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UNA IGLESIA MUY CATÓLICA , PERO MUY POCO CRISTIANA

Cándido Marquesán Millán

La jerarquía católica española este pasado domingo, día 13, llevó a cabo en la ciudad de Tarragona la beatificación de 522 católicos, que fueron asesinados en tiempos de la Guerra Civil.  Sorprende el olvido de otros, como los sacerdotes vascos;  o del cura mallorquín, Jeromi Alomar, a quien también mataron los católicos franquistas por ayudar a algunos republicanos. No quiero entrar ahora en valorar en cuánto ha costado, y de dónde han salido los dineros para sufragar toda esta apoteósica ceremonia, que no sería de extrañar que hubieran sido de los presupuestos generales del Estado.

 

Esta cuestión merecería un artículo especial.  En un acto estrictamente religioso hubo una presencia importante del poder político encabezado por el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada; el presidente de la Generalitat, Artur Mas; los ministros de Justicia e Interior, Alberto Ruiz Gallardón y Jorge Fernández Díaz, lo que es muy cuestionable si tenemos en cuenta que el Reino de España es un Estado aconfesional, tal como aparece en nuestra Constitución de 1978, en su artículo 16.3 donde  se especifica con claridad meridiana: Ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones. De acuerdo con este enunciado, es evidente que el Estado español no es un Estado religiosamente confesional. Luego parece claro que una presencia del poder político en un acto estrictamente religioso está fuera de lugar.  Mas no es a esta cuestión a la que quiero referirme, aunque no deja de ser importante.

Retornando al proceso de las beatificaciones, la Iglesia católica puede beatificar a todos aquellos pertenecientes a su religión, que según su criterio sean merecedores de ello. Lo que no me parece de recibo es que habiéndose mostrado continuamente en contra de la Memoria Histórica, en ese proceso de reconocer y desenterrar a miles de republicanos asesinados por los fascistas con la aquiescencia, beneplácito y apoyo en ocasiones de los católicos, que todavía yacen como perros en las cunetas, argumentando que eso supone reabrir heridas, y sin embargo lo que ella hace ahora con estos actos de beatificación a sus creyentes asesinados en la Guerra Civil, eso no le merezca la misma opinión. Resulta de un cinismo que produce escalofrío.

Como prueba de esta manera de pensar, aunque podrían ponerse otros muchos ejemplos dentro de las jerarquías católicas españolas, quiero referirme al documento, aprobado por la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, en noviembre de 2006, titulado Orientaciones morales ante la situación actual de España.  El Título I y en su primer apartado, se titula: La reconciliación amenazada. La C.E. se refiere a dos datos de la historia reciente. El primero, después del régimen político anterior-así denomina al régimen de Franco- es el advenimiento de la democracia,  a cuya llegada se arroga la Iglesia católica un gran protagonismo, facilitando una transición fundada en el consenso y la reconciliación entre los españoles.

Así fue posible la Constitución de 1978, basada en el consenso de todas las fuerzas políticas, que ha permitido treinta años de prosperidad y estabilidad, con las excepciones de las tensiones normales en una democracia moderna, poco experimentada, y de los ataques del terrorismo. Esta situación puede quebrarse, ya que la sociedad vuelve a hallarse dividida y enfrentada., como consecuencia de la “Memoria Histórica”, guiada por una mentalidad selectiva, que abre de nuevo viejas heridas de la Guerra Civil y aviva sentimientos encontrados que parecían estar superados. En la misma línea es la Carta Pastoral de marzo de 2007 publicada en su diócesis por el  entonces Obispo de Huesca y de Jaca, Monseñor Jesús Sanz Montes, titulada “Los Idus de Marzo”.

Es un documento breve, mas no exento de enjundia y calado. Es difícil decir más cosas y con menos palabras. Se inicia con una alusión a la obra de Thornton Wilder, titulada “Los idus de marzo”, fecha en la que  fue asesinado Julio César. En esta novela, nos dice el obispo,  se muestra cómo hay hombres movidos por el heroísmo, la generosidad y la virtud; así como otros, lo hacen por el egoísmo, la traición y la deslealtad. Es una concepción maniquea, una división tajante entre los buenos y los malos. En la misma línea de los juicios emitidos por el obispo de Salamanca, Enrique Plà y Daniel, en la pastoral de septiembre de 1936, “Las dos ciudades.” No creo sea necesario especificar  quiénes son los buenos en 2007 y quiénes son los malos. Los malos son los socialistas, a los que acusa de sacarse de la chistera el resentimiento de la Memoria Histórica.

Semejantes alineamientos políticos me recuerdan a la actitud que en la Guerra Civil  mostraron las más altas jerarquías eclesiásticas españolas, de apoyo inequívoco a los militares sublevados, en la Carta Colectiva de 1 de julio de 1937, Sobre la Guerra de España, dirigida a los obispos de todo el mundo, de la que extraigo unas breves líneas:

“La guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del Gobierno nacional dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían logrado en las urnas, se transformó, por la contienda cívico-militar, en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió en defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España por la novísima civilización de los soviet rusos.”

Con semejantes comportamientos la jerarquía católica española de entonces y la de ahora, olvidándose de miles de obreros, maestros  y sacerdotes asesinados por los fascistas, opta por situarse en contra de una parte importante de los españoles,  y  por ello, está muy lejos de ser fuente de reconciliación.

Yo recomendaría a Monseñor, Jesús Sanz, y al resto de las jerarquías católicas españolas, que leyeran la declaración de 1971, de la Confederación Episcopal Española siendo presidente Enrique Tarancón, dirigida a la sociedad española, que no pudo ser aprobada al no encontrar el apoyo necesario (dos tercios),  cuyo texto, que quedó inédito, era el siguiente:

“Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso y su palabra ya no está en nosotros (1 Jn 1, 10). Así pues, reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no siempre hemos sabido ser verdaderos ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo, dividido por una guerra entre hermanos.”

Ni que decir tiene que con los miembros de la jerarquía católica española actual, es una utopía que hagan un acto de contrición por haber apoyado a la dictadura franquista, que fue responsable de tantas muertes durante y después de la Guerra Civil. La Iglesia no solo no se quejó de tanto exterminio, al contrario fue cooperadora necesaria de la represión. Muchos informes de curas condujeron a los denunciados ante los pelotones de ejecución.

Sorprende que la jerarquía de la Iglesia católica española no haya entonado todavía su mea culpa por su papel en la Guerra Civil y en la dictadura. Porque si la Iglesia además de perdonar pidiera perdón, según palabras del abad de Montserrat, se uniría a aquella súplica formulada por Azaña  en su discurso del 18 de julio de 1938 en el que terminaba pidiendo "paz, piedad y perdón”.

Mas para llevar a cabo una decisión de este calado, sería necesario que las jerarquías católicas españolas se olvidaran de ser tan católicas, para ser auténticamente cristianas.

Puede que el capitalismo salte hecho pedazos

Cándido Marquesán Millán

El capitalismo per se necesita para generar el beneficio de unos pocos  la explotación y la miseria de muchos. Lo que no deja de ser irracional e inmoral.  Veámoslo: ¿Cómo es posible que un solo hombre, como Bill Gates o Amancio Ortega, pueda acumular una riqueza que supera a la de muchos países del mundo? Se argumenta que son genios. Como dice Zizek  la pregunta pertinente no es cómo lo consiguió Bill Gates sino cómo está estructurado el sistema capitalista, qué es lo que no funciona  en él para que un individuo pueda alcanzar un poder tan desmedido. Mientras tanto la desigualdad y pobreza  se incrementan día a día, no solo en los países en vías de desarrollo.

Los pobres superan los mil millones. En cuanto a los hambrientos, sobre todo mujeres embarazadas y niños, la cifra superan también los mil millones. La situación se ha agravado con el incremento de los precios de los alimentos a partir del 2007, por las operaciones de derivados sobre alimentos realizadas por bancos y fondos de inversión norteamericanos y europeos.

La realidad del capitalismo, nos conduce  a unas situaciones de riesgos imprevisibles. ¿No nace de la lógica del mercado y del beneficio lo que induce a las empresas privadas a buscar sin descanso innovaciones científicas y tecnológicas (o simplemente a aumentar la producción) sin tomar nunca en consideración los efectos a largo plazo de su actividad ya sea sobre el medio ambiente o sobre la salud del género humano? Ahora mismo estamos constatando que se están arrancando las entrañas de la Tierra por parte de la plataforma Castor delante de las costas de Castellón y Tarragona. Estamos tranquilamente dormidos en una cama en llamas, como dijo el psicólogo Daniel Gilbert. De hecho, la reacción ante las emisiones de carbono o el Protocolo de Kioto es la del bostezo.

El landgrabbing (acaparamiento de tierras) por parte de empresas estatales o privadas para el cultivo especialmente de agrocombustibles, propicia que muchos campesinos sean expulsados del agro y obligados a refugiarse en los suburbios de las megaciudades del África subsahariana, Asia o Latinoamérica, donde viven en condiciones infrahumanas, Abundantes países del Tercer Mundo no pueden evitar la expansión la epidemia del VIP, al no poder comprar determinadas terapias por su alto costo, mientras empresas farmacéuticas las tienen acumuladas en sus almacenes. El capitalismo está podrido en esencia. Algunos, como los socialdemócratas con cierta ingenuidad pensaron durante los 30 Años Gloriosos de después de la II Guerra Mundial, que estaba embridado a perpetuidad. En absoluto. Cuando se le deja suelto, como ocurrió a partir de los 70 y 80 del siglo XX, se comporta como una bestia voraz y desbocada. Lo estamos constatando.

Todavía recuerdo la advertencia que nos hizo en clase de Historia del Mundo Contemporáneo, el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Juan José Carreras “la socialdemocracia en lugar de ser enterrador del sistema capitalista se va a convertir en su médico de cabecera”. Tenía razón. Es incorregible. Su desenvolvimiento lleva siempre consigo muerte, miseria, desesperación y sufrimiento.

Conspicuos historiadores, sociólogos, politólogos y expertos en ciencias sociales han afirmado que para corregir y sanear esas contradicciones el sistema capitalista provoca con una periodicidad de unos 50 años una conflagración mundial. Así ha sido en el siglo XX. A la gran guerra de inicios del siglo XX, siguió otra en su zona intermedia y según esta cadencia temporal era previsible la siguiente en torno al siglo XXI.  Aunque alguien no lo crea, la tercera ya ha llegado, estamos inmersos de pleno en ella. Vicente Verdú en su libro El capitalismo funeral tiene un capítulo titulado La Tercera Guerra Mundial. Puede parecer tal nombre extemporáneo, más a medida que lo vas leyendo, compruebas que todos los acontecimientos de esta Gran Crisis se asemejan cada vez más a una auténtica guerra mundial.

Bancos poderosos hundidos, países desplomados, gobiernos caídos…. Millones de empresas y de trabajadores del automóvil, de los servicios, de la construcción convertidos en carne de cañón. Funcionarios con sus trabajos en peligro y jubilados con sus pensiones rebajadas o cuestionadas. Aquí hay centenares de millones de damnificados como en una auténtica guerra mundial. Y en esta, como en las otras, ignoramos cuándo terminará o si las armas de destrucción seguirán provocando más destrozos y sacrificios humanos, ya que nuestros gobernantes no saben, no quieren o no pueden proporcionarnos un resquicio de esperanza para tanto sufrimiento. Por ello, la Gran Crisis actual es una auténtica guerra total que dinamita cualquier proyecto de futuro de millones de personas, sin que importe la edad, sexo, nacionalidad o profesión.

Cada una de estas guerras fue más destructiva en pérdidas humanas y materiales que la anterior, aunque también supusieron avances espectaculares de I+D. En cada ocasión, nos dicen, el sistema aumentó su eficacia, incrementó su poder y beneficios, y se reafirmó en su convicción de su dominio. Esta visión ahora puede ser errónea. Puede que el capitalismo salte hecho pedazos, no porque sea sustituido obviamente por el sistema comunista por el triunfo de la lucha obrera, sino por la locura de la clase capitalista misma, que irremediablemente explotadora, llegaría en su máximo delirio, a la autoexplotación brutal, plasmada en que el 1% acumule el 99% de la riqueza, sin que por ello se sienta satisfecha. Así se cumplirían las predicciones de Marx: "El capitalismo lleva en si el germen de su propia destrucción por su insaciable sed de plusvalía y de ganancia".

Si no salta hecho pedazos puede que sea porque como Verdú señala en otro capítulo del libro, no menos explícito en cuanto al título El pringue del miedo, que el miedo es la materia prima que primero une a los seres humanos, y especialmente al núcleo familiar. Según Jean Delumeau en El miedo en occidente hasta la Revolución Francesa sentir miedo era una indignidad. Montaigne lo asignaba a las gentes humildes e ignorantes, era una debilidad que no correspondía a los héroes y los caballeros. Una sociedad sin valientes era una sociedad impedida para cumplir su destino y presta a la disgregación. Hoy no es una vergüenza sentir miedo ni tampoco manifestarlo. Por eso, estamos donde estamos. Mientras sigamos acongojados, seguirán imponiéndonos más vueltas de tuerca, aunque están jugando con fuego. Los grandes incendios comienzan con un leve chispazo.

 

ESTO ES SADISMO Y ENSAÑAMIENTO

 

Los sustantivos que encabezan estas líneas usados para calificar a determinadas acciones políticas en la España actual pueden parecer extemporáneos. Mas, confío que quien tenga la paciencia de leerlas hasta el final, podrá darse cuenta de que están plenamente justificados. Porque, vamos a ver: ¿Cómo calificar el eliminar el Programa de Teleasistencia para personas mayores, el negar el derecho a la asistencia reconocido por ley a personas dependientes, el imponer un repago de medicamentos a jubilados con unas pensiones insuficientes, o los que se empezarán a recobrar a los pacientes derivados al hospital, como enfermos de algunos tipos de cáncer, hepatitis, artritis… hasta ahora gratuitos? ¿El dejar sin servicios de urgencia nocturna a pequeños pueblos habitados por personas mayores? ¿El cerrar centros de atención a personas drogodependientes o a mujeres maltratadas? ¿El reducir becas de comedor para chavales de familias sin recursos? ¿El congelar el sueldo a los empleados públicos por cuarto año consecutivo haciendo caso omiso de la negociación colectiva?  ¿El privatizar servicios públicos como educación o sanidad, muy valorados por la ciudadanía? Todas estas acciones, amparadas en la prepotencia del poder, son un paradigma de sadismo y ensañamiento. Como también lo son dos decisiones políticas de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez. Pocos dirigentes políticos en nuestra historia han causado tanto daño,  a tantas personas y en menos tiempo. Es la responsable de una Reforma Laboral brutal, que coloca a los trabajadores españoles de rodillas  ante el capital, al serles arrancados un conjunto de derechos socio-laborales, que ingenuamente pensábamos eran intocables. Dudo mucho que el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, se hubiera atrevido a tanto. Dice bien Josep Fontana "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales ha sido destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo”.  Insto a los españoles a que se la lean, especialmente a los que no secundaron la huelga del 29-M y a los todavía acérrimos defensores del gobierno del PP; y que, tras su lectura, reflexionen sobre las condiciones socio-laborales impuestas a sus hijos y nietos.  ¿Ese es el futuro que quieren para ellos? Pero no piensen que la ínclita ministra siente remordimiento alguno por una ley tan cruel, muy al contrario, alardea de ella, ya que primero nos dijo que serviría para crear empleo; luego para evitar la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo.

La segunda, no menos sádica, es la Reforma de las Pensiones, que condenará a los 8,3 millones de pensionistas actuales y los futuros a una pérdida irreparable de su nivel de vida. Tampoco siente remordimiento alguno, muy al contrario, saca pecho de ella,  ya que según sus palabras en sede parlamentaria “Este Gobierno ha estado más cerca de los que lo están pasando peor, de los más  débiles: de los pensionistas y de los parados. En consecuencia, con este modelo ganamos todos: ganan los pensionistas que hoy están cobrando la pensión y van a ganar los pensionistas del futuro, porque van a tener una pensión justa y equitativa, como la que tienen hoy, y además las pensiones irán creciendo siempre año a año. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe  que en el 2014  y en los años sucesivos por la marcha de nuestra economía, la subida será del 0,25%, muy por debajo del IPC, aunque ahora nos dice el Gobierno que espera a conocer el IPC de noviembre. La desfachatez de esta señora es ilimitada. Como muy bien le replicó el diputado de Amaiur, Sabino CuadraYo creo que esto ya trasciende el terreno de la burla y de la mentira y pasa ya a otros terrenos bastante más serios: es ya puro sadismo lo que está usted haciendo…. si usted dice esto sola delante  de un espejo, hasta usted se ríe, fíjese, y el espejo se parte, porque esto es de un cinismo inconmensurable.. le recomendaría, por séptima vez, que se diera usted una vuelta por cualquier club de jubilados y les  cantara la milonga esta que nos está cantando usted a todos nosotros”.

 Si las Cospedal, Mato, Báñez, han tomado estas decisiones implacables, cabe pensar que tendrán “motivos” poderosos para hacerlo, mas lo que parece claro es que el daño que la mayoría de la ciudadanía española está sufriendo es inmenso y que quedará plasmado para siempre en los libros de nuestra historia. Por ello, aunque solo fuera por esa responsabilidad, que asumen ante la historia, deberían ser muy cautas antes de tomarlas. Sin embargo, por la frialdad, contundencia e insensibilidad que muestran cuando estampan sus firmas en los decretos que ponen en marcha tales decisiones, tengo la impresión de que no son conscientes de lo que están haciendo. Si lo fueran, cuando menos, de alguna de ellas en sus comparecencias públicas, cabría esperar que mostraran algún tipo de pesadumbre-algo previsible y digno en un ser humano-, como hizo Elsa Fornero, ministra de Trabajo del Gobierno de Monti, que se puso a llorar al dar conocer los recortes en las pensiones, sanidad y educación públicas italianas. Mas. nuestras políticas  salen ya lloradas de casa. Y además alardean de patriotas. De verdad, como español siento auténtico pavor ante la clase política que nos gobierna, que es capaz de realizar tales fechorías. Acertaron de pleno  Plauto y Hobbes con “homo homini lupus.

Publicado en El Periódico de Aragón, 6 de octubre de 2013

Cándido Marquesán Millán 

En plena época de Internet y de la play station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años".

Cándido Marquesán Millán

Es seguro  que muchos españoles que alardean de patriotismo, no me atrevo a cuantificarlos, al leer estas líneas y vean que versan sobre el tema, ya sobado mas todavía no resuelto, de la Memoria Histórica, exclamarán que ya vale, otra vez con la misma tabarra, que lo que les preocupa de veras es la crisis económica, y su secuela más importante que es el paro galopante. ¡Toma! ¡Y a mí también! Y a otros muchos como yo.  Lo que no es óbice para que me preocupe por el tema de que más de 100.000 españoles sigan enterrados todavía en las cunetas de cualquier carretera comarcal, en las tapias de cualquier cementerio, o incluso en algún basurero, y que además sus familiares no puedan darles una digna sepultura, como todo ser humano se merece.

 

También me preocupa que a una parte importante de la sociedad española, esta traumática e injusta circunstancia le importe un comino, ya que por lo que parece hoy se mueve solo por otros valores, estrictamente materiales, totalmente alejados de la ética. Y mi preocupación continúa al constatar que importantes y poderosos medios de comunicación, han trabajado a destajo y a conciencia para que en una gran mayoría de la ciudadanía española haya calado exclusivamente esa escala de valores.

Y esto es así, merced a que abundan cada vez más un prototipo de columnistas, que dicen escandalizarse porque en esta sociedad nuestra se está produciendo un vacío de valores morales, y sin embargo, no tienen ningún impedimento moral en colocarse en contra de todo aquello relacionado con la Memoria Histórica, y que les resulte indigerible el que todas esas víctimas sean enterradas. Me resulta difícil entender estos comportamientos tan contradictorios.

También me preocupan determinadas actuaciones judiciales, como el haber sido expulsado de la carrera judicial el juez Garzón, entre otras razones, por su iniciativa de abrir una causa penal para investigar los crímenes del franquismo por medio del sumario 53/2008. Igualmente me preocupa la actuación de las jerarquías eclesiásticas que consideran que en la Memoria Histórica no hay más que resentimiento, tal como dijo el cardenal Rouco: "A veces, es necesario saber olvidar" en lo que él denomina, haciendo gala de una doble moral, de "una auténtica y sana purificación de la memoria", mientras canonizan a miles a sus mártires de la Guerra Civil.

Por último, no menos me preocupa que el PP, el partido que sustenta al gobierno actual, con 10,8 millones de votantes detrás, se muestre insensible, e incluso se ría de todos aquellos, que quieran enterrar a sus muertos, acusándoles de insensatos y de poner en peligro nuestra democracia que ha costado tantos esfuerzos conseguirla. Rajoy ha mostrado siempre su desprecio por la Ley de la Memoria Histórica porque "no interesa a nadie".

La manera de pensar al respecto de los dirigentes populares puede estar perfectamente representada por las palabras  de Miguel Ángel Rodríguez, portavoz que fue del Gobierno de Aznar entre 1996-1998  emitidas en el programa 59 segundos de TVE: "En plena época de Internet y de la play station, es estúpido que a estas alturas estemos recordando lo que pasó hace 70 años".

Está claro, que a la derecha no le gusta la Memoria Histórica, pues ello es tanto como aludir a sus raíces ideológicas y personales. Como señaló Manuel Rivas: ¿Por qué despierta tanta hostilidad la Memoria Histórica en la derecha española? Creo que es una pregunta que concierne a todos, pero especialmente a quienes se sitúan en esa órbita ideológica y política. Esa derecha que gira al centro, que se pretende homologable con los gobernantes franceses y alemanes, que sí asumen la memoria de la resistencia antifascista, esa derecha tan justamente comprometida con la memoria de las víctimas del terrorismo político en el País Vasco, ¿por qué hace una excepción con la dictadura franquista, una de las más crueles y prolongadas de la historia?

En la tramitación parlamentaria de la Ley sobre localización e identificación de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, más conocida como “Ley de Fosas, una ley pionera en España y aprobada con el Gobierno del Tripartito catalán aparecen razones justificativas de la Memoria Histórica. Según Joan Saura,  de carácter democrático, ya que si hoy vivimos en un régimen consolidado de libertades  y de paz, es absolutamente imprescindible reparar esta injusticia, una cuestión de coherencia con nuestros propios principios. Además el afrontar y asumir los horrores y los crímenes del pasado es una característica de las democracias maduras.

¿Qué mejor muestra de reconciliación que ser capaz de asumir el pasado doloroso y tomar medidas para corregir tales errores? Esta Ley contribuye a la reconciliación, así como el refuerzo de la convivencia democrática. Pero además hay una razón de carácter ético, que debía superar cualquier diferencia política. ¿Quién podría aceptar que un ser querido continuase en cualquier margen de un camino?  Esta Ley pretende compensar a los numerosos familiares, que desean ansiosamente dar una cristiana sepultura a sus seres queridos.

En su intervención, Joan Saura, citó el prólogo que el historiador Joan Villarroya, escribió para el libro, titulado Els morts clandestins. Les fosses comunes de la Guerra Civil a Catalunya, de Queralt Solé i Barjau: “El septiembre pasado, estando en Dieppe, en la costa de Normandía, visité el cementerio de los soldados canadienses muertos en el desembarco. Cada tumba está perfectamente cuidada, porque los chicos de las escuelas de los alrededores las han apadrinado y son los responsables de limpiarlas y plantarles flores.

Esta visita al cementerio de Dieppe se puede extender a los cementerios que se conservan en Francia, donde están enterrados los soldados aliados y alemanes muertos durante la I y la II Guerra Mundial, incluso los restos de los soldados desconocidos reposan en grandes tumbas. Hay respeto y dignidad por todos los combatientes, enfrentados en el campo de batalla. Pasados más de 60 años del final de la última guerra mundial, se conservan intactas las tumbas de los soldados caídos, tanto sean franceses como alemanes.  Finalmente, Joan Saura, se hace la siguiente reflexión: Ni en Cataluña ni en el conjunto del Estado español es posible visitar a cementerio alguno, donde de manera digna e individualizada estén los despojos de los soldados muertos en el frente, mucho menos todavía, el de las víctimas de la represión que la Guerra Civil ocasionó”.

También fue muy interesante la intervención del diputado socialista-ciudadanos por el cambio, Sr. Balcells, cuando recurrió a las palabras de una periodista, que se ha dedicado a investigar aquí y en otros lugares con dramas similares el problema de las fosas. Se refiere a Montse Armengol, que en su libro Les fosses del silenci, partiendo de la experiencia de Nicaragua, se hizo la siguiente reflexión: “En Guatemala hemos visto como nos pasaban la mano por la cara por el esfuerzo institucional para localizar las fosas, para obtener ayudas internacionales, para hacer un banco de ADN, para tener un psicólogo a pie de fosa que atendiera a los familiares de las víctimas en aquel momento, a la vez esperado y doloroso, en que surge el primer hueso, una bota o una chaqueta, que confirma la pérdida violenta de un ser querido.

El momento en que una pala abre la tierra y se rompe el silencio; el momento en que, por fin, puede comenzar el duelo, el personal, el del familiar del desaparecido y el colectivo: el de la sociedad que ha padecido la tragedia. Nada de eso”- acaba diciendo Montse Armengol- “hemos visto en esta España que presume de dar lecciones de transición o de perseguir a los dictadores criminales”.

Entiendo que si nuestra democracia, como nos dicen, está plenamente asentada, tras un período de Transición, que hemos pretendido presentarlo como modélico y exportable a otras latitudes, no debería tener problema alguno para digerir nuestro pasado por duro y tenebroso que esté haya sido. Como dijo brillantemente Ángel Viñas: ¿Qué tiene el pasado español para que su escrutinio deba permanecer cerrado a cal y canto? ¿Qué debe ocultar una democracia que tanto se enorgullece de serlo? ¿Es que acaso tenemos genes que nos hagan incapaces de afrontar nuestro pasado? Los sudafricanos, los chilenos, los argentinos, los rusos, por poner unos cuantos ejemplos, han dejado ya en pañales a quienes nos enorgullecíamos de una transición presentada como modélica.

En septiembre  de 2013 esta terrible  injusticia continúa sin reparar. A esta situación se ha llegado ante el desamparo total de que han sido objeto las víctimas tanto por parte del Gobierno como de la Justicia española. Como señala José Ramón Villanueva,  a pesar de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica en 2007 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero y en la actualidad incumplida sistemáticamente por el Gobierno de Rajoy, esta herida de nuestra democracia ha hecho que las asociaciones memorialistas busquen la internacionalización de sus demandas como única vía para hacer justicia y acogiéndose al principio de justicia universal, iniciaron la querella contra los crímenes franquistas ante los tribunales de Argentina, una vía que hoy está resultando esperanzadora no sólo para la reparación moral y jurídica de las víctimas sino para la condena pública y universal de los criminales, hasta ahora impunes gracias a la Ley de Amnistía de 1977.

Las recientes actuaciones de la Justicia argentina, y en particular de la juez María Servini, deberían de hacer enrojecer a la Justicia española, incapaz de adoptar en esta materia los principios de la legislación y justicia universal, para castigar los crímenes del franquismo, que tienen, no lo olvidemos, la calificación jurídica de "crímenes contra la humanidad". Un nuevo rayo de esperanza se ha abierto con la visita a España del Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU con la intención de ayudar a resolver los casos de los todavía 130.000 desaparecidos y las 2.800 fosas que salpican la geografía España.  Otras acciones se están llevando a cabo ante el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos y, es probable que las conclusiones del informe que elabore Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU supongan una amonestación para España por su pasividad en la resolución de este triste episodio de nuestra historia.

Que después de más de 30 años, todavía la sociedad española, incluida en ella tanto la clase política como la ciudadanía, no haya sido capaz de saldar esa deuda histórica con todos aquellos españoles que fueron asesinados, por el único delito de defender el régimen republicano, me hace sentir una profunda vergüenza como español.

Vicisitudes poco conocidas en la redacción del artículo 2º de la Constitución

 

Cándido Marquesán

Revolotea de nuevo sobre nuestras cabezas el mito de la Inmaculada Transición. Se ha convertido en una mala costumbre que siempre que la democracia en España sabe a decepción o engaño, como ahora, se recurre a ella como si fuera el bálsamo de Fierabrás para solucionar todos nuestros problemas. Ejemplos de estos comportamientos son numerosos.

 

 

Entre ellos, me viene a la memoria que tras la manifestación del 11-S de 2012 en Barcelona por la independencia de Cataluña, la Jefatura del Estado en su página web publicó  una sustanciosa carta, en la que reconociendo la dificultad de la coyuntura económica, social y política, recomendaba que para superarla debíamos actuar unidos, y no perder el tiempo en escudriñar sobre nuestras esencias; y recuperar los valores del trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético de la Transición.

Estos supuestos valores son cuestionables, aunque quien tiene la valentía de hacerlo es acusado con acritud de poner en peligro nuestra democracia que tantos esfuerzos nos ha costado construir. Y esta circunstancia se debe a que se ha construido una determinada conceptualización de nuestra Transición, en la que han colaborado al unísono medios de comunicación, la mayoría de la clase política y de la historiografía. Lo expresó muy bien Gregorio Morán en un artículo titulado La Transición Democrática y sus historiadores en abril de 1982, en el que señala que la clase política de la Transición y sus historiadores acordaron reunirse para decidir cómo se debía escribir la historia, el mes de mayo de 1984 en San Juan de la Penitencia, en Toledo, bajo los auspicios de la Fundación José Ortega y Gasset.

Allí, clase política e historiadores, decidieron cómo se debía escribir la Transición y cómo debía quedar el repertorio de personajes ante la inminente posteridad. Así fue posible que el gremio de historiadores especializados en la Transición construyeran una historia angélica basada en los testimonios de los protagonistas. La clase política procedente de la dictadura esperaba ansiosa el momento de exteriorizar su sensibilidad democrática. Los partidos clandestinos estaban henchidos de patriotismo y su militancia entendía que había llegado el momento de dejar las diferencias para aunarse en lo trascendental: la monarquía parlamentaria.

El propio monarca esperaba el momento oportuno para anunciar a los españoles la buena nueva de la democracia. En fin, la ciudadanía, con una madurez y un pragmatismo dignos de nuestra estirpe y que no había tenido ocasión de manifestarse durante siglos, mostraba al mundo cómo se podía pasar de una tiranía totalitaria a un modelo democrático homologado con Occidente. ¡Que bonito! En esa línea de pensamiento se estableció que uno de los pilares básicos de esa  Transición, era la Constitución de 1978, paradigma de política de consenso, ya que supuso, por primera vez en nuestra historia constitucional, la desaparición de las constituciones de partido, merced a que sus redactores, los padres de la Constitución, conocedores de nuestro trágico pasado, pretendieron no volver a cometer los mismos errores. Y por ello, todos en un acto de generosidad ejemplar hicieron cesiones, por lo que es una constitución de todos, sin ser de ningún partido en concreto.


Por ende, este es el discurso imperante, el políticamente correcto, aceptado por la gran mayoría.  Y siendo así desde  su aprobación, se la quiso rodear de una aureola casi sacrosanta, y, por ende, si alguien se atreve a cuestionarla en algún aspecto fundamental, es víctima de durísimos ataques. Y son especialmente virulentos los dirigidos a los nacionalistas periféricos, que al defender la existencia de otras naciones se atreven a cuestionar el artículo 2.: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. Mas este artículo no fue producto del consenso entre los diferentes miembros de la ponencia que redactó la Constitución; muy al contrario, se debió a una imposición extraparlamentaria, casi con toda seguridad de origen militar.

Según el profesor  Xacobe Bastida Freixido, en el transcurso de la discusión en torno a las enmiendas  que tocaban al artículo 2º, y cuando Jordi Solé Tura presidía la ponencia-era rotatoria-, apareció un mensajero con una nota procedente de la Moncloa en la que se señalaba cómo debía estar redactado tal artículo. El texto de la nota era “La Constitución española se fundamenta en la unidad de España como patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la indisoluble unidad de la nación española”. Como vemos casi exactamente con el actual artículo 2º de la Constitución.

Por ello, lo que parece incuestionable es que su redacción no se debió al lógico devenir de la actividad parlamentaria y sí a la imposición de fuerzas ajenas al mismo. Para conocer la prueba de esta circunstancia podemos recurrir al testimonio de un protagonista directo; el de Jordi Solé Turá, el cual ya en 1985 en su libro Nacionalidades y Nacionalismos en España, de Alianza Editorial,  en las páginas 99-102, nos lo cuenta con todo tipo de detalles. Por lo que parece, no ha interesado que este dato se conociera.

Nunca un constitucionalista, ni siquiera los más prestigiosos lo han mencionado. Como tampoco la mayoría de los políticos y los intelectuales españoles. El silencio resulta sospechoso. Y lo que parece más grave, es que aquel que tiene la osadía de mencionarlo,  puede verse sometido a todo tipo de dicterios, como si estuviera poniendo en grave peligro la convivencia de la sociedad española. Todavía más, es que a la mayoría política e intelectual les resulta intolerable la existencia del hecho. Cuando sería muy fácil el admitirlo, considerando las circunstancias propias de una Transición todavía mediatizada por un pasado dictatorial y un mando militar muy poco predispuesto a admitir que alguno pudiera cuestionar la indisoluble unidad de la nación española, como si ésta fuera una realidad metafísica.

La conclusión de todo lo antecedente parece clara. Se podrá cuestionar la esencia y la existencia de los nacionalismos periféricos con los argumentos que parezcan oportunos.  Mas nunca con la susodicha teoría del “consenso”, por lo menos en lo que hace referencia al artículo 2º de nuestra Constitución, ya que no lo hubo en absoluto, como queda demostrado fehacientemente.

 

De tanto abrazar a España la van a ahogar.

Cándido Marquesán Millán

He escrito ya en diferentes ocasiones sobre la cuestión catalana, entendida como la problemática planteada a la hora  de encajar Cataluña dentro de la estructura del Estado español. Es probable, mejor seguro, que muchos sientan unas lógicas dosis de hartazgo ante el tema. Si retorno es porque el problema, de gran trascendencia tanto para Cataluña como para el Estado español, no solo está sin resolver, sino que cada vez es más complicado, tal como nos ha demostrado la cadena humana del 11 de septiembre, que ha recorrido Cataluña de norte a sur en defensa de su independencia. Cualquier español medianamente informado y preocupado por el futuro de España, no puede permanecer al margen del tema susodicho. Hay mucho en juego.

 

Sin embargo, tengo la impresión de que fuera de Cataluña no se es consciente de lo que se está fraguando: ni más ni menos que una parte importante de la población de un territorio de un Estado, ya no quiere seguir formando parte de él. Sentimiento totalmente legítimo. No sé cuál es el porcentaje, pero según todos los indicios, son bastantes. No obstante, la cuestión se podría resolver fácilmente, mediante una consulta. Que hable la gente es profundamente democrático. Mas no es de ella de la que quiero hablar. Quienes deberían resolverlo es nuestra clase política.

¿Cómo es posible que todavía no haya habido un Pleno monográfico en las Cortes españolas para hablar en profundidad  sobre el tema y buscar algún tipo de solución? El problema está identificado, por ello me parecen muy oportunas las palabras de Azaña, emitidas en la sesión de las Cortes de 27 de mayo de 1932, en un discurso impresionante sobre el Estatuto de Cataluña,” Este es el problema y no otro. Se me dirá que el problema es difícil. ¡Ah! Yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo sea difícil o fácil”.

Desde fuera de Cataluña, la gran mayoría aduce con un simplismo sorprendente “que eso es cosa de catalanes”, aderezado con grandes dosis de anticatalanismo. Lo acaba de manifestar el prestigioso hispanista inglés Paul Preston,  tras haber impartido en la Universitat Rovira i Virgili, la conferencia: «El anticatalanismo de los rebeldes militares: de la batalla del Ebre a la ocupación total del país», “en el resto de España continúa habiendo un sentimiento anticatalanista”, «sólo hay que subir a un taxi en Madrid» para constatarlo, tampoco es nada nuevo,  ya que puede verse en los escritos de Quevedo. Preston comparó el caso con el de Escocia, y aseguró que «en Gran Bretaña no existe el grado de antiescocismo que existe en España de anticatalanismo». También dijo que, la Generalitat tendría que negociar y buscar «alianzas» en Europa ante el «inmovilismo» del gobierno español en la cuestión de la soberanía. «Desde Madrid no habrá progreso». Muchas veces tiene que ser gente de fuera, al no estar aquejada de prejuicios, al que puede hablar con sentido común. Algo que no abunda en nuestra sociedad, y mucho menos en nuestra clase política.

Sentiría profundamente que en un futuro más o menos lejano este territorio de la Península Ibérica, con el que mantengo relaciones familiares y vínculos materiales, se desvinculase del Estado español. Mas la realidad es la que es, desde hace aproximadamente una década esta posibilidad es cada vez más factible, sin olvidar que el nacionalismo catalán es ya centenario.

En el año 2001 según datos del CIS un 35,9% de los catalanes estaban a favor de la independencia, un 48,1% en contra, el 13,3% indecisos, y un 2,8% no contestaban. Según el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat los resultados se modificaron sustancialmente en el 2011: el 42,9% a favor de la independencia, el 28,8% en contra, el 23,3% se abstenían. En el 2012, según la misma institución, los datos eran respectivamente: 57%, 29,5% y 14,3%. Estos mismos días en un sondeo privado del Observatorio MyWord, los resultados eran 52%, 24%, y 7,7%.

 Los datos son suficientemente explícitos, en una década los catalanes han pasado de preferir el Estado de las Autonomías, al de la independencia. Este cambio de opinión tan radical en la sociedad catalana nos debería llevar a una profunda reflexión. ¿Habrá alguna explicación?  Yo me atrevo a aventurar alguna, aunque admito que pueda ser cuestionada. No faltaría más. Aquí nadie tiene la verdad absoluta.

¿Tienen algo que ver los planteamientos anticatalanistas de toda la Brunete mediática madrileña, para la cual España acaba en la M-30?  ¿Tiene algo que ver la intransigencia hacia la cuestión catalana de Aznar en su segunda legislatura con mayoría absoluta en el relanzamiento de ERC, que estaba en uno de los momentos más bajos de su historia? ¿Tiene algo que ver la manifestación celebrada en la ciudad de Salamanca en junio de 2005 contra el traslado a Cataluña de documentación catalana, que había sido expropiada por la dictadura franquista y que permanecía como botín de guerra en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca?  Por cierto, toda la documentación que se iba a traspasar a Cataluña suponía el 3% del total, con el beneplácito de la Comisión de expertos, no sin antes dejarla convenientemente microfilmada. Además Cataluña proporcionaría más documentación, de la propia. El Archivo no sólo no se iba  a desmantelar, todo lo contrario, iba a ver incrementados sus fondos. Esa documentación del 3% es catalana, ya que está escrita en catalán. Mas esta circunstancia no les importó a los Lanzarote, Acebes y Esperanza Aguirre. Ese día se oyeron en Salamanca insultos contra Cataluña y los catalanes.

¿Tiene algo que ver el  que el PP se negara a debatir una propuesta de reforma del Estatuto en las Cortes españolas, presentada por el 88% de las fuerzas políticas del Parlament de Catalunya?  ¿Cómo se puede negar a admitir a trámite el debate sobre el Estatuto? ¿Cómo entender la ausencia de Rajoy mientras hablaba el Sr. Pérez Rubalcaba en el debate del Estatuto? Rodríguez Zapatero les pidió se sumaran al debate. Fue inútil. No sirvió de nada. Ellos erre que erre. Se mantuvieron impertérritos. No se movieron ni un ápice. Ni un gesto ni un simple ademán de concesión al diálogo. Los gestos y los ademanes del Sr. Acebes produjeron a cualquier ciudadano normal autentico escalofrío.

Posteriormente llegó por parte del PP su oposición frontal al Estatuto. Para ello se concentraron todos los de aquí y los de allá,  delante de la Puerta del Sol, kilómetro cero, de donde salen en sentido radial todas las carreteras de España,; se leyeron 19 artículos, elegidos ex profeso, de la Constitución por representantes de cada una de las entidades autonómicas; de una manera fortuita, el segundo leído por el catalán Enric Jardí: “La constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas”. Como colofón Mariano Rajoy proclamó que la única nación es la española. Y el problema deja de existir balsámicamente. Y todo está solucionado. Luego el Partido Popular hizo una recogida de firmas para solicitar al Gobierno un referéndum en toda España sobre(contra) el Estatuto de Cataluña. Finalmente tras su aprobación por referéndum del Estatut por el pueblo catalán, el PP presentó un recurso de inconstitucionalidad ante un Tribunal Constitucional desacreditado que tardó 4 años en emitir sentencia, para derogar 14 artículos y reinterpretó muchos más.

Tales comportamientos contra Cataluña, al final propician situaciones como las actuales. Si el PP ha considerado pertinente servirse del anticatalanismo para sacar votos en Ávila, Cuenca, Segovia, Madrid o Zaragoza, está en su derecho. Mas luego que no se sorprenda que Cataluña responda cada vez más con su pretensión de independencia.

De aquellos vientos se recogen estas tempestades. El problema es que hoy muy difícil contener tal desafección hacia el Estado español, de la que en gran parte son culpables los dirigentes del PP. Tampoco este comportamiento es una novedad. Nunca la derecha, ni la de la dictadura franquista ni la de democracia actual ha hecho un esfuerzo serio y generoso para entender el problema catalán, que está revoloteando hace mucho tiempo y  de gran complejidad su resolución. No  nos ha caído aquí y ahora de una teja. Ni lo trajo bajo el brazo poco ha ZP ni ahora Artur Mas.  Negar su existencia es puro autismo político. Es no entender nada, dando muestras de un desconocimiento absoluto de nuestra historia.

Y la derecha gobernante actual sigue igual,  el problema no existe, sirva de ejemplo el que todo un presidente de Gobierno calificara la gran manifestación del 11 de septiembre en Barcelona de 2012 como una algarabía. Muy bien. Y ahora tras la cadena humana, se sacan de la chistera “la mayoría silenciosa”, y con una carta dirigida a Artur Mas y publicada en todos los medios de comunicación, ofreciendo diálogo sin fecha de caducidad, creen que el problema ya está resuelto.
De verdad, esta derecha no entiende nada. De tanto abrazar a España la van a ahogar.

La enseñanza de la Historia en el mejor colegio de Chile

Cándido Marquesán

Uno de los días más tristes de la historia de Chile fue el 11 de septiembre de 1973, el del golpe militar de Pinochet, que imposibilitó llevar a la práctica el socialismo por la vía democrática. Ese día desapareció Salvador Allende. No voy a entrar en las tropelías y crímenes cometidos por la dictadura militar. Son conocidos y censurados por toda persona que esté en sus cabales. Solo puede negarlos aquel que esté aquejado de alguna grave patología. Y aquel que además de conocerlos, los justifica, no quiero calificarlo. El solo se califica.

Ahora quiero fijarme en un aspecto preocupante, el que en la sociedad chilena existen todavía muchas reticencias para conocer de verdad,  lo que supuso esa larga noche de piedra. De esta circunstancia sabemos mucho los españoles. Como paradigma puede servir  el consciente y lamentable desconocimiento del golpe militar y sus lamentables secuelas en el sistema educativo chileno, y, especialmente en la asignatura de Historia. Que esta circunstancia se produjera en tiempos de Pinochet se entendería, ya no en un régimen democrático. Me resulta difícil de entender que en un sistema político, teóricamente democrático, puede suceder el acontecimiento que relato a continuación. Vamos a verlo. Para ello extraigo unos breves fragmentos de un documento que me impresionó. No hago comentarios, porque me parecen innecesarios. Se comentan solos.

El 30 de diciembre de 2012 el Presidente (el delegado de los alumnos) del 4°F Humanista (se correspondería con 2º de Bachillerato en España) del Instituto Nacional de Santiago de Chile, una de las instituciones educativas públicas de mayor prestigio,  Benjamín González en el acto solemne de despedida de los alumnos ante todas las autoridades educativas y políticas, se salió del libreto y emitió las siguientes palabras:

“Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del el Instituto Nacional fundado en 1813. Recordar que han sido institutanos, 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende. Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos…

Hoy, vengo hablar de aquello que todos como institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo público.  Recuerdo claramente el segundo día de clases del 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes de la República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile, reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles. Detalles como que entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique.

También a mi profesora se le olvidó mencionar que institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Previamente, destacan dos tristes hechos en la historia de Chile en que institutanos también han sido actores principales. Fue un institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue institutano también, Aníbal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos. Diego Portales también fue institutano.. Pero, para terminar con este breve, recorrido histórico por la “Historia no contada” de los ilustres Institutanos, quisiera concluir con un deseo: El próximo año hay elecciones presidenciales. Ojalá el número de presidentes institutanos no crezca hasta los 19. Me daría vergüenza que Laurence Golborne, un institutano que hasta hace 3 años era Gerente General de Cencosud, (a saber: Jumbo, Paris, Santa Isabel, Costanera Center, entre otros) consorcio que paga $4.072 de patente al año, fuera presidente de Chile.


Más allá de la falsa historia que nos han intentado vender del Instituto, el principal problema que reconozco además funciona como parte básica, casi como un pilar que sostiene todo este aparataje institucional: los mitos y tradiciones. Recuerdo cuando mi curso de séptimo básico conoció por boca de un profesor, una famosa frase que terminó dando vueltas por la cabeza de todos mis compañeros: “Errar es humano pero no institutano”¿A qué clase de profesor se le puede pasar por la cabeza decirle eso a niños de 12 años

Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico que forman el carácter general del alumno institutano: petulante, soberbio, chovinista y exitista.  En este colegio desde que entramos, se nos ha inculcado el valor de la competencia y la discriminación.. Cuando miro hacia atrás, pienso: ¿qué valores aprendí en este colegio? Si todos hemos sido testigos de horrorosas frases estilo: “corran como hombres, no como maricones” ..

Para concluir esta catarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio. Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía. Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de Septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia Electivo e Historia Común.

En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que eran más importante las Batallas Napoleónicas en Historia Común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Institutano. Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile..

Una izquierda miedosa, acomplejada y carente de autoestima

Cándido Marquesán Millán

Juan Carlos Monedero en  La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española señala que entonces  la izquierda tuvo que hacer muchas concesiones y asumir que la democracia se inició en España con la Constitución de 1978, y no con  la II República. La izquierda española ha tenido dificultades para respetarse a sí misma y ha carecido de autoestima. La derecha no ha tenido complejo en construir su relato remontándose a tiempos inmemoriales de nuestra historia: Viriato, Pelayo, los Reyes Católicos, Pavía, Lepanto, la Guerra de la Independencia, Cánovas del Castillo, Franco y Juan Carlos I.

 

En cambio, la izquierda miedosa, acomplejada, carente de autoestima, como si fuera desconocedora de nuestra propia historia, no ha sabido o querido construirlo, cuando no escasean sus aportaciones: la revolución de 1808-1814, el Sexenio Democrático (1868-1874) y la II República en 1931, momento en que la izquierda burguesa y los socialistas guiados por los principios de justicia, libertad e igualdad, trataron de solucionar viejos problemas enquistados en España para modernizarla y democratizarla.

Problemas que no los trajo la II República, según Azaña en La Velada de Benicarló “En su corta vida, la República no ha inventado ni suscitado las fuerzas que la destrozan. Durante años, ingentes realidades españolas estaban como sofocadas o retenidas. En todo caso, se aparentaba desconocerlas. La República, al romper una ficción, las ha sacado a la luz.. Entre esos problemas: el agrario, con millones de jornaleros agrícolas sin tierras; el militar, con un ejército golpista; el religioso,  con un asfixiante control de la Iglesia sobre la sociedad; el regional, al negar el legítimo autogobierno a algunos territorios; el social, con millones de españoles en una pobreza absoluta;  el educativo, con un 32% de analfabetos.

Los políticos republicanos del 1º Bienio y del Frente Popular elevaron el nivel educativo y cultural de los españoles para hacerlos ciudadanos.  En el ámbito educativo sembraron la geografía española de escuelas, 6.500 en tres años, y de maestros, en el 1º Bienio se crearon 13.580 plazas, en 1934-35 2.575, y en los meses del Frente Popular 5.300; se les subió el sueldo en un 50% y dio una mejor formación.

En el ámbito cultural las Misiones Pedagógicas, expediciones que llegaron a muchos pueblos de España con múltiples servicios. El  Coro con canciones y romances populares y obras de grandes compositores. El cinematógrafo con proyecciones de temas agrícolas, geográficos, ciencias naturales y dibujos animados. El Teatro del Pueblo dirigido por Alejandro Casona con obras de Lope de Rueda, Juan de la Encina, Cervantes, Calderón, etc. El Museo Circulante con 2 colecciones  de 14 copias de cuadros del Prado. Bibliotecas escolares y para adultos. En 1934 las nuevas bibliotecas sobrepasaban las 5.000.

Para conocer su obra me refiero a su llegada al pueblo bajoaragonés de Híjar, situado en la provincia de Teruel, aunque sería extrapolable a otros muchos lugares de la geografía española. En agosto de 1934 en las Escuelas de los niños, pronunciaron amenas e instructivas conferencias los funcionarios de Misiones Pedagógicas, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. Llevaban una colección de copias de cuadros del Museo del Prado y con el cinematógrafo los proyectaron en un telón, explicando cada cuadro y una breve biografía del autor, todo en un lenguaje sencillo y agradable, comprensible aún para los menos versados en el arte pictórico.

El público escuchó con verdadera atención, comentando favorablemente el objeto de estas Misiones Pedagógicas..  Sánchez Barbudo colaboró en El Sol y fundó La Hoja Literaria y la Hora de España. En 1938 fue el Premio Nacional de Literatura. Se exilió en 1939 a México, aquí fundó las revistas Romance y El Hijo Pródigo. En 1945 se trasladó a Estados Unidos y enseñó en la Universidad de Wisconsin, Madison, desde 1946 a 1980. Tiene muchas obras sobre Antonio Machado, Unamuno, Espronceda. Ramón Gaya se exilió a Méjico y Francia, fue un extraordinario pintor, con un Museo en su ciudad natal de Murcia. Realizó exposiciones antológicas, como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con motivo de la concesión del Premio Velázquez 2002. Premio Nacional de Artes Plásticas de 1997.

En marzo de 1934 se inauguraron 2 bilbiotecas: los libros de la biblioteca popular  fueron regalados al Ayuntamiento por la Junta de Intercambio y los de la escolar por el Patronato de Misiones Pedagógicas. El zaragozano Juan Vicéns del Valle como inspector, acompañado por Buñuel estuvo en Híjar para conocer el funcionamiento de la biblioteca, del que cuenta detalles sabrosos. “Encontré la biblioteca abandonada por parte de la Junta. El maestro D. Leoncio, que es el bibliotecario, es el único que se ocupa. Por parte del resto de la Junta hay abandono y hostilidad. La gente pudiente, si se hiciera propaganda de la biblioteca lo consideraría como política subversiva.

Tuve una discusión larga y dura con el secretario del Ayuntamiento, miembro de la Junta. La biblioteca era usada solo por un grupito de “gente bien” y se exigía una fianza de 5 pesetas para el préstamo, cuando el sueldo diario en Híjar de un bracero era de 5,50 pesetas. No pude convencerles de que no se debía pedir fianza y la idea de dar libros a los campesinos, pobres, etc, les parecía inadmisible”.  Vicéns fue un personaje de gran talla intelectual, estuvo en la Residencia de Estudiantes, amigo de Ignacio Mantecón, hizo grandes aportaciones a la Biblioteconomía,  y exiliado viajó a Moscú y  China Popular, donde colaboró en el montaje y funcionamiento de las emisoras de Radio Pekín para España y América Latina.
¿Toda esta revolución cultural dónde se origina? A responder a esta pregunta van dedicadas las líneas siguientes.

Juan Marichal calificó esos años anteriores a 1936 un nuevo “medio siglo de oro” para nuestra cultura; y José Carlos Mainer acuñó el término “la edad de plata” en su conocidísimo libro. Juicios ambos totalmente justificados. En esta autentica explosión cultural, que contrasta con el páramo cultural del período anterior y el posterior, tuvo mucho que ver la Institución Libre de Enseñanza, de inspiración krausista, creada en 1876 por Francisco Gíner de los Ríos, un proyecto educativo basado en la libertad de la ciencia, de investigación y de cátedra, que supuso una ruptura con la enseñanza dogmática entonces vigente controlada por las autoridades eclesiásticas; una educación para la libertad, neutral y aconfesional desde un punto de vista religioso. Más la labor de la ILE no quedaba circunscrita al ámbito pedagógico, iba más lejos, ya que quería conseguir un nuevo tipo de hombre, con una nueva ética con el fin de llevar a cabo un profundo cambio social, tan necesario en la España de aquel entonces.

De la ILE brotarían otras ramas. Así, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas- para que profesores conocieran los avances europeos- cuya presidencia ocupó Ramón y Cajal, junto a José Castillejo; el Centro de Estudios Históricos, dirigido por Menéndez Pidal, y en el que figuraron Américo Castro, Sánchez Albornoz; la Residencia de Estudiantes que albergó a Buñuel, Dalí, Emilio Prados, etc, y por cuyas tribunas desfilaron Einstein, Valéry, Ravel, Russell y Freud.; el Instituto-Escuela, un centro de innovación y experimentación pedagógica; las Misiones Pedagógicas, idea de Manuel B. Cossío, a quien se debió la fundación del Museo Pedagógico, las colonias escolares, además de ser el impulsor de la creación del Ministerio de Instrucción Pública.

Como también el impresionante impulso a la cultura y la educación en la II República fue de inspiración institucionista con la construcción de nuevas aulas, aumento de plantillas de maestros con sus correspondientes aumentos de salarios.. Podríamos además citar un numeroso grupo de escritores, científicos que estuvieron influidos por la ILE: Besteiro, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Azaña, Leopoldo Alas, García Morente, etc…Toda esta encomiable labor se va a cortar de cuajo con la guerra civil. Muchos de estos vinculados con la ILE no tuvieron otra opción que la represión o el exilio, por lo que el daño a España fue irreparable. Un lugar de acogida fue la América, donde se hallaron en el ámbito propio de su idioma. De ahí que el profesor de la Universidad Nacional de México, el filósofo José Gaos, acuñara un neologismo para designar la afortunada condición del español en las Américas de su lengua: “transterrado”, en lugar de “desterrado”

La España franquista en todo un ejemplo de cruel tergiversación de la historia,  acusó a la ILE de todos los males de la patria, culpabilizándola del desencadenamiento de la guerra. Como botón de muestra pueden servir el libro “La Institución Libre de Enseñanza”, auspiciado por la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia publicado en 1940, donde se reúnen una serie de trabajos en parte inicialmente aparecidos en 1937 en El Noticiero de Zaragoza, escritos por personajes políticos de primera fila además de prestigiosos profesores o catedráticos de universidad, como eran: Fernando Martín-Sánchez Juliá, Miguel Artigas, Antonio de Gregorio Rocasolano, Miguel Allué Salvador, Miguel Sancho Izquierdo, Benjamín Temprano, Carlos Riba, Domingo Miral, José Talayero, Ángel González Palencia.

Entre ellos hay una notable presencia de nombres vinculados a la ciudad de Zaragoza, hecho al que no será ajena la circunstancia de que la Comisión para la Depuración del Personal Universitario –Comisión A–, creada por Decreto publicado en el BOE de 11 de noviembre de 1936, que fue presidida por Antonio de Gregorio Rocasolano y de la que fue secretario Ángel González Palencia, hubiera establecido con anterioridad su sede en esa ciudad). En esta obra se lanzan los ataques más viscerales y truculentos contra la obra de la ILE. En algunos momentos superan lo imaginable en cuanto a su crueldad. Por ello, nada tiene de extraño que González Palencia en el último capítulo del libro proponga arrasar la escuela de niños que la ILE tenía en la calle Martínez Campos de Madrid, sembrando de sal el solar y poner un cartel que recordase a las generaciones futuras la traición de los dueños de aquella casa para con la Patria inmortal.

Toda esta obra de persecución contra esa encomiable laboral cultural, ya la anunciaba Pablo Neruda, cónsul de Chile en Madrid  desde 1935, que tras el golpe militar y la subsiguiente guerra escribió en 1937: Estoy convencido de que una ola fascista de persecuciones jamás vista en la historia del mundo, terminará con todo lo vital y creativo de España. A sangre y fuego terminarán con todo. Y así fue. El Nuevo Estado que surgió tras la guerra practicará desde el principio una política implacable de tierra quemada. Había que exterminar de raíz la planta del liberalismo, de la democracia, del socialismo, del nacionalismo y, por supuesto, de toda la cultura auspiciada por la ILE.

A pesar de que egregios historiadores critican duramente la historia contrafactual, considerándola como un mero ejercicio de salón, una patraña ahistórica, juegos inconsecuentes, pura literatura, basura imposible de respetar académicamente, como también que "la historia no conoce el si", me voy a permitir la licencia de ejercitarla. Se conoce como historia contrafactual el ejercicio de imaginar escenarios alternativos que respondan a la pregunta, ¿qué hubiera pasado si? ¿Qué hubiera sucedido si Aznar no hubiera tomado la decisión de entrar en la guerra de Irak en el año 2003? ¿Qué hubiera sido de España si  un día aciago de julio de 1936 una parte importante del generalato del ejército español, en lugar de llevar a cabo un golpe militar, hubiera permanecido en los cuarteles, respetando la Constitución de 1931 que habían jurado respetar? Que cada cual responda a esta última pregunta.