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POR LA BOCA MUERE EL PEZ

 

 Artículo escrito el 5 de enero de 2010

En estos días navideños tan familiares, todos los españoles hemos podido ver una serie de imágenes vergonzosas, además de imborrables. Las de millares de emigrantes sudamericanos: ecuatorianos, peruanos, colombianos…aparcados, tirados cual si fueran animales, desesperados en el aeropuerto de Barajas, algunos de ellos acompañados con sus hijos pequeños, y que tras largos años de estancia en nuestro país, y haber conseguido con un gran esfuerzo un billete para poder pasar estas vacaciones con sus familiares, tenían que sufrir largos días de espera para tomar un avión. Han sido imágenes que sobrecogían, para cualquier persona que tenga una mínima dosis de sensibilidad social. Lo que yo he sentido además de un profundo pesar, ha sido una mezcla de rabia, asco y cabreo mayúsculos. Por experiencia propia, en cierta ocasión que tuve que viajar por motivos profesionales a Colombia, pude comprobar como al aterrizar el avión proveniente de Madrid en al aeropuerto de El Dorado de Bogotá, todos los habitantes originarios de este bellísimo país, con lágrimas en los ojos explotaban llenos de emoción en un grandioso aplauso. En el largo viaje, algunos de ellos me comentaban que llevaban 4 o 5 años sin ver a sus familiares más allegados: padres, hijos, o hermanos..

El causante de este desastre ha sido D. Gerardo Díaz Ferrán, propietario de Air Comet, que tras haberles cobrado religiosamente el billete, no ha sido capaz de proporcionarles un avión para que marcharan a su tierra, y que no tuvo inconveniente en afirmar que el tampoco hubiera comprado un billete conociendo la situación de la empresa. Además de dejar colgados a más de 600 trabajadores. Los calificativos que podrían darse a este comportamiento me los guardo, cada cual puede usar los que quiera. El ínclito D. Gerardo es el Presidente de la CEOE, y que por lo tanto, cabe pensar que es un importante referente de la clase empresarial española. Si todos los empresarios son así, que Dios nos coja confesados. Si este es el que debe estar en la mesa de negociación en el proceso de diálogo social, es como para ponerse a temblar. Como era de esperar, el no se siente responsable de la quiebra. Los culpables son un juez británico, los bancos, y la crisis económica, aunque no está de más recordar cómo en cierta ocasión poco ha, cometió un desliz al manifestarse con los micrófonos cerrados y afirmar con contundencia que el "problema" de la actual situación económica en España no era la "grave crisis" internacional sino "los años" de Gobierno del presidente José Luís Rodríguez Zapatero. Las palabras 'extra', no quedaron ahí. Dijo más cosas todavía. Según pudo recoger la cadena SER, durante la ponencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, D. Gerardo hizo una 'apreciación' sobre la líder autonómica sin saber que se estaba escuchando su conversación: "Si es que es cojonuda". No sé si es cojonuda Esperanza, lo que sí es cojonudo el dejar a miles de emigrantes tirados como una colilla en un aeropuerto.

Tampoco es mal momento para recordar las declaraciones que D. Gerardo, hizo en junio de 2007, recogidas en Expansión, defendiendo a ultranza el liberalismo económico. “La mejor empresa pública es la que no existe”. Con estas palabras, expuso su declaración de principios ante la asamblea de la confederación empresarial. Consecuente con estas palabras, pidió la gestión privada de “todos” los servicios públicos, porque “funcionan mejor, dan mejores prestaciones a los ciudadanos y reduce el gasto que puede dirigirse a otras áreas”. El nuevo presidente de CEOE reclamó a las Administraciones que fomenten “más libertad de empresa, más mercado, más desregulación y más competencia”. ¡Qué paradoja! Ahora ha tenido que ser el Estado tan denostado por parte de los empresarios, porque según ellos devora de una manera desaforada los impuestos de los españoles, que coarta la iniciativa privada, el que ha tenido que salir a resolver el desaguisado, dando todo un ejemplo de sensibilidad y de justicia social. D. Gerardo, como representante de los empresarios, que siempre nos ha estado machacando con la idea de que hay que controlar el gasto público, mira por donde, que con sus acciones va a contribuir a incrementarlo, ya que según las últimas noticias nos va costar a todos los contribuyentes unos 4,5 millones de euros, aunque cabe pensar que D. Gerardo, impregnado de un profundo sentimiento patriótico, los reembolsará de su patrimonio particular.

En los años de las vacas gordas, que ganaban los dineros a espuertas, la responsabilidad era exclusivamente de la clase empresarial, ya que todo era consecuencia de su espíritu emprendedor. Cuando han llegado los malos momentos, inevitables en el sistema capitalista, toda la responsabilidad recae únicamente sobre el Gobierno de Rodríguez Zapatero. No obstante, ya estamos acostumbrados a actuaciones como éstas por parte de la clase empresarial, que desean verse libres del Gobierno cuando prosperan, pero que solicitan su protección cuando les vienen mal dadas. Así lo hizo ya nuestro ínclito D. Gerardo en septiembre del 2008, realizando una insólita defensa del intervencionismo gubernamental para que la tormenta económica amainase: "Creo en la libertad de mercado, pero en la vida hay coyunturas excepcionales. Se puede hacer un paréntesis en la economía de libre mercado”. Por la boca muere el pez

 

Cándido Marquesán Millán

El trabajo una mercancía más

                                   

Las secuelas negativas de esta gravísima crisis económica son muchas. Aquel pacto alcanzado tras la II Guerra Mundial que permitió todo un conjunto de conquistas laborales tras durísimas luchas de los trabajadores, no producto de una concesión gratuita de los empresarios, se ha roto definitivamente, porque estos ya no tienen ningún miedo. Y en esta situación estamos. Salarios cada vez más reducidos, trabajos en precario, eliminación de la negociación colectiva, abaratamiento de los despidos, retraso en la edad de jubilación, pensiones cada vez más bajas y cifras dramáticas de parados. Con ser grave la situación, todo es susceptible de empeorar, y, sobre todo en este voraz sistema capitalista versión neoliberal, que nunca tiene bastante. Desde la OCDE acaban de  afirmar que hay que continuar con las mismas medidas, e incluso, intensificarlas más, para alcanzar al final de este largo camino tortuoso la Tierra Prometida. Vieja y repetida cantinela, que ni si quiera ellos se la creen. Por ello, la cuestión social ha irrumpido con gran fuerza, y las clases privilegiadas deberían ser conscientes del peligro potencial que lleva consigo, por lo que deberían reconducirla y atenuarla, aunque solo fuera por prudencia, ya que es impensable que lo hagan movidas por  razones éticas.

            Retornando al problema del paro, su existencia y magnitud es la mayor manifestación del fracaso de las medidas económicas puestas en marcha para salir de este pozo. Supone la constatación más clara de la negación de un derecho fundamental, cual es el derecho al trabajo, reconocido con gran claridad en nuestra Carta Magna en su artículo 40. 1. “Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo”.  Y en esta situación, resulta descorazonador que nuestro ínclito presidente del Gobierno tenga la desfachatez de afirmar que nuestra Constitución no ha perdido vigencia, por lo que no hay que verificar cambio alguno en ella. Y se queda tan ancho.

La cifra de parados no solo no se achica sino que día tras día se incrementa de una manera inexorable. Ya no es noticia. Es grave que ya nos estemos acostumbrando a ella. En estas últimas fechas en la provincia de Zaragoza aparecen en los medios de comunicación noticias como estas: 76 despidos en Tauste por el cierre de Brus Refrigeration. La empresa pierde a su principal cliente (Fagor) y trasladará producción a Turquía; el plan de reestructuración bancaria contempla el cierre de 187 oficinas y 592 trabajadores, de un total de 2.573 con los que cuenta la plantilla de Caja3; se cierra definitivamente el Parador Nacional de Teruel y parcialmente durante 5 meses los de Alcañiz y Bielsa. Este calvario tendrá fin algún día. La situación es aterradora. Resulta lamentable que nuestros actuales representantes políticos ya ni siquiera se sientan obligados a dar una explicación del incremento de las cifras de parados. Hace un tiempo, era frecuente que un Secretario de Trabajo, nunca el Ministro, apareciera en los medios de comunicación a dar alguna justificación, aunque nunca convincente. Se argumentaba que se debía al final de la campaña de la vendimia o del turismo. O cualquier otra razón. Ahora no aparece nadie. Probablemente porque no existe justificación alguna.

            Una pregunta que suelo hacerme es la siguiente: ¿Ya no hay otra alternativa que el despedir trabajadores cuando aparece una mala situación económica o se prevé en el futuro tanto en la empresa privada como en el sector público? Por lo que parece, no la hay. Tampoco requiere mucha imaginación el despedir trabajadores. Eso lo sabe hacer cualquiera. Cuando según el empresario no hay beneficios o expectativa de ellos, se coge la nómina de trabajadores y los primeros 100 a la puta calle. Entraría en la lógica que esa dinámica de destrucción de empleo en el sector privado, el público tratara de contrarrestarla manteniendo o creando puestos de trabajo. Todo lo contrario. Es una auténtica máquina de destrucción masiva de empleo. Con el pretexto de hacer ajustes fiscales, por motivo de la deuda-deberíamos conocer su origen para que los ciudadanos la asumiéramos-, se eliminan miles de interinos en los servicios de sanidad, educación o asistencia social.  Para eso sobran ministros y secretarios de Economía, y sus correspondientes asesores. Para ese viaje no se necesita ni media alforja. Eso sabría hacerlo un estudiante de 1º de Bachillerato que hubiera aprobado la primera evaluación de Economía. Mas hace ya años que siempre se rompe la cuerda por el punto más débil. Tengo la impresión de que los ejecutores del sector privado y del público de estas draconianas medidas, nunca piensan en que sus efectos recaen sobre personas, que no son simples números en una estadística. Son seres humanos, que tienen unas necesidades básicas, familiares y sociales, no son una mera fuerza de trabajo que se coge o se tira sin contemplaciones.

Me generan una profunda impresión la ligereza y la osadía con la que empresarios y dirigentes políticos camuflados en razones éticas, despiden a millares de trabajadores, de lo que se enorgullecen ya que han sido capaces de tomar decisiones difíciles, que según los gurús de la economía son imprescindibles para salir de la crisis.  Los dirigentes del PP presentan como mérito en su currículo político, el haber sido suficientemente duros como para infligir dolor a los otros. Sobre todo con los más débiles.  Si los Rajoy, Cospedal, Ana Mato han decidido tomar estas decisiones, cabe pensar que tendrán motivos poderosos para hacerlo, mas lo que parece claro es que el daño que la mayoría de la ciudadanía española está sufriendo es inmenso y que quedará para siempre en los libros de nuestra historia. Por ello, aunque solo fuera por esa responsabilidad que asumen ante la historia, deberían ser muy reflexivos y precavidos antes de tomar tales decisiones. Sin embargo, por la frialdad, contundencia e insensibilidad que muestran cuando defienden y estampan sus firmas en los decretos que ponen en marcha miles de despidos, tengo la impresión de que no son conscientes de lo que están haciendo. Si lo fueran, cuando menos, de alguno de ellos en alguna de sus comparecencias públicas, cabría esperar que expresaran algún tipo de pesadumbre, como lo hizo Elsa Fornero, ministra de Trabajo del Gobierno de Monti, que se puso a llorar al dar conocer los recortes en las pensiones, sanidad y educación públicas italianas. No me imagino a Ana Mato  o Dolores de Cospedal en la misma situación. Estas ya salen lloradas de casa.

Cándido Marquesán Millán

Siento vergüenza

 

 

Siento auténtica vergüenza de vivir en este país. Día tras día observamos que nuestros derechos sociales nos los están arrancando sin compasión. La situación de la clase trabajadora se asemeja cada vez más a la de los inicios de la Revolución Industrial, con una Reforma Laboral salvaje, que nos la vendieron como balsámica para la creación de empleo. Dolores de Cospedal tenía razón al afirmar que tal reforma daría sus frutos. Efectivamente, los está dando y con mucha rapidez. En el  2013 habrá un 27% de la población activa en paro.  Mas, todavía no es bastante. La OCDE acaba de recomendar abaratar el despido y subir el IVA.

Están dinamitando nuestro sistema sanitario público, basado en el derecho universal a la salud y del que todos los españoles deberíamos sentirnos orgullosos. Por lo que parece, no deben ser partícipes de este legítimo orgullo los dirigentes populares, grandes patriotas, vistas las prisas que tienen en ponerlo en almoneda  para beneficio de grandes grupos empresariales. Nos dicen que es para  proporcionarnos un mejor servicio. Nunca llegaré a entender, debo ser duro de mollera, el extraño concepto de que, a igualdad de servicios y de calidades, sea más adecuado un presupuesto que incluye beneficios para terceros que otro que no  los incorpora. Mientras se producen miles de despidos de profesores en colegios e institutos nos venden las excelencias- hace falta tener la cara más dura que el cemento armado- de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa. Quitando recursos materiales y humanos se mejora la calidad. Es la cuadratura del círculo. Una generación de jóvenes condenada al paro, al trabajo en precario o a la emigración. Muchas familias desahuciadas de su vivienda, víctimas de una ley hipotecaria, que el gobierno se resiste a cambiarla para mantener los privilegios bancarios. Cientos de miles de personas dependientes desamparadas. Más de dos millones de parados sin cobrar subsidio alguno, cierre de centros de atención a mujeres maltratadas y de personas drogodependientes. Hasta 2.267.000 niños por debajo del umbral de la pobreza, un 27,2%, según UNICEF. A los pensionistas, además del copago, se les hurta la subida del IPC. De verdad, es aterrador.  Es el dogma taumatúrgico del control del déficit, que sirve de coartada al gobierno para justificar todo, aunque vayan quedando numerosos cadáveres por el camino. “Estamos haciendo lo que hay que hacer”, “haremos lo que convenga a todos los españoles”…  No saben hacer otra cosa que recortar-no en todo, como veremos más adelante- , recaudar y despedir trabajadores. No cabe preguntar por los objetivos y el final de tanto sufrimiento. Quien lo hace es sometido a todo tipo de dicterios.  No hay alternativa. Por lo que hablar de democracia resulta un sarcasmo. Así tenemos una sociedad deshilachada, desmoralizada y atemorizada en el presente y desconfiada en su futuro. Lo más grave, es que lo peor está aún por llegar. La capacidad de aguante de una sociedad tiene un límite. La desesperación puede ser el detonante de una explosión social. Esto tiene que reventar por algún lado.

Entre las medidas tan brutales, hay una que me ha llegado al alma. Pensaba que unas líneas rojas no se sobrepasarían. Craso error.  El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha eliminado de los Presupuestos Generales del Estado la partida destinada al Servicio de Teleasistencia Domiciliaria para 2013, que en el 2012 era de 28,9 millones de euros. Cerca de medio millón de personas mayores en situación de fragilidad dejarán de recibir un servicio esencial para su permanencia y seguridad en el hogar. ¡Cómo no voy a sentir vergüenza ante una medida tan cruel y sádica! Si una sociedad ante un hecho como este no reacciona es que está gravemente enferma. Mientras tanto, según Pere Ortega,  del Centre d’Estudis per la Pau, se concedió un crédito extraordinario de 1.782 millones de euros al Ministerio de Defensa para atender al pago de obligaciones correspondientes a Programas Especiales de Armamento (PEAs). Este crédito se suma a los 507 millones ya detraídos de los recursos del M.º de Industria para el pago de los PEAs en el 2012.  Pero, además, se han suplementado otras partidas, para operaciones militares en el exterior. Una partida a la que cada año se le asignan 14,36 millones, al final supera los 850 millones y que sale de los Fondos de Contingencia. Estas modificaciones han incrementado el presupuesto de Defensa en 2.826,7 millones hasta septiembre de 2012, un 27% respecto al inicial, cuando el Gobierno  dijo que disminuía un 8,8%. La previsión de pago del Ministerio de Defensa para 2013 respecto de los controvertidos PEAs, de los cuales se adeudan 32.000 millones, es de 6,84 millones. El secretario de Defensa, Pedro Argüelles, ante la Comisión de Defensa del 8 de octubre, afirmó que no descartaba recurrir de nuevo a créditos para tal fin. Por ello, la propuesta de disminuir un 6,7% el presupuesto de Defensa para el 2013  (hasta 6.913,6 millones) es falsa.

 

UNA CRISIS IMPUESTA POR LAS ÉLITES Y ASUMIDA POR LA GRAN MAYORÍA

Los daños que está produciendo esta crisis sobre la mayoría de la población española son además de cuantiosos, gravísimos. La situación que va a quedar después de ella va a se muy parecida al de una ciudad arrasada después de un bombardeo atómico. Salvo unas élites vinculadas al mundo de la gran empresa, la gran banca, y la alta política, todos vamos a ser muy perjudicados. Los trabajadores con unas cifras de paro insoportables, y quienes tienen un trabajo soportando unas condiciones laborales, que se asemejan cada vez a las de inicios de la Revolución Industrial. Una juventud condenada al paro, al trabajo en precario o a la emigración. Empleados públicos, puestos en el disparadero de la sociedad, haciéndoles responsables de la crisis lo que asume buena parte de la sociedad, con sueldos cada vez más reducidos y con la privación de derechos, que parecían ya consolidados. Es tal la crueldad y el sadismo de nuestros gobernantes, que ahora la han emprendido también con el único colectivo que, hasta este momento, menos había sufrido la crisis, el de los jubilados, al recortar sus pensiones con las  que están ayudando a superar las dificultades a otros miembros de la familia, como hijos y nietos. Es la dinámica impuesta por el neoliberalismo. Tal como señala Boaventura de Sousa Santos en la Quinta Carta a las Izquierdas, el neoliberalismo es, ante todo, una cultura del miedo, del sufrimiento y la muerte para las grandes mayorías. Es verdad que se ha extendido como un auténtico tsunami en la mayoría de la sociedad un miedo aterrador, propiciado por el bombardeo de continuos mensajes de la clase política, de  los medios de comunicación y de la intelectualidad, que se han convertido en los mayordomos del capital. "Lo que viene es muy difícil". "Se superarán pronto los 6 millones de parados". "La Seguridad Social ha tenido que usar del fondo de reserva para pagar la nómina de los pensionistas". Así es comprensible que todos estemos atemorizados por nuestro futuro, cada vez más negro. Se esfuman todas las certezas, ya no tenemos garantía de nada, todo supone precariedad y desasosiego. Hay un temor generalizado: los que tenemos un trabajo a perderlo y a no tener garantizada una pensión en el futuro; los parados a no tenerlo nunca; los jubilados a no poder mantener el nivel adquisitivo de sus pensiones; y todos a la perdida de las prestaciones del Estado de bienestar. Ya no existe confianza en el Estado para protegernos de los ataques implacables de un mercado desbocado, ni tampoco en los partidos políticos ni en los sindicatos. Hemos interiorizado un sentimiento de culpabilidad, como si fuéramos los únicos responsables de la crisis actual. Esto nos pasa por "haber vivido por encima de nuestras posibilidades". Nosotros somos los culpables y tenemos que pagar por ello. De ahí que debamos asumir el sufrimiento por nuestros pecados cometidos. Lo grave es que lo asumamos.  Como nos dice también Boaventura de Sousa Santos: ¿Por qué Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”?

 Una secuela gravísima del miedo es que se haya expandido la insolidaridad y un egoísmo individualista, del "sálvese quien pueda", viendo en los otros a unos peligrosos rivales que nos pueden perjudicar nuestro nivel de vida. El que trabaja en la empresa privada se alegra de la reducción del sueldo de los empleados públicos o de la pensión a los jubilados; los que trabajan o los pensionistas se quejan del subsidio de desempleo para los parados; estos ven como rivales a los emigrantes. La invención de un enemigo exterior nos impide ver que los intereses de unos y otros, de los inmigrantes, de los trabajadores, de los parados y de los pensionistas son comunes y así no surge una conciencia de solidaridad entre ellos. Por ende, se ha desactivado cualquier conato de lucha o de reivindicación para mantener nuestra situación, a mejorarla hace tiempo que hemos renunciado. Afortunadamente parece que ya se están organizando movimientos reivindicativos de la sociedad civil, aunque da la impresión que son por cuestiones estrictamente corporativas. Las diferentes mareas van a defender lo suyo.  Nuestro miedo sirve para que los auténticos culpables de la crisis duerman tranquilos. De esta minoría que se enriquece cada vez más a costa del empobrecimiento de muchos otros, no cabe esperar nada para una mejora del conjunto de la sociedad. Y es así porque como pronosticó Christopher Lasch en su libro La rebelión de las élites y la traición a la democracia los grupos privilegiados del ámbito político y financiero, han decidido liberarse y despreocuparse de la suerte de la mayoría y dan por finalizado unilateralmente el contrato social suscrito tras la II Guerra Mundial que les unía como ciudadanos, aunque no lo hicieron por sentido de solidaridad, sino por miedo a la rebelión de los trabajadores. Hoy las élites han perdido la fe en los valores, mientras que las mayorías han perdido interés en la revolución. Lo ha dicho muy bien en una reciente conferencia Josep Fontana Más allá de la crisis, “Desde la Revolución Francesa hasta los años setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueño, llevándoles a temer que podían perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, después los carbonarios, los masones, más adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenían posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese auténtico. De ahí las concesiones.” Por ello, el sistema solo cambiará si los de arriba tienen miedo. No hay otra opción. Mientras el miedo lo tengamos los de abajo, todo seguirá igual.

            Quien debe dirigir a la sociedad en este proceso de lucha contra las élites, el diálogo en estos momentos no es posible, es la izquierda, que de momento parece desorientada, al no haber sabido o querido librarse de  la trampa que las derechas siempre han utilizado para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. La izquierda debe combatir a la cultura neoliberal del miedo, del sufrimiento y de la muerte, contraponiendo una nueva y diferente, la de la esperanza, la felicidad y de la vida. Aquí estamos los seres humanos para ser felices, no para ser unos desgraciados.

CÁNDIDO MARQUESÁN MILLÁN

DERECHO A LA FELICIDAD

                                 

 

Estamos atravesando unos momentos muy alejados del espíritu de la Ilustración, un momento clave en la Historia,  en el que el hombre decide por primera vez tomar las riendas de su propio destino y convertir el bienestar de la humanidad en su objetivo último. Como señala Josep Ramoneda en su libro Contra la indiferencia, es una revolución del pensamiento que tendrá sus consecuencias políticas y que jugará un papel fundamental en la construcción de la Modernidad. ¿Qué es la Ilustración? Kant responde así: “La salida del hombre de su minoría de edad de la que él mismo es responsable”. ¿Qué quiere decir minoría de edad? La incapacidad de servirse de su entendimiento sin la dirección de otro. De esta incapacidad, subraya Kant, el hombre es el culpable porque la causa no está en el defecto de su entendimiento sino en la falta de coraje. Sapere aude: atrévete a pensar. Significa su emancipación  y autonomía, ya que es capaz de pensar y decidir por sí mismo. Un hombre en el más amplio sentido de la palabra, ya que no necesita que nadie le diga qué tiene que pensar y qué tiene que hacer. Negándose  a dejarse dictar su comportamiento por una ley externa, ambicionaría salir de la esclavitud mental que sometía antaño a los humanos al pasado,  a la comunidad o una figura trascendente.. Supone el valorar la Razón, la libertad de pensamiento, la capacidad crítica y la educación. Coloca en primer término al ser humano, tiene una visión optimista del mundo, ya que al ejercitar sus facultades es capaz de dominar la naturaleza para ponerla a su servicio, y así ir  hacia el progreso y alcanzar la felicidad.

Para Tzvetan Todorov en su libro El espíritu de la Ilustración- subyacen tres ideas: la autonomía, la finalidad humana de nuestros actos y la universalidad. La autonomía significa que lo que debe guiar la vida de los hombres ya no es la autoridad del pasado, sino su proyecto de futuro; en consecuencia, la voluntad libre prevalece sobre la tradición. La finalidad humana de nuestros actos comporta que el objetivo de estas acciones humanas esté en la tierra y ya no remite a Dios; por lo que su existencia terrenal tiene pleno sentido: la búsqueda de la felicidad sustituye a la búsqueda de la redención, razón por la que el Estado no está al servicio del designio divino, sino que su objetivo es el bienestar de los ciudadanos. Y la universalidad implica que todos los seres humanos poseen derechos inalienables por el mero hecho de serlo.

Es una necesidad imperiosa recuperar la capacidad crítica de la Ilustración frente al pensamiento único impuesto en estos momentos de dominio neoliberal. Su gran triunfo ha consistido, como ha señalado el Nobel de economía Joseph Stiglitz, en destruir la posibilidad de pensar la alternativa. Una vez anegados los cambios y las pistas de estos cambios, solo restaba afirmar con Margaret Thachert: there is alternative.  Es imprescindible, ya que siguiendo a Ramoneda, cada vez que Europa ha renunciado a su principal arma, la razón crítica que le permitió dar el gran salto a partir del Renacimiento, y ha entregado la razón al servicio del poder –sea en nombre de la patria, de la clase, de la etnia, de la religión, de la técnica o economía, se ha abierto el camino hacia la guerra civil  y al desastre, del cual no estamos muy lejanos, de no mediar un cambio de rumbo en las políticas económicas vigentes; algo que no se divisa en el horizonte próximo. De Guindos el mismo día 14-N, tras la huelga general y las manifestaciones masivas que inundaron las calles de muchas ciudades españolas dijo: "Somos conscientes de la dificultades de la sociedad pero la hoja de ruta del Gobierno es la única alternativa posible”.

La Ilustración reconocía  el derecho humano  a  la felicidad, proclamado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en el artículo 1º de la Constitución montañesa de 1793: “El fin de la sociedad humana es la felicidad”, y en el artículo 13 de la Constitución de Cádiz de 1812:  “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. En Francia, Lavoisier, famoso químico y a la vez político, escribe en un discurso de 1787:  “El verdadero objetivo de un gobierno debe ser aumentar la cantidad de gozo, la cantidad de felicidad y el bienestar de todos los ciudadanos, no solo de unos pocos”. Igual que el Gobierno de Rajoy. El neoliberalismo  no solo nos niega el derecho a la felicidad, es que además nos impone la infelicidad. Triste y dramática realidad que nos la constata Boaventura de Sousa Santos en la Quinta Carta a las Izquierdas, ya que el neoliberalismo es, ante todo, una cultura del miedo, del sufrimiento y la muerte para las grandes mayorías; y no es posible combatirlo con eficacia sin oponerle una cultura de la esperanza, la felicidad y la vida. Las izquierdas tienen dificultades para asumirse como portadoras de esta otra cultura tras haber caído en la trampa que las derechas siempre han utilizado para mantenerse en el poder: reducir la realidad a lo que existe, por más injusto y cruel que sea, para que la esperanza de las mayorías parezca irreal. El miedo en la espera mata la esperanza en la felicidad. Contra esta trampa es necesario partir de la idea de que la realidad es la suma de lo que existe y de todo lo que en ella está emergiendo como posibilidad. Si no son capaces de detectar estas emergencias, las izquierdas pueden sucumbir o acabar en el museo, lo que a efectos prácticos es lo mismo.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

PODERES OCULTOS

                                   

 

 

Existe un amplio grupo de sociólogos, filósofos, politólogos e historiadores en Italia, que se han preocupado y también han reflexionado en profundidad sobre el funcionamiento y el futuro de la democracia. Motivos que lo justifican no escasean, si tenemos en cuenta el devenir de este sistema político en su país, que, tras un estado de crisis permanente, posibilitó el acceso al poder de un individuo de la catadura moral como Berlusconi o la imposición por unos poderes ocultos de un tecnócrata como Monti. Giovanni Sartori, con un extraordinario libro titulado ¿Qué es democracia? Mauricio Viroli, con  “La sonrisa de Maquiavelo” y que ha elaborado el concepto de “patriotismo”, como la capacidad de los ciudadanos de comprometerse en la defensa de las libertades y de los derechos de las personas.  Luigi Ferrajoli, gran experto y defensor de los derechos humanos, y autor de “Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional “, donde nos explica el peligro para nuestra democracia de esos poderes salvajes: grandes medios de comunicación, mafias, bancos, multinacionales, los mercados… Y sobre todo Norberto Bobbio, cuyo pensamiento utilizaré para la redacción de las líneas que siguen.

En 1983 Bobbio impartió una conferencia en el Congreso de los Diputados de Madrid, por invitación de su presidente, Gregorio Peces Barba, bajo el título de El futuro de la democracia, que sirvió para un libro posterior con el mismo título,  señalando la divergencia entre la democracia ideal tal como la pensaron sus padres fundadores y la democracia real.  Después de treinta años la cuestión sigue vigente. Todo un conjunto de promesas que se habían depositado para su perfectibilidad se habían incumplido: seguían vigentes la supremacía de los intereses sobre la representación política y la limitación del espacio político de la democracia; no se había alcanzado el control de las oligarquías, ni desarrollado adecuadamente la educación política de la ciudadanía, ni habían desaparecido  los poderes ocultos o invisibles. Bobbio en repetidas ocasiones manifestó su preocupación por el problema  del poder oculto, quejándose amargamente de ser una cuestión infravalorada por la sociología política.  A esta última “promesa incumplida”, a la perdurabilidad y mantenimiento de los “poderes ocultos” quiero referirm

Todos los viejos y nuevos discursos de la democracia la definen como el gobierno de lo público en público. En contraposición al autocrático, es un  poder sin máscaras. Es bien conocido que la democracia nació bajo la perspectiva de erradicar para siempre de la sociedad humana el poder invisible.  La democracia moderna nos remite a la Atenas de Pericles, del “Agora” o de la “Ekklesia”, o sea, a la reunión de todos los ciudadanos en un lugar público, a la luz del sol, donde hacen propuestas, las discuten y las deciden alzando las manos o mediante pedazos de loza. No sin razón, la asamblea ha sido comparada a menudo con un teatro o con un estadio, o sea, con un espectáculo público, donde espectadores asisten a una acción escénica con reglas preestablecidas y que concluye con un juicio.

La democracia griega supone un referente para la época de la Revolución Francesa. Entre las obras de tiempos de la revolución, el Cathecismo repubblicano de Michele Natale nos dice: “¿No hay nada secreto en el gobierno democrático? Todas las actividades de los gobernantes deben ser conocidas por el pueblo soberano, excepto alguna medida de seguridad pública, que se debe dar a conocer en cuanto el peligro haya pasado”. Kant  en el Apéndice de la Paz Perpetua: “Todas las acciones referentes al derecho  de otros hombres cuya máxima no puede ser publicada, son injustas”. Por tanto, democracia supone transparencia, visibilidad y publicidad, sin las cuales no es posible su funcionamiento, ya que los ciudadanos no pueden controlar a sus gobernantes. E igualmente cuanto más se oculta el poder verdadero, menos participan los ciudadanos en la vida pública. Así está ocurriendo en nuestra maltrecha democracia. Estoy cada vez más convencido de que las traumáticas políticas puestas en marcha por el gobierno de Rajoy,  que nos afectan en profundidad a los ciudadanos  y que están dinamitando nuestro Estado de bienestar, no solo nos las ocultaron, es que además las decidieron unos poderes ocultos e invisibles. Esa agenda oculta fue decidida en unos ámbitos desconocidos para la ciudadanía. No es fácil su descubrimiento, ya que como Bobbio nos dice “el poder tiende a ocultarse; es tanto que ve sin ser visto, que ve a todos y a quien nadie ve”. El poder tiende a esconderse porque cuanto más secreto permanece, mas fuerte se siente. Si quiere ser temido debe mostrarse lo menos posible. ¿Quiénes están detrás de ese poder que todo lo controla? Son las multinacionales, entidades financieras, grandes medios de comunicación, mercados e instituciones religiosas a las que están subordinadas las instituciones públicas tanto  nacionales como internacionales, donde la  impunidad de la corrupción, el abuso de poder y el tráfico de influencias son monedas corrientes. Por ello, lo que para algunos observadores contemporáneos aparece como una lucha de intereses contrapuestos, que es zanjada por el voto de las masas,  ha sido decidido mucho tiempo antes en un círculo restringido y desconocido. Es evidente que tal circunstancia supone una autentica perversión de una democracia cada vez mas degradada y agonizante. La democracia nace justamente para que los votos y el número cuenten más que el dinero y los recursos de los poderes ocultos.

 

Cándido Marquesán Millán

 

 

 

Comentarios a vuela pluma y algunas reflexiones históricas sobre las elecciones autonómicas catalanas

 

Voy a realizar unos breves comentarios sobre los resultados de las elecciones autonómicas del 25-N en Cataluña. Posteriormente haré alguna referencia a la historia, que sirve para explicar cómo hemos llegado a esta situación. Me parecen lógicos los resultados y que entraban dentro de lo previsible, salvo alguna excepción, que comentaré más adelante. De entrada, el órdago de Artur Mas de conseguir una mayoría sobresaliente para llevar a cabo su proyecto soberanista en la próxima legislatura, ha fracasado. Con respecto a las elecciones autonómicas de 2010, ha perdido alrededor de 90.000 votos, ya que ha pasado de 1.202.000 votos a 1.112.000, y en porcentajes casi un 8%, al pasar del 38,43% al 30,68%. Esa reducción puede explicarse por el desgaste lógico de sus políticas durísimas de recortes sociales. También, el diseño de la campaña electoral no ha sido el adecuado. El cartel principal, todo un símbolo, de presentar a Mas como un auténtico Mesías, ha sobrepasado el límite de lo razonable. Y el pueblo catalán es bastante razonable. Mas, lo que parece incuestionable, algo que no deberían olvidar los nacionalistas españoles, es que 3 votantes catalanes de cada 10 han estado de acuerdo con el proyecto soberanista de CIU.

 

            La gran beneficiada ha sido ERC al pasar de 10 escaños a 21. En cuanto a votos ha ganado 277.000, al pasar de 219.000 en 2010 a 496.000 en las actuales; en cuanto a porcentajes ha pasado del 7% al 13,6%. Cabe entender que ha recogido muchos votantes de CIU, partidarios de la independencia sin ambages, además de contrarios a las políticas de recortes sociales del gobierno de Artur Mas. También el nuevo candidato Oriol Junqueras parece que ha sido desvinculado de la época del Tripartito. Si sumamos sus resultados a los de CIU, constatamos que 4,4 catalanes votantes de cada 10 son partidarios de la independencia. También hay un aspecto a tener en cuenta, que no debe pasar desapercibido, ERC es una fuerza política que sale muy beneficiada cuando gobierna en Madrid el PP. Cabe recordar lo ocurrido en tiempos de José María Aznar, que fue el mayor apoyo e impulsor de ERC.

 

            En cuanto al PSC, seguimos en la línea de las elecciones autonómicas de Galicia y Euskadi, nuevo desastre, al perder 8  escaños, pasando de los 28 de 2010, que ya eran muy malos, a los 20 actuales. En cuanto a votos ha pasado de 575.000 a 523.000: una pérdida de 50.000; y en porcentajes del 18,8% al 14%. Sigue la hemorragia de votos. El líder Pere Navarro, además de nuevo, no tenía carisma. Su política de campaña con el mensaje del federalismo, para desmarcase de los discursos nacionalistas no ha cuajado.  Desde Ferraz seguirán en sus trece, esperar que amaine el temporal. E incluso, han valorado positivamente los datos, vistas las expectativas tan negativas que les auguraban los sondeos. No se enteran de nada.

 

            El PP se mantiene en la misma situación, aunque ha pasado de 18 a 19 escaños.  En cuanto a votantes de 387.000 a 475.000; en porcentajes del 12,3 al 13%. No son malos los resultados, si consideramos una candidata sin gancho, y la participación en la campaña de algunos dirigentes como Esperanza Aguirre o Ana Mato. Me decía un amigo catalán que cada visita de Esperanza Aguirre a Cataluña suponían 100.000 votos para el nacionalismo catalán. En cuanto al informe de evasión de capitales de Mas, pienso que no ha sido importante en los resultados. En todo caso a Mas le habrá beneficiado más que perjudicado.

 

En cuanto  a ICV EUiA, ha sido otro de los grandes triunfadores, ya que de 10 escaños ha pasado a 13. De 230.000 votantes a 358.000; en porcentaje de 7,37% a 9,90%. Ha presentado un cabeza de lista lleno de sensatez y coherencia. El desencanto de votantes de izquierdas hacia el PSC le ha beneficiado. También ya parece haberse liberado de la hipoteca del Tripartito.

 

Ciutadans Partido de la Ciudadanía ha tenido un crecimiento espectacular, al pasar de 3 a 9 escaños: En cuanto a votantes de 106.000 a 274.000; y en porcentaje del 3,3% al 7,58%. La explicación me parce clara: el voto del miedo a una posible independencia.

 

Resulta interesante la irrupción de CUP Alternativa d´Esquerres, con 3 escaños; 126.000 nuevos votantes, lo que representa en porcentaje un 3,48%. Sobre el origen de sus votantes, podrían provenir, además de ser un voto desencantado, de antiguos votantes de Solidaritat Catalana per la Independencia, que ha fracasado estrepitosamente, al perder los 4 escaños que tenía.

Como conclusión, me parece bueno que el pueblo catalán puede manifestar su opinión. El votar siempre es positivo. Además la participación ha sido muy importante, porque los catalanes han considerado que los resultados de estas elecciones tenían una gran trascendencia. También me parece pertinente destacar que  harían muy mal los partidos nacionales del PP y del PSOE en pensar que tras el fracaso Artur Mas el nacionalismo catalán está ya bajo control y que va a ir menos. Nada más lejos de la realidad. Si sumamos los porcentajes de votantes de CIU (30,68%), de ERC( 13,69%) y de CUP (3,48%)) y Solidaritat Catalana (1,29%), todos ellos partidarios de la independencia, alcanzan una cifra del 49,14%. El dato es concluyente.

Muchos en España, entre los que están todos los dirigentes del PP y bastantes del PSOE, consideran que la nación española es una realidad incuestionable, como algo natural. Mas hay gentes que no lo tienen tan claro. Tan legítima es la opinión primera, como la segunda. Nadie puede imponer la idea de nación a la fuerza, eso es algo que pertenece a los sentimientos más íntimos de cada persona. Uno puede sentirse español, como otro puede sentirse catalán o vasco. Decir esto hoy para algunos españoles es una herejía.

            Al respecto, me parece pertinente mirar por el retrovisor de la historia para entender algo mejor la importancia del nacionalismo catalán. No es nuevo, hace mucho tiempo que revolotea sobre nuestras cabezas. Algunos ilusos pretenden obviarlo, empero, está aquí y ahora. Y lo seguirá estando. Como también lo estuvo antes. Así lo constataron conspicuos analistas políticos como: Ortega y Gasset o Manuel Azaña. El autor de La rebelión de las masas dijo que el problema catalán era insoluble y que España solo puede aspirar a conllevarlo. Llegó a decir que Cataluña es un pueblo frustrado en su principal destino, de donde resulta la impaciencia en que se ha encontrado respecto de toda soberanía, de la cual ha solido depender su discordia, su descontento, su inquietud; vendría a ser, sin duda, el pueblo catalán un personaje peregrinando por las rutas de la historia en busca de un Canaán que él solo se ha prometido a el mismo y que nunca ha de encontrar. En cambio, Azaña, tras reconocer el problema, señala que “Cataluña dice, los catalanes dicen: “Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español”. La pretensión es legítima. Debemos conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado de la República. Este es el problema y no otro alguno. Se me dirá que el problema es difícil. ¡Ah, yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo sea difícil, sea fácil”.  Este problema, reitero, no es nuevo, ya lleva tiempo. Es centenario.  Para entenderlo pueden servir las ideas que siguen a continuación, extraídas del libro Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX de Álvarez Junco. En el siglo XIX, los políticos españoles de la Revolución Liberal trataron de establecer un Estado moderno. Homogeneizaron el país territorialmente, merced a la creación de las provincias de Javier de Burgos. A nivel jurídico se hizo una ordenación de todo el caótico enjambre de leyes procedentes de la Edad Media. Se racionalizó el propio poder central, con un ejecutivo distribuido en ocho ministerios; un legislativo, constituido en general por dos cámaras, y una organización judicial totalmente nueva. Se creó la Bolsa de Madrid, un sistema fiscal unificado, y se estableció el Banco de España, con el monopolio de emisión de moneda. Se estableció una moneda oficial. En definitiva se pretendió modernizar, uniformizar y centralizar. Lo que no consiguió fue nacionalizar a las masas.

 El Estado español del siglo XIX no se preocupó de una manera decidida por crear esas escuelas públicas donde habían de “fabricarse españoles”, como dice Pierre Vilar. Dejó que dominaran los colegios religiosos, más preocupados por fabricar católicos. En el plan educativo establecido por la Ley de 1857, no se incluyó entre las enseñanzas del nivel elemental una Historia de España, mientras que sí había una “Doctrina Cristiana y Nociones de Historia Sagrada”. Y no sólo se despreocuparon de la Historia de España y de los valores cívicos, en beneficio del catecismo y la moral cristina, sino que, cuando la eficacia pedagógica lo exigía, la doctrina se enseñaba en vasco, catalán o gallego, en lugar de en la lengua oficial del Estado. Todo lo contrario ocurrió en la Francia de la Tercera República, donde a través de la enseñanza estatal obligatoria establecida se fabricaron franceses.

 

Otro instrumento clave para nacionalizar a las masas es el servicio militar universal, así efectivamente lo entendieron en Francia. En España ocurrió lo contrario, ya que existían exenciones, y las clases ricas mediante el pago de una cuota se excusaban de este servicio. Si hubiéramos seguido el ejemplo del país vecino, el proceso nacionalizador sobre todas las clases sociales hubiera sido mayor sobre todos los soldados, al romper su aislamiento y hacerles convivir con otras personas a las que empezarían a ver como compatriotas de otras regiones; al practicar un idioma que considerarían común; y al someterles a un baño intenso de retórica sobre la necesidad de posponer el egoísmo personal en pro del bien de la patria. En consecuencia el ejército nunca cumplió en España el papel unificador que tuvo en otros Estados europeos.

A la hora de vertebrar una nación también es importante el mantenimiento de una guerra contra un enemigo exterior. Podríamos poner muchos ejemplos. No obstante, quiero recordar el caso inglés durante la II Guerra Mundial. Se unieron todos sus ciudadanos, como una auténtica piña, cuando la mayoría de sus ciudades eran machacadas por la aviación nazi. Francia se construyó matando alemanes. Y Alemania matando franceses. En cambio, aquí en España nos matamos los unos con los otros en las Guerras Carlistas decimonónicas o la trágica Guerra Civil. Muchos especialistas en Historia de España afirman que si nuestro país hubiera entrado en la I Guerra Mundial, no hablaríamos de Guerra Civil ni tampoco de problema nacional. Mas la historia debe tratar de explicar lo que ocurrió, no lo que hubiera pasado si no hubiera ocurrido lo que ocurrió.

Además de los instrumentos anteriores para la extensión de los sentimientos nacionales, son muy importantes todo un conjunto de símbolos: banderas, himnos, ceremonias conmemorativas, monumentos, y otros. En Francia lo debieron hacer muy bien. Por ello, hoy todos los franceses aceptan sin discusión alguna toda una simbología; su bandera, su himno “La Marsellesa”, su fiesta nacional “El 14 de Julio”. En España lo debimos hacer muy mal y por ello hoy el panorama es totalmente diferente. El himno nacional actual aprobado en el Estado español, por cierto sin letra, salvo la creada por el ínclito José María Pemán y que hasta hace poco los descendientes de Bartolomé Pérez Casas cobraban derechos de autor, no es aceptado por todos, ya que para los republicanos es el himno de Riego, como pudimos comprobar hace no mucho tiempo en la Copa Davis en Australia, y a muchos catalanes lo que les hace vibrar de verdad son los sones de Els Segadors. La bandera rojigualda tampoco es aceptada por todos, ya que algunos prefieren la tricolor, y para muchos catalanes es la Senyera. En lo que hace referencia a la fiesta nacional, han existido varias: el Dos de Mayo, Santiago Apóstol, o finalmente el 12 de Octubre; y esta última no deja de ser discutida, y para muchos catalanes su fiesta nacional es El 11 de septiembre. Tampoco se dio suficiente impulso a la construcción de monumentos que honrasen los valores, héroes o glorias nacionales. ¿Existe alguno simbólico de la nación española? Yo lo ignoro. Sin embargo, en Cataluña la mayoría conoce la tumba de Rafael Casanova. Esta es realidad, mal que nos pese a los que nos sentimos españoles.

El régimen franquista sí que se preocupó por nacionalizar  a las masas, por españolizarlas. Muchos padecimos aquella horrenda asignatura de Formación del Espíritu Nacional. Mas esa nacionalización era tan agresiva como grosera; ya que era forzada, brutal y basada en la anulación y aplastamiento de media España. Esa nacionalización se basaba en sublimar todo un conjunto de acontecimientos y personajes: Numancia, Viriato, Recaredo Pelayo, Covadonga, Reconquista, Santiago Matamoros, el Cid, Guzmán el Bueno, los Reyes Católicos, Lepanto, Pavía, el Alcázar, Marcelino, Pan y Vino…. No creo sea necesario dar más detalles. Con la instauración de la democracia, pienso que la situación expuesta no se ha modificado sustancialmente.

El problema territorial está ahí. No nos ha sobrevenido de repente como hemos expuesto en las líneas precedentes. Por todo ello, insisto que se necesita a la hora de abordarlo sensatez, equilibrio, imaginación y sentido de Estado. Obviamente no es un procedimiento adecuado hacerlo presentando recursos de inconstitucionalidad ante un Estatuto aprobado en referéndum por el pueblo catalán, tras haber sido aprobado en las Cortes catalanas y españolas. Ni tampoco calificar de algarabía a  una manifestación de más de 1 millón de catalanes. Actuaciones así, cabe interpretarlas como de gran irresponsabilidad, a no ser que conscientemente lo que se persiga en última instancia sea el servirse del anticatalanismo para rascar votos en Cuenca, Valladolid o Zaragoza. El que juega con fuego, es factible que al final pueda quemarse.

 

Cándido Marquesán Millán

 

Azaña: vigencia de su pensamiento

 

 

 Acostumbro a decirlo con muchísima frecuencia que la lectura es una de las actividades más gozosas y provechosas a la que podemos dedicar el tiempo libre. Si además son obras de algunos autores por los que sientes especialmente predilección, al sentirte muy identificado con su línea de pensamiento, ya no solo es gozo, es mucho más, es un indescriptible placer. Reconozco, no sé si por deformación profesional al ser profesor de historia, que no suelo leer novelas en las que suele prevalecer la ficción- también las hay históricas-, ya que me inclino por obras más tipo ensayo de carácter socio-político. Uno de mis preferidos es Azaña, que debería ser más conocido  por parte de los españoles, entre otras razones porque pocos como él se sintió más profundamente español y también pocos como él dedicó tanto tiempo de su vida a indagar sobre cuáles eran los problemas de su patria y buscar las soluciones adecuadas y razonables para corregirlos. Que un personaje de este nivel todavía permanezca enterrado lejos de su tierra, no deja de ser lamentable. En cambio, otros que han hecho tanto daño reposan en una suntuosa y faraónica tumba en el mismo centro de nuestra piel de toro. Mas no es de esta cuestión de la que quiero hablar ahora.

 Azaña además de por lo que dice, con unos mensajes impregnados de valores éticos y de gran calado político, es impresionante  por el cómo los dice, con un gran dominio de nuestra lengua y una riqueza de vocabulario muy difícil de superar. Según Antonio Machado, Azaña es maestro en el difícil arte de la palabra: sabe decir bien cuanto quiere decir, y es maestro en un arte más excelso que el puramente literario y mucho más difícil: sabe decir bien lo que debe decirse.  Fue un extraordinario parlamentario. Según Salvador de Madariaga: “Azaña ha sido el orador parlamentario más insigne que ha conocido España.” Sus discursos tienen profundidad política, así como belleza y trabazón formal. Destacan los pronunciados en las Cortes: el 13 de diciembre de 1931 sobre Política religiosa; el 2 de diciembre de 1931 sobre Política Militar; el 27 de mayo de 1932 sobre El Estatuto de Cataluña; y el 18 de julio de 1938, en el Ayuntamiento de Barcelona,  titulado Paz, Piedad y Perdón. Uno, no tan conocido, pronunciado el 21 de abril de 1934  en la Sociedad del Sitio de Bilbao, titulado  Un Quijote sin celada, es un extraordinario alegato de la política con mayúscula, y que nuestros políticos actuales deberían leerlo para que conocieran cuáles son los principios que deben impregnar su ejercicio. Azaña  los tiene muy claros “Los auténticos, los de verdad son la percepción de la continuidad histórica, de la duración, es la observación directa y personal del ambiente que nos circunda, observación respaldada por el sentimiento de justicia, que es el gran motor de todas las innovaciones de las sociedades humanas. De la composición y combinación de los tres elementos sale determinado el ser de un político. He aquí la emoción política. Con ella el ánimo del político se enardece como el ánimo de un artista al contemplar una concepción bella, y dice: vamos a dirigirnos a esta obra, a mejorar esto, a elevar a este pueblo, y si es posible a engrandecerlo”.  Igual que los actuales.

Y sobre todo, La Velada de Benicarló una de las obras más importantes del pensamiento político español. El tema fundamental es la guerra fratricida, indagando en las razones de semejante hecatombe, como también sacar consecuencias para el día después, ya que en la nota preliminar sus últimas palabras se refieren al consuelo y a la esperanza. En este libro devastador Azaña vertió los sentimientos de tristeza, angustia, abatimiento y pesimismo con que reaccionó ante el levantamiento militar del 18 de julio de 1936. Todavía más desesperanzado cuando el Gobierno de la República es abandonado por las democracias occidentales. Es un acto de desesperación, porque su alma está destrozada al contemplar cómo los españoles se están matando sin piedad. Por ello hace decir a Lluch: "¡Utilidad de la matanza! Parecen ustedes secuaces del Dios hebraico que, para su gloria espachurra a los hombres como el pisador espachurra las uvas, y la sangre le salpica los muslos. Vista la prisa que se dan a matar, busco el punto que podrá cesar la matanza, lograda la utilidad o la gloria que se espera de ella. No la encuentro-" Los culpables de la tragedia para Blanchart: "En nuestro país, violento, intolerante, sin disciplina, los generales menores de sesenta años son un peligro nacional". Los enemigos de la República para Garcés: "Enumerados por orden de su importancia: la política franco-inglesa, la intervención armada de Italia y Alemania; los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad del Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes..." Las diferencias de la represión según Marón: "Con una diferencia importante. En esta zona, las atrocidades cometidas en represalia de la sublevación, o aprovechándola para venganzas innobles, ocurrían a pesar del Gobierno, inerme e impotente. En la España dominada por los rebeldes y los extranjeros, los crímenes, parte de un plan político de regeneración nacional, se cometían y se cometen con aprobación de las autoridades". Son las grandes cuestiones: ¿Cómo y por qué se matan entre sí los españoles? ¿La violencia es innata en nuestro ser nacional? De ahí la pregunta de Garcés: "¿Qué aberración fascinante arrastra a los promotores de este crimen contra la nación y a quienes la secundan? Una porción de españoles ha pedido y admitido la entrada de los ejércitos extranjeros. Con tal de reventar a los demás compatriotas, entregan la Península a un conquistador. Estas pequeñas pinceladas nos indican que estamos ante una de las obras más importantes del pensamiento político español, el mejor documento quizá sobre la República y sobre nuestra guerra civil. Por ello, debería ser de lectura obligatoria para los estudiantes de secundaria.

La obra de Azaña es inabordable, mas quiero acabar con otra referencia a uno de sus discursos tempranos, cuando tenía 31 años. Sirviéndome de la Obras Completas de Manuel Azaña, edición  con seis volúmenes, tras una labor  de investigación impresionante de Santos Juliá,  acabo de leer el pronunciado un 11 de septiembre de 1911, titulado “El problema español”, en la Casa del Pueblo de su ciudad natal Alcalá de Henares, y que he tenido que estar consultando continuamente el Diccionario de la Real Academia de la  Lengua Española, para conocer el significado de algunas palabras: pazguato, flor de estufa, mojiganga, dalmática, recamado… Además me han impresionado algunos de sus fragmentos por su  vigente actualidad, como si algunos de los problemas de esta nuestra querida España continuaran siendo los mismos cien años después.

Uno de los hechos más destacados desde hace unos meses en nuestro país ha sido la irrupción, totalmente justificada, del movimiento de los indignados del 15-M, que han ocupado las plazas de muchas de nuestras ciudades. En el discurso susodicho Azaña apela al pueblo español para que reaccione y salga del sopor en el que parece haber caído con estas palabras que podrían ser leídas hoy mismo en la Puerta del Sol: “Además nos impulsa otro sentimiento: nos impulsa la indignación. ¿Vosotros no la sentís? ¿Vamos a consentir siempre que la púrpura cuelgue de hombros infames? ¿Vamos a consentir que la inmensa manada de los vividores, de los advenedizos manchados de cieno usurpe la representación de un pueblo y lo destroce para saciar su codicia? En nuestro museo han entrado unos pícaros y la dalmática más espléndida, recamada por una historia ilustre, la van deshilachando para remendarse los calzones”.

 

Una de las peticiones de los indignados es la de regenerar, revitalizar y darle nuevos bríos a nuestro democracia, que se ha quedado oxidada tras estos 30 años de un ejercicio autocomplaciente, como si fuera suficiente con votar cada 4 años. No son en absoluto antisistema, como desde algunos medios de información o algunas fuerzas políticas nos han querido hacer ver.  Por ello, otras palabras de Azaña tienen plena vigencia hoy: “En lo político necesitamos, como una condición indispensable, la revisión de todas las instituciones democráticas en nombre de su principio de origen, limpiándolas, purificándolas de todos los falsos valores que sobre ella se han creado…¿Democracia hemos dicho? Pues democracia. No caeremos en la ridícula aprensión de tenerla miedo: restaurémosla, o mejor, implantémosla, arrancando de sus esenciales formas todas las excrecencias que la desfiguren”. Todo ciudadano medianamente informado conoce cuáles son esas excrecencias  que deberían ser eliminadas para dar nueva vida a nuestra democracia: listas abiertas, funcionamiento interno democrático de los partidos, modificación del sistema de representación, responsabilidad de los políticos, cumplimiento de los programas electorales, eliminación de la corrupción, independencia de la política de la economía…

En estos momentos de vigencia plena e implacable del neoliberalismo, que defiende a ultranza la liberación de las fuerzas del mercado con una  desorbitada apología de lo privado y un ataque despiadado al Estado, se está generando un nuevo mundo en el que la justicia, la igualdad, la solidaridad están cada vez más ausentes. Entiendo que se hace inevitable reconstruir la defensa del Estado activista tan vilipendiado, porque son precisamente los más débiles los que más lo necesitan. De nuevo Azaña: “Ese inmenso poder del Estado debe encaminarse en pro de nuestra obra; queremos infundir en ese organismo sangre nueva, para que el mismo Estado sea el que dispense la última y definitiva justicia. Porque de él, de ese Estado, con todos sus defectos de organización, con su ceguedad y su parsimonia, es del único Dios de quien podemos esperar que ese milagro se verifiqué. ¿De quién, si no, vamos a recibir la justicia? ¿O esperamos, acaso, que el codicioso, el explotador, el privilegiado renuncien voluntariamente a su privilegio, a su explotación o a su codicia? Nunca se vio tal…”

En nuestra sociedad a su vez se está produciendo un dramático e irreversible descontento de la ciudadanía con la consiguiente desafección hacia la política, que se plasma en unas cifras cada vez mayores de la abstención en los distintos procesos electorales. No me parece esta la solución, como tampoco le parecía a Azaña: “Proclamada la soberanía de la nación, dentro de ella estamos y de ella participamos todos, sin que ningún poder se alce para disputarla. Pero esa soberanía que reside en nosotros, que está a la merced del mayor número, es necesario ejercerla: cuando se abandona en medio de la calle el primer truhán que pase la recogerá y se adornará con ella…”

 

Quiero finalizar con una cita muy adecuada para el tema de estas líneas,  del Conde de Romanones, al que criticó duramente nuestro Azaña: “La característica de los genios es la de ser contemporáneos de todas las edades”.

 

Cándido Marquesán Millán