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Historia de una nota

Que nuestra Transición Democrática estuvo llena de dificultades, no es decir nada nuevo. Tras la muerte en su cama del Dictador cabían 3 opciones. La continuista, manteniendo las estructuras políticas de la Dictadura. La ruptura, cuyo objetivo era romper con el pasado franquista y construir un nuevo sistema político democrático, liderado  por las diferentes fuerzas democráticas, representadas por la Platajunta. Y la reforma, la que prevaleció, promovida  y dirigida desde la estructuras del régimen anterior que culminaría con la democratización del sistema político, en la que tuvo un papel fundamental Torcuato Fernández Miranda, con el objetivo de ir "de la ley a la ley a través de la ley". 

 Se ha escrito mucho sobre quiénes fueron los verdaderos protagonistas de este proceso histórico.  Aquí participamos muchos: la sociedad en su conjunto, los medios de comunicación, la clase política, la monarquía...Los historiadores todavía no se ponen de acuerdo en su inicio, y su final, si lo hubo. En cuanto al primer aspecto, unos se inclinan por el asesinato en 1973 del almirante Carrero Blanco; otros, por la muerte del Dictador el 20 de noviembre de 1975, o por la aprobación de la Ley para la Reforma Política; o  por la Constitución de 1978. E incluso los hay que se remontan más lejos, a los cambios sociales y económicos operados en los años 60, que propiciaban el camino hacia la democracia. En cuanto al final,  unos piensan  que se produjo con la llegada al poder de Felipe González; y otros para los que todavía no se ha producido. En estas breves líneas, no tengo la intención de meterme en estas cuestiones de tanto calado; lo que  no me impide que haga alguna reflexión sobre la Transición, por haber estado presente en este acontecimiento, y porque he procurado informarme con la lectura de numerosos libros escritos por historiadores prestigiosos.

Adolfo Suárez tuvo que librar muchas batallas, como fue  la aprobación la Ley de la Reforma Política en las Cortes franquistas, norma clave que sirvió para poner en marcha todo el proceso de nuestra Transición, ya que había determinados sectores que estaban en contra de la democracia: la mayoría del ejército, grupos de la iglesia católica y de las fuerzas del Orden Público, fuerzas políticas del franquismo, movimientos terroristas...Como también tuvo que contar con sectores políticos, partidarios en un principio de la ruptura, no de la reforma: partidos socialista y comunista...

Otra momento fundamental fue la aprobación de la Constitución de 1978, considerada por la mayoría de los especialistas como paradigma de política de consenso, ya que suponía, por primera vez en nuestra historia constitucional, la desaparición de las constituciones de partido, merced a que sus redactores, los padres de la constitución,-Fraga(AP), Roca(minoría catalana), Peces Barba(PSOE), Solé Tura(PCE), Cisneros, Pérez Llorca y Herrero de Miñón(UCD)- conocedores de nuestro trágico pasado, pretendieron no volver a cometer los mismos errores. Y por ello, todos hicieron cesiones, por lo que es una Constitución de todos, sin ser de ningún partido en concreto. Este es el discurso imperante, el políticamente correcto, aceptado por la gran mayoría.

Y siendo así desde  su aprobación, se la quiso rodear de una aureola casi sacrosanta, y, por ende, si alguien se atreve a cuestionarla en algún aspecto fundamental, es víctima de durísimos ataques. Y son especialmente virulentos los dirigidos a los nacionalistas periféricos, que al defender la existencia de otras naciones se atreven a cuestionar el Artículo 2.: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. Mas este artículo no fue producto del consenso entre los diferentes miembros de la ponencia que redactó la Constitución; muy al contrario, se debió a una imposición extraparlamentaria, casi con toda seguridad de origen militar.

Ya que según el profesor  Xacobe Bastida Freixido, en el transcurso de la discusión en torno a las enmiendas  que tocaban al artículo 2º, y cuando Solé Tura presidía la ponencia-era rotatoria-, apareció un mensajero con una nota procedente de la Moncloa en la que se señalaba cómo debía estar redactado tal artículo. El texto de la nota coincide casi exactamente con el actual artículo 2º de la Constitución. Por ello, lo que parece incuestionable es que su redacción no se debió al lógico devenir de la actividad parlamentaria y sí a la imposición de fuerzas ajenas al mismo. Para conocer la prueba de esta circunstancia tan importante en el proceso de elaboración de nuestra Constitución, el mismo Xacobe Bastida Freixido nos remite al testimonio de un protagonista directo; el de Jordi Solé Turá, el cual ya en 1985 en su libro Nacionalidades y Nacionalismos en España, de Alianza Editorial,  en las páginas 99-102, nos lo cuenta con todo tipo de detalles.

Por lo que parece, no ha interesado que este dato se conociera. Nunca un constitucionalista, ni siquiera los más prestigiosos lo han mencionado. Como tampoco la mayoría de los políticos y los intelectuales españoles. El silencio resulta sospechoso. Y lo que parece más grave, es que aquel que tiene la osadía de mencionarlo,  puede verse sometido a todo tipo de dicterios, como si estuviera poniendo en grave peligro la convivencia de la sociedad española. Todavía más, es que a la mayoría política e intelectual les resulta intolerable la existencia del hecho. Cuando sería muy fácil el admitirlo, considerando las circunstancias propias de una Transición todavía mediatizada por un pasado dictatorial y un mando militar muy poco predispuesto a admitir que alguno pudiera cuestionar la indisoluble unidad de la nación española, como si ésta fuera una realidad metafísica.

La conclusión de todo lo antecedente parece clara. Se podrá cuestionar la esencia y la existencia de los nacionalismos periféricos con los argumentos que parezcan oportunos.  Mas nunca con la susodicha teoría del "consenso", por lo menos en lo que hace referencia al artículo 2º de nuestra Constitución, ya que no lo hubo en absoluto.


Cándido Marquesán Millán

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