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¿Existe clase obrera aún?

Estas reflexiones apresuradas están redactadas tras conocer el desarrollo de la huelga del 29-S. De entrada, cuando se llega a esta situación es un fracaso. Lo ideal sería que no hubiera sido necesaria, aunque es un derecho que asiste a los trabajadores, tal como aparece en al artículo 28.2. de nuestra Constitución. A veces, lo más obvio, hay que recordarlo a algunos duros de mollera, como el coordinador de Economía y Empleo del PP, Cristóbal Montoro, el cual dijo que las huelgas generales "no tienen sentido" y son "decimonónicas", por lo que se mostró a favor de "erradicarlas" una vez que se celebre la convocatoria del próximo 29 de septiembre.

Desde los sindicatos el seguimiento ha alcanzado el 70% de los trabajadores. En las grandes fábricas de automóviles, en el transporte, en algunos mercados el paro fue total, mientras que en el pequeño comercio o el funcionariado, muy limitada. Desde el Gobierno la huelga ha sido "muy dispar" para evitar precisar una cifra global de seguimiento, que ve "desigual y con efecto moderado". aunque evitó negarla, como hizo el de Aznar en 2002. Fue la patronal la que se encargó de esa tarea. El presidente de CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, llegó a decir que solo había huelga donde había piquetes. "No ha habido huelga general hoy en España.” El PP, por su parte, ha utilizado la huelga para arremeter tanto contra los convocantes como contra el objetivo de la convocatoria. "Ha sido un fracaso del Gobierno y de los sindicatos". Desde los medios comunicación de la derecha se ha señalado: El descrédito del Gobierno y los sindicatos ha sido la causa de que la convocatoria  haya sido un fracaso; los líderes sindicales indultan a Zapatero, mientras que no los manifestantes; fracasa la huelga de los piquetes. Por ahí nada nuevo bajo sol. Caña a ZP y a los sindicatos. Desde los medios de comunicación más cercanos al Gobierno ha sido muy diferente: Zapatero mantendrá la reforma laboral tras una huelga moderada; más sindical que general; los ciudadanos avisan al Gobierno.

Para entender las causas que justifican la convocatoria de esta huelga, parece oportuno recurrir a la historia. Desde la instauración de la democracia en España se han producido  siete huelgas generales. Dos de ellas con gobiernos de UCD, cuatro gobernando el PSOE, y una en 2002 lo hacía el PP. Y ahora el 29-S ha llegado la octava contra el gobierno de ZP. La de 1977 fue para reclamar la libertad sindical. En 1978, la Confederación Europea de Sindicatos convocó la segunda huelga general  para protestar contra el paro en toda Europa. En 1985, se hizo contra la reforma de las pensiones y sólo la hizo Comisiones Obreras. El 14 de diciembre de 1988 se hizo la cuarta y más famosa huelga general de la democracia española, apoyada por todos los sindicatos, los partidos de la derecha y de la extrema izquierda, que provocó el divorcio de la llamada “familia socialista”: UGT se distanció del PSOE. El ministro de Trabajo, Manuel Chaves, tuvo que retirar el plan de empleo juvenil y se dio un giro importante a la política económica socialista. La quinta huelga general, mayo de 1992, estuvo motivada para protestar por el recorte de las prestaciones del desempleo. En enero de 1994, la sexta huelga, dirigida a frenar la reforma laboral, cuyo principal objetivo era abaratar el despido a cambio de estabilidad en el empleo. En junio de 2002, la séptima de la democracia y la única contra el Partido Popular contra un decreto del Gobierno que perseguía reducir el paro sobre todo el de los nuevos demandantes de empleo. Si miramos las razones que condujeron a las huelgas anteriores a la del 29-S, sin negar su importancia son de menor calado, comparadas con las que han propiciado la actual. Veámoslo. Ahora se da una cifra de parados insoportable en una sociedad sana. Unos trabajos cada vez más precarios, circunstancia que se va a incrementar con la reciente reforma laboral. Un sustancial recorte de sueldos en el sector de los trabajadores públicos. Unas pensiones congeladas, por lo que van a perder poder adquisitivo. Una próxima reforma de las pensiones, retrasando la edad de jubilación así como el incremento de los años para calcular la pensión a cobrar. Con todos estos ataques a la clase trabajadora, amplios sectores de ella no la han secundado. De verdad, me resulta harto difícil de entender. ¿Qué más nos tendrán que imponer para ir a la huelga? ¿Nos quitarán las vacaciones pagadas? ¿Volverán las 12 0 14 horas de trabajo?

Dicho lo cual, ¿cómo se ha llegado a esta situación de pasividad de la clase trabajadora? Ha desaparecido esa conciencia de clase. Desde hace unas décadas, determinados poderes políticos, económicos y mediáticos impregnados de la doctrina neoliberal  han sembrado la idea del pensamiento único, que no hay otra alternativa que la actual. Y todos aquellos que dependemos de una nómina la hemos asumido. Lo más grave es que nos han convencido de que los culpables de la situación actual son los sindicatos. Acabo de escuchar en un programa de radio a un trabajador sanitario que no hacía huelga porque ningún liberado sindical le iba a devolver el 7% del sueldo que le quitaron hace meses. ¡Es surrealista! Ha sido la presión de los mercados los que han obligado al Gobierno de ZP a realizar esa política de ajuste fiscal. Podría haberse negado. Pero vamos a ver si nos aclaramos, ¿qué culpa tienen aquí los liberados sindicales? Lo que no quita que en algunas ocasiones los sindicatos no han estado a la altura de las circunstancias. Con ser grave el apuntar los tiros en dirección contraria, no lo es menos la falta de solidaridad obrera, aunque también es cierto que algunos que cobran una nómina hace tiempo que se avergüenzan de que se les llamen obreros. Los que tienen trabajo miran con cierto a recelo a los parados. Entre los que lo tenemos ocurre lo mismo. Los del sector privado critican a los empleados públicos, e incluso se alegran de que se les haya recortado el sueldo. Los nacionales echamos la culpa del paro a los emigrantes o a los trabajadores del sudeste asiático. Divide y vencerás, mientras tanto desde el otro lado de la barrera se frotan las manos. Y como cada uno vamos a lo nuestro, aquí impera el sálvese quien pueda. Realmente han sabido hacerlo muy bien.

Convocada la huelga, las opiniones al respecto han sido variadas. Desde la derecha política y mediática entonces se habló de su inoportunidad, cuando llevaban años solicitándola. Mas para ella, pasara lo que pasara el 29 de septiembre, su resultado lo iba aprovechar. Juegan con las cartas marcadas. Si la huelga triunfaba, sería una derrota del Gobierno. Si la huelga fracasaba, sería una derrota aún peor, la del sindicalismo. Y ahora aducen que han salido derrotados ambos.

 En cuanto a los que hemos sido convocados los comportamientos han sido dispares. Unos, por lo que parece hemos sido los menos, ante ataque de tal envergadura a nuestros derechos laborales, hemos hecho huelga. En cuanto al resto, la gran mayoría que no la secundado las respuestas han sido diversas. Unos, han aducido que no quieren que les descuenten un día trabajo. A estos les diría que de las conquistas tras una huelga se aprovechan todos. Otros, que ha llegado tarde. Otros más, han echado la culpa a los sindicatos porque han estado haciendo el juego hasta ahora al gobierno de ZP. Aquí de lo que se trata es de escurrir el bulto, en pro de algún tipo de justificación. Aquí nadie quiere asumir la responsabilidad. Aquí lo que ha pasado es que entre todos la matamos y ella sola se murió.

Como conclusión, lo que parece claro, el que no le  vea es que ciego, es que nunca, como ahora, la clase obrera se ha visto sometida a unos ataques a sus derechos laborales y sociales. Cada cual ha reaccionado como le ha parecido oportuno. Secundando la huelga o lo contrario. A todos aquellos que han estado en la segunda opción, solo me atrevo a hacerles una reflexión de que mañana, cuando sobrevengan nuevos recortes, que llegarán, por parte de determinados poderes económicos, que son insaciables, que no se sorprendan.  Y otra más,  todos los avances socio-políticos que se han producido a lo largo de la historia no han llegado con actitudes y comportamientos tan pasivos, sentados en el sofá de nuestro cuarto de estar, como está ocurriendo ahora. La historia enseña con magistrales ejemplos. En 1918 la huelga de La Canadiense, empresa barcelonesa de electricidad, provocó una negociación con Gobernación que llevó a la aprobación de la jornada de ocho horas de trabajo, una reivindicación histórica del movimiento obrero.

 

Cándido Marquesán Millán

 

2 comentarios

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