendas y favores sin cuento; e incluso, incumplen sus programas electorales para responder a sus solicitudes.  Lo estamos constatando en España. Según Josep Fontana la "United States Chamber of Commerce", la mayor federación empresarial del mundo, financió las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal Supremo. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington”. Aquí  en España conocemos cómo el mundo empresarial y financiero sufraga también las campañas electorales. Cualquier gobierno en España responde a las directrices de esta élite financiera-empresarial, haciendo caso omiso de los intereses de la ciudadanía. Los políticos se convierten en los mayordomos del gran capital, por lo que luego al abandonar la política son generosamente recompensados. Debido a la interconexión entre el mundo de la política con el financiero y empresarial, se produce el efecto "puerta giratoria": directivos del sector financiero o empresarial ocupan puestos políticos clave, y a la inversa. Prestigiosos” políticos forman parte como consejeros o asesores, con remuneraciones suculentas, de los consejos de administración de las grandes empresas, de los bancos, como pago por los servicios prestados.  Ángel Acebes es consejero de Iberdrola, y durante el primer semestre del 2012, por el trabajo de dos meses, periodo en que se celebraron dos consejos de administración y una junta general de accionistas, percibió 145.000 euros. Iberdrola Ingeniería fichó como consejero al marido de Cospedal, Ignacio López del Hierro. Endesa a Miquel Roca Junyent. Gas Natural y Endesa a Felipe González y José María Aznar por lo que cobrarán respectivamente 126.500 euros al año, y 200.000.  De ahí que Antoni Doménech, catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Barcelona haya dicho: “Las democracias actuales se enfrentan a poderes privados neofeudales más grandes y poderosos de lo que soñaron las más codiciosas dinastías empresariales de la generación de nuestros ancestros” Como prueba de ello: a finales de los 90 el presidente de Mercedes Benz, advirtió expresamente a Schröder que trasladaría toda su producción a los EEUU, de concierto con el gigante automovilístico Chrysler, para conseguir del canciller la destitución fulminante de su ministro de Hacienda, Oskar Lafontaine (quien narra el episodio en sus ácidas e instructivas memorias).

La libre circulación de ideas y opiniones se ve amenazada por los grandes medios de comunicación cada vez más concentrados y vinculados con los poderes financieros y empresariales, que al alcanzar tanto poder, pueden contrariar o delimitar la soberanía expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia, de ahí que el profesor Ferrajoli, les denomine poderes salvajes. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega “tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez, una gran resistencia a las imposiciones del poder político”. Un buen ejemplo de lo dicho podría servir el caso de Berlusconi, que llegó al poder al amparo de la propiedad de grandes medios de comunicación. En los consejos de casi todos los grandes medios de comunicación se sientan directamente consejeros del sector financiero, circunstancia que mediatiza la libertad de expresión de muchos periodistas. Lo mismo ocurre en cuanto a control por parte del mundo empresarial y financiero del mundo académico.

Si el ejercicio democrático la extendemos fuera de la política, al ámbito del trabajo, los barrios o las asociaciones civiles, el panorama es igualmente negativo. Por tanto, estamos viviendo en una democracia de baja intensidad. O, si se prefiere, en regímenes mixtos en el que el principio democrático va a remolque del oligárquico y en los que se aceptan las libertades públicas siempre que no traten de controlar los poderes de los mercados. Es evidente que el capitalismo concibe a la democracia como un instrumento de acumulación; si es preciso, la reduce a la irrelevancia y, si encuentra otro instrumento más eficiente, prescinde de ella (el caso de China). Según Boaventura de Sousa Santos “en los últimos treinta años las conquistas logradas han sido cuestionadas y la democracia, últimamente, parece más bien una casa cerrada y ocupada por un grupo de extraterrestres que decide democráticamente sus propios intereses y dictatorialmente los de las grandes mayorías. Un régimen mixto, una democradura. Hay que Democratizar la democracia, porque la actual se ha dejado secuestrar por poderes antidemocráticos. Es necesario evidenciar que una decisión tomada democráticamente no puede quedar anulada el día siguiente por una agencia de calificación o por una bajada en la cotización de las bolsas o por las declaraciones del ínclito Draghi, por cierto banquero. Por todo lo dicho me parecen muy oportunas las palabras expresadas por Joaquín Estefanía en un reciente artículo titulado La democracia aletargada “Si el partido que aspira a gobernar tiene que ocultar su verdadero programa porque de conocerlo los ciudadanos no le votarían; si el Gobierno de turno debe renunciar a sus propuestas y seguir la única senda posible que se le impone desde fuera (desde instancias políticas alejadas, desde los mercados,…), empieza a ser un misterio por qué alguien se tomará la molestia de votar y de estimular la alternancia partidista.”

Por todo lo expuesto, los recientes acontecimientos del caso Bárcenas, nos  ponen en evidencia que el Gobierno de Rajoy está más pendiente de responder a los intereses del mundo financiero-empresarial que a los de la ciudadanía.  Todas las medidas que estamos sufriendo, reforma laboral, amnistía fiscal, rebaja de impuestos a las grandes fortunas, rescate de los bancos, reforma del artículo 135 de nuestro texto constitucional, la destrucción del Estado de bienestar, ya sabemos de dónde han venido impuestas. Por ello,  si esto es democracia que venga Dios y lo vea.

Cándido Marquesán Millán

¿POR QUÉ ES TAN ABUNDANTE LA CORRUPCIÓN EN MADRID?

 

 

Estamos comprobando estas fechas cómo afloran numerosos casos de corrupción política en nuestro país, que están degradando más allá de lo razonable y tolerable la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Los informativos hablados y escritos tienen ya institucionalizada una sección específica sobre “la corrupción”.  Por ello, cualquier ciudadano preocupado por el presente y futuro de su país tiene que sentir inexorablemente una mezcla de cansancio, asco y de hedor. A la clase política en cambio esta circunstancia se la trae floja. Y también a amplios sectores de la sociedad española, vistos recientes resultados electorales. A veces, tengo la impresión de que los partidos políticos consideran rentable electoralmente llevar algún corrupto en una lista Hoy muchos españoles van a votar tapándose la nariz, lo que es una prueba incuestionable de que nuestra democracia está moribunda. Se necesita una ciudadanía responsable e impregnada de unos valores éticos claros y auténticos, que rechacen con contundencia cualquier caso de corrupción. Tarea, por cierto nada fácil, tal como estamos comprobando. Los escrúpulos morales parecen ser de otras épocas. Mas no siempre ha sido así, tal como señala el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova. Una trama de corrupción y sobornos, el escándalo del estraperlo para introducir una ruleta en el casino de San Sebastián, acabó en 1935 con la vida política de Alejandro Lerroux, el viejo dirigente republicano del Partido Radical que presidía entonces el Gobierno. Los ministros radicales tuvieron que dimitir, y cayeron también muchos cargos provinciales y locales del partido. En las elecciones de febrero de 1936, el Partido Radical, que estaba gobernando desde septiembre de 1933 hasta finales de 1935, se hundió en las elecciones. Quedó reducido a cuatro diputados, noventa y nueve menos que en 1933. Alejandro Lerroux ni siquiera salió elegido en la lista. Todo un ejemplo. Y eso que en aquellas fechas aproximadamente la mitad de los españoles eran analfabetos. Tendrían carencias educativas, pero los principios éticos eran muy claros. En cambio, a los españoles de hoy parce que nos ocurre todo lo contrario.

La lacra de la corrupción está en relación directa con el poder y el dinero, ya que suelen presentarse juntos, y ser compañeros de viaje inseparables. En Madrid reside el poder político desde hace siglos, ya que adquirió la condición de capital administrativa (desde 1561) y política (desde 1714). Aquí están: el Palacio de la Zarzuela, el Palacio de la Moncloa, el Congreso de los Diputados y el Senado, el Consejo del Poder Judicial, Tribunal Constitucional, Ministerios de Sanidad, Economía y Hacienda, Agricultura, etc. Por ende, aquí se toman las grandes decisiones políticas que afectan a todo el territorio del Estado. Y según Germà Bel, desde hace unas pocas décadas también se ha convertido en la capital económica de España, en el 2009 tenían sus sedes operativas las grandes multinacionales españolas, siete de las diez primeras: Banco de Santander, Telefónica, BBVA, Iberdrola, Endesa, Repsol, Iberdrola Renovables. A su vez atrae una fuerte inversión exterior; se han desarrollado sectores de alto valor añadido como el audiovisual y las altas tecnologías y del conocimiento. Están presentes las grandes instituciones culturales como Museo del Prado, Museo de los Thyssen-Bornemisza, el Reina Sofía, Biblioteca Nacional de España, la Real Academia de la Historia, la Real Academia Española. Los más poderosos e influyentes medios de comunicación como TVE, las grandes cadenas de radio y televisión; los periódicos de mayor tirada nacional, como El País, El Mundo, ABC, Marca y el AS. Por todo lo expuesto, hoy es innegable que en Madrid se está consolidando una élite, un núcleo de poder, político-financiero-funcionarial-mediático que, esta vez sí, ha conseguido la hegemonía peninsular, y que desde el centro está cuestionando todo el proceso de descentralización administrativa del Estado de las Autonomías, intentando recentralizar y uniformizar de nuevo el Estado español, lo que demuestra una concepción de España muy alicorta, como si esta acabara en la M-30.  El discurso de España se rompe está de moda. ¡Qué bien le vienen a Cristóbal Montoro las exigencias del cumplimiento del déficit público en las diferentes Comunidades Autónomas para meterlas en cintura!

Esta élite madrileña se muestra perfectamente ensamblada e interconectada entre sí e inaccesible para otros sectores de la sociedad, comparte unos mismos intereses y trata no solo de mantenerlos, sino también de acrecentarlos. Determinados políticos forman parte de los consejos de administración de las grandes empresas, de los grandes bancos, de las grandes inmobiliarias, en pago por los servicios prestados, conseguidos muchas veces producto de la corrupción. Y a la inversa del mundo de la gran empresa llegan muchos a la política. Es el llamado efecto de puertas giratorias. El exministro Ángel Acebes, está en el consejo de administración de Iberdrola. O José María Aznar asesor de Endesa. El caso inverso, el del ministro Luis de Guindos, procedente del mundo financiero. Esta elite se relaciona entre sí. Vive en los barrios más lujosos, desde los cuales en autobuses lleva a sus hijos a los mismos colegios privados, mayoritariamente religiosos, para que no compartan pupitre con la población inmigrante.  Posteriormente prosiguen sus estudios superiores en universidades también privadas, donde entablan relaciones, que les facilitan el ocupar en el futuro puestos destacados en los ámbitos de la política, la economía o la cultura. Cuando enferma recurre a la sanidad privada, ya que no quiere guardar fila tras un emigrante en la pública. Se divierte en los mismos lugares. Compra en las mismas tiendas, veranea en los mismos lugares.

Es obvio que aquí abundan más que en el resto del Estado el dinero, el poder, y como corolario, la corrupción. Hay muchos intereses económicos en juego, y si no se alcanzan por procedimientos legales, se recurren a los ilegales, de ahí la presencia constante de la corrupción. Algunos ejemplos nos lo ilustrarán, aunque podrían ser otros muchos. Los casos más importantes de corrupción política se han dado en Madrid. Uno de ellos, realmente excepcional y espectacular, sirvió para cambiar los resultados de unas elecciones autonómicas tras el soborno a dos diputados socialistas, Tamayo y Sáez, y así posibilitar el acceso al poder de la gran Esperanza Aguirre. Fue el caso más grave de corrupción de toda la historia de la reciente democracia española. Aquí no se compró a un concejal de urbanismo para recalificar unos terrenos. No, fue algo  muchísimo más dramático. Volcaron las urnas tras escupir en ellas, y pisotearon las papeletas depositadas por los ciudadanos madrileños. No repararon en medios, ya que había muchos intereses urbanísticos detrás. Mas esa élite trabajó a conciencia. Los medios de comunicación cargaron las tintas contra los diputados socialistas por haberse vendido. El aparato judicial también corrió un tupido velo sobre el asunto.  Consiguieron su objetivo. Y aquí paz y allá gloria. Mas es verdad de Perogrullo que si alguien se vende es porque alguien le ha comprado para sacar algún beneficio. Y aquí hubo algún beneficiado. Vaya que si lo hubo.  Cabe pensar que la gran Esperanza algo tendría que ver en este sucio asunto.

Y qué podemos decir del caso Gürtel, un escándalo de corrupción monumental por el número de personas implicadas, por el que numerosos alcaldes, concejales, diputados y otros cargos populares en la Comunidad de Madrid tuvieron que dimitir. Parece de sentido común que la máxima dirigente de los populares en esta comunidad tuviera alguna responsabilidad. Pues, no. También la susodicha élite ha trabajado a conciencia. Desde los medios de comunicación, si no consiguieron ocultar la trama, ante la magnitud del escándalo, si que consiguieron que, de nuevo, Doña Esperanza saliera indemne. Todavía más, salió reforzada al ser presentada como el adalid contra la corrupción. Y desde el poder judicial se expulsó de la carrera judicial a Garzón por su trabajo impecable en la investigación en la trama. Impresionante, de nuevo.

Y mientras estoy escribiendo estas líneas me llegan las noticias del pago en dinero negro a miembros de la cúpula dirigente del PP. Que se enriquezcan de tal manera, cuando hay tantos recortes, es un insulto a la ciudadanía. Y todavía más, que Dolores de Cospedal diga al respecto que “no me consta…”  Vale, lo admito. Mas a mí, sí que me consta que alguno tiene la cara más dura que el cemento armado.

Cándido Marquesán Millán

El desempleo: un drama rutinario

                       

 

Eurostat acaba de revelar que España ha superado los 6,1 millones de parados, una tasa del 26,6 %, la más alta de los Veintisiete. En cuanto al juvenil  el  57,6%. Estos datos además de rutinarios, son dramáticos. No solo no se reducen sino que se incrementan inexorablemente. Ya no son noticia. Nos hemos acostumbrado. ¿Este calvario tendrá fin algún día? Es lamentable que nuestros gobernantes ya no se sientan obligados a explicarlos. Poco ha, alguien del Ministerio de Trabajo, aparecía en los medios de comunicación para justificarlos, argumentando que era el final de la campaña de la vendimia o del turismo. O cualquier otra razón. Ahora nadie aparece. ¿Qué va a decir? Mas como todo es susceptible de empeorar, lo más grave está por llegar. En los medios de comunicación, más de lo mismo: despedidos 16.000 trabajadores de la banca, 2.800  de Iberia, 900 de TeleMadrid… Los populares nos avisan de la futura reforma de la administración. ¿Qué se esconde tras este eufemismo? Más empleados públicos a la calle. Y tiro porque me toca. ¿Llegaremos a los 7 millones?

¿Ya no hay otra alternativa que el despedir trabajadores en una mala situación económica presente o futura tanto en el sector privado como en el público? Por lo que parece, no. Tampoco requiere mucha imaginación, ni tampoco preparación académica el despedir trabajadores. Eso lo sabe hacer cualquiera. Cuando un empresario “no tiene beneficios o expectativa de ellos”, coge la lista de trabajadores y los más díscolos  a la puta calle. Entraría en la lógica que ante esta dinámica de destrucción de empleo en el sector privado, el público la contrarrestara manteniendo o creando puestos de trabajo. Muy al contrario. Es una auténtica máquina de destrucción masiva de empleo. Con el pretexto de hacer ajustes fiscales, por motivo de la deuda, en buena parte odiosa, se eliminan miles de empleados públicos. Para eso sobran ministros y secretarios de Economía, y sus numerosos asesores. Para ese viaje no se necesita ni media alforja. Eso sabe hacerlo un alumno de 1º de Bachillerato matriculado en Economía. Mas hace ya años que siempre se rompe la cuerda por el punto más débil. Tengo la impresión de que los ejecutores del sector privado y del público de estas draconianas medidas, nunca piensan en que sus efectos recaen sobre personas, que no son simples números en una estadística. Son seres humanos, que tienen unas necesidades básicas, familiares y sociales, no son una mera fuerza de trabajo que se coge o se tira sin contemplaciones.

El paro, su existencia y magnitud es la mayor manifestación del fracaso de las medidas económicas puestas en marcha para salir de este pozo. Es irrelevante, que nuestra constitución diga  que los poderes públicos realizarán una política orientada al pleno empleo. Keynes mostró su convicción en el poder de las ideas, persuadido que se paga un alto precio por las falsas y que las adecuadas  son aquellas que ayudan a resolver  los dos problemas más acuciantes de su tiempo: la pobreza y el desempleo.  Palabras claras.

Lo que parece claro es que el desempleo en España es el mayor problema. No es el déficit. Personalmente lo tengo claro. Mas  para aquellos que no comparten mi opinión les recomendaría la lectura del discurso titulado Empleo y Bienestar, pronunciado por Olof Palme el 3 de abril de 1984 en la Universidad de Harvard. Comenzó haciendo una referencia a otro discurso, el de Bruno Kreisky líder del Partido Socialdemócrata austríaco, en el que este habló del problema del desempleo, que según las previsiones iría in crescendo, y admitió su gran preocupación por un encuentro en Washington con representantes del Banco Mundial y del FMI. El presidente de este último, Jacques de Laroisiere dijo que para consolidar la expansión económica se debían tomar las siguientes medidas: reducir la inflación, disminuir el déficit público, cambios estructurales en la industria, liberalización económica. No dijo nada sobre qué había que hacer para reducir el desempleo. Ni siquiera lo mencionó.

 

            Palme señaló que el primer objetivo de su política era corregir el desempleo por tres razones.  En primer lugar, porque suponía un terrible despilfarro el tener los medios de producción infrautilizados  en todo el mundo, cuando existen muchas necesidades humanas insatisfechas.  En segundo lugar, el desempleo significaba sufrimiento humano, ya que el trabajo está relacionado con valores como la confianza en uno mismo, con la dignidad humana y el sentido de la vida. Por ello, su existencia suponía un incremento de los índices de mortalidad, la mala salud, los suicidios, muchas familias rotas, el incremento de la prostitución... En tercer lugar, porque su expansión masiva suponía una amenaza cierta para la democracia. El desempleo mina el cimiento sobre el que debe levantarse una sociedad democrática. Cuando la gente intenta conseguir un trabajo para integrarse en la sociedad, no hay sitio para ellos, por lo que amargados y desesperados pierden la confianza en la democracia y en  su armazón institucional.

Como acabamos de ver, estas palabras de Palme de hace 20 años no han perdido actualidad. Son muy claras, además de convincentes. El problema estriba en que este tipo de verdades no son expuestas muy a menudo hoy en día. Necesitan ser repetidas, para que no caigan en el olvido. Las comparte cualquier ciudadano dotado con ciertas dosis de sentido común y de solidaridad, aunque no sé  si en este colectivo está  incluida nuestra clase política.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

Necesidad imperiosa del “Aggiornamento” en el PSOE

 

 

La gravedad de la situación política, social y económica en esta nuestra querida España es inmensa, sin que den muestras de malestar los gobernantes del PP.  Lo que están haciendo es lo que siempre han creído, por lo que no se les puede acusar de incoherentes, otra cosa es lo que expresaron en sus campañas electorales, en las que mintieron como muy pocas veces ha ocurrido en un sistema teóricamente democrático. No merece la pena detenerse en esta situación crítica, ya que todos la estamos padeciendo. Se ha llegado como señala Josep Ramoneda a una cultura nihilista, en la que todo está permitido. La consolidación fiscal justifica todo. Mas, me parece muy  grave también el  que no haya una alternativa creíble y clara del principal partido de la oposición. Hoy los dirigentes del PSOE, además de administrar y repartirse las escasas migajas tras las sucesivas y contundentes derrotas, y de esperar el desgaste del enemigo para acceder un día al poder, dan la impresión de estar ejerciendo una oposición insustancial e intrascendente, tratando de cubrir el expediente. Se limitan a presentar un recurso de inconstitucionalidad contra el euro por receta, como si fuera la panacea universal; a mostrar su apoyo a las diferentes mareas, qué menos; a defender, aunque sin mucha convicción, políticas de crecimiento frente a las de austeridad para generar empleo, sin que nadie sepa cuáles son; a oponerse al incremento de las tasas judiciales. Y no mucho más. Eso sí, dicen que son tiempos para reflexionar. Pues, a reflexionar toca, mas cuando acaben de  reflexionar, los daños producidos serán irreversibles e irreparables. Mas lo cierto es que el PSOE, que ha sido una referencia fundamental en estos 30 años pasados para la gran mayoría de la sociedad española, hoy la  está perdiendo a marchas forzadas. Lo expresa muy bien, un militante del PSOE de Madrid-PSM, Enrique del Olmo en un reciente artículo contundente y clarificador PSOE: Prudencia y Temeridad “Los datos electorales, las encuestas, la sensación de la calle, las bajas de militancia,…todo, absolutamente todo, muestra la perdida de peso social del Partido Socialista, la baja credibilidad que para la ciudadanía tiene lo poquito que dice. Ya no es que se esté de acuerdo o en desacuerdo, es que ni siquiera se le presta atención”. No anda descabellado. Entiendo que para comenzar a ser escuchado de nuevo por la sociedad española, debería además de reconocer los errores cometidos y que en un acto de generosidad  abandonaran la primera fila los que tuvieron una directa participación en ellos, construir un relato político claro, creíble, alternativo y socialista. No quiero detenerme hoy en ese relato alternativo, que lo haré en otra ocasión, no obstante aunque sea de pasada  solo quiero enunciar algunas de posibles propuestas: referéndum sobre  Monarquía o República; implantación de un Estado laico, denunciando los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede; reforma constitucional de artículos como el 135, que prioriza el pago de la deuda sobre el gasto social, o el 8  ,una autentica espada de Damocles sobre el poder político, que dice  “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.”; reforma de la ley electoral; sistema fiscal progresivo con una clara persecución del fraude; revisión de la deuda pública para conocer cuál es odiosa; control o nacionalización de servicios básicos fundamentales como energía, telecomunicaciones; control del sistema financiero; defensa, pero de verdad, de los servicios públicos frente a los señuelos de la privatización; lucha a muerte para el mantenimiento y reforzamiento del Estado de bienestar; persecución de cualquier tipo de corrupción política; financiación suficiente y transparente de los partidos políticos para librarse de la dependencia de los poderes financieros y empresariales; revisión y consiguiente rectificación del modelo neoliberal de la Unión Europea. Si el PSOE tuviera el coraje de proponer y defender estos planteamientos, es probable, mejor seguro, que empezaría a remontar sus expectativas de voto. Mas, hoy me fijaré en otro aspecto, también fundamental.

Para salir a solucionar los problemas de la sociedad, el PSOE debería resolver sus problemas internos, que son muchos y profundos. Uno de ellos la falta de democracia interna en cuanto a su funcionamiento.  Su existencia no debería ser una deferencia o concesión de sus dirigentes, ya que es un mandato constitucional. El artículo 6º de nuestra Constitución es muy claro: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.” De la misma manera la democracia interna la establecen categóricamente los estatutos de los diferentes partidos.  Mas cualquiera preocupado por la cosa pública y que conozca el funcionamiento del PSOE sabe que hablar de democracia en el es una burla. Y esa falta de democracia la propicia el aparato, pues son sus dirigentes, quienes toman las decisiones marginando a las bases. El aparato, la excesiva burocracia interna, la lucha a muerte por el poder, y el culto a la alabanza y la sumisión, son absolutamente incompatibles con la opinión, la saludable discrepancia y el debate transparente. Por ello, la renovación de ideas y personas es imposible. Y no lo es porque sus dirigentes tienen auténtico pavor a la "democracia", es decir, al debate de ideas, a permitir las discrepancias. Sorprende la pasividad de muchos de sus militantes del PSOE. Lo que estoy diciendo es lo que todo el mundo piensa y pocos se atreven a decirlo. Lamentablemente esta es la deriva por la que camina este partido, como también en  todos los demás. Nada nuevo bajo el sol. Esta situación viene de lejos, ya nos lo señaló Robert Michels en su conocida "ley de hierro de la oligarquía" en 1911 en su libro, basado en la dinámica institucional de Partido Socialdemócrata alemán (SPD), Partidos Políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas en la democracia moderna. La tesis fundamental es que no es posible la lucha obrera sin organización, pero que esta trae consigo especialización de funciones, división del trabajo, y con ellas, burocracia, jerarquía y el gobierno crecientemente oligárquico de una cúpula cada vez menos sometida al control de las bases. Expone cómo y por qué mecanismos los dirigentes políticos del partido tienden a integrarse en el sistema social y económico vigente, en contra de la opinión mayoritaria de las bases; cómo se perpetúan y se reproducen por cooptación; y cómo, finalmente, los de abajo que aspiraban a llegar arriba establecen un relación clientelar con los dirigentes. La conclusión es desoladora, ya que si en el partido de vocación más democrática, como el SPD alemán, se cumple esta "ley de hierro de las oligarquías", entonces tiene que suceder con más intensidad en el resto de partidos. Por ello, la obra de Michels debería ser de obligada lectura para los dirigentes del PSOE.

En este proceso de democracia interna, se debería contar con la militancia, ávida de expresar su opinión y que no puede hacerlo.  Muchas asociaciones del PSOE no se reúnen nunca, salvo para aprobar las listas electorales. También cuentan con la militancia para llenar los pabellones deportivos o las plazas de toros en campaña electoral y vitorear a los diferentes candidatos, que acuden para la ocasión con vaqueros y chaquetas de pana. Deberían funcionar grupos de trabajo de militantes y simpatizantes específicos sobre diferentes temas: educación, sanidad, medio ambiente, política industrial… para plantear  y debatir propuestas, y las conclusiones fueran reflejadas en los programas electorales. Ya que hoy los confecciona algún listillo del partido un fin de semana a base cortar y pegar.

También deberían contar con la sociedad civil y acercarse a ella, tratando de recoger sus problemas y sus preferencias para canalizar sus preocupaciones, que son muchas en estos momentos. Procedimientos hay muchos. Los cabezas pensantes del partido, con dedicación a jornada completa a la actividad política, tienen que saber cómo pueden llegar a la ciudadanía. No obstante, un ciudadano de a pie, se toma la licencia de expresar alguna de estas iniciativas. Ahí podían desempeñar un papel fundamental las TIC, con páginas webs actualizadas y operativas para informar de las actividades del partido y recoger las propuestas de la sociedad civil. Tener una presencia más activa los dirigentes del partido en los medios de comunicación con artículos de opinión, en debates de radio o televisión.  Senadores y diputados tener despacho abierto durante algunos días a la semana en las sedes de los partidos  para recibir a los ciudadanos. Celebrar periódicamente reuniones con las diferentes asociaciones de la sociedad civil: asociaciones de jubilados, de parados, de jóvenes, de padres y  madres, de vecinos, de universitarios, de emigrantes, etc.  En definitiva hay que salir a la calle.  El PSOE necesita aggiornamento, es decir “la puesta al día”, o “la actualización”, con respecto a la calle.  Me parecen muy oportunas las palabras de Juan XXIII emitidas el 25 de enero de 1959“Abramos las ventanas de la Iglesia”. “Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia, con la finalidad de que podamos ver lo que pasa al exterior, y que el mundo pueda ver lo que pasa al interior de la Iglesia.” Eso mismo necesita el PSOE, aunque no sé si en su estructura hay alguien para emprender y liderar esta tarea.

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

La batalla de Madrid

                                            

 

Han sido inmensas las movilizaciones del personal sanitario, de la  sociedad civil y de las fuerzas políticas de la oposición en defensa de la sanidad pública en la Comunidad de Madrid, contra el proyecto del PP de externalizar (privatizar) la gestión sanitaria de seis hospitales, de algunos centros de salud y la implantación del euro por receta. Llama la atención que en las elecciones autonómicas de 2011, los madrileños dieron 72  escaños al PP de un total de 129. Es de esperar que tomen buena nota. 

Este impresionante movimiento de protesta, al Gobierno de Ignacio González,  se la trae floja. Por ello,  la Asamblea de Madrid aprobó la Ley de Medidas Fiscales y Administrativas para 2013, que avanza en la privatización sanitaria. Mas los populares lo tienen muy claro. Cuando llegan al poder entran a saco. En cambio, la izquierda  es modosita, supongo que aprenderá la lección. A los populares no se les puede acusar de incoherentes.  Como nunca han creído en “lo público”, su objetivo es erosionarlo, masacrando a los empleados públicos para desanimarlos; con la falsa justificación de su alto costo, y así transferir al sector privado, con el argumento  falaz de su mayor eficacia, servicios públicos, que pueden reportar pingües beneficios a empresas vinculadas con las cúpulas dirigentes del PP. Nada nuevo bajo el sol. El capital privado huye de aquellos sectores productivos que ya no generan beneficios, para refugiarse en el sector público. Primero fueron los monopolios públicos estratégicos vendidos a precio de saldo: Telefónica, Repsol, Iberdrola, Argentaria, etc. Ahora los servicios públicos que aseguran no sólo la clientela, sino también la financiación. En el caso de la sanidad pública madrileña, 6,5 millones de clientes y 7.000 millones de euros.

Es sabido que los sistemas sanitarios público y privado funcionan como “vasos comunicantes”: para que el privado tenga posibilidades de lucro primero hay que desprestigiar, debilitar o “destrozar” al público. Mas según Ángeles Maestro, la pretendida “calidad y eficiencia” de la  sanidad privada  consiste en subcontratar a distintas empresas laboratorios, radiología, celadores, limpieza, cocinas, etc. Un auténtico caos. Se elimina personal y se empeoran sus condiciones laborales. Se seleccionan pacientes, enviando a los no rentables (enfermos crónicos, personas mayores y casos complejos) a los hospitales públicos. A los accidentados de tráfico la Guardia Civil  ya no los remite al hospital de Parla. Se incentiva económicamente a los médicos con un porcentaje de su sueldo,  para que den altas precoces, no soliciten pruebas diagnósticas o no indiquen tratamientos costosos. Donde se han aplicado estas medidas ha aumentado la mortalidad, las invalideces, las infecciones hospitalarias, etc. Además existe otra secuela muy dañina, muchos que, al confiar plenamente en la sanidad pública, no tenían suscrito ningún seguro médico privado, si continúa su degradación, no tendrán otra opción que recurrir a la privada, por lo que si son de edad ya madura deberán suscribir unas costosísimas pólizas. Esto es el capitalismo en estado puro, aplicando a la sanidad su ley sagrada: obtención de beneficios por el medio que sea. En este caso jugando con las vidas humanas. Mas un derecho humano no puede ser negocio privado.

 

No obstante, esto viene ya de lejos.  Según Joan Benach, en 1991, el Informe Abril hablaba ya de mejorar la eficiencia de la sanidad pública separando la financiación pública de la provisión de servicios o instaurando los conceptos de “prestación adicional” y “complementaria” cofinanciados por el usuario.  También aparecieron los argumentos ya conocidos: el sector público es “insostenible” y “burocrático”, el privado es “más eficiente”, “la salud pertenece al ámbito personal”, los usuarios son responsables de “abusar de la sanidad”. A finales de los noventa, el proceso mercantilizador se aceleró. En 1997, con el Gobierno de José María Aznar, el PP aprobó (con el apoyo de PSOE y PNV) la Ley 15/97 permitiendo la entrada de entidades privadas en la gestión de los centros sanitarios públicos, y en 1999, se llevó a la práctica con la construcción y gestión del hospital de La Ribera en Alzira. En Madrid se inició con la cesión en 2005 del hospital de Valdemoro a la empresa de capital sueco Capio.  El guión está escrito.  Primero las empresas privadas se apropian de la sanidad pública. Cuando la tienen, pasado un tiempo  aducen que las aportaciones públicas son insuficientes para el mantenimiento de las prestaciones, por lo que exigen más dinero. Y la administración a pagar.

Un tema tan importante como la sanidad, no se trata de la gestión de las bibliotecas, según Soledad Gallego-Díaz, no se ha debatido en la Asamblea  de Madrid, ni se ha consultado a los expertos y a los interesados, pacientes y personal sanitario, ni se conocen las normas de control, ni se han fijado los objetivos de los nuevos centros  privatizados, ni se garantiza la transparencia del gasto. Lo de Madrid es un ejemplo de falta de profesionalidad de unos políticos poco habituados al control, la exigencia, y la demanda de responsabilidades.

Por todo lo expuesto, sin una presión contundente de la sociedad civil liderada por toda la izquierda política y sindical, en el futuro próximo veremos la privatización total de la sanidad. Una tarta de 70.000 millones. Tiempo al tiempo. Por ello, la batalla que se está dilucidando en Madrid es crucial, ya que de su desenlace depende el futuro en el resto del Estado.

Cándido Marquesán Millán