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Si Latinoamérica gobernase el mundo. De cómo el Sur guiará al Norte hacia el siglo XXII

Cándido Marquesán

Es conocido que ha habido una concepción de la historia de la humanidad aquejada del eurocentrismo. Muchos hechos importantes acontecidos en otros lugares son totalmente marginados y se consideran irrelevantes. Esta situación sigue vigente. Vamos a verlo. Estamos inmersos en una crisis económica brutal, de la que no se sabe cómo salir, y que está produciendo daños irreparables y cruentos en amplios sectores de la sociedad europea. Lo más grave de la situación es la insistencia en las mismas políticas neoliberales que propiciaron la crisis. Esto es puro sadismo. Y además nos quieren convencer, y en gran parte lo están consiguiendo, de que no existe alternativa. Obviamente un régimen político en el que no hay alternativa, podrá denominarse como se quiera, pero no democrático.

 

Por ello, es urgente una contundente rectificación, tal como dijo en el discurso A las Izquierdas de Europa y del Mundo, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera en el IV Congreso del Partido de la Izquierda Europea (PIE) que reunió a 30 formaciones de izquierdas europeas en Madrid en el diciembre pasado, para unificar estrategias frente a las políticas de austeridad y de sumisión de Bruselas al dictado de los mercados. Deberían leerlo los líderes políticos europeos de la izquierda. Pero no lo harán al provenir, conocido el eurocentrismo político comentado, de un dirigente de un país marginal, como Bolivia. Como señaló Juan Carlos Monedero "Los cuatro puntos cardinales --dijo el poeta chileno Huidobro-- son tres: el Sur y el Norte". Bien podría hacer dicho que en el fondo es tan sólo uno, el Norte... El Sur es una metáfora de la ausencia, "de lo que no cuenta".

Mas la situación está cambiando. Ahí están los avances del socialismo en países como Bolivia, Ecuador o Venezuela. García Linera indicó que desde fuera de Europa vemos una Europa que languidece, abatida, ensimismada, apática y cansada. ¿Dónde está la Europa de las luces, de las revueltas, de las revoluciones, la de los grandes universalismos que movieron al mundo? Atrás han quedado los grandes retos intelectuales. La única Europa que vemos es la neoliberal, la de los mercados y no la del trabajo. Criticó que las democracias europeas están muertas, derrotadas y fosilizadas; al ser democracias sin esperanza y sin fe. En sentido estricto, no son democracias. Esta situación la ha provocado el capitalismo en la versión neoliberal. Y avisa que la izquierda europea no puede contentarse con el diagnóstico y la denuncia, tiene que comparecer con propuestas. Tiene que construir y luchar por un nuevo sentido común progresista revolucionario y universalista. Necesita recuperar el concepto de democracia. La izquierda siempre ha reivindicado la bandera de la justicia, la igualdad, la participación. La democracia es mucho más que las instituciones.

Es mucho más que votar. La democracia son valores y principios: tolerancia, pluralidad, libertad de opinión. La democracia es práctica, es acción colectiva, es creciente participación en la administración y en la gestión de los bienes comunes, es la recuperación de los comunes como derecho: la educación, el trabajo, la sanidad, la protección de la madre tierra; y tiene que reivindicar una nueva relación metabólica entre el ser humano y la naturaleza.  Instó a la unidad de las izquierdas, ya que la izquierda tan débil de hoy no puede darse el lujo de distanciarse. Habrá diferencias, pero coincidimos en mucho. No podemos seguir peleándonos.

La misma unidad preconiza Boaventura de Sousa Santos en la Novena Carta a las Izquierdas, mas para que tenga éxito político, tiene en cuenta tres factores: riesgo, credibilidad y oportunidad. En cuanto al riesgo, es importante mostrar que los riesgos no son superiores a los que los ciudadanos europeos ya están corriendo: los del sur, un mayor empobrecimiento, abasteciendo mano de obra barata a la Europa desarrollada; y todos en general, pérdida progresiva de derechos en nombre de la austeridad, mayor desempleo, privatizaciones, democracias rehenes del capital financiero. El riesgo de la alternativa es un riesgo calculado con el propósito de probar la convicción con la que está siendo salvaguardado el proyecto europeo.

La credibilidad radica, por un lado, en la convicción y la seriedad con las que se formula la alternativa y en el apoyo democrático con que se cuenta; y, por otro, en haber mostrado la capacidad de hacer sacrificios de buena fe (Grecia, Irlanda y Portugal son un ejemplo de ello). Y la oportunidad está ahí para ser aprovechada. La indignación generalizada y expresada masivamente en calles, plazas, redes sociales, centros de trabajo, salud y estudios, entre otros espacios, no se ha plasmado en un bloque social a la altura de los retos que plantean las circunstancias. El actual contexto de crisis requiere una nueva política de frentes populares a escala local, estatal y europea formados por una pluralidad heterogénea de sujetos, movimientos sociales, ONG, universidades, instituciones públicas, gobiernos, entre otros actores que, unidos en su diversidad, sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción flexibles, de lograr una notable unidad de acción y propósitos.

Insisto que la reacción ante la barbarie neoliberal hay que buscarla fuera de Europa. Sobre todo en el continente sudamericano. Hoy los proyectos políticos progresistas antineoliberales están en Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Una prueba de ello, puede servir lo expresado por el filósofo colombiano, escritor y profesor de Derecho en la Universidad de Londres Oscar Guardiola-Rivera, y autor del libro Si Latinoamérica gobernase el mundo. De cómo el Sur guiará al Norte hacia el siglo XXII, en el que a las "democracias pesimistas" del mundo desarrollado occidental, contrapone las "democracias optimistas" sudamericanas. Ha quedado claro que en la Unión Europea y USA la crisis del 2008 es el fracaso estrepitoso de un modelo económico y de una democracia estrictamente formal, que está dejando sin presente ni futuro a toda una generación de jóvenes, y donde el dinero público se destina para rescatar la banca privada a costa de crueles sacrificios del pueblo. En cambio en Bolivia, Ecuador o Venezuela existe otro presente y se vislumbra otro futuro, donde desde el ámbito institucional las políticas están impregnadas de justicia social, empujadas desde abajo por los movimientos de base, lo que significa que el dinero público se destina a subvencionar a las poblaciones.

La diferencia es crucial. Eso sí, desde todo el aparato mediático del mundo desarrollado, se califican a gobernantes como Evo Morales, Correa, Chaves o Maduro de populistas. Si esto es populismo, bienvenido sea. Es mucho más ético socorrer a las poblaciones que a los bancos. Reafirmándome en la idea expuesta. Voy a contraponer las diferencias entre España y Ecuador en relación a un tema crucial: la deuda pública. Para ello recurriré al libro de Gerardo Pisarello profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Barcelona Procesos constituyentes. Caminos para la ruptura democrática. Mientras que en España el plantear una auditoría sobre la deuda es considerado por todo el establishement como una locura, en Ecuador, en julio de 2007, al poco de llegar al poder Rafael Correa puso en marcha una Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público, un organismo integrado por juristas, economistas y especialistas de diferentes países, dependiente del Ministerio de Finanzas con el objetivo de auditar durante un año, los créditos internos y externos obtenidos por el sector público ecuatoriano, provenientes de gobiernos e instituciones del sistema financiero internacional y nacional, desde 1976 hasta 2006.

El Informe de la CAICP concluyó que una gran parte de los préstamos concedidos a Ecuador vulneraban el derecho internacional y por ello eran deuda ilegítima. Por ende, Correa decidió suspender el pago de intereses de parte de la deuda y una reestructuración de una parte importante de la misma, no por falta de recursos, sino por claros indicios de ilegalidad e ilegitimidad. Estas decisiones valientes supusieron adquirir en 2009 títulos de deuda valorados en 3.200 millones de dólares por 900, esto es, con una reducción de entre el 65% y u 70% de su valor. Por otra parte, es conocida la reforma del artículo 135 de nuestra Carta Magna.

La Troika, los grandes inversores privados y el poder hegemónico político-financiero alemán decidieron, no el pueblo español, que era imprescindible blindar constitucionalmente las políticas de austeridad. España, en connivencia de los dos grandes partidos, cumplió sumisa estos requerimientos. Primero, permitió el aumento de la deuda pública a cuenta del rescate incondicionado de las entidades financieras. Luego, aceptó proceder, sin ninguna discusión, a la reforma del artículo 135, el cual en uno de sus apartados especifica los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.

En la Constitución ecuatoriana, en el Título VI está el Capítulo IV sobre soberanía económica, y en el dedica una Sección especial al tema del endeudamiento público. El artículo 289 especifica que "La contratación de deuda pública será autorizada por un comité de deuda y financiamiento de acuerdo con la ley". El Estado promoverá que el poder ciudadano vigile y audite el endeudamiento público. En el 290 "El endeudamiento público no afectará a la soberanía, los derechos, el buen vivir y la preservación de la naturaleza. Los convenios de renegociación no contendrán ninguna forma de anatocismo o usura. Se procederá a la impugnación de las deudas que se declaren ilegítimas por organismo competente. Serán imprescriptibles las acciones por las responsabilidades causadas por la adquisición y manejo de deuda pública. Se prohíbe la estatización de deudas privadas.


Estos días 14 y 15 de junio, se ha celebrado la Cumbre del Grupo de los 77 más China (G77) en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Como no podía ser de otra manera la noticia prácticamente ha sido marginada por la mayoría de los medios de comunicación españoles. Ha reunido a la mayor parte de los estados miembros de la ONU, que forman el sur político, pues al grupo, fundado en 1964, pertenecen 133 de los 193 estados participantes del organismo internacional, con casi 60 por ciento de la población mundial. La celebración de esta cita en Bolivia es un reconocimiento de los países del Sur al enorme esfuerzo transformador, descolonizador y solidario con los pueblos del mundo impulsado por sus pueblos indios y mestizos. De uno de los países más pobres y subordinados a Washington de América Latina, Bolivia es hoy un pujante Estado plurinacional, digno defensor de su soberanía y ejemplo de equidad, interculturalidad e inclusión social, que con el producto de la renacionalización de sus recursos naturales y la organización de sus movimientos sociales ha elevado sostenidamente sus niveles de educación, salud, bienestar y reducción de la pobreza, mientras mantiene un apreciable crecimiento económico.

Al asumir formalmente, el pasado 8 de enero en Naciones Unidas, la presidencia Bolivia del Grupo de los 77 países en desarrollo (G77) y China en una ceremonia que encabezaron el presidente de Bolivia, Evo Morales, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, Evo Morales pronunció un discurso de profundo calado político, del que solo puedo hacer un breve resumen. Señaló que ante la crisis "más profunda" que vive el mundo capitalista, ahora "es el tiempo de los países del sur" a través del G77, "uno de los principales actores de cambio en este momento histórico". "Los tiempos de crisis son tiempos de oportunidad para construir un mundo diferente", abogó por socializar la riqueza y erradicar la pobreza, universalizar los servicios básicos y ampliar la democracia. Para ello, planteó diez "tareas fundamentales" para lograr "un mundo nuevo", empezando por pasar de un desarrollo sostenible a un desarrollo integral "con equilibrio con la Madre Tierra" y trabajar para que los servicios básicos sean un derecho universal.

También por "refundar la democracia", pasando de la democracia representativa "en la que el poder está al servicio de las élites" a la democracia participativa y comunitaria, "donde los jóvenes y trabajadores participen activamente en las decisiones". Planteó también la necesidad de "descolonizar" la economía, la cultura y el mundo, además de erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, y poner la ciencia y tecnología al servicio de la humanidad. Propuso crear una nueva arquitectura económica mundial, restablecer la soberanía sobre los recursos naturales, crear instituciones internacionales al servicio del pueblo y promover la integración complementaria de los pueblos del mundo.

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